Cap.26 Engaño

(Narrado por Sesshomaru)

Llegamos al departamento totalmente en silencio, ella con los ojos llorosos y yo tenía la cara llena de golpes, como si hubiese tenido un asalto de box; pronto vi que se dirigía hacia donde estaba el botiquín.

— ¿Qué haces?—pregunté.

—Curaré tus heridas—dijo al acercarse a mí, con el botiquín.

—No sabes nada de medicina—bromeé.

—No se necesita ser médico—me respondió con seriedad, hizo que me sentara en el sofá, y empezó a curarme desinfectando los golpes primero. El alcohol en mi cara ardía, pero no se lo hice notar, cuando acabó, yo mismo me dirigí a la cocina y saqué un pedazo de carne congelada para desinflamar mis golpes.

—Lo siento Sesshomaru—me dijo al ver que usaba el cacho de carne para desinflamar mis golpes.

— ¿De qué?—pregunté.

—Arruiné todo, tu vida, la de Inuyasha…la boda, de no ser por mí seguirías conservando la buena relación que tenías con tu hermano y estarías acompañándolo en éste suceso tan importante de su vida—dijo tratando de contener sus lágrimas.

—Escúchame Aome—la miré de forma penetrante, y ella estaba asombrada—Te pedí que dejaras de lamentarte, no hay nada que lamentar, y sobre que arruinaste todo, sólo déjame decir que no es así.

— ¡Pero es que yo les hice daño a ambos! ¡Mira tan sólo cómo quedaste! ¡Por mi culpa!—me gritó, y comenzó a llorar. Bajó la mirada al suelo.

Ya no sabía si decirle que no lo era, aunque lo fuera, o abrazarla.

—Deja de culparte—dije fríamente—Ya pasó todo…

—Pero…

—Aome—dije seriamente—Ya acabó todo—recalqué—Inuyasha ya hizo su vida, y tú debes hacer la tuya.

Suspiró y se sentó en el sofá. Seguía llorando pero no con la misma intensidad con la que había empezado.

—Todo acabó ya…—murmuro para sí misma. Era cierto ya todo estaba finalizado, Inuyasha casado con Kikyo, y Aome tenía el trato conmigo pero…

—Aome—me miró a los ojos al escuchar que la llamaba—Ya no tienes que cumplir ningún trato conmigo, eres libre…—le dije. Me miró con los ojos muy abiertos.

—Sesshomaru—susurró mi nombre sorprendida. La miré directo a los ojos y bajó de nuevo la mirada—Comprendo…

Al decir esto, la vi levantarse con intenciones de irse.

— ¿A dónde vas mujer?—le dije cuando ella estaba a mitad de la sala.

—Yo ya…es mejor que me vaya—me dijo.

Me acerqué hacia a ella, tomé su mano derecha deteniéndola, me miró a los ojos sin comprender—No—le dije atrayéndola hacia mí—No dejaré que te vayas.

—Pero yo no puedo hacerte esto, yo te fallé y…—la callé con un beso brusco que se fue tornando pasional, me hartaba que siguiera con lo mismo, total en la vida se comenten errores, lo importante es aprender de ellos, y eso ya muchas veces se lo había dicho—Sesshomaru…—susurró un poco sonrojada al separarnos, volvió a mirarme y ésta vez fue ella quien me besó, pero de una forma más cariñosa, no pasional…

—No quiero que te vayas de mi lado…—susurré contra sus labios y volví a besarla.

—Yo tampoco quiero perderte—me dijo correspondiéndome el beso con lentitud.


(Narrado por Aome)

Me levanté muy temprano, el reloj señalaba las cuatro de la mañana, miré por última vez a Sesshomaru, durmiendo plácidamente. Tomé mi ropa, me vestí rápidamente, dejé las llaves de su casa en el peinador, tomé mi celular, me dirigí a la puerta y cerré con cuidado sin hacer ruido.

Dejé una nota en la mesita de entretenimiento y me marché, "Ojalá algún día me perdones" pienso mientras salgo de su casa. Caminé unas cuantas cuadras debatiéndome mentalmente si era correcto lo que había hecho. "No hay vuelta atrás, lo hecho está hecho y no se borrará"me digo a mí misma dando por terminado el debate entre mi corazón y mi mente. Vi venir a un taxi y le hice la parada, no volvería a pensar más en lo sucedido…

Llegué a casa sin hacer ruido, y vi mi boleto de viaje pegado en el refrigerador con un imán. Tomé el boleto y lo miré detalladamente.

"Air Canadá Vuelo #402, Sala B, Asiento: 17-B, Hora: 14:20 pm"Y la fecha era de hoy, vaya…sí que se notaba mi ausencia en casa. Me dirigí a mi habitación a preparar mi maleta, y el pasaporte, me iría temprano, ya que estaba casi segura que Sesshomaru me buscaría en cualquier momento.

Una hora después ya tenía listo el equipaje, me di una ducha rápida, me vestí, y tomé un café con pan tostado. Seis treinta de la mañana, marcaba el reloj. Vi salir a mi madre.

— ¿A qué hora llegaste?—me preguntó somnolienta—No te escuché entrar.

—Hace un par de horas—contesté—Entré sin hacer ruido—expliqué.

— ¿Ya viste tu boleto? Tu papá lo compro la semana pasada, y como no estuviste…—dijo.

—Sí—dije y sonreí—Le agradeceré antes de irme.

— ¿Ya preparaste todo?—preguntó y asentí— ¿Segura? ¿Ya metiste ropa de frío, tus cosas personales, perfume, cepillo de dientes…?—no dejé que acabara su lista.

—Sí mamá, ya todo está listo—dije divertida.

—Bueno…—dijo no muy convencida, a sabiendas que yo SIEMPRE olvidaba algo, sin importar que tan bien me preparara— ¿Y qué tal estuvo la boda?—preguntó, sacando otro tema.

— ¿No fueron?—pregunté, ya que los Taisho les habían dado invitación, y ella negó con la cabeza.

—Tu padre me llevó a bailar, ya sabes, aún no se siente en confianza con los Taisho, y yo tampoco—me dijo.

—Ya, bueno yo tampoco asistí—confesé y ella me miró interrogante—En realidad tuve algo más importante que ir a la boda.

—Comprendo—me dijo— ¿Ya le dijiste a Sesshomaru que te vas?

—No, simplemente me despedí de él—le dije y no preguntó más, y agradecía que fuera así, sin preguntas, sin explicaciones…


(Narrado por Inuyasha)

Después de la boda, nos dirigimos a la que sería nuestra casa, una que mis padres nos dieron como regalo de bodas, Kikyo estaba fascinada con la casa, y yo simplemente fingía interés.

— ¿Amor ya viste?—me decía emocionada en cada cosa que veía de la casa. Y yo asentía nada más.

Luego de unas horas, tras haber recorrido la casa, ella se fue a descansar, y yo me quedé en la sala viendo tele, y bebiendo ron. Minutos después el teléfono sonó.

— ¡Yo contesto!—me grito desde la alcoba.

"¿Qué extraño?" pensé "¿Quién nos llamaría a éstas horas y siendo que el número es nuevo?"se me ocurrió que serían mis padres, después de todo serían los únicos que tenían nuestro nuevo número telefónico, al haber sido ellos quienes compraran la casa. Decidí hablar con ellos también y descolgué suavemente la bocina, a Kikyo no le sorprendería, siempre lo hacia cuando se trataba de mis padres, y platicábamos los tres o los cuatro, y ella también era así. Pero antes de hablar, escuché un tono de voz nuevo de un hombre, que no era de mi padre…

— ¿Seguirás mintiéndole a tu esposito?—decía esa voz, decidí escuchar.

— ¿Qué te importa?—contestó de mala gana—Te pagué bien, ¡no molestes!

— ¿Y cuando le busquen algún parecido a la creatura con los Taisho sin encontrarle alguno, qué harás querida Kikyo?—dijo en forma de burla, y apreté mi puño libre de coraje, escucharía un poco más.

—Ese es mi problema, además ya sabes mi plan—dijo ella.

— ¡No permitiré que le hagas daño al bebé!—le gritó—Si quieres monta una escena en donde el bebé haya muerto al nacer y dámelo a mí, pero no te atrevas a…

—Es mí problema, ya te dije que no te concierne—dijo seca. Me quedé sorprendido ¿desde cuando cambió tanto Kikyo?

— ¡Claro que me importa! ¡Es mi hijo!—volvió a gritar. Y eso era todo lo que necesitaba escuchar. Kikyo no dijo nada, y yo ya estaba a punto de colgar—Escucha Kikyo tú sabes que mi esposa y yo no pudimos tener hijos—decía el hombre—De verdad, no sabes lo feliz que ella estaría con ese bebé, por eso te repito si tú no lo quieres, es mejor que me lo entregues a mí, nada le faltará, y prometo no molestarte jamás…pero no le hagas daño.

—Ziran yo…—colgué el teléfono con brusquedad, no requería más información, conocía a Ziran, era el fotógrafo de la empresa en que estaba Kikyo y que se había traído desde Italia, "así que por eso era efectivo", pensé.

Podía sentirme molesto, engañado, creer que tendría un hijo y descubrir que no era mío, era de las peores cosas que podrían ocurrirme, o al menos eso se creería, y podría insultarla decirle que era de lo peor, y muchas cosas más, pero…sonreí de lado, y escuché como ella bajaba rápidamente las escaleras agitada.

—Ten más cuidado, le harás daño a tu hijo—le dije.

— ¿Mi hijo?—extrañada, ya empezaríamos con disfrazar las cosas—Pero si…—la interrumpí.

—Nunca te creí capaz de engañarme de esa manera Kikyo—dije mirándola con seriedad—Y tampoco te creí capaz de planear atentar contra tu propia sangre.

—Amor lo que tú escuchaste—decía desesperada, pero volví a interrumpirla.

—Comprenderás que quiero el divorcio, cuanto antes—le dije con tranquilidad—Y lo siento, podrás exigirme lo que quieras pero sabes que con tu engaño, has perdido derechos.

— ¡Inuyasha por favor! ¡Por favor amor! Todos cometemos errores, ¡Yo no quería perderte!—dijo exaltada.

—Y pensar que me sentía culpable de pensar en dejarte, cuando decías que no era necesario casarnos, sólo por el bebé. ¡Que estúpido fui!—dije sonriendo y se desconcertó por mi acción—En fin, ya lo sabes quiero el divorcio, y mañana mismo empezaré a tramitarlo—dije fríamente.

—Pero amor yo…—de nuevo no la dejé acabar.

— ¡No me llames amor!—dije molesto—Y una cosa, no te atrevas a hacerle daño a la creatura, él no tiene la culpa que tu plan no haya salido tan bien, mejor entrégaselo a su padre, lo necesita más que tú—espeté—Además, si me entero que hiciste algo contra tu hijo, te juro que haré que te condenen por ese crimen, así que ni lo intentes Kikyo.

Se quedó estática en la sala, y yo me dirigí a la salida, no compartiría el mismo techo con ella, no señor.

— ¿A dónde vas?—preguntó saliendo de su aturdimiento.

—A algún lugar lejos de ti—contesté cruelmente, y me salí de la casa, escuchando como me gritaba que no la dejara, que la perdonara y muchas cursilerías más, pero no me detuve, tomé el auto y arranqué, la vi seguirme, aceleré mi velocidad, sabía a dónde debía ir, y nada me lo impediría ésta vez…