Bueno chicos aquí fue donde nos quedamos. Ejem dejen ver si termino hoy el 28 o si no ya mañana sin falta se los pongo. :P

Advertencia: Lemon. O al menos un intento de jeje.


Indebidamente Enamorada.

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Capítulo 27(Lemon) Huída

(Narrador)

Llegó rápidamente a la casa de Aome, esperando poder encontrarla y no arrepentirse por dejar pasar tanto tiempo, siendo un idiota por las decisiones erróneas que había tomado. Aunque le dolió la noticia de Kikyo, jamás se había sentido tan humillado pero a la vez tan tranquilo.

Tocó la puerta fuertemente, era la una y media de la tarde, y deseaba con todo su corazón encontrarla, algo internamente le decía a gritos que algo nada bueno estaría pasando. Escuchó maldecir a Gendo tras la puerta al abrir, se disculparía, quizá lo había asustado.

— ¡Que maldita forma de tocar!—salió molesto— ¿Inuyasha?
— ¡Señor Higurashi, discúlpeme por la forma tan brusca de tocar su puerta, pero me urge hablar ahora mismo con su hija!

Gendo se preocupó al verlo tan desesperado, pero como decirle que ya su hija, se había ido y muy lejos. Imaginaba lo que le diría, él estaba al tanto del intento de relación que tuvo su hija con él, y en la que claramente no estuvo de acuerdo.

— ¿Sucedió algo malo Inuyasha?—preguntó.
— No lo sé, pero cometí un grave error y necesito hablar con ella…—dijo angustiado.
— Lo siento Inuyasha, pero no podrás hablar con Aome.
— ¿Por qué no?—alterado— ¿Me la está negando Gendo? ¡De verdad necesito hablar con ella!
— ¡Podrías calmarte!—le gritó— contrólate, y vamos entra a la casa, tenemos mucho de qué hablar.

Inuyasha le obedeció y entró, realmente no le gustaba el tono de Gendo.


(Narrado por Sesshomaru)

Me había despertado más cansado de lo esperado. Quizá los años ya me pasaban la factura, negué con la cabeza, cumpliría treinta en un año y algo, así que eso no sería. Recordé que tenía compañía, y abrí los ojos buscándola, no la encontré. Miré el reloj y vi que ya era tarde. Seguramente estaría cocinando o algo así. La llamé pero no obtuve contestación. Salí a la sala y encontré una nota que leí rápidamente, ella se había despedido.

"Gracias por todo, siento haberte lastimado, espero algún día me perdones, por todo el daño que te hice y por despedirme de ésta forma…"

Arrugué la hoja de papel con furia, me fui al cuarto y busqué con qué vestirme, ella no se iría así, antes tendría que oírme.


(Narrado por Inuyasha)

Luego de unos minutos de que me calmara, Gendo me contó la decisión de Aome de irse de México por un tiempo, yo no pude soportarlo.

— ¿A dónde se fue a qué hora sale su vuelo?—pregunté desesperado.
— Es mejor que la dejes ir, tú tienes tu esposa y un hijo que te esperan Inuyasha—me dijo seriamente—y no permitiré que te burles más de Aome.
— Por favor señor Higurashi, he dicho que quiero hablar con ella, porque tengo que arreglar los malentendidos que tuvimos, incluyendo lo de mi… matrimonio.
— Inuyasha ya es tarde, ella se irá y volverá cuando esté lista—decía sin perder su seriedad—no insistas. Si tanto quieres a mi hija, dale su espacio, cuando vuelva seguro te buscará si aún siente algo por ti.

No supe que decir, podría gritar y decir que la amaba, y que todo lo que había pasado era un engaño, lo de Kikyo, que el bebé no era mío, pero sabía que no ganaría nada con Gendo y el tiempo seguía corriendo. Iría a la terminal y la vocearía, no era difícil, a pesar de que vivíamos en una gran ciudad, sólo había un aeropuerto, y muchas aerolíneas pero la encontraría. Salí de su casa sin despedirme, corrí hacia el auto, y conduje como un loco, tenía que llegar cuanto antes.

"Estábamos pasando nuestro tercer día juntos, desde que Sesshomaru se había ido en el viaje de negocios, la había invitado al bosque de Chapultepec, no era común que fuera ahí, pero sabía lo que le gustaban los animales, en especial los leones, pues en algún momento me lo había dicho. Habíamos salido al fin del zoológico, nos tumbamos sobre el pasto, ella sobre mi pecho y yo abrazándola.

¿En qué piensas?—pregunté al escucharla suspirar.
Que sería maravilloso estar así contigo, en la nieve, y hacer un muñeco de nieve juntos—me dijo, mientras mirábamos al cielo.
¿Nieve?—dirigí mi vista hacia ella, que seguía mirando el cielo.
¿No te he dicho que me gustaría vivir en un lugar nevado?—me preguntó, y se volteó a verme, aun abrazada a mi pecho.
No, y tampoco es como si habláramos mucho—le sonreí. Ella sonrió y me miró con los ojos llenos de ilusión.
Inuyasha ¿Te gustaría algún día irte a vivir conmigo a Canadá?"

En cuanto llegó ese recuerdo a mi mente, aceleré lo más rápido que pude, me pasé altos y sabría que enfrentaría al oficial de tránsito, pero no me detendría, no estaba dispuesto a perder a Aome.


(Narrado por Aome)

Me encontraba en la sala de espera de pasajeros, esperando unos minutos antes de abordar mi vuelo, ésta no era la mejor forma, pero la oportunidad de cumplir una meta en un momento tan oportuno. No me sentía a gusto, una vez más huyendo de mis problemas, que realmente no habría problemas si no me hubiese complicado más las cosas la noche anterior.

"Se acercó a mí, tomó mi mano derecha, me estaba deteniendo, al mirar sus ojos me sentí peor de lo que ya estaba, él mirándome de una forma tan suplicante… casi angustiante ´por ver que me iría. Tal vez pensaba que si salía de la puerta no volvería jamás, y era eso lo que yo quería, que me dejara ir, dejarlo, no hacerle más daño.

No—dijo atrayéndome más a él— no dejaré que te vayas.
Por favor ya no me hagas esto—dije sintiendo mis lágrimas bajar por mi rostro, me rompía el alma verlo así, por mí— Yo no puedo hacerte esto, yo te fallé y…—no pude terminar cuando él ya estaba devorando mis labios en un beso brusco, que poco a poco se iba volviendo pasional—Sesshomaru—susurré entre besos y me sonrojé cuando él se alejó de mí, por necesidad de oxígeno. Volví a besarlo de forma suave, haría una última cosa antes de alejarme de él…
No quiero que te vayas de mi lado—susurró contra mis labios, para volver a besarme.
Y yo tampoco quiero perderte—correspondí su beso con lentitud.

No era raro terminar así, entre besos, caricias y abrazos, pero ésta vez todo sería diferente, siempre era él quien cortaba el momento antes de no poder detenerse, pero ésta vez no se lo permití luego de un rato de besarnos, de tocarnos y empezar a deshacernos de la ropa…

Si sigues por ese camino, no podré contenerme—me dijo en forma de alerta con su ronca voz, producto de la excitación. Con sus ojos dorados nublados por la pasión, no le respondí, lo besé e incité aún más— Aome, no habrá marcha atrás—dijo separándose de mí.
No quiero volver atrás, quiero continuar Sesshomaru—le dije sonando muy segura de mí misma.

Me miró fijamente sin saber ¿Qué decir o hacer? Supuse que estaría sorprendido, pero antes de pensar más, él volvió a besarme con ímpetu, con todo el deseo contenido que tenía, y me dejé llevar... Me dejé llevar por sus besos y caricias, como en estos últimos días sucedía, me cargó en sus brazos y nos dirigimos a la habitación.

Me recostó suavemente sobre la cama, mientras se posicionaba sobre mí, sentí su miembro erecto rozar mi vientre y me sonrojé, me reproché mentalmente, no era la primera vez que estábamos en una situación como esta, pero sí la primera en la que...

— Aún estás a tiempo de arrepentirte—susurró a mi oído derecho, para después lamer mi lóbulo de una manera tal, que terminé por dejar atrás la poca inseguridad que me quedaba, giré mi rostro hacia él y lo besé de nuevo, mientras sentía como con su mano estimulaba mi zona intima, hasta que sentí uno de sus dedos deslizándose en mi interior y después otro más, bombeándome con fuerza, mientras entre besos, jadeaba por la sensación tan placentera que sentía. No quería quedarme atrás y con una de mis manos intenté tomar el miembro de Sesshomaru, pero antes de llegar...—Ya estás lista—susurró mirándome profundamente, mientras sentía su miembro rozar mi entrada.

Lo sentí entrar poco a poco, para después invadirme de un sólo golpe, mientras me besaba ahogando en ese beso, el pequeño grito de dolor que solté al sentirlo completamente dentro de mí, correspondí a su beso, hasta que poco a poco lo sentí moverse lentamente, seguía sintiendo una pequeña molestia, pero no por mucho, pronto empecé a mover mis caderas, encontrando sus empujes, mientras lo rodeaba por la cadera con mis piernas, haciendo los movimientos cada vez más rápidos e intensos.

Llegó un momento en el que ya no era conciente de nada más que en los empujes de Sesshomaru contra mi sexo que cada vez se volvía más frenéticos, mis gemidos y los gruñidos de él, pronto sentí que ya no podría más, mi cuerpo comenzó a convulsionar, anunciándome la llegada de mi propio orgasmo, grité al sentir la explosión dentro de mi cuerpo, Sesshomaru volvió a besarme, mientras seguía moviéndose con frenesí, lo escuché emitir un gruñido ronco, anunciandome al sentir un líquido caliente bañando mi interior que él ya había alcanzado su placer, mientras él arqueaba su espalda, para después caer exhausto sobre mí, me miró a los ojos.

—Gracias—susurré, mientras lo abrazaba por la espalda, me miró extrañado, y sin darle tiempo a emitir alguna palabra volví a besarlo lentamente, hasta que después la temperatura de nuestros cuerpos volvió a encenderse, dejándonos llevar nuevamente por el placer, una y otra vez, hasta caer rendidos. Sintiéndome por primera vez a pesar del agotamiento, en paz...

Al menos hasta despertar y verlo a mi lado, debatiéndome entre seguir con él o irme ya…"

Finalmente, terminé en la segunda opción, huyendo como cobarde de nuevo, estoy segura que ésta vez no me lo perdonaría, ni por todo el amor que dijera tenerme. Finalmente perdí. Tanto a Inuyasha como a Sesshomaru. Inuyasha… pensé por un momento que debería estar disfrutando su luna de miel con su ahora esposa. Un par de lágrimas amenazaron con salir y las retuve, ya no lloraría de nuevo. Dicen que en la vida siempre se aprende de los errores, pero éste error dolía, me engañé y engañé a la gente que decía amar.

"Pasajeros con destino a Montreal, Canadá en el vuelo número cuatrocientos dos de las catorce horas con cuarenta minutos, favor de abordar la nave. Primera llamada."

Ese anunció me sacó de mis pensamientos y tomé mis maletas, iba a alzar una de ellas cuando sentí que alguien me tomaba de la mano.

— Pero ¿Quién demonios te crees?—me giré enojada, para ver quien me detenía, y al mirarlo, me quedé en shock…
— ¿Entonces ibas a irte sin despedirte?—me dijo molesto, y con una inmensa tristeza y enojo en sus orbes doradas.