Capítulo 30 Una noche.

(Narrado por Sesshomaru)

Los días fueron pasando y se me hicieron menos pesados al estar con Sarah y su hijo. Le había mostrado a Kohaku mis viejas habilidades sobre diseño, dado que mi madre en mi niñez me había tomado como su pupilo. Al menos hasta que mi padre empezó a meterme la idea de administrar las empresas de él. Le ayudé también a Sarah con algunos detalles, me hizo saber que podría destacar si quería dedicarme a la moda. No le di una afirmación ni una negativa, yo seguiría siendo un frío y calculador empresario. Para eso me había preparado.

Logré relajarme, a pesar de haberme topado algunas veces con Aome en esas tres semanas. Pude notar que la casa de su familia quedaba a unos veinte minutos de camino de la de Sarah. Seguí con mi actitud distante, sin hablarle. La veía angustiada y arrepentida, y aunque hubiese querido consolarla, preferí mantener distancia. La última vez me vio saliendo de un súper con Sarah y Kohaku, ellos no la vieron, porque conversábamos animadamente sobre el reto de Kohaku, quien estaba emocionado por la ayuda que le brindé, en un momento Sarah me abrazó y me agradeció. Y cuando volteé por inercia la vi, me miraba con ojos atónitos, sabía lo que estaba sintiendo cuando la miré. Siguió su camino, y seguí sin hablarle. No tenía caso explicarle nada después de todo.

Finalmente la semana terminó. Por fin pude abordar un vuelo de regreso a la ciudad. Entre Kohaku y yo habíamos hecho un buen diseño, que Sarah mostraría en su siguiente exposición, a nombre de ambos. Kohaku me había dado una copia de nuestro diseño, quería que se lo mostrara a mi madre, y también le pedí a Sarah que me diera algunas copias de sus diseños anteriores para recomendarla. Después de todo se lo había prometido. Habíamos recuperado o entablado una mejor amistad que la de aquellos años y seguiríamos en contacto.

Ya en el avión, comenzaba a planear todo lo que tendría que llegar a hacer. Finalmente Sarah tenía razón, enfrentar a mi padre sería menos molesto que haber esperado tres semanas un vuelo.


(Narrado por Aome)

Después de haberme instalado en casa de mi primo y su mujer. Me enteré que los vuelos y viajes en Montreal estarían inactivos, por las nevadas que seguían cayendo desde que llegué. Estaría la situación así por tres semanas, no pude evitar pensar en Sesshomaru, llegué a topármelo en contadas ocasiones esos días, y supe que no estaría lejos. Cuando había decidido indagar donde se quedaba, me llevé la sorpresa de verlo salir de un súper con una mujer y un niño. Se veían animados. De repente la mujer lo abrazó, y sentí que algo en mi interior se rompía a la vez de que un extraño calor me recorría completamente, con una rapidez tan extraña. Celos…

Había sentido celos, y me sentía traicionada, cuando no debería, puesto que ya no teníamos nada, yo siempre lo rechacé, nunca me decidí entre Inuyasha o él. Y al final con ninguno me quedé. Seguí mi camino de frente hasta perderlos de vista, me regresé dolida pero enojada conmigo, por las cosas que sentía y no debería. Recordaba sus ojos cuando por inercia volteó a verme, indescifrables todavía.

Ya había pasado un mes desde aquella vez que lo vi, seguro él ya estaría en la ciudad. Las tormentas habían cesado, seguía habiendo nieve en el suelo, pero ya no caía del cielo. Había conseguido trabajar en una tienda como ayudante, mientras perfeccionaba mi inglés por las noches. En unos días me iría de la casa de mi primo, y me iría a rentar un cuarto sola. Ya que, aunque me trataban bien, no me sentía bien, no sabía si sería todo lo ocurrido, más la presión de haber llegado a un lugar donde empezaría de cero relativamente, pero me sentía sin ganas, además de agotada, casi no comía nada, ni tampoco dormía. Mi primo siempre me regañaba por no asistir a un médico, pero yo seguía sin atenderme. No pasó mucho tiempo, para tener que visitar no a un médico, sino al hospital. Me habían encontrado inconsciente minutos después de haber llegado de mis clases de inglés.

— ¿Dónde estoy?—pregunté cuando desperté. Y me percaté que tenía un suero conectado a mi brazo, mi primo sentado a mi lado, mirándome preocupado.

— En el hospital, en urgencias—respondió—Llegaste de clases y te desmayaste, el doctor está esperando los resultados de tus análisis.

— Bien…—respondí sin ganas.

Lo vi dispuesto a regañarme pero de repente llegó un doctor, evitando así el sermón que mi primo me daría.

— ¿Cómo se siente?—preguntó.

— Bien—respondí— ¿Ya puedo irme?

— En cuanto tenga los resultados de sus análisis, pero antes quiero que me responda unas preguntas—

Suspiré con pesadez, esto sería algo largo…


(Narrado por Sesshomaru)

Había pasado dos meses desde mi regreso. Había logrado que mi madre se interesara en el trabajo de Sarah, las había puesto en contacto. Le mostré el diseño que hice con Kohaku y sonrió al recordar aquellos tiempos en que la ayudaba. Intentó convencerme de volver a diseñar, sobre todo cuando le conté que no andaba más con Aome, y que no pensaba ceder a la exigencia de mi padre sobre casarme.

Al cual por supuesto, no le pareció la idea, y al final. Había terminado por aceptar conocer a Yura Sakazagami. Era una mujer guapa, interesante, pero no iba a casarme con ella. Por supuesto, no se lo hice saber a mi padre, así que me encontraba con mi linda prometida haciendo las compras y preparativos de la boda. Al ser una fiesta magna, nos casaríamos en seis meses más. Servía que nos conocíamos más, según sus padres y el mío.

— ¿Qué les parece si ponemos rosas blancas y rojas en los arreglos? ¿O también podríamos incluirle unas orquídeas, ya saben por su significado?—preguntaba Sango la organizadora de nuestra boda.

Yura observaba un catálogo sin prestar mucha atención, y yo andaba perdido en otro lugar.

— ¡Chicos, parece que la única interesada en que todo salga bien soy yo!—se quejó Sango.

— Sango ¿Podrías dejarme un momento a solas con mi prometido? —pidió Yura, y la miré extrañado.

— Pero necesito saber el tipo de flores que…

— Tenemos tiempo, además mi novio y yo tuvimos un malentendido por eso no andamos tan animados—le guiñó un ojo.

Sango suspiró resignada y nos dejó, diciéndonos que ya sabíamos dónde encontrarla si terminábamos de reconciliarnos. Yo seguí sin decir nada.

— Esto no funcionará—me sorprendió de repente Yura, pero seguí sin hablar—Yo no deseo casarme y tú tampoco, no es que no seas atractivo, lo eres y mucho Taisho. Pero no puedo seguir con esto.

Enarqué una ceja al escucharla. Quise reírme al notar que deseaba "rechazarme" sin lastimarme.

— ¿Y qué quieres que hagamos?—pregunté.

— No lo sé, ya intenté hablar con mi padre, y por lo que me enteré tú también lo hiciste y no resultó.

— Entonces.

— Bueno, te quiero proponer una cosa…


(Narrado por Aome)

Ya habían pasado cuatro meses desde que me había ido a vivir a Canadá y dos meses desde lo del hospital, dos meses desde que me enteraba que no había llegado sola a ésta tierra. Y que una noche, puede no sólo significar una noche, cuando las consecuencias te alcanzan.

Claro que mi primo me regañó cuando nos enteramos de la situación. Pero no dejó de decirme que me apoyaría, y que molería a golpes al culpable de mi estado en cuanto tuviera oportunidad de verlo de nuevo. Dado que al final le conté lo ocurrido con Sesshomaru. Y me negué a hacerle saber la noticia de que seríamos padres.

Me negué porque días después gracias a las noticias de internet. Pude ver que Sesshomaru tendría que casarse en unos meses más tal y como su padre había exigido antes de saber que andaba conmigo.

Y aunque sintiera la necesidad de contarle, ya no quería empeorar su situación, tal vez un día cuando se entere me reclamará y odiará, pero esperaría que un día me comprendiera.

Volví a mirar la noticia, y acariciaba mi vientre que apenas se abultaba, suspiré. No me había arruinado la vida la noticia como llegué a suponer años atrás cuando imaginaba que algo así me sucedía antes de cumplir mis objetivos. Sí me retrasaría en ciertas decisiones, pero al final no pude evitar agradecer a Dios por dejarme algo de él. Aún sin muchas ganas me iba reponiendo día a día, mejorando mi ánimo por mi bebé. Pues ahora todas mis energías se centrarían en él.


(Narrado por Sesshomaru)

Tres meses más pasaron entre preparativos, y trabajo. Yura y yo decidimos seguir con esto como si nada, sólo mientras obteníamos tiempo para llevar a cabo nuestro plan. Pues me había confesado estar enamorada de alguien más, y que se fugaría con esa persona. Pero necesitaba tiempo. Y accedí, finalmente nos caímos bien y nos ayudaríamos mutuamente. Ya que poco después de decidirlo, decidí hacer caso a lo que mi madre me había sugerido y volví a apoyarla en su empresa de moda.

Ella sabía mi plan, y aceptó ayudarme, aunque amaba a mi padre, siempre tuvo esa debilidad por mí, al consentir mis caprichos más que los de Inuyasha siendo que era el menor. Y ahora no sería la excepción. Poco después me enteraría de sus razones por ayudarme.

Esa noche recibí una llamada por parte de Sarah, no me extrañaba, ya que seguí en contacto con ella desde que regresé. Pero era demasiado tarde para llamar.

— ¿Qué pasa Sarah?—pregunté al contestar.

— Perdón si te he despertado, pero no podía esperar a mañana—habló agitada.

— ¿Estás bien? ¿Pasa algo con Kohaku?—me preocupó su actitud.

— Sí, todo bien—contestó cortante— ¡Sesshomaru tienes que venir a Montreal urgente!

— ¿Pero qué…?—no me dejó terminar.

— Tienes que venir a verla Sessh, por favor…—suplicó.

— ¿De qué hablas, a quién tengo que ir a ver?

— A tu ex —

— ¿Qué pasa con Aome?—intenté sonar serio, pero ya me estaba preocupando.

— Es mejor que vengas, no puedo decírtelo—respondió.

— ¡Maldita sea Sarah! ¡Déjate de misterios y dímelo!—exigí.

Y entonces colgó. Le llamé cuatro veces y no contestó. Maldije a medio mundo, y aunque hubiese querido esperarme y pensar fríamente las cosas, no pude, ya preparaba mi equipaje. Sabía que no encontraría un vuelo a esas horas de la noche, pero me iría en cuanto amaneciera.

Así lo hice. No di explicaciones, simplemente avisé a Yura que haría un viaje de negocios, y a mis padres que volvería en unos días. Después de eso apagué el móvil. Y abordé el avión. El vuelo se me hizo aún más largo de lo que ya sabía que era. Llegué a Montreal al medio día. Y me dirigí a la casa del primo de Aome. Pues en el tiempo que me quedé pude dar con esa casa, con ayuda de Sarah y no olvidaba aún donde quedaba.

Tomé un taxi, dándole las indicaciones. Llegamos después de casi una hora, ya que las calles aún seguían cubiertas de nieve, pero ya no tanto como en aquella ocasión y tampoco hacía tanto frío. Bajé del auto, pagué al taxista y me dirigí hacia esa casa. No tuve que tocar la puerta, ya que cuando me acercaba la vi salir de su casa. ¿Era mi imaginación o se veía más hermosa? Pude ver que usaba un vestido color blanco, era raro, no le gustaba usarlos, además de un suéter ligero color amarillo, entonces la observé detalladamente y me sorprendí. En ese momento ella volteó y nos miramos de frente, me acerqué a ella, pues ella se quedó parada. Estaba claro que no me esperaba.

— Sesshomaru—susurró al tenerme cerca. Y la vi llevar sus manos a su vientre, el cual si no mal calculaba debería tener seis meses, y de ser así… ese niño era mío.

— ¿No pensabas decírmelo?—fue lo primero que le dije.

— No pensé volver a verte—dijo desviando su mirada—Además ya te causé suficientes problemas, debes casarte con Yura lo sé.

No me decía directamente que fuera el padre, ni que no lo fuera. Yo sabía que lo era. Y aunque quería parecer molesto, no podía, verla así me había devuelto el alma al cuerpo de nuevo.

— Debiste decírmelo—le dije y la abracé, la sentí temblar—No sabes lo feliz que me hace saberlo—susurré contra su oído.

— Yo…

— ¡Aome!—gritó una reconocida voz que nos hizo separarnos, su primo estaba molesto— ¡Maldito bastardo! ¿Cómo te atreves a venir como si nada?—se lazó contra mí y empezamos a golpearnos. Aome nos gritaba que paráramos, y al final luego de dominar a su primo, paré la pelea, me miraba molesto.

— Si lo hubiese sabido desde un principio, habría estado a su lado hasta el final—le dije cuando lo inmovilicé. Lo solté cuando vi llegar a su esposa y él se había calmado.

— Por favor, déjenme hablar con él—les dijo Aome, antes de que dijeran algo, Hojo bufó pero su esposa lo llevó a su casa a curarlo.

Nos dirigimos a un parque que estaba a unas cuadras más. En el camino Aome insistía en querer curarme o llevarme un médico pero se convenció cuando vio que el único herido era su primo. Nos sentamos en una banca cerca de una fuente.

— Perdona la actitud de mi primo—me dijo—Él ya sabía que no te dije nada, pero me dijo que si te veía te golpearía—volteó a verme y asentí—Y también disculpa que no te lo haya dicho, pero…—la interrumpí.

— Entiendo tus razones para ocultármelo, no necesito perdonarme—le dije—Lo único que quiero saber es si me permitirás participar o tendré que obligarte a que me dejes hacerlo.

Me miró sorprendida y sonrió.

— Es tu hijo, no puedo negarte ese derecho ni aunque quisiera—comentó—Pero no deseo que te sientas obligado.