TADAIMA: cuando llegan a la casa se da a entender que ya están ahí.

KAERINI: Como recibimiento al que recién llega.

Confianza

Nyx Erinea Kitsune

Capitulo 4:"Tell me about yours tears"

Caminó unos pasillos atrayendo varias miradas de chicas de 1° y 2°, ya que nunca habían visto a ese chico de cabellos parados por el colegio, muy atractivo por cierto, prácticamente lo creían un estudiante nuevo, proveniente de otra cuidad. Camino primero pasando por varios cursos de primeros y uno de segundo, hasta que al fin había llegado a su destino: "2° G"

-Bien... Urameshi Yusuke... ¿quién demonios será?

-¡Hola! ¿Buscas a alguien?- Sin advertencia alguna, una joven de piel morena y cabello azul atado con coleta se acerca divertida a Hiei, parándose justo a su lado.

-Busco a Urameshi Yusuke, ¿sabes quién es?- Con tono superior pregunta mirándola desinteresadamente. Ahora aquella joven extraña, pero de figura atractiva, se encontraba en la entrada del curso, obstruyendo el paso del joven de ojos rubís.

-¡Claro!-Exclamo enseguida. Sonreía y pestañeaba graciosamente. Sus ojos color violeta y sus labios maquillados estaban con azul cielo, combinando perfectamente con su cabello azul al igual que su uniforme escolar.- pero sabes, el es muy peligroso, ¿acaso piensas desafiarlo?, ¡eres muy valiente!, ¿dime cómo te llamas?, mi nombre es Yuri, y estoy en la misma clase de Urameshi, ¿y tú? ¿En cuál estas?- Sus facciones cambiaban a medida que ella hablaba, agrandando su sonrisa y abriendo sus ojos grandes pero divertidamente.

-...Hablas demasiado…- Dice de repente serio Hiei.- Es aquí, ¿no? Entonces déjame pasar.- Mas la joven Yuri, solo tenía una cara sorprendida junto con rechazo, y solo mirando al suelo resignada asintió. Se hizo a un lado para dar paso a aquel joven que con tanto afán quería ingresar al lugar. Y entró.

Recorrió con su vista el lugar. Todo normal; un grupo de chicas dirigiendo curiosamente sus miradas hacia Hiei, quien desinteresado las ignoraba.

Fijó su vista entonces en el joven de la última fila al lado de la ventana, hamacándose en una silla, su uniforme verde diferenciándose de los demás, sus brazos atrás de su cabeza y una expresión de cansancio... Aquel era Urameshi.

-Uramechi Yusuke, ese joven te está buscando.- Dice la peliazul. A un lado del chico de uniforme verde.

Este por su parte abre sus ojos con cansancio. Curioso por saber quien necesitaba de su persona.

Vio a un chico de estatura mediana parado en la puerta. Que lo miraba expectante y con ojos rojos llamativos. Ellos pedían ser escuchados, obligaban a hacerlo; pedían también, respuestas.

El timbre del fin del receso sonó. Los estudiantes entraban en sus aulas ignorando todo lo que ocurre a su alrededor. Hiei mira a Urameshi, transmitiéndole con la mirada la necesidad de hablar con él. Yusuke lo miró interrogante y desconfiado a la vez. Cuando tuvo la intención de pararse y dirigirse hacia él, el profesor entró al aula rápidamente. Cuando quiso volver su vista hacia la puerta, Hiei ya no estaba.

El desconcierto del de ojos cafés se hizo notar, se quedo parado con una sensación algo extraña.

-Ese muchacho... Esta mañana pregunto por Minamino…- Susurró una de las compañeras de Yusuke. Justamente una de las que Hiei había interrogado anteriormente por Kurama.

Yusuke al oír que hablaban de su amigo, se giró y pregunto porque quería ese tipo saber del pelirrojo, y por qué ahora quería verlo a él.

-Es que... le dijimos que hable contigo, ya que ese muchacho no me inspira mucha confianza... Supuse que tu sabrías que hacer...- Dijo no muy convencida la niña. Yusuke únicamente la miro con una mueca algo extraña.

No dijo más nada, el profesor anunció el comienzo de la clase, mientras Yusuke se sienta lentamente en su asiento a esperar el receso para aclarar las dudas...

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-¡Mira! ¡Un estrella fugaz, Hiei!- El pequeño pelirrojo sonríe emocionado mirando al cielo. La noche era hermosa, las estrellas complementaban con la Luna llena al cielo oscuro. La estrella fugaz se perdía fugazmente. – Pide un deseo.

Pequeño pelirrojo cerró sus ojos con ilusión. Pensó su deseo unos minutos y lo susurró. Sin embargo la pequeña personita a su lado no lo escuchó. La estrella ya había desaparecido después de unos segundos. -¿Lo has hecho? ¿Pediste tu deseo?- Pregunta curioso mirando a su amigo de cabellos negros. El otro simplemente asiente con su cabecita.

-Yo también. Espero que se nos cumpla!.- Dice con mucha ilusión. Nuevamente sus ojos dieron al cielo oscuro pero a la vez resplandeciente. Tan misterioso como el mar. Pero tan hermoso a la vez. Unos minutos más pasaron en silencio, admirando la belleza del cielo.

El de cabellos negros rompe el silencio repentinamente.

-Desee quedarme para siempre aquí... – Dice con voz apagada. Miraba sus pies en la tierra.

-Pero, Hiei... Eso no hace falta desear. Yo se que tu estarás siempre aquí conmigo!.-Lo sonríe abiertamente. Sus ojos verdes lo miraban con un extraño brillo. Era lindo ver asi de contento a Kurama. Es por eso que su acompañante decidió no darle malas noticias esa noche. Sin embargo ese día llegaría. Él lo sabía.

-Sí, lo sé…- Dice simplemente mientras se levanta.-Vamos a comer algo. Tengo hambre.- Dice Hiei. Mientras que su estomago da un gruñido, se sonroja por la vergüenza. Pequeño pelirrojo se reía por el acto.

-Bueno, ¡vamos!- Ambos estaban destinados a estar juntos. A hacerse felices, uno al lado del otro. Siempre. Sin embargo, bien se dice que la felicidad nunca dura para siempre. Es por eso, que tenemos que disfrutarlo al máximo. Aquel era el pensamiento de Hiei, cada vez que se encontraba con su amiguito pelirrojo. El no quería dejarlo. Pero era algo inevitable.

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Cuando el timbre de receso sonó, Yusuke salió del aula como alma que lleva al diablo; Su mirada solo quería encontrar al chico de ojos rojos y cabellos parados. Sentía algo dentro de sí que debía hablar con ese tipo. Lo sentía.

No supo porque pero salió corriendo directamente hacia la azotea, donde al abrir la puerta se encontró con la espalda del más pequeño, cuyo muchacho miraba tranquilamente el piso inferior sin poner atención al recién llegado.

-¿Para qué quieres saber de Kurama?-

Al momento de oír la inesperada pregunta, Hiei gira su cuerpo quedando frente a frente con aquel joven alto. Su rostro era neutro no mostraba expresión. Era hora de la actuación, sabía que tenía que escoger bien sus palabras.

-Soy un amigo suyo. Vine a verlo, pero como no asistió hoy a su instituto, quería saber donde vive para ir a visitarlo. – Era una mentira absurda, pero no tenía otros recursos para hallar el domicilio del pelirrojo.

-No te creo. –Ojos cafés frunce el seño.

Hiei lo mira enojado y algo impaciente.

-Yo sé casi todo de Kurama, pero nunca me ha dicho algo acerca de un amigo que se asemeje a ti.

A Hiei ese hecho lo lastima casi imperceptiblemente. Una punzada muy fuerte en su corazón que nunca había sentido. Aun así no hizo cambio alguno en su rostro. Seguía mirando muy serio al chico alto de cabellos marrones. Sabía que era estúpido sentirse así por algo como eso. Simplemente trató de ignorarlo.

-Pues, al parecer, no confiaba mucho en ti para contártelo.

-Cállate...

-No estoy buscando pelea. Solo quiero saber donde vive. No busco más.

-No te lo diré. Primero quiero que me digas la verdad. ¿Para qué quieres saber esos datos sobre él?

Hiei suspira resignado. Ese Yusuke era realmente un dolor de cabeza. Decidió contar alguna parte de su historia a aquel muchacho obstinado. Algo dentro de él se alivió al ver como ese muchacho era tan cuidadoso con Kurama.

-Te lo diré. Pero no se lo dirás a absolutamente nadie. Si no, verás las consecuencias.- Lo mira muy duramente. Provocando que un escalofrío recorriera toda la espalda de Uramechi. Este asintió sin ganas.

-Kurama y yo fuimos amigos desde que tengo memoria. Pero por una causa personal, me mudé de país y no volví a saber más de él. Ahora he regresado y... quiero contactar con él y su familia. – Terminó de decir brevemente Hiei, mientras miraba fijamente a los ojos cafés de Yusuke.

Este ultimo lo miró como encontrando algo escondido en su relato. Algo importante que no sabía, pero que estaba allí escondido. Decidió sacarse las dudas preguntando.

-En todo caso, ¿cómo sabes que asiste en este Instituto?... hay algo que me escondes. Dime que es... Si no, no te diré nada de Kurama.

Hiei miró muy fulminante a Yusuke. Ese tipo se estaba pasando de la raya. Quería saber mas de lo necesario y eso molestaba de sobremanera al mas pequeño.

Gruñó por lo bajo, una breve pausa se inició.

-¿Y bien? Si no tienes nada mejor que inventar mejor me voy.

-Si estás listo para escucharlo, te lo diré.- Dice el más bajo ya enojado. Hiei no tenía nada de paciencia. No tenía la intención de contárselo, pero estaba perdiendo demasiado tiempo, más de lo previsto. Y si había algo que odiaba, era perder el tiempo.

-Escúpelo de una vez. – Dice Yusuke altaneramente, poniendo sus manos a los lados de su cadera.

-A Kurama lo violaron y estoy tratando de contactar a su madre.

Dice el de ojos rojos sin respirar si quiera. Aunque lo haya dicho tan fríamente, cada palabra que salió de su boca, le dolieron como mil espinas clavándose en su cuerpo.

A Yusuke le pasó igual. Lo miró con ojos grandes muy sorprendido, esperando que le dijera... "solo bromeo" o "¿de verdad te lo creíste?" pero esas palabras nunca llegaron a decirse. Entonces reaccionó con mucha furia.

-DEJA DE DECIR IDIOTECES. AYER ESTABA CONMIGO EN EL COLEGIO. Y LUEGO FUE A SU CASA CON KURONUE.- Dice muy enojado Yusuke, apretando sus puños para que no llegue a parar en la cara seria de Hiei.- Mientes. Maldito infeliz, deja de hablar tonterías sobre Kurama...-

Hiei observaba la frustración de aquel muchacho al referirse al pelirrojo. Era un alivio que todavía quedasen personas que defiendan así a los amigos… Sin embargo eso no pareció alcanzar para que un desgraciado lo destruyera todo…

Tomó la decisión entonces de contar la absoluta verdad a aquel muchacho.

-No estoy mintiendo. Lo encontré cerca de mi casa. Él ahora está allí durmiendo, y sufriendo mucho.- Dice Hiei recordando la dura noche que su pelirrojo soportó.- Es por eso que no asistió hoy a su instituto. No puede. De otra manera, ¿no crees que estaría por aquí?...-Hiei mira a Yusuke a los ojos.- Necesito encontrar a Shiori... por favor...- Dijo aquello de la manera más sincera que jamás lo había hecho.

Yusuke se lo queda viendo, incrédulo. No podía creerlo. Pero al ver la sinceridad en la mirada de Hiei se da cuenta que éste no mentía. Y que Kurama en verdad... el fue...

Yusuke bajó su mirada muy dolido por la noticia. Sus manos temblaron por la cólera que sentía, al no haber podido proteger a su amigo Kurama, de las sucias manos de un condenado.

-Quiero verlo...- Dijo con voz muy baja. Aun mirando el suelo.

-Primero dime donde está su madre.- Dice Hiei duramente.

-Ella no está. Viajó a Londres y no volverá en meses... –Recuerda Yusuke de repente. Shiori solía viajar mucho desde que su nuevo marido perdió su trabajo...

-¿y su padre? Shiori volvió a casarse ¿no es así? -

-¡Estás loco! A ese tipo no le interesa en lo más mínimo Kurama. De hecho, si Kurama no volviera a su casa, estoy seguro que ni siquiera lo notaria.-

-..¿Entonces?..- Pregunta muy dudoso el de cabellos negros, mas para sí que para al otro. Tenía que pensar en una solución rápido.

-Lo mejor será que esté en tu casa. Por lo menos hasta que Shiori vuelva.- Dice pensativo Yusuke.

Hiei lo mira y asiente despacio. Fue entonces que empieza a pensar en todo lo que desconocía de Kurama hasta ese momento. Se dio media vuelta dispuesto a irse. Como lo había dicho antes, quería estar a su lado cuando Kurama despertase.

-¡Espera! Quiero ver a Kurama.- Suplica Yusuke. Con un tono algo desesperado. Hiei giró un poco su cabeza, lo miró y vio la expresión preocupada en los ojos cafés.

-Está al límite de la ciudad, quince minutos viajando desde aquí. En el templo vecino de la anciana Genkai.

Yusuke mira algo sorprendido a Hiei. Recordaba haber ido antes al famoso templo de la maestra Genkai, para que le enseñara artes marciales. Pero jamás se percató de un templo a su lado.

-Sí, lo conozco. Iré en cuanto pueda…

-Te lo advierto. Si se lo dices a alguien lo que sabes, considérate muerto.

-No diré nada...- Le asegura Yusuke. No porque aquel niño arrogante se lo ordenara, sino porque quería estar seguro de cómo estaba Kurama antes de preocupar a sus amigos. Observó a Hiei sacar su teléfono móvil del bolsillo de su pantalón, le indicó en un gesto que anotara su número en él, y así lo hizo.

-Ven tu solo. Nadie más. –Sentencia una última vez el de menor estatura antes de marcharse.

Yusuke asiente dudoso. Era mucha información para una mañana.

Hiei se retira del lugar a pasos rápidos. Salió del instituto directo a tomar el tren, destino a su casa. Donde lo esperaba su pelirrojo dormido.

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-Puedes confiar en mi. Seré tu nuevo mejor amigo de ahora en adelante, Kurama...- Acaricia con una mano la cabeza del pequeño pelirrojo, despeinando sus cabellos suaves. Sonreía mientras hablaba el de cabellos negros medio largo, y ojos azules.

-Gracias, Kuronue. Necesito a alguien conmigo, no estoy acostumbrado a estar solo.-Dice el más pequeño, encogiéndose de hombros. Sonriendo.

-Solo confía. Yo no haré lo que los demás. Yo no te voy a dejar nunca solo.- Promete Kuronue, su nuevo amigo. Quien se acerca al pequeño aun más.

-Sí, muchas gracias.- Lo mira sonriente el pequeño. Le agradaba saber que alguien quería estar con él. Mira como el de cabellos negros se acerca aún mas quedando muy a su lado.

-¿Te gusta que te abracen?-Pregunta el de ojos azules. Mientras se ponía atrás del pequeño pelirrojo, y pasaba sus brazos por todo su pequeño cuerpo. Lo abrazaba de manera protectora. El de cabellos negros era más grande y alto que Kurama, y sus brazos abarcaban todo el frágil cuerpo de éste último.

-no se... yo... Se siente raro...-Dice algo nervioso. Jamás, a excepción de Hiei y su madre, lo habían abrazado. Sentía algo raro en ese tacto, algo que le decía que estaba mal. Aún así, no se separó de su "amigo". No sabía cómo hacerlo.

-Solo siente.- Susurra en su oído.

-...-Pequeño pelirrojo siente un escalofrío en su espalda recorrerle. Baja su mirada apenado.

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Se levantó de la cama como pudo. Le temblaban las piernas dificultando poder pararse correctamente. A medida que avanzaba, sentía una extraña sensación en su estomago. Una sensación horrible.

Yukina ya no estaba con él, al parecer había aprovechado el momento en que Kurama se sumió en sueños para poder salir de la casa y poder cumplir con sus responsabilidades.

Caminó hasta el espejo al lado del armario. Su mirada estaba baja, mirando solo la alfombra de color bordó bajo sus pies.

Por más que quisiera no podía subir su mirada verde. Tenía miedo de ver algo que no reconociera, algo que en su reflejo lo marque de por vida.

Respiro hondo. Aquella sensación aun seguía en su estomago, molestándolo.

Cerró los ojos fuertemente y subió su cabeza despacio, mientras abría lentamente sus ojos tristes.

Miró su reflejo.

Ahí estaba él. Aquel pelirrojo que sufrió un pecado que marcó su vida por siempre.

Se miró expectante. No pestañeaba, tenía muy abiertos sus ojos, asombrado.

Una lágrima repentinamente bajó por su mejilla, yendo a parar a la alfombra bajo sus pies. La primera de muchas.

Sollozó dejando de mirarse en el espejo, solo para volver a mirarse y comprobar que era cierto lo que veía.

Y es que simplemente, no reconocía su propio reflejo.

Miró su cabello despeinado y algo maltratado. Luego pasó su mirada a su rostro, levemente sonrojado por tanto llorar, su nariz también roja estaba. Sus ojos verdes irritados, llenos de lágrimas. Llevaba un vendaje en su mejilla, que seguramente Yukina lo había puesto para ocultar un gran moretón. Su boca rota y con marcas moradas en su labio inferior. Signo de haber sido besado muy, muy fuerte. De tan solo verse y recordar, no podía contener tanto miedo. Lloró a más no poder.

Empezó a dolerle la cabeza de a poco. Tal vez de tanto llorar y lamentarse.

Pasó entonces a ver su cuello. Mas marcas de color oscuro vio. Recordaba cómo se hicieron aquellas, con dientes muy fuertes y hambrientos incrustándose en su blanca piel.

Dejó de verse cerrando fuertemente sus ojos. Deseaba no recordar más, borrar todo de su memoria. Le dolía demasiado. Sentía miedo de verse de nuevo en aquel cruel reflejo. Quería simplemente estar teniendo una pesadilla, para poder despertar y volver a la realidad que en verdad nada sucedió. Pero bien sabía que no podía.

Todo era... no más que una cruel realidad, que el tubo que sufrir. Que vivir en carne propia.

Su cabeza se encontraba gacha. Secó sus lágrimas. Suspiró junto con un sollozo. Quería verse completamente, quería ver en el estado que se encontraba. Quería ver los daños que le habían hecho.

Se quitó la remera que tenía puesta, temblando. Mirándose nuevamente en el espejo frente suyo.

Miró con respiración agitada el estado de su abdomen, pecho y brazos. Rasguños, chupones, moretones, marcas de dientes, uñas y de las piedrecillas filosas de aquel suelo inhabitado que recordaba se le incrustaban en su piel fuertemente, mas aun cuando Kuronue se recostaba sobre él impidiéndole moverse y negarse a todo…

Aquellas marcas que le decían que fue usado de la manera más vil. Que le decían a gritos Sucio. Impuro.

Que estaba destinado a recordar y revivirlo a cada minuto, el por qué de todo. Ser consciente de no poder huir de lo real.

Sus piernas tambalearon, cayendo al suelo de rodillas.

Se abrazó inconscientemente a sí mismo. Necesitaba de verdad alguna protección. Se sentía tan acechado. Como si alguien lo estuviese viendo, esperando el momento para atacarlo de nuevo. Para volver a usarlo. Violarlo.

Sus manos fueron a parar a su cabeza. Se la sostenía tratando de alejar esos pensamientos. Y lloraba.

Agitaba su cabeza de un lado a otro mientras gritaba... Detente, ¡detente!

Al principio fue solo un murmullo, pero luego gritaba como si le fuesen a quitar su alma si no lo hacía.

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-Tadaima...- Pronuncia la voz firme del muchacho de cabellos negros, en cuanto entra a su casa. Se saca sus zapatillas blancas y los deja en la entrada. Camina unos cuantos pasos hacia el pasillo de la sala. Se extraña al no escuchar la fina y reconfortante voz de su hermana respondiendo un Kaerini, como cada vez que regresaba a casa.

No le da mucha importancia en un principio, y se dirige a la cocina para tomar un refresco. Tomó una botella de agua y la bebió sin pensarlo dos veces. Cuando hubo terminado la dejo en la mesa redonda de mármol.

Pensativo unos segundos quedó mirándola, como si no estuviera allí, su mente divagaba entre todo lo sucedido, el encuentro con Kurama, la violación, Yusuke, la noticia que jamás llegó a Shiori... Pero no fue sino unos minutos después que salió de su trance que escuchó unos extraños ruidos provenir de alguna habitación.

Frunce el ceño tratando de escuchar mejor, su casa era demasiado grande y amplia, era difícil ubicar el lugar de donde provenían los sonidos. Saliendo de la cocina intenta seguir escuchando, mas sin embargo un silencio casi aterrador se formó en el aire, y casi al instante sus ojos se abrieron grandemente;

-¡Kurama!- Grita a la nada mientras corre por los pasillos hacia la habitación donde el pelirrojo había estado durmiendo.

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No soporto esto...

Me siento realmente muy mal,

Mi corazón se acelera siempre que recuerdo todo...

Siento nauseas, no puedo borrar lo que sucede…

Tiemblo y no sé por qué.

Tengo miedo de lo que pueda pasarme.

Si tan solo pudiera pararlo y no sentir nunca mas...

Este dolor oprimiéndome el corazón y la mente...

Si tan solo pudiera arrancarlo de mí...

Pero... ¿Cómo…?

Su mirada giró encontrando una pequeña respuesta. Una solución. Una salida…

Una pequeña gillet afilada y olvidada a un lado del escritorio.

Un pequeño corte en la arteria de su muñeca y ya no más sufrimiento. Ni ahora, ni en un futuro… Una salida, y ya no mas, ni una lagrima…nunca más...

-.-.-.-.-.-.-.-

Hiei llega hasta el pasillo de su habitación escuchando solo el silencio, ya no había en el aire aquellos sonidos molestos y preocupantes de hace segundos, con el corazón agitado desliza la puerta con cuidado, recordando a la persona dormida en el interior. No tenía intenciones de despertarlo.

Entra cuidadosamente y no da más de dos pasos cuando para en seco, presenciando una imagen que no se imagino ver jamás en su vida.

-Lo siento...- Le dijo, un muchacho de cabellos rojos sentado en el piso. En su mano un pequeño y filoso gillete, sobre su muñeca pálida, por debajo de su dedo pulgar. En sus ojos lagrimas que amenazaban con salir. Un poco de presión y terminaría el sufrimiento. El fin de un suicidio.

Cerró sus ojos con un último suspiro.

Rápida y desesperadamente Hiei corre hacia él. Sujeta su brazo con mucha fuerza y miedo contenido. Separa las manos de Kurama con brusquedad.

Un gemido de dolor salió de los labios pálidos del pelirrojo. Quien suelta su pequeña arma blanca en el acto.

Ojos verdes deseaban protestar por el acto fallido. Pero se heló cuando sintió las brazos protectores de Hiei a su alrededor. No veía su rostro, pero abrió grandemente los ojos al oír la respiración agitada, y sollozos del pelinegro. Lloraba…

Hiei Estaba sufriendo por su culpa…

Kurama no pudo reprimir mas el dolor que sentía en su interior, y su llanto comenzó de a poco. Colocó sus brazos al rededor de Hiei, al principio en una caricia, mas luego, su fuerza aumento y deseaba jamás soltarse. Deseaba por todos los medios permanecer así, sintiendo los brazos protectores de Hiei rodeando se cuerpo.

Todo parecía tan irreal, no podía creer que quien estaba abrazándolo tan protectoramente era Hiei, su pequeño amigo Hiei, no sabía que pensar, estaba cansado y abrumado, tenia espasmos y su cabeza pesaba. Lentamente fue perdiendo la conciencia, sumiéndose en sueños, levemente aliviado por saber que al despertar ya no estaría solo, si no que tal vez estaría en su casa, en su antiguo dormitorio, con la ventana abierta, y el pequeño Hiei entrando por ella para cuidarlo toda la noche, como siempre lo hacía cuando estaba enfermo o lo necesitaba… Tal vez suceda eso, solo tal vez…

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-¡Bañémonos juntos, Hiei!

-¿Juntos? ¿No puedes bañarte tu solo?

-Es aburrido, contigo todo es más divertido.

-mmm

-Por favor, -tono suplicante- mira tengo patitos, barquitos, burbujas, solo faltas tú!

-No soy un juguete, Kurama.- se ofende el pequeño de cabellos negros, sin embargo al ver la inocente expresión del pelirrojo mezcla de confusión y tristeza, se percató que el de la idea equivocada era él mismo, y no su mejor amigo…- ah… de todos modos, me quedaré con tu lancha cuando estemos en la bañera.

Kurama sonríe abiertamente, sus ojos brillaron.

-Sí, puedes quedarte con el patito también.

-¡No quiero un patito!- Nuevamente se ofende Hiei. Kurama ríe divertido.

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Poco a poco el agarre de Kurama en la camiseta del otro fue perdiendo fuerza hasta soltarse. Hiei tenía sus ojos rojos estrechados mirando a la nada con un muchacho pelirrojo inconsciente en su regazo, aun lo abrazaba fuertemente. No se había percatado de que todo de sí temblaba, no quería soltar aquel frágil cuerpo, estaba asustado y no podía permitir ir a aquella persona más allá de donde él lo pueda proteger.

Varios minutos pasaron y su posición no había cambiado; de repente abre un poco sus ojos bajando su mirada al percatarse de la comodidad que había tomado su amigo en su pecho de un momento a otro. Se lo veía totalmente apacible, con una expresión tan relajada y aniñada, nadie hubiese imaginado que ese muchacho unos minutos antes tenía pensado quitarse la vida. Hiei no lo hubiese creído.

-Eres un idiota…-Menciona Hiei relajándose él también, cerrando sus ojos mientras suspiraba. Su corazón se había calmado notablemente cambiando sus latidos a un ritmo normal.

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-Que haces aquí, Kurama. Es hora de regresar…- Una mujer de cabellos castaños toma asiento a un lado de un niño pelirrojo en uno de los asientos del parque. Aquel asiento a un lado de las rosas, donde siempre jugaban su hijito y su mejor amigo.

-Estoy esperando a que Hiei vuelva… - Dice el niño mirando el horizonte, sus manos entrelazando sus dedos.

-Sabes que él se fue... No regresará en mucho tiempo...- Su madre acaricia sus cabellos.

-Pero ya paso mucho tiempo… Lo extraño mucho…- Menciona con un tomo lamentable el niño de ojos verdes, echándose más hacia atrás en la banca. No quería irse por más cansado que se sintiese, no podía dejar solo a Hiei si volvía y él no estaba allí para recibirlo.

-Hijo...

Shiori no puede hacer otra cosa más que mirarlo tristemente. Odiaba la situación en que se encontraba su hijo, no sabía muy bien cómo actuar... Era tan pequeño e inocente, como explicar que ya no vería nunca más a la persona que más quería… Era casi imposible hacer entrar aquello en la cabeza de Kurama, hasta para ella misma era difícil aceptarlo y es que la verdad ella también extrañaba mucho al pequeño amigo de su hijo. Los pequeños siempre andaban juntos, para ella ambos eran sus hijos… Y ahora se le había ido uno para siempre...

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Más tarde ese mismo día en la noche, el dueño de casa estaba tomando un vaso de leche en la cocina hasta que un ruido tras suyo lo alertó, dándose la vuelta de inmediato.

-¿Kurama?, Creí que estabas dormido. Ven, comamos algo. Yukina nos dejó preparada la cena.- Hiei hablaba tan "animado" como le era posible. Antes de que Kurama llegase donde él, estaba sentado en una de las sillas del comedor, pensando. Invitó a su amigo a sentarse en una de las sillas a su lado. Sabía que debía comer algo, después de todo no había ingerido nada desde ayer. Lo último que quería era que Kurama caiga enfermo por su incapacidad de cuidarlo.

Kurama se encontraba con mirada triste, dolía verlo así tan deprimido, sin vida. Sin emoción.

Sin embargo no se movía de su lugar, al lado de la puerta, así que Hiei optó por ayudarlo a tener más confianza.

Se levantó lentamente de la silla donde se encontraba y con pasos tranquilos se dirigió al pelirrojo. Lo miró a los ojos y movió sus manos para tomar las pálidas de Kurama. Mas con tan solo un pequeño tacto de sus dedos, sus ojos verdes se abrieron grandemente, y su boca empezó a temblar notablemente. Retiró su mano y sus piernas retrocedieron unos cuantos pasos hasta toparse con la pared detrás de él.

Hiei solo lo observaba quieto y mudo.

Realmente no quería que Kurama sufriera de esa forma. Realmente no le gustaba nada lo que estaba pasando. Quería tanto ayudar a su pelirrojo. Quería que Kurama fuera el mismo de siempre... no quería que le pasara nada...

-Lo siento, Kurama... Lo siento... No pretendo hacerte daño. En verdad... Tú me conoces, tú sabes que yo te protegeré mientras estés conmigo… Lamento haberte hecho despertar recuerdos...

Susurraba Hiei solo para Kurama. Ojos rojos miraba fijamente a los verdes, quería transmitir que todo lo que por su boca salía era autentico. No había mentiras en sus palabras.

-Solo… solo te pido que me des una oportunidad para ayudarte. Solo eso te pido, Kurama. Quiero que vuelvas a ser el chico pelirrojo que todo iluminaba con una sonrisa... Quiero... quiero ver al niño que prometí volver solamente para protegerlo, Kurama... déjame ayudarte.

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Continuará.

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Arriba el cuarto capitulo de Confianza, con un Hiei que por poco se muere del susto y un Kurama que casi se muere literalmente.

Chiste malo, lo siento.

REVIEWS bienvenidos sean, recuerden que la imaginación del autor se alimenta de ellos asi que a ustedes les conviene que yo este bien gordita y satisfecha.

Sin mas espero que disfruten, hasta la próxima entrega.

Abrazos,

Nyx Erinea Kitsune