Confianza

Nyx Erinea Kitsune

Capitulo 5 "Culpas"

Kurama miro por unos momentos a los ojos de Hiei, recordando que cuando niño siempre le gustó hacer aquello, porque los ojos de Hiei eran grandes, rojos y se veía reflejado en ellos… Ahora sin embargo lo que más quería era huir de su reflejo, no verse jamás… Desvió la mirada, se entristece al pensar que ya no volvería a ver directamente a los ojos de su amigo. Suspira, arregla sus cabellos como si nada sucediera.

-Tengo hambre…

Escuchar esa pequeña frase alivió de tal manera al de cabellos negros que no se había percatado de la pequeña sonrisa asomada en sus labios. Se hace a un lado para que Kurama pudiera entrar en la cocina.

No mencionó nada, ni dio comentarios por la comida cuando la sirvió al pelirrojo, pero éste último había notado la sonrisita casi imperceptible aun presente en su amigo Hiei, y pudo percibir que algo dentro de él, aunque no tuviera sentido, empezó a sentirse mínimamente mejor.

…..

-Tu cabello está creciendo mucho. ¿Lo dejarás crecer más? – Kuronue pasa sus grandes manos por las hebras rojas.

-Es lo que tengo planeado.

-Y... eso tiene un ¿por qué?

-Puede ser…

-¿No me lo dirás?

-Solo digamos que quiero dar una sorpresa.

-Oh... vaya... Me has dejado con más curiosidad aun...-Apoya su mejilla en su mano, mirando intrigado a su amigo más pequeño. Kurama ríe divertido. -Entonces yo también me lo dejaré crecer aun más.

-¿De verdad?

-Si. Hace tiempo lo estuve pensando.

-Te quedará bien.

-Gracias. Pero dime, ¿algún día me dirás acerca de la "sorpresa"?

-mmm... Cuando ese día llegue, lo sabrás...

-Kurama, eres único para guardar secretos, pero no me gusta que me los guardes a mí... - Kurama simplemente sonrió apenado.-En fin, espero que ese día llegue pronto para poder saber. Sabes que soy muy curioso.- Kuronue pasa un brazo por la espalda del pelirrojo para posarse en sus hombros.

-Si... Yo también espero que llegue muy pronto.- Ojos verdes mira con cierta melancolía al suelo. Sus ojos brillaban tan solo de pensar en aquel ansiado día. Su sonrisa mantenía una ternura incapaz de borrarse. Kuronue solo lo miró con cierto anhelo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-..-.-.

-Tienes el cabello muy hermoso… ¿Lo llevas así de largo por mucho tiempo? –Pregunta curiosa Yukina, quien cepillando los cabellos tranquilamente se encontraba tras Kurama. Se encontraban en la gran sala de aquel templo, su hogar.

La de cabellos celestes había llegado a casa poco después del encuentro de su hermano y Kurama en la cocina, cuando los vio sentados a ambos lo primero que sintió fue sorpresa, para luego pasar a un gran alivio al verlos tan a gusto juntos.

-Tres años…- Respondió sin ánimos el de cabellos rojos. No pretendía ser descortés pero simplemente las ganas se habían ido de su cuerpo y ya ni siquiera tenía voluntad para sonreír o mantener una gran conversación. Se sentía desganado, a punto de derrumbarse; sabía en parte que era su culpa por haber comido tan solo dos bocados de su cena, y no fue por el gusto de la comida, sino porque su estomago parecía haberse sellado y ya no podía ingerir nada mas…

Hiei lo miraba desde el sillón a su lado, fingía estar interesado en la televisión frente suyo pero la verdad era que observaba cada detalle del triste y golpeado rostro de su antiguo amigo. Miraba como sus ojos verdes parecían estar perdidos en la alfombra, seguramente recordando cada detalle de lo ocurrido hace unas horas con su agresor. Pensó que si él mismo se entristecía por pensar en ello, no imaginaba el sufrimiento desgarrador interno que debía estar pasando Kurama. Inmediatamente quiso dirigir su atención a otra cosa o de otro modo sus pensamientos iban a matarlo. Enfocó su vista en el ahora brillante y perfumado cabello rojo que sostenía su hermana en sus manos, algunos mechones se escapaban de su agarre cayendo como cascadas por sus finos dedos; por la cabeza de Hiei el único pensamiento que apareció en su mente fue la suavidad que creía no recordar de aquellos hilos rojizos. Con una mano acarició suavemente sus cabellos y perdido entre tanta belleza exclamó: -Es muy rojo… Me gusta.

Yukina lo miró extrañada al escuchar aquella revelación tan espontanea de su hermano, después de estar por tanto tiempo en silencio. Hiei seguía manteniendo su mano en la cabellera roja, y Kurama no pudo evitar desprender una risita producto del alivio al escuchar aquel comentario. Su mente divago por algunos segundos recordando el pasado:

Flash Back

-Me gusta tu cabello.

-¿Mi cabello?- Pequeño pelirrojo mira extrañado a su amigo, toca con una de sus manos su cabeza.

-Sip. Tiene un lindo color y es muy suave.- También tocaba el cabello del pequeño Kurama, quien sonreía feliz. Le gustaba que le dijeran halagos como ese, especialmente si el que lo decía era su mejor amigo.

-Entonces te lo regalo.

-¿Me lo regalas?

-¡Hai! Ahora es todo tuyo.-Sonríe contento mientras se arreglaba el cabello rojo. Hiei lo miró feliz.

-¿Te está haciendo mal ir a la escuela? Dices cosas raras.- Dijo el pequeño de ojos rojos a modo de reproche.

Kurama solo sacó su lengüita apenado. Aun así, su imagen de felicidad no se borraba de su rostro.

Hiei ríe. Estaba feliz de tener un amigo como él.

En ese entonces no pensaban en otra cosa más que divertirse y estar siempre uno al lado del otro. Jugando. Riendo. Acompañarse siempre. Quererse y no preocuparse por lo demás. Ese era su concepto de vida. Pero hay que saber que nada es para siempre. La felicidad parece tan corta, aún para unos niños alejados de toda cruel realidad.

End Flash Back

-Gracias, Hiei.- Dijo de pronto. Yukina esbozó una sonrisa también.

-Por lo visto mi hermano es el único que no ha cambiado nada de su aspecto después de tanto tiempo, ¿no te parece?- Bromea un poco la adolescente. Kurama gira su rostro para ver a un levemente sonrojado Hiei.

Era verdad, su amigo seguía exactamente igual que antes. Seguía con aquella piel blanca, con sus grandes ojos rojos profundos, sus cabellos negros parados y la franja blanca en su flequillo que siempre le gustó, seguía con su personalidad tan atrapante y protectora para con él que le hacían sentir seguro a todo.

-Creo que eso es bueno… -Musita suavemente el de ojos verdes.

-Qué tontería. –Apunta Hiei levantándose de su lugar y caminando hacía el pasillo, a mitad de camino gira medio cuerpo hacía los integrantes de la sala. –Voy a dormir, ¿Qué harán ustedes?

-Ve con él, Kurama. Yo aún tengo algunas cosas que atender por aquí…-

El mencionado se para lentamente sintiendo en su espalda una aguda punzada por unos dolorosos minutos, trayendo a su mente recuerdos de como su agresor causaba esos dolores con fuertes penetradas ignorando las suplicas constantes que le gritaba para que se detuviese.

La piel se le erizó, cerró fuertemente sus ojos y respiró pesadamente. Empezó a caminar hacía Hiei, quien solo lo miraba esperando que llegase a su lado.

-¿Te encuentras bien? –Medio susurró Hiei cuando el pelirrojo pasó a su lado.

-Solo quiero dormir…

Aquella noche cuando las manecillas del reloj tocaron las tres de la mañana la tormenta en el cielo era el único factor que mantenía abierto los ojos verdes de Kurama. Un relámpago, la luz filtrándose por las ventanas destellantes, alumbrando todo a su paso como si de un hermoso día soleado se tratase, para luego volver a la oscuridad total y como retoque final el estruendoso ruido que hizo temblar cada extremidad del cuerpo de Kurama. Él siempre odió las tormentas, sobre todo las eléctricas ya que eran las más ruidosas y peligrosas.

Lo único que quería era que se detuviese ya toda aquella tortura. ¡Ni dormir siquiera podía! Sentía a su corazón latir tan deprisa…

-Tranquilo, es por los árboles que los rayos se guían aquí… pero ninguno te hará daño. Estas a salvo.- Levantó su rostro al escuchar la voz de su compañero de cuarto, lo miró unos segundos asimilando lo que dijo.

Hiei estaba sentado en el borde de la cama próxima a él. Se había despertado minutos después de escuchar caer un trueno bastante cerca de la casa; estaba mirándolo directo a los ojos, pretendía darle seguridad en lo que decía. Kurama se sienta también, dejando caer al suelo algunas almohadas que tenía encima de su cuerpo. Se alivió de sobremanera al ver a Hiei a su lado, como protegiéndolo.

El pelirrojo abrió su boca para decir algunas palabras pero fue abruptamente detenido por el escandaloso trueno que destellante alumbró toda la habitación. Kurama lo sintió tan cerca que algo en su cabeza se separó súbitamente de la realidad, haciendo que todo su cuerpo y mente se trasladasen a esa tarde nublada en el callejón, a sentir las manos de aquella persona, el dolor de las piedras incrustándose en su piel, y la fuerza en la que Kuronue lo tomaba una y otra vez.

-Ah…-Se quejó suavecito tomando su cabeza con una mano. Le dolía. Sentía la opresión molesta en su pecho que no lo dejaba en paz, empezó a respirar pesado. Un escalofrío recorrió lo largo de su espalda y sin siquiera darse cuenta giró su cabeza mirando hacía la ventana, aquella que daba al bosque, y por un segundo creyó ver la silueta de la persona que lo hizo tan miserable, mirándolo, esperando el momento adecuado para volver a tomarlo. – ¡Vete! ¡Déjame en paz! –Gritó el pelirrojo cerrando fuertemente los ojos, llorando y conteniendo su bronca.

Otra luz abarca la escena, y el ruido del trueno llegó al cabo de unos segundos, agitando aun mas su lastimado corazón.

-Kurama... –Inconsciente y rápidamente Hiei se levanta y lo abraza con sus brazos musculosos, rodeando el cuerpo delgado y desprotegido del pelirrojo. Éste no hacía más que temblar y cerrar fuertemente su boca, hasta que sus dientes empezaron a doler. – Deja de temblar... No quiero verte así...- Hiei solo trataba de consolar a su amigo, pero todo parecía ser en vano. Lo miró dolido unos segundos, no sabía que mas hacer; hasta que de repente recordó algo del pasado, algo… una promesa... -¿Recuerdas cuando éramos niños? Hicimos la promesa de reencontrarnos y protegernos siempre...-Kurama empezó a escuchar la voz de Hiei en su oído, muy cerca suyo, pero estaba aún muy segado a la realidad como para darse cuenta que lo tenía en un abrazo.- ¿Lo recuerdas? Yo no lo he olvidado, Kurama. Yo quiero cumplir nuestra promesa…

-Hiei...-Susurra Kurama, tomando fuertemente la camisa de Hiei entre sus manos. Cerraba sus ojos con fuerza mientras escondía su rostro. Al fin había vuelto a la realidad, a la habitación de Hiei, sintiendo los brazos de su amigo alrededor suyo pero esta vez no tenía miedo. - Se que estoy mal. ¡Me estoy volviendo loco!

-No, eso no es verdad... Deja de decir tonterías…

-Lo es, Hiei, es verdad, ¡lo veo en todas partes!, ¡y está esperando a verme solo, para volver a usarme! ¡Como lo hizo desde que te fuiste!- Un sollozo bastó para que el muchacho pelirrojo desatase todo lo que tenía guardado en su interior- ¿POR QUE TE FUISTE, HIEI? ¡TE NECESITÉ TANTO! ¡NO HAS VUELTO POR MÍ! ¿POR QUE ME HICISTE ESTO, HIEI? ¡ES TODA TU CULPA! POR TI ESTOY ASI, ¡PORQUE NO HAS VUELTO!... – De un momento a otro, el pelirrojo estalla entre gritos y acusaciones. Necesitaba descargar toda la presión que llevaba dentro, y Hiei era la única persona presente allí para escucharlo.

-Kurama...-El muchacho de cabellos negros se sorprendió tanto de las barbaridades que le decía su amigo que no podía siquiera dar una explicación de lo que se le acusaba. Algo dentro de él dolió, porque aunque sabía que las cosas no eran como Kurama las decía, tal vez si era un poco culpable de las cosas que pasaron de alguna u otra forma.- Lo siento... Lo siento...

Kurama lloraba desconsolado, no solo por el hecho de haber recordado su pasado, sino también por haberle gritado a Hiei cosas que no eran ciertas. Cosas que dolían mucho. Cosas que salieron de su boca sin pensarlo, esas palabras que buscaban protección, seguridad; alguien a quien culpar...

Pero él más que nadie sabía que Hiei no tenía la culpa, que él era inocente de todo lo que lo había acusado. Era todo mentira. Quería disculparse pero... aun así... nada salía de sus labios.

Se quedaron abrazados por largo rato. Mas sin embargo Hiei derramó lagrimas también, lo lastimó las palabras tan ciertas que Kurama utilizó contra él. Le dolía saber que tenía razón y no costó admitir que fue él el culpable que Kurama esté así ahora... La noche era triste, los rayos y truenos habían cesado para dar paso al sonido de las gotas de lluvia que arrullaba a aquellos amigos con pesar.

Esa noche, Hiei se prometió nunca más dejar a su pelirrojo amigo solo, aunque le costase una vida, lo haría, lo protegería de cualquier mal inclusive, del mismo demonio.

… .

La mañana llegó rápidamente dando paso a un tímido sol que se asomaba por entre los árboles, dejando a la ruidosa tormenta atrás, aunque claro algunos destrozos materiales se quedaron como señal de que algo muy fuerte paso por aquella ciudad, árboles caídos, ramas destrozando autos, postes de luz inclinados y un sinfín de basural regado por las veredas. Sin embargo, todo aquello era ajeno a las personas dormidas en sus hogares, en especial Hiei y Kurama, que dormidos estaban abrazados aún, al fin dejando a sus mentes acomplejadas atrás en un sueño retornable.

-mhg… -Se queja uno cuando el rayo de sol pegó directo a su rostro. Hiei abre sus ojos escarlata pesadamente, los vuelve a cerrar no queriendo despertar, escondiéndose aún más en el cuerpo tan tibio que tenía a su lado. Abre sus ojos como platos con ese pensamiento y rápidamente observa a la persona que abrazaba- ha… Kurama.- Se llenó de alivio cuando lo vio dormir plácidamente ajeno a todo a su alrededor. Sonrió. Pero aquella sonrisa se fue tan rápido como llegó al recordar la escena de la noche pasada. Suspira y se levanta con cautela, abandonando la calidez de aquel cuerpo tan frágil.

Al momento de cerrar la puerta, la persona que descansaba sobre la cama abre sus ojos despacio, observando soledad a su alrededor. Se estira en la cama buscando alguna posición que le de la paz que hace unos momentos había sentido, no la encuentra. Se sienta en la cama, aun adolorido, su rostro triste miraba la ventana; le parecía mentira que el clima haya cambiado tan radicalmente de la noche a la mañana. Pero agradecía al cielo de que fuera así. De verdad que no soportaba las tormentas.

En ese momento se llevó una mano a la boca recordando la noche anterior, y todo lo que le había dicho a la única persona que se preocupaba por él. Se sintió tan mal que creyó que vomitaría en ese momento. Pero se contuvo, ya no podía seguir como estaba, tendría que pedir disculpas a Hiei por todo el mal rato que le hizo pasar y por todas las cosas dichas que nunca fueron ciertas.

Se levanta poniéndose unas pantuflas que encontró a un lado de la cama, camina hasta la puerta y la abre lentamente observando que no había nadie en el pasillo. Se sintió un poco alterado por eso, la casa era muy grande y no sabía muy bien hacia dónde ir. Recordó el baño en el que se había bañado con la ayuda de Yukina e intentó dirigirse allí. Lo encontró a tres puertas después de la de Hiei, se higienizó y sintió un nuevo deseo de bañarse, tallarse fuertemente con la esponja, que el olor a jabón sea el único aroma que inundase su nariz y que el agua se llevase toda impureza de él. Lo deseaba tanto que no se percató del momento en que había girado el grifo del agua caliente y el vapor empezó a inundar el baño lentamente. Con un paso se metió en la tina mojando hasta la ropa que tenía puesta. Sus rojos cabellos se pegaron a su cuerpo y a su rostro, al igual que su ropa; se quedó parado allí unos minutos pensando en absolutamente nada. Cerró los ojos y levantó su cabeza hacía la ducha.

-Qué bien se siente…- Susurró, pero él no se percataba de lo caliente que cada vez más se sentía el agua.

-¡Kurama!, ¡Está muy caliente!- Escucha casi gritar a la muchacha de cabellos verdosos, quien corrió a cerrar el grifo con gran velocidad. Dirigió su mirada roja a Kurama quien lo miraba algo confundido.-Sal de la tina, por favor.

Y sin saber exactamente por qué, el pelirrojo obedeció sintiéndose un completo inútil. Un demente sin decisión. Mojado y acalorado.

-Por favor, Kurama, la próxima vez déjame ayudarte… Soy enfermera así que no es ningún problema para mi hacerlo… pero por favor, ya no te hagas daño… - Algo en el tono suplicante de Yukina hizo que sus emociones se desestabilizaran de nuevo, e hizo que su corazón latiera a un ritmo acelerado, como cuando quería llorar…

-Quiero bañarme, quiero sacarme toda la suciedad que llevo encima…- Dijo mirándola a los ojos. Ella asintió sonriendo disfrazando su tristeza con una simple mueca.

… .

-Buenos días, hermano. Mira quien se levanto sumamente reluciente.- Yukina entra en el comedor con una sonrisa casi resplandeciente, dejando ver a su lado a un hermoso pelirrojo con los cabellos limpios y brillantes, una piel blanca cicatrizando conforme pasaba el tiempo, y unos ojos brillantes y despiertos. La ropa que llevaba era unos pantalones negros y una camiseta beige, vestimentas que fueron del señor Jaganshi.

-Buenos días… -Dice Kurama.

Medio sonríe Hiei al verlo, le gustaba aquel cambio en su aspecto. El aroma a café en el aire se confundía con el aroma a rosas de Kurama.

-Buenas… -Se levanta de su asiento para servir dos tazas más de cafés para los recién llegados.

Desayunaron casi en silencio como era de acostumbrar. No era un silencio incomodo ni mucho menos, aquellos hermanos no necesitaban de mucho dialogo para llevarse bien y a Kurama no le molestaba para nada aquella paz que sentía estando con ellos. No recordaba cuanto tiempo había pasado desde la última vez que sentía una tranquilidad como aquella…

-Me voy ahora, hermanito. Genkai me espera, hoy integra a nuevos discípulos al templo y seguro tendré mucho trabajo… - Dice ella levantándose y recogiendo su taza y los platos vacios de las tostadas.

Como había dicho, Yukina trabajaba como enfermera en el templo de la maestra de artes marciales, Genkai. Aquella era una excelente mujer, pero sus métodos de enseñanza eran algo extremos, y Yukina tenía el deber de mantener con vida o lo más sanos posibles a todos los integrantes del dojo. Era un trabajo que le gustaba mucho a pesar de ver sufrir a mucha gente; lo que más le gustaba era ver las sonrisas de los enfermos o heridos una vez se hayan recuperado.

-Ya te dije que no hace falta trabajar allí. No deberías esforzarte tanto.-

El problema era su hermano querido, Hiei; él que siempre replicaba cada vez que iba a cumplir con sus obligaciones. Siempre estuvo en contra de aquel trabajo, él sabía más que nadie que había veces que muchos alumnos no sobrevivían a las enfermedades que contraían por el bosque, las bajas temperaturas, los animales y por un sinfín de otras causas. Yukina sufría mucho cuando eso ocurría y no paraba de llorar del sufrimiento. Obviamente aquel hecho traumaba mas a Hiei que a nadie, por eso estaba totalmente en contra de que aquello vuelva a ocurrir, pero Yukina era realmente terca, cosa que venía de familia, y por más que insistiese ella no cedía nunca a las suplicas de su hermano.

-No te preocupes hermano, todo estará bien. – Sonríe terminando de lavar sus respectivos utensilios. Se acerca a Hiei depositando un beso en su frente, luego a Kurama repitiendo el gesto. Sin embargo no había pensado en que éste último podría haber reaccionado de mala manera, pero afortunadamente no fue así, si no que el pelirrojo la sonrío saludando amablemente. Yukina sonrío aun más abiertamente.- ¡Nos vemos en la noche!

La muchacha los dejo solos en aquella tranquilidad infinita del comedor. Hiei se levanta luego de unos minutos empezando a lavar su pocillo también.

-Pásame la tuya…- Extiende su mano esperando que el pelirrojo obedeciera a sus peticiones. Sin embargo aquella taza nunca llegó a sus manos, ya que Kurama caminó hasta su lado y no dejó que la tomara.

-Déjame limpiar la mía, no soy ni mucho menos un inútil, puedo hacerlo…

-No digo lo contrarío, solo quise ser buen anfitrión… ¿Puedo?- Terminó haciendo sonreír a aquel pelirrojo que parecía siempre a la defensiva con él. Puso esta vez la taza en sus manos, dejando al fin que Hiei la limpiara.

La atmosfera era tranquila entre ellos, pero Kurama sabía que tenía que disculparse con Hiei, no podía dejar que las cosas entre ellos tomasen un rumbo de confusión o remordimientos. Si bien su amigo lo había abandonado por muchísimos años, sabía que no era culpa suya, eran niños, no tenía por qué regresar a la ciudad que por mucho tiempo lo hizo tanto mal…

Tomó aire, no sabía muy bien cómo empezar. Debía ser totalmente sincero…

-Hiei, anoche-

-Hiei, alguien vino a verlos.- Entró entonces nuevamente Yukina a aquella habitación, tenía un semblante preocupado.- Lo encontré en la entrada cuando iba de salida…

-¿Quién es?- Pregunta el de cabellos de puntas poniéndose a la defensiva, pasando frente a Kurama. Sale del comedor rápidamente para dirigirse a la puerta.

-Yusuke Uramechi, es compañero en el instituto de Kurama…-

El pelirrojo reaccionó ante aquel nombre erizando los bellos de sus brazos, sintió un frio recorrerle la espalda. ¿Por qué Yusuke estaba allí? ¿Acaso se enteró lo que Kuronue había hecho con él? ¿Cómo lo hizo? Y de ser así, ¿se habrían enfrentado esos dos? Él sabía perfectamente que resultados tendría aquella pelea, y sabía que por el bien de los que quiere debe callar el nombre de su agresor. Tenía tanto miedo de que las cosas se les fueran de las manos, él no quería que nadie saliera mal herido, y lamentablemente cuando Kuronue se enfrentaba a alguien las cosas siempre terminan mal.

Kurama lo sabía…

-¿Acaso no te dije que esperaras afuera!- De repente se observó a dos muchachos escandalosos ingresar rápidamente a la cocina. Entró primero Yusuke quien miraba buscando desesperado con la mirada a su amigo, y luego Hiei quien intentaba detenerlo a toda costa, fallando en el intento.

-¡Kurama!- Gritó aquel chico de cabellos y ojos cafés, emocionado. Una sonrisa enorme fue lo único que observó Kurama antes de sentirse presionado por dos brazos sumamente fuertes que le apretaban con mucha necesidad. Su cuerpo reaccionó dando un respingo, se sentía aterrado y nervioso. Su piel palideció al instante y con una voz casi inaudible susurra:

-No me toques, Yusuke, por favor... no me toques.

Aquellos ojos cafés lo miraron buscando una explicación a su pedido, cuando encontró aquel moretón a un lado de su ojo cayó en la triste realidad que se había envuelto Kurama. Por lo visto, aquel desgraciado lo lastimó más de lo que imaginaba, su amigo no se veía nada bien. Se veía que necesitaba ayuda urgente.

-DIME QUIEN FUE…-Yusuke lo toma de los hombros muy enojado, sentía su sangre hervir mientras más lo miraba observando aquel aspecto tan deplorable. -Kurama… -Lo llama una vez más, sin embargo el aludido solo baja su mirada escondiendo sus ojos jade bajo aquellas gruesas y oscuras pestañas. Yusuke sintió aun mas bronca al no escuchar respuestas.- ¡DIME, RESPONDE ¿Quién...!

-Mantén la calma Uramechi, el no quiere recordar. –Hiei interviene posando una mano firmemente en el hombro de Uramechi haciéndolo girar un poco. Éste último mira al pelirrojo algo arrepentido, y se sintió aun peor al observar lo jugado que estaban aquellos ojos verdes entre tantas lágrimas. Se sintió un completo idiota reaccionando de aquella manera tan impulsiva, pero no lo podía evitar, cada vez que miraba aquellas marcas en la blanca piel de su amigo, parecía perder el control de sus acciones.

-Me llevaré a Kurama a la habitación hasta que esté más calmado…- Yukina, quien presenció toda la escena desde la puerta de la cocina, ofrece tímidamente una mano al pelirrojo para que la tome, quien sin siquiera pensarlo la toma entre la suya, dejándose guiar hacía afuera. Necesitaba estar solo, o podría estallar en histeria por lo abrumado que se sentía en esos momentos.

… .

-Vamos afuera.- Propone Hiei saliendo del lugar rápidamente. Yusuke obviamente lo sigue hasta la salida de aquel extraño templo, se lo veía un poco más calmado pero la verdad era que aún sentía la cólera recorrer sus venas.

Caminaron por un sendero que se podía apreciar era traficado normalmente por personas, ya que se veía limpio y cuidado aunque realmente no había gente a su alrededor. Un poco más adelante Yusuke reconoce un templo a lo lejos, aquel en el que había entrenado alguna vez hace dos años. Su mente estaba claramente más clara y serena, Hiei pareció notarlo ya que al fin se detuvo y se sentó en una especie de banca de piedra. Yusuke imita sus actos sentándose también, aunque un poco más alejado. Suspira, rasca su cabeza, mira hacia abajo y luego hacía el templo de aquella malhumorada anciana. Suspira otra vez.

-No soporto ver a Kurama así... Debemos hacer algo...- Suelta Yusuke con angustia tatuada en su voz. Mira al Jaganshi con decisión mientras se paraba del lugar donde estaba sentado.

-¿Y tú crees que no lo he intentado? –Dice el otro aun sentado. Sus ojos estaban cerrados en señal de meditación. Él más que nadie detestaba el estado de Kurama, no hacía falta que los demás se lo dijeran.- Ha estado así desde que despertó. He intentado hacer que recobre un poco de confianza pero me es imposible. Ya no confía en nadie, ni siquiera en mi... – dijo esto último recordando la noche anterior.

-Como si fueses realmente importante en la vida de Kurama para confiar en ti…

-¿Que has dicho?...

-Desde que llegaste aquí, te crees que Kurama te pertenece. Como si no existieran amigos que se preocuparan por él. ¡Pues déjame decirte que estas equivocado! Puede ser que en el pasado tú eras el mejor amigo del pequeño Kurama… Pero el ha crecido, y las personas son reemplazadas. Tú fuiste reemplazado. Deja de adueñarte de la vida de mi amigo como si te perteneciera… ¡Déjalo en paz!

-Cállate...-Susurraba por lo bajo Hiei. Su voz mostraba bronca y dolor. Yusuke no lo escuchó y prosiguió con sus quejas. Hace tiempo deseaba descargarse de todo lo que pensaba con respecto a Hiei. Y más aun, ahora que estaba tan rabioso por lo sucedido con Kurama, estaba más que enojado, se sentía tan impotente, un mediocre. Solo podía utilizar palabras crueles para encontrar a alguien con quien pelear, para descargarse de todo lo que sentía. ¡DE VERDAD LO NECESITABA! Hiei era un blanco perfecto.

-¡Ni siquiera te ha mencionado una vez después de que te fuiste! ¿Y así crees que le eres tan importante en su vida? ¡Baja a la realidad! ¡No eres nada para él!

-¡Dije que te callaras! –De repente, Hiei se levanta de su asiento y prepara su puño para dirigirlo al rostro de Yusuke, en un puñetazo muy fuerte dando en el blanco. Yusuke cae sentado al suelo con ojos de plato, mojando su ropa por el agua que había caído la noche anterior. Fue tan de repente el movimiento, que su cabeza no fue capaz de captar tan rápido la información que fue Hiei quien lo golpeó. Cuando ya tomó conciencia de lo sucedido, se levantó tan rápido como cayó y le dirigió un puñetazo de igual o más fuerza en respuesta a Hiei. Éste lo recibió de lleno en su estomago.

No pasaron ni siquiera minutos cuando ya estaban totalmente enlodados y golpeados por múltiples puñetazos, patadas, golpes, codazos, y un sinfín de otras agresiones. Se veían como perro y gato salvaje en una pelea por territorio.

-¡Oigan! ¡Ustedes!.. ¡Deténganse!.. ¡Jóvenes!- Gritaba una mujer que pasaba por aquel camino y presenciaba la escena.

-¡Maldición eres tan arrogante como Kuronue!- Yusuke dijo aquello sin pensar, sin embargo toda su fuerza se le fue rápidamente al recordar a aquel detestable ser.- ¡Eso es!- Dijo convencido y corriendo tan rápido como le dieron las piernas hacía el templo donde se encontraba Kurama.

-¡Detente ahí, Uramechi!- Grita Hiei, pero el mencionado no parecía tener ganas de obedecer.

Ambos fueron corriendo hasta el templo siendo Yusuke el primero en entrar y recorrer los pasillos hasta encontrarse con la puerta de una habitación, abrirla abruptamente y quedar cara a cara con el muchacho pelirrojo que lo miraba con ojos de plato y temblando, se había asustado demasiado con aquella abrupta interrupción.

-¿¡Fue Kuronue, verdad!?- Grita el muchacho de ojos cafés mientras se acercaba peligrosamente a Kurama. Éste se queda estático al escuchar aquel nombre saliendo de la boca de su amigo.- Fue él quien te hizo esto, ¿No es así? ¿Como no lo vi antes! ¡Ese desgraciado al fin se salió con las suyas! Kurama, contéstame demonios, ¡¿fue él?!

Pero por más que Yusuke gritase con todas sus fuerzas y lo sostuviera con fuerza los brazos, el pelirrojo no reaccionaba, estaba en una especie de shock. El ya no quería recordar, ¿por qué Yusuke le estaba haciendo esto? Gritándole el nombre de aquella persona, poniendo en evidencia su trauma.

-¡Ya basta, Uramechi!- Al fin había llegado Hiei a la escena, separando a Kurama y girando a Yusuke por los hombros para insertarle un puñetazo con mucha fuerza directo a su rostro. Uramechi cae al suelo de la sorpresa.- Te dije que te detuvieras. – Le dice nuevamente Hiei con una patada al abdomen sacando todo el aire de los pulmones a Yusuke, quien empieza a toser tratando de respirar.

Acto seguido, el más pequeño en estatura, toma fuertemente las ropas del compañero de Kurama y lo jala tan fuerte como pudo hasta la entrada del templo, donde con un fuerte empujón lo saco varios metros más hasta caer al piso mojado nuevamente. Yusuke se quejó adolorido.

-Maldito…

-Regresa cuando te hayas calmado, él no necesita de amigos desquiciados como tú. Si no puedes serenarte no pienses en volver.- Dice Hiei mirándolo de arriba, guardando la calma en todo momento. Camina nuevamente hacía su hogar. Yusuke lo mira desde atrás aun sentado en el suelo, maldiciendo a Hiei por lo bajo pero pensando aun mas, en aquel 'mejor amigo' del pelirrojo, que tan sospechosamente había desaparecido de sus vidas…

… .

Continuará…

¡Muchísimas Gracias por los reviews!

Que feliz me hacen, de verdad...

Estoy escribiendo nuevas historias para ustedes. En lo particular mis ánimos cambiaron mucho, y el hilo de mis historias también, lo cual me pone aun mas feliz porque ahora si estoy escribiendo como quiero realmente ( y se que a ustedes les agradará más también )

En fin solo eso, espero que les haya gustado! Muy pronto la próxima entrega.

Nyx Erinea Kitsune.