Aclaración:

Vale Todo (MMA = mixed martial arts o AMM= artes marciales mixtas) Las artes marciales mixtas son artes marciales que incorporan tanto golpes, como técnicas de lucha en el suelo; las artes marciales mixtas pueden ser practicadas como deporte de contacto de manera regular o en un torneo en el cual dos competidores intentan vencer cada uno a su oponente usando un amplio rango de técnicas de artes marciales permitidas, como golpes de puño y patadas, agarres, lances o proyecciones y palancas.

Confianza

Nyx Erinea Kitsune

Capitulo 6

-Contesta…Demonios, contesta…-

El número con quien está intentando comunicarse está fuera de servicio.

-¡Mierda!

El teléfono móvil se estrelló contra el asiento del acompañante, encendiendo sus luces por el impacto. Los dientes apretados de Kuronue lo hacían verse como un perro rabioso, y sus manos apretadas en el volante ayudaban a crear aun más aquella visión.

Suspira, intenta relajarse y pasa una de sus manos por su cabello y su rostro. Abre los ojos, intentando seguir relajado.

'No pudo nada mas desaparecer así, tampoco puede estar muerto… No he llegado tan lejos…' Pensaba, razonando aquel hombre dentro de su automóvil. 'Tampoco tiene su móvil encendido, y en su casa no apareció desde hace días… El instituto es el único lugar donde aún no he buscado con profundidad, pero Kurama no iría a estudiar sin antes pasar por su casa… A menos que tenga a alguien que lo esté ayudando…'

Los ojos violetas buscan nuevamente su móvil en el asiento a su lado, lo observa pensando que mas hacer.

'Debí haberte llevado conmigo ese día…' Piensa, recordando aquel día en que dejó a su pelirrojo tendido entre las piedrecillas de aquel callejón. Sin embargo, por otro lado recuerda lo impulsivo que había sido, perdiendo los estribos de una manera que jamás imaginó, al menos nunca con Kurama. Recuerda que no volteó ni una sola vez cuando salió de allí y se dirigió a su auto una vez hubo hecho lo que quiso con su mejor amigo. Una vez en la autopista el miedo brotó de sus poros, y el arrepentimiento le pegó de lleno en los siguientes días, cuando la soledad y la nostalgia hicieron presencia, por fin recapacitando sobre sus propios actos.

No era nada fácil despertar y no tener un mensaje del pelirrojo diciéndole que ya iba a la escuela, que le avisaría cuando terminarían sus clases para que fuera por él. No era fácil acostumbrarse a andar solo, merodeando por las noches, como posible alma en pena. El trabajo se hacía más pesado si Kurama no llamaba para preguntarle alguna que otra cosa, solo para escuchar su voz. Porque Kuronue estaba seguro que así era, podía jurarlo desde siempre; Kurama dependía total y completamente de él. Siempre ha sido así desde que se conocieron, hace poco más de 6 años.

Sabiendo todo aquello sin embargo, se aprovechó de la situación, amoldándola a su gusto, y a Kurama con él.

Siempre estuvo consciente que era un poco celoso, mandatario, y hasta posesivo con el pelirrojo, pero éste sin embargo jamás había replicado o quejado por ello. Así que simplemente siguió siendo como le placía, sin pensarlo mucho.

Fue así hasta aquella noche en el club, donde sin previo aviso y sin que siquiera se haya dado cuenta Kurama desapareció de su campo de visión. Se perturbó notablemente creyendo que se había ido con un tipo cualquiera, y estuvo a punto de subir al escenario a moler a golpes a los tipos que bailaron con él, si no hubiese sido porque Yomi, uno de sus socios, le comunicó que lo había visto irse solo, hacía unos cuantos minutos.

Aquel comportamiento, impropio del pelirrojo, le hizo pensar que lo estaba perdiendo, que quizás ahora Kurama quería valerse por sí mismo, y quería dejarlo a él a un lado… Recordó estremecerse y sudar frío al verse solo, sin un pelirrojo inseguro aferrándose de vez en cuando a su camisa, bajando la mirada cuando algunos hombres ponían sus ojos sobre él.

"No puedo estar sin él", se había dicho esa vez, y a la mañana siguiente se vio forzando a Kurama a tener sexo en un callejón. Fue un impulso luego de aquel golpe en su rostro que terminó de comprobar la sospecha de estarle perdiendo, y todo rastro de cordura con él.

Suspira.

No había tiempo para arrepentirse, debía encontrarlo como sea. Kurama era un ser inseguro, tímido, pero por sobre todo muy hermoso, y pensar que alguien más pudo encontrarlo y hasta estarle teniendo en esos momentos hacía que su sangre hirviera. Kurama era solo suyo, nadie más podría tenerlo como lo tuvo él.

Haría lo que fuera por encontrarlo y mantenerlo a su lado de nuevo. Y cuando lo hiciera le pediría disculpas, le explicaría su pequeño trance que llegó a cegarlo, y le confesaría todos los pensamientos que había tenido esos momentos por no tenerlo a su lado. Pero por sobre todo le diría también cuanto lo amaba. Porque esa era su verdad, amaba con total locura a aquel que llamaba amigo. No supo desde cuándo y quizás si lo pensaba bien, lo amó desde el primer día de conocerlo, de verlo a los ojos. De observar esa sonrisa.

-Demonios… -Musita enfadado. Las palabras que le dijo a Kurama aquel día en su auto fueron sus propios sentimientos, pero su inexperiencia a ser romántico, cursi o tener cualquier clase de relación amorosa hicieron de su confesión un total desastre.

Enciende su auto patrullando las calles en su búsqueda de nuevo. Mira la hora en el tablero de su auto: 3:21 PM. Exhala algo de aire de sus pulmones e intenta calmarse otra vez, da un giro brusco al volante doblando en una esquina cualquiera, se escucha la bocina estrepitosa de algún otro vehículo sorprendido por la acción tan inconsciente. Pero para Kuronue no había tiempo para esperar semáforos, o que una anciana cruzara lentamente con un bastón en mano. Él solo quería llegar al instituto de Kurama lo más rápido que pudiera antes de que todos los alumnos salieran a las 3:30, horario habitual.

Cuando llegó a destino, estacionó frente al instituto, con varios minutos de sobra. Esperó, esperó y esperó. Su paciencia nuevamente abandonando su razón…

… .

El humo de su cigarrillo abandonó su boca en una exhalación. Sus ojos violáceos observaban a cada alumno que salía por aquellos portones, los murmullos de las personas llegaban a sus oídos pero no llegaban a ser entendibles. Una mano descansaba sobre el volante, la otra sostenía un cigarrillo a medio terminar, fuera de la ventanilla.

Rojo… rojo… rojo…

Lo único en su cabeza era encontrar aquella persona esbelta de cabellos largos y rojos. Pero se veía cada vez mas frustrado cuando los minutos pasaban y nadie con tales características se hacía visible.

Se vio sobresaltado cuando escuchó el sonido de la puerta de su propio auto cerrándose. Al girarse se encontró con aquel muchacho de ojos color café y de uniforme verde, sentado en el asiento del acompañante, mirándolo con una severidad y advertencia que por un momento le hicieron contener la respiración.

Él lo sabe. Pensó.

-Sal de mi auto, niño. –Kuronue habló con autoridad, de ningún modo mostraría inseguridad en sus palabras. Nadie nunca sabría lo que él hizo. Nadie.

-Debo suponer que estás aquí esperando encontrar a Kurama, ¿no? –Yusuke tenía una de sus manos aferradas fuertemente al apoyabrazos de la puerta del auto, la otra parecía estar sosteniendo su cuerpo, ya que estaba apoyada firmemente sobre el asiento. Seguramente estaría nervioso, la presencia en sí de aquel ser mayor a él y que tantas veces lo había enfrentado en el pasado, aun lo hacía sentir pequeño, atemorizado. Sin embargo nada cambiaba el hecho de querer enfrentársele, sacarle a golpes la verdad. Molerlo a golpes aún en el caso si fuera inocente, solo por el hecho de querer verlo humillado.

Kuronue lo examinó con la mirada. Una sonrisa de lado fue suficiente para hacer estremecer a Uramechi.

-Se tarda mucho. Espero que no le haya ocurrido nada…

-Maldito infeliz… -Murmura Yusuke antes de mover su mano de la puerta para dirigirse en forma de puño contra el rostro del mayor. Sin embargo, y para sorpresa de Yusuke, Kuronue había sido mucho más rápido tomando la mano de Yusuke entre la suya antes de que pudiera impactarlo, con la otra sostuvo su cuello firmemente, con fuerza lo asfixiaba lentamente.

El rostro de Yusuke demostraba claramente su falta de aire, intentaba dar bocanadas para abastecerse y saciar sus pulmones pero todo parecía en vano. Kuronue iba en serio.

-Muéstrame donde está… -Dijo de repente, soltándolo.

Yusuke respiraba agitadamente, inhalando y exhalando aire quizás exageradamente, tratando de contener sus deseos de matarlo. Gruñe e intenta dar un golpe otra vez, pero su rostro cambió de furia a sorpresa al ver al conductor sosteniendo una navaja justo frente suyo. Los ojos violetas de aquel ser eran de total seguridad, estaría dispuesto a matarlo si fuese necesario, Yusuke lo sabía.

-No se comunicó conmigo, quiero verlo… -Volvió a pedir el mayor.

-¡No sé donde está! No viene a clases desde hace días… ¡Se supone que eres tú quien está todos los días con él! –Yusuke no era de aquellas personas que pensaban antes de hablar o antes de ejecutar una acción. Sin embargo vio conveniente que ante el peligro que se encontraba (que por cierto estaba detrás de aquella navaja), hiciera de su orgullo a un lado, de su fuerza un suspiro y de su inteligencia lo principal. Necesitaba estar seguro antes de acusarlo, antes de cometer cualquier delito, antes de que su vida y la del pelirrojo estuviesen aún más en peligro.

Kuronue gruñe con aquella respuesta. Yusuke no era de aquellas personas sumisas que contestarían con la verdad aun sí su vida dependiera de ello, solo para salvar a un amigo; Kuronue lo sabía.

Lo sabía y por eso desconfió de él desde el primer minuto de haberlo visto sentado en su auto: Yusuke sospechaba que fue él quien hizo desaparecer a Kurama. Yusuke sabía en qué estado lo había dejado. Yusuke sabía dónde estaba Kurama. Pero Yusuke jamás se lo diría.

Por un momento estuvo tentado a ver correr un poco de sangre, pero interrumpió aquel sádico pensamiento al tener una mejor idea; que para ejecutarla, necesitaba a Yusuke sano y salvo.

-Cuando lo veas, dile que se comunique conmigo de una jodida vez. –Ordena haciendo gestos con sus manos para que saliera de su auto de una buena vez.

Yusuke salió casi temblando del auto, pero lo hizo con el seño fruncido, no queriendo dejar a la vista el miedo que también a él podía recorrerle la sangre de vez en cuando. Una vez afuera, escuchó el sonido del automóvil arrancar el motor. Giró bruscamente para tirar una patada que dio a parar en la fascia trasera del auto que rápidamente se perdió en la esquina.

Yusuke suspiró, visiblemente más tranquilo fuera de la presencia de aquel detestable ser. Una mano en su cadera y la otra en su cabeza, rascaba sus cabellos algo exasperado. No estaba seguro que debía hacer, así que solo optó por dirigirse a la estación; quizás ver a Kurama le diría que hacer…

Caminando tan sumido en sus pensamientos estaba el de ojos cafés que no se percató de la presencia de aquel auto en la otra esquina, que lo observaba en el silencio, esperando el momento en que lo llevase hasta aquel pelirrojo.

… .

-¡Kurama, te dije que me llames ni bien llegabas a tu casa!- Gritaba del otro lado del tubo del teléfono Kuronue, se lo oía bastante molesto.

-No me grites, Kuronue.- Dijo en un tono bastante serio Kurama.

Había llegado a casa hace relativamente bastante tiempo, y aunque no había olvidado que había dicho a su amigo que lo llamaría de inmediato, le restó importancia al encontrar a su madre al fin en casa, esperándolo para cenar. El tenía prioridades, no malas intenciones.

Escuchó la respiración calmarse un poco luego de decir aquello. Así que intentó proseguir su explicación:

-Iba a llamarte en cuanto mi madre se fuera otra vez. La encontré en casa, vino de sorpresa…-Suspiró- No tienes de que preocuparte, Kuro, te lo agradezco, pero ya soy grande ahora… puedo cuidarme solo.- El pelirrojo hablaba armónicamente, sentado en una silla al lado del teléfono.

Agradeció al cielo de que su madre ya se había marchado ni bien sonó el teléfono, porque sabía perfectamente que del otro lado Kuronue lo estaba llamando, tirando fuego por la boca con todas las maldiciones posiblemente dichas. Pero lo que dijo era verdad, ahora era un chico más grande, quizás no tanto como su amigo, pero su amistad con él lo hizo más maduro también, para tener 14 años…

-No vuelvas a hacerlo… Sabes que me molesta que no cumplan lo que prometen…

-Tranquilo, la próxima vez prometo que si te llamaré. ¿De acuerdo?- Sonríe Kurama aun sabiendo que su amigo no lo estaba viendo. No podía enojarse con él porque, esa extraña paranoia que tenía su amigo para con él, esa extraña obsesión de tenerlo cuidado, como si fuera una muñeca fina de porcelana, siempre le había dado ternura. No entendía muchas actitudes que tenía, o algunas cosas que hacía, pero estaba completamente seguro que Kuronue estaba siempre allí para protegerlo, para que nada le haga daño, sabía que lo alejaría de todo mal… ¿Pero que iba Kurama a saber, si tan solo tenía catorce años…? El peligro estuvo siempre a su lado.

… .

-Llama a Shiori. -Propone Hiei con el mejor tono casual que pudo haberlo dicho. –Supe que está de viaje…

Estaban en la sala de aquel amplio templo, sentados en un sillón frente a la TV. No estaban mirando nada interesante, y aunque lo hicieran sus mentes no estaban poniendo atención a nada alrededor. Hiei lo único que pensaba era en cómo hacer para que su amigo cobre algo (aunque sea una pizca) de la confianza que alguna vez había depositado en él en el pasado. Kurama simplemente estaba ausente, sintiéndose un ser inútil y fuera de lugar, luchaba por no tener pensamientos suicidas, aunque la verdad es que estaba resultando bastante difícil.

-Ah…-Reacciona el pelirrojo ante la proposición. –No creo que haga falta.

-Quizás esté esperando tu llamado.

Hiei aconsejaba al pelirrojo lo mejor que podía, pero por mas consejos y palabras que pudiera decir era Kurama quien tenía la última palabra. Éste último sonríe amargamente, era obvio que quería hablar con su mamá, pero escuchar la voz de Shiori del otro lado, preguntándole como estaba y que había hecho en todos esos días, haría que rompiera en lágrimas que tal vez no podría controlar, y aquello claramente preocuparía a su madre. Era lo último que quería, ver sufrir a su madre por su culpa…

-Tal vez lo haga… -Responde bajito. –Pero no hoy…

Fin de la discusión.

Hiei ya no podía insistir, y aunque quisiera, no estaba en su naturaleza estar rogando a que algo se hiciera como él pedía. Pensaba que quizás era demasiado pronto para que Kurama asimile lo que le ocurrió, o quizás solamente hablar con su madre le haría bajar sus ánimos aun más.

Quién sabe, el no era adivino. Aunque, en esos momentos, rogaba por poseer algún poder sobrenatural, e ingresar a su cabeza para borrar todo pensamiento flagelante o recuerdo tortuoso.

-Está en Londres.-Dice repentinamente el de ojos verdes. Hiei lo observa por unos minutos, sorprendido de que quisiera seguir la conversación por su propia voluntad. Gira su mirada a la TV una vez más, quizás para no poner en tanta evidencia su asombro.

-Quien diría que mi segunda mamá trabajaría con la primera. –Su tono sarcástico nunca abandonaría su boca. Kurama le dirige una mirada discreta, la primera desde que empezaron a hablar. Asintió lentamente mientras observaba en detalles el perfil de Hiei, como si fuera la primera vez que lo había visto. En realidad no tenía muchas intenciones de seguir la conversación, pero tampoco quería que Hiei le dejara de hablar.

Todo en él se estaba volviendo inestable. Cuando se daba cuenta que algo le gustaba, inmediatamente lo dejaba de hacer sin explicación aparente. Cuando pensaba en algo positivo, bueno, su mente se encargaba de volver a esos pensamientos desdichados, tristes. Cuando quería hablar, no lo hacía, no podía. Cuando deseaba exteriorizar lo que sentía, parecía que todo lo encerraba, como una caja invisible de gruesas paredes.

Recordó brevemente la situación después de que Yusuke había irrumpido en la habitación, zamarreándole para que le confesara quien era su agresor; como Hiei había venido a "salvarlo" echando a Yusuke del templo a patadas sin dudar siquiera.

Luego de eso, cuando había vuelto a su habitación, Hiei lo observaba desde el marco de la puerta, mientras Kurama estaba sentado en el borde de la cama con las manos juntas y un rostro pensativo. Ninguno estaba muy seguro de que decir, de cómo reaccionar.

-¿Estás-

-Lo siento mucho, Hiei. La pregunta de Hiei fue interrumpida por la disculpa del pelirrojo.

Kurama no estaba muy seguro de nada, todo en él se hizo inestable, todo se hizo un gran bucle, una nube gris amenazando con cubrirlo por completo, y antes de que lo hiciera, debía, tenía la obligación de disculparse con Hiei; el único ser que estaba con él en esos momentos de tanta calamidad. De tanta presión.

-Lo de anoche no era cierto… No fue verdad, en absoluto… Solo…-

-Idiota. –Interrumpe Hiei ésta vez. Kurama levanta la vista sorprendido, no esperaba ser insultado en medio de su disculpa. -¿Por qué siempre haces lo mismo? ¿Eh? De verdad no cambias para nada.- Comenta quizás aliviado Hiei con sus ojos cerrados mientras caminaba hasta la cama, quedando de pie frente a Kurama.

Éste último lo mira elevando su rostro, observaba la sonrisa irónica de la persona parada frente a sí. No entendía por qué Hiei le decía aquello pero no parecía estar enojado, ni triste, parecía hasta contento.

-Cuando tendrías que estar pensando en ti, piensas en como disculparte, en qué hacer para que la otra persona esté bien… ¿Por qué no te das cuenta que tú estás primero? – Kurama escuchaba atentamente a Hiei, y aunque quería de verdad seguir disculpándose, ver aquella sonrisa persistente en labios de su anterior mejor amigo provocó una sensación de bienestar que no pensó sentir desde que el día había empezado. Resopló divertido por la situación, una sonrisa asomándose en sus labios. Si Hiei ya estaba bien, entonces él también podría empezar a estar bien.

-Soy un tonto, ¿verdad?

Se miraron cómplices, quizás recordando pequeñas anécdotas del pasado. Al menos la atmosfera ya no era pesada, habían resuelto una pequeña parte del problema provocando que los hombros de Kurama se liberasen de quizás un gramo de tanta presión.

El recuerdo de Kurama es interrumpido por un constante movimiento a su lado. Sus ojos verdes buscaron la causa de aquella molestia y vio a Hiei mirando una y otra vez su reloj de muñeca, buscando algo entre sus bolsillos con el rostro casi imperceptiblemente preocupado.

-¿Buscas algo?

-Mi teléfono… -Dijo antes de interrumpirse a sí mismo.- Ah… Yukina. –Mencionó para sí mismo quizás recordando algo. El recuerdo pareció calmar sus ansias ya que automáticamente volvió a acomodarse en el sillón, pretendiendo mirar la TV.

El sonido del reloj se escuchó con el pasar de un par de segundos. Algo molesto para el gusto del morocho.

-Yukina creció bastante… - Comenta Kurama entonces. Hiei por su parte mira algo curioso al pelirrojo.

-Hn…

-La última vez que la vi fue… -

-Antes de su enfermedad supongo.

-Si…- Pensó que la conversación terminaría allí, ya no quería recordar más. El pasado, aquel pasado era el que los llevó a separarse.

-Ha sido muy fuerte, le ha quedado alguna que otra secuela, pero nada importante. Ha superado todas sus adversidades.

-Es increíble…- Aún así, sabía que si no se hubieran separado, quizás Yukina ya no estaría con ellos, quizás nunca hubiese visto la luz del día o no haría ninguna de sus actividades diarias. Pensó, por un minuto, en lo egoísta que fue. Si la familia Jaganshi no se hubiese mudado a otra ciudad para ir a una clínica más especializada, Yukina sin lugar a dudas, estaría muerta en esos precisos momentos. Pensó en el sufrimiento que eso abarcaría para Hiei, en lo desdichada que hubiese sido su vida sin la presencia de su hermana, su único soporte, quizás hasta su única familia. Lo único en su mundo. Lo fue siempre, lo es ahora, lo fue en el pasado…

Flash Back

-Lo siento mucho, Hiei… -Susurra el niño de cabellos rojos. Sus ojos verdes miraban tristes a su amigo. No sabía que decir exactamente luego de recibir semejante noticia.

-Está bien. Yo se que ella es muy fuerte... Y se pondrá bien…

Entre los pequeños niños, un silencio tormentoso se hizo notar. Ambos pensando en la cruel realidad que la pequeña hermana de Hiei estaba pasando…

-Yukina...-susurró, casi inaudiblemente. Decir su nombre se sentía casi prohibido.- ¿Cómo está ella ahora?- Pregunta el pequeño pelirrojo. Con ojos grandes verdes, mirando la cara sorprendentemente seria del de ojos rojos. Éste nada mas lo miró y suspiró algo cansado.

-Durmiendo. Anoche tubo mucha fiebre…- Hiei bajó la mirada al recordar como su hermana sufría la noche anterior. Apretó su mano inconscientemente, sintiéndose un completo inútil por no poder hacer nada por su hermanita... Su rostro levemente sonrojado por haber llorado minutos antes, se notaba su mandíbula apretada, quizás hasta dolían sus dientes.

-Ya saben lo que tiene. Ella mejorará, Hiei...- La pequeña y blanca mano de Kurama toma la mano del de cabellos negros. Le sonríe de tal forma de dar más confianza a su amigo. Le decía con aquella sonrisa que no perdiera las esperanzas. Que todo iba a salir bien. Que dentro de muy poco jugarían juntos de nuevo… Que la presencia de aquella desgraciada enfermedad llamada cáncer no los iba a vencer, ni a Yukina, ni a ellos. No lo haría, no podría…

Hiei no responde, limitándose solo a observar sus pequeñas manos entrelazadas. Minutos pasaron antes de que sonría sinceramente, asintiendo, coloca su mano libre en la pequeña mano de Kurama. Ambos se daban fuerzas para seguir. Pero que difícil resultaba para ellos, pequeños e inocentes niños, enterarse de la presencia del detestado "tumor de Wilms", un cáncer de riñón que no debió aparecer nunca en el cuerpo de una niña. ¿Qué manera de madurar era aquella para tres niños que no conocían otra cosa que no fuera ser libres? ¿Qué cambios le aseguraba el futuro para que aquella libertad se les escapara de las manos?

Y sin tener respuestas, de la noche a la mañana, la niñez llegó a su fin.

End Flash Back

No podía culpar a Hiei por no estar cuando él lo necesitó, ni a Yukina por padecer enfermedades que en el pasado los hizo separarse. Más se culpaba a sí mismo por no entender que había algo más grande que él, algo que importaba mucho más, que no podía controlar pero que lo controlaba a él. Se sentía enojado consigo mismo por ser egoísta, en el pasado y también en el presente. Porque sentía que todo a su alrededor fue creado para protegerlo a él, para mantenerlo a salvo, vivo. Siempre ha sido así. Y seguía siéndolo… y no entendía por qué tenía que ser así.

-¿Vas al colegio?- Se interesa Kurama en un pequeño libro de texto sobre la mesita a un lado del sillón. Lo toma entre sus manos, ojeándolo lo lee casi desinteresadamente. Realmente, solo lo hacía mecánicamente. Para liberarse de cualquier pensamiento que lograba desestabilizar sus emociones, haciéndole recordar lo desgraciado que era.

-No voy a un instituto. Pero sigo con mis estudios. –Simplemente menciona el de cabellos negros. Un poco más relajado sube sus piernas al sillón, aproximándolo a su cuerpo. Rasca su cabeza despeinando sus cabellos en el acto.- Con Yukina seguimos un nuevo plan estudiantil vía internet. Aunque cada cierto tiempo aparece un profesor especializado para evaluar nuestro progreso.

-Ya veo…- Sus ojos verdes miraban quizás con admiración a la persona a su lado. Le gustaba la manera en la que Hiei se expresaba, siempre manteniendo aquel tono severo al hablar, pero para nada frío. No con él. Decía lo justo y necesario, explicando a su manera para que él lo entendiera, justo como en el pasado. Más le gustaba lo genuino que era con él. Hacía tanto tiempo que no se sentía tan "libre" con una persona. Era, sin duda alguna, una sensación difícil de explicar.

Tan sumido estaba en sus pensamientos de nuevo que solo un sonido a llaves chocando entre sí en el aire lo hizo salirse de su transe. Percatándose de la ausencia de Hiei a su lado, con mirada de sorpresa gira su rostro hacía la puerta principal encontrando a su amigo mirándolo sobre su hombro.

-Voy al templo de la anciana a buscar algo. –Pausó un momento para ver que reacción causaría eso en Kurama. ¿Querrá ir con él? ¿Saldría de la casa un día después de lo que le pasó? ¿Se quedaría? ¿Sería ético dejarlo solo luego de que intentó suicidarse? Quería que fuera con él pero no sabía cómo decírselo.

Y entre pensamientos e indecisiones vio un rojo cabello ya listo a su lado para salir. Lo observó un par de minutos, sus ojos verdes cansados a pesar de dormir la mayor parte del día, su tono de piel pálida casi fantasmal, los odiosos rasguños y moretones repartidos por su cuerpo, su silueta delgada, bastante a decir verdad. Pero su cabello, su cabello no dejaba de ser impresionantemente rojo, y se veía suave, muy suave.

-Voy contigo.- Musitó entonces por lo bajo aquellos labios delgados y rosados. Sus pestañas enredadas ligeramente con los cabellos de su frente, escondiendo su mirada triste.

Hiei asiente no muy convencido. Gira la llave en la cerradura y finalmente salen del lugar.

El día en particular no era muy soleado, aunque tampoco era gris. Había una neutralidad en el aire que se hacía imposible describir. A algunos quizás les agrade aquel clima, otros tal vez lo odien. Sin embargo a ellos les interesaba poco y nada; tal vez el día podría ser una tarde de primavera soleada, lleno de flores y perfumes en el aire, y para ellos sería totalmente indiferente. Porque los días después de que una desgracia te envuelve se vuelven posos vacíos llenos de absoluta oscuridad. Y nada importa.

Caminaron en silencio todo el camino hacia el templo vecino, aquel que pertenecía a la anciana Genkai.

Kurama la recordaba como una mujer muy pequeña y anciana. Era la niñera de Hiei y Yukina cuando eran niños. En esos tiempos la mujer era bastante exigente y recordaba tenerle mucho respeto. Quizás ella era parte del motivo del por qué Hiei era tan maduro a su corta edad. Kurama no la veía muy seguido de niño, pero cuando lo hacía la recordaba exigiendo mucho a su amigo…

Flash Back

-Levántate. ¿Quien dijo que podías llorar? –Escuchó la voz rasposa de aquella anciana provenir de una de las habitaciones más amplias de la casa de Hiei.

Kurama fue a visitarlo, pero cansado de esperar en el hall, decidió ir por él. Lo encontró practicando kendo en una habitación, se lo veía cansado, tenía gotas de sudor resbalando por su frente y el cabello adherido a ella. Kurama se escondió detrás de la puerta, observando a su amigo sin querer ser una molestia. Era admirable como Hiei parecía un espadachín profesional a pesar de su corta edad, su seño levemente fruncido le hacía parecer un poco mayor. Como balanceaba la katana le hacía pensar en la diferencia de sus habilidades, de sus fuerzas en general.

Hiei peleaba contra su maestra Genkai, quejándose cuando ésta golpeaba sus manos como prueba de que el niño estaba haciendo algo mal. En un movimiento en falso, la anciana golpea sus piernitas, provocando que Hiei caiga de rodillas con un grito de dolor agudo, seguido por lágrimas de dolor que se deslizaban sin control por sus mejillas sonrojadas.

Kurama se asusta, y su pequeño cuerpo se estremece por completo. Odiaba ver a Hiei así. Sus manos se aferraron fuertemente a la madera de la puerta. Quería ir con su amigo, quería levantarlo y sacarlo de allí…

-¡Hermano! –Chilla una niña de cabellos celeste cortos desde un rincón de la habitación. Pretendía pararse e ir corriendo hacía Hiei, pero un grito la detuvo en plena acción.

-¡No te acerques, Yukina! –Hiei, aún de rodillas, intenta pararse levantando primero la pierna derecha. Todo en él temblaba, estaba agotadísimo. –Yo puedo… puedo… Aún puedo…- Susurraba levantándose tambaleante. Su respiración irregular hizo sonreír a la mujer mayor frente a él. Hiei atacaba rápidamente, su mirada era de una total fiera.

Kurama lo miraba aún más maravillado que antes. Y entendió que su amigo no estaba siendo obligado en lo que hacía, no era un deber que debía cumplir y hacerlo con pesar. No. Era definitivamente lo contrario. Hiei practicaba kendo porque realmente le gustaba. Y aquella sonrisa traviesa en su rostro al final del encuentro lo confirmó, con la anciana acariciando sus cortos cabellos negros, complacida con su pequeño aprendiz.

Hiei era verdaderamente maravilloso.

End Flash Back

-Espérame aquí, Kurama. –Hiei se detuvo frente a una banca a unos metros de la entrada del templo. El mencionado lo miró extrañado unos momentos, pero no podía replicar, tampoco quería hacerlo. Después de todo, solo era una molestia para Hiei, no quería seguir causándole más problemas de los que ya tenía.

Con aquel resignado pensamiento, tomó asiento en la banca, cerrando sus ojos quizás como señal de derrota esperando a que su amigo se marche y así pueda volver cuanto antes.

-No tardo. Lo prometo. –Lo escuchó decir antes de sentir una cálida caricia en su cabeza, con varios mechones rojizos moverse al tacto. Abrió sus ojos sorprendido, y con un pequeño escalofrío miró directamente a los ojos rubí de Hiei, percatándose de aquella sonrisa tan rara en su amigo, aquella que había visto varias veces de niño cuando él estaba asustado y Hiei aseguraba que todo estaría bien.

Su corazón latió deprisa, angustiado.

Vio alejarse a su amigo rumbo a aquel templo. Su presencia ya no estaba pero el calor de su tacto seguía latente en su cabeza. Cerró fuertemente los ojos, se deshizo de un pujido de frustración al momento de tomarse fuertemente de sus cabellos. Odiaba sentir que alguien lo tocaba. Lo odiaba, realmente lo odiaba.

… .

-¿Hiei? ¿Qué haces aquí, hermanito? – Sus ojos rojos encontraron los de su hermana, acercándose por la izquierda. Su semblante de confusión cambió drásticamente por uno de preocupación.- ¡No me digas! ¿Malas noticias?

-Nada de eso. –Niega el muchacho frunciendo levemente el ceño. Abrió su boca con la intención de explicar su presencia allí pero fue interrumpido abruptamente por el fuerte ruido de algo cayendo y golpeando el suelo.

-¡Demonios! ¡Argh!

Los mellizos dirigieron su mirada hacía aquellos gritos, viendo un sinfín de estudiantes del dojo siendo golpeados uno contra otros. Eran una manada de salvajes que no median su fuerza, unos animales primitivos e incivilizados en busca de su presa.

Hiei hizo cara de asco al verlos. "Menos mal que no traje a Kurama conmigo"- Pensó.

-Genkai anunció que quien ganara este encuentro de "Vale todo" sin salirse del templo, tendrá privilegios en la escuela. Uno de ellos es que durante todo el internado, podrá vivir aquí adentro, y no en lo profundo del bosque con los animales salvajes.

-Qué tontería.

-También dijo… que podría tener una cita conmigo…- Menciona por lo bajo algo sonrojada.

-¡Que ni siquiera se te ocurra Yukina! ¡No permito que esa vieja te esté entrometiendo en estas mierdas!

-¡Solo es un juego, Hiei!

-¡No me importa!

-¡Silencio ustedes dos!

En medio de aquella discusión entre hermanos, una voz áspera hizo que ambos girasen para ver a la tercera en levantar la voz. Vieron a aquella mujer anciana, pequeña, de cabellos rosados, con túnica roja y sus brazos cruzados en la espalda.

-¡Anciana, no puedo creer que la hayas metido en esta ridiculez!- Aún indignado, replica Hiei enormemente enojado.

-He dicho que te calles, niño idiota. –Genkai, quién era una mujer de años indefinidos, era casi imperturbable e infinitamente sabia. Si ella hacía las cosas de una manera que podría resultar rara era porque había fundamento en las acciones, Hiei lo sabía, pero no le parecía muy divertido ahora que había involucrado a su hermana en esos juegos. Ella era lo único que tenía.

Hiei gruñe, intentando guardar la calma.

-Yukina es solo una excusa para el ganador. Créeme que no le quedarán energías para citas una vez tenga el "privilegio" de ganar. – Explica la mujer sacando de entre sus ropas un cigarrillo, encendiéndolo al instante. A Hiei le recorrió un escalofrío a lo largo de la espalda pensando en todas las cosas que esa mujer haría con el afortunado ganador. –Ahora… -Inhala profundamente antes de hablar, conteniendo el humo en sus pulmones para luego expulsarlo tranquilamente girando su rostro. -¿Tienes algo qué decirme, Hiei?

El aludido frunce el seño. Algo que le molestaba mucho era aquella arrogancia de saberlo todo de esa mujer. No entendía como lo hacía, pero lograba saber todo sobre ellos, nada parecía escapársele. La aparición de Kurama en sus vidas no era la excepción.

-Una consulta, tal vez… - Desvía la mirada el muchacho, cruzándose de brazos. Quizás que ella sepa sobre su actual estado podría ser bueno. Ella era la más sabia después de todo, tendría alguna respuesta a todas las preguntas que en su mente habían estado rondando desde que llego a la ciudad, desde que vio a su pelirrojo amigo por primera vez, desde que lo sostuvo en sus brazos otra vez...

-Vayamos a mi despacho. –Se interesa la anciana aún con el cigarrillo en sus labios. Gira su cuerpo hacia el pasillo andando en dirección contraria a la del tumulto de personas excedidas en energía. Ambos hermanos pretendían seguirla hasta que la voz de Genkai hizo eco en el pasillo nuevamente. –Yukina, tu vete afuera y vigila que nadie haga trampa. Si alguien se atreve a escapar ya sabes que hacer.

-Ah… Si, maestra… -Asiente la niña mirando de soslayo a Hiei.

Una vez que Yukina se perdió de su campo de visión, la puerta del despacho se cerró lentamente. En el interior, Genkai trituró su cigarrillo a medio fumar contra el cenicero arriba de su escritorio. Hiei veía el acto desinteresado.

-Habla.

Ambos toman asiento escuchando en el aire un suspiro de resignación, proveniente del muchacho. Últimamente sus planes no estaban saliendo como quería. Él solo vino en busca de un objeto pequeño y luego se iría de regreso a casa… tan sencillo como eso no era posible, ¿no? … y Kurama estaba solo sentado en medio de un camino que desconoce totalmente…

Gruñe. Debía ser rápido y especifico. Debía buscar soluciones.

Debía regresar con Kurama cuanto antes…

… .

-Estás aquí. No creía posible que Hiei te dejara solo en casa…

Yukina caminó sonriente en dirección al muchacho pelirrojo, quien observando hacia los altos árboles se encontraba fuera del camino, como queriéndose adentrar en lo profundo del bosque. Su mirada verde mirando el horizonte, perdido en algún lugar de su mente. El semblante de Yukina cambia a uno de preocupación. No podía evitar angustiarse por las cosas que su hospedero podría pensar. O quizás recordar.

Se colocó a su lado, no sabiendo qué decir.

-¿Por qué aun no regresa…? –Simplemente pregunta el de ojos verdes sin cambiar su mirada desolada. Yukina lo observa, analizándolo. Sabía que se refería a Hiei, pero no parecía realmente interesado en saber donde estaba, ni por qué se tardaba. Preguntaba mecánicamente, como si hubiese hecho esa pregunta una, y otra, y otra vez.

Suspira resignada.

-La maestra Genkai pidió hablar con él. Quizás se tarde unos minutos más… ¿Quieres esperarlo adentro?

-¡No! – Yukina se exalta sorprendida por aquel arranque tan espontáneo de Kurama.

El muchacho pelirrojo retrocede unos cuantos pasos, sin mirarla. De nuevo arriba del sendero, busca con su mirada la banca en la que anteriormente se había sentado para esperar a su anfitrión. Toma asiento. Su estructura extremadamente delgada y decaída le hacía ver como un niño pequeño, perdido y golpeado. El morado latente de su piel daba pena, tremendas ganas de echarse a llorar. El atardecer daba la impresión que su cabello era más rojo de lo habitual.

-Lo esperaré aquí… Él dijo que lo espere aquí… - Se abrazó a sí mismo, como si sintiese mucho frío. Fue tan solo un murmullo, pero Yukina pudo oírlo a la perfección.

Asintió.

Quizás Kurama necesitaba más ayuda de la que su hermano y ella imaginaban. Tal vez, las cosas iban más allá de un abuso. Y la muchacha se percató de que si no tomaban las decisiones correctas, todo acabaría en desastre…

… . … . … . … .

-¡Hijo! ¡Baja del árbol! ¡Te lastimarás!

-¡En un momento lo hago, mamá! ¡No me caeré! –Asegura el niño casi en la copa del frondoso árbol frente a su casa. –Solo necesito asegurarme que desde aquí podré verlo… - Susurra para sí mismo, estirando su brazo tanto como puede para alcanzar otra rama. Una vez que hubo alcanzado la altura adecuada, lentamente levanta su mirada. Su pupila se dilató por unos momentos, estaba fascinado con el hermoso paisaje que tenía enfrente. No podía creer lo hermoso que se veía su ciudad desde arriba, parecía sacado de una película estadounidense, o de un retrato pintado por el más famoso de los antiguos pintores. –Wo… - Exhaló. Su agarre se debilitó por unos segundos producto de su desconcentración, desestabilizando su cuerpo y casi cayendo trágicamente. Si no hubiese sido por una mano que tomó fuertemente su camiseta, estuvo seguro que en esos momentos estaría inconsciente en algún hospital. Si no hubiese sido por Hiei que en silencio había subido hasta él, estaba seguro que no hubiese sobrevivido. Lo sabía, porque Hiei lo salvaba siempre, de alguna forma u otra, siempre lo hacía.

-¡Tonto! ¡Por lo menos sostente fuerte! –Enojado grita el pequeño de cabellos negros, aún aferrado a la camiseta de su amigo pelirrojo. Éste último, sonríe al verlo, olvidando casi por completo el desliz de hace unos momentos.

-¡Hiei! ¡Llegaste justo a tiempo! –Emocionado, gira nuevamente su rostro hacía el paisaje frente suyo. –Mira…. -Extiende su mano hacia el horizonte, pretendiendo que Hiei también dirigiese su vista hacía el lugar. Y lo hizo.

Con la suave brisa despeinando sus cabellos, los dos niños mantenían sus miradas clavadas en aquel rojo atardecer. Los rubíes de Hiei brillaron intensamente.

El sol escondiéndose lentamente a lo lejos, pintando todo de naranja, rojo y amarillo, sombras y luces en árboles y edificios altos. La ciudad prendida en fuego resplandeciente. Le hacía pensar en todo lo que le faltaba por recorrer. Uno de sus sueños era ver el mundo entero, pero lo que Kurama le estaba mostrando en esos momentos le concientizó que para hacerlo, primero tenía que ver y conocer su propia ciudad, que hay cosas maravillosas en nuestras narices que pasan desapercibidas.

Sus manos se entrelazaron, con la sensación de emoción recorriéndoles la sangre.

Fue el mejor atardecer de sus vidas.

… . … . … . … .

-Estoy inseguro de qué decisión tomar… - Había dicho antes de desviar su mirada hacia la ventana. -¿Qué tanto sabes anciana?

-Solo lo que veo. –Confiesa Genkai mirándolo directamente a los ojos. –Y puedo decirte que aun cometes el mismo error de siempre, niñato. –Reprende la mujer cruzando los brazos, adoptando una actitud defensiva. –Pretendes tomar al toro por las astas sin estar realmente preparado para eso. Y además de eso, te adulas a ti mismo por hacerlo solo. ¿Qué crees que saldrá de todo eso? ¿Eh?

Un silencio prolongado se hizo presente luego de tan duras palabras.

La expresión de Hiei no había cambiado en lo absoluto, ni siquiera se inmutó a los reclamos de la adulta mujer. Sabía de antemano lo duras que podían ser las palabras de aquella mujer, y más si de lo que se hablaba era algo delicado. Tampoco pretendía que le hable con delicadeza, no era ni su estilo ni el de ella, así que estaba bien. Si hubiesen sido otras circunstancias y/u otra persona, en esos momentos estaría hecho un fiera y el agresor seguramente suplicando por su vida. Pero era Genkai quien estaba ahí, quien iba a aconsejarle. Y mientras más pesadas fueran sus palabras, sabía qué más podía confiar en ella.

-Es por eso que te digo que no se qué hacer. ¿Policías? ¿Bomberos? ¿La prensa? Por favor, Genkai. Dime algo que no sepa.

-Tiene familia. Tiene amigos. Tiene una escuela a la que ir. ¿Qué crees que pasaría si uno de sus compañeros o profesores llama a su casa y no se lo encuentra? ¿Eh? ¿Qué seguirían sus vidas como si nada? ¿Qué hay de sus padres? Las autoridades lo buscaran, y dime ¿dónde crees que lo encontrarán? -Sus miradas se encontraron, desafiantes y demandantes. Buscando un control que no existía.

-¡Ya! ¡Lo sé! Pero no puedo dejarle en el estado en que está. ¡Y estoy bastante seguro que no quiere regresar a casa!

-¿Qué tan seguro? ¿Le has preguntado?

-No me lo ha pedido.

-¿Y tú le has sugerido?

Otro silencio aún mas incomodo duró otro par de segundos. Hiei frunce el seño y toma sus propios cabellos con fuerza contenida, gruñe molesto.

-He hablado con uno de sus amigos, compañero de instituto. Al parecer en su casa casi no vive nadie. Y yo no… no quiero dejarlo solo.

La anciana se levanta de su silla, algo más relajada cruza sus brazos en su espalda en su típica pose. Camina hacia el muchacho y se miran directamente.

-No lo dejes solo. Jamás. Te necesita más que a nadie.

Las gemas rojas de Hiei se abren grandemente sorprendidas. Se esperaba un reclamo, un golpe, un grito, cualquier cosa brusca o dolorosa, pero aquellas gentiles palabras jamás. Respirando un poco más aliviado tal vez, asiente. Saber que con aquella anciana por lo menos concordaban en el tema más importante y relevante le hacía sentir que por lo menos algo bien estaba haciendo. Que sus pensamientos y decisiones no estaban tan errados.

-Ahora, le pediré de favor a un doctor amigo que firme los documentos que explican que Kurama está internado por una gripe altamente contagiosa y peligrosa. De esa manera el instituto no será un problema, y sus amigos estarán preocupados pero no podrán verlo. De cualquier manera pedirás todos los días los avances de sus clases para que él no se retrase y pueda seguir estudiando. Con respecto a su familia, lo convencerás de pasar por su casa y así pueda hablar con algunos de sus padres, por lo menos para advertirles que se quedará contigo por un tiempo. Y al muchacho, dile que debe traer sus cosas, sus objetos que más aprecia. Lo que necesita en momentos como éstos es sentirse en casa, relajado en la comodidad de un hogar. Sé que podrás hacerlo.

Cerrando sus ojos terminó de dirigir.

Hiei rápidamente se puso de pie y se dirigió a la puerta dispuesto a cumplir órdenes. Tomando el pomo de la puerta lo gira, pero antes de salir gira medio cuerpo y en un susurro se escucha suavemente un –gracias- apagado, pero con mucho sentimiento.

Porque sabía que lo que la anciana decía, era verdad. Él no podría haberlo hecho solo. Pensó en cada cuestión y problema que había planteado Genkai, pero faltaban las soluciones. Siempre faltaba eso. Pero ella sabía cómo hacerlo, sabía a quién recurrir. Y se lo agradecía. Porque lo estaba haciendo por su amigo, por Kurama. Le agradecía el hecho de ver más allá de lo que él puede decir, de lo que puede pedir.

Su maestra era sin dudas, la mujer más sabía que conocía.

… . … . … . … .

Saliendo del templo una vez hubo esquivado a un par de "jugadores" que habían caído desmayados en el suelo, se dirigió donde había dejado a su amigo. Encontrándolo en la misma pose, pero con la diferencia de Yukina a su lado.

-Yukina, vine por mi celular.

Kurama se estremeció al escuchar aquella masculina voz. No levantó su rostro, ni hizo gesto alguno para indicar que lo había escuchado, pero su corazón latió fuertemente por momentos. Quizás era angustia, o quizás no.

-¡Ya estás aquí!- Sonríe dulcemente la muchacha. –Claro, perdona por eso. Pero sabes que necesito tomar fotos de las lesiones previas al entrenamiento, y por alguna razón mi celular no funciona…

-Lo sé. –Yukina extiende el celular que había sacado de entre sus ropas hacía Hiei. Éste lo toma, presionando algunas teclas buscando entre sus contactos. –Solo lo necesito para que Kurama y yo hagamos un llamado.

El mencionado levanta su rostro y lo dirige hacia el morocho desconcertado. Él no quería hablar con nadie. No estaba seguro a que se refería Hiei con lo que había dicho, es decir, había mencionado sobre llamar a su mamá, pero le había aclarado que no lo haría ese día… ¿acaso Hiei iba a obligarlo?

Sin decir una palabra más Hiei caminó por el sendero improvisado dando la espalda a su hermana, imaginando que Kurama lo seguiría, acertando. No duró mucho más de lo necesario regresar a casa, la vuelta siempre parece ser más rápida que la ida.

El muchacho de ojos verdes miraba cada cierto tiempo la espalda de su amigo, aún tenía la duda presente en su cabeza sobre a quién llamarían y parecía que no se iría con facilidad. Inseguro, ya en casa, ingresa a la sala sentándose en el mismo sitio y con la misma pose en el sillón que había adoptado antes de salir. La televisión había quedado encendida todo ese tiempo así que simplemente se dispuso a mirarla. Hiei se había perdido dentro de la cocina.

Realmente no quería hablar con nadie y pensar que Hiei seguramente lo obligaría, hacía que todo su cuerpo se tensara y tuviera escalofríos. De verdad no estaba preparado, no podía, no era solo un capricho. Hablar sobre lo que le ocurrió sería asumir que pasó en verdad, que no fue un sueño o mejor dicho una pesadilla.

Si de sus labios salía cualquier palabra que pudiera explicar lo que hicieron con él aquel desastroso día, estaba bastante seguro que rompería en llanto como la primera vez, que sufriría otro ataque de histeria o algún tipo de colapso.

Se estremece de pies a cabeza de tan solo pensarlo. Porque contarlo sería vivirlo otra vez.

Y definitivamente no quería. Hiei no podía obligarlo.

Sus ojos verdes reflejaban las siluetas de las personas del programa que pretendía ver en la televisión. Sus pestañas empezaban a humedecerse rápidamente por las lágrimas acumuladas en sus ojos producto de sus memorias, de sus suposiciones e ideas negativas.

Estuvo a punto de gimotear dolorosamente hasta que sin previo aviso un calor conocido en su cabeza volvió a surgir, la caricia de aquella palma despeinando sus rojos cabellos transmitió nuevamente un cálido malestar. Era terriblemente difícil de explicar.

Y los temblores en su cuerpo no cesaban.

Giró sus ojos para dar hasta el dueño de la mano intrusa, encontrando a Hiei con su brazo extendido hacía él, en el acto que parecía ser inconsciente de acariciar sus mechones rojizos. No lo miraba, por lo que aquella silenciosa lagrima pasó desapercibida entre ellos dejando un rastro caliente en su fría mejilla. Y Kurama no sabía por qué lloraba, su cuerpo dejó de responderle hacía algún tiempo.

-Necesitaremos de la anciana para que no tengamos conflictos mientras estés aquí. Hablé con ella, la mayoría parece estar solucionado en su totalidad. Solo nos falta… - Hiei comentaba amenamente sin prestar atención a su amigo sentado en el sillón, sin embargo cuando giró su rostro y se encontró a si mismo enredando sus dedos con hebras rojas y a un agitado Kurama debajo de aquellos rebeldes cabellos, su reacción fue espontanea, quitando torpemente su mano de la cabeza. – ¡Lo siento! –Se apresuró en decir.

Pero el pelirrojo no estaba al tanto de lo que ocurría exactamente a su alrededor.

Aquellas esmeraldas se veían opacas y borrosas por las sombras de tantas lágrimas acumuladas, su mejilla sonrojada al igual que su pequeña nariz, y su labio inferior temblando ligeramente. Hiei lo veía llorar amargamente mirándolo directo a los ojos, sin embargo Kurama no lo estaba mirando a él, sino a su través, estaba viendo a aquel que tanto daño le hizo a su cuerpo y a su alma. En su cara se reflejaba el miedo y el dolor.

-¡Kurama!

Un grito llamándolo se escuchó antes de sentir unos brazos rodeando fuerte y protectoramente su cuerpo, el cual sin razón aparente empezó a temblar mas violentamente. Las manos de Kurama empujaban con fuerza a la persona que estaba irrumpiendo su espacio, desesperado cada vez más porque no era suficiente, aquella persona no cedía, tan igual a aquel detestado día.

Escuchaba una voz pero no entendía lo que decía, solo quería que lo dejase en paz, que no lo tocara. Se sentía asqueado consigo mismo… Pronto sus brazos cedieron y su fuerza se apagó, ya no tenía ganas de seguir luchando.

-¡Te protegeré! ¡Te protegeré, Kurama! ¡No voy a dejarte solo!

Sus ojos verdes poco a poco fueron ganando su brillo característico volviendo en sí. Las lágrimas no cesaban pero su respiración se calmaba gradualmente. Pronto se vio a si mismo apoyado en el hombro de Hiei, quien lo abrazaba con una delicadeza imposible de explicar, porque aquellos músculos lo protegían y lo confortaban con un calor tan obvio que sintió ganas de morir allí mismo, en aquel preciso momento.

Y Hiei seguía prometiendo cosas en su oído con mucho dolor…

-Kurama, no te dejaré. Siempre estaré contigo… Te protegeré… Estaré siempre contigo… -Pestañeó una vez dejando su aliento abandonar su boca. Qué bonito era escuchar aquellas promesas…

-No me obligues… por favor… no me obligues a llamar… -Susurró lastimero. En realidad, aquella petición salió involuntaria de sus labios ya que no importaba si le obligaba a hablar con su madre, la policía, o con el mundo, estaba seguro que si Hiei estaba con él entonces nada malo sucedería…

-No lo haré, tranquilo…

Cerrando sus ojos se abandonó en aquel acogedor calor quedándose profundamente dormido, escuchando claramente las promesas que Hiei hacía, implantándose en el corazón queriendo por siempre creer que nunca lo decepcionaría, queriendo tener la fuerza suficiente para volver a tener su confianza…

… . … . … . … . … .

Una melodía de sus preferidas sonó en el aire, buscando entre las cosas de su bolso encontró su escandaloso móvil.

Un mensaje recibido:

-No vengas por un tiempo. Kurama necesita hacerse a la idea sin agobiarse. Tampoco quiere llamadas, me lo ha dicho. Yo te comunico cuando puedes hablar con él.

Hiei-

-¿Qué demonios?- Ahora sí que estaba más que enfadado. Odiaba tener esos tipos de percances a mitad de camino. ¡¿Cómo que no podía ver a su amigo?!

Deteniéndose en medio de la calle, que afortunadamente se encontraba casi desierta, marcó rápidamente el numero de celular de Hiei, y llevándose el aparató a la oreja esperó exactamente tres tonos antes de hablar con voz algo elevada.

-¡Estoy en camino a verlo! –Anunció rápido para que no haya replicas.

-No te atrevas. Hablo en serio, Uramechi. Kurama no está listo para ver a nadie.

-¿Cómo puedes afirmar eso? ¡Kurama no puede estar aislado! ¡Se haría aún más daño!

-Deja de gritar, idiota.

En efecto, Yusuke había empezado a alzar demasiado la voz, tanto que la poca gente a su alrededor no podía evitar darse vuelta y mirar curiosos a aquel muchacho escandaloso, que por cierto ya estaba con la respiración más acelerada sin siquiera percatarse.

Yusuke respiró hondo dos veces, recuperando la postura. Un leve sonrojo se había posado en sus mejillas. Aclaró su garganta, quizás queriendo dar a entender al otro lado del teléfono que estaba listo para seguir dialogando "tranquilamente".

-Kurama estuvo al borde de la histeria cuando le propuse hacer un llamado. No quiere siquiera pensar en relatar que fue lo que sucedió. Y no creo que soporte más presiones así.

Una breve pausa que se tradujo en silencio incomodo se mantuvo a través de aquella línea telefónica. Habían muchas cosas que explicar, que decir, que comentar. Pero se sentía en vano hablar en esos momentos. Ambos sabían que ninguno tenía la respuesta a nada. Y el único que las tenía todas era un candado que posiblemente sería muy difícil de abrir.

-En la escuela ya están sospechando… -Recordó de repente Yusuke. Habló suave, casi ausente. Como no queriendo aceptar que habían más problemas alrededor de su amigo pelirrojo. Problemas que quizás él no podría remediar.

-Genkai solucionará lo relacionado con el instituto, no hay que preocuparse por ello. –Yusuke suspiró comenzando a andar en dirección contraria en la que hace solo unos minutos se dirigía. –Sin embargo no debe atrasarse en sus estudios, él-

-Lo sé, no te preocupes. Pediré todos los días los folios para llevárselos. – Adivinó Yusuke a que se refería, cortando su oración.

-Bien. –De cierto modo, Hiei agradecía el hecho que Yusuke sea tan entrometido, ya que pareciera que las cosas se harían un tanto más fáciles con su ayuda. O al menos eso creía. - ¿Qué sabes de sus padres?

-Poco y nada. Shiori aún no me ha llamado así que no debe estar enterada aún que su hijo no apareció en su casa en estos días. Y su padre... pues, no sé. Supongo que podría pasar por la casa de Kurama y ver como están las cosas.

-Sería lo mejor.

-De todos modos quiero hablar con Kurama. ¡No se te vaya a olvidar que es mi amigo también!

-Hablarás y lo verás cuando él así lo decida. Hasta entonces, Uramechi.

-Maldición.- Masculló el de ojos cafés pateando una piedrecilla de la calle. Hiei le había cortado la llamada. Detestaba a ese tipo sabelotodo, queriendo ser alguien en la vida de Kurama y tratándolo a él como basura. ¿¡Quién demonios de creía!?

Aún echando maldiciones caminaba ahora en dirección a la residencia Minamino, esperando que los problemas no se agraven con lo que sea que encontrara allí.

Sus ojos amatista aún lo miraban, sin embargo también él empezó a maldecir cuando Yusuke cambió de dirección al momento de coger su móvil. Obviamente alguien había frustrado las intenciones primeras de aquel chico de uniforme verde, y quizás también había frustrado las suyas propias al verse tan atento siguiendo sus pasos.

También entonces encendió su auto para dar la vuelta y nuevamente seguir silencioso los pasos de aquel que lo llevaría a su objetivo…

… . … . … . … . … .

El día se acababa nuevamente, dando paso a un anochecer por demás tranquilo. O al menos así lo sentía Hiei quien prácticamente se encontraba solo y en silencio en ese enorme templo.

Suspiró.

No era precisamente que el silencio o la soledad lo molestasen, todo lo contrario. Sin embargo cuando sus pensamientos eran tan escandalosos realmente era aquello lo que no soportaba. Su mente no dejaba de maquinar cosas que no tenían sentido, cosas que si se molestaba en expresar en voz alta tomaban forma y se maldecía por siquiera pensar en tan absurdas barbaridades.

Gruñe girando la mirada en dirección al reloj de la sala. Veinte pasada las siete. Yukina aún no volvía del templo. Imaginó que las prácticas de la maestra debieron dejar muchos heridos ya que si hubiese sido un día "normal" para su hermana ya habría llegado hace tiempo a casa. Desconfiaba que realmente llegase enseguida, y si ese era el caso entonces él tendría que encargarse de la cena, cosa que no le agradaba para nada.

Giró su mirada una vez más esta vez dirigiéndose hacia el sofá más grande de la sala, donde un hermoso chico pelirrojo descansaba desde hace unas horas, tapado gentilmente con una manta que Hiei había colocado para su protección.

El rostro de Kurama lucia muy tranquilo, casi celestial. Su respiración pausada le daba a entender que sus sueños debían estar en orden, sin ninguna pesadilla o algo por el estilo. Al menos Hiei quería imaginarse eso.

En el aire solo se oían los tics de las manecillas del reloj pasar, cada segundo parecía una eternidad, pero eso no importaba, no si tenía la oportunidad de verlo así de tranquilo a su amigo, a su Kurama. Parecía mentira que horas atrás había estallado en un llanto lamentable pidiéndole algo que posiblemente había estado rondado su cabeza desde la tarde.

Ver a Kurama allí significaba mucho para el muchacho de cabellos negros. Era visualizar algo real, algo que estaba pasando, era sentir el alivio de tenerlo allí, en la protección de su sala, en su hogar a pesar de la situación que tuvo que pasar su amigo para ello.

Hiei se levantó del sillón individual y despacio se acercó al pelirrojo. Extendió una mano cuando de frente estuvo del rostro durmiente. Arregló unos cabellos rebeldes que se posaban en su rostro despreocupado. Pudo sentir el tacto suave de su piel al hacerlo. Kurama era realmente una porcelana y no entendía como alguien pudo ser capaz de semejante ultraje a su cuerpo, a su alma. Observó mejor como sus pestañas perfectamente arqueadas escondían las hermosas esmeraldas que tenía por ojos, su nariz pequeña y en concordancia con el resto de su rostro, en especial con su boca pequeña, rosa y carnosa.

Pensó en su amigo de cuando era niño, y supo que no había cambiado en nada físicamente, seguía siendo igual de lindo, igual de tierno e inocente. Pero… ¿Qué hay de lo de adentro? Sus pensamientos, ¿seguirían siendo los mismos? Su manera de ser ¿habrá cambiado? ¿Y qué hay de sus sentimientos, de sus memorias…? Todo parecía tan relativo, realmente odiaba el hecho de estar solo y en silencio por esos motivos. Deseó por unos momentos dormirse a un lado de Kurama, abrazarlo y descansar. Perderse en otro mundo en donde no haya problemas, donde solo estén Kurama y él. Nadie más.

Pero bien sabía que era imposible.

Lo sabía y lo supo aun más cuando las joyas jade se dejaron ver a través de oscuras pestañas rojizas. Kurama pestañeo una vez, cerrando nuevamente sus ojos un momento más para acostumbrarse mentalmente a la idea de que estaba vivo y por lo tanto debía vivir; los abrió nuevamente esta vez más pausado y percatándose de una presencia para nada perturbadora a su lado, enfocó su vista en aquella silueta, en aquel rostro, sobre aquellos ojos. Y así quedaron mirándose varios segundos, minutos quizás.

Kurama se veía adorable entre la manta verdosa y sus ojos grandemente abiertos observando pacíficamente a su anfitrión. Hiei solo lo miraba desde arriba, perdido en el profundo bosque que eran las esmeraldas de Kurama.

-La cena. –Apenas articuló Hiei, percatándose de lo raro de la situación.- Tengo que preparar la cena.- Aclaró entonces, no para que Kurama lo supiera sino para sí mismo como un recordatorio que debía moverse y despegar su vista de Kurama de una vez. Falló en el intento.

El pelirrojo al oír aquello en cambio, hizo el esfuerzo de levantarse sintiéndose más débil y cansado que de costumbre. Aún así no quiso demostrarlo, no quería seguir siendo más molestia para su amigo, pero sus intentos fueron en vano ya que sintió como Hiei lo ayudaba a ponerse de pie tan delicadamente como si fuese a quebrarse si lo tocaba de más.

-No te esfuerces.- Dijo Hiei casi en un susurro. Quizás aquel comentario había salido involuntario de su boca ya que inmediatamente después, giró su rostro algo brusco y caminó rápidamente hacía la cocina.

Ésta vez fue Kurama quien se lo quedó mirando irse hacia el pasillo en dirección a la cocina. Hiei podía ser un gran misterio o un libro demasiado abierto, como lo quieras ver, pero eso no cambiaba el hecho de que aún se preocupaba por Kurama, el pequeño Kurama. Y así, viendo la espalda de Hiei perderse al ingresar por una puerta, una leve sonrisa se posó en los labios rosas de Kurama. Una hermosa sonrisa dedicada a Hiei.

Fin capitulo 6

Ya no tengo cara ni para pedir perdón por la demora pero bueno, aquí está el deseado capitulo 6.

Es uno de los capitulos más tranquis, aunque debo decir que ésta calma antes de la tormenta es, interesante. ajaja

Las dudas creo que se aclararán mas adelante con los capitulos siguientes aunque no creo ser tan misteriosa, es una cualidad que no poseo. Aun así, si las hay, con gusto respondo :)

Ya tengo casi completo el capitulo 7 asi que no creo demorarme mucho en subirlo.. aunque no creo que lo haga hasta tener una buena parte del capi 8 u.u

Con respecto a lo otros fics, los estoy continuando, tranquilos, lleva su tiempo pero tienen marcha :) .

Los quiero, y los extraño mucho más!

Gracias por leer y dejen reviews por favor.

atte, Nyx Erinea Kitsune