Advertencia: Este capítulo contiene escenas de acoso sexual y un intento de violación a un hombre. También escenas de tortura.

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¿Quiénes somos?

Capítulo 2:

El cantar del Cisne

(Infierno)

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Cuando un cisne canta

El pequeño Hyoga contemplaba un corral. Había gallinas que tenían un montón de pollitos y patas con un montón de patitos, por eso en cuanto los vio, corrió a contemplarlos. Entonces notó en el fondo, a una maltrecha, pero, increíblemente hermosa ave. Un muy viejo cisne que por tener el ala rota termino allí. Cualquiera que lo viera entendería que aquel cisne estaba abatido de tristeza, pues había sido un cisne salvaje que volaba libre por los cielos y que alguna infortunada situación, le destrozo el ala.

De pronto el ave enderezo la cabeza. Natasha dándose cuenta de lo que iba a pasar, de inmediato corrió hacia su niño y le tapó los oídos.

Momentos después el pequeño Hyoga soltaba un gran bostezo, estaba sentado en las piernas de su madre que charlaba con una anciana.

-¿Para qué le tapaste los oídos? el cantar de los cisnes es hermoso.

-No lo se, de pronto me entró un gran pavor. De todos modos no quiero que Hyoga escuche eso. Yo no quiero escucharlo jamás.

Varios años después, en Japón, en un parque lleno de cerezos, Seiya, Shiryu, Shun, Hyoga, Ikki y Saori habían ido a pasar la tarde. En el lago había un montón de patos a los que Shun y Saori les arrojaba migajas de pan, pero los patos se peleaban y hacían mucho escándalo, no dejaban de graznar pidiendo más.

Aquel escándalo los hizo pensar que no se parecían al par de cisnes que vivían en el pequeño estanque de la mansión. Y es que Shun, Seiya y Saori amaban a esos cisnes porque les recordaba a cierto callado rubio. Pero nunca los han escuchado graznar.

-¿Será que los cisnes son mudos? –Preguntó Shun

-¿Cómo crees? Claro que cantan, pero espero jamás escucharlos- Declaró Shiryu, empezando a revolverle el cabello a Hyoga.

-Dicen que cantan muy bonito.- Dijo Seiya.

-Pues entonces los de la mansión son mudos.- Dice Saori, porque en serio jamás los ha escuchado hacer ruido.

-¿Por qué dijiste que esperas jamás escucharlos cantar, Shiryu? –Preguntó Ikki.

Shiryu, que en ese momento pasaba el brazo por el cuello de Hyoga, y es que el rubio había protestado porque le revolvió el cabello, a lo que Shiryu lo sujetó, para revolvérselo con más ganas, dio un largo suspiro antes de contestar.

-Porque dicen que los cisnes sólo cantan cuando sienten la muerte.

-¿Qué? –Dijeron todos.

-Son aves de mal agüero.- Dijo Seiya sorprendido.

-No. – Corrigió Shiryu. – Cuando un cisne presiente que ya va a morir, es cuando comienza a cantar.

-¿Entonces sólo cantan cuando se sienten terriblemente mal y creen que ya van a morir? – Preguntó Seiya.

-Pues eso dice la gente.

-¡Entonces no es un canto, es un lamento! – Dijo Seiya entendiendo porque a pesar de que suena muy bonito Shiryu no quiere nunca oír cantar a un cisne. – En ese caso me niego rotundamente a escucharlos cantar, es más, me tapare los oídos.

-Estoy de acuerdo contigo.- Declaro Shun.- Nii-san, Hyoga, si se dan cuenta que uno de esos cisnes va a cantar de inmediato me tapan los oídos ¿entendieron?

Fue cuando Hyoga soltó una gran carcajada.

-Y a este ¿qué le pasa? –Preguntó Ikki

-Es que una vez, mi mamá me tapo los oídos, cuando vio que un cisne iba a cantar. –Explicó el rubio.

-¿Y el cisne se murió?- Preguntó muy preocupado Shun.

-No, siguió dando lata peleándose con las gallinas. Pero cada vez que íbamos, la regañaban porque no me dejó escucharlo y es que es tan raro que canten.

-De todos modos no quiero oírlo.- Insistió Seiya.

-Pues, pienso que es algo muy bonito.- Comento Saori, dejando perplejos a todos.- Cantan en lo que muchos piensan es su peor momento. Es como si entonaran una hermosa melodía para encarar al mundo, para darse fuerzas y llenarse de esperanzas.

-Cantar para darse fuerza y llenarse de esperanza.- Hyoga recordaba esas palabras, se sentía muy cansado.

Lentamente abre sus pesados ojos, sus cristalinos celestes se toparon con un bellísimo par esmeralda, tan brillantes, que parecían luceros y que lo contemplaban con mucha atención.

Miró fijamente a ese hermoso chico de cabellos verdes, como queriendo memorizar cada detalle. Aquel mientras, le acaricio la mejilla.

-Me tenias muy preocupado. No vuelvas a hacerlo. Fuiste demasiado arriesgado.

Hyoga sonrió por el reproche.

-Me angustie mucho. No sabia donde encontrarte.

A pesar de que ese hermoso chico está enfadado con él, Hyoga no puede dejar de sonreír. Se siente tan calmado y en paz; tanto, que deja escapar un bostezo.

-Ven –Dijo el rubio. –Ya estoy aquí, ya regrese, ya no te angusties. Así que ven.

-No, estoy enfadado. Todos estos días no he hecho más que angustiarme por ti. Viví en la angustia sin saber donde estabas. Te imaginaba herido, perdido. Hasta muerto.

-Debí cantar para que me encontraras.

-Cantar, gritar, elevar tu cosmos, hacer señales de humo, pero te gusta tenerme preocupado.

Como ese peliverde sigue hablando Hyoga lo toma de los brazos y lo jala hacia la cama para que se acueste a su lado.

-Oye, no he terminado de regañarte.

Calla cuando Hyoga pone el dedo sobre sus labios. Inmediatamente el rubio se acomoda en el regazo de Shun.

-¿Crees que soy tu almohada particular?

-Sí.- Contesta acomodando los brazos del peliverde a su alrededor. – Ya no estés enojado conmigo, te juro que la próxima vez cantare con todas mis fuerzas para que me encuentres y vengas por mí.

Por fin el joven se rinde, después de todo, lo que Hyoga quiere al acomodarse en sus brazos es sentirse a salvo.

-Debí saber que estabas bien, los cisnes sólo cantan cuando van a morir. Pero te quiero tanto que no puedo evitar angustiarme. –Dice mientras lo estrecha entre sus brazos.

Hyoga se inunda de una sensación placentera. El sonido del corazón de Shun, su tibieza y su aroma. Realmente cree que nada puede dañarlo estando ahí. No hay penas, ni dolor. Ni angustias ni preocupaciones. El mundo se detiene.

Hyoga se despierta en un grito agónico de dolor.

Había perdido la conciencia en medio de la tortura que está viviendo.

-¡Te lo suplico, ya no me tortures más!- Dice en medio de llantos. –¡Tatsumi, por lo que más quieras, ya no más!

Pero de nuevo la descarga de electricidad. Se convulsionaría por el dolor, pero está bien sujeto.

Hyoga, llora, suplica y finalmente termina rezando porque durante horas el dolor cruzó por su cuerpo, sus rezos son el canto agónico del cisne. Por momentos, cuando siente que ya no puede más, escucha una dulce voz que lo arrulla, mientras se desliza a la inconciencia.

Su mente busca un refugio y vuelve a sus sueños, a veces está en el hospicio con la hermana Marie, otras se ve en brazos de ese chico peliverde.

Cuando despierte, de nuevo empezara la tortura.

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Con dolor por tu cosmos

Unos días antes el hermoso chico de rubios cabellos, vivía en un hospicio dependiendo totalmente de la caridad de extraños. En aquel lugar lo trataron con mucho amor. Era un chico perdido y sin memoria, al que todos cubrían de mimos y cuidados. Ahora es una rata de laboratorio.

Para que despierte su cosmos. Eso es lo que quiere Tatsumi, por eso lo torturan.

Todos los días le inyectan sustancias que mantienen su mente confundida y adormilada, para tenerlo bajo control. También le han vendado los ojos, porque al ser incapaz de ver, les resulta más fácil manejarlo. A su vez lo mantienen atado con cadenas. No quieren que pase lo mismo que con el "otro". Lo que aprendieron con ese primer conejillo de indias, lo aplican con él.

Hyoga no entiende mucho, Tatsumi quiere encontrar a Atena y aparentemente sólo con el cosmos la puede contactar. A veces escucha que el otro era un fracasado que no le sirvió para nada, más que para aprender como obligarlos a despertar el cosmos.

Con ese probaron muchas cosas, pero sólo el dolor de la tortura, hizo que despertara su cosmos de manera inconsciente. Pero nunca logro contactar con Atena.

Hyoga, no sabe que sucedió con ese otro pero le da pavor pensarlo. Todos los días le resultan una tortura al rubio. Siempre lo mantienen atado. Le pusieron unos grilletes en las manos y en los pies. También tiene otra en el cuello, como si fuera un animal, tiran de esa para moverlo de un lugar a otro.

Ion, el mano derecha de Tatsumi, aprovecha cada oportunidad para manosearlo. El rubio siente asco cada vez que se le acerca.

Tatsumi cada que se enfada por no obtener resultados le mete golpizas. Atado como está, poco puede hacer el ruso. Su único consuelo son los videos que le obliga a ver. De un tal torneo galáctico, en el que participo. Hyoga siempre se asombra de verse a sí mismo, pues ese del video, no es él. No puede ser él. En todos sus gestos y actitudes no se reconoce, pero poco le importa. Los otros son los que le interesan, Shiryu, Shun y Seiya.

Su corazón los reconoce, tanto que es feliz con sólo verlos en video.

Pero después, Tatsumi le pregunta que les paso, donde está Atena. Hyoga responde que no sabe, que no recuerda. El hombre calvo le sonríe con maldad prometiéndole que lo forzara a contarle.

-Métanlo en la caja.

Hyoga prefiere los golpes que eso, pues no hay nada peor para él, que lo encierren en una especie de ataúd.

Nuevamente los ojos le son vendados. Llora, grita, suplica por que no lo encierren. Mientras Ion y los otros lo sujetan para atarlo ahí de nuevo, entre carcajadas y burlas.

Cuando lo recuestan Hyoga sigue suplicando porque no lo hagan. Y es que Tatsumi mando hacerlo especialmente para él. El hombre calvo suele decir que es tecnología aéreo espacial. Presume mucho del poder de las empresas Kido. Está hecho de una aleación resistente a las bajas temperaturas.

Si algo aprendieron con el otro es que no deben escatimar en precauciones cuando los fuercen a elevar el cosmos.

Completamente inmóvil encerrado en ese ataúd, las descargas eléctricas para provocarle dolor comienzan.

Hyoga grita hasta quedarse sin voz. Y a veces el dolor es tal, que el rubio comienza a resplandecer, su cosmos se enciende inconscientemente, pero no puede liberarse, pues todo ha sido construido para retener al cisne. Los grilletes, las cadenas, la caja misma donde lo encierran. Todo fue diseñado para soportar temperaturas extremas y la fuerza sobrehumana de un caballero.

Ese fue el motivo por el que Tatsumi tardo tanto en llevarlo a Japón.

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El inicio del infierno

Flash back

Varios días atrás.

-¡NO ME SUELTES! HYOGA NO ME SUELTES

-¡NII-SAN!

-¡HYOGA!

-¿CÓMO PUEDES HACERNOS ESTO?

-¡NO ME SUELTES!

-¡HERMANOS!

-Les prometo que siempre los voy a cuidar

-¡HYOGA! ¡HYOGA! ¡ A!

El intenso dolor de cabeza lo hace despertar. De nuevo esos gritos, de nuevo aquella persona desesperada por no soltarlo, sabe que también luchó con todas sus fuerzas pero sus manos se soltaron.

Recorre el lugar con la mirada, ya no está en ese cuartito de hospicio, ahora está en una gran habitación. Recuerda que llego ayer en la noche, desde que cruzó el umbral de la mansión Kido, la migraña lo torturó, sobre todo porque las paredes están llenas de retratos de una mujer pelilila. Sabe que se desmayo a causa del dolor de cabeza. Y ahora se sorprende por despertar en esta alcoba que se le hace familiar.

Busca algo con que vestirse. El closet es muy grande, se imagina que debe haber mucha ropa ahí pero aún así, no se anima a abrirlo. Por fortuna el habito que usaba en el hospicio está junto a él. Rápidamente se viste y sale, quiere verlos, quiere ver a los chicos de las fotos, quiere respuestas de quien es y que paso.

No da muchos pasos fuera cuando se topa con Tatsumi, que de nuevo lo miró con esa sonrisa burlona por la ropa que lleva.

-Otra vez vestido así.

-Buenos días.- Dijo mirando al suelo

-Regresa a la habitación.

-…Pero…

-Que regreses

-¿Dónde están los demás?- Preguntó con voz bajita

-No lo se.- Dice escoltándolo de regreso.

-¿Qué no lo sabes?

-No … todos ustedes desaparecieron el mismo día. Quédate aquí, mandare que te traigan de comer.

-Espera, necesito respuestas.

-Yo también, pero por lo visto no las tienes. Esta es tu habitación, todo lo que hay aquí es tuyo. Dedícate el día revisarlo, haber si en algo te ayuda a recuperar la memoria. Mañana iremos a ver al especialista. El único que me puede dar respuesta sobre lo que les paso eres tú, así que esfuérzate por recordar. –Y de inmediato cerró la puerta.

-Recordar –Dijo Hyoga sentándose en la cama.

El rubio contemplo todo, con razón sintió familiar la habitación. Momentos después alguien entro llevándole el desayuno, el mismo tipo que acompaño a Tatsumi a buscarlo al hospicio, el mismo que lo miró tan lascivamente y que de nueva cuenta lo mira así. Afortunadamente ese dejo las cosas y salio de inmediato.

Todo el día Hyoga la paso encerrado, pues cada que trataba de salir, alguien del personal lo regresaba a su habitación. Por otra parte, había mucho movimiento en la casa, llegaron muchas cosas, pudo observar por la ventana como las bajaban de un gran camión.

De todas ellas le llamó la atención una gran caja rectangular; y fue por el tamaño, cualquiera pensaría que tenia un féretro adentro.

Tatsumi estaba muy enfadado con todos y no paraba de regañar a todo mundo.

Nervioso y buscando en que distraerse, decidió obedecer a Tatsumi, después de mucho se animo a revisar las cosas de la habitación.

Aquel gigantesco closet contenía pocas cosas en realidad, sin embargo, tenia la sensación de que algo faltaba. Algo que guardaba allí, algo grande, una gran caja metálica. En esos momentos se cuestiono si no era de esas personas que escribían diarios. Al confirmar que no había nada de eso, se enfado consigo. Aparentemente nunca ha sido de los que escriben.

Y eso que faltaba seguía molestándolo. Casi podía verlo y a la vez no podía identificarlo. Esa gran caja metálica que allí metía. Esa era la única cosa que realmente le hacia creer que en otro tiempo esa había sido su habitación.

Se acostó en la cama. La cabeza le dolía como hace mucho no lo hacia. Era por esa caja. No está. Y le molesta porque es suya. Es algo tan suyo como si fuera su brazo. Piensa en ella y el dolor sigue aumentando. Intenta pensar en otras cosas para que el dolor disminuya pero invariablemente la falta de esa caja no lo deja ser. Un miedo indescriptible se apodera de él.

Esa caja desaparecida. Todo lo que amó desapareció igual que ella. Los grandes lagrimones ruedan por sus mejillas.

Ya no está y ellos ya no están. Ahora se da cuenta que aunque le disgustaba un poco, aunque la aceptó porque era su destino. Amaba esa caja, porque ella lo hacia pertenecer al mundo de las personas más importantes en su corazón.

Un par de horas después aquel hombre de mirada lasciva, entra a la habitación del ruso para llevarle de comer pero, el chico no se encuentra. Rápidamente se da la alarma. Aunque a Tatsumi le resulto fácil encontrarlo. Sonrió burlonamente cuando encontró escondidito dentro del closet del cuarto de Shun.

Realmente Hyoga no era el mismo, es manipulable. Con este tal vez tenga una oportunidad de encontrar a Saori. Hace tiempo encontró a otro de los caballeros, igual que él, sin memoria, a diferencia de Hyoga, el otro a pesar de la amnesia seguía igual de terco y no cumplió con el objetivo.

Hyoga se asusto cuando fue escoltado por varios hombres al sótano de la mansión. No entendió nada cuando Tatsumi le habló de los sagrados caballeros de Atena. Cuando se vio a si mismo portando la armadura del cisne, en los videos del torneo galáctico, no lo podía creer. Armaduras, guerras, muertes y todo para proteger a Atena.

Le asombraba su arrogancia en esos videos y le asusto su pasado. Tatsumi le habló del cosmos y de cómo a través de él, era posible contactar a Atena. Obviamente Hyoga no sabia que era el cosmos y mucho menos como encenderlo. Mientras se preguntaba como hacerlo, alguien le inyecto algo. Una droga para adormecerlo que surtió efecto de inmediato. Tatsumi tomó su cruz, mientras unos empleados le ponían las cadenas. Eso fue lo último que vio antes de quedarse dormido. Así empezó su infierno.

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La caja

Hyoga despierta incapaz de ver a su alrededor por la venda de sus ojos. Su poca conciencia supone que debe de estar en una celda. No lo sabe a ciencia cierta porque a parte de ser incapaz de ver, las cadenas de sus manos están atadas al piso, lo más que logra es sentarse.

Aun así, lo poco que puede moverse le resulta un alivio, y el silencio una bendición.

Hasta antes de llegar a Japón, el ruso no conocía la maldad del hombre, siempre fue amado y protegido por su madre y lo que conoció después se borro de su memoria, pero los pocos fragmentos de recuerdos que llego a tener estaban llenos de cariño. Y en el asilo para él sólo hubo amor.

Como quisiera volver a la paz y amor de ese lugar.

De pronto escucha pasos, carcajadas e insultos. Ellos disfrutan del temor que le provocan pues el corazón del rubio late con miedo. ¿Qué le van hacer? Ya comenzó a temblar. Con la venda en sus ojos no puede saber cuantas personas han llegado. Sólo sabe que Ion no está entre ellos.

La voz de él le resulta una pesadilla horrible, un cuchillo que lo lastima. Y su contacto le es tan nauseabundo.

-¿A divina a donde te vamos a llevar?

-A la caja.

La caja, la horrible caja, la espantosa caja. Esa es la sentencia. Si hay algo peor que Ion es esa caja.

De nuevo el llanto y la suplica que no sirve de nada. De nuevo es atado, de nuevo la corriente eléctrica lo martiriza. La asfixia por el encierro, el miedo agónico de estar allí, incapaz de poderse mover, de ser tan vulnerable y de lo fácil que les resulta torturarlo.

Dentro de la caja es martirizado en la más completa soledad. Como nunca se siente abandonado, poca cosa, una nada arrumbado. Los gritos no salen de ella, solo rebotan y son escuchados únicamente por el.

Y aun, cuando simplemente lo encierran y no lo lastiman con las descargas, la claustrofobia lo ahoga. El frío del metal le lastima la piel. Y la mente lo traiciona pensando en los horrores y martirios. Piensa a mil por segundo que no hay esperanza, que pronto empezaran las descargas. Que nada puede hacer. Que es alguien demasiado indefenso.

La mente sola lo hunde en el infierno.

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Cosas que se rompen

Aquello le parecía un suplicio que jamás terminaba. Colgaba encadenado, como castigo por no haber logrado contactar a Atena. Lleva tanto ahí, que ya no siente los brazos.

Hace mucho que el tiempo perdió su concepto. Sabe que han pasado días enteros, pero cuantos; no podría decirlo. No ha sentido la fresca brisa, ni ha sentido el calor del sol, sólo ha ido de una oscuridad a otra, cuando le permiten ver algo es iluminado por la fría y débil luz de las lámparas.

Está en el limite, lleva varios días sin comer, casi no ha bebido líquidos. Con dificultad abrió los ojos tras retirarle la venda. A penas pudo distinguir a Ion y sus hombres. Lo inyectan y luego lo sueltan para después llevarlo a rastras a otra habitación. Del grillete del cuello hay una cadena de la que le gusta tirar a Ion. Como de costumbre Ion no pierde oportunidad de manosearlo mientras le quitan la ropa para bañarlo.

El agua está helada y le es lanzada a presión. A veces el débil rubio siente que se ahoga. Después, aunque lucha con sus pocas fuerzas, nuevamente en metido en ese ataúd metálico. Es atado dentro de él y la dolorosa tortura por descargas comienza.

De nueva cuenta llora y suplica. Aún no es consiente de ello, pero lentamente algo dentro de él se quiebra día tras día.

El dolor es tal que no puede respirar. Entonces sucede, el cosmos se enciende, una tenue luz blanca que en vano intenta congelar todo a su alrededor. El joven empieza a temblar de frío y a sentir los estragos de las bajas temperaturas. Su cuerpo ya no está acostumbrado a su cosmos.

El rubio comienza a rezar, todas las oraciones que el padre Abraham le enseño. Ya no hay descargas, pero sabe que lo dejaran encerrado por horas en ese congelador. Tiene tanto miedo por estar encerrado en ese espacio tan pequeño y por estar atado.

Se aferra a sus rezos para no enloquecer, para soportar el dolor.

Salmo 51

9 Rocíame con agua, y quedare limpio;

lávame y quedare más blanco que la nieve.

10 Haz que sienta otra vez jubilo y gozo

y que bailen los huesos que moliste.

12 Crea en mí, oh dios, un corazón puro,

renueva en mi interior un firme espíritu.

14 Dame tu salvación que regocija,

y que un espíritu noble me de fuerza.

16 Líbrame, oh dios, de la deuda de sangre,

Dios de mi salvación, y clamara mi lengua tu justicia.

17 Señor, abre mis labios

y cantara mi boca tu alabanza

18 Un sacrificio no te gustaría,

ni querrás si te ofrezco, un holocausto.

19 Mi espíritu quebrado a dios ofreceré,

pues no desdeñas un corazón contrito.

De pronto una calidez lo envuelve. Otro cosmos.

-Ya no llores, aquí estoy … concéntrate … todo en tu mano derecha. –Dice una mujer.

Esa voz le da muchas ordenes, pero Hyoga no puede. No es capaz de enfocarse, a causa de las drogas que le han estado suministrando. No es la primera vez que la escucha, que ella intenta que se mueva y se libere, pero no puede. Si tuviera más lagrimas lloraría.

Ion ya se está dando cuenta del otro cosmos. Esa es la razón por la que Tatsumi lo tiene como su asistente. Él puede sentirlo.

Casi desde el comienzo, Tatsumi, ha adiestrado a Hyoga para que, cuando se contacte con ella, la interrogue. Así que le pregunta dónde está y que paso. A pesar de que ella no quiere contestar y se esfuerza en fortalecerlo para que se libere, Hyoga sigue preguntándole, obedeciendo a Tatsumi, en vez de luchar como ella quiere.

Escuchar la voz del rubio interrogándola llena de gozo a Tatsumi. Sabia que en el estado tan sumiso de Hyoga, sí le serviría, a diferencia del otro que sólo le hizo perder el tiempo, porque siempre se negó a preguntarle y mucho más a decirle lo que escuchaba.

De pronto un sonido de alarma. Hyoga a tenido un paro cardiaco a causa de la hipotermia.

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Cosas que se rompen 2

Puede verlo, son muchas estatuas alrededor de una gigantesca que tiene forma de mujer, que en su mano derecha sostiene un ángel y en la izquierda un escudo.

De pronto las reconoce. Todas las que rodean la gigantesca escultura de la diosa a Atena son armaduras, pero, están cubiertas por una especie de cristal. Todas están encerradas en esas cajas como de vidrio.

Entre ellas tres brillan. Un Pegaso, un dragón y un cisne. Lo curioso es que el dragón no está encerrado.

No le hace mucho caso, contempla al cisne que está encerrado en ese cristal y se llena del miedo porque el cisne está cantando. Sabe lo que significa. Los cisnes sólo cantan cuando van a morir. Está cantando porque él está muriendo.

La visión de hombres encerrados en una especie de coraza llega a su mente, los reconoce aunque no podría decir sus nombres. Pero sabe que todos ellos están muertos.

Siente que se congela, es el frío de la muerte, pronto él también estará encerrado. Todo se oscurece, todo se detiene, una mujer grita su nombre desesperada, suplicándole que no cruce al reino de la muerte. No le hace caso. No quiere volver ¿a qué? a que Tatsumi lo siga torturando. Que se acabe está tortura de una vez.

Para que quedarse a seguir sufriendo, si en estos momentos se siente tan ligero, mientras es arrastrado a la coraza.

-¿Dónde estás? … ¿Por qué te solté?

Esa voz. Es la voz desesperada que clama su nombre, que siempre oye en sus sueños.

-Hyoga, ¿Dónde estás?

-Aquí

-Ven

Pero todo es oscuridad. Hyoga no se puede mover. Sólo se deja llevar.

-Escúchame, no vas a cruzar al otro lado. Tienes que pelear por permanecer con vida.

-Tú puedes Hyoga, sólo eleva tu cosmos, despliega tus alas.

-Tienes que seguir viviendo. Si mueres iras a un sitio donde ya jamás podré encontrarte.

-Vamos Hyoga, eleva tu cosmos.

Nieve cayendo, una inmensa fuerza que nace de su interior. Lucha por soltarse de aquella corriente, que lo aleja de la voz que tantas veces lo ha llamado. Se siente increíblemente pesado.

Cristales rotos, eso y a un cisne volar es lo último que ve.

Y es que, el cisne ya no está encerrado en un cristal.

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Cisne negro

Ion contempla al ruso que continua inconsciente. Este yace en una cama de hospital, recuperándose lentamente y es que casi muere.

En otro tiempo, Ion aspiraba a obtener una armadura, pero su corazón perverso rápidamente fue notado y expulsado de la orden de Atena. Ion ama el poder. La sensación de dominio sobre otro. Humillar al otro.

Era un candidato perfecto para los caballeros negros, por eso que fue reclutado por Jango, iba a remplazar al cisne negro. Pero la vida le dio otro revés cuando Ikki tomó el mando de la isla de la reina muerte. Él aún no despertaba el cosmos. Literalmente era un inútil y a Ikki no le interesaba.

La guerra se desató y el cisne negro fue abatido por Hyoga. Esto le favoreció pues ya no tenia que vencer al cisne negro para tomar la armadura. A pesar de que tras aquella batalla la orden de los caballeros negros casi fue destruida por completo, el mal jamás puede ser exorcizado totalmente. Otros se levantaron viendo la oportunidad de tomar el poder ahora que los que les estorbaban estaban muertos.

Mientras la orden de Atena enfrentaba muchas guerras, la de las doce casas, Asgard, Poseidón y Hades. Los caballeros negros construían armaduras, formaban otra orden. Seguían creciendo entre las sombras, como el cáncer maligno que son.

Pero algo sucedió. La diosa desapareció y con ella, los caballeros y sus armaduras. Las armaduras negras que ellos trataban de restaurar se volvieron polvo.

Desde que la diosa desapareció, Tatsumi está desesperado por encontrarla, cuando halló al primer caballero algo le salió mal. Entendió que necesitaba de alguien que fuera capaz de sentir el cosmos y ahí fue cuando se alió con lo último de los caballeros negros.

A Ion no le interesa encontrar a la diosa, sólo quiere las armaduras. Como todo caballero negro, el poder de la armadura es su más grande ambición.

Como de costumbre Ion aprovecha para manosear al ruso, esto es por muchas razones; ha tenido obsesión por el cisne, desde que Jango le dijo que esa es la armadura negra con la que era más a fin. También entra lo físico, siempre ha tenido debilidad por los rubios y de ojos azules. Pero sobre todo, la sensación de poder, la de dominar, imponer voluntad.

La de lastimar y humillar.

Y ha disfrutado tanto con el llanto y las suplicas de Hyoga. Del temor en los ojos azules del cisne.

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El canto de preludio de muerte de un cisne

Oye voces, aún no entiende nada, pero en estos días de tortura ha aprendido a fingir que sigue dormido. De pronto siente el piquete de otra inyección. Ni en el estado tan deplorable en el que está, dejan de suministrarle drogas para controlarlo.

Escuchando atentamente se enteró que por varios minutos el corazón se le detuvo. Fue un verdadero milagro resucitarlo, pues aunque tenían todo el equipo medico para atenderlo, la fragilidad de su estado producto no sólo de la hipotermia, si no también de las golpizas, las descargas eléctricas y la falta de alimento agravo su estado.

Cuando cree que está solo se anima a abrir los ojos. Está lleno de cables y tubos. Y como siempre atado con gruesas cadenas que le impiden moverse.

Casi no puede pensar, la mente siempre está adormilada a causa de los narcóticos. Vuelve a dormir, entre más tiempo crean que está inconsciente mejor.

Un peso encima de él, le molesta para respirar. Ion como de costumbre le está metiendo mano. Aún así Hyoga sigue fingiendo que está inconsciente, de todas maneras con lo atado que está no puede hacer nada.

-Se que estas despierto.- Le susurra al oído. Hyoga temeroso mira a ese sujeto.- Sabes, me encantan los rubios con carita de niños buenos. Dime, ¿Qué hablaste con Atena?

El corazón se achica. Una parte de él no quiere responderle, pero otra tiene tanto miedo que de inmediato le responde.

-Ella sólo dijo que me cuidaría.

-¿Eso es todo?

-Sí. –Algo muy dentro del rubio le duele, algo le reprocha el ser tan sumiso.

-Eso no nos sirve de nada. Tenias que averiguar donde está.

-¡Le pregunte pero no me dijo! –contesta Hyoga aterrado.

-Me estas ocultando algo.

-¡No se nada, te lo juro!

-Tatsumi va a enfurecerse.

-¡Te juro que le pregunte y ella no contestó!

-De nada sirve. Eres un inútil.- Dice Ion dejando la habitación.

-¡Tatsumi, te lo suplico, ya no me lastimes! … ¡Le pregunte! … ¡Te lo imploró Tatsumi!

Tatsumi le está metiendo una golpiza al pobre rubio que por estar atado ni siquiera es capaz de protegerse. Con su espada de bambú una y otra vez le asesta golpes, sacando la rabia del fracaso.

De nada sirvieron las advertencias de los doctores que le informan que el chico está muy débil y que su salud es precaria. El hombre calvo parece querer matarlo a golpes.

-Siempre estaré contigo. Siempre estaré cuidándote.

En medio de aquel tormento y vejación, igual que otras veces escucha la voz de la diosa.

-¡Ella sólo dice que siempre me cuidara! ¡Eso es todo Tatsumi! ¡Te lo juro!

Y la lluvia de golpes sigue, incluso después de que perdió el conocimiento.

En la celda sólo se escucha un murmullo, Hyoga está rezando. Casi no siente nada porque le han subido la dosis de las drogas al grado que no se puede mover.

Escucha la voz de la diosa, le da ordenes, pero su cuerpo no la obedece. Por más que ella intenta ayudar al ruso, no puede. Se a quebrado totalmente, tanto en cuerpo como en espíritu.

Hyoga sigue en sus rezos, es un cisne cantando esperando la muerte. Tiene heridas profundas a causa de los golpes, tal vez huesos rotos, quemaduras por las descargas eléctricas y sobretodo inanición por la falta de alimento.

Realmente se está muriendo lentamente.

Hay bajo el sol un momento para todo,

y un tiempo para hacer cada cosa:

tiempo para nacer, tiempo para morir;

tiempo para plantar y tiempo para arrancar lo plantado;

tiempo para matar y tiempo para curar;

Muy lejos de ahí, un herido chico llora internamente, pues es capaz de escuchar el canto agónico del cisne.

Está en un hospital, con lesiones tan graves que lo han dejado en coma. Pero no son estas las que lo lastiman, las que no lo dejan despertar. Son las personas que perdió las que le duelen y ahora, que está rodeado de dolor, su desconsuelo aumenta al escuchar el cantar del cisne.

En otro lugar, también muy distante, otro llora, sin saber por que. Pero siente un dolor muy grande para su alma. Porque, aunque no es capaz de escuchar el canto del cisne, le es una espina en el corazón.

Y otro sólo va en su moto, temblando de miedo. Quisiera taparse los oídos y no escuchar aquel lamento.

tiempo para demoler y tiempo para edificar;

tiempo para llorar y tiempo para reír;

tiempo para gemir y tiempo para bailar;

De pronto una luz. Ion entra, como es costumbre empieza a manosear al rubio, sin embargo esta vez es diferente. Tatsumi estaba tan furioso con el ruso, que le dijo que podía hacer lo que quisiera con él.

-Te aseguro que la voy a pasar muy bien. – Le dijo con malicia, mientras lo desvestía.

Hyoga pese a su estado, aún está consiente, las lagrimas inundaron sus ojos mientras internamente suplicaba que este infierno terminara ya.

Más que nunca se aferro a sus rezos, más que nunca se aferro a los recuerdos cuando estaba el hospicio, protegido por las monjas y el padre.

tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas;

tiempo para los brazos y tiempo para abstenerse de ellos;

tiempo para buscar y tiempo para perder;

Ion iba a bajarse los pantalones cuando la alarma sonó. Rápidamente salio a ver que pasaba.

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En la oscuridad escuche tu canción

Un chico en moto ha entrado en las instalaciones. Imposible describirlo pues trae casco. Esquiva todo abriéndose paso.

Con ayuda de la moto rompió la puerta de la impecable mansión. Entró destrozando el lugar mientras se enfrentaba al personal de seguridad. Trae una espada de madera con la que va golpeando al que se le ponga en frente. Y de paso todo mueble u objeto de valor que pareciera frágil.

Recibía golpes pero propinaba varios más.

tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera;

tiempo para rasgar y tiempo para coser;

tiempo para callarse y tiempo para hablar;

Cuando Ion, a medio vestir cerró la puerta de la celda de Hyoga. Varios hombres rodaban por las escaleras mientras ese entraba.

Pronto se dio cuenta de por que ha logrado entrar, tiene un débil cosmos. Un cosmos sin forma, que emana de él, de manera inconsciente. Varias veces lo había sentido así en Hyoga. Frente a ese sujeto, Ion comprobaba que Tatsumi tenia razón en estar drogando a Hyoga continuamente, pese a mantenerlo atado con gruesas cadenas, el rubio en un arranque de cosmos hubiera podido liberarse.

Él otro intento golpear a Ion con la espada, pero este la detuvo y lo golpeo en el pecho provocando que el chico del casco cayera contra la pared.

Inmediatamente Ion encendió su cosmos y se abalanzó para rematarlo, pero el cosmos del otro se incendio más y soltó un puñetazo que no pudo evitar. Aún así, Ion intentó recuperarse pero se quedo paralizado ante un cosmos magnánimo.

Es otro cosmos, uno infinitamente poderoso. El cosmos de Atena. Ignorando completamente a Ion, aquel chico del casco, comenzó a golpear la gruesa puerta de metal hasta que la derribo.

Se detuvo un momento contemplando al maltrecho rubio que yacía semiconsciente y desnudo en el suelo. Salió sólo para buscar una manta. Nadie intento detenerlo pues el gigantesco cosmos paralizo a todo mundo. Así que sin problemas encontró lo que salio a buscar y regresó. Con suma delicadeza arropó al rubio y lo cargó en brazos; e ignorando a todos salio de ahí.

El resplandor de aquel cosmos era increíble, casi no los dejaba ver nada. También era muy calido y tranquilo. Ion sabia que está viendo a un hombre, pero aquello era como estar frente Atena. Como si Atena misma hubiera entrado, buscado la manta y tomado en brazos a su caballero.

En cuanto llego al jardín, ni siquiera pensó en tomar su moto. Simplemente se convirtió en una saeta de luz y desapareció en el cielo.

tiempo para amar y tiempo para odiar;

tiempo para la guerra y tiempo para la paz.

Al final ¿qué provecho saca uno de sus afanes?

Eclesiastés capítulo 3 versículos 1 al 9

Minutos después, en un claro del bosque, el chico del casco depositaba su preciada carga en el suelo. Todo el cuerpo le pesaba y los parpados amenazaban con cerrarse. Ahora que el cosmos de Atena se ha apagado, se quedo sin fuerzas.

Descubre un poco al rubio para contemplarlo, se asusta porque parece muerto. De inmediato se quita el casco, revelando unos desordenados mechones rojos. El cabello le llega a la altura de los hombros.

Lleno de miedo acerca su mejilla para sentir el respirar sumamente débil de ruso. A pesar de que lo habían molido a golpes, el rubio le pareció lo más hermoso que había visto en su vida. Deposito un dulce beso en la frente. Sacando fuerzas de su flaqueza, lo carga de nuevo y es que a unos cuantos pasos hay una cueva que le sirve de refugio.

De verdad sus ojos se cierran, con trabajos busco la colchoneta y se acostó con Hyoga entre sus brazos. Pegó su frente a la del ruso, jamás pensó que tener al cisne valiera la pena. A pesar de que ella se lo prometió. Ahora sonreía porque ese cisne era todo suyo, su canción llenaría los vacíos y contento se deslizó al mundo de los sueños.

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Notas de la autora

Los cisnes no cantan, graznan un poquito, el que los cisnes canten es algo de los mitos, cuentos y fabulas. De hecho eso de que los cisnes cantan antes de morir se popularizo con Esopo en dos de sus fábulas. "El cisne tomado por ganso" en la cual un hombre compro un cisne y un ganso, en medio de la oscuridad salio a buscar al ganso para cocinarlo, pero en su lugar atrapo al cisne, creyendo que iba a morir, el cisne cantó y así se dio cuenta de su error. La otra es "El cisne y su dueño" Un hombre compro un cisne porque decían que cantaban muy bonito, por mucho tiempo le estuvo suplicando que cantara, pero el cisne se negó. Ya al final de su vida, presintiendo su muerte el cisne por fin canto. El hombre al ver eso se dio cuenta que fue un tonto por rogarle, debió haberlo inmolado para que cantara el condenado cisne.

Las partes de la Biblia que recita Hyoga en este capítulo las seleccione porque son las que aparecen en Beta X y soy mega fan de ese manga.

Siempre he considerado que Falcon (anime traducido al español para México y creo Latinoamérica) o Fao (en el manga) es una versión recargada de Hyoga. Kurumada no fue muy original y lo traumo igual, tuvo que matar a su amigo dado que el destino los puso en bandos contrarios.

Lo primero que recita Hyoga, es parte del salmo 51. A partir del versículo 16 es el que recita Falcon cuando hace su aparición en el manga. Justo cuando su beta lanza el villancico mortal Falcon lee en voz alta su Biblia, aunque las palabras cambian dependiendo de la versión, las que use las tome de la Biblia Latinoamérica y es Biblia católica.

Bueno en el manga publicada en México por editorial vid lee así (aunque es cosa de la traducción)

Líbrame de homicidios; oh dios, de mi salvación … cantara mi lengua tu justicia… señor abre mis labios y publicara mi boca tu alabanza … por que no quieres sacrificio … los sacrificios del señor son el espíritu quebrantado … Son el espíritu quebrantado.

Dios no quiere sacrificios (ofrendas) dios ama a los que se arrepienten y sufren por sus pecados, lo que queda muy bien con Fao pues está muy traumado con su pasado. Por eso me recuerda a Hyoga, yo lo veo como mi Hyoga pero con unos 10 años más.

El otro, el del tiempo que es de Eclesiastés, aparece en el tomo final de Bt x, y lo dicen Nasha y Misha antes de morir.

¿Qué traman los caballeros negros?

¿Quién fue el primer caballero que encontró Tatsumi? ¿Qué le salio mal?

¿Dónde están Seiya, Shun, Shiryu e Ikki? ¿Acaso también están amnésicos?

¿Quién es el chico que está inconsciente en un hospital?

Y el otro ¿por qué a pesar de que no pudo escuchar la canción del cisne, la siente?

¿Quién es el chico pelirrojo y que se trae con Hyoga?

¿Dónde está Atena? ¿Qué paso? ¿Por qué Hyoga tuvo esa visión de las armaduras encerradas?

¿Por qué el dragón no está encerrado igual que los otros?

¿Qué sucederá ahora que el cisne ya no está encerrado en la coraza de cristal?

¿Esos hombres encerrados, acaso son los caballero de oro?

Eso sí lo puedo responder, los hombres encerrados en aquella coraza que vio Hyoga, son los caballeros dorados, tal y como salen en la película la overtura.

Alyshaluz, efectivamente Hyoga está más bueno que el pan con chancho, por eso Ion se lo sirvió y casi por completo. Maldito Ion, casi hace suyo a mi amado Hyoga pero eso nunca va a pasar … o tal vez sí?

Alpheratz, que bueno que ya le estas agarrando gusto a los fics de Hyoga, si encuentras uno bueno recomiéndamelo, porque yo amo al cisne con locura, y a los bronces también, creo que es por eso, que trato de que cada uno tenga un espacio importante en la historia. No sólo Hyoga va a sufrir en este fic (ja-ja-ja risa de bruja malvada)

Carito, como lo dije seré malvada con todos los bronces y ni el pelos verdes se salvara (risa malvada otra vez)

Sakura, si veo a Shun en Hyoga, tal vez eso explique porque lo martirice en este capítulo, ahora no quiero imaginar lo que le pasara al verdadero Shun. (¿seré sádica y malvada o sólo estoy dando amenazas? realmente no lo se, nunca se que va a continuar en mis fics)

Gabycisne, creo que te deje con más dudas. Que mala soy. Pero yo tampoco tengo las respuestas. Como siempre mis fics crecen más de lo que tenia planeado.

Smily, Otro maravilloso fic de Hyoga, ¿como no amar al patito? Él siempre es mi inspiración. Y donde quiera que esten Seiya y Shun están desesperados por no tener al patito entre sus brazos. Va pasar tiempo para que se reencuentren.

Kailash, Cuando era pequeña, salieron las muñecas Rosita fresita, y curiosamente Santa me trajo a Dulce limón. Cuyo cabello era verde y olía a limón (según) así que por eso cuando veo a Shun sus verdes cabellos me hacen pensar en esa muñeca. Por eso creo que debe oler a cítricos. Santa se equivoco debió traerme la de pelos rubios así mi Hyoga olería a naranja en mi cabeza.

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