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¿QUIÉNES SOMOS?

Capítulo 3: Peter Pan y el niño perdido

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Canciones

Flash back

Martinillo, martinillo,

¿dónde estás? ¿dónde estás?

Toca la campana. Toca la campana.

Din don dan. Din don dan

Está muy oscuro, el niño rubio casi no distingue las siluetas. Hyoga ve su brazo, esta lleno de moretones por los golpes, incluso siente como la inflamación va cerrándole el ojo derecho. Más allá hay otros chiquillos muy golpeados que no paran de llorar.

Frente a él, hay otro que le da la espalda. Está erguido y canta a todo pulmón "Martinillo, Martinillo" Canta contra la puerta metálica que los confina, canta para demostrar que a él no lo han doblegado.

-¿Tuviste otra pesadilla? –Le dice el joven peliverde. Hyoga no se hubiera dado cuenta de sus lagrimas si no hubiera sido porque Shun con dulzura las empieza a secar. –Ya paso.

-Lo siento … ¿te desperté? -Aún acostado en su cama, el rubio observa alrededor. Está en su habitación en la mansión Kido. Su corazón late acelerado a causa de la intensa pesadilla que tuvo. -¿Grite o algo?

-No. Así que no te preocupes a nadie has despertado.

-¿Entonces?

-Mi corazón me dijo que la estabas pasando mal. –Y Andrómeda sonríe tiernamente al ver la cara de sorpresa de Hyoga. – Fue una verdadera pesadilla, estás hasta sudando. -¿Qué soñaste?

-…

-Con que no quieres hablar, entonces no me dejas más alternativa. -Shun se mete en la cama y abraza al ruso.

-Shun no … no es necesario que te molestes, fue sólo un mal sueño ya ni recuerdo que fue.

-Tal vez, pero tu corazón está tan acelerado que parece que corriste una maratón. Y mi corazón no va a estar tranquilo hasta que el tuyo lo este.

Hyoga iba insistir en que no era necesario que se quedara, pero no tuvo fuerzas para decirlo, porque realmente estaba asustado y el sentir a Shun tan cerca lo calmaba. Shun comenzó a tararear una canción de cuna y Hyoga rendido, se acurruco entre los brazos de Andrómeda. Nunca ha entendido por qué razón Shun siempre logra alejar sus temores.

-Es él.- Dijo el doctor señalando a un paciente que sentado en el piso se balancea y se entretiene viendo la caricatura de la liga de la justicia. – Tiene amnesia y su memoria no llega más allá de los siete años.

La chica castaño rojizo y trenzas lo contempló con detenimiento. El doctor tenia razón, no importa lo grande que se vea, es un niño pequeño y todo su lenguaje corporal lo delata.

-Ha tenido arranques de ira. –Le informa el doctor. –La verdad no se que hacer con él. Me preocupa mucho porque ya pronto voy a darlo de alta y me temo que tengo que canalizarlo a alguna institución y con el carácter que tiene tal vez no se adapte o que no lo acepten en ningún sitio. Realmente usted es mi última esperanza.

-Ya le tomó cariño.

-Sí … no se como explicarlo, pero algo muy dentro de mí me dice que lo tengo que proteger.

-No se preocupe, no importa su mal carácter puedo manejarlo.

La chica se adelanta para hablar con el muchacho.

-Hola Peter Pan. –Pero aquel chico la mira con molestia.- Mira, te compre un oso de peluche.

-No lo quiero y no me llamo Peter Pan.

La chica le muestra la lengua.- Mira niño feo, la verdad es que no te lo iba a dar, pero te pareces mucho a mi pequeño hermano. No me gustaría que él estuviera solo en este hospital tan grande lleno de doctores gruñones.- Dijo soltando al osito junto al muchacho.

Las palabras "pequeño hermano" hicieron que el joven se relajara y le prestara un poco de atención.

-¿Qué edad tiene tu hermano?

-Va a cumplir 22.

-Ya está muy grande.

-Aunque tuviera 100 años yo no lo dejaría solo en un hospital sin un osito que le haga compañía.

De mala gana tomó al oso. –Muchas gracias por el presente.

-Qué sorpresa, Peter Pan es educado.

-Que no me llamo Peter Pan.

-¿Conoces el cuento?

-Sí

-Entonces sabes que a los niños que se caen de la cama las hadas se lo llevan a un mundo fantástico. Apuesto a que te caíste de la cama y a causa de un hada despertaste en este lugar tan raro.

El muchacho se quedo meditando un buen rato. Abrazo sus rodillas y le dieron ganas de llorar, pero puso todo su esfuerzo en no dejar rodar las lagrimas. Este gesto le provoco una infinita dulzura a la mujer, pues no mintió cuando dijo que le recordaba a su pequeño hermano.

-Sabes qué, podemos cantar una canción para alejar la tristeza. ¿Hay alguna que te sepas?

-Martinillo, Martinillo …- Comenzó a cantar el chico.

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La casita del árbol

El amanecer ilumina a todos avisando que ya es otro día. Pero dentro de la cueva el sol no entra a importunar al pelirrojo que continua roncando y entre sus brazos yace el inconsciente rubio.

Esta cueva es especial, la entrada está oculta por un árbol de olivo, y por todas las paredes se pueden ver las raíces; en este sitio corre una energía extraña, dulce, calida y apacible. Aunque se este muy lastimado, la energía lentamente sana las heridas, aunque tengas mucha hambre y sed, la energía te sostiene para que continúes con vida. Las tormentas y las nevadas no importan, aquí dentro siempre es confortable. Aunque es profunda y la luz del sol no puede entrar, hay una tenue luz que pareciera mágica.

Si se sigue un pasadizo se llega a una gran galería que da a un lago subterráneo, que parece ser la fuente de la energía de este milagroso lugar.

Tal pareciera que es la morada de una Diosa cuya fuerza resguarda este sitio, pero ese poder no es constante. Las primeras veces, cuando el pelirrojo se daba cuenta que ya no la percibía se asustaba pues ya no estaba para protegerlo y tenia miedo de ya jamás sentir esa presencia. Para su fortuna, después de descansar suele volver.

Objetos hay por todos lados, más que una cueva es una casa. Es el refugio del chico pelirrojo. Por eso en un rincón hay muchas latas de comida, ropa, medicinas y cobertores. Pero también hay juguetes, carritos, comics de la liga de la justicia, muñecos y un oso de peluche.

La primera vez que el pelirrojo estuvo en este lugar, llegó tan maltrecho como Hyoga, en esa ocasión, la mágica energía inundo la cueva, y cuando las heridas de su cuerpo se cerraron su fuerza disminuyo y a veces desaparecía. Por mucho tiempo se la paso tirado a causa de la depresión y el miedo. Tardó en reunir el valor para irse. La diosa mágica que aquí lo había traído no siempre tiene fuerzas, el silencio y la soledad lo enloquecían, el hambre y la sed no se calman con magia.

A causa de eso el pelirrojo usa este lugar únicamente como refugio temporal.

Son más de las tres de la tarde cuando el chico pelirrojo comienza a despertar y aún así se siente muy cansado. No se extraña del calido cosmos pues lo esperaba. Contempla al hermoso rubio que ya adora y que en estos momentos no es muy bonito por los golpes que ha recibido. Un calido y muy débil resplandor lo rodea, es la energía de este lugar que ya esta trabajando en sanarlo.

Pese a que se siente muy cansado y con dolor de cabeza, se obliga a hacer el esfuerzo. Un nudo se le forma en la garganta pues quiere llorar al ver lo lastimado que está el rubio. De inmediato pone manos a la obra.

Busca una esponja, agua y vendas; aunque la energía mágica ya esta trabajando en sanar las heridas del rubio no está de más procurarle cuidados.

Revisa la extensión de los golpes y quemaduras, ahora que lo está inspeccionado seriamente el pelirrojo piensa que lo mejor seria llevarlo a un hospital, pero eso no es posible, en estos momentos, cada hospital de este país debe de estar siendo revisado por los hombres de Tatsumi que buscan con desesperación al rubio. Por eso se alegra de que este lugar es mágico y que ya está sanándolo.

Comienza a pasar la húmeda esponja limpiando el rostro, cuando nota una herida peculiar en el labio, trata de pasarla por alto, al seguir atendiéndolo encuentra otra similar en el cuello, sigue en su trabajo pero el miedo lentamente empieza a apoderarse de él al hallar otras marcas extrañas.

No recuerda mucho de lo que paso anoche, cuando comienza a brillar tiende a perder la noción de lo que pasa a su alrededor, sobre todo cuando el cosmos de la diosa lo invade. Aun así, recuerda cosas vagas.

Con un poco de trabajo logra recordar al sujeto que encontró frente a la celda en la que se encontraba el frágil rubio. Estaba a medio vestir. Cuando logró derribar la puerta notó la ropa en el suelo … y … y … su hermoso rubio golpeado y maltrecho… apenas conciente … totalmente indefenso, aterrado, llorando y orando …desnudo.

El corazón del pelirrojo se encogió de miedo. Había empezado a imaginar lo que había sufrido el rubio antes de que llegara. Volvió a revisar el cuello, sin duda eran marcas de dientes.

Lleno de miedo salió de la cueva buscando alejarse del rubio y es que a su mente vinieron las pesadillas que tuvo días antes. Una mujer pelilila le suplicaba para que fuera a rescatar al rubio, pero él no quería, se negó rotundamente a causa del temor que siente hacia Tatsumi y sus hombres. A él también lo lastimaron y aún quedan vestigios en su cuerpo de la tortura de la que fue objeto. Por eso, aunque esa bella hada pelilila le rogaba él se negaba. Sus sueños se volvieron más angustiosos cuando empezó a ver en ellos lo que le hacían y el tormento que le provocaban al rubio.

Escuchaba los suplicantes gritos de Hyoga, las golpizas y el encierro en el ataúd de metal y también tuvo unos sueños que le parecieron confusos, en ese momento no entendía pero ahora, le queda claro que ese cerdo, había puesto sus manos sobre el rubio.

-Vuelve … vuelve. Le pide la suplicante voz de la diosa.

Pero el pelirrojo seguía huyendo pues no quería enfrentar eso, se sentía culpable, por cada día en que se negó a ayudarlo.

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Fuente mágica

Esas manos que lo recorren y que le causan repulsión. Lo queman, lo ensucian. Llora y suplica. Está atado con cadenas que le impiden defenderse, que les facilita a los otros lastimarlo. El peso de Ion lo vence, no puede hacer otra cosa más que soportar la agresión.

Cada célula de su piel grita por el dolor. Grita internamente hasta despertar.

Poco a poco sus fuerzas vuelven, abre los celestes ojos lleno de dolor pero no entiende el sitio en el que se encuentra. Sus sentidos están aturdidos, la piel le duele, un fuerte zumbido taladra sus oídos y su visión se ve entorpecida por manchas de colores. No sólo eso, ver le duele y mucho. Es como si la luz que entra por su retina se convirtiera en lanzas.

Insiste en tratar de ver por lo reconfortante de este lugar.

Tiene noción de haber vivido algo como esto, le parece recordar haber sentido una energía igual. Como las otras veces cuando intentaba recordar, el dolor de cabeza lo ataca, pero esta vez con menos intensidad por lo que persiste en buscar en sus memorias. Había una fuente blanca, tal vez de mármol, en el centro una escultura de una mujer en oración. De sus manos juntas brotaba la calida agua. Alguien lo llevaba en brazos y con mucha delicadeza lo recostó en la fuente. No fue el único al que depositaron ahí, había otros a su lado…(*1)

El dolor de cabeza no lo deja pensar más y las fuerzas lo abandonan.

Dormita y se ve acosado por Ion, el abuso del que era victima jamás llegó tan lejos como esa noche. Despierta llora y abraza sus rodillas, escucha una mágica voz que trata de consolarlo, pero no hay consuelo, cierto, no se concretó pero eso no alivia el dolor que siente.

Vuelve a dormir, pero sigue acosado por los recuerdos, el encierro, los golpes, el ataúd de metal, la tortura de las descargas.

Despierta.

Llanto de nuevo.

Un largo, largo llanto. Escucha pasos, hay alguien que se inclina tratando de envolverlo con una manta, pero el pánico se apodera de el rubio pues cree que van a atarlo de nuevo. Que otra vez comenzara la tortura. Consiente de su desnudes intenta luchar y suplica con lagrimas que ya no le hagan más daño. Su débil estado es él que lo vence, sólo alcanza a ver el cabello rojo y a percibir un aroma a sal, a mar, que lo reconforta y aunque vuelve a caer profundamente dormido en brazos de ese pelirrojo, las pesadillas ya no lo acosaron.

El pelirrojo lo levanta y lo lleva a la parte más profunda de la cueva, al lago donde la energía es más fuerte, ahí entre las aguas, se acomoda con su rubio en brazos, deseando que el calido cosmos cure todo el daño que le hicieron.

-Nadie te volverá a lastimarte mi hermoso cisne. Te lo prometo.

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El chico del casco

-Son unos imbeciles. Unos inútiles. –Grita Tatsumi al ser informado de la fuga del rubio. –¿Dónde está Ion?

El hombre calvo recorre el lugar vociferando maldiciones de todo tipo mientras busca al esbelto pelinegro de Ion. Por fin lo encuentra revisando las cámaras de seguridad.

-¿Cómo vamos a contactar a Atena si ya no tenemos a Hyoga? –Reclama furioso.

-Cálmate Tatsumi, tenemos otro caballero.

-Que no sirve para nada, tus estúpidos compañeros lo dejaron en coma, será un milagro si despierta.

-Pues encontraremos otro, aún nos faltan dos por hallar y claro el que se te escapo.

-Hyoga es el indispensable. El único que nos sirve y lo dejaste escapar, así nunca encontraremos a la señorita Saori. Hyoga es la única esperanza que me queda, el único que era manejable y ya despertaba el cosmos y lo perdimos.

Localizar a la señorita Saori es lo único que le interesa al hombre, por ella es capaz de venderse al mismo diablo, por ella es que ha hecho pacto con los caballeros negros.

-Calma Tatsumi tuvimos un gran avance.

-¿Un gran avance?

-Observa.- Y pone una parte del video de seguridad que muestra al personal paralizado y al chico del casco caminando buscando una manta, sin que nadie mueva un dedo.

-Bola de inútiles no hicieron nada.

-Tatsumi, eres tonto o te haces, nota el resplandor que lo envuelve.

-Cosmoenergía.

-Sí, pero esa energía capaz de paralizar a todos no proviene de él, es alguien muy poderoso, es una diosa. La diosa Atena. –Tatsumi lo mira confuso.- Ella está con él, ella lo está guiando y si los encontramos sabremos donde está.

La ira de Tatsumi disminuye ante esta pista. Si el cosmos de Atena está con ellos entonces es posible localizar a su señorita Saori.

Ion sigue contemplando el video, si al menos hubieran visto el rostro del motociclista, pero lo único que tienen es una moto destrozada y la espada de madera.

-La motocicleta fue robada en la zona comercial de Tokio hace tres días, pero ningún video de seguridad pudo registrar su rostro porque el maldito ya llevaba el casco. Y por los guantes tampoco tenemos huellas dactilares. Sabemos por la moto que se detuvo en un hotel de paso antes de venir aquí, pero de igual manera se oculto muy bien de las cámaras y por supuesto firmó con un nombre falso.

-Déjame adivinar, Wally West o Bruce Wayn o Clark Kent.(*2)

-Clark Kent.

-Pensé que usaría a Wally West pero no es tan estúpido como pensaba, Clark Kent es mucho más común.

-Sí, imposible de rastrear, es increíble el ego que tienen algunos, cuando realice la búsqueda de personas que firmaron bajo el nombre de Clark Kent me salieron cientos. Ya no hablemos de Superman, no puedo creer que la gente se registre así. Lo único bueno es que ya sabes quien es.

-Sí … tenia que ser precisamente él.

En tanto afuera de la cueva, el pelirrojo se sienta bajo un árbol para llorar. Se sigue recriminando el no haberse presentado antes al rescate de Hyoga. Y es que no lo iba a hacer hasta la noche de pasado mañana, pero la angustia en su corazón fue tal que adelanto todo.

Tras vendar las heridas del rubio y dejarlo bien arropado; salió a tomar aire, a llorar y a revisar los mensajes del celular.

"¿Aioria donde demonios estás?

"¡Aioria con un carajo contesta!"

"¡Aioria se te hace tarde!"

"Shinatora tuvo que cubrirte Aioria. ¿Donde carajos estás?"

"¿Vas asistir la próxima semana? Te lo advierto Aioria si te anuncian y no vas, te pueden expulsar y adiós dinero fácil. Tienes suerte de que Shinatora te cubriera."

"Aioria habla Shinatora, en cuanto puedas márcame. Kuma esta furioso porque no te presentaste.

-Que estúpido.- Se regaña el pelirrojo y es que por ese compromiso estaba postergando el rescate de Hyoga. Necesita el dinero, esa es la realidad pero ahora que no puede dejar de pensar en lo mal que la paso el rubio y se le hace una estupidez muy grande el haber esperado tanto. Enfadado consigo mismo, se recuerda que ahora más que nunca necesita dinero. Así que hace una llamada. - Shinatora, habla Aioria, puedes hablar con Kuma, dile que me caí da la moto y que por eso no me presente, estoy bien, después te explico.

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Heridas bajo las plumas del cisne

-¿Se te escapó el pajarito de tu jaula?- Dijo una mujer rubia en tono burlón.

Ion la ignoro. Está sentado tras su escritorio contemplando los videos de seguridad en su computadora.

-¿Al menos pudiste divertirte un rato con él?

Ion sigue sin prestarle atención, odia y detesta a Salome, por mujeres como ella es que prefiere a los hombres.

-¿No pudiste? Ya sabia que aquello no te funciona. Con lo rico y desestresante que es coger hasta el cansancio.

Salome se sienta en el escritorio con las piernas abiertas para darle un gran vistazo, aunque Ion sigue sin prestarle atención. Ella usa el cabello corto, en el clásico peinado de honguito. Su cuerpo voluptuoso es resaltado por el mini vestido que usa, maquillaje perfecto, labios carnosos y rojos. Mirada lasciva.

Ella es sin duda la Andrómeda negra, pues si bien la Andrómeda del mito fue una virgen que se sacrifico por su pueblo, está es la prostituta que saca provecho de cuanto hombre mete en su colchón. Por eso siempre anda buscando con quien acostarse.

-No pienso coger contigo.

-Tú no me sirves ni para el arranque. –La mujer se levanta.- Ni en el colchón ni en el campo de batalla.

Estás últimas palabras hicieron enfurecer a Ion porque es verdad, Salome es poderosa y si se enfrentaran ella le daría una paliza. Por su parte la rubia sale a buscar a alguien con quien entretenerse.

Ion decide olvidarse del mal rato que le hizo pasar. Lo más importante ahora es recuperar a Hyoga, Tatsumi tiene razón, es el indicado pues es débil y manipulable. En cuanto al chico del casco, lo mejor es matarlo, no conviene un caballero que está tan conectado a Atena. Lo único que quiere es averiguar en que lugar están selladas las armaduras, ¿qué cosmos les impide crear nuevas sombras? Las armaduras negras se destruyeron por un cosmos extraño y que además parece no querer nada con la tierra. El trono esta vació y con una sola armadura bastaría para reclamar el control de todo lo que fue el reino de Atena.

Por eso Hyoga podría ser la llave del éxito.

Debe de estar en un hospital, su condición es precaria, no sobrevivirá sin atención medica. Tiene lesiones múltiples a causa de la golpiza que le propinó Tatsumi más los choques eléctricos. Está seguro que sin vigilancia medica le puede ocurrir una depresión general de sus funciones lo que lo llevaría a la muerte.

Sobretodo contando que sus órganos internos están lesionados, sin aparatos médicos no podría saber que está mal. Las heridas internas provocarían un choque completo a su sistema. A estas horas debe de estar presentando un grave cuadro de Hipotensión, también deficiencia de oxigeno en el torrente circulatorio, arritmias e insuficiencia cardiaca.

Los doctores de la fundación habían estado previniendo todo eso. Le suministraban soluciones salinas, oxigeno, adrenalina. Pero ahora que el chico del casco se lo llevó, pronto empezarán a verse los daños, se asustará y no tendrá mas remedio que llevarlo a un hospital para que lo atiendan en urgencias o resignarse y verlo morir.

No sólo eso, tiene lesiones causadas por el frío. Cuando después de muchas descargas eléctricas, el dolor lo hacia encender su cosmos y la parte interna del ataúd se congelaba, lo dejaban allí dentro. Presenta quemaduras por hielo con ampollas, algunas de esas heridas ya empezaban a infectarse. Los músculos se congelaron y las lesiones le causarán mucho dolor. No lo sentía por que estaba medicado, pero ya paso la hora de su dosis y entonces el dolor lo hará presa.

Sin mencionar que su cuerpo ya es adicto al cóctel de sustancias que le inyectaban. Medicina siquiátrica para tenerlo controlado, Toracina y haroperidol. Barbitúricos como el pentobarbital y el diacepam. En horas podría presentar síndrome de abstinencia. Temblara, tendrá taquicardia, convulsiones, luego el coma y la muerte.

Iluminado por la fría luz de la pantalla, los ojos de Ion brillan por la certeza de sus predicciones. Hyoga pronto caerá en estado de choque y el chico de la moto no tendrá más remedio que salir de su escondite en busca de un hospital y cuando eso suceda los atrapará. Ese cisne volverá a la jaula, seguirá siendo el ratón de sus experimentos y una que otra diversión.

Y efectivamente, en estos momentos, en los brazos del pelirrojo, el rubio tiene la palidez de un muerto, está frío, tiembla y tiene problemas para respirar. El pelirrojo no puede hacer nada salvo confiar en la energía de este lugar. Tiene tanto miedo por lo mal que Hyoga se encuentra que está pensando en salir y buscar un hospital. Mas el miedo que le provoca Tatsumi y sus hombres es lo que lo detiene. Hace lo único que puede hacer, nuevamente lo lleva al lago y lo sumerge en las milagrosas aguas, lo arrulla con una dulce tonada esperanzado de que a pesar de la inconciencia el ruso pueda escucharlo y entender que lo esta cuidando, que no lo dejará desamparado.

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La búsqueda del cisne perdido

En cada hospital del país, los hombres de la fundación Graude buscan al cisne. Todo chico rubio, todo paciente de urgencias, es revisado por alguien que furtivamente se ha metido al hospital.

Aun las clínicas pequeñitas son revisadas.

Así de grande es el poder de la fundación. Tener el cabello rubio se ha vuelto una maldición, cuando encuentran alguien que encaja en la descripción, algo misterioso pasa, la seguridad de los hospitales se ve violada, cámaras de seguridad se apagan, gente extraña entra y sin que nadie pueda detenerlo se llegan a secuestrar al paciente.

Con algo de suerte lo encuentran con vida … sin ella, se prepara el funeral y todo porque se tiene el cabello rubio, se llego herido de gravedad, con algunas quemaduras y fracturas. Eso basta para que se tome la decisión.

Pero no importa cuantas piedras volteen buscando al cisne, no pueden encontrarlo, porque el pelirrojo es prudente, porque sabe a lo que se enfrenta. No importa que tan mal se ponga Hyoga, no saldrá de su escondite pues confía en el cosmos que los protege y que lo está sanando.

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Dulces arrullos

Unos días después. Al rubio la conciencia y la inconciencia le son la misma cosa. Por momentos despierta pero con sus sentidos tan aturdidos por todas las drogas que le habían suministrado, no logra registrar nada coherente, no sabia que había ocurrido, no sabia que por fin estaba lejos de Tatsumi y sus hombres. Tiene frío, nauseas, dolor. Cuando escucha algo se aterra, siente que aún está en esa celda, que vendrán y seguirán golpeándolo y torturándolo. Balbucea pues en ese estado no logra articular palabras y aún así, suplica por que ya no lo lastimen más.

Cuando duerme, percibe a Ion encima manoseándolo como siempre, las imágenes de todo lo que padeció lo aterran y entre sueños grita tan lleno de miedo que el pelirrojo corre para envolverlo entre sus brazos. Hyoga despierta y al sentirse sujetado grita aún más a causa del pánico, lucha con todas sus débiles fuerzas por soltarse, por lo que el pelirrojo no para de arrullarlo. Entonces algo sucede. Una luz, una certeza se forma en la mente Hyoga. A Ion siempre lo sintió humillante, su contacto y aroma le causaba repulsión. Ahora en cambio la sensación es completamente distinta y es algo que no puede entender.

Hace el enorme esfuerzo por ver a la persona que lo sujeta. Los ojos se llenan de lagrimas y las manchas de colores le estorban, pero aun así alcanzo a percibir el cabello rojo y los ojos azules. Se siente seguro y protegido. Sentimientos que no había experimentado desde que piso suelo japonés. Pero hay algo más que no puede precisar. Las fuerzas le fallan, vuelve a caer dormido y con delicadeza el pelirrojo lo recuesta sobre un montón de mantas. Siempre acomoda al osito de peluche entre sus brazos.

Las cosas para el chico no son fáciles, Hyoga necesita muchas atenciones, si bien el mágico cosmos se ha enfocado en sus heridas internas y hacerle más llevadera la desintoxicación, lo cierto es que el rubio ha padecido fiebres severas, delirios, alucinaciones y convulsiones. Le duele todo, principalmente las quemaduras por el frío. Hay que estarle limpiando sus heridas, cambiándole los vendajes, revisando su temperatura, entre otros cuidados que el pelirrojo hace con amor.

Es sólo que le duele verlo tan vulnerable, si al menos Hyoga ya estuviera conciente de que ya está a salvo. A veces medio despierta cuando lo está bañando o lo está curando. Entonces comienza a llorar y a suplicar que lo suelte, que no le haga daño. Pide que no lo metan a la caja, otras que ya no lo golpeen, pero en otras el estomago le arde en furia al pelirrojo, pues Hyoga llora a mares mientras le suplica a Tatsumi que ya no le cause más dolor y sobretodo cuando menciona a un tal Ion, Hyoga siempre pide que lo suelte, que se detenga.

Le cuesta mucho trabajo controlar sus emociones y lo hace sólo por que Hyoga lo necesita. Aunque quiera llorar o maldecir, ordena sus pensamientos toma al lloroso rubio entre sus brazos, le habla con voz suave y lo arrulla.

Así entre delicados arrullos Hyoga va dejando atrás sus miedos al menos por ratos y va pasado los días.

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Tus lagrimas y las mías

Carcajadas. Voces burlonas. Ya vienen de nuevo a martirizarlo. Tiembla lleno de miedo. Una venda cubre sus ojos, sus manos y pies están atados con cadenas que casi no lo dejan moverse.

-¡No me lastimen!- suplica el rubio.

-Adivina a dónde vas a ir. –Le pregunta alguien.

-A la caja.- Contesta otro.

-No … la caja no, por piedad. –Llora el rubio.

Poco importa, lo levantan y lo llevan a rastras. Entre burlas Ion comienza a quitarle la ropa.

-Te aseguro que la voy a pasar muy bien.

Sus manos recorriéndolo lo lastiman. Entre llanto comienza a forcejear por soltarse, por quitárselo de encima y entonces algo pasa, puede moverse. Trata de levantarse y correr pero no lo logra al primer intento, está demasiado mareado. Trastabillando busca una salida, hay una luz y por todos los medios intenta llegar a ella pero escucha pasos, sabe que alguien viene.

-¡Espera!

Alguien lo sujeta del brazo y empieza a gritar lleno de terror. Por primera vez puede moverse y defenderse y eso enciende algo en él, algo que desconocía totalmente, su espíritu de lucha, que de inmediato lo hace reaccionar y suelta un golpe, pese a eso aquel insiste en sujetarlo. Hyoga es un ave que aletea con todas sus fuerzas buscando elevarse por los cielos y escapar. Por lo que el otro lo levanta en brazos abusando de lo débil y mareado que aún está el rubio. Todavía así Hyoga no se amedrenta, patalea y forcejea con tal fuerza que ambos caen.

Le cae encima y eso dispara los recuerdos de Ion sobre de él. Con más fuerzas grita, logra darle un golpe que lo aturde y el rubio de inmediato intenta salir corriendo nuevamente. Estaba levantándose cuando lo sujetan por la cintura haciéndolo caer.

Antes de que pudiera hacer algo, el otro de inmediato se coloca encima. Sujeta sus manos obligándolas a bajar.

-¡Calma! –Le pide.

-¡No! ¡No me toques! ¡No otra vez! –Chilla el rubio al ser derrotado.

Todo lo que le hizo Ion vino a su mente, toda la impotencia, el asco y la humillación, por lo que sigue gritando que no lo toque mientras insiste en forcejear.

Hyoga en estos momentos no entiende nada, salvo que alguien ha puesto todo su peso encima para controlarlo. Eso hace que el pánico aumente. Esos recuerdos de Ion quitándole la ropa y su voz diciéndole que se va a divertir, lo invaden tanto que siente que eso esta pasando nuevamente.

-¡No! ¡no me lastimes más! Por favor. –Dice antes de dejar de luchar y llorar a mares.

Viendo que ya no va a pelear el pelirrojo se separa un poco del rubio, se apoya en sus rodillas y en sus manos. Trata de acariciar sus dorados cabellos pero ante el contacto el chico vuelve a gritar pidiendo que no lo toque.

Contemplar al rubio llorando le es un dolor en el corazón, grita aterrado ante cualquier contacto. Está muy desorientado, debió estar soñando y al despertar no fue capaz de distinguir la pesadilla de la realidad. El pelirrojo estaba haciendo algo de comer cuando de repente vio a Hyoga caminando sin sentido y totalmente perdido.

Prudentemente se levanta para ir por una manta con que cubrirlo pensando que eso tal vez lo ayude a calmarse y es que el rubio está vestido únicamente con unos boxers y por supuesto un montón de vendas.

Mientras se va Hyoga gatea hacia un rincón. El otro regresa con una manta y se encuentra con un tembloroso rubio, encogido pegado a la pared como si esta pudiera protegerlo. Cuando vio que el pelirrojo se acercaba el pánico nuevamente hizo presa de él.

Y es que la mente todavía está muy confusa a causa de tanta droga que le estuvieron suministrando, por eso no se da cuenta que está en un sitio seguro y no en el sótano de la mansión Kido.

-Por favor no me hagas daño.- Suplicó temeroso el ruso. –Me portare bien, pero no me castigues. No me metan en la caja otra vez, por piedad.

-Calma.- Dice el pelirrojo arrodillándose frente al rubio, al tiempo que le extiende la manta. –Estás lejos de Tatsumi, estás a salvo.

Pero el chico sigue temblando y llorando. Tiene mucho miedo, sabe perfectamente que en su condición no es capaz de defenderse y ha sufrido tantos tormentos y vejaciones en total impotencia que ahora no hay modo de que pueda calmarse. El pelirrojo se levantó y extendió los brazos para cargarlo, y el rubio de nuevo se aterrorizó. Se detuvo un momento sin saber que hacer, por fin se decidió y abrazó a la fuerza al rubio, quien gritaba y forcejeaba aterrado. Pero el pelirrojo comenzó a tararear una canción.

"Martinillo, Martinillo ¿dónde estás? ¿dónde …

Hyoga poco a poco se fue calmando y es que la sensación fue muy intensa. Algo muy dentro de él le dice que no debe temer. Y es que es todo en ese chico, su voz, su aroma incluso el tacto. Entonces aquella certeza le dio el valor para tomar con ambas manos el rostro del pelirrojo y examinarlo.

Aquel se paralizo ante este gesto, y es que, aquellos ojos azul cielo que lo escudriñan con duda y lo llenan de miedo. Sobretodo cuando la duda se convierte en certeza, para luego ser una palabra.

-¿Se … Seiya? ¿eres tú? – El otro no contesto pero las lagrimas comenzaron a brotar sin control. –Seiya.

El pelirrojo se derrumbó. Hacia mucho que no escuchaba esa palabra, hacia mucho que aterrado por los hombres de Tatsumi ha estado huyendo hasta de su nombre y su identidad.

Y Seiya lloró por horas en el regazo del confundido Hyoga.

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Un nuevo escondite

En todo este tiempo no había vestido a Hyoga por que no tiene ropa de su tamaño. El rubio es al menos dos tallas más grande. Aunque también influyó el hecho de que tenia que estarle cambiando las vendas constantemente. El ruso ni se enteró que lo vistieron, ni que como medida extra, le han teñido el cabello de azul pastel, ni que abandonan la cueva, ni que viaja en la espalda del pelirrojo cubierto por una manta.

Hyoga está extremadamente débil porque el cosmos que lo sanaba y le brindaba fuerzas ya dejó de hacerlo. Ese momento en que se puso de pie y en que ambos forcejearon fue lo último en que el cosmos del lugar lo alimentó. Ahora depende de sus propias fuerzas. El pelirrojo esperaba el fin este período para dejar la cueva.

Lo lleva por un sendero del bosque, harían menos camino si salieran y siguieran la carretera, pero el pelirrojo jamás baja la guardia, evade cámaras de seguridad y personas. El poder de la fundación Graude es inmenso y cualquier reporte de un chico maltrecho llamaría la atención.

Antes de animarse a ir a rescatar a Hyoga había planeado mucho todo, pero sentía que casi se le estaba yendo de las manos. La primera semana la pasarían en la cueva en lo que el mágico cosmos sanaba al ruso, por eso aunque siempre guarda provisiones para cualquier emergencia en la que se tenga que esconder allí, llevo más, pero Hyoga llegó demasiado mal, vendas, alcohol, no fueron suficiente. La ropa que le acaba de poner apenas si le queda y eso sólo porque está muy bajo de peso, y se quedaron casi dos semanas ahí por lo que las provisiones se acabaron.

Conocía un chico riquillo que le podía prestar una casa de descanso cerca del mar, en un sitio muy tranquilo. Pensaba que para entonces Hyoga ya estaría más consiente y habría podido prevenirle de varias cosas, como la de no decir jamás sus nombres o lo que le había sucedido. Advertirle que no podían confiar en nadie porque la fundación Graude los perseguía. Haberle pintado el cabello era una precaución mínima. Su corte de cabello, sus ojos y sobretodo su condición lo delataban ante ojos que sabían que buscar.

Lo peor, era que esperaba quedarse en esa casa ellos dos solos, por pocos días, que nadie sabría que estaría allí con alguien herido, pero ahora en cambio, es probable que tenga que pedirle más favores a Shinatora. Y es que Hyoga no está en condiciones de que lo dejen solo, y él necesita comprar muchas cosas, para empezar ropa, medicinas, comida.

Tras mucho peregrinar al fin encontró la casita, se dispuso a acomodar a Hyoga en una espaciosa y suave cama, estaba desvistiéndolo cuando notó que el rubio despertó. Esto le sorprendió pues por primera vez Hyoga no se asustó, ni lloró, si no que al contrario estaba cooperativo. Por fin entendió que está a salvo.

En cuanto lo arropó el rubio se enroscó en ovillo y se escondió bajo las mantas. No hubo necesidad de que le dijera nada, evidentemente se siente mal. Sin el cosmos que lo procuraba, Hyoga ahora siente el dolor de las heridas, pero al menos no es un dolor intenso. Además de que está extremadamente cansado.

Estaba por dejarlo solo en la habitación cuando el ruso intentó levantarse abruptamente.

Ambos se miraron pero no se dijeron nada, aún no saben como actuar el uno frente al otro. Hyoga bajó la mirada avergonzado. El chico como toda respuesta lo arropó en la cama pero acomodo un osito de peluche junto a él.

De nueva cuenta se dio vuelta pero mientras se retiraba tarareaba en voz alta para que Hyoga pudiera oírlo y supiera que estaba cerca. Y es que Hyoga no tuvo que decirlo, sabe que aún está tan asustado que tiene miedo de quedarse solo y desamparado. A él le paso lo mismo cuando escapo de Tatsumi, por días tuvo miedo hasta de su sombra y aún hoy el miedo que le inspira le roba el sueño.

Por su parte escuchar el tarareo de Pegaso lo calma bastante. Está agradecido por esta atención y es que se siente protegido por el chico. Se queda meditando en todo lo que ha pasado. No puede evitar que las lagrimas caigan al recordar todo el infierno que vivió. Esa maldita caja en donde lo encerraban para torturarlo y sobretodo el acoso de Ion. Aquellos momentos previos antes de que Seiya llegara a rescatarlo.

Se lleva las manos a la boca para callar el llanto. Recuerda los maltratos, las burlas y sobretodo sus suplicas. Por los dioses, suplicó tanto en medio de su martirio. Se había ahogado en la desesperación y sobretodo en el asco que le provocaba el contacto con Ion. Y en eso estaba cuando sintió que acariciaban su cabello.

Poco le falto para gritar completamente aterrado, atrapado en el recuerdo de Ion, pero el arrullo de Pegaso lo detuvo.

Este, tras ver eso ojos celestes tan llenos de pánico, movió un mechón y deposito un dulce beso en la frente del cisne, antes de irse a acomodar en un sillón, en un rincón de la habitación.

Hyoga se llevó las manos a las frente sorprendido. Contempló al chico que se envolvía en unas mantas y se preparaba para dormir. Quería decirle algo, pero simplemente no pudo encontrar palabras.

Abrazó al oso y aún sorprendido, pensando en ese gesto Hyoga lentamente se deslizó al sueño.

Seiya también durmió un largo rato, y es que estaba bastante cansado por el traslado. En cuanto se despertó contempló un momento al ruso dormir, realmente le inspira gran ternura. El pelirrojo se levanta y como si estuviera haciendo un sacrificio muy grande toma el teléfono para hablar con Shinatora.

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Sin respuestas

A la mañana siguiente Hyoga despierta pero su mente aún anda muy aletargada. Se había quedado varios minutos con la mente en blanco cuando de pronto recuerda el beso en la frente y se lleva las manos a esta. Y es que fue muy curioso, sintió a Seiya como un niño pequeño que cree que sus besos son mágicos y son capases de curar todo.

En estos momentos se siente muy pequeño e indefenso, así se sintió todo el tiempo que estuvo encarcelado por Tatsumi y eso le producía un malestar amargo en la boca del estomago. Sin embargo ahora, realmente esta sensación no le molesta, al contrario se siente bien. Así se sentía cuando vivía en el asilo, cuidado por los religiosos. De inmediato recordó al padre Abraham que solía llamarlo "niño perdido", y es que como sus memorias no llegaban más allá de los ocho años, Hyoga realmente tenia la madurez de un niño cuando lo dejaron bajo su cuidado.

Busca al pelirrojo, no está en la habitación, pero está cerca pues lo escucha canturreando. Y no pasa mucho tiempo hasta que este entra con un tazón con fruta picada. De nuevo se quedan mirándose el uno al otro porque todavía no saben que hacer, se cohíben como un par de niños ante la situación.

Hyoga está perdido en los ojos azules del pelirrojo. Sabe con seguridad quien es, pero hay algo que no concuerda. No es sólo el desordenado cabello que cae hasta los hombros con ese color rojo en lugar de castaño, tampoco el color azulino de sus ojos que muy seguramente es producto de unos pupilentes, porque reconoce las facciones, el aroma, su voz, incluso su tacto, todo le grita que su nombre es Seiya y lo infinitamente cercanos que son. Lo que lo confunde, es lo que hay en su mirada, una gran furia y odio profundo hacia algo, como si la cólera que siente no tuviera fin. Eso era lo que lo hacía irreconocible, cierto que se comporta muy amable y hasta hay amor en cada mirada que le dedica, pero también están muy adentro de él esos sentimientos. No puede evitar sentir tristeza por ese hecho, porque sabe que antes él no se sentía un odio así.

-Seiya … - Por fin trata de iniciar la conversación.

-Luego hablamos.- Contestó el pelirrojo incomodado.- Ahora come antes de que caigas dormido. Mira fruta y no es de lata. Hasta le agregue miel para que te sepa mejor.

Y mientras saborea la fruta Hyoga no puede evitar recordar esos días horribles que paso. Prácticamente no lo alimentaban y las veces que lo hicieron fue un plato de arroz y pan que comió con trabajos porque jamás le quitaban las cadenas. Comía en el suelo y con las manos. Y el hambre. Jamás supo lo dolorosa que está era hasta que la experimento.

-Ya no pienses en eso.- Dijo el pelirrojo al notar los lagrimones que querían caer. – Te juro que te voy a cuidar. No volverás a sufrir así. Ese mal nacido de Tatsumi no volverá hacerte daño. Ya no tengas miedo.

Esa seguridad y convicción en sus palabras le produjeron en Hyoga una profunda nostalgia. Así es el Seiya de las álbum de fotos que le mostró Tatsumi, así es como el corazón le dice que realmente es él.

–Por favor quítate los pupilentes…-Al fin se atrevió a hacer la petición.

El pelirrojo elevó los ojos fastidiado y es que desde que lloró en brazos de Hyoga se ha sentido molesto consigo mismo.

-No

-Anda quítatelos para que platiquemos.

-¿Quieres verme a los ojos para seducirme hermoso cisne?

Hyoga abrió mucho los ojos sorprendido y el pelirrojo se recriminó por ese comentario.

-Sí.- Contesto tímidamente el ruso.

Ante aquella respuesta el pelirrojo de inmediato se levantó a quitarse los pupilentes. ¿Qué fue toda esa conversación? Por qué demonios le preguntó si intentaba seducirlo, y encima le contesta que sí. (*3)

Cuando ve sus castaños ojos en el reflejo del espejo se asusta, desde que vive huyendo ha escondido su color tras los pupilentes al grado que a veces no se los quita ni para dormir.

Aun así cuando voltea a toparse con el ruso este lo recibe con una gran sonrisa.

-Entiendo que me encuentres tremendamente atractivo pero no soy de esos. -Dice el de ojos castaños buscando en el humor una cura para sus nervios.

-Siempre haz sido de esos. –Responde el ruso con singular alegría y perdiéndose en los ojos de su amigo.

-Me sabes algo o me hablas al tanteo.

-¡Ay Seiya! Siempre logras hacerme sentir feliz o al menos eso creo.

-¿Eso crees?

-Casi no recuerdo nada pero desde que sé que eres tú me siento feliz.

-¿Sufres amnesia?

-Sí ¿Tú también?

-Sí … que gran problema que tal si fuimos novios y vivimos un tórrido romance y ninguno de los dos lo recuerda o peor aún, que tal si me debes dinero.

-Seiya me hiciste tanta falta. –Dice entre risas.

Seiya no contestó, de nuevo vinieron las lagrimas y el nudo en la garganta. Desde que escapó de Tatsumi ha vivido un infierno de temor y soledad y ahora como por arte de magia esta aquí bromeando con este chico, sintiéndose infinitamente feliz.

-Necesito unas aspirinas, espérame. –Dijo Seiya secándose las lagrimas

-Yo también.

-¿Te duele la cabeza?

-A decir verdad un poco.

-A mí me han dado ataques muy fuertes cuando mi mente trata de recordar.

-¿Recordar?

-Sufro de amnesia ya te lo dije.

-Yo también – dijo con singular alegría el ruso.

-Lo se, -Suspira.- entonces definitivamente tú no tienes la respuesta acerca de quienes somos.

-Ni tú tampoco.

-Sí pero yo esperaba que tú la tuvieras.

-Y yo esperaba eso de ti.

Y ambos se sonrieron.

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Pesadillas

Cristales rotos. Imágenes confusas. Tatsumi caminando hacia él de forma amenazante con su vara de bambú. Luego el corazón late desesperado mientras sube unas interminables escaleras siguiendo a sus hermanos que visten armaduras. Después ve a un hombre de largos cabellos al cual llama maestro. Luz, la luz cegadora y la voz desesperada que clama porque no lo suelte. El dolor de la tortura a base de descargas eléctricas mientras está atrapado en la caja metálica.

Empieza a escuchar voces, montones de voces que lo llaman.

-Hyoga.

-Cisne Hyoga.

-Te arrepentirás cuando ya no tengas esas alas.

- A

-Esto Hyoga es la esencia de la ejecución de la aurora.

Muchos niños en un gran patio. Una columna que pareciera se eleva al cielo y un hombre peliverde con una cicatriz. Sus gritos de dolor mientras Tatsumi lo golpea sin piedad. Lava por todos lados y un sofocante calor. La caja metálica de la tortura. Una cabaña en medio de la nieve. Ion encima de él. La luz y los gritos. Muchos rostros. La luz. La sensación de estar flotando en el agua. Las risas burlonas de Ion y sus compañeros. Un chico con un casco que lo envuelve en una manta. Tatsumi golpeándolo con saña. Ion encima de él quitándole la ropa.

Los gritos de Hyoga ponen en alerta al Pegaso, que desesperado trata de despertarlo.

-Calma, estás a salvo, mi cisne. Estás a salvo.

Pero Hyoga no puede despertar, las imágenes, las voces, todo lo tortura. Finalmente el recuerdo de Ion se impone sobre los otros.

-¡No, no me toques!- Chilla Hyoga, antes de perderse en unos ojos castaños, que lo miran asustado. Al fin ha despertado, pero no puede parar de temblar. Está en verdadero estado de pánico.

-Fue una pesadilla.- Dice Seiya tratando de consolarlo pero al no tener éxito, se mete en la cama para abrazarlo para ver si así se calma un poco.

-¡Que no me toque! ¡Que no vuelva! –Llora el ruso escondiéndose en el regazo de su amigo.

-Nadie te hará daño.- Dice Seiya más para sí que para el ruso.

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Novios

Seiya despierta. El ruso duerme profundamente entre sus brazos, sin embargo tiene rastros de lagrimas y balbucea algo ininteligible. Debe estar teniendo pesadillas otra vez, era de esperarse, pasará mucho antes de que se recupere sicológicamente del infierno que ha vivido. Así que con cuidado de no despertarlo se levantó. De inmediato va a ponerse los pupilentes, y es que ya no se siente cómodo sin ellos. Bostezando medita entre despertar al cisne o dejarlo seguir. Realmente no le ve el caso de despertarlo porque cada que duerma tendrá pesadillas y en eso está cuando escucha un sonido que lo pone en alerta.

Seiya, caminó hacia la cocina que es de donde proviene el ruido… alguien ha entrado. Tragó grueso, está dispuesto a enfrentarse a lo que fuera pero no regresaría a manos de Tatsumi, no iba a dejar que volvieran hacerles daño a Hyoga o a él. Primero se moría, antes de permitirlo. Tomó valor y entró dispuesto a todo.

-¡ISHIMATSU! –Gritó al ver al chaparro peliazul, aquel grito salido del alma despertó a Hyoga. -¿ ¡QUE CARAJOS HACES AQUÍ! ?

-¡CASI ME MATAS DEL SUSTO!- Le reclamó a gritos el otro.

-¿ ¡YO CASI TE MATO DEL SUSTO! ? –Reclamó en gritos aún más fuertes.- ¡TÚ ERES EL QUE CASI ME MATA DEL SUSTO! ¿ ¡CÓMO TE ATREVES A ENTRAR SIN AVISAR! ?

-Cálmate Aioria. Estuve tocando pero como no abrías y Shinatora me dio la llave, pues entré. No iba a darme otra vuelta hasta acá para traerte estás cosas. –Dice señalando las cajas.

Seiya se insulta y se maldice internamente por haber olvidado algo tan importante. Ya no era sólo su seguridad si no también la de Hyoga la que estaba en juego. Y es que ayer le pidió a Shinatora que le comprara algunas cosas y debió estar alerta para recibirlas.

-Aún así debiste avisar antes de entrar.- Reclama el pelirrojo.

-Claro que avise, pero tu novio y tú dormían tan profundamente que no me oyeron.

-No es mi novio -Y él que no quería que supieran que llegó con alguien.

-Como digas- Dijo entre risas.- Se veian tan tiernos. Durmiendo como benditos. Y la verdad es raro que tu duermas tan profundo y tan tranquilo. Supongo que es el amor.

-… ¿ ¡ ¡ ¡Lo viste! ! ! ?

- Sí, los vi estaban abrazaditos el uno al otro, de hecho tú eras quien lo sujetaba como si tuvieras miedo de que te robaran a tu novio.

-Que no es mi novio y a lo que me refiero es ¿ ¡ si viste como es! ?

-Sólo vi que es un hombre, no vi su cara.

Seiya se tranquilizó, realmente era imposible que lo hubiera visto las vendas, además dado que le tiñó el cabello también ignora que es rubio.

-Así que no me preguntes si creo que es guapo.-Continuo Ishi.- De todos modos no soy un roba novios.

-Que no es mi novi… sabes que ¡Sí! ¡Es mi novio! ¡Y si soy gay es muy mi problema!

Ishimatsu lo miró con una sonrisa cómplice.

-Aioria de nada te servia negarlo, se te nota hasta por los poros. Tú y yo seguimos siendo tan amigos como siempre que a mí esas cosas no me importan.

-¿Qué haces aquí?- Preguntó avergonzado.

-Vine a dejarte las cosas que le encargaste a Shinatora. Para que compraste tanta ropa.

-¿Qué te importa?

-Pues como que te van a quedar un poco grandes

-No tan grandes como a ti enano.- Al ver la sonrisa picara de Ishi se relajó.- ¡Está bien! No son para mí, las compre para … se las compre a mi novio.- Dijo todo rojo.

-¿Y se puede saber como se llama? Porque estarlo llamando novio todo el tiempo como que no es cómodo.

-Camus.- Seiya se sorprendió por la velocidad con que se le vino ese nombre.

-Pues espero que a Camus le quede y le guste porque tarde mucho escogiéndola.

-Ishimatsu … no le digas nada a Shinatora por favor, yo quiero ser quien se lo explique.

-Descuida.

Al escuchar que Ishi se marchó. Hyoga intentó perezosamente levantarse pues aun está muy lastimado y herido; en eso estaba cuando Seiya entró y lo ayudo a sentarse en un costado de la cama.

-¿Escuchaste todo?

-Imposible no escuchar tus gritos.

-Es que tienes un novio muy paranoico…lo siento.

-¿qué?

-Es que…no sabia como explicar tu presencia, además suelo andar mudándome de un lado a otro y pues… perdón.

-No me molesta Seiya. Además el tal Ishimatsu no te hubiera dejado de interrogar si le dabas otra respuesta.

-Supongo.

-Con eso de que se te nota hasta por los poros.- Dice entre risas.

Seiya sonrió.- Bueno que otra explicación le iba dar Ishi a mi comportamiento, cambio de look cada mes, mi cabello ha pasado por el rojo, negro, rosa, azul.

-¿ ¡Rosa! ?

-¡Oye! Cuando estas desesperado por no parecerte a uno mismo pruebas de todo. Era lógico que creyera que soy gay si me da pánico que se me vean las raíces castañas.

-Pudo haberte creído metrosexual.

-Eso lo descartó en el momento en que nos vio dormir abrazaditos. Anda pruébate la ropa.

-…- Hyoga sólo bajó la mirada.

-¿Qué pasa?- Preguntó extrañado del repentino silencio.

-…Tatsumi nos persigue ¿Verdad?- Dice entendiendo la razón por la cual Seiya ahora se hace llamar Aioria y el cambio de su look.

-…sí…

-Tal vez tenga que cortarme y teñirme el cabello también.

-De eso ya me hice cargo.

Seiya señaló al espejo y el ruso se sorprendió de verse con el cabello azul pastel.

-Siento también haberte bautizado como Camus, es que no supe que decir y ese nombre de pronto se me vino y pues…

-Está bien Seiya, a decir verdad cuando me nombraste así, sentí nostalgia. Ese nombre me gusta mucho.

-Aioria, será mejor que te acostumbres a llamarme Aioria. La fundación Graude nos persigue así que ahora somos un par de novios fugitivos. –Dijo bromeando tratando de devolverle el animo.

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Notas de la autora

Me quebré un poco la cabeza pensando que nombres podrían ponerse Hyoga y Seiya, en un principio pensé que Shun y Shiryu, pero la propia historia los descartó como opciones, entonces me dije que la opción lógica para Hyoga es Camus, así que Seiya se nombraría Aioria, dado que ese dorado siempre fue muy importante en su vida.

Sobre el color rojo del cabello de Seiya, también pensé mucho en eso, ganó el rojo, por las portadas de los mangas de Saint Seiya, que por ser acuarelas, el cabello de Seiya va del castaño al rojizo. Los ojos azules fue por homenaje a Fuma no Kojiro, Koji tiene el cabello castaño rojizo, además de que tiene los ojos azules, de allí que este Seiya use pupilentes azules.

De hecho en un principio era Hyoga quien lo tenia rojo, en homenaje a Fao de Bt´x y es que en una de las acuarelas de Kurumada lo tiene rojo, ya después se oficializo rubio el personaje. Pero en Hyoga ganó el azul pastel para que siguiera viéndose tierno el nene.

*1 El recuerdo de la fuente, pues, digamos que es momentos después de la batalla contra los caballeros dorados, es la fuente de Atena, en donde reposan los caballeros después de la batalla. Lo he encontrado mucho en los fics pues parece que sale en una Side history

*2 Soy fan de la liga de la justicia, sobretodo de Flash, que es Wally West. Bruce Wayn es Batman y Clark Kent es superman.

*3 Otra manía mía. En mis fics Seiya y Shun siempre le hablan a Hyoga como si se lo quisieran ligar. Usualmente es un chiste porque Hyoga siempre se cohíbe y se pone rojo, ante sus comentarios amorosos. Por lo que Seiya y Shun siempre se aprovechan de mi patito. Lastima que en estos momentos no recuerdan que así se llevan. Si quieren un ejemplo de esto, les recomiendo mis fics "hermanos" o "Lo que tengo que hacer por ti". Pero no son pareja, mis bronce no se ennoviarán con un chico, ni entre ellos. Todo es juego así que no habrá besitos entre ellos salvo en la frente. Ok siempre he dicho que si algún día hago a Hyoga gay lo emparejaría con Seiya. XD pero este no es el caso … aunque se le acerca.

Bueno si no fue evidente este capitulo es un homenaje al cuento de Peter Pan, las cosas que me gustan siempre las meto en los fics, cuentos, libros, películas, etc., y Peter Pan ya se había tardado. En una película de Peter Pan escuche que las hadas son chiquititas, tan pequeñitas que por eso solo les cabe un sentimiento a la vez, por eso cuando odian de verdad odian y cuando aman pues aman. Esa idea me encanto.

Espero poder llenar con referencias de Peter Pan este fic. Este Seiya es mi Peter Pan, Hyoga y los otros son los niños perdidos. Se cayeron de la cama y las hadas se los llevaron a lugares extraños.

Y bueno ya se me paso la vergüenza y la incomodidad que me dejo aquel mal review, aunque me dejo pensando "señor con que cara voy a misa escribiendo estas cosas". Sentí retefeo. ¡Pues ya que! Ahora me arrepiento de haberlo borrado. Ya había recibido un par quejas (en otros fics) pero ese me dolió gacho.

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