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¿QUIÉNES SOMOS?
Capítulo 4: Eso que mi mente no recuerda
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Extendiendo las alas al sol
Atrapado en la oscuridad el bello cisne siente que se asfixia, gruesas cadenas lo tienen tan atado que no puede mover un músculo a voluntad. Está encerrado en un espacio tan estrecho que el latir de su corazón provoca ecos en las gruesas paredes, es entonces cuando siente el penetrante y quemante dolor de las descargas eléctricas.
No puede respirar, el dolor le arranca el aliento.
No puede respirar, no hay suficiente aire en ese espacio tan pequeño.
No puede respirar.
No puede.
No puede.
La boca se abre desesperada, buscando una gran bocanada de aire. Todo esta muy oscuro, se convulsiona al escuchar la electricidad, sus pies buscan apoyo y cuando la encuentran dan un paso y luego otro. Quiere correr, huir lo más lejos de la tortura.
Busca escapar de la sensación de encierro y sobretodo del dolor. La cabeza le taladra tiene demasiadas imágenes confusas en ella. Personas con armaduras doradas, otras con negras. Peleas y sangre. Voces y paisajes. Nieve y agua en torrentes que amenazan con ahogarlo. Las imágenes son pedazos tan pequeños que no entiende nada salvo que lo hieren.
Avanza sin conciencia, pues aun su mente no ha despertado, gira la perilla de la puerta sin darse cuenta de lo que hace, pues es el pensamiento de escapar lo que lo mueve. La puerta no se abre y el miedo aumenta, está encerrado en esta celda y ellos no tardan en venir a torturarlo, entonces alguien lo toma del brazo y el rubio grita aterrado. Forcejea desesperado por liberarse, pelea y en medio de todo se cae, la oscuridad lo envuelve, le han puesto de nuevo la venda en los ojos, escucha las carcajadas y las burlas, y le gritan a cada momento que lo meterán a la caja, tiene a Ion encima de nuevo, tocándolo lascivamente, y no puede hacer nada porque está sujeto con las cadenas, entonces… siente un dulce y calido beso en la frente.
Se queda quieto y los ojos se abren.
-Despierta, vamos despierta, estás a salvo, recuerda te saque de ese infierno.
Está en el suelo y tiene alguien encima que sujeta sus manos con firmeza tratando de inmovilizarlo.
-Ya no estás allí, ya no pueden hacerte daño, te traje a un sitio seguro, muy lejos y donde no pueden encontrarnos.
Ahora recuerda a un chico con un casco de motociclista que lo envolvió en una manta, y lo cargó sacándolo de aquel lugar infernal.
-Despierta por favor, soy yo, soy Seiya, no permitiré que vuelvan a lastimarte, es una promesa.
-Se… i… ya…
Seiya sonríe tiernamente mientras Hyoga lo contempla, la tranquilidad momentánea que apareció en sus celestes ojos desaparece para dar paso a una de puro dolor, mientras un temblor se empieza a apoderar de él.
-Está bien, está bien, ya lo esperaba por eso no te he soltado, yo pase por lo mismo así que está bien, no te reprimas y saca todo ese dolor.
De nuevo Hyoga grita, llora y forcejea; presa del dolor, mientras Seiya le susurra que está bien. Y es que el rubio tiene que sacar todo eso que lleva dentro por la tortura que Tatsumi le provocó. Aunque le duele al Pegaso ver al cisne en ese estado se consuela pensando que a diferencia de él, Hyoga no está pasando este proceso solo.
Por fin vuelve la calma, Hyoga respira agitadamente y aun siguen escurriendo las lágrimas, Seiya lo carga, por un momento el ruso pensó que lo iba a llevar de regreso a la cama, pero en vez de eso, lo sacó al balcón.
Seiya lo bajó, con pasos tambaleantes Hyoga llegó al barandal, el viento frío de la mañana de inmediato lo envolvió y se sintió bien y reconfortado. Se talló los ojos, pues no lo podía creer, debido a que la casa está en una zona alta, tiene una espectacular vista, el ruso se asombró con el cielo despejado, y a varios metros se encontraba la arena y mas allá la inmensidad del mar.
Y se sintió como un pajarillo que tras haber estado tanto tiempo en una jaula por fin puede batir sus alas al cielo.
Hyoga se sentó en el suelo pues ya no tenía fuerzas, tan absorto estaba contemplando ese paisaje entre los ornamentos de mármol del barandal, que ni notó que Seiya lo dejó solo, mientras fue por una manta y ni siquiera despegó la vista cuando el castaño lo arropó.
Seiya también se sentó en el suelo recargándose en la pared, contemplando a su amigo se pregunta cuando fue la última vez que Hyoga vio la luz del sol, sin duda fue hace mucho. Desde que llegaron ha mantenido las cortinas bien cerradas para que parezca que la casa está vacía, además, Hyoga se la pasa dormido todo el día. Su reloj interno está muy confundido y es en las noches es cuando despierta y tiene algo de actividad. Aún está muy débil y tras tanta tortura que recibió, todavía no puede recuperarse. Su debilidad bien puede ser producto de la desnutrición y la anemia y es que ese mal nacido de Tatsumi no lo alimentaba. El rubio está en los huesos, pesa menos que el propio Seiya y eso que él también está por debajo del peso que debería tener.
Piensa que es por ese motivo que duerme casi todo el tiempo. No había visto el sol quizás en meses, toda la luz que ha estado recibiendo es artificial y escasa. Cuando abandonaron la cueva era de noche, y la extraña luz de ese lugar también es muy tenue. Y antes de eso, el pobre rubio estaba en cautiverio, en el sótano de la mansión Kido, muy lejos del sol, además, sabe que le ponían un venda en los ojos para imposibilitarlo de ver. A causa de eso, no es de extrañar que ahora no quiera despegarse del barandal.
Seiya respira profundo llenando sus pulmones con el viento salado. Esto es lo que los dos necesitan aire fresco y sol.
Es bellísimo el paisaje, el cielo despejado, el mar en calma, pero nada de eso le interesa a Seiya quien sonríe contemplando a Hyoga, pues no puede creer que su sola presencia haya vuelto al mundo en algo maravilloso. El día antes de irlo a rescatar vivía con miedo, la angustia estrangulaba su corazón y la ira le quemaba las entrañas. Por todos lo dioses jura que no era capaz de dormir sin pastillas de por medio y el futuro le parecía una sentencia horrorosa. No había una sola alegría, ni siquiera esperanzas. Muchas veces en las largas horas de la noche llegaba a pensar en el suicidio. En que debía tomarse todas las pastillas del frasco. Llegaba a fantasear con ahorcarse y una vez se lanzó de un peñasco.
Ahora observando cada gesto de Hyoga ante la inmensidad, Seiya pese a las lágrimas que le producen los recuerdos, se ríe de sus intentos. La vez que saltó su cosmos y el de la diosa se incendiaron por lo que cayó con bien. La voz de ella nunca lo dejo tomarse todas las pastillas.
El castaño sonríe dichoso porque Hyoga no va a conocer esas angustias, sonríe porque con su presencia el cisne ha alejado esa nube negra que tenía sobre sí.
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Mis recuerdos perdidos 1
-¡DIME QUE NO ES CIERTO, QUE TODO ES UNA VIL MENTIRA –Grita Seiya desesperado.
La furia y la decepción llenan su corazón. No importa lo que digan esto no es su culpa, como puede serlo si ella es tan buena, toda la culpa es de ese, ese es el enemigo que tiene que vencer y se lanza contra él con toda la fuerza de su ser, pero sale despedido al suelo.
De inmediato se levanta, pues piensa seguir peleando, no descansará hasta arrancarle la cabeza a ese. Aquella maligna sombra se abalanza sobre él amenazante, en sus manos había una luz y de pronto alguien se pone en medio para protegerlo. La sangre lo mancha, a él y a toda su armadura.
La esperanza se muere, solo puede gritar lleno de dolor e impotencia, y de pronto una poderosa y cegadora luz envuelve al caballero convirtiéndose en un torrente que lo arrastra muy lejos.
-Descansa en paz caballero de Atena.
Y Seiya va gritando mientras es arrastrado.
Gritando fue como se despertó en un hospital en Grecia, gritó con todas sus fuerzas, pero no de dolor físico, pues aunque la cabeza le dolía, esos gritos salieron del alma, por esa sensación de la sangre que lo salpicó.
Los doctores no se explicaban que le pasó, unos turistas lo habían encontrado en medio de las ruinas de un antiguo templo, estaba inconsciente y muy golpeado, con heridas de gravedad. Por más de cinco meses estuvo en coma.
Gritaba y gritaba poseído por un dolor inmensamente grande, con arranques de furia en donde destrozaba todo, o peor, se golpeaba a si mismo, se arañaba con tal fuerza que se rasgaba la piel. Por todo eso, lo tuvieron que remitir a un hospital psiquiátrico.
Siguió gritando, aunque lo sedaron, aunque le pusieron una camisa de fuerza, aunque lo encerraron en una habitación de muros acolchados, siguió gritando. Y es que la sensación de esa sangre tibia que lo salpico, lo llenaba de sentimientos de ira, frustración y sobretodo del fracaso por no haber podido proteger aquello que más amaba, eso era lo que le provocaba los accesos de ira y arrebatos tan fuertes, que los doctores no tuvieron más remedio que atarlo y encerrarlo.
Gritó hasta quedarse sin voz, lloró hasta que sus ojos quedaron secos, y al final únicamente quedo la frustración y la impotencia, y un odio profundo hacia ese ser que sabe que existe pero que no recuerda.
Se calmó.
Estuvo solo, sin que nadie pudiera consolarlo y calmarlo. Atrapado en el aterrador vacío. El aislamiento y el abandono empezaron a invadirlo, desolado y sin esperanzas, encerrado en esa habitación de muros acolchados, se sintió completamente desamparado.
-Dime que es una mentira… dime que es una mentira… dime que es una mentira… dime que es una mentira… dime que es una mentira… -Repetía una y otra vez.
No sabía cuanto tiempo llevaba pero ya era mucho, como ya no se movía ni gritaba; y sólo repetía la misma frase en un murmullo, entró el doctor con varios enfermeros, de nuevo le suministraron calmantes y lo sacaron de allí. Lo recostaron en una cama amarrado con correas.
-Dime que es una mentira.
El doctor entró y al ver que por fin estaba tranquilo de nuevo lo inyectó, pero le soltó las correas. Allí se quedo quieto y sumiso, por lo que poco a poco le fueron bajando los medicamentos.
Como seguía en paz lo soltaron, hasta lo sacaron al patio, pero el se sentó en el pasto, abrazó sus rodillas y siguió diciendo sin cesar.
-Dime que es una mentira… dime que es una mentira… dime que es una mentira… dime que es una mentira.
Al doctor le tomó mucho tiempo lograr hablar con él, poco a poco descubrió que su memoria no llegaba más allá de los siete años y supuso que vivió algo tan traumático que su mente se negaba a recordar.
Allí, en ese hospital psiquiátrico empezó su nueva vida, a decir verdad no fue horrible, siempre le ponían una manta extra en las noches frías, y los días que se la pasaba llorando recibía más postre, cuando la cabeza le punzaba tanto que la sentía estallar siempre corrían a atenderlo y cuando volvían los accesos de furia, pese a que eran tan fuertes que tenían que amarrarlo y drogarlo, jamás fue regañado.
El doctor siempre le tenía paciencia en todas las sesiones que tuvo para poder controlar esos ataques de ira.
Después, cuando consideraron que ya podían darlo de alta, el doctor se encargó de conseguirle un lugar donde pudiera vivir, donde hubiera gente bondadosa que lo cuidara.
Kensaki Kiku, es el nombre de aquella mujer que llegó a visitarlo al hospital. Le regaló un oso de felpa y lo nombró Peter Pan.
La familia Kensaki es una de las más ricas del mundo y sostienen varios albergues, en ese momento estuvo de suerte, dado que por sus negocios se encontraban radicando en Grecia. Sin duda fue una buena fortuna, como si un ángel de la guarda lo cuidara, pues no sólo lo entregaron con gente que se haría cargo de atenderlo, sino que también, eran japoneses como él.
Les causo tanta ternura a los señores Kensaki, que se fue a vivir a su casa, pues Kiku misma se quería hacerse cargo del muchacho, por lo mucho que le recordaba a su hermano menor.
Tanto Kiku como su esposo Jun adoraban a Seiya. Para el castaño vivir con ellos fue un tiempo de paz. Ciertamente no recordaba muchas cosas, la sensación de que algo horrible pasó y sobretodo la de fracaso lo seguía atosigando. Incluso llegó a tener esos ataques de ira, además de los intensos dolores de cabeza cada que intentaba recordar, y había que agregar que padecía una depresión profunda. Con todo los Kensaki siempre estuvieron dispuestos a brindarle su amor. Jamás se molestaban por tenerlo que cuidar o porque necesitaba mucha atención.
Por ello, Seiya siempre agradecía haber caído bajo su amparo.
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Las personas que me protegieron
Seiya les lanzó una mirada escrutadora el día que fueron a recogerlo al hospital, Kensaki Kiku vestía de pantalón de mezclilla deslavado y playera negra ajustada, llegó con su cabello peinado en un par de trencitas que le quito toda la solemnidad de dama de sociedad, además amenazaba con la mirada a toda fémina que osara poner los ojos en su esposo. Kensaki Jun en cambio entró como estrella de cine, con sus grandes lentes oscuros que se quitó de manera coqueta haciendo que todas las enfermeras suspiraran por él. Su corto cabello negro lucía genial, muy probablemente cortado y peinado por un estilista profesional traído del mismo Hollywood, sus ropas elegantes y complementaba el cuadro su cara varonil y de cejas gruesas lo que denotaba el aguerrido carácter.
Jun también lo miró fijamente, sintió como si un ser sobrenatural le pidiera que protegiera a ese muchacho y a esa hermosa criatura no podía negarle nada.
-Eres un cachorrito muy especial. –Dijo Jun movido por ese sentimiento. -En definitiva me lo llevó.
-No soy un perro que puedas comprar. –Le reclamó el castaño.
Jun lo ignoró. -Eso sí, habrá que hacerte muchos arreglos, no creí que fuera posible pero luces más desarrapado que Ryuji.
-¡Oye! –Lo regaña Kiku. –Más cuidado con tus palabras.
Jun les sonrío mientras marcaba un número en su celular con una sola mano.
-Ariana, cancela todas mis citas de la tarde, voy a estar muy ocupado, necesito que conciertes citas con mi estilista, mi diseñador de imagen, dile a mi modista que voy de compras que cierre la tienda ya sabes que me gusta que me atiendan exclusivamente a mí. –Dijo al tiempo que tomaba la mano de Seiya para examinarla. -¡Por Kamisama! Aquí tenemos una emergencia, también llama a mi manicurista.
Seiya de inmediato se soltó y se llevó la mano al pecho, que tonterías estaba diciendo ese sujeto.
-No pierdas las esperanzas, si hacen milagros con mi mujer pueden hacerlo también contigo.
Kiku lanzó rayos por los ojos, quiso darle un pisotón pero Jun hábilmente la esquivo mientras se daba media vuelta para marcharse.
-No le tengas miedo. –Le dijo Kiku a Seiya, quien pensaba seriamente suplicarle al doctor por quedarse en el hospital. –Es sólo que Jun está loco.
-No es a mí a quien están sacando del manicomio. Entiendan una cosa, ser loco y desarrapado es mala combinación, en cambio ser loco y lucir como modelo, eso sí que emociona al sexo femenino.
Seiya ya no dijo más, no tenía defensa, ni tampoco ganas de pelear, tal y como dijo Jun lo estaban sacando de un hospital psiquiátrico. Así que se resignó a su destino.
Tiempo después.
Kiku recorría la mansión buscando al chico de castaños cabellos, estaba preocupada por él, los doctores les habían dicho que muy posiblemente Seiya había sufrido abuso físico por años, sus cicatrices y radiografías mostraban los daños que su joven cuerpo soportó, y que quizás por ello fue que despertó tan alterado que no paraba de gritar a causa del horror vivido que se esfuerza por negar con el bloqueo de sus recuerdos. No había razones físicas para la perdida de memoria, ni para los constantes dolores de cabeza, la única explicación es que era algo psicosomático, algo le pasó que lo afectó tanto en su psique que por eso, cuando tiene esos ataques de dolor de cabeza o de ira incontenible, no para de pedir que todo sea una mentira. Por ello mismo Kiku lo buscaba con desesperación temiendo por su integridad y al fin lo encontró en la parte más apartada del jardín.
-Dime que es mentira, dime que es mentira, dime que es…
A la joven le dolió el corazón al escuchar ese susurro, como lo suponía otra vez está teniendo esos ataques de miedo y ansiedad que lo llevan a la ira, y aun así Seiya se vino a esconder huyendo de ese dolor por aquellos recuerdos desaparecidos en su memoria pero que atormentan a su corazón.
Con cuidado se acercó, lo halló sentado escondido entre los arbustos. Al saberse descubierto el castaño bajó la mirada y escondió el rostro entre sus manos. Kiku sonrió con ternura y trató de quitar las manos para verlo a los ojos.
Realmente Seiya no lo hubiera permitido, pero, Kiku le recordaba tanto a Seika que se rindió, dejó que ella viera su rostro y sus ojos llenos de lágrimas. Seiya recordaba mucho a su hermana Seika, pues la necesitaba, pero se prohibió hablar de ella, porque muy en su interior sabe que en algún momento tendrá que enfrentarse a aquella siniestra figura que vio antes del intenso resplandor que lo llevo a perderse en ese sueño profundo de 5 meses. Lo odiaba desde el fondo de su alma y no hacía más que fantasear con encontrarlo y matarlo. Y por ello le oculto el recuerdo de su hermana a todo doctor que lo cuestionó, siempre dijo que es huérfano, sin padres ni más familia, que sus únicos recuerdos son de un orfanato donde estaba solo; pues sentía que sus deseos de venganza podrían poner en peligro a Seika.
Tampoco deseaba que Seika viera sus ojos, pues ahora que se los revela a Kiku puede ver en ella una gran preocupación por el profundo odio que siente en su interior. Cierto, hay dolor y pesar, nostalgia por otros tiempos, pero todo eso se ve opacado por el inmenso odio que Seiya ahora guarda en su interior.
-Tienes que olvidar el pasado. –Le dice Kiku. Ante la mirada de ironía de Seiya, Kiku se dio cuenta de lo que había dicho. –¡Ups! Ese es el problema que no recuerdas, bueno, pero Seiya, ese tiempo quedo atrás, quizás fueron tiempos amargos o felices, pero son tiempos pasados, ahora estás aquí, deberías alejar ese odio de tu corazón y disfrutar de la vida que llevas en este lugar. Deja de buscar tu pasado, no es bueno si lo único que te hace es llenarte de rencor. Piensa en el futuro y en lo que vas hacer.
Más lagrimas escurrieron de Seiya, no podía rendirse y dejar el pasado atrás, allí había a muchas personas que su corazón extraña, personas que tiene que encontrar. Además hay alguien, el corazón no deja de angustiarse por esa persona que le es tan indispensable como el aire en los pulmones. El sentimiento de vacío por esa persona que no está a su lado es lo que lo llena de tristeza y sobretodo de culpa por no haber podido protegerla.
-Ven acá. –Le pidió Kiku volviendo a la casa. –Lo que necesitas es algo que hacer, gastar energía.
Los Takane tienen un gimnasio en su gran mansión en Grecia, pues tanto Jun como su esposa son aficionados a los deportes, especialmente al Box, por lo que Kiku consideró que lo mejor sería enseñarle a Seiya. Cuando más joven ella entrenó a su pequeño hermano Ryuji. Ahora el es un famoso boxeador y en estos momentos está en un viaje de entrenamiento, y ella tuvo que dejar Japón por los negocios de su marido, así que no lo ha visto en meses por lo que lo extraña demasiado. Entrenar les hacía bien tanto a ella como a Seya, así tendrían la mente ocupada.
A Seiya le encantó y aprendía muy rápido. Pero más que nada, esas sesiones de entrenamiento llenaban algo en él, por lo que las migrañas no lo dejaban de atormentar. A veces tenían que parar por el intenso dolor. Eso hizo dudar a Kiku sobre seguir enseñándole, sin embargo Seiya insistió pues era realmente feliz mientras entrenaban.
Un día Jun los contempló practicar, Seiya había avanzado mucho en muy poco tiempo, por lo que le pidió una sesión de sparring.
Jun es uno de los mejores boxeadores del mundo, de hecho entre él y el hermano de Kiku, Ryuji se disputan el titulo del mejor. Así que Jun empezó despacio, muy tranquilo mientras Seiya se defendía, sin embargo la guardia de Seiya era muy cerrada señal de que realmente sabía lo que estaba haciendo por lo que Jun fue subiendo la intensidad del combate. Para asombro de Kiku, Seiya era capaz de seguirle el paso a Jun.
Viendo la capacidad de Seiya, Jun se puso serio, siendo atacado sin piedad Seiya no tuvo más remedio que tratar de responder, aunque no quería pues respeta mucho a Jun, sin embargo estando arrinconado contra las cuerdas Seiya soltó un golpe que Jun logró bloquear pero fue tan fuerte que lo lanzó contra la lona.
Seiya se asustó, Jun por su parte se empezó a reír. Sabía que Seiya tiraría semejante golpe, lo estaba presionando precisamente para ver su fuerza. Kiku entró y regañó a su marido por haber llevado a Seiya a ese extremo. Pese al regaño Jun se sentía satisfecho, había descubierto algo del castaño, pues era evidente que había sido entrenado con ahínco por muchos años y no sólo eso, debió haber peleado mucho para tener esos reflejos tan desarrollados. Y sonrió tranquilo pensando que muchas de las marcas de golpes y fracturas que los doctores le informaron que Seiya tenía, se debían quizás, a un entrenamiento exhaustivo.
A Kiku por su parte este hecho le preocupó mucho, si Seiya había sido entrenado para pelear, para tener ese nivel, debió haber empezado desde muy niño, y si las heridas que recibió fueron producto de ello, habrá sido un entrenamiento salvaje e inmisericorde, además ¿para qué entrenarlo tanto? Por todas esas dudas se volvió más protectora con Seiya.
En una noche llena de estrellas, Seiya se encontraba sentado en una de las mesas del jardín, se rascaba la cabeza porque no podía resolver los problemas de matemáticas del libro que Kiku le compró para que estudiara.
-¿No puedes? –Le preguntó Jun.
-No le entiendo.
-Siendo tu maestra Kiku no me extraña que no puedas. Sabes, Kiku no estudio, desde joven se dedicó a trabajar para mantener a su hermano. Ellos eran muy pobres. Por eso Kiku se casó con un millonario.-Comentó señalándose y guiñándole de forma coqueta. -Tal vez lo que te hace falta es que te consiga una novia millonaria que te mantenga. –Dijo Jun risueño sin embargo aquel comentario llenó a Seiya de una sensación rara, tristeza quizás. –A ver. –Dijo Jun tomando el libro, hizo las operaciones en su mente y escribió el resultado. –Esto es lo que te tiene que dar, razónalo, a ver si así puedes, si no, al rato te lo explico. Lo mejor es conseguirte un tutor. Mañana a primera hora le pediré a Ariana que empiece a buscar un candidato.
-Jun-dono (señor Jun) ¿Por qué se toma tantas molestias por mí?
Jun sonrió y contempló las estrellas pensando su respuesta -Cuando te conocí, sentí que alguien estaba llorando por ti. No lo puedo explicar, pero realmente en mi corazón sentí la angustia de ese divino ser. Por eso, sé que el estés aquí, a salvo y bajo nuestro cuidado, que no te falta nada, que no pasas por hambre, ni peligros la llena de tranquilidad. Y me siento afortunado de que alguien tan importante me haya pedido a mí que te cuide.
Gruesas lágrimas escurrieron por las mejillas de Seiya al escuchar esas palabras. Ella sigue cuidándolo, y él ni siquiera es capaz de recordarla, ni siquiera fue capaz de protegerla. Por su parte Jun comenzaba arrepentirse de haberle dicho semejante cosa, sobretodo viendo lo mal que se puso.
-Sabe Jun-dono, -Comentó Seiya al verlo preocupado por él. –hicieron bien en el siquiátrico al amarrarme, realmente en esos días quería destruirme, yo sé que a ella le falle, que mis fuerzas no me alcanzaron para protegerla.
-¿Protegerla?
Seiya se llevó una mano a la cabeza, le empezaba a doler. – Lo que me sacó adelante no fue que al estar encerrado grite y llore hasta desahogarme, fue pensar que si me rendía le estaría fallando todavía más, si no encontraba fuerzas para seguir con vida no era digno de ella.
Esas palabras calmaron a Jun, aunque también lo llenaron de dudas, realmente había sido una conversación extraña. Seiya volteó buscando esconder su rostro pues aún seguía llorando, por lo que Jun se levantó para dejarlo a solas y pudiera desahogarse. El castaño se alegró por ello, porque no fue de todo honesto y no quería que Jun notara que también, lo que le dio fuerzas, es el deseo de venganza, está seguro que en estos momentos sus castaños ojos brillan llenos de odio. Algún día se encontrará frente a frente con el ser causante de todas sus desgracias y no parara hasta destruirlo. Lo quiere muerto y sus entrañas le arden por el inmenso rencor que siente.
Aquellas sensaciones de impotencia lo estaban invadiendo, recordaba aquella silueta que lo protegió y la sangre cubriéndolo, seguía repitiendo sin cesar que le dijeran que todo era una mentira, se dio de golpes en la cabeza a causa del dolor pero estaba decidido a no rendirse, fue una crisis tan grave que la sangre comenzó a escurrir por sus oídos. Jun se reprochó por haber creído que se calmaría sólo. Sujetó a Seiya con todas sus fuerzas ordenándole que se calmase, que dejara de pensar en el pasado. Pero esta vez ni por el dolor, ni por la angustia en los ojos de Kiku iba a detenerse
Dos palabras, aquellas por las que se estaba partiendo la cabeza por fin emergieron de sus labios antes de caer inconsciente.
-Saori Kido
Jun estaba asombrado por todo el esfuerzo que Seiya hizo para poder decir aquello, y es que, a causa de su esfuerzo, Seiya pasó inconsciente toda una semana. Buscando por aquel nombre fue como Jun contactó a Tatsumi.
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Mis recuerdos perdidos 2
Seiya se encontraba todavía muy débil cuando Tatsumi llegó a Grecia. Ser informado de que el castaño no recordaba nada y que por lo tanto desconocía el paradero de Saori Kido lo enfureció, pues llevaba mucho tiempo buscando con desesperación a su señora. Así que en un arranque de ira Tatsumi le gritó al castaño. Eso hizo explotar a Jun que de inmediato lo corrió de su casa. En ese tiempo Tatsumi no hizo mucho por llevarse a Seiya, uso todo el poder de la fundación en encontrar a Saori, pero de nuevo no tuvo la más mínima pista.
Quizás el único que podía encontrarla era el propio Seiya y fue cuando se presentó argumentando que era su tutor legal y que quería llevárselo a Japón.
Jun contempló a Tatsumi, por alguna razón no le agradó, había demasiada arrogancia y orgullo en él. Cuando Tatsumi le exigió que le entregaran a Seiya, Jun se negó rotundamente, los Kido podían ser poderosos y multimillonarios, pero los Kensaki también y si era necesario entablar un pleito legal por la potestad del menor, pues Seiya aún no cumplía la mayoría de edad, Jun estaba dispuesto a gastarse toda su fortuna con tal de no entregárselo a ese hombre.
Tatsumi por su parte se molestó, estaba chocando con pared, tenía todas las de perder, aún si arreglaba los papeles de Seiya para hacerlo pasar por mayor de edad, estaba seguro que Jun alegaría que por su condición medica Seiya no es capaz de tomar ninguna decisión por sí mismo y le impediría su regresó así tuviera que encerrarlo. Además, con sólo llevar los estudios clínicos podría alegar que fue bajo la tutela del hombre de confianza de los Kido que Seiya sufrió de abuso físico y psicológico; y así, hacerse de la custodia.
Lo único en lo que Tatsumi podía confiar fue en la tozudez del castaño para escaparse de los Kensaki. Así que uso el nombre de Saori, sabiendo que ante ello, Seiya no podía ser indiferente.
-Tú sabes que eres el único que puede encontrarla, sabes que ella te necesita y por ello es que debes de volver a casa, a donde perteneces. –Le dijo.
Muy en su interior el castaño sabía que tenía que buscar a Saori, su corazón le gritaba y le exigía partir cuanto antes. La visión de sus pesadillas, le había robado toda esperanza, pero ahora, quizás había un modo de volver a verla, de que ella aún se encuentre en este mundo. Y su sangre clamaba en su interior por ir tras ella. Así que le dijo a Jun que quería irse con Tatsumi y Jun se negó.
Tatsumi tranquilamente espero, sabía que se había hecho con la voluntad del castaño y que este no tardaría en buscarlo.
Así fue cuando empezaron las discusiones con Jun y Kiku quienes seguían negándose a dejarlo ir. Jun sabía que en cuanto se lo entregaran, Tatsumi se encargaría de desaparecerlo, les negaría cualquier comunicación y no podrían hacer nada, pues, Seiya no era nada de ellos. Además, si lo que quería era buscar a esa joven, los Kensaki disponían de tantos contactos y dinero como los Kido, ellos se ponían a su disposición para ayudarle. Aún así Seiya se entercó en irse, le era una necesidad apremiante y varias veces se intentó escapar. Finalmente Jun tuvo que aceptar que lo tenía que dejar ir pese al peligro. Para Seiya, quedarse le era la muerte, pues esa mujer, Saori Kido, le era todo para él.
Kiku no paró de llorar ese día que lo acompañaron al aeropuerto. Le dio un puñetazo en el rostro con todas sus fuerzas antes de dejarlo subir al avión que lo llevaría a Japón.
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Por amor a ti es que te busco
Al llegar a la mansión Kido, le vino un dolor tan intenso que fue a dar al hospital. Y es que todo en esa casa le gritaba a su mente incitándolo a recordar, pero el dolor de cabeza de inmediato le prohibió hacerlo.
Tatsumi no quería perder más tiempo, pese a verlo en mal estado le explicó sobre la diosa Atena y sus caballeros, le informó que él es el caballero de Pegaso y de las luchas que sostuvo en su afán de proteger a Saori Kido, la reencarnación de la diosa. Le mostró los videos del torneo galáctico y las fotos de todos sus compañeros. Pero lo más importante es que le dijo que a través del cosmos él debería ser capaz de contactarse con ella.
Eso era un verdadero problema para Seiya, pues no tenía ni la menor idea de cómo despertar dicho cosmos. Sin saber que hacer siguió con el entrenamiento que Kiku le estaba dando, pues Tatsumi le había explicado que el cosmos es la fuerza del universo corriendo por su ser. Ciertamente aquellas palabras no fueron de ayuda, pero aún así cada día se esforzó para despertarlo.
Sin embargo al paso de unas cuantas semanas Tatsumi comenzó a desesperarse por no tener resultados.
Una tarde cuando Seiya estaba muy agotado de tanto que entrenó, varios hombres del personal de Tatsumi lo escoltaron al sótano, cuando se dio cuenta de lo que planeaban intentó defenderse pero fue inútil, ellos lo rebasaban en número.
Lo amarraron a una silla y un doctor le inyecto Pentotal sódico (suero de la verdad) fue la primera de muchas sustancias que probaron en él, cual conejillo de indias. Cada día probaban algo diferente, drogas alucinógenas, terapias de electroshock, hipnosis, golpizas. Fue en medio de una cuando el castaño logró despertar por un momento su cosmos.
Tatsumi por un tiempo pensó que había sido la furia y la frustración lo que había hecho encender el cosmos. Por ello mantenían a Seiya encadenado y de cuando en cuando mandaba a sus empleados a propinarle golpizas en medio de un sinnúmero de insultos. Aunque Seiya intentaba inútilmente defenderse, pues le era imposible por estar maniatado, el cosmos no volvió a brillar.
Pronto dio con lo que quería, no era la rabia sino el dolor, ante el sufrimiento inconscientemente hacía arder su cosmos en un intento de preservación. Allí fue cuando empezó la tortura con electricidad.
Y ante aquel inmenso dolor, el resplandor del cosmos envolvía su cuerpo y comenzaba a escuchar la voz de la diosa que trataba de confortarlo. Para Tatsumi las veces en que Seiya lo encendía le eran un triunfo y una derrota. Seiya le hizo saber que efectivamente su cosmos hacía contacto con la diosa, que la escuchaba, pero Tatsumi nunca pudo saber de que hablaban pues Seiya se negó a contárselo.
Seiya lo miraba lleno de arrogancia y no paraba de retarlo, le era un triunfo mantener la boca cerrada. Tenía a Tatsumi atrapado en su silencio. Tatsumi le suplicó, le recordó que para él su señora siempre ha sido primero. Que si había sido cruel fue por su desesperación de encontrarla. Haría lo que fuera, hasta venderse al diablo con tal de traerla de regreso. Mas Seiya no cambio de opinión, nada salió de él. Furioso Tatsumi le plantó tal bofetada al castaño que comenzó a sangrar profusamente de la boca.
Tras escupir la sangre, Seiya lo miró fijamente, había demasiada dignidad en el caballero, tanta que Tatsumi se sintió intimidado.
-Ella es la que no quiere hablar contigo.
Ante esas palabras Tatsumi se derrumbó. Salió de allí lo más rápido que pudo.
El hombre de confianza de los Kido se encerró en su alcoba. Odiaba desde el fondo de su corazón al castaño, lo ha odiado por años, desde que Seiya era un infante.
Era el niño con el que ella quería jugar, siempre era una lucha de carácter entre los dos, y aunque es cierto que ella llegó a golpearlo con fuerza con un fuete, fue en una de esas tantas veces que el niño se le gritó a Saori, cuando Tatsumi le propino una bofetada tal, que el pequeño se fue al suelo inconsciente por unos momentos.
Ante aquello, Saori de inmediato golpeó a Tatsumi, con ese fuete que siempre llevaba cuando salía a cabalgar.
-¿¡Pero como te atreves!? –Le reclamó. -Sólo eres un empleado de los Kido, No tienes ningún derecho a pegarle sin que yo te lo haya ordenado.
-Pero joven ama.
-¡No me repliques! –Le gritó pegándole otra vez. –Debería pedirle a mi abuelo que te despida.
El castaño seguía arrodillado con el dorso de la mano se limpiaba la sangre en la boca pero aun así miraba lleno de odio a Tatsumi. Era más que eso, era superioridad. La niña por su parte también lo miró con desprecio. Tras ver que Seiya estaba bien, ella se retiró enfadada. Día tras día Saori trató mal a Tatsumi, incluso mucho después de que ese niño fuera mandado a Grecia, pues no le perdonaba el haberlo golpeado con tal fuerza.
Años después, cuando Seiya regresó convertido en el caballero de Pegaso, nuevamente empezaron las discusiones entre ambos, Seiya le hablaba con altanería y desprecio a Saori, pero pobre de Tatsumi si se atrevía a regañarlo, pues Saori inmediatamente lo mandaba a callar.
Una vez, ella le explicó, que desde tiempos mitológicos, para Atena le ha sido una obsesión el Pegaso. Domar a ese corcel era una cuestión de honor para la diosa. Parece que el destino le cobraba revancha por sus intenciones, pues aunque Atena le pusiera bridas a Pegaso, pareciera que fue él, quien domestico a la diosa.
Un fuego le quemó las entrañas a Tatsumi al escuchar esas palabras. Muchas veces la sorprendió contemplando absorta al castaño y otras tantas la vio sonrojarse mientras charlaban.
Tatsumi había bebido bastante alcohol para esas horas y es que después de tanto repasar esos recuerdos, había tomado una decisión.
Seiya levantó la vista, cuando entró la luz al abrirse la puerta de la celda. El castaño tragó grueso al ver los ojos de Tatsumi. Supo de inmediato que venía a matarlo, pero de la peor forma posible.
Siempre encadenado de pies y manos nada podía hacer para protegerse. La lluvia de golpes fue muy superior a las que había recibido antes. Tatsumi lo necesitaba fuerte para que elevara su cosmos, aunque recibía golpes y descargas eléctricas irónicamente siempre tomaban ciertas precauciones para provocarle mucho dolor pero sin lastimarlo demasiado. Ahora no era así. Tatsumi estaba descargando toda su furia.
Seiya había logrado reprimir sus gritos durante la golpiza, pero cuando Tatsumi tomó el bastón con el que le daban las descargas eléctricas, supo que ya no podría. Y gritó con todas sus fuerzas cuando el quemante dolor corrió por todo su cuerpo.
Ya suplicaba por el fin de su agonía, cuando escuchó a la diosa ordenar "¡enciéndete!" el cosmos inmediatamente obedeció, se prendió con tal fuerza que Tatsumi salió disparado contra la pared. Sin dificultad alguna rompió las cadenas y si hubiera tenido conciencia habría matado a Tatsumi, pero no la tenía, no era dueño de sus actos, ella ordenaba y su cuerpo obedecía, corrió buscando huir, cuando se topó con un muro fácilmente lo derribó con el "meteoro de Pegaso", en cuanto logró llegar al jardín el cosmos se incendio aún más y se elevó cual cometa atravesando el cielo.
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Herido y sólo
Con trabajos logró abrir sus ojos, tardó bastante en darse cuenta que estaba al borde de un lago subterráneo. Tenía imágenes borrosas de lo que había pasado pero no entendía cómo, pues todo fue como si él sólo fuera un pasajero dentro de su cuerpo el cual alguien más conducía.
Al tratar de enderezarse el dolor corrió de nuevo por su cuerpo. Le tomó varios esfuerzos sentarse porque la pierna izquierda le ganó a todos los demás malestares. Tenía sangre seca por todos lados y sólo logro lavarse la cara. Sus ojos se cerraban, miró a todas direcciones, no había nadie, no supo si sentirse afortunado o desamparado. Por más que luchó por no volver a caer dormido fue una batalla inútil su estado lo venció y se quedo dormido varias horas.
Despertó por el dolor de su pierna, se enderezó en un esfuerzo de revisarla y la vio sumamente inflamada. Le sería imposible levantarse. Comenzó angustiarse ante ese hecho, por estar sólo. Empezaba a sentir hambre y no iba a poder moverse quizás en días. Suplicaba por que no estuviese rota porque sin nadie cerca para auxiliarlo allí moriría.
Al día siguiente despertó sintiendo mucha fiebre, con su pierna un poco curada Seiya se arrastró al interior del lago. Con trabajos se quitó la playera, estaba sucia tanto por la tierra como la sangre. En ese tiempo no había lavado sus heridas, fue por obra de magia que ninguna se hubiera infectado. Tuvo problemas para quitarse tanta sangre seca. En todo ese proceso Seiya se sentía muy mal, quería dormir pero había que aprovechar ese momento en que tenía fuerzas pues no había nadie quien pudiera auxiliarlo. En cuanto termino volvió a dormir.
Con el correr del tiempo la angustia aumentaba, se puso a llorar por todo lo que había padecido en manos de Tatsumi, por ese sentido de fracaso que tenía por no haber podido proteger a esa persona, por estar así herido y solo en esa cueva. Fue entonces cuando escuchó un dulce arrullo y poco a poco volvió a quedarse dormido.
Así paso el tiempo, dormía, despertaba y volvía a dormir, sentía una presencia, al principio creyó que era su imaginación que todo era producto de su desesperación, después se dio cuenta que realmente ella estaba allí, que se trataba de la diosa Atena y ese hecho lo lleno de dolor. No podía parar de llorar, pues nuevamente las esperanzas se habían muerto al entender que Saori había muerto ese día, que no era una pesadilla el recuerdo de su sangre sino la realidad.
Lo peor siempre era despertar, pues esa presencia lo hacía sentir reconfortado, pero no había cálidas manos secando sus lágrimas, ni esa persona cuyos arrullos lo calmaban. Aunque la percibía no estaba el perfume de su piel. Atena ya no está en este mundo como esa hermosa chica que hacía latir su corazón. Murió atravesada por ese ser maligno, murió tratando de protegerlo y lo que queda de ella es este cosmos que no para de cuidarlo. Entonces, sentirla por el cosmos hacía que la soledad se volviera más grande porque ella realmente no estaba allí. Y el corazón se le partía en pedazos recordando esa sangre que lo bañó y que sabe que era de ella. Aquel ser que tanto amó y que no pudo proteger. Lloraba por horas por aquel hecho, por tener la certeza que ella ya nunca estaría a su lado. Pensaba que lo mejor era morir, pero ella a través de su cálida energía le insistía constantemente en que tenía que esforzarse por vivir.
Cuando por fin su pierna sanó lo suficiente para poder caminar, con miedo Seiya abandono esa cueva. Fue el hambre y la necesidad de contacto con otra persona lo que le dio fuerzas para irse de allí. Pero sobretodo fue ella quien le daba fuerzas por su insistencia en que viviera.
Caminó por horas hasta llegar a un pueblo, no pasó mucho sin que unos policías lo levantaran, cómo no hacerlo si estaba sucio, con ropas manchadas de sangre seca, todavía tenía un grillete en una muñeca. Era visible que había sufrido tortura. Todo le daba vueltas por lo que no ofreció resistencia y no entendía que pasaba.
Sentía su mente aletargada, cuando volvió en sí estaba en un hospital, una enfermera le sirvió de comer, y aquello lo devoró con velocidad. Cuando le preguntaron que le había pasado, se quedó callado, qué iba a decir, que lo torturaron para elevar su cosmoenergía para contactarse con una diosa. Así que lo único que pidió fue que se contactaran con los Kensaki.
Seiya estaba comiendo un platón de cereal cuando vio a un par de policías entrar, pensó que otra vez iban a interrogarlo sobre lo qué le pasó, pero su sorpresa fue mayúscula al ver entrar a Tatsumi con varios de sus hombres y un par de enfermeros.
Quiso huir, se defendió como pudo, suplicó por ayuda, pero nada pudo hacer, los enfermeros lo drogaron, lo amarraron con fuertes correas y lo subieron a una ambulancia que nuevamente lo regresó a la mansión.
Nuevamente fue encadenado y Tatsumi lo torturó, su cosmos se encendió en medio de todo, nuevamente la diosa dio órdenes, pero por estar tan drogado nada pudo hacer.
En medio de todo escuchaba los reclamos de Tatsumi, por todo el dinero que gastó para encontrarlo, le pagó a los policías y a los doctores para podérselo llevar tan impunemente. Tras varios golpes el castaño se desmayó.
Horas después abrió los ojos, el efecto de las drogas había pasado. Estaba encadenado y encerrado en una celda muy oscura. Tenía miedo de que la puerta se abriera y entraran de nuevo a torturarlo. Empezó a rezar suplicando por ayuda y sucedió. De nuevo la diosa habló, tomó control de él encendiendo el cosmos, otra vez fue testigo de lo que su cuerpo hacía obedeciendo a esa otra voluntad que lo sacó de aquel lugar.
Cuando recobró el control de sí se dio cuenta que estaba en la cueva, frente al lago subterráneo. Se desplomó, no tenía fuerzas, estaba muy herido por la golpiza que le propinó Tatsumi, además asustado, sabiendo que el hombre no descansaría hasta encontrarlo, que usaría todo el poder de los Kido para ello, no podía volver con los Kensaki o los metería en problemas, pues Tatsumi echaría mano de cualquier truco sucio para quitarlos del camino, comenzó a llorar sintiéndose desamparado y perdido, cerro los ojos y se dejo arrastrar a la inconciencia
-Seiya… vamos despierta, despierta Seiya.
Abrió los ojos, no estaba abandonado a su suerte en aquella cueva, no estaba solo, tardó un poco en procesar que estaba en brazos de Hyoga, en el balcón de la casa de Shinatora en playa. Estaba llorando entre sueños por eso Hyoga lo atrajo al regazo.
-Era un mal sueño. –Le dice la dulce voz del cisne.
-Lo siento. –Le contesta rompiendo el abrazó. –Me quede dormido. ¿No tienes frío? ¿Qué horas son? Debes de tener hambre. –Aún las lágrimas seguían cayendo.
-Ven. –Le dice trayéndolo de nuevo al regazo. –Si quieres llorar, llora. Tu también necesitas sacar todo ese dolor que llevas dentro.
Por un instante Seiya se quedó sin saber qué hacer. Seguía llorando y no podía detener las lágrimas, así que escondió la cara en el pecho del cisne. Era cierto, tenía muchas cosas dentro que ahora clamaban por salir, tenía el miedo a que Tatsumi los encontrara, la impotencia de ese día cuando se manchó con la sangre de ella, a quien no pudo proteger, tenía el odio hacia ese ser causante de sus desgracias y la incertidumbre por aquellos amigos que amaba como hermanos y que desaparecieron ese día arrastrados por esa luz.
Pero sobretodo, tenía a Hyoga y por primera vez en mucho tiempo un regazo donde llorar.
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Fénix y Andrómeda
-Hyoga, en serio, si empiezas a chapotear y a asustar a los peces te voy a cocinar a fuego lento. –Dice un joven de cabellos azules, de tez morena y ropas sumamente viejas y gastadas; que en estos momentos anda pescando a orillas de un lago.
Por su parte el aludido le lanza una mirada retadora y entonces hunde la cabeza en el agua para luego sacarla y sacudirse todo.
-¿¡Quieres pelear!? ¡Bien sabes que conmigo no se juega!
-Hyoga, deja de hacer travesuras y de hacer enojar a nii-san ¿no vez que está pescando la cena? –Dice la dulce voz de un chico de cabellos verdes que extiende los brazos y que igual que el otro, sus ropas son viejas además de que le quedan grandes. Al verlo aquel cisne de inmediato sale del agua para irse a acomodar en aquel regazo.
Ikki deja escapar un bufido de molestia, viendo a esa ave ladina acomodarse a sus anchas entre los brazos del peliverde, sabiendo que allí está seguro.
Entonces, el corazón de Ikki se encoje comprimido por la pena, hace ya varios días que sintió un gran dolor, una angustia terrible, aunque no entiende por qué. Era como si alguien le gritara suplicando por ayuda. El peliazul levemente voltea a ver a su hermano, quien sonríe mientras le da pan a ese cisne y esa escena lo reconforta un poco.
Está seguro que Shun no recuerda que fue caballero de Atena, no desde ese día cuando aquel cosmos los dispersó separándolos de sus demás compañeros. Su memoria al despertar cinco meses después, no llegó más allá de los siete años, es más, ni siquiera recuerda haber estado en el orfanato de los Kido.
Aun así, su inconsciente recuerda a sus amigos, desde que despertó no ha cesado de buscarlos, aunque no tiene idea de sus existencias.
Cuando la luz los envolvió, Ikki rápidamente abrazó a su hermano y aunque ese cosmos trataba de apartarlos, no lo permitió, lo sujetó tan fuerte elevando su cosmos al infinito negándose a que los separaran, como consecuencia, cuando los encontraron Shun tenía varias costillas rotas y una quemadura de segundo grado en su espalda, a causa de la fuerza con la que lo retuvo. E incluso así cuando todo acabó y cayeron en una playa, Ikki se negaba a soltarlo, sólo hasta que llegó alguien diciendo que era medico fue cuando por fin Ikki se entregó a la negrura soltando a su hermano.
Pasó unos cuantos meses en el hospital, entre dormido y despierto, en cuanto le dijeron que las heridas de Shun habían sanado y que se encontraba estable pero en coma, Ikki hizo acopio de todas sus fuerzas, tomó a su hermano y se escapó. Por varios días anduvo viajando llevando a Shun inconsciente en su espalda, pero tenía que poner tierra de por medio para garantizar la seguridad de ambos.
No sabe bien de quién se esconde, sus recuerdos de aquella batalla no están muy claros, entiende que Atena en un intento de protegerlos se ofrendó por sus caballeros. Y aquel viendo el sacrificio de la diosa decidió perdonarles la vida y finalizar la guerra. Les borró la memoria y los disperso por el mundo.
La verdad es que todos sus recuerdos están confusos e incompletos, cada que intenta recordar, le ataca el dolor de cabeza, maldición final de aquel. Su memoria no pasa de cuando estaba en el orfanato de los Kido y los preparaban para soportar el entrenamiento para caballeros; después todo está borrado hasta la última batalla de la cual sólo conserva algunos fragmentos, sobretodo el final cuando ella se sacrificó y aquel decidió perdonarles la vida. Él no se presentara a atacarlos a menos que retomen su vida como guerreros de Atena. Hecho que no sucederá, al menos no por parte de Ikki, quien se esfuerza por mantener un perfil bajo y de huir con desesperación de aquella vida de caballero.
El despertar de Shun fue bastante problemático, insistía en recordar pese al dolor, pues el corazón lo atormentaba por sus amigos. Ikki tuvo que inventarle toda una vida para negar totalmente que hubiera otras personas en su corazón aunque este le dijera lo contrario. Además, el peliverde inconscientemente recuerda a la diosa y se angustia por ella. Por eso, todo este tiempo ha sido una guerra de voluntades entre ambos hermanos, pues Shun quiere buscar ese pasado e Ikki insiste en que no existe.
Los días anteriores, Shun presentó un cambio drástico de personalidad, tenía miedo todo el tiempo y en sus pesadillas veía a alguien herido, recibiendo gran cantidad de maltratos, por más que corría hacia a él para protegerlo no lograba llegar. Por ese sentimiento Shun no comía, no quería dormir, se estaba enfermando de los nervios. Fue entonces que de repente Ikki sintió esa angustia. Ahora esa sensación de que algo malo sucede ha desaparecido pues ninguno de los dos lo siente.
El sonido de las tripas de Shun saca a Ikki de sus pensamientos, Shun por su parte se sonrojo. Tiene hambre. Ikki recoge todo, no pesco mucho pero al menos tiene que darle para pasar el día. La poca comida que traía Shun la gastó en alimentar a ese cisne que ahora tiene como mascota.
Sin duda el animalito debió adornar el patio de algún millonario, pero por alguna razón se rompió el ala derecha, le quedó inservible y ahora la arrastra al andar. Por lo que Ikki supone que al perder su elegancia su dueño ya no lo quiso más y lo lanzó a la calle.
-¡Ya no tengo más pan Hyoga! –Dice Shun risueño, esa ave le causa mucha alegría. En cambio a Ikki lo entristece por el nombre que le puso. No recuerda a ese chico pero sabe que existe y que es importante para su hermano. El peliverde ha volcado todo su cariño en esa ave, pues inconscientemente el corazón le grita por su mejor amigo.
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Espíritu quebrantado
Hyoga se despierta asustado, otra vez estaba soñando con Ión, observa a su alrededor, Seiya está en el sillón profundamente dormido. Se alegra de no haberlo despertado con sus pesadillas, pues Seiya lo ha cuidado tanto que es normal que este cansado y dormir en un sillón no ha de ser nada cómodo.
Tratando de no hacer ruido el ruso se levanta y sale, va al balcón, se sienta en el suelo abrazando sus rodillas. Y mientras admira el paisaje reflexiona en todo lo que padeció a manos de Tatsumi y de Ión, sobretodo Ión. Aún tiene presente los obscenos manoseos de los que fue víctima al punto que agradecía que Tatsumi no le permitía llegar a más, salvo por esa última vez; si Seiya no hubiera llegado… mejor no pensar en eso.
Sin embargo, no son las pesadillas lo que tiene inquieto. No son los golpes, ni la tortura recibida en esa caja, ni siquiera ese horripilante momento antes de que Seiya llegara a salvarlo. Lo que lo atormenta ahora, es el recuerdo de sus propios gritos y es que suplicó tanto en medio de su martirio.
De nuevo escurren las lágrimas, se está dando cuenta que le hicieron más daño de lo que pensaba. Quebraron su voluntad, le quitaron su dignidad y su orgullo. La persona que es realmente, esa que tantas veces vio en los videos del torneo galáctico, ese que fue Hyoga de Cygnus, ese a quien sentía que había muerto en la luz, para nacer de nuevo como otra persona, sigue dentro de él. Ese guerrero orgulloso no desapareció, se quedó en lo muy profundo de su interior, y ahora está clamando herido de muerte por las humillaciones que padeció, por no haber sido capaz de defenderse, de prestar alguna resistencia. Y le reprocha ahora, con todas sus fuerzas, su falta de valor.
Las lágrimas se hacen más grandes, ya casi no quedan rastros visibles de la tortura que había recibido, pues sus heridas han sanado, pero por dentro su espíritu quedo destruido, algo de sí que no sabía que existía se ha roto y no se cree capaz de reponerse de las perdidas.
Y en eso estaba cuando se da cuenta que hay alguien observándolo, se encuentra recargado en la puerta del balcón.
-¿Y tú quién eres? –Le preguntó aquel alto hombre de tez morena y cabellos negros.
Hyoga no supo que decir, tenía miedo, pues aquel tiene un aura muy intimidante. Con sólo verlo a los ojos, se ha quedado como un gatito asustado.
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Notas de la autora:
¿Qué pasó con Atena?
Aunque la historia está inspirada en el OVA la obertura, el fic difiere con el final de Saori. Aquí Atena perdió la batalla por lo que se sacrificó para salvar a Seiya y compañía. Ya no tiene cuerpo físico, ni calidad de diosa. Ya sólo es cosmos. Por ese sacrificio aquel a quien enfrentaban les borró la memoria a los caballeros y los dispersó.
¿Por qué cuando Hyoga tuvo la visión de las armaduras el Pegaso, el Dragón y el Cisne eran las únicas que brillaban?
Porque son los únicos que han despertado su cosmos.
¿Por qué Shun e Ikki sintieron angustia?
En el caso de Shun, porque está conectado con Hyoga por lo que paso en la casa de libra. Por ello es más sensible a lo que le pasa al rubio. Ikki debido a su propia fortaleza, se resistió al cosmos de ese dios y si se esforzara podría recordar y volver a ser el fénix, pero no quiere. No siente motivo, la tierra está a salvo, Atena murió por lo que no hay nada que hacer y los dejo ir. No quiere que la ira de ese dios caiga sobre Shun por eso no despierta sus poderes.
¿Quiénes son los personajes nuevos?
Shinatora, Ishimatsu, Ryuji, Kiku y Jun son personajes de otro manga de Kurumada-sensei llamado Ring ni kakeru. Que también fue llevado al anime.
Kurumada retoma muchas de sus ideas de Ring ni Kakeru en Saint Seiya pues fue escrito antes. Como por ejemplo Kiku. En la historia, al morir su padre, Kiku y su hermano menor Ryuji se van a casa de su tío pues su madre no tiene como mantenerlos. Kiku se hace cargo de Ryuji como una madre y es ella quien le enseña a boxear. Kurumada lo retoma en Saint Seiya, Seika se hace cargo de Seiya como si fuera su madre y por largo tiempo nos tuvo en duda en si Marín su maestra, era Seika.
Por eso quería tener a Kiku en este fic y con relación a Seiya. Además ella y Jun son la única pareja que le conozco a Kurumada, a quienes los caso. Las tres historias que le conozco, Saint Seiya, Fuma no Kojiro y Ring ni Kakeru, siempre ha habido mujeres enamoradas de los protagonistas, pero ninguna logra ennoviarse. Kiku en cambio logró llevarse a Jun al altar. El anime empieza precisamente con Kiku con su vestido de novia, en la iglesia esperando, el padre le pregunta a Kiku si su novio va a llegar, pues ya está retrazado. Kiku explica que Jun y Ryuji están peleando por el titulo de campeón de box que en cuanto terminen se presentaran. El padre está asombrado de que el mismo día en que se disputan el campeonato piensen celebrar la boda. Entonces nos ponen "varios años antes" y empieza el anime. XD.
Me río, y me río de sólo imaginarme a Ryuji todo golpeado por Jun, entregando a su hermana en el altar y a Jun todo golpeado por Ryuji recibiendo a su novia. Al final todo queda en familia.
¿Jun realmente se llevó a Seiya con un manicurista, un estilista y un diseñador de imagen?
Jun: Claro que sí, no iba a llevarlo todo zarrapastroso a mi casa, iba arruinarme toda la decoración. Mientras vivía bajo mi techo, Seiya lucía como modelo de revista. Mi personal se encargaba de que siempre se viera cool, buen mozo y arrebatador de corazones. Entiendan, una diosa me pidió que cuidara de él y el gran súper estrella Jun Kensaki no se iba a quedar corto en esa empresa.
Seiya: Me sentía muñequito de aparador mientras viví allí.
Jun: Claro, además comías langosta en bandeja de oro y aun así te fuiste.
Seiya: Necesito a Saori.
La autora: Jun, puedes decir mi dialogo favorito.
Jun: Claro, "Hasta puedo enamorar a las mujeres del enemigo, esto es ser una autentica superestrella"
La autora: ¡Ah! Siento que me tiemblan las rodillas. Jun tu sí que eres una súper estrella.
-XD Jun me encanta, recuerdan cuando por primera vez apareció Shun y las mujeres del público que presenciaban el torneo galáctico enloquecieron, bueno pues Shun se queda corto a lado de Jun, la fanaticada que le pone Kurumada es bárbara y reteinmensa, además Jun si les coquetea a sus fans. Pobre Kiku lo que tiene que aguantar.
Gomen nasai, perdón, que me perdone todo el mundo mundial, se me cae la cara de vergüenza, hace un año que no actualizaba este fic. Gomen nasai, gomen nasai, gomen nasai. De verdad perdón, sé que no me la merezco pero perdón.
Por festejo del cumple de Ikki, ya hizo su aparición en este fic. Ikki anda alerta cuidando a su tesoro.
Liluel Azul
¡SantaManíaCaballeresca!
12 de Agosto del 2013
