¡Saludos de nuevo, lectores! (La autora parece esperar algo. Nada, ni una interrupción. Se encoge de hombros y continúa)
Espero hayan tenido una excelente semana. La mía, un poco movida, me esperan otras igual por el trabajo, pero aquí traigo, puntual, mi actualización de esta serie de escenas con los caballeros dorados –mi Espejo humeante sigue esperando, una disculpa–. Muchas gracias por seguir leyendo, InatZiggy-Stardust (ja, ja, no le des ideas a los gemelos, ahora tendré que cuidarme de ellos), SakuraK Li (gracias por continuar, ya ves cómo ni este par de poderosos caballeros se salva de mi pluma), Tot12 (triste, la fragilidad de la vida, y lo anónimo y al aparecer sin importancia de muchas vidas… Aplicaré tu idea, a ver si resulta, porque cuando termine de subir este fic tendré a toda la élite detrás de mí, y no para pedirme un autógrafo, muajajajaja), Mel-Gothic de Cáncer (sí, son lindos estos problemáticos gemelos, espero te estén gustando las historias, ahora viene Mascarita, ojalá te haga caso y no me ataque).
A todos, muchas gracias por asomarse a este rincón y por sus comentarios. Ahora verán al caballero del cuarto templo en acción, Máscara de Muerte actuando para todos ustedes (no, nadie interrumpe). Capítulo dedicado a Mel-Gothic de Cáncer, quien comparte signo con el buen Masky, quien acaba de cumplir años.
Copyright a Kurumada por sus personajes, porque nos los presta un rato. Ahora sí, ya pueden pasar a leer. Se abre el telón…
Unos instantes más
Debe decidirse, no queda mucho tiempo. El juez partirá al Santuario y entonces la balanza podría inclinarse a favor del ejército del Inframundo. Hades en la Tierra, su aura flotando sobre las Doce Casas, impregnándolo todo de negro, de frío. Y Athena indefensa. Muerta. Y después el mundo para Hades. No podría soportar culpa mayor. No.
¿Qué guarda para sí todavía, qué sobrevivirá de él cuando sea un relato contado a aprendices todavía anónimos? Nada. Su orgullo de caballero es un montón de mierda y podredumbre. Está sucio, como antes lo estuvo de un líquido rojo, tibio, transportador de vida. Sucio como el templo que defendía, cundidos los muros y el embaldosado de rostros, almas prisioneras al negárseles un descanso eterno. Entonces no existe algo que pueda perder.
Lo hace, un guiño a su compañero y empieza la puesta en escena. Deben hablar con el Señor del Inframundo para obtener una segunda oportunidad. Entonces sí conseguirán arrancar la cabeza de la diosa de la guerra. Pero necesitan más tiempo, por favor. Además no quieren regresar al reino de los muertos, no otra vez, ya pasaron por semejante aduana y suplican para no volver sobre esos pasos. El enemigo parece observarlos desde una inmensa superioridad. Y estos son los guerreros de más alto rango, estos, los poseedores del cosmos más poderoso, qué vergüenza, hasta un soldado raso da más pelea, alcanza a escuchar quien poseyera la armadura de Cáncer mientras cae junto a su compañero de armas, tan paria como él.
Máscara de Muerte no puede cantar victoria. Le arrebató unos cuantos minutos al juez del Inframundo, pero no los suficientes. Ese hombre va a entrar en el castillo de Hades, piensa, va a solicitar autorización para presentarse él mismo en el Santuario. Y entonces la batalla podría tornarse mucho más cruenta. No valió la pena humillarse, representar el papel de cobarde ante el enemigo, fingir miedo de entrar en un sitio por el que se había movido antes como si fuera su patio de recreo, se dice. De todos modos los arrojaron al infierno. Y ahora será imposible detener a Radamanthys.
Próximo capítulo: Aioria.
La autora espera. Esto está muy callado. Ni una amenaza, ni una Explosión de Galaxias.
