¡Saludos sabatinos, lectores!
Ojalá hayan tenido una linda semana. La mía, como siempre, llena de cuentos por corregir, textitos que hacen que me humee la cabeza y me salgan canas moradas. Lo bueno que esto no detiene las actualizaciones –claro, je, como ya las tenía desde antes y son tan cortitas, meras fotografías…
Muchas gracias por entrar a este rincón saitseiyesco, Fabiola Brambila (muchas gracias por ir leyendo y comentando estas escenas, así es, pobre Aioria, crecer con la idea de que su hermano era un traidor, y encima soportar las habladurías de los demás, y a los borrachos, en el caso de su capítulo, y bueno, Shaka y Dohko enseñándonos algo de la cultura de su país, aunque se trate de aspectos nada agradables para las mujeres, Milo inquisidor, wow eso sí que no se me hubiera ocurrido), Tot12 (ja, ja, ja, la cantidad de sangre que pierden los caballeros es infinita, ya lo dijo Einstein alguna vez), Mel-Gothic de Cáncer, InatZiggy–Stardust, Kumikoson4 (muchísimas gracias por siempre leer y comentar, Milo y sus intuiciones, sí, creo que no me porté nada mal con él, no podrá quejarse, espero librarme de su Aguja Escarlata).
Ya estamos a pocos pasos del final. Disfruten en este capítulo la aparición del arquero consentido de muchas, el pobre difamado Aioros. El escenario es todo suyo, y como bien dijo Kumikoson4, preparen sus pañuelos.
Copyright a Kurumada por sus personajes. Lectores, adelante y buen provecho…
Si tuviera más tiempo…
No, espere, no se retire todavía, aguarde un poco, le diría al hombre que está a punto de alejarse de este yermo. Llévese la caja, llévese también a la indefensa diosa, a la que intentaron asesinar hace pocas horas, pero escóndalos y vaya a buscar a otro niño tan falto de protección como ella, se lo suplico. Se trata de mi hermano menor, ¿sabe? Es un pequeño muy noble, muy obediente, se lo aseguro. No le causará ningún problema. Guarda en las manos la travesura de cualquier niño, pero si le llama la atención y le explica por qué eso no se debe hacer, obedecerá. Es cierto, confíe en mí, no estoy tratando de engañarlo; además, él pronto será un huérfano acosado por los mayores, interrogado porque en su cuerpo lleva la sangre del traidor de Sagitario. Y no quiero que eso pase. Le dolerá mucho más que un golpe. Él me ve como a un padre, como a un maestro. Todavía ignora lo que pasó, y aunque sepa que no dormí en el camastro que está junto al suyo, cerca de la puerta, seguro cree que fue debido a mis obligaciones como caballero. Lléveselo, ¿sí?, con la diosa, con la caja. Póngalos a salvo a los tres.
Vaya, pronto, búsquelo, nuestra cabaña no se encuentra tan lejos. Está a unos cuantos metros, a una vuelta de camino. Nadie lo descubrirá pues cada soldado, cada caballero, concentrará sus esfuerzos en mí, en darme muerte. Vaya usted, por favor, dese prisa. No queda tiempo. Si los guardias del Patriarca piensan amenazarlo, como seguro lo harán, no será suficiente el escondite debajo de la mesa, en la esquina del fondo de la única habitación, cuarto dentro del que las historias de la mitología le hicieron creer que era un niño más de cuatro años y no un futuro aspirante a la armadura de Leo.
Si los minutos no fueran cortos le rogaría para que también llevara consigo a Aioria. Pero antepongo mi deber como caballero, y le digo gracias por desviar su camino, señor, por acercarse y escucharme, por su plegaria por mi eterno descanso, y guardo silencio mientras me quedo solo, mientras su espalda vuelve a unirse a aquella confusión de turistas. Primero está la seguridad de Athena. Y mi hermanito sabrá defenderse; confío en él.
Próximo capítulo: Shura.
La autora se agacha, pero ninguna flecha atraviesa el cielo. Espera que la audiencia con Athena empiece a surtir efecto y que la diosa convenza a sus caballeros de que sus escritos no tienen mala intención. Si no, podría no sobrevivir a un ataque conjunto.
