"Debe ser una broma, maldición…" Pero no lo era. Arthur había pasado más de 15 minutos mirándose en un espejo sin atreverse a salir al exterior. Por enésima vez observó su bañador. Era una pantaloneta verde con rayas azules hasta las rodillas, lo cual estaría bien… si no fuera por el hecho de que transparentaba…. ¡El maldito bañador transparentaba! Solo se imaginaba meterse al agua y al instante todos se encontrarían mirando su derriere….si es que no algo más.
"Esta fue una mala idea… mejor sólo me quedó ahí, me tomo una cerveza, me bronceó un poco y me largo…" dijo mientras se revolvía el cabello un poco molesto y preocupado mientras caminaba hacia la puerta. El plan el día era NO meterse al agua.
Afuera todo era un completo un caos. La gente estaba en todas partes, en grupos, hablando, bebiendo, riendo, algunos ya se habían metido al agua y se pasaban un balón mientras otros sólo nadaban.
No le apetecía nadar, así que trató de ver algún buen lugar donde sentarse. Le tomó unos momentos encontrar una silla vacía a lado de Roderich e ir a sentarse.
"Buen día, Rode." saludo el inglés al austriaco.
"Roderich, por favor. Tú sabes cuanto me molestan esos estúpidos apodos y diminutivos que la gente usa…."
"Eh…sí, lo siento, Rode…eh, Roderich" sonrió algo apenado. El austriaco con quien conversaba ni siquiera se había tomado la molestia de intentar probarse un bañador, pues andaba completamente vestido, con sus camisa manga larga con encajes y ruedos, y apretados pantalones oscuros, muy apropiado y elegante, aunque no para la ocasión. Arthur se preguntaba si no le daba calor con esa ropa. Hubo unos momentos de incómodo silencio en el que Rode sólo se alzó un poco los lentes mientras estudiaba algo que parecía una partitura. Hasta que llegó cierto ruidoso y molesto pruso –quien por cierto cargaba un awesome bañador celeste de pollitos-.
"¡Hey, Rode!" gritó el pruso mientras llegaba a saludar al austriaco con una fuerte palmada en la espalda.
"¡¿Pero que haces, idiota?! ¿No te das cuenta que estoy ocupado?" dijo tras mirar con bastante enfado al de cabellos platinados para luego volver a sumergirse en su lectura, bastante alterado aún "Y… y además ya te he dicho…, no uses diminutivos para mi nombre, ¿si?"
"Ah, pero que aburrido que eres, Rode" exclamó haciendo claro caso omiso a la petición de Roderich "Ah, vamos, Rode! Seguro que tienes algo de hombre divertido dentro de ti, ¿no?"
"Pues sí, la verdad. Para tu información yo también puedo ser divertido…. ¡pero por ahora sólo déjame en paz!"
"Tss…. Sólo mírate con esa ropa, Rode…. Y…y pensar que por abajo de ese traje llevas ese bañador purpura de elefante..." dijó el pruso como quien no quiere la cosa, aunque una sonrisita malévola se le prendió en los labios. El austriaco se puso completamente colorado ante aquella afirmación.
"¡P-pero de que ha-a-blas, idiota!" preguntó furico aunque sin poder evitar tartamudear "¡No hay forma de que yo jamás usara algo así...! ¡N-no sería apropiado! Y...y….y aun si fuera eso cierto, ¿como podrías tú saber eso?"
"kesesekesesese" rió complacido Gilbert "Pues solo digamos que las ventanas en esta casa están a una altura muy deseable, señorito de la tanga narizona! Kesesesse!" dijo con satisfacción el pruso.
"S-serás un…" una venita comenzaba a notársele en la sien al austriaco quien ese momento salió corriendo detrás del pruso a toda velocidad.
¿Rode en verdad cargaría una tanga? Se preguntó Arthur mientras veía a esos dos perseguirse hasta unos arbustos y desaparecer.
Mirando un poco hacía la derecha podía ver como Heracles había convencido al japonés de usar un bañador… o algo parecido, pues no solo que el bañador negro que usaba le daba más abajo de las rodillas, sino que además tenía una camiseta blanca encima. Sin embargo el griego parecía estar bastante feliz de poder nadar cerca del japonés, digo cerca porque era evidente que Kiku no sabía nadar. Arthur observó la escena hasta que el griego se ofreció a enseñarle a nadar al japonés o algo asi, lo último que vi fue un Kiku bastante sonrojado mirando al piso.
"Hmm…" esta escena de pronto le recordó algo al británico, viendo al griego enseñándole a nadar al japonés, pero rápido eliminó ese pensamiento.
Francis en cambió estaba sentado al otro lado de la piscina –que era gigante, por cierto, exageradamente gigante- con unos binoculares fuertemente agarrados y sonriendo deleitosamente cada vez que hubiera algo digno de admirar. Seguramente el francés estaría esperando a que Alfred apareciera en cualquier momento para poder deleitarse con su escultural cuerpo, o algo así. Los puños del inglés se cerraron rápidamente y frunció el ceño ante esta idea, pero no se dio cuenta.
Apartó la vista y vi cómo Antonio –quien cargaba un bañador de tomates- conversaba muy feliz con el mayor de los italianos, aunque a Lovino se lo veía claramente molesto. Esos dos siempre estaban peleando y sin embargo había el rumor de que se traían algo entre ellos... no es como si fueran en serio o algo parecido, pero a veces parecía haber cierta química entre ellos, sobretodo por el español, quien era muy amigable y afectuoso con el italiano… quizás demasiado afectuoso. Mientras que el italiano era siempre agresivo y parecía detestarlo, aunque era claro que eso no era cierto y que sentía cierta debilidad por él. En eso el español levantó al italiano desde la cintura y se lo llevó a la fuerza en dirección a los dormitorios mientras Lovino pataleaba e intentaba soltarse sin éxito, haciendo una gran actuación de oponer resistencia. Digo actuación porque Arthur notaba claramente que Lovino no se oponía en lo absoluto. Eso le hizo recordar a Arthur sobre aquella conversación que había tenido con Feliciano en el viaje de ida. La sola idea lo perturbo tanto que quitó la vista rápidamente. Suspiró. Al fin y al cabo cada quien puede hacer lo que quiera con su vida, ¿no?.
Se levantó y fue por una cerveza, de esas que daban gratis en el bar al otro extremo de donde se encontraba. Una vez ahí tuvo una agradable conversación con Tino,el finlandés a quien Berwald, el sueco, tenía la mala costumbre de llamar su 'esposa'.
"B-bueno, Arthur, fue muy bueno hablar contigo pero… ahí viene Su-san y creo que mejor voy con él antes de que se enoje…" una gotita de sudor resbaló por su frente mientras se despedía.
"No te preocupes, Tino" lo despidió con la mano en el momento justo que llegaba al sueco y saludaba al menor tomándolo de la cintura y plantándole un beso… en los labios.
"¡Su-san!" gritó el menor muy sonrojado mientras lo apartaba.
Se imaginó como se sentiría algo así… claro, él había besado a muchas chicas alrededor de su vida, después de todo él era extremadamente atractivo, elegante y buen mozo, ¿a que sí? Sí, claro que sí, pero se preguntaba si sería lo mismo besar a un hombre que a una mujer. Berwald volvió a besar a Tino, quien salió huyendo rojo como los tomates de Antonio, pero ya para ese momento Arthur pensaba en otra cosa.
"What the bloody hell am I thinking about?" se reprochó mientras cerraba los ojos y se cacheteaba levemente. En el momento en el que el sueco se había acercado a Tino, él de repente imaginó la escena algo distinta... con él y Alfred en vez de los nórdicos y sin ningún francés que pudiera molestar sus existencias, "E-es el alcohol seguramente…," dijo tratando de justificarse y alejando la botella que sostenía.
"¡Je! Al parecer sí era su esposa, ¿no, Noruega?" preguntó con entusiasmo el danés. El noruego solo asintió con la cabeza.
Todas las chicas por su parte se habían agrupado en el jacuzzi para hablar y tomar una sodas y cócteles, tal como se esperaría de las damas que eran. Las hermanas de Iván estaban allí, así como la hermanita del suizo, además de Elizaveta y cierta chica belga cuyo nombre nunca podía recodaba; todas ellas vestían apretados trajes de dos piezas que dejaban ver más de lo que uno esperaba y que dejaban poco a la imaginación. Todas se veian muy exhuberantes, incluso Liechtenstein con una cinta rosada en su pelo; sin embargo, ninguno de los hombres había volteado a mirarlas, a excepción de Toris, el representante de Lithuania, quien se derretía en una esquina por la desquiciada hermana mayor de Iván; y el suizo, quien no dejaba de velar por la castidad de su hermanita. A decir verdad nada de eso era necesario, ya que ningún hombre las había volteado a ver a pesar de todos sus esfuerzos (entiéndase: sus pechos rebotantes). Menuda cosa extraña, ¿verdad?
"Nee nee, Arthur! Atrápala, ve~!" gritó con emoción el italiano menor mientras le arrojaba a Arthur el balón de wáterpolo.
"¿Pero qué dem…-!" fue lo único que alcanzó a decir antes de ser impactado por el balón y caer miserablemente al agua, pensando mientras caía en las finanzas internacionales, la caída del petróleo, le inmortalidad del cangrejo, y en lo transparente que volvería su bañador una vez tocara el agua.
¡SPLASH!
Con un fuerte estrépito el inglés se sumergió en el agua.
"Serás idiota, Feliciano..." dijo mientras le regresaba el balón. Ese maldito italiano había arruinado su plan de 'impermeabilidad'.
"Nadie... llama… idiota… a Feliciano…," reclamó Ludwig con un aura oscura a su alrededor y una mirada más escalofriante que la de Iván y casi tan fría como la de Berwald. Ludwig siempre había sido muy protector con el italiano.
"L-lo siento..., L-ludwig… No v-volverá a pasar…"
"Gut." dijo este mientras regresaba a jugar wáterpolo con los demás.
Entrecruzó las piernas sin moverse, esperando que su bañador no estuviera tan transparente como el esperaba. 'Maldición' pensó, pues ahora tendría que quedarse allí todo el rato y esperar hasta quedar completamente solo para poder salir del agua y correr hacía su habitación sin que hubiere testigos de sus regiones vitales.
Ya viéndose en esa situación, el británico se preguntaba dónde estaría el estúpido bastardo come-hamburguesas ese del americano. Ya había pasado más dos horas y Alfred aún no aparecía. N-no es como si lo importará, ¿eh? No, para nada. Solo era curiosidad. Buceó un poco y decidió ir a conversar con Toris y Feliks.
Alfred, mientras tanto, había estado observando a Arthur en silencio desde su cuarto mientras comía su octava hamburguesa y notaba su panza empezar a hincharse de heroísmo. Justo hace un momento lo había caer a la piscina gracias a Feliciano; luego pareció que Ludwig lo había amenazado o algo así.
Lo contempló un rato más, y sintió como se derretía con tan sólo mirarlo... pues lucía tal como lo recordaba. Recordó con cariño aquellos días en que navegaban juntos por los 7 mares, cuando Iggy se hacía llamar Capitán, el Capitán Kirkland, y cuando Alfred siempre lo acompañaba en sus viajes, saludándolo cuando regresaba con algún objeto valioso, o alguna curiosidad robada a algún indefenso pueblerino, para él. Los ojos de Alfred solían iluminarse cuando lo veía regresar a salvo de sus misiones, a veces con algún rasguño, nada serio, pero con un buen botín para repartir entre sus hombres y mucha alegría a pesar de su cansancio. Arthur daría un gran banquete y celebraría y festejaría por la victoria, contando todos los sucesos del día. La gente comería, bailaría y reiría: todo un festín alrededor del increíble Capitán Kirkland. Hombres y mujeres lo aplaudirían, lo admirarían, y Arthur sólo sonreiría. Alfred en ese entonces deseaba tanto ser como él, deseaba ser fuerte, poderoso y admirado. Arthur era su modelo a seguir: no había una persona mejor que Arthur en todo el mundo, y, a pesar de ser el bravo pirata que era, siempre tendría un poco de tiempo cada noche para leerle algo, conversar, llevarle una taza de leche caliente o arroparlo antes de mandarlo a dormir con un beso de buenas noches. Arthur era todo para él… y lo seguía siendo -aunque de modo diferente pues ya no era un niño. Sin embargo, aquellos tiempos cambiaron, y ahora s encontraba aquí, espiando a Arthur igual que un acosador patético.
Podía ver a Arthur desde la ventana, su fuerte espalda, bronceada a punto camarón, sus musculosos brazos, su cintura, su cuello, sus ojos, sus cabellos... dorados como el sol que lo iluminaba. Todo de él lo enamoraba. La última vez que había visto el desnudo torso del mayor había sido hace tanto tiempo que ya no recordaba cuando, pero recordaba que había sido en uno de sus viajes. En esa mañana habían hecho una parada en un puerto del Caribe cuando Alfred cayó al agua. En esa época Alfred no sabía nadar, así que Arthur se lanzó desesperadamente en su rescate. Después de aquel incidente Arthur decidió que le enseñaría a nadar. Era raro que a pesa de estar siempre navegando jamás hubieran estado en el agua propiamente dicha. Entonces, esa misma tarde ambos fueron a la orilla y Arthur le enseño al pequeño Alfred a nadar 'Para que no me vuelvas a dar un susto, ¿si?', dijo Arthur después de la lección mientras sonreía y le revolvía el mojado cabello. Aunque de eso hacía ya mucho tiempo. Alfred aún recordaba de ese día. El mar, el océano, y el agua en general hacian que se acordara de Arthur, y esa era la razón por la cual tenía una piscina tan exageradamente grande. Aún así, no parecía posible contener todo el océano en su piscina. Suspiró.
Terminó de comer su hamburguesa y miró su reloj.
'Holy shit! ¿Ya es tan tarde?', pensó. Se tomó lo último de su refresco, casi atorándose, y se apuró a ponerse su bañador. Ya habían pasado dos horas desde que empezara oficialmente el "Día de Integración de las Naciones Unidas" y él ni siquiera estaba vestido, ¡maldición! ¿Cómo había podido dejar pasar dos horas enteras sólo observando a Arthur? ¡Agh! Sólo porque el maldito desgraciado era tan sexy…
Cogió su bañador y entró al baño. Si no bajaba rápido la gente se empezaría a preguntar dónde estaba el 'hero', aunque tal vez ya lo hubieran hecho, ya que él era tan súper genial que no podía ser olvidado.
Se miró al espejo una vez puesto su bañador de StarBucks. Estaba jodidamente sexy. Casi tanto como el propio Arthur. Y aunque Alfred se sentía nervioso y algo tímido cuando se trataba de estos asuntos, tenía una gran idea para esa noche; eso si es que las cosas salían como previsto.
Echó una última mirada al británico que ahora conversaba con Feliks, el polaco, y sonrió antes de bajar a toda velocidad hacia donde se daba la reunión.
Hey les gusto? XDD sii jeje no se q tal este :P lo que si les aseguro es que la trama se va a volver interesante :P
Nee, estuvo muy largo? XD solamente me inspire y comenze a escribir :P creo que me quedo linda la parte de Al recordando su infancia, no?
