Capítulo 2
Jace se quedó por un momento mirando la puerta por la que se había
marchado su parabatai seguido por Isabelle, antes de salir tras
él. Y Clary tomó su ejemplo. En ese momento, se arrepintió de no salir
a correr, ya que le costaba seguir el ritmo de los demás cazadores de
sombras hasta el loft de Magnus.
Cuando la chica entró, se encontró al loft completamente destrozado y
al brujo que luchaba contra tres demonios kuri a la vez. Sus dedos
liberaban numerosas y potentes chispas de colores.
El Gran Brujo de Brooklyn se sorprendió al ver el pequeño grupo de
cazadores que entró por la puerta. Se descuidó por un momento y unos
de los demonios aprovechó para echarse sobre él y arañarle el pecho
con sus garras. El demonio Kuri desapareció al poco tiempo, tras ser
atravesado por una flecha de Alec.
Isabelle, que ya había desenredado su látigo de su brazo, acabó con
uno de los dos demonios y Jace, que se había movido rápidamente, clavó
una de sus dagas en la espalda del último, quedando así cubierto de
icor.
Alec, estaba arrodillado al lado de un Magnus herido, que aún lo
miraba con sorpresa.
-Has venido-dijo finalmente.
-Cuando me enteré de que Jonathan tenía el Libro Blanco, sabía que ese
libro estaba en tu poder y vine lo más rápido que pude-se explicó el
chico.
Alec ayudó a Magnus a sentarse en su, ahora, casi destrozado sofá y se
sentó a su lado. El brujo empezó a utilizar su magia para eliminar el
veneno de demonio que tenía en su sangre.
-Alec, deberíamos dejar a Magnus descansar. -dijo Jace al rato
rompiendo el tenso silencio.
-¿Qué pasa si vuelve? No podemos dejarlo a su suerte. Yo me quedaré.
-Alec no creo... -empezó su parabatai.
- Yo me quedaré contigo -interrumpió Isabelle, sonriéndole a su
hermano sin dejar hablar a Jace.
-Está bien-aceptó el nefilim rubio a regañadientes.
En ese momento, Magnus carraspeó. Era su casa y lo estaban dejando
excluido de la conversación.
Todos los miraron.
-Creo que primero deberíais preguntarme que opino yo de que os
quedéis en mi loft. Agradezco vuestra intención, pero Presidente Miau
y yo estaremos bien si vuestra presencia.
-No lo dudo, pero eso no quiere decir que no nos vayamos a
quedar. -Respondió Alec firmemente
El brujo no tenía ganas de discutir con Alec y mucho menos en ese
momento. Así que se levantó con torpeza y se dirigió a su cuarto antes
de decirles que, si pensaban quedarse, podrían hacer uso de sus
habitaciones de invitados.
-No te preocupes, mamá, estaré bien, buenas noches- colgó Clary el teléfono.
-¿Puedes quedarte entonces? -la miró esperanzado Jace.
-Sí, aunque tuve que evitar el hecho de que fue Jonathan quien envió
a los demonios y asegurarle de que Simon tambien vendría.
- No te preocupes en llamarlo, está de camino -informó Isabelle que
llevaba un rato sentada en el sofá escribiendo en su móvil.
En el último mes, Simon e Izzy habían comenzado a salir juntos y
habían comenzado una relación más seria de lo que Isabelle estaba
acostumbrada, pero no les iba nada mal.
-Genial, ya empezaba a echar de menos al vampiro -dijo Jace irónico,
consiguiendo así una mirada de reproche de la dos chicas.
Cuando el brujo entró, hizo que sus ropas se cambiaran por un
reconfortable y colorido pijama y se tumbó sobre la cama. En ese
momento, escuchó el maullido de un gato, que salió debajo de la cama y
se puso sobre este que hizo una mueca de dolor.
-Oh, Presidente Miau, estás bien -exclamó el brujo. -Menos mal que te
escondiste- acarició al gato- aunque no te imagina quien vino a
salvarnos, ¡Alec!
Aquel cazador de sombras que hacía un poco más de un mes hubiera
estado a su lado en esa cama. El mismo que aunque había intentado
olvidarlo, le había echado de menos cada minutos de ese mes que
llevaban separados. El chico que le había estado llamando en estos
días, pero el no quiso contestarle el teléfono. Aquel que creía que
no volvería a ver, seguramente estaba en una de las habitaciones de al
lado.
Magnus suspiró, quería tenerle a su lado. Quería abrazarle y decirle
que no se volverían a separar. Quería tantas cosas en ese momento,
pero lo único que haría sería dormir.
Pero su plan se vio fastidiado al ver que llamaban a su puerta.
-Podéis usar todo lo que queráis, pero dejarme en paz. -Gritó un
malhumorado Magnus.
-Magnus, soy yo -dijo y abrió la puerta- ¿podemos hablar?
El brujo suspiró.
-Estoy cansado, ¿no podemos hablar mañana cuando me despierte?
-No, porque mañana no querrás hablar por otro motivo. ¿Por qué no has
respondido a mis llamadas?
-Nefilim estúpido.
Cuando Magnus dijo esto, recordó cuando se lo dijo en Idris, mientras
luchaban contra aquellos demonios. Luego recordó como Alec lo besó
delante de sus padres y los demás cazadores de sombras.
Ambos se miraron por un momento y se dieron cuenta de que los dos
recordaron lo mismo.
-Magnus, tú... ¿aún me amas? -preguntó un sonrojado Alec.
-Claro que te amo Alexander, pero eso no quita que intentaras quitarme
mi inmortalidad.
-Y me arrepiento tanto de haberlo pensado, lo siento tanto Magnus,
ojalá puedas perdonarme - a lo último de su frase, Magnus notó que la
voz del nefilim le fallaba y al mirarlo, pudo ver sus ojos azules
húmedos.
-Quizás ya lo haya hecho, Alexander- y dicho eso, se acercó a darle el
ansioso beso que ambos deseaban.
Simon, se sentó junto a Isabelle después de darles a ella y a Clary la
taza de café que les había comprado de camino al Loft.
-¿Y para mí? -preguntó Jace con tono de reproche.
-No me acordé.
-Puedes beber del mío -interrumpió Clary antes de que le contestara.
Jace murmuró algo por lo bajo. Miró a su hermana que ahora hablaba en
voz baja con Simon. Era notable como su humor variaba cuando estaba
cerca de él. La verdad es que Simon era el primer chico con el que
salía Isabelle que no le disgustaba tanto. También contaba el hecho de
que era el mejor amigo de su novia.
-Jace... Me lo bebí todo -dijo Clary soltando la taza sobre la mesa
medio destrozada.
-No pasa nada -dijo riendo y le dio un beso en la frente. - ¿Estás cansada?
-Un poco -admitió acomodándose a su lado.
-¿Vamos a la cama? -sonrió de lado- A dormir, me refería -soltó una carcajada.
-mmm... Sí -se levantó.
-Vamos a dormir -le dijo Jace a Isabelle antes de desaparecer por el
pasillo junto a Clary.
Clary cayó en la cama rendida. Estaba cansada. Hizo un hueco en la
cama para que se acostara Jace y luego lo abrazó, apoyando la cabeza
en su pecho. Al poco rato ya se había quedado dormida. Jace sonrío al
verla e intentó descansar.
Isabelle ahora estaba tumbada, con su cabeza reposada sobre el regazo
de Simon, quien estaba entretenido con el pelo de ella. Izzy cerró los
ojos y sin darse cuenta, al rato, ya se había dormido.
Simon sonrió al verla. En este momento se veía tan vulnerable,
tranquila. Era increíblemente hermosa. Aún no creía que saliesen
juntos. Nunca creyó que estaría con una chica como Isabelle.
Se levantó, con cuidado de no despertarla, y la cargó en brazos. Se
disponía a llevarla a la habitación, pero la chica se despertó
sobresaltada. Isabelle lo miró.
-Ah, eres tú - dijo ya más tranquila-me asustaste -diciendo esto se
acomodó en sus brazos.
-No quería despertarte -susurró-, lo siento.
-No pasa nada-dijo medio dormida- ¿me llevas?
Simon sonrió y fue hasta la habitación y la dejó sobre la cama.
Isabelle se quitó las botas y observó a Simon como se quitaba la
camiseta. Izzy se quitó el traje de combate, quedándose así en ropa
interior, sin importarle que el vampiro estuviera delante.
-¿Me dejas tu camiseta? -miró a Simon.
-Claro-cogió la camiseta, sin dejar de mirar a Isabelle y se la pasó.
Después de ponerse la camiseta, se tumbó en la cama. Bostezó y notó
como Simon se acostaba a su lado.
-Buenas noches Izzy-le dio un tierno beso en los labios y se
dispusieron a dormir.
Alec se despertó. Hacía tiempo que no dormía tan bien. Miró a su lado
y sonrió al ver a Magnus. Lo había echado tanto de menos. Bostezó y se
quedó mirándolo por un gran rato, hasta que el brujo se despertó.
-Buenos días, Alexander.
-Buenos días, Magnus-Alec se quedó mirando a los ojos de gato del brujo.
-Necesito un café-dijo y se levantó, comenzando a vestirse.
El cazador de sombras también se levantó de la cama y mientras se
vestía, notó la mirada de Magnus y no pudo evitar sonrojarse.
Cuando salieron de la habitación, escucharon que no eran los únicos
despiertos y al salir al salón, vieron a Jace en un sofá junto a
Simon.
-Isabelle se ha empeñado en hacer el desayuno. No me hago responsable
de los posibles daños en tu cocina- dijo Jace- Clary se ha ofrecido a
ayudarla, pero no creo que salga nada comestible de ahí.
-¡Jace te estoy escuchando! - se escuchó decir a Isabelle desde la cocina.
-Lo sé, Izzy -Jace se rió y miró la tele - ¿Qué es eso? -preguntó esta
vez mirando a Simon.
-Es Naruto, ¿nunca has oido hablar de ella? -miró al Nefilim y por la
cara que puso supo la respuesta.- ¿Quieres que te cuente de lo que va?
-No tengo nada más interesante que hacer...
Simon empezó a relatar la historia de la serie de ánime.
-… y entonces…
-Para, ya me aburrí. - le interrumpió Jace sin dejarle acabar.
-Si el protagonista no se llama Jace, es un rubio teñido y caza
demonios, no, no te interesa ¿verdad?
-Soy rubio natural, a ver si te enteras. Y por lo demás, tienes razón.
Antes de que pudieran contestarle, Isabelle salió de la cocina con un
plato en lel que parecía haber tortitas.
-Buenos días-dijo mirando a Alec y Magnus. -¿Quién quiere?
Nadie contestó. Clary salió de la cocina con dos tenedores y le
entregó uno a Isabelle. Se sentó junto a Izzy en unos de los sofás.
-¿De verdad que os vais a comer eso?-preguntó Jace mirando el plato.
-Están buenas, las hemos probado en la cocina, pero como no queréis-
Clary sonrió y cortó un poco de tortita y se lo metió en la boca.
-Si están buenas, no me importaría comerla -se acercó a las chicas.
-¿Qué era eso de "no creo que salga nada comestible de ahí"?
-Isabelle rió. Pinchando con el tenedor otro trozo de tortitas.
-Pero parece que sí ha salido algo comestible, así que ¿solo un poquito?
-No -respondieron ambas chicas a la vez. Le miraron riéndose y se
acabaron las tortitas entre ellas dos.
Alec decidió quedarse ese día en casa de Magnus para "ayudarle con los
destrozos que había causado Jonathan". Así que Isabelle y Jace
volvieron al instituto, pero nada más entrar, se dieron cuenta de que
algo no iba bien. Revisaron la sala de armas, sus habitaciones. Nada.
Todo estaba bien. Pero cuando fueron a la biblioteca. Se encontraron
con que alguien había entrado allí. Alguien se había llevado libros,
y algunos objetos que guardaban allí. Aun no sabían cuáles eran, pero
quien había sido no se había molestado en ocultar su acción. Y ellos
sabían quién era el culpable. Jonathan.
