Disclaimer: Nada del Potterverso me pertenece.


CAPÍTULO III


9 de octubre de 2.001. Apartamento de Penelope Clearwater.

Los zapatos le chapoteaban al pisar el suelo. Tenía toda la ropa mojada por culpa de la tormenta e iba chorreando a cada paso que daba. Penelope lo acompañó hasta el salón, donde encendió la chimenea con un movimiento de varita. Percy se quitó el abrigo, empapado como estaba y ella se lo cogió, poniéndolo en una silla frente a la chimenea. Ella se echó a reír y se encogió de hombros.

—¿Qué? Llevo más de tres años haciéndolo todo al modo muggle. Aún me cuesta volver a adaptarme al mundo mágico. Además—dijo frunciendo el ceño mirando a su varita—, creo que está enfadada conmigo por no haber hecho uso de ella en todo este tiempo. Y ponte a razonar con ella, que no hay manera.

Percy se echó a reír. Ella lo miró tiernamente y le hizo sentarse en una silla, frente al fuego, mientras le pasaba una manta por encima para entrar más rápido en calor. Se acercó a la mesa que había en mitad del salón y cogió una bandeja que había en ella.

—Imagino que no habrás cenado, así que será mejor que comas algo—comentó mientras le ofrecía la bandeja—. Es empanada de calabaza.

Percy apenas tenía hambre pero, aún así, lo aceptó de buena gana. No quería parecer maleducado y menos delante de ella. Le dio un mordisco; realmente estaba muy bueno. Se lo hizo saber a la muchacha con una sonrisa aprobatoria. Un pitido proveniente de la cocina les advertía que la té ya estaba listo. Penelope fue a por él y regresó con un par de humeantes tazas. Las depositó encima de la mesa y ambos se sentaron uno frente al otro.

Durante unos minutos, sólo hubo silencio. Lo único que lo interrumpía era el constante tintineo de las cucharillas al chocar con la taza. Percy le dio un último bocado a su empanada mientras seguía dándole vueltas con la cucharilla a su té. De nuevo más silencio. Penelope se quedó mirándole.

—¿Y bien?—preguntó al fin—¿Sabes ya lo que vas a hacer o te vas a pasar el resto de la noche ahí sentado y sin decir nada?

El muchacho tomó un trago de su té, que aún estaba algo caliente, y dejó la taza en el plato. Miró a la chica y se enderezó. Tomó un poco de aire antes de comenzar a hablar.

—No sé exactamente qué decir.

—Empieza por el principio, por ejemplo.

—De acuerdo—se ajustó la manta que tenía encima y se colocó bien las gafas. Vaciló un poco antes de continuar—. Penny, eres una chica increíble. Me pareces una de las personas más valientes e inteligentes que he conocido en la vida y, de veras que te lo digo, siempre he admirado esa faceta tuya. Me alegré mucho el saber que no te ocurrió nada porque, créeme, lo pasé realmente mal cuando escuché a uno del ministerio mencionar tu nombre. Casi me da un infarto en ese momento, pero no pude mostrar más que indiferencia para que no sospecharan de mí y acabara siendo interrogado. Eso sí, contacté con un amigo para que localizara tu paradero, pero por desgracia, y tal como estaban las cosas, no obtuve respuesta. De todos modos, siempre tuve la esperanza de que algún día regresaras. Te he echado mucho de menos y me has hecho mucha falta. Y no sólo durante esos duros momentos, sino también cuando tuve aquella trifurca, hace ya bastantes años, con mi familia. Me cegué demasiado por la ambición y acabé realmente solo.

»Para mi desgracia, fui testigo de la muerte de mi hermano Fred. En ese momento, creí morir con él. Deseé cambiarme por él. Estuve demasiadas semanas que no levantaba cabeza. En mi casa todo era un caos total y, en medio, estaba yo. Hasta que apareció ella. Audrey. Es cierto que en el pasado nos hemos dicho demasiadas cosas, pero la guerra nos ha cambiado a todos. Unos para bien, otros para mal, pero en algún modo, todos lo hemos hecho. Con mi actitud anterior lo único que conseguí fue hacerle daño a mi familia, lo que más quería. Y tras la muerte de Fred decidí cambiar y redimir mi error. Aunque un poco tarde, pero debía hacerlo.

»Si no llega a ser por Audrey, no sé qué hubiese sido de mí. De veras que, al principio, no me hizo mucha gracia su regreso, pero poco a poco fui adaptándome a su presencia, a verla día a día, demostrándome que no era la misma Audrey Wortham que yo conocí en Hogwarts. Ahora es más divertida, ve las cosas de otra manera, me hace reír... Yo perdí un hermano y ella estuvo a punto de perder a la suya y eso, en parte, es lo que nos cambió.

»Con esto quiero decir que tú y yo tuvimos algo especial hace unos años. Algo que siempre recordaré con especial cariño. Pero ahí se quedó, en el pasado. Yo tuve que pasar página, aunque no me esperaba para nada tener que hacerlo justo con la persona que más me detestaba en Hogwarts. Pero ella es mi razón para seguir adelante, ella nunca me dejó que me derrumbara, siempre me dice que Fred no hubiese querido lágrimas, a no ser que fuesen de risa.

»Y, a riesgo de parecer cursi, he de decir que no me imagino mi vida sin ella. En los tres años que llevamos juntos, hoy ha sido la primera vez que la he visto realmente enfadada. Y mira que en el trabajo ha tenido motivos para pillarse un buen berrinche, pues ni con esas la he visto así. Y el pensar que el motivo de ese enfado es por mi culpa, me mata por dentro... No tengo la más remota idea de qué pasará después de lo de esta noche, pero no deseo estar con nadie que no sea ella.

»Si hay algo en lo que ella tenía razón, es que, de veras, te mereces a alguien mejor que yo. Eres una magnífica chica, pero yo no quiero hacerte daño. Espero que todo este sermón haya servido para explicarme con claridad.

Penelope, quien estuvo callada en todo momento, escuchando cada palabra del pelirrojo, sonrió. Se echó hacia delante y le tomó una de sus manos, que la apretó con delicadeza.

—Te has explicado con demasiada claridad, me da a mí—se echó a reír y luego le miró, más tranquila—. Y puedes quedarte tranquilo, que no pienso echarte té hirviendo encima ni nada por el estilo.

—Me alivia escuchar eso—comentó irónicamente.

—Va a resultar que Audrey es una chica con mucha suerte y todo.

—En absoluto, el afortunado soy yo de tenerla a ella.

—Pues solo desearte mucha suerte con ella. Y lamento haberte causado problemas. Como te dije antes, no pensaba entrometerme, pero debía intentarlo al menos. Si necesitas que hable con ella, sólo dímelo.

—No creo que haga falta. Aunque no hubiese estado mal que me hubiese visto por un agujerito en estos momentos. Tener que repetir todo lo que he soltado es bastante cansado.

Penelope se levantó de su asiento y recogió el abrigo de Percy que aún permanecía frente al fuego. Con una sonrisa se lo entregó.

—Será mejor que no te entretengas más. Son casi las once de la noche y tienes una chica con la que reconciliarte.

—Gracias por todo, Penny.

—No, gracias a ti. Espero que no pasen otros cuatro años para que nos volvamos a ver.

—Yo espero que no sea así. Será mejor que me marche antes de que se haga más tarde y sea peor.

Penelope se acercó al chico y le abrazó. Él le devolvió el beso y la besó en la frente. Y, sin esperar un segundo más, se desapareció rumbo al apartamento de, esperemos que sea aún, su chica.


CONTINUARÁ


NDA: Bueno, en estos momento, os paso un cubo para que podáis vomitar arcoíris bien a gusto. xDDDDDDD ¡Merlín! Creo que es lo más pasteloso y ñoño que he escrito hasta ahora. Así que, si os habéis tenido que chutar insulina después de leer esto, lo comprendería.

En fin, esperemos que, al menos, os haya gustado. ¿Reviews?

Un saludo muy grande. ^^

~Miss Lefroy Black~