II: Gula
Peter Pettigrew
"Es un vicio del deseo desordenado por el placer conectado con la comida o con la bebida."
Fue la tercera semana cuando descubrieron la cocina. James murmuró que habían muerto e ido al cielo. Peter no estaba en desacuerdo con las palabras de su amigo.
Las cocinas estaban infestadas de elfos domésticos que iban y veían. Remus admiraba maravillado como unos cocinaban mientras otros preparaban en las mesadas los postres. Sirius aclaró su garganta y captó la atención de uno de ellos. Al ver al joven, el elfo se acercó a ellos con una gran sonrisa.
– ¿Qué es lo que puede hacer Kimi por ustedes jovencitos? – Era una elfina con unos muchos años. Los miraba con una sonrisa que James y los demás respondieron de inmediato. Se miraron entre sí y Peter murmuró – postres.
– Queríamos saber, si se nos pueden ser proporcionados, unos ricos pastelitos de chocolate – murmuró mientras se tocaba la punta de la nariz.
La sonrisa de la elfina se hizo más grande.
– Claro que si – Respondió al tiempo que indicaba a los jóvenes que tomasen asiento en las mesas.
Peter no recordaba haber comido tanto como esa noche. No sólo les habían dado bollos de chocolate, si no que les dieron de frambuesa, de calabaza, de mandarina. Les proporcionaban también cuando les pidiese, una gran porción de frutillas a la crema. Recordó que Remus estaba a su lado embutiendo torta de chocolate y frente a él, James y Sirius devoraban pastel de arándano.
¿Cuánto tiempo pasó desde aquella noche? Solo tres, y Peter ya quería volver a ir. Ninguno de sus compañeros quiería acompañarlo, decían que aún seguían llenos por lo menos como para una semana más. Peter se decepcionó, pero luego se le ocurrió que podría escaparse por la noche, solo.
Aquella noche, se acostó a dormir temprano como todos sus compañeros de habitación. Cerró sus ojos, y se quedó allí, inmóvil. Entrada la medianoche, cuando notó que ya todos roncaban, se levantó de un salto de su cama y se puso las pantuflas.
Al llegar a las cocinas, Kimi lo atendió nuevamente, con una gran sonrisa en su rostro. Peter pidió con un poco de vergüenza algo de alimento, pero esta vez no fue específico. Tomó asiento en el taburete, donde sus pies colgaban a unos cuantos centímetros del suelo, mientras él echaba un vistazo a la cocina. Algunos elfos estaban preparando masa, podría ser la de los scons para el desayuno de la mañana. Había mucho olor a vainilla y eso hacía que su boca se llenase de agua.
Kimi colocó una fuente de alimento frente a él y su mandíbula se desencajó. Estaba repleta de sus alimentos y postres favoritos, y no pudo evitar comenzar a comer uno detrás de otro, apenas masticando. Poniendo dos bollos de fresas y luego masticándolos rápidamente para poner los de chocolate.
Desde ese momento, noches de por medio Peter visitaba las cocinas, y Kimi, aquella encantadora elfina, siempre lo esperaba con las más exquisitas comidas.
