El día en que todo termino

III: IRA

Walburga Black.

"Emoción que se expresa con el resentimiento, furia o irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, presión sanguínea y niveles de adrelina y noradrealina."

Aquella fría madrugada del quince de junio, parecíauna madrugada como cualquier otra. El sol comenzaba a salir por el horizonte, los pájaros comenzaban a emprender su vuelo matutino, y la luz comenzaban a filtrarse a través de las cortinas. El día estaba fresco, el viento ondeaba con tranquilidad, y la poca gente que caminaba por la calletransitaba lentamente, sin preocupación alguna.

El reloj de la mansión Black, comenzó a sonar cuando la aguja de plata marcó las siete en punto de la mañana. Resonó por todo el living en el salón bajo, y retumbó por las escaleras del segundo piso.

Kreacher, comenzó a preparar el desayuno, mientras murmuraba cosas sin sentido.

Walburga Black, estaba recostada en su cama, mientras sus ojos color negro se paseaban por la habitación. Su mirada volteó a la derecha y allí se dedicó a observar el paisaje. Miró a su costado izquierdo, y notó que la figura de Orión ya no estaba allí. Seguramente, estaría en la biblioteca del lugar, leyendo el periódico.

Sirius se removió en su cama y abrió sus ojos. Pestañeó momentáneamente y luego bostezó. Refregó sus ojos con sus manos y distraídamente despeinó sus cabellos.

Hacía un solo día que había vuelto a su hogar, y ya quería marcharse.

La cena de regreso había resultado desastrosa. Sirius se había empeñado para no pelear con su familia, pero los comentarios de su hermano y madre sobre los sangre sucia, y sus amistades, habían colmado con su paciencia. Les había pedido cordialmente que cerraran sus bocas, pero estos no les hicieron caso. Se puso de pie, miró a su padre y luego a su madre y se marcho de la cocina, cerrando la puerta de un portazo.

Momentos mas tardes, Sirius bajaba las escaleras de su hogar mientras terminaba de abrochar su camisa. Tropezó con Regulus en los escalones, y lo miró.

– Buenos días. – murmuró mientras tomaba el pomo de la puerta de la cocina.

Sus padres ya se encontraban desayunando allí. Su padre lo había saludado, pero su madre lo ignoró.

Había tomado asiento, al lado derecho de su padre, beneficio de ser el primer progenitor de aquella familia.

Tomó la taza de café, y luego con parsimonia comenzó a untar la tostada con mermelada. Sus padres comentaban temas triviales, hasta que en un momento escucho su nombre en la conversación. Estaban hablando sobre su conversión a Mortífago. Decían que aquello borraría todos sus años de deslealtad a su hogar, y borraría el paso de él por Gryffindor.

Sirius estaba indignado. El sólo hecho de que sus padres ya quisieran controlar su vida, le ponía la piel de gallina. Pero esto, era algo que superaba los límites imaginables.

Los gritos de las personas en la cocina comenzaron a escucharse desde la biblioteca, donde Regulus estaba leyendo tranquilamente su libro de Aritmancia.

Walburga, Orión y su primogénito, discutían acaloradamente, mientras los timbres de sus voces comenzaban a elevarse, hasta que el ruido de una cachetada resonó por la habitación. Sirius, inmediatamente, se llevó su mano a la mejilla roja y miró a su madre dolido.

Walburga lo miró imperita, con el entrecejo fruncido y una expresión fría.

Sirius pasó la lado de su madre, mientras su padre le pedía perdón por el comportamiento de ésta.

– No tenías que pegarle Walburga. – murmuró mientras suspiraba.

Minutos después de que ambos se habían recompuesto y retomado el desayuno, los gritos comenzaron a oírse en el pasillo. Ambos fueron a ver que sucedía.

Sus hijos estaban discutiendo, y Sirius bajaba con paso acelerado, con las mejillas coloradas y su baúl en mano.

– Me voy de aquí. – rugió mientras se frenaba al ver a sus padres.

Orión tomó a Sirius del hombro y lo retuvo. Trató de convencerlo de que se quedase en su hogar, pero fue en vano.

Sirius se acercó a la puerta principal de su hogar y posó su mano sobre el pomo, mientras Regulus, a su lado, le pedía por favor que se quedara.

– Sirius Orión Black, sales por esa puerta y no volverás.

Su madre lo miró firme. Sus palabras habían sonado frías y secas.

– Pues, un gusto haberlos conocidos. – murmuró

Tomó el pomo de la puerta, la abrió de un tirón y salió de allí dándole un portazo.

Walburga se quedó quieta unos instantes, mientras Orión, con una máscara de indiferencia caminaba rumbo a la biblioteca.

Ella, entró decidida en aquella habitación. Por sus venas, corría con rapidez el odio y la furia, y mientras pensaba en los momentos, en los que su pequeño Sirius era un Black, y lo había querido, hacía un movimiento con su mano, y el rostro del chico en el taburete, comenzó a arder en llamas, mientras unas pequeñas lágrimas caían por su rostro, ante la pérdida de su hijo.