Stay with me

Llegada

Era un día muy soleado en la pensión Asakura, cada uno de los residentes del lugar se encontraba ocupado en sus cosas, Yoh dormía bajo un árbol junto con Manta y Amidamaru, Len entrenaba en un sector del parque, Horo Horo y Ryu jugaban a las cartas mientras que Chocolov y Liserg tan solo miraban. Anna se encontraba tranquilamente leyendo un libro al lado de su prometido, relajándose un poco.

El joven Asakura abrió sus ojos y observó a sus amigos, que tranquilidad reinaba en ese momento, mucha paz. Simplemente perfecto.

— ¡Yo gané! ¡En tu cara, Ryu!—. Se escuchó la vos del Ainu gozando. Ryu soltó un bufido y tiró las cartas por doquier.

—Eres un tramposo, ¡te elegías las cartas siempre!

— ¡Eso no es cierto!

— ¡Sí lo es, tramposo!

— ¡Mal perdedor!

— ¡Quieren callarse!—. Esta vez fue Anna la que habló. Se la veía muy molesta. —Estoy intentando leer, ¿no lo ven?—. Los dos jugadores se callaron de inmediato, no sin antes mirarse con odio.

—Lo lamento mucho doña Anna, no queríamos perturbarla ni a usted ni al bebé en su paz —. Se disculpó Ryu, acercándose a la mencionada. Ella lo miró seria y, al escuchar mencionar a su abultado vientre, sonrió levemente.

—Está bien Ryu, pero dejen de molestar. Sino me veré obligada a amordazarlos y a atarlos a ambos contra un árbol.

— ¡N-no, no! No será necesario, Anna—. Cerró Horo Horo, yendo nervioso con su amigo Yoh. —Vaya, sí que está más susceptible de lo normal.

Yoh sonrió.

—Bueno Horo Horo, no le des importancia, es algo normal en la etapa que esta pasando, ¿no crees? Al menos así lo veo yo. Mira, tiene un niño dentro de ella que esta a punto de salir y eso debe tenerla algo molesta… —. El shaman de hielo asintió.

Anna se paró y se estiró, levantando sus brazos lo más alto que podía, lo que hacía que su gran vientre se notara mucho más. Se encontraba de unos avanzados 9 meses de embarazo, ya en cualquier instante llegaría al mundo el heredero del Asakura. Yoh la observó detenidamente, estaba muy ansioso de ver a ese nuevo ser que estaba a punto de nacer. Seguramente iba a ser muy lindo/a, ya que Anna era una mujer muy bonita. La rubia se sintió observada y, al girar la cabeza, se encontró con la penetrante mirada de su prometido. Se sonrojó levemente y rápidamente corrió la vista.

—Iré adentro, tengo hambre —. Dijo Kyouyama. Yoh sudó frío.

—P-pero, Annita… c-creo que ya no hay comida.

Anna frenó en seco y lo miró.

—Pues cocina algo, tenemos hambre.

Eso era suficiente para que él se levantara y le pidiera a Manta y Amidamaru que lo acompañasen a hacer las compras. No quería morir hoy.

—Amo Yoh, ¿la señorita Anna no se enfadará si se entera de esto?

—No te preocupes, Amidamaru. No se enterará, además es tan solo un momento.

—Anna tiene el carácter más fuerte de lo normal con esto del embarazo, ¿verdad?

—Créeme que sí, Manta.

Los tres se encontraban a la orilla del río contemplando el atardecer, disfrutando de la suave brisa del momento y el silencio. Tenían todas las compras ya hechas, solo estaban tomando un pequeño descanso antes de volver a la pensión y ponerse a cocinar para la sacerdotisa.

Estuvieron allí unos 30 minutos, iban a quedarse un tiempo más, pero alguien se acercó corriendo desesperado hacia ellos.

Era Horo Horo.

—Maldita… sea… Yoh… llevo buscándote hace 20… minutos… Anna… se le rompió la fuente… —. Dijo entre bocanadas de aire. Yoh se puso azul.

— ¿Q-qué?

— ¡Rápido, idiota!

Tan rápido como pudieron, se dirigieron a la pensión, entraron desesperados y, en la habitación de Anna, se encontraban todos. Fausto, que había estado descansando toda la tarde en una de las habitaciones, ahora se encontraba junto a la dolorida muchacha, que al parecer no resistía el dolor. Al ver a Yoh se enfureció.

— ¿Dónde demonios estabas, Yoh?

—Ah, nosotros… solo… hum…

El médico terminó de analizar a la chica y la miró algo preocupado.

—Anna, no llegarás al hospital. Nacerá aquí.

— ¿QUÉ? ¡YO NO VOY A PARIR AQUÍ DE NINGUNA MANERA!

Entre insultos y acusaciones, Fausto logró calmar a la chica y la llevó a una habitación aparte, todos eran un manojo de nervios. Más el padre de aquella criatura que estaba por nacer.

—No deberíamos habernos quedado ahí, amo Yoh.

—Anna va a matarme, ¡lo sé!

—Es tarde para lamentos, Yoh. Tu hijo está naciendo —. Habló Len, serio y sereno. Los demás se encontraban junto a su amigo, escuchando los quejidos provenientes de la habitación donde se encontraba la chica. Ya estaba llegando. Ya estaría aquí, con ellos. ¡Ya!

— ¡Todo pasó muy rápido! ¡Ni siquiera sé cómo agarrar un bebé! —. Lloró Yoh, Amidamaru y Manta trataron de consolarlo, estuvieron así más de una hora. Hasta que, por fin, Fausto salió de la habitación con cara de cansancio, pero satisfecho.

—Felicitaciones, Yoh. Es un niño.

El muchacho casi se desmaya al escuchar eso, ¿ya había pasado? Entró lentamente a la habitación, con miedo. Se encontró con su prometida durmiendo, empapada de sudor y con expresión de extremo cansancio. A un costado de la chica, había un pequeño ser que se movía molesto entre las sábanas, llorando. Yoh se acercó a él y lo miró. Simplemente perfecto. Lo tomó en sus brazos, temeroso y algo torpe y se lo quedó mirando un buen rato, el bebé al instante de que su padre lo tomó en brazos, dejó de llorar, casi por arte de magia.

Yoh no podía dar crédito a lo que veían sus ojos, era el niño más lindo que había visto en toda su vida. Y era de él. Su hijo. Le dio un pequeño beso en la frente y luego se acercó a Anna e hizo lo mismo.

Para cuando se quiso dar cuenta, todos sus amigos se encontraban rodeándolo mientras observaban al nuevo integrante. Todos hacían preguntas, todos a la misma vez, mientras que el feliz nuevo papá no los oía, toda su atención estaba puesta en ese pequeño rubio de grandes y profundos ojos negros que lo observaba y sujetaba de la camisa.

—Ojala no salga con el carácter de Anna —. Bromeó el Ainu, con una sonrisa.

Se escuchaban felicitaciones, voces raras con las que generalmente se le hablan a los bebés y demás.

—Anna dijo que te mataría cuando todo terminara porque llegaste tarde —. Comentó Fausto.

El castaño solo sonrió, ya nada más importaba. Su hijo había nacido.

— ¿Cómo se llama, Yoh?—. Preguntó Manta, todos coincidían con aquella pregunta. El chico amplió su sonrisa y apoyó al bebé contra su pecho.

—Bienvenido al mundo, Hana —. Dijo, con una alegría incomparable. Había adivinado, había salido un niño tan lindo como la madre, era el chico más feliz del mundo.

·: Chapter Complete :·

Bueno bueno, he aquí con otro pequeño drabble. Esta vez le tocó aparecer al pequeño Hana, ver a Yoh en el papel de papá me llena de ternura simplemente de imaginarlo. Espero que les guste, ya que yo disfruté mucho escribiéndolo. Recuerden que cualquier idea que quieran ver plasmada aquí, bienvenidas son. Muchísimas gracias a todos por sus reviews, alertas y favoritos.

¡Los adoro muchísimo!

Hasta la próxima,

Emi.