Para Karrma, por leer todas estas historias, por hacerme sentir la mejor siempre, y por ser una de las mejores lectoras que tengo.

II

Los leves rayos del sol se vieron cubiertos por los nubarrones grises, que amenazaban con lluvia. Mientras Annie Cresta intentaba lavar el piso que su esposo había ensuciado con vomito, mientras este leía su periódico como todas las mañanas, tomando el café que la mucama había preparado y pensando despreocupado de lo que pasaba en el piso de arriba, en la hora en la que tendría que irse de nuevo a trabajar.

La irritación de Annie comenzó a incrementarse, al sentir el aroma del vomito entrar por sus fosas nasales, y aún más cuando escucho a su esposo cerrar la puerta para salir a trabajar. Siguió tallando, cada vez con más fuerza, hasta que el piso comenzó a mancharse de rojo. Confundida miro el pequeño cepillo que tenía en las manos y al instante sintió el ardor en estas.

-¡Mags! –grito Annie desesperada. La mucama que ya era algo vieja, pero aún así eficiente, había estado con la familia de Brutus desde que este era pequeño.

-Señora…- en cuanto Mags vio la sangre salir de las manos de Annie, corrió escaleras abajo y volvió con una bandeja de porcelana llena de agua tibia y unas cuantas vendas. Se las coloco con delicadeza y cuando termino de vendarla le acaricio la mejilla suavemente.

-¿Por qué no me dejó a mí limpiarlo?

Una lágrima recorrió la mejilla de Annie, y ella la limpió con rapidez.

-El olor, quedaría impregnado y es mi esposo, yo…

Mags la interrumpió con una sonrisa, y la ayudo a ponerse de pie.

-Prepararé algo de té y galletas para ambas ¿le parece?

Annie asintió levemente, y salió de la habitación con el estomago revuelto, y no porque el olor fuese insoportable, si no porque durante todo el tiempo que durmió, no pudo dejar de soñar con el mejor amigo de su esposo, con el Mayor Odair.

Bajó las escaleras de su habitación y entro a la cocina, donde su taza de té y unas galletas de jengibre la esperaban. A pesar de que a su esposo no le gustara que Annie pasara tiempo en la cocina y con la servidumbre, Annie tenía que admitir que Mags, era la única amiga que tenía realmente, platicaba de todo con ella, incluso de su descontento con su esposo.

Pero esa mañana, lo único que se escuchaba eran las pequeñas tazas de té, chocando con los platos.

-¿Quiere ir al mercado conmigo?

-Me encantaría- dijo Annie con su mejor sonrisa.

Se bañó y vistió rápidamente con un vestido rosa pálido que le quedaba a la perfección, se maquillo el rostro con colores suaves, y acomodo su cabello ondulado con un pequeño moño. Tomo el bolso del mercado y salió al lado de Mags camino al mercado.

Le encantaba el mercado, había diferentes colores en todos lados, y la zona en donde vendían flores, verduras y frutas le parecía exquisita. Mientras Mags compraba la carne, a Annie siempre le dejaba ir por las flores o por las frutas, era una actividad relajante para Annie.

Tomo una rosa entre sus manos y la olio con delicadeza, pero de pronto sintió otro aroma, el aroma de un hombre.

-Señora Cresta.

El soldado estaba frente a ella, más cerca que la noche anterior, tan cerca que su aroma tan varonil exploraba todos los sentidos de Annie.

-Mayor- tartamudeo ella. Finnick no traía puesto el uniforme, aunque se veía igual de imponente. Su cabello estaba un poco alborotado, y usaba una camisa blanca, un poco abierta. Sin importar el clima frio, parecía que el hombre nunca sentía aquel frio o el viento que despeinaba su cabello con tanta sensualidad.

-¿Qué le paso en las manos?- pregunto Finnick al percatarse de las manos vendadas de Annie, y sin pensarlo dos veces las tomo para revisarlas.

-Me he lastimado en la mañana mientras limpiaba, no es nada serio.

Finnick la miro un tanto dudoso, y soltó sus manos con pesadez, dudaba de la historia, sobre todo sabiendo el estado en el que había dejado a Brutus.

-¿Cómo amaneció Brutus?

Annie comenzó a caminar, fingiendo escoger fruta, para poder ignorar la mirada del hombre.

-Bueno, amaneció, ese debe de ser un progreso.

Mags apareció detrás de Annie, y miró a Finnick, hasta que finalmente después de unos minutos lo reconoció.

-¡Señor Odair! –grito con emoción, saltando tanto como su viejo cuerpo lo permitía para poder abrazarlo.

-Parece que aún me recuerdas, Mags.

-Cómo olvidar al muchacho vivaracho que sonsacaba el señor para hace travesuras.

Finnick soltó una carcajada y miró de reojo a Annie.

-Perdonen mi falta de educación, déjenme ayudarles con las bolsas.

Annie abrió la boca para protestar pero volvió a cerrarla cuando Finnick le quito las bolsas.

-Necesito que me cuentes todo, muchacho, todo –dijo Mags emocionada.

-Son historias bastante largas, Mags.

-Oh, puedes quedarte a comer con nosotras. ¿No hay problema verdad señora?

Annie negó con la cabeza, y caminando tímidamente detrás de Finnick y Mags, pudo notar el porte tan severo que Finnick poseía, su espalda recta como cualquier buen soldado, y los músculos que se marcaban en su espalda y hombros cada que Mags le daba otra bolsa.

De pronto, le dieron ganas de tocar aquellos músculos, de delinearlos con sus propios dedos, y saber que pasaba cuando se flexionaban… "¡No!" grito la mente de Annie, intentando que recobrara un poco de cordura para dejar de pensar así sobre el mejor amigo de su esposo.

En cuanto entraron a la enorme casa de la familia Cresta, Mags llevo de inmediato a Finnick a la cocina. Mientras que Annie, sin tener muchas energías para ocultar su extraña atracción hacia el soldado, se disculpo con ambos.

-Iré a recostarme un rato, por favor, en cuanto se retire el mayor, sube a informarme, me gustaría despedirlo y darle las gracias por ayudarnos de nuevo.

-¿De nuevo?- pregunto Mags.

-Ahh, si, larga historia, en cuanto me recupere te cuento.

Mags asintió dudosa, y Annie subió hasta su habitación, aunque el aroma a vomito ya se había evaporado un poco, las mismas nauseas acudían hasta su boca, se recostó en la cama y se quito los zapatos de tacón rosa que traía puestos, sin molestarse en desmaquillarse o quitarse el vestido, se oculto debajo de las sabanas, ocultándose del aroma a vomito, de su vida, y de sus propios y confusos sentimientos.

En cuanto Annie abrió los ojos, escucho unas carcajadas masculinas provenientes de la cocina, unas carcajadas que no pertenecían a las de su esposo.

-¿Enserio?- Dijo Mags en cuanto Finnick termino de hablar –Señor Odair, eso es tan maravilloso.

Annie se quedó escuchando detrás de la pared, para no ser descubierta.

-¿Sabes qué es lo mejor que me paso allá?

-¿Qué?- pregunto Mags.

-Había un soldado, muy joven, muy joven y extraño, de hecho todos se burlaban de él, todos menos yo –dice con una sonrisa satisfactoria –era bastante tímido, yo le enseñe a utilizar el rifle correctamente, no es muy fácil ¿sabías?

Mags negó con la cabeza, mientras partía algunas verduras para la comida, no dejaba de escuchar a Finnick.

-Pero, nadie sabía que él tenía una novia. A él no le gustaba hablar de ella, no quería que se burlaran, o que le llamaran mentiroso. Así que un día, antes de salir al campo de batalla, me mostro una fotografía de ella, ella es bellísima Mags, realmente hermosa, no pude más que felicitarlo.

Le dio un pequeño sorbo al vaso de whisky que tenía enfrente.

-¿Y sabes que me dijo antes de entrar al campo?-Mags volvió a negar con la cabeza. -Me dijo, el mejor sentimiento en este mundo, la mejor sensación, es amar y saber que eres amado. Mayor, yo tengo un motivo por el cual volver. Y salimos a combatir.

Annie decidió entrar a la cocina entonces, quería escuchar la historia más de cerca. Finnick la miro en cuanto entro, y se sirvió un poco más de whisky.

-Por favor no te detengas, sólo vine a ayudar a Mags con la comida.

Finnick la miro de nuevo y con una sonrisa siguió hablando.

-Sólo regresamos tres personas de ese combate- dijo Finnick en voz baja, mientras que Annie fingía desinterés, pero en realidad sentía una punzada en el pecho, pensando "Dios, que el soldado extraño haya sido uno de ellos" –Peeta fue uno de los que volvió conmigo, ese extraño soldado. Gracias a ese regreso, nos han dado estas… ¿cómo decirlo?... vacaciones.

Mags abrazo a Finnick y le dio un leve beso en la mejilla. Annie jamás había sentido tanta envidia hacia una persona, como la que sintió en ese momento contra Mags.

-Pero me dejo pensando, ¿qué tengo yo que me haga desear volver?- le dio una mirada rápida a la espalda de Annie, y agacho la mirada –Tal vez en estos seis meses encuentre el motivo.

Annie encendió la radio, buscando una distracción para las palabras de Finnick.

-Finnick, cualquier chica que este contigo debería considerarse más que afortunada. Tú eres un gran hombre, has peleado por esta nación, eres el partido perfecto.

Annie tragó en seco, volteo un poco para ver al Mayor, y se encontró con su mirada.

-Tal vez Mags, aunque no tengo ni la mitad de lo que tiene Brutus-Las mejillas de Annie se encendieron, ¿era alguna clase de indirecta? Sacudió la cabeza, Mags miro a Finnick y a Annie. –Oh Mags ¡me encanta esta canción!

Finnick se puso de pie, y tomo a Mags de la cintura, pero Mags con una carcajada lo alejo.

-Mi cuerpo es demasiado viejo Finnick, con una vuelta puedo quebrarme.

Finnick sólo sonrío y asintió, Mags volvió a mirarlos y sonrió un poco.

-Necesito salir por unas cosas que olvide, señora ¿puedo dejarle la comida?

Annie nerviosa ante la idea de quedarse sola con el soldado, solo asintió y balbuceo un tímido sí. En cuanto Mags salió, Finnick estiro la mano y se acerco hasta Annie.

-¿Y usted qué me dice?-Annie miro la mano de Finnick como quien mira a un fantasma. -Oh, se que dirá que no es apropiado, pero no hay nadie mirando, y no creo que haya cosa más patética que un soldado bailando solo.

Annie sonrió un poco, y como si el argumento de ver a un pobre soldado bailando solo, fuese suficiente, tomo la mano de Finnick, y este al instante la atrajo hasta él. Tomó su cintura con su enorme brazo, y comenzó a guiarla en el resto de la pieza. Las manos de la pobre Annie temblaban, mientras que Finnick tarareaba la canción sin siquiera abrir los ojos, de pronto la pieza se detuvo, no se escucho nada, silencio.

La puerta de la casa se abrió con violencia, y Annie empujo a Finnick al ver el cuerpo de su esposo entrar a la cocina.

"Ataque" se distinguía a escuchar en la radio.

-¡Odair! ¿Qué haces aquí?- Pregunto Brutus amable. –Bueno no importa, dicen que vieron aviones nazis, parece que va a haber un bombardeo, querida será mejor que bajes al refugio con Mags.

A Annie le dio un vuelco en el corazón –Mags –murmuro Annie, la mujer había salido desde hacía quien sabe cuánto y no había regresado. El silencio se volvió penetrante, parecía rebotar en el pecho de Annie. Brutus la miró, confundido, pero Finnick entendió de inmediato. La radio siguió en silencio, hasta que a lo lejos el sonido de bombas cayendo del cielo comenzó a escucharse con más intensidad.

-Brutus, lleva a Annie al refugio, yo iré a buscar a Mags.

Brutus parecía bastante asustado, y a Annie le irrito la idea de que no se ofreciera para ayudarlo.

-Vamos querida.

La llevo del brazo hasta el sótano y se encerró con ella.

-Parece que la guerra no ha terminado ¿verdad?

Annie ignoró el comentario, mientras observaba por la pequeña ventanilla, a la espera de ver a Finnick con Mags de su brazo, o peor aún, al soldado cargando el cadáver de la anciana. Pasaron varias horas, de pronto la radio recupero la frecuencia, y todo parecía volver a la normalidad.

-El Mayor no ha vuelto- Annie miró a Brutus, preocupada, Brutus la miro confundido. –Fue a buscar a Mags- dijo Annie.

-Ohh, lo había olvidado. Tal vez, la acompaño a casa, y después el se fue a la suya. No te preocupes cariño, el sabe lo que hace.

-No, creo que deberías de ir a buscarlos.

Brutus la miró irritado y su tono de voz aumento.

-¿Para qué? Es de la servidumbre, no es importante.

Annie, dispuesta a contestar, observa la cara sorprendida de Mags en la puerta del sótano, y el rostro enojado de Finnick. Los dos tenían algunos rasguños en el rostro, y estaban bastante sucios.

-Perdonen la tardanza- dijo Finnick apretando la mandíbula –No podíamos salir, atacaron justo el mercado.

La mirada de Mags parecía triste, y Annie corrió para poder abrazarla, aunque por un momento pensó que ella la rechazaría. Miró al soldado, y dudó un poco sobre si debía abrazarlo o no, simplemente lo miro y tomo su mano.

-Gracias por traerla a casa. Les prepararé algo de té, y Mags te prepararé un baño, Mayor ¿usted también desea…- carraspeo un poco –desea uno?

Brutus levantó la vista de inmediato y miró a Annie molesto.

-¿Por qué le prepararás el baño a la servidumbre y a Finnick? Prepáramelo a mi primero, yo también estoy cansado.

Por primera vez en todo su matrimonio, Annie se puso frente a Brutus y lo miro a los ojos con desprecio.

-Porque no tuviste el coraje de salir a buscar a la mujer que te ha cuidado durante toda tu vida. Si quieres un baño prepáratelo tú.

Brutus miró atónito a su esposa, y la empujo con brusquedad al salir del sótano. Finnick se apresuró a levantarla.

-¿Está bien? No es necesario el baño, será mejor que me vaya a casa.

-No, claro que el baño es necesario, Mags por favor, espera tu té en el salón.

Mags protesto un poco, pero le dolía el brazo y todo el cuerpo, no solo por todo lo que había caído encima de ella, si no por el miedo de pensarse sola, hasta que distinguió a Finnick corriendo hacia ella para protegerla.

Preparo té para Mags, y sacó la mejor botella de whisky para Finnick.

Corrió hacia los baños de su enorme casa, y preparó la tina para ambos, Mags nunca se había aseado en un lugar tan lujoso, y no dejaba de repetírselo a Annie en cuanto entro al baño, pero para preparar el baño de Finnick se tardó un poco más, ante la idea de que aquel hombre tan guapo y valiente, estuviese a punto de entrar desnudo a aquel cuarto.

-Gracias, señora.

-No, gracias a usted Mayor –se acerco un poco y le dio un beso rápido en la mejilla. Finnick quedó por un largo tiempo tocando su mejilla.

En cuanto Mags y Finnick salieron del cuarto de baño, Annie insistió en que ambos se quedasen a dormir, a Mags le preparó la cama del cuarto de visitas más cercano a su habitación por si necesitaba algo, mientras que a Finnick lo envió al cuarto más lejano del suyo, excusándose con que no era apropiado, aunque en realidad tenía miedo de que su deseo de salir por la noche a escondidas para observarlo dormir la atacara.

En cuanto fue a acostarse noto que ya era casi de madrugada, se vistió con su pijama, y salió con su bata hasta la cocina, por un poco de agua para Brutus, y sin darse cuenta terminó frente a la habitación de Finnick. La miró durante unos minutos, y molesta consigo misma subió hasta su habitación, en donde la única forma en la que Brutus encontró para perdonarla, fue teniendo sexo con ella, sin importarle en lo más mínimo si ella quisiese o no.

En cuanto Brutus terminó, Annie regresó a ver hacia la puerta, dispuesta en ese momento a huir de esa vida que tanto despreciaba.