IV

La guerra parecía más dolorosa en el corazón de Annie Cresta que en el país mismo, la idea, o más bien la batalla que se libraba en la mente de Annie, hacía que su vida fuese más miserable de lo acostumbrado. Pensar en la felicidad y el palpitar frenético que causaba el mayor Odair al saludarla, aunque fuese un frío "Buenos días" o una cortante despedida, porque desde que Brutus Cresta le había pedido que dejara de hablarle, Annie había obedecido como buena esposa, ignorando completamente al mayor, incluso con la mirada. Aunque en su interior aquel baile que habían tenido en la cocina, el aroma del mayor recorriendo su nariz, y sus cuerpos tan cercanos, era un recuerdo que acudía con cierta violencia hasta su memoria. Todas las veces que escuchaba por la radio aquella canción que habían bailado juntos, no podía evitar pensar que era su canción.

Esa tarde, Mags y Annie habían estado preparando la comida para el señor Cresta y el Mayor Odair, quien a petición de Brutus iba a su casa a comer todas las tardes, Annie sabía que aquello era falsa amabilidad y que la verdadera razón por la que siempre invitaba al Mayor, era para ponerla a prueba todos los días.

-Hola Mags- saludó el Mayor al entrar por la cocina, besó a la mucama en la mejilla y la envidia volvía a invadir el cuerpo de Annie, de manera cruel.

-Señora- la frialdad del mayor lastimaba a Annie de manera brutal, y a pesar de ser ella quien había dejado de hablarle, el frío en las palabras del Mayor congelaban desde su boca hasta su pecho. Había pasado prácticamente un mes desde que Annie y el Mayor Odair no intercambiaban más que dos frases de cortesía y miradas furtivas. Brutus parecía contento de saber que había algo en lo que Finnick nunca lo podría superar, y aquello era el amor de su esposa, o al menos eso era lo que creía él.

Mientras comían en completo silencio, finalmente Finnick hablo.

-Brutus, necesito que Mags vaya a mi casa.

Brutus lo observó sorprendido, de alguna forma para él, Mags también era considerada como una posesión y saber que Finnick la quería afloraba de nuevo aquellos sentimientos de ira con miedo.

-No lo sé –dijo intentando sonar indiferente- Si Annie no la necesita.

Annie simplemente negó con la cabeza y se disculpó para retirarse. Finnick la siguió con la mirada y a pesar de la indiferencia que ella le ofrecía, Finnick no podía dejar de admirar su belleza, observar cada detalle, hasta aprenderse a la perfección cada lunar y cada peca que reposaba sobre el rostro de Annie.

-¿Cuándo la necesitas?

-Esta misma noche.

-Bien, yo tengo que volver al banco ¿te importaría esperar hasta que termine sus tareas? No creo que Annie pueda con todo- dijo lo último con una carcajada burlona. El mayor sonrió de manera fría y siguió con su comida.

Annie se lavaba el rostro con agua fría, intentando tranquilizarse como hacía casi siempre que tenía de cerca al Mayor.

Se miró al espejo durante unos segundos y no reconoció su propio rostro. ¿Dónde había quedado aquella joven soñadora, la que quería viajar y cambiar el mundo? Se preguntaba al ver las ojeras que se amorataban alrededor de sus ojos, sus pensamientos se interrumpieron cuando escucho la puerta principal cerrarse, salió del balo y corrió escaleras abajo, odiaba cuando no veía al Mayor irse, sentir la sensación de vacío al saber que él no le había entregado si quiera una mirada. En cuanto llegó a la puerta escuchó la voz del Mayor, su voz provenía de la cocina.

-Mags, es mejor no decirte las cosas aquí, apresúrate para que pueda decírtelo todo de una vez.

A Annie le dio un vuelco en el corazón ¿qué era aquello que no podía decirle estando ahí? Confundida y con cierto temor entró a la cocina.

-Mayor, pensé que se había ido.

Finnick negó con la cabeza y a pesar de sus intentos por no volver a examinar el rostro de Annie como a una obra de arte, sus esfuerzos fueron en vano. Sus ojos se encontraron de nuevo, y durante aquellos segundos los ojos de Annie volvieron a tomar brillo, la vida volvió a ellos, y un excitante cosquilleo en los labios del Mayor, lo obligaba a usar todo su auto control para no saltar sobre ella y besarla en ese momento. ¿Cómo no quererla si sus ojos denotaban la adoración que sentía por él? ¿Por qué insistía en ignorarlo de aquella manera?

Pero al mismo tiempo que el Mayor pensaba todo aquello, el rostro de Annie se enrojecía y desviaba la vista de la mirada tan penetrante del Mayor, la hacía sentirse vulnerable al sentirlo de aquella manera, como si pudiese ver a través de ella, como si en cualquier momento fuese a ponerse de pie y le pidiera que huyeran juntos, todo eso acompañado por esa manía que tenía el Mayor de relamerse el labio cuando parecía no decir todo lo que pensaba, al ver aquella costumbre que tenía el Mayor, Annie se sentía aún más vulnerable.

-Estoy lista- dijo Mags, interrumpiendo los pensamientos de ambos.

-La traeré en cuanto terminé de hablar con ella –dijo Finnick, aunque parecía más que le hablaba al techo que a Annie. Annie simplemente asintió, se despidió de Magss y al Mayor le murmuró una suave despedida y observó desde la ventana el coche del Mayor alejarse, y su corazón parecía estar vacío de nuevo, se sentó en el sofá caro al cual le gustaba llamarle el veneciano, ya que Brutus lo había mandado pedir desde Venecia. Hacía mucho que no eba sola, y mucho menos pudiendo repasar sus propios pensamientos, escuchando los segundos en el reloj y sin darse cuenta su mente comenzaba a trabajar, haciendo una lista de las cualidades del Mayor, y los defectos de su esposo. Se recostó en su sofá y cerró sus cansados ojos, sin notarlo una de sus manos comenzó a acariciar su pecho, imaginando que era la mano del Mayor, bajó hasta su intimidad y siguió acariciándose a sí misma, con la misma suavidad con la que a ella le hubiese gustado ser siempre tratada en aquellas situaciones. Siguió tocándose hasta que pudo sentir aquel leve calor que provocaba un suave cosquilleo en su intimidad y con un pequeño gemido, terminaba aquello que ella consideraba terriblemente vergonzoso, y corría hasta su baño para ducharse e intentar quitarse de la cabeza todo aquello que la hacía sentir sucia y en peligro, su marido parecía poder oler hasta sus más íntimos pensamientos.

Cerró los ojos, mientras intentaba alejar el pensamiento del Mayor Odair; esperándola frente a su puerta, con un ramo de flores en una mano y con la opción de poder escapar en otra. Intentaba sin mucho éxito, alejar todos aquellos dolorosos pensamientos en las que el Mayor era suyo, y ella de él.

Había perdido por completo la noción del tiempo, al verse ahogada en aquellos pensamientos, y despertó de ellos cuando la puerta del baño se abría con brusquedad.

-Esta si es la forma de recibirme –dijo Brutus mientras la examinaba con aquella lujuría que asustaba a Annie.

-¿Quieres que te prepare un baño caliente? –tartamudeó Annie, intentando cubrirse avergonzada, ante la mirada de su esposo.

-¿Qué te parece si me doy un balo contigo?- Y antes de que Annie pudiese negarse comenzó a desnudarse, y al instante saltar desnudo hacia ella. Mientras la hacía suya con rudeza, Annie se concentraba en otras cosas para no intentar llorar, nunca en Finnick, porque una parte de ella decía que el Mayor nunca la haría suya de aquella con tal brusquedad, y otra parte de ella sabía que el pensamiento la llevaría a decir su nombre, en el momento tan vulnerable para su esposo, así que se concentraba en lo arrugados que estaban sus dedos y se preguntaba cuanto tiempo llevaba ahí, contaba todos los mosaicos que adornaban el baño y contaba los segundos que su esposo llevaba tratándola de aquella manera, segundos que se convertían en minutos, minutos que se convertían en interminables horas.

Recostada sobre su cama esperaba escuchar el auto del Mayor, estacionarse fuera de su casa, mientras su esposo yacía rendido a su lado debido a su actividad, Annie escuchaba con severa atención, hasta que sus oídos escucharon aquello que tanto ansiaba escuchar, se levanto con todo el cuidado para no despertar a su esposo y bajó las escaleras para abrir la puerta, encontrándose con el pecho del Mayor, y una inconsolable Mags.

-¿Qué paso? –preguntó Annie preocupada.

-¿Esta Brutus dormido? –pregunto Finnick, Annie asintió levemente, después de lo que había sufrido en la ducha se rehusaba a ver al Mayor a los ojos, temerosa de que este viese a través de ella como casi siempre lo hacía.

-Pasen, les prepararé una taza de té –Finnick y Mags la siguieron hasta la cocina, mientras que Mags no paraba ded sollozar -¿Entonces? –pregunto Annie.

-El volverá –sollozó Annie.

-¿Volverá? –Preguntó Annie confundida -¿A dónde volverá?

-A la guerra –respondió Finnick con la mirada perdida.

-Pero, pero, había dicho que se quedaría seis meses ¿no es cierto? –grito Annie, delatando su nerviosismo, el Mayor asintió con dureza, sin dejar de consolar a Mags, un silencio sepulcral inundó la habitación.

-Necesitaba que Mags cuidase de mi casa en mi ausencia.

-Mayor –interrumpió Annie con un susurro.

-Dígame –Finnick hablaba en el tono más neutral que podía, intentando no verse afectado ante la idea de dejar de ver a Annie.

-¿Por cuánto tiempo se irá? –Los sollozos de Mags se hicieron cada vez más fuertes, preocupando aún más a Annie.

-Indefinido –respondió el Mayor, con la garganta seca, de la naza los sollozos de Mags cesaron y miró a Finnick de reojo, le dio un pequeño sorbo a su té y se retiro a su habitación dejándolos a ellos dos solos.

-Mayor –la voz tímida de Annie hacía que Finnick tuviese cierto palpitar más fuerte de lo normal en su pecho -¿Cuándo parte?

El Mayor no quería responder, solo quería abrazarla y decirle al oído que volvería simplemente por ella.

-Mañana por la noche. Volveré en la mañana para despedirme de Brutus.

-Mucha suerte Mayor –dijo Annie con la voz entrecortada, no sabía de que otra forma despedirse de él sin delatarse de nuevo.

Cuando el Mayor se había ido, Annie volvió al "veneciano" y se soltó en llanto. Unos minutos después, los sollozos de Mags la acompañaron y hasta altas horas de la noche ambas siguieron llorando, hasta que agotadas, fueron a dormirse.

Por la mañana Annie le contó a Brutus sobre Finnick, informándole de su despedida, a lo que Brutus respondió simplemente:

-Espero que llegue antes de las nueve, tengo que ir al banco a trabajar.

Annie evito responder, no quería que su esposo sintiese el enorme desprecio que sentía hacia el en aquellos momentos. Finalmente Brutus se fue y minutos después Finnick apareció frente a su puerta. Traía el uniforme puesto, haciéndolo ver aún más alto, grande e imponente, como si el uniforme exaltara su propia masculinidad.

-Lamento no poder despedirme de Brutus –dijo con falsa tristeza, después de que Annie inventará que Brutus tenía una emergencia en el banco.

-Me despediré de Mags y me iré –Annie no respondió, quería, pero al mismo tiempo temía que se despidiese de ella, y ya no volver a saber más de él. Preguntarse todos los días en dónde se encontraría en aquellos momentos.

Pasaron unos minutos hasta que el Mayor finalmente volvió.

-Señora –bajo la cabeza y camino hasta la puerta, pero una pequeña mano lo detuvo.

-Espere –grito Annie, se tapó la boca al notar lo que había hecho, el Mayor la miró esperanzado y después de cierto silencio Annie volvió a hablar. –Espere.

Lo abrazó con fuerza, mientras que el Mayor correspondía emocionado, inundado de sentimientos que de cierto modo lo hacían sentir más humano.

-Mayor, prometa que me escribirá, y que describirá todo lo que vea a su alrededor –sollozó Annie. Finnick beso levemente su mejilla y con el dolor de una bala en el cuello, se separó de ella.

-Lo prometo, señora –Besó su mano y se marchó, caminando hacia su destino.

Mientras Brutus dormía aquella noche, Annie y Mags, lloraban de nuevo en el "veneciano" juntas y abrazadas, Mags ni siquiera tuvo que preguntar él por qué del desconsuelo de Annie, ella lo sabía, Annie estaba perdidamente enamorada del Mayor Finnick Odair.

Perdoneeeen! No había podido actualizar porque mi computadora murió, y mi hermana me presta su lap muy poco ratito, pero sepan que ya actualizaré más seguido porque ya tengo varios capítulos escritos, en fin, espero me perdonen ¡Gracias por sus reviews! ¡Nos leemos después!