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Salió del auditorio. Salió de la escuela. Quería salir de la ciudad. Quería salir del país. Quería salir de este mundo.
-¡Rachel! -escuchó un grito tras de ella. -¿Quinn? -se sorprendió apenas reconoció quien la llamaba. La rubia corrió a su encuentro. -Hola -la saludó cuando llegó junto a ella. -Ho-hola -titubeó, seguía sorprendida por la aparición de Quinn. -¿Te vas a casa? Es que olvidé la cartera y busco un aventón - -A-ah pues yo.. - -Por favor, Rachel, en serio olvidé la cartera -suplicó la rubia. -C-claro, claro, te llevo -sonrió Rachel. Estaba que no lo creía.
Se encaminaron al auto mientras una suave lluvia comenzaba a caer. Las gotas caían en el cabello dorado de Quinn como rocío celestial, Rachel caminaba embobada contemplándola.
-Eh, Rachel… -La misma Quinn la sacaba de su trance. -¿Ah? ¿Qué ocurre? -preguntó. -Ocurre que ya llegamos a tu auto y nos estamos mojando -rió la rubia. Rachel volteó y se encontró con el Volvo que sus padres le habían obsequiado hace poco. -Oh sí... ¡Oh sí, sí! -reaccionó. Rodeó el auto, desactivo la alarma y ambas ingresaron al vehículo.
El trayecto a casa de Quinn fue silencioso pero no incómodo. Ambas disfrutaron el pequeño paseo juntas, aunque Rachel lo viera distinto a Quinn.
-Gracias por traerme, Berry -se despidió Quinn dándole un beso en la mejilla que causo que se ruborizara totalmente- Te debo una -le dijo y se bajó del auto. Rachel se quedó allí, aún atontada, viendo como la rubia entraba a su casa con una gracia extrema hasta que su celular comenzó a vibrar en el bolsillo de su saco. Vio en el identificador de llamadas el nombre de Finn y sus buenos modales no la dejaron ignorar la llamada.
-¿Finn? -contestó escondiendo su fastidio. -¡Hey! He estado pensando ("Ew, estuvo pensando. Milagro" se dijo) y llamaba para invitarte, tú sabes a ("Ni se te ocurra" sabía que era lo que iba a decir) quedarte a dormir, no va a haber nadie en casa. -concluyó dejando en claro lo que insinuaba. -Lo siento, Finn. No puedo. -cortó directa. -¿No puedes? ¿Por qué? ¡Soy tu novio! -insistía. -Lo eres pero mis padres no querrán que- -¡Tonterías! -la cortó- diles que irás a dormir con una amiga y ya. -¡No voy a mentirles a mis padres por tus necesidades! -gritó y colgó. Estaba cansada de Finn y sus intentos de llevarla a la cama. Se abrochó el cinturón de seguridad y partió camino a casa; al llegar no tuvo cabeza ni para cenar, sus pensamientos fueron totalmente invadidos por Quinn y aquel sencillo pero significativo viaje en auto que le dio más de un vuelco a su corazón. Era temprano aún pero a Rachel ya no le quedaba más que hacer que dormir y soñar con la rubia que le quitaba el aliento.
