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-¡Rachel! ¿Irás a casa conmigo? -escuchó como Tina le gritaba desde el otro lado del pasadizo.

-Lo siento, pero hoy no puedo -contestó cortante. Se había pasado el día tras de Finn soltándole mil y un patrañas, esperando que él explotará pero lo único que sacó fue que le dijera: "Hey, como tienes tan buenas calificaciones, sáltate tu hora de estudio y ven a mi casa." Estaba echando humo.

Sin decir más, ni despedirse, tomó su bolso y salió despotricando de la institución cuando oyó que la llamaban.

-¡Hey! ¿Irás a mi casa, entonces? -Finn habían llegado corriendo desde el campo de futbol, llevaba su jersey sudoroso y estaba jadeando. Rachel se tragó toda su ira y solo respondió un "No" antes de entrar a su auto.

-¡No me puedes dejar así, Rachel! ¡Es tu deber como novia después de todo! -gritó el chico.

Ese fue el límite de ella. Bajó del auto, que ya había avanzado un poco, caminó todo el trecho hasta Finn con la cabeza baja y pasos que resonaban en la acera del parking.

-¡¿SABES ALGO?! ¡PUEDES METERTE TUS DEBERES DE NOVIA POR DONDE NO TE LLEGA EL SOL! ¡ME TRAES HARTA, FINN HUDSON, HARTA! -sus gritos llegaron hasta el campo de futbol, donde los jugadores imbéciles empezaron a soltar silbidos.

Finn se quedó atónito durante un largo segundo hasta que se recuperó de su parálisis y finalmente susurró una octava más bajo de lo normal.

-¿Estás terminando conmigo, Rachel? - ¿Fue el tono que uso? ¿El dolor que teñía su voz? ¿El lagrimeo que empezaba a brotar? Rachel, no sabía; pero algo dentro de ella sabía que lo había herido. Sintió remordimiento.

- Fi-Finn, yo-o... -tartamudeó.

- No digas más. -El chico levanto el rostro, tenía las esquinas de los ojos húmedas y parecía que se iba a echar a llorar ahí mismo. Tomó la dignidad que le quedaba y se alejó de ella. -Adiós, Rachel.