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Ella no había querido decir eso. No lo había pensado, no lo dudó. Solo lo dijo, como si la que hablara no fuera ella, sino una chispa, una magia inexplicable.

El sollozo de Rachel no terminó allí pero bajo los brazos de Quinn sintió que se ahogaba al contenerlos. La rubia no dijo más; ella buscó sus ojos, Captó su mirada y sintió estrellarse contra ella, era potente y profunda, confundida, pero atractiva.

-¿T-tú...? -comenzó, pero fue interrumpida por un choque de labios.

Se endureció solo un instante, para luego suavizarse ante el beso de Quinn y abrir su boca para dejarle pase libre a la lengua de la otra. La besó torpemente, con ansia y deseosa. Saboreó su boca en toda su plenitud, se sentía en el paraíso y en el infierno a la vez. Besarla era como reírse frente al suave cosquilleo de los ángeles, al mismo tiempo que llorar por el más triste de sus lamentos. Mordisqueó los suaves labios de Quinn, jugando con ellos, mientras la rubia enroscaba sus delgados dedos en su moreno cabello y lo enredaba.

El beso terminó cuando Rachel colocó una mano sobre el pecho de Quinn para alejarla, no es como si ella quisiera dejar de besarla, pero el aire de sus pulmones se agotó. Deseó haber tenido más resistencia.

-Lo siento...-susurró recuperando el aliento-

-Rachel, no. No has sido tú, he sido yo. Yo te besé. -Quinn se veía desconcertada, pero no arrepentida-.

-Y fue increíble pero...-se obligó a callar cuando tomó conciencia de sus palabras, mientras un sonrojo la invadía hasta las orejas-.

-¿Increíble? ¿Dices que te ha gustado? -Rachel notó algo de esperanza en la voz de Quinn, pero era tan leve que no pudo estar segura-.

-Pu-pues sí…-dijo algo avergonzada- ¿está mal?

-¡No! ¡No está nada mal! Es decir…yo...yo -se enredaba con sus propias palabras, tratando de elegir las más adecuadas.

-¿A ti no te ha gustado? -soltó sin pensar la morena-.

-¡No! ¡Es decir, sí! ¡Me ha gustado! -ahora sí se veía alarmada, como si en verdad le importará lo que acababa de pasar-.

-No te alteres, Quinn. -dijo lo más calmada que pudo, se sorprendió cuando su voz no tembló. Quinn la vio, sus ojos se había oscurecido por... ¿deseo?-

-Ok. Ya me calmé, lo siento. -su tono se suavizó, soltó un largo suspiro y se sentó en el sillón central. Rachel no dudó al sentarse a su lado.-

-¿Qué acaba de pasar? -preguntó a la nada.

-No lo sé, Rachel. -volvió a suspirar y dejo caer su cabeza sobre el cojín. Su cabello rubio se extendió y desprendió un aroma hipnotizante. Rachel demoró un instante en recuperar la conciencia.-

-¿Qué hacemos ahora? -las preguntas se arremolinaban en su cabeza, pero por alguna razón solo lograba articular las más estúpidas.-

-Tampoco lo sé, Rachel -esta vez cerró los ojos.

-Pero yo sí, voy a decirte todo. Ahora, Quinn.