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Le puso cerrojo a la puerta y Quinn atacó de nuevo su boca. Besos fugaces y pasionales, iban y venían. Manos delgadas se entrelazaban, piernas inquietas se apresuraban. Rachel tenía miedo, pero no podía detenerse.

-Ven. -Quinn la jaló y acunó entre sus brazos.- Ven aquí.

La recostó en la cama. No tenía que temer, era su cama de todas formas. Quinn se quitó la chaqueta y la dejó en la silla del escritorio, era como si hubiera hecho lo mismo más de mil veces, ella lo sintió de lo más natural. Se colocó encima y comenzó a besarle el cuello, miles de escalofríos le recorrían la espalda y llegaban hasta la punta de sus pies.

-Quinn -logró de decir, y su voz no se quebró.- Quinn, espera. La rubia se sobresaltó.

-¿Qué pasa? -.

-Es que... yo… Pues, yo... yo nunca he hecho esto antes... -sintió como el color se le juntaba en las mejillas y quería morirse allí mismo (bueno, no sin antes besar a Quinn)-.

La chica la miro, con un poco de sorpresa en los ojos y luego le dedico una sonrisa cómplice.

-Bueno, yo nunca lo he hecho con una chica, así que estamos iguales.

Se sintió sonrojar más. Cayó en cuenta que su primera vez sería con una chica, no es como si la idea no le fuera agradable.

Quinn siguió besando su cuello y luego se dirigió a su boca otra vez, sus labios ya estaban más que hinchados pero no podía parar. Sus manos, más pequeñas que las de la rubia, se aferraron a la sábana, sintió como todo su cuerpo se calentaba. Enroscó los dedos en el cabello rubio, finos hilos de oro se enredaron en sus dedos y sintió un cosquilleo. Los besos de Quinn descendieron de su boca a su cuello, luego tomó su mano y la jaló dejándola media sentada, le quito la bata por detrás y también su camiseta de pijama, quedo en corpiño y la vergüenza se transformó en un sonrojo al darse cuenta que estaba medio desnuda. A Quinn pareció no importarle. Ella misma se quitó la blusa y la lanzó junto a su chaqueta en la silla del escritorio.

-Rachel -susurró en su oído, antes de mordisquear el lóbulo de su oreja- Rachel, te quiero.

Un escalofrío más fuerte que los anteriores la atacó. Quinn le desabrochó el corpiño y lo dejó caer al lado de la cama. Inhalo el aroma de su cabello y retiró la cabeza de su cuello para contemplarla.

-Eres hermosa -soltó y el sonrojo volvió a Rachel. Tomó uno de sus pechos y su mano encajo perfectamente en él. Lo apretó suavemente y jugó con él, corrientes eléctricas recorrían todo el cuerpo de Rachel. Se dejó caer en la cama y sus manos se aferraron aún más a la sábana. La boca de Quinn besó sus pechos, su lengua blandió una batalla con sus pezones y ella se sentía en el paraíso. Bajó a su estómago y este también recibió su dosis de besos por parte de Quinn. Sintió como bajo su pantalón de pijama y con algo de apuro se lo quitó y lo lanzó al lado de la cama, junto a su corpiño. Como pudo, mientras Quinn exploraba sus muslos y piernas, se quitó las medias felpudas y las tiró también.

-Espera -puso sus manos sobre las de la rubia- tú no te estás desnudando.

Quinn soltó una risa de lo más angelical.

-Si me querías desnuda, lo hubieras dicho antes. –

Con una sonrisa en su rostro se deshizo del corpiño y del jean, Rachel no había notado cuando se había quitado los zapatos pero no le importó. También se tomó un instante para apreciar a Quinn. Su esbelto cuerpo se veía trabajado y ágil, por todas esas horas haciendo piruetas y bailando. Inconscientemente posó sus manos en los pechos de Quinn y esta soltó una risita, pero no quitó las manos de las piernas de ella. Sus dedos se colaron entre los bordes de las bragas de Rachel mientras besaba el hueso de su cadera y fue bajándolas hasta que quedaron en el suelo, junto al resto de su ropa.

Rachel inhaló con fuerza y Quinn calló lo que fuera que iba a decir con otro beso. Sus codos se levantaron de los costados de Rachel y sus manos soltaron los cabellos para también despojarse de sus propias bragas. Por un momento todo se detuvo, hasta que Quinn bajó y se acomodó entre las piernas de Rachel, se inclinó hacia ella y siguió besándola.

Los dedos de la rubia se deslizaron a través del sexo de la morena, haciéndola temblar; Quinn, tomando ventaja de eso, repitió el movimiento varias veces. Gemidos comenzaron a escaparse de la garganta de Rachel, sin previo aviso y no tuvo manera de detenerlos. Los dedos de Quinn siguieron jugando con ella, se movían en círculos y la hacían llegar muy alto. Una pierna se deslizo bajo la suya y otra se enrolló a través de su torso.

-Veré como funciona esto. -dijo- lo he visto en las películas porno de Santana.

Rachel se quiso reír pero todo lo que lograba soltar era gemidos. Quinn chocó su sexo con el de ella y si antes creía haber ella alto, ahora se sentía mucho, mucho más, alto que antes. Más allá del cielo y el espacio. Siguieron así hasta que les faltó el aire y ambas llegaron al clímax más alto, Quinn la besó, mucho y luego cayó rendida a su lado, en su cama.

-¿Qué te ha parecido? -le preguntó-. -¿No es obvio? Ha sido increíble, Quinn. -una sonrisa le iluminó el rostro. -Te quiero. -le dijo- No, es más que eso. Te amo. -Te amo también -le contestó sin dudar. -Ahora y espero que siempre -suspiró y entrelazó su mano con la de ella. Nunca se había sentido tan feliz, nunca. Ahí, junto a Quinn, sintió paz, verdadera felicidad por primera vez en su vida. Un amor imposible se formó en ella, todos sus deseos se relacionaron a ella y solo a ella. Y entonces recordó, Rachel deseó por ella. Y su deseo se cumplió. Cerró los ojos y alcanzó la oscuridad del sueño, pero no era una oscuridad temible, sino acogedora, como había sido Quinn, como ella le había prometido que siempre sería.