~Luego de 3 años~

-¡Rachel! ¡Estoy en casa! -'Casa', Quinn diciéndole 'casa' a su apartamento en New York era música para sus oídos.

-¡Estoy en la cocina! -le gritó. Quinn corrió hacia ella y la besó.

-¿Experimentas algo nuevo? ¿Quieres que pida una pizza?

-¡Que poca fe me tienes, Quinn! Soy tan capaz de cocinar como tú.

Quinn reprimió una risa. -Sí, claro, amor.

Rachel, con los labios fruncidos sirvió su guiso en dos platos y los acomodó en la mesa lista para almorzar.

-Pruébalos, me he esforzado. - Quinn se dirigió un bocado y lo engulló sin saborear. Era horrible, por supuesto.

-Está espectacular, amor.- Rachel trató de tomar un bocado también pero Quinn se lo arrebató fácilmente.

-No. No comas ahora, más tarde pediré pizza.- Un ceño fruncido fue lo que obtuvo por respuesta.

-¿Estaba muy horrible? -preguntó con los ojos brillantes.

-Amor, ni el mejor chef igualaría tu cocina -dijo y la levanto en brazos mientras ella reía-.

-Y por esto te amo, Quinn. -le dijo con ternura tiñendo su voz.

-¿Por soportar tu horrible comida? -Rachel soltó un aire indignado.

-¿Cómo te atreves...?-y fue cortada por un beso de Quinn.

-A pesar de que cocines horrible, te amo.- y como siempre Rachel solo rió y luego pidieron pizza.