Estaba nerviosa, demasiado. No quería saber de qué me hablaría, tal vez me dijera algo como que no podía mantenerme ahí, que algo malo pasaría si seguía mi estadía a su lado. Se me cruzaron mil y un cosas por la mente, me estaba asfixiando por mis pensamientos.
Sentía la cabeza arder y se me nublaba la vista, estaba tan nerviosa que apenas y recordaba donde estaba. Intente tranquilizarme repitiendo que todo estaría bien, que no podría dejarme así como así. Él había bajado a atender otros asuntos, dijo que tardaría, que me sintiese cómoda, pero no podía ni imaginar estarlo.
Me puse de pie, la silla incomodaba y sentía como mi espalda dolía, cuando escuche pasos acercarse, tome asiento nuevamente. La puerta se abrió y un ''Mas tarde bajamos'' se escuchó antes de que la cerrase.
-Ya estoy aquí…- sonó serio, atemorizante- bueno, veo que estas nerviosa, no tienes que ponerte así, no voy a matarte ni nada por el estilo- tomo asiento frente a mí.
Es el momento de entrar en pánico.
-¿De qué quieres hablar?- pregunte, intentando sonar calmada.
-Bueno, como sabes, lo que hacían…lo que hacen tus padres, está mal, yo solo actuare si me das tu permiso, de ti depende si quieres que tus hermanos sigan ahí o en un lugar mejor.- dile lo que quieres, que esas dos personas…'' mama y papa'' se mueran.
-Mientras que no estén con ellos estarán bien, yo solo quiero que no les hagan pasar por lo mismo que a mi durante más tiempo.-falto una cosa, mal Anna.
-Bueno… solo diré que desde un principio tus padres parecían raros.- ¿Los conoce…?
-¿Entonces los conoces?- asintió.
-Trabajé con ellos en más de una oportunidad, como te habrás dado cuenta tengo el mismo oficio. Pero tranquila, yo no uso niños- sonrió.
-Qué alivio… Bueno, por favor, haz algo antes de que mis hermanos deban pasar cosas peores- como si te importara…
-Yo me encargo.
-¿Solo eso?- pregunte, antes de intentar escapar de ahí.
-No, hay más cosas. Y debemos estar en absoluta calma para poder hablarlas, es algo que te importa tanto a ti como a mí, aunque no lo hayas pensado.- algo que no haya pensado...
-¿Y es?- no lo sé…
-Escuela…- se lo que es pero… ¿Por qué siento miedo?
-Ah…eso, ¿Qué pasa?- soné asustada, justo lo que no quería.
-Yo no soy profesor, no puedo enseñarte nada, si quieres contrato a alguien que te enseñe en casa, pero primero debemos pasar por un proceso algo delicado…muy delicado.- Ay…cuantas vueltas le da al asunto.
-¿Qué proceso?- pregunté ''animadamente''.
-Documentación…claro y será falsa, pero veremos la solución de que…¡Ya se! Bueno…la cosa es así…- y comenzó a contarme el tan fabuloso plan.
Salí algo mareada de la sala, no entendí una palabra de todo lo que dijo, y al decirle eso, me aseguro que no piense nada, que solo él se encargaría.
Tras de mí, salió con pasos apresurados hacia no sé qué parte de la casa y antes, me ordeno que lo esperase en el auto, que estaba justo frente a la puerta principal.
Hacia demasiado frio afuera, estaba oscureciendo y no me gustaba mucho la idea que dio, pero si eso mejoraba un poco las cosas, era hacerlo o nada.
-Ya entra que me congelo…- dijo en el interior del coche… ¿en qué momento…?
-Bueno, ¿solo digo que no recuerdo nada o…?- me silenció.
-No, me encargo yo, solo haz cara de perdida e intenta…no sé, si ves algún gato lo acaricias.
-¿Seguro que funcionará?- dudé.
-Claro…es un plan que yo idee, no puede salir mal.
Durante la corta trayectoria, reino un silencio que me provoco dolor de cabeza, nuevamente estaba nerviosa y asustada.
-Llegamos…baja con cuidado.- hice lo que dijo, tal como lo dijo.- Asegúrate de hacer bien las cosas…- vaya cómplice parece.
Era un lugar enorme, parecía algo como una casa embrujada.
Toco timbre una vez, dos…tres… hasta que abrieron la puerta.
-Bue… ¡Sebastian! ¡Qué alegría!- un tipo de cabello largo y rojo estaba saltando alrededor, ni había notado mi presencia.
-Ya Grell… ¿estas ocupado? –intento alejarlo. –Seguro que no, nunca haces nada importante.- el otro hizo un mohín, se ve horrendo.
-No para ti…pero… ¿y esa?- y me señalo, ¿Cómo que 'esa'? , ¿Que se cree que soy?
-Por ella vengo, necesito con urgencia que me ayudes…a ayudarla, por favor…- ese tono de voz… parece tratar de… ¿seducirlo? ¿¡EN QUE ME METÍ!?
-Bueno, pasen…- se hizo a un lado y entramos, cerró la puerta y comenzó a observarme de cerca, mientras yo seguía con la ''cara de perdida'' que se suponía debía poner.- eres bastante fea… no entiendo como consigues que el- hizo una pausa y señalo a Sebastian-te preste atención…- ¿Fea? ¿¡Fea yo!? Ay…no creo aguantarlo más.
-La encontré en la entrada de mi casa, no sabía dónde estaba, ni quien es, o de donde viene… creo que tiene amnesia.- dijo inocentemente.
-Si seguro… ¿pero para que me necesitas? Bien podrías ir a un hospital- plan de porquería, no sirve.
-¿Y si me acusan de algo? No tiene documentos ni nada…además…ven, quiero decirte algo- y se alejaron de mi… debe estar diciéndole lo que yo creo, y si no, no se.-…por favor ¿sí?- se escuchó, lo decía con voz dulce.
-Está bien…solo porque eres tú, sabes que usualmente no haría ese tipo de cosas. Decidan lo que tengan que decidir ahora, yo te llamo cuando todo esté listo…Escribe aquí…y aquí…y…solo toma- le entrego unas hojas.
-Bueno…debemos completar esto, te dejo elegir lo que quieras.- perfecto, todo perfecto hasta ahora.
-Bueno, lo primero y principal…- intenté recordar a la perfección todo lo que habíamos ''ensayado'' para este preciso momento.-Nombre…- fingí pensar- Anna…- dije mirando de reojo al tal Grell, esperando que abandonara la habitación y así sentirme menos presionada.
Fueron quince minutos de actuación, ya que alguien molesto no nos había dejado solos, ya casi no había hojas por llenar. Fingir que pensaba e intentar recordar fechas verdaderas, distorsionarlas un poco y decirlas, llevo su tiempo.
-Ya está… ¿Las dejo aquí o…?- pregunté.
-Déjalas ahí… ahora, perdonen mi descortesía pero quiero dormir.- señalo la puerta y rio.- Bueno…yo los llamo, dentro de…no sé, una semana estará completo.
-¡Gracias!- dijimos al unísono Sebastian y yo, para luego marcharnos… aun sentía un poco de nervios.
-Fue un éxito, no puedes negarlo- dije sonriendo, ya dentro del auto.
-Si… aunque tal vez sospechó que habría algo que no le dijimos… En fin, ya imaginas como será de ahora en adelante… Anna Michaelis… ¿suena bien?- seguía sonriendo…da miedo.
-Si, es algo raro igualmente.
-Bueno, acostúmbrate, es tu nuevo nombre.
-Si… ¿cuándo comienzo la escuela?- empezaba a alegrarme.
-Primero debemos ver hasta qué punto de avanzada estas, ¿eran solo cálculos simples y cosas fáciles o…?-lo interrumpí.
-Yo estudiaba lo que William, el me daba ejercicios y yo lo hacía conforme a lo que me enseñaba. Algunas cosas me eran difíciles.
-Bueno, eso viene bien, luego discutiremos mejor el tema de la escuela, que ya es tarde y en cuanto lleguemos a casa, te acuestas y duermes.
Luego de saber que mi verdadero apellido es impronunciable a partir de ahora, no me sentía del todo yo.
Seria lindo ir a la escuela, no en casa, claro, quisiera tener amigos y socializar. Porque, ahora que lo pienso, no estoy más encerrada, no estoy a manos de gente que quiera dañarme y el hecho de haber encontrado una persona que en tan solo un día hizo bastante por mí, me alegra.
Ya no sería como antes, poder respirar en paz, tener en quien confiar, todo eso me da una sensación de satisfacción, de alegría.
Ya no soy más Anna Phantomhive, ya no. Lo cual es muy bueno, pero a la vez malo, ya que si algo sale mal en los documentos volveré a ser la misma de antes… si alguien descubre algo todo habrá sido en vano y yo… no quiero volver a ser la misma.
En los pocos minutos del viaje, los pase pensando en que debería hacer para decirle a él, que quería ir a una escuela fuera de casa, hasta que llegando de a poco, una idea me pareció de lo más estupenda.
-Este…- y sentí que me ahogaba en mis palabras, ¿debía seguir o no?- quería decir que ahora que… ya hicimos ese proceso…no quiero que alguien vaya a casa a darme clases, quiero ir a…- no pude continuar.
-Sabía que seguro querrías eso, está bien, solo si prometes que te ira bien.
-Lo prometo...
Llegamos a casa, baje casi corriendo y me dirigí a mi cuarto ¡Que bien se sentía decirlo! Al entrar me quite las zapatillas y comencé a brincar sobre la cama, como toda una niña de cinco años, estaba desbordando felicidad. Me di cuenta que en mi ataque de felicidad no había notado un pijama que se cayó de la cama…que tire accidentalmente más bien, baje y lo vi bien… Era blanco, con detalles en celeste y rosa… odio el rosa.
Sea como sea, es lo que voy a usar para dormir así que no tengo problema. Con frio me quite la ropa y me puse el pijama, estaba congelándome aun cuando ya lo tenía puesto.
No pude dormir bien a causa de que necesitaba levantarme y continuar saltando, esto de la felicidad es enfermizo.
Luego de las cinco de la madrugada pude dormir, pero no fue por mucho. A los ocho alguien tocaba la puerta insistentemente, al abrir vi a la chica pelirroja, debería preguntar su nombre.
-Traje el desayuno, no creí que usted fuese a bajar, así que solamente lo traje- sonreía, tal vez ahora sería más fácil todo.
-Oh claro… es que no dormí bien anoche, déjalo…allá- señale una mesita cercana a la cama, y… ¿Cómo te llamas?- intenté sonar lo más alegre posible con el sueño que tenía sobre mí.
-Meirin-dijo al tiempo que dejaba la bandeja con el dichoso desayuno.- El joven Sebastian dijo que hoy llegaría tarde a casa, y que yo debo acompañarla al centro comercial…ya sabe, a comprar ropa y ese tipo de cosas.- Centro comercial me suena a gente…gente me suena a ojos…ojos me suena a nervios. ¿Nunca pensaras nada lógico, verdad?
-Ah sí...bajo en cuando esté lista, no me llevara mucho tiempo. – cerré la puerta en sus narices y me apresure a desayunar, tenía bastante hambre.
Ni bien termine, me dirigí a ducharme. Al salir, aun con el cabello mojado lo recogí en una coleta alta, y salí para vestirme. Solamente tenía tres cambios de ropa (y sepa quién de donde salieron tan rápido) y no sabía cuál sería el más apto.
Esta vez, lo que usaría era un jean gris, una camisa blanca y un sweater celeste… también encontré unas botas negras… algo no cuadra en esto… ¿Cómo saben mis tallas? Sea como sea, las saben.
Baje y me encontré con la… con Meirin, me tendió un abrigo color beige, me lo probé y me quedaba perfecto.
-¡Estoy lista!- grite, llamando su atención.
-Su cabello esta mojado…puede enfermarse- dijo preocupada.
-Oh, no importa, no creo que pase.- dije decidida.
-De acuerdo… vamos.- la seguí hasta que llegamos a una habitación oscura… y fría. Encendió la luz y vi cuatro autos (preciosos, por cierto).- ¿En cuál quiere ir?
-En el que sea si tiene calefacción, tengo frio.- dije rápido, escuche como reía…
-Todos tienen… ¿le agrada el azul?-Me dirigí hacia el azul, un Audi… agradarme, me agrada…mucho. Asentí- Espere un segundo aquí entonces…- me congelo…
Volvió con un chico de rasgos asiáticos, que, a juzgar por lo que veo, no supera los veinte años… ¿Si tiene un nombre que no se pronunciar?… o peor ¿Qué hace aquí?
-Anna, él es Danny-… sin comentarios…– es el chofer de la casa… nos va a llevar…- y le dio un codazo en las costillas al tal Danny, quien hizo un gesto de sorpresa.
-Un gusto…- se acercó a mí y paro a observarme ¿Soy un bicho raro que todos hacen eso?- ¿Pero que tenemos aquí...? Sebastian me da miedo a veces… digo, que traiga una mocosa a casa…- le regale una mirada de odio, nadie volverá a decirme mocosa.
-Danny, compórtate.- dijo Meirin acercándose…Necesito algo para burlarme de este chico… no soy ese tipo de persona pero… esto me lo paga… -apúrate a llevarnos.
-Bueno ya…- se dirigió al coche y nos llamó para que subiéramos, antes de eso note como mostro su lengua, en burla.
Veamos…Danny me suena a perro… perro me suena a… una película bastante buena… y me viene justo para molestar a este chico.
-Danny…- lo llame, sabiendo que tal vez no me haría caso, pero lo hizo.
-Dime enana…- tengo mucho para decirte, odioso.
-¿De dónde eres…?- pregunte tal cual niña curiosa.
-Tailandia- contesto seco. Si era de China sería perfecto…-¿Por qué querías saber?
-Es que me recordaste a un actor… o más bien a un personaje que interpreta…un perro- dije, con tono desafiante y pausadamente.- Danny, el perro…para ser más precisa.
-¿Quieres jugar? Mocosa…- mocosa será tu… me doy miedo.
-Yo no soy una mocosa, tengo dieciséis años ¿Cuantos tienes tú? Mocoso…- pobre Meirin, aunque tal vez lo haya aguantado varias veces.
-Soy mayor que tú por mucho, exijo respeto… ¿Sebastian sabe de esto?- pregunto a Meirin, que nos ignoraba.
-¿Sabe de tu comportamiento? Calla y conduce…- me defiende a mí… oh, que perfecto.
-Algún día me voy a revelar…- dijo con cara de fastidio.
Sigue así… nos entendemos poco a poco.
Taran~
¿Bueno, malo, pésimo…del asco? Que les pareció? … a mí me gusta (¿porque lo escribí yo será?) Opinen y no sean malos(?, que me desvele haciendo esto xD
