Llamado


—¡Ven de inmediato!

El capitán dejó el plumero sobre la mesa.

Se sintió molesto por la irrupción a su pequeño instante de tranquilidad. Un lujo que no se podían dar en la Legión y que solían hallar tan solo a altas horas de la noche.

Pero sabía que Erwin no solía llamarle por minucias, de modo que cuando volvió a oír su voz llamándole, insistente, se levantó y salió de la oficina.

—¡Levi!

Miró a la derecha.

—¡Levi! —le llamaron del lado izquierdo. Era la voz de Hange.

La mujer apareció apenas un segundo después caminando apresurada y sin detenerse, hasta que llegó a su lado, lo sujetó del brazo y lo obligó a caminar con ella por donde vino.

—Oye, tía, Erwin me está llamando… —le advirtió Levi.

Hange no le dijo nada, en cambio lo jaló con más fuerza, haciéndole doblar el recodo casi de un empujón.

Cuando el capitán iba a responderle con una palabrota por la gentileza, le interrumpió una voz familiar.

—Levi —dijo Erwin.

El capitán parpadeó, confundido.

Por un instante sintió el impulso de regresar en sus pasos.

Pero mañana temprano dejarían el lugar.

Y el capitán sospechaba que aquella voz insistente, probablemente, tendría demasiado que decir si la encontraban.