Cobardía


Armin no es un cobarde. Un cobarde teme a lo desconocido. Un cobarde da la espalda ante el más pequeño problema y sale corriendo cuando las cosas están graves.

Armin no es un cobarde.

Él no le teme a lo desconocido. No le da la espalda a los pequeños problemas ni sale corriendo cuando las cosas se tornan graves.

Armin siempre mira hacia adelante.

Como en este momento. Se concentra en colocar los libros en el librero, solo le faltan cinco.

Uno.

No piensa girar.

Dos.

Su vista periférica le ha mostrado suficiente.

Tres.

A veces, no hay necesidad de saber más.

Cuatro.

Siente que es como tratar a un animal salvaje. El truco es moverse natural pero expectante.

Cinco.

Le da una mirada más al librero, asiente, satisfecho, y gira hacia la salida. Controla sus pasos, las ganas de salir corriendo.

Pero tiene que cerrar la puerta y no tiene idea de cómo encontrar la manija sin girarse.

Voltea, baja la vista hacia el mango de la puerta.

Eso aún está ahí.

Cierra la puerta.

Armin no es un cobarde.

Pero mucho menos idiota.