Sombra
—¿Entonces, vivías en Shigashina? ¿Extrañas tu hogar, Eren?
Mina le mira con ternura, un poco de interés en la respuesta, un poco de ganas de evitar que su caminata al campo de entrenamiento esté rodeada de un silencio incómodo.
Sasha aparece por una esquina y los llama. Mina apura el paso, sus sombras se despiden doblando el recodo y Eren se queda solo en el pasillo de las barracas.
Es mediodía y todo está en silencio.
¿Por qué, si afuera están entrenando?
Su corazón se detiene y le trae una memoria olvidada en su niñez arrebatada.
Sentada siempre en la silla de la cocina junto a la gaveta de los utensilios.
Siempre estuvo ahí.
Eren simplemente no recuerda cuándo empezó a notarla. O mejor dicho, cuándo fue consciente de que le tenía miedo.
Pero siempre estuvo ahí. Observando.
Y como no podía hacer nada para que desapareciera, se acostumbró.
Y a veces hasta la olvidaba.
Pero esos eran los peores momentos.
Porque el recordatorio venía.
En una madrugada fría cuando tenía sed o en una mañana solitaria con mamá en el mercado y papá de viaje.
O justo como ahora. Ahí, a la derecha.
Armin le llama. Afuera Jean está gritando, animando a Mikasa que parece pelear contra Reiner de nuevo.
La voz de Armin le insiste que se apure para no perderse la pelea.
Eren le responde mientras sale corriendo.
¿Que si extraña su hogar?
Casi siempre.
Casi.
