Años después...
...
El aire flotante se volvía pesado, caluroso. No podía ver exactamente donde estaba. Por mas que habría los ojos solo podía ver los colores rojizos, amarillos del crepúsculo. Estaba de rodillas, sobre arena blanca. En la cual se veían dibujados círculos, siguiendo diferentes patrones. Círculos pequeños la rodeaban, círculos sobre círculos le seguían a los pequeños y los últimos, los mas grandes, se dibujaban en la orilla de la arena. Todo era silencio. Quería poder tener la fuerza de levantarse y buscar algo o alguien. Si... era eso. Su corazón latía en busca de alguien y por mucho que lo intentara no encontraba a esa persona, mucho menos sabía a quien buscaba. Solo lo presentía.
Sus manos cayeron sobre la arena y las figuras. Sorprendiéndose de lo frío y al mismo tiempo caliente de la arena. Y sin poder evitarlo, lagrimas se deslizaron por sus mejillas hasta caer sobre sus manos y humedecer la arena. Quería comprender.. ¿Porque de pronto sentía la necesidad de proteger? ¿Porque presentía que ahí acabaría todo? ¿Porque iba a romper una promesa, cuando no recordaba haber prometido nada?
Las lagrimas no paraban y los sollozos aumentaban alzándose, pudiendo ser escuchado por cualquiera que estuviera a su alrededor mas era imposible que alguien lo hiciera, ella estaba sola, rodeada solamente por la arena blanca con figuras circulares y el crepúsculo, el cual empezaba a caer y con el venía la oscura noche.
-Este es el día- susurro para si misma. Lejos, muy lejos, escucho el sonido de una batalla. -Ya no mas sangre derramada.- las lagrimas nublaron su vista - debe terminar todo aquí-
Una daga, de oro blanco, apareció arriba de sus manos. La empuñadura tenía un grabado, palabras en el idioma de los Dioses. Lo entendía perfectamente.
Es tu deber protegerlo, evitar que caiga en manos equivocadas.
Alguien le hablaba y podía asegurar que estaba frente a ella, mas no levanto la vista. De reojo podía ver los colores a punto de desaparecer.
Debes hacerlo antes de que caiga el crepúsculo y la obscuridad domine.
Es tu deber.
Es tu deber.
Es tu deber.
Las palabras parecían reproche. Grabándose en su cabeza, determinándose a cumplirlas.
-Es mi deber- murmuro. Tomando la daga y apuntando a su pecho. Estaba lista para hacerlo. Toda su vida fue echa para cumplir las ordenes de no dejar que nadie lo tocara, que nadie perturbara el tiempo en el universo. Ambas manos apretaron la empuñadura, la punta de la daga estaba a simple 20 centímetros de su cuerpo.-Debo cumplirlo.
-No lo hagas- el grito provenía de algún lugar. Mas su ojos no se despegaron de la daga. Miro hacía el frente, los últimos rayos del crepúsculo decían adiós. La noche estaba cayendo y no podía perder mas tiempo, ni un segundo más.
Fue una conexión, el crepúsculo y la noche se acoplaron y la daga se inserto en su pecho. Una O se formo en su boa, no hubo gemidos o quejidos de dolor. Dejo escapar el aire que retuvo al sentir la herida. Al relajarse la herida empezó a sangrar. La noche estaba presente y era fría.
De nuevo, escucho ruido de una batalla, pisadas apresuradas hacía ella. Gritos que no podía escuchar y personas que no podía reconocer. Estaba en la inconsciencia, cuando escucho su nombre junto a unos brazos sobre su cuerpo.
-¡Nami! ¡Nami! ¿Porque lo hiciste?... NAMI...- sus ojos se cerraban con lagrimas derramadas.
-Es m-mi... de...ber- fue su último aliento.
...
-Nami, Nami, Nami... despierta... Nami-
Se sentó de golpe. Con el rostro bañado de lagrimas y lleno de sudor. Su corazón palpitaba acelerado, su respiración se agitaba, un escalofrió recorrió su cuerpo junto con su pecho cual subía y bajaba a velocidad no normal.
Tomo su cabeza entre sus manos, tuvo un mal sueño y no quería interpretarlo. Ni siquiera quería pensar en que podría ella misma ponerle fin a su propia vida.
-¿Porque lloras?- se asusto al escuchar una voz de hombre cerca de ella.
-Por Zeus casi me matas de un susto- reclama tratando de esconder su pena - solo tuve una pesadilla.
-Bien- su voz era indiferente, no le sorprendía y ni llegaría a hacerlo, que ella tuviera pesadillas.
-Soñé que me exigías gritando que hiciera 5 mil lagartijas, entonces yo me enojaba y con una espada muy filosa te corría para matarte y así me dejaras en paz- sonrió para alivianar su estado.
-Parece un sueño interesante- su voz no cambiaba y a pesar de los años de conocerlo, se preguntaba ¿Porque no mostraba algún signo de preocupación? Siempre pensaba que quizás le quitaron el corazón y no tenía sensibilidad.
-Era el mejor, pero entonces alguien me llamaba y me despertó- con disimulo, se seco el rostro, quedando pensativa con ese sueño, no era la primera vez que lo soñaba, era el tercero de ese año. Además cuando tenía un sueño tan raro, siempre se hacía realidad, quizás no de la misma forma de la cual lo soñó, pero sucedía.
-Es las 3 de la madrugada. Duérmete- dio media vuelta para irse.
-Si claro- y no pudo evitar sacarle la lengua.
-Te vi-
-Quería comprobar que tus ojos de halcón aun servían-
-Caro- espero a recibir alguna palabras. Sin embargo ella estaba callada, raro, mas cuando tenía pesadillas, hablaba de algún tema para poder volver a dormir de nuevo. Cuando la vio, ella tenía su mirada hacía la ventana de su habitación la cual estaba abierta y mostraba la noche estrellada y la luna Llena.
-Sera mañana- sus ojos estaban perdidos en el espacio- el último día que estaré aquí. Han encontrado la ubicación y me llamaran. Las Moiras esperan ansiosas el día que muera.
-¿Que?- sacudió la cabeza, saliendo de su trance.
-¿Que, que?-pregunto sin entender. ¿De que hablaban?
-Duérmete- fue lo último en decirle al salir de la habitación. Por el pasillo iba pensando con tranquilidad. No era la primera vez que ella, decía algo así y después no recordaba. Con la misma tranquilidad volvió a su habitación le daría su despedida con algunos ejercicios. Al menos así lo recordaría pero sabía que eso le ayuddaría en un futuro.
.
...
Oh, era genial el lugar donde estaba, quería agradecer a sus amigos. Era una sorpresa inigualable, solo respirar el aire que le rodeaba le hacía suspirar de emoción. Sus ojos brillaban de deseo, su cuerpo brincaba con solo ver a su alrededor.
-Estoy en el cielo- susurro para él mismo- el cielo de las carnes.
Ante sus ojos tenía una pequeña aldea construida de carne, todo tipo de carne. De res, pollo, marrano, cordero, pescado. Incluso sería capaz de comerse la carne de un perro si esta supiera rico con la salsa de las costillitas en barbacoa.
Una casa tenía techo de carne roja, lomo encebollado. la puerta de salmón, un hermosos color que lo hacía atrayente. Las ventanas estaban echas de tocino, crujiente y caliente tocino.
-¡Comer!- grito corriendo despabilado hacía las ventanas, porque se veían mas crujientes y ricas..
Y cuando estuvo a punto de darle la primera mordida al riquísimo tocino... alguien le grito haciéndolo parar extrañado.
-¡LUFFY!
...
-¡Luffy! Despierta...- ante el grito inesperado en su oído el joven despertó. Alborotándose un poco el cabello negro cuervo corto. Abriendo adormitado sus ojos negro onix. -Oye... despierta.
-¿Que pasa Zoro? ¿Porque me despiertas?- pregunto al hombre de cabellera verde quien lo despertaba con pequeños puntapiés.
-Ya llegamos a la Isla-le informo.
-Estaba soñando con carne- se quejo en bajo y su estomago gruñendo, pidiendo lo que no haría, comer.
-Has tenido un lindo sueño Luffy?- pregunto una mujer de cabellera negra, ojos azules y una pequeña sonrisa.
-Soñaba con carne y tengo hambre- la mujer le sonrió.
-La isla esta ahí...
-Mujer ¿sabes donde esta?- pregunto el de cabellos verdes.
-Claro Zoro, no dudes de mi habilidad- contesto sonriendo con tranquilidad, provocando un leve, muy leve, rubor en las mejillas de Zoro.
-Oye Robin, ¿este es el lugar?- Luffy miro hacía adelante, donde la Isla se veía abandonada.- ¿Esta es la Isla Galápagos o Cokoyashi?
-Galápagos Luffy- corrigió con amabilidad- antes llamada Isla Cokoyashi, donde sellaron a la niña.
-Entonces vamos por esa piedra- dijo animado Luffy.
-Vamos- Robin sonrió, ahí, muchos años atrás, ella junto a su madre, Jaguar y el profesor Clover, habían encontrado el Foneglifos, donde estaba como llamar a la Domina Tempus (Dama del Tiempo), ella sabía que la niña, quien ahorra poseía ese cargo, podía hacer volver el tiempo y tenía un sueño, ella quería evitar la muerte de sus personas queridas.
-¿Vienes o no?- la voz de Zoro le hizo volver.
-Claro, Zoro- siempre le mostraba su sonrisa y con su rostro indescifrable, lo cual le causaba algo dentro pero no quería averiguar que era.
-Vamos chicos- Luffy iba a emprender carrera para buscar el Foneglifos, mas fue parado por Robin.
-Luffy vas en la dirección equivocada.- señalo en lado contrario a la cual el moreno se dirigía.
-¿Que esperamos? Vamos a buscar la piedra- Luffy sonreía emocionado, por dos cosas. Una; se imaginaba lo divertido que sería encontrar y llamar a la niña y Dos; él también buscaba algo que solo la niña podía darle.
La cuarta persona que los acompañaba llego junto a ellos. Era un joven de apenas 15 años, de cabello castaño y ojos negros.
-Wow, es muy grande ¿Robin, como sabes a donde ir?- pregunto.
-Ya estuve antes aquí, Chopper- Zoro podía jurar que vio en sus ojos una sombra de tristeza, pero quizás se equivoco, pues ella tenía su misma mirada de siempre, aunque algo brillosa por explorar y encontrar ese grande descubrimiento, del cual muchos arqueólogos negaban existiera.
El grupo de cuatro, caminaron por la orilla de la Isla, siendo guiados por Robin, a quien nunca se le olvidaría como llegar a aquella cueva.
Aun podía recordar ese año, había creído que acompañar a su madre sería una gran emoción, pues la veía como emocionada decía haber descubierto, al fin, la ubicación donde estaba el Foneglifos, sellos de los Dioses, para despertar y traer a la niña del tiempo. Sabían la historia, como ella estando ahí en la Isla y portando el anillo del Universo, fueron atacados, por hombres pez. Nadie estaba muy seguro de quien fue el que lidero aquella batalla contra ella, solo sabían que los hombres pez buscaban el anillo para poder abrir la puerta y cambiar muchas cosas. Pero aquella niña de tan solo 12 años se sacrifico y junto al anillo murió. Esa era la historia que todos contaban, pero después de la muerte de su madre y su mejor amigo, junto con el profesor Clover investigaron mas y mas. Hasta encontra mas historia.
La niña, no tenía nombre, era la hija del Dios Cronos y la Diosa Anuket, de quien nadie sabía, cuando cumplió los 12 años, Eolo hijo de Poseidon y por ordenes de Zeus, le entrego el anillo del universo el único que podría abrir las puertas. Sin embargo, estaba la incógnita de saber ¿Porque en su cumpleaños 12 ella recibió el anillo y por Eolo?
La batalla era la mas escrita, sangre de parte de ambos lados, hombres pez peleando por ordenes del hijo de Dagón Dios de los hombres pez y la Diosa de la Discordia Eris, no sabía cual era el nombre del hijo de ambos. Porque en la historia, esos dos nunca se conocieron y menos se trataron. Esas eran las incógnitas de las cual ella quería averiguar.
Ella recordaba el camino, por lo tanto llegaron ala cueva, donde murieron sus seres queridos.
-Estamos aquí-
Zoro iba adelante, en modo d protección, por si algún animal atacaba. Observando las paredes, llenas de extraño lenguaje. Él no entendía nada de eso, ese era el trabajo de Robin, quien era una arqueóloga muy buena por cierto. El solo iba como su guardaespaldas, aunque tampoco hubiera querido a la buena, su mejor amigo, el moreno, le rogó y era insoportable escucharlo todos los días y cada mañana con lo mismo, además no perdía nada. No sabía si era cierto lo de esa dichosa niña o no, como decía el dicho "Hasta no ver, no creer"
El pasillo de la cueva, era largo y oscuro, Chopper iba junto a él, alumbrando y Robin con Luffy haciendo lo mismo. Robin podía sentir como se acercaban al lugar de todo. Lo hicieron, el lugar ahora tenia un poco de luz que provenía del techo, un agujero en el cual se colaba los rayos del sol y este daba directamente a una roca cuadrada. Hicieron alumbrar mas, encendiendo otras antorchas que estaban ahí.
Robin no pudo evitar sorprenderse. El Foneglifos, que oculto de ese hombre, estaba en la roca, parado, mas solo la mitad, faltaba una parte. Apresurada se acerco al objeto, tomándolo entre sus manos, desempolvandolo. Encontrando escrito las palabras que ella entendía.
-¿Que es eso?- pregunto Chopper. Señalando el objeto entre sus manos.
-El Foneglifos...-murmuro alto.
Zoro observaba a su alrededor, no es que fuera un vidente, pero presentía que algo malo pasaría. Luffy se sentó en estilo indio, al lado de Robin, esperando saber que sucedería ahora que ya tenían la piedra.
En la piedra cuadrada y alta también había algo escrito, figuras que nadie, ni siquiera Robin podían traducir, era un idioma extraño y único, uno nunca visto por los mortales de la tierra. Sin embargo Robin, saco su cámara y tomo fotografías investigaría que significaba eso. Por el momento se centro en el objetivo principal.
Zoro, Luffy y Chopper escuchaban lo que ella dijo, quizás una oración o dos palabras, no sabía y no entendía.
-Español mujer..- el peli verde también tenía curiosidad por saber lo que decía.
-Eres la hija del tiempo, agua y belleza. Velando el tiempo con tu juventud. Eres la extensión entre el tiempo y tiempo, y el peso mora en ti. Los enemigos te agobian. Te codician y te desean con apetito infinito; Pues ninguno que sea terrestre te ha abrazado, pues estas ensombrecida con el Círculo de las Arenas, y estas cubierta con las nubes del universo. Tus pies han pisado cada tiempo, y tus manos abiertos las puertas. Tu vestimenta son el principio y el fin, y tu lugar de residencia está en a ti misma. Feliz es el que te abrace: Pues de noche...-
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En la orilla del bosque de la Isla, un torbellino de arena hacía presencia, incrementándose, alborotando el viento, la marea y los cielos. Empezó a reducirse hasta desaparecer y dejar caer un cuerpo de una joven, quien yacía desmayada.
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-¿De noche que?- pregunto Luffy al no escuchar mas.
-No hay mas... le falta un pedazo. Hay que buscarlo.-
No hubo tiempo de hacerlo, las paredes temblaban fuerte haciéndolos caer al suelo, los rayos del sol entraron sin haber mas agujeros en el techo. Las antorchas fueron apagadas. Chopper quien se había sostenido y abrazado a la piedra, sintió algo caer sobre él y desmayarse.
-¿Que esta pasando?- grito Zoro ante tanto movimiento.
-No lo se- Robin no estaba segura de lo que pasaba.
-No menciones las palabras escritas aquí- la voz provenía de algún lugar. Buscaron de donde, mas no encontraron nada.-Deben pagar ante su invasión. Ningún mortal debe tocar los sellos de los Dioses. O pagaran con la muerte.
-Seas quien seas, sal y da la cara.- reto Zoro. El dueño de la voz hizo su presencia. Subiendo a la piedra cuadrada y con un rostro serio y ojos lleno de enfado.
-Chopper- Robin sabía que su amigo estaba ahora poseído por algún guardián del sello.
-¿Quien sera el primero en morir?- su voz era fuerte, retumbando en las paredes.
-Deja a Chopper maldito o te haré pagar- Luffy no estaba a gusto al ver a su amigo siendo usado como títere de alguien.
-Tu..- los ojos, ahora, rojos de Chopper observaron la figura de Luffy, había algo emanando de él, de su cuerpo y averiguaría que era. Ningún mortal humano había traspasado la cueva sin recibir un castigo, pero ellos estaban ahí. ¿Que los hacía espacial?
-¿Quien eres?- pregunto Zoro, harto de solo hablar y no pelear, aunque el no pelearía contra Chopper, era solo un niño de 15 años y estaba con ellos porque era el mejor medico, el mas experimentado y único.
-Soy Horas... el vigilantes de los Dioses- Robin estaba emocionada al enterarse que los Dioses si existían.- Morirían por esta invasión. Ray ξεκινά
Una lanza en forma de rayo era el ataque y fue dirigido a Luffy, quien no tuvo tiempo de moverse, creando una explosión.
-¡Luffy!
