PASIÓN DESBORDANTE:

Ambos queríamos salir de ahí e ir a un lugar discreto, ambos lo necesitábamos y urgentemente. Edward pagó la cuenta a la carrera, mientras yo me arreglaba el cabello y mi ropa, mientras mi compañero observaba estas acciones completamente divertido. Salimos casi corriendo del restaurante, subimos a su auto; él se encontraba realmente nervioso, se demoraba mucho en encenderlo, y las llaves casi se le caen de mano varias veces. Se me hacía tierno verlo así de nerviosito.

En cualquier momento hubiera presenciado la escena con una sonrisa, pero no en este momento, yo solo quería largarme de ahí con él, y Edward no ayudaba mucho.

-Tranquilo Edward, tranquilo.- susurraba, mientras le acariciaba la nunca. Gimió bajito ante mi toque, inmovilizándose al instante.- No me iré a ninguna parte, tranquilo, tómatelo con calma.- respondí suavemente, mientras pasaba las yemas de mis dedos por su nuca, rascándola delicadamente. Siseó por el contacto, y sin pensárselo mucho me besó desesperadamente como hace un momento.

Nuestras lenguas se chocaban, pero yo siempre querría más, este hombre era como una droga, cuando lo probabas querías más.

Me alejé de él por un instante para poder respirar, pero al parecer Edward seguía igual que yo, ya que sus labios no abandonaron mi cuerpo en ningún momento, solo se pasaron a mi cuello, el cual beso y chupo, lo hacía suyo. Nunca me cansaría de besarlo.

Jadeé y me moví más, buscando algún contacto con su cuerpo, Edward lo notó y me subió para ponerme a horcadas de él. Se movía desesperadamente contra mí, ambos gemíamos extasiados, el contacto era exquisito.

Nos movíamos al ritmo excitante y acelerado que él marcaba, me acariciaba todo el cuerpo mientras nos rozábamos, gemíamos, jadeábamos, pedíamos más, estábamos descontrolados por completo; en lo único que pensábamos era en fundir nuestros cuerpos y fundirlos rápidamente.

Nos besamos frenéticos, besos por todas las partes de nuestros cuerpos eran robados, nuestras manos inquietas querían tocar más, queríamos rozarnos mejor, estar mucho más cerca de lo que ya estábamos.

-Preciosa, ya quiero tenerte junto a mí, vas a disfrutar muchísimo esta noche.- Y ahí todo se malogro, no sé porque pero su voz fue como si me despertaran violentamente de un trance, un trance en el que solo esperaba fundir mi cuerpo con el de Edward.

-Edward, detente.- susurré casi sin voz. Su mirada era un poema, no entendí que me pasaba, ni yo misma lo sabía, pero no quería que mi primera vez fuera en un auto, y mucho menos de esta forma.

-¿Qué pasa preciosa?- preguntó sin hacerme mucho caso, y volviendo a tocarme todo el cuerpo.

Eso fue la gota que colmó el vaso, esto ya era suficiente, no lo soportaba más.

-¡Suéltame!-grité con todas mis fuerzas, alejándolo violentamente, tanto que choqué con la bocina, cuyo sonido me sacó completamente de esa extraña hipnosis.

-¿Qué te pasa?-respondió contrariado, soltándome al instante. Sin perder tiempo me bajé de él, y me pasé al asiento del copiloto. Tranquila Bells, relájate, no pierdas la concentración.

-Solo…llévame a mi casa ahorita.-susurré, no tenía ganas de discutir con él, lo mínimo que pedía era que no me discutiera con eso.

-¿Me puedes explicar que demonios paso?- preguntó mirándome fijamente a los ojos.- Estábamos tan bien y de repente….-esperaba que dijera algo más, es más lo deseaba, pero no terminó la frase, prefirió quedarse callado.

-Simplemente no quiero acostarme contigo, estás acostumbrado a tener a cuanta chica quieres, por eso te sorprende que me niegue nada más.- respondí escéptica y sarcástica.- Ahora, ¿Me puedes llevar a mi casa? O ¿Tendré que llamar a un taxi?- me quedó mirando por completo anonadado y consternado. No se imaginaba que lo detendría y mucho menos que le diría todas esas cosas.

No respondió nada, solo se puso el cinturón de seguridad y arrancó el auto; no quise mirarlo en ningún momento, tenía miedo de que, al mirarlo, mi autocontrol se fuera al tacho y me lanzara encima de él.

Se detuvo al llegar a mi hogar, se quedó en silencio, como esperando que yo dijera algo, aunque honestamente yo esperaba lo mismo de él; después de un par de minutos me cansé de esperar y bajé del vehículo sin pronunciar palabra alguna.

Me tiré en mi cama, y acaricié mis labios, pensando en que hubiera pasado si no lo hubiera detenido.

.

Al día siguiente, me fui temprano a las instalaciones del canal, tenía ensayos con Edward…tenía miedo de verlo, que las cosas no fuera iguales, podía haber pasado miles de cosas con él, pero aún pensaba en la competencia. No podía definir bien lo que tenía con él, al menos no por el momento, pero lo que sí sabía es que necesitaba el dinero, necesitaba esta ventana, quería que todos supieran lo buen bailarina que era, no podía echar todo al traste por una especie de retorcida relación o un revolcón de una noche con un chico que seguro le importaba menos de una mierda. No echaría todo al traste por Edward Cullen.

-Hola Emmet.- saludé mientras dejaba mis cosas.

-Hola Bells, ¿Cómo estás?- inquirió curioso. Sabía que había un dejo de chismorrería en su pregunta, él siempre era tan curioso.

-Todo bien, algo cansada, por no decir muy cansada.- Estaba extenuada mental y físicamente, solo necesitaba relajarme.

-¿Fue muy movidita la cita de ayer?-dijo con una sonrisa traviesa.

¡Oh Emmet! No puedes estar más acertado.

-La verdad es que fue bastante tranquila y un tanto aburrido.- mentí, espero que se la crea porque no quiero seguir engañándolo.

-¡Que decepción!- exclamó dramáticamente.

-Sí, lo sé.- comenté distraída. Ya no quería que me siguiera preguntando sobre el tema.- Y dime, ¿Qué vamos a bailar?

-Ahhh bueno.- empezó, pero rápidamente fue callado.

-Bailaremos Thriller de Michael Jackson.- respondió ese hombre que me vuelve loca, que con un simple roce transforma mis piernas en gelatina, mi tentación personal…el siempre magnífico, Edward Cullen.