Campos Elíseo
Bosques verdes, prados y flores, mariposas volando por todos lados, un ambiente tranquilo. Esa era una cualidad en los Campos Elíseos, siempre con sus suelos de un verdor maravilloso y las flores, muchas flores, el sol brillando y los pájaros cantando con armonía, su dulce melodía acompañada de las voces de las ninfas, los ríos transparentes. No dolor, no enfermedad, ni vejes para el cuerpo o el alma, no existe la envidia, un paraíso lleno de paz y felicidad plenas.
Ese, es siempre el día a día de los Campos. Sin embargo, todo había cambiado. Desde el principió los dos guardianes designados por Hades, su mano derecha y su mano izquierda, habían presentido algo malo, sin embargo no le tomaron tanta atención. Cada cierto tiempo, llegaba una persona a visitar a una de las almas puras y limpias a los Campos. Siempre era así, pero esta vez, fue diferente.
La sonrisa, en el rostro de el ex-difunto-Dios Cronos, no presagiaba nada bueno, había escapado de Tártaro, el Infierno para las almas podridas.
El Campos Elíseo tenía dos templos, uno de ellos tenía la mitad destruidos, este era el templo de Thanatos, él único con entrada a Tártaro, todos los pilares de color negro como el carbón, las Ninfas se encontraban resguardadas en el templo de Hypnos, el único con la salida hacía el Inframundo y volver a la tierra.
-Todo el templo esta destruido- hablo Thanatos, un hombre alto, con el cuerpo bien construido, el pelo largo y negro, piel blanca y barbilla estrecha, un par de gafas negras ocultaban sus ojos negros-negros. Vestía una túnica blanca, la cual ahora estaba manchada de sangre, mas no suya.
-No sabe lo que ha desatado. Mucho menos, a quien ha liberado- Hypnos observaba lo destruido por esos ex-Dioses. Tenía el cabello rubio casi blanco, largo, usando anteojos redondos y con una barbilla de estilo peculiar, musculoso, como Thanatos.
Acostado sobre el verde césped, se encontraba Radamantis, de mediana edad con una barba trenzada y con bigote, normalmente llevaría gafas, mas estas estaban a la par destruidas, su cabello estilo afro color negro, cuerpo musculoso como los otros dos. Tenía una herida en el brazo izquierdo, la cual se empezaba a curar.
-El problema es doble, con Apokál liberado ni su hermano gemelo podrá pararlo- Radamantis inspeccionaba el caos, sus gafas volvían a estar reparadas. De su espalda salió una animal, una cabra, la cual empezó a olfatear el aire y el templo de Thanatos, al ser el mas destruido, captando un olor semejante a la tierra y mujer... y no pertenecía a la ninfas.. - Tengo que visitar a ciertas hermanas y pedir una explicación.
Sin decir mas, él junto a la cabra, desaparecieron... solo dejandoles las ráfagas de aire y el canto triste de sus ninfas.
-Hades no estará muy feliz cuando sepa todo lo sucedido.- Hypnos, cruzado de brazos, suspiraba con pesadez y negaba con la cabeza - lo tenían planeado, sabían como salir y por donde atacarnos. Pero su descaro tendrá consecuencias... por haber liberado a Apokál y robar la daga de la muerte, Anuket, hija de la Diosa de la Guerra y el Dios del Mar, sera enviada a Tártaro y ser torturada- Anuket había tenido el privilegió de pasar su eterna muerte en los Campos de Elíseo, llena de paz, tranquilidad y una vida sin envidia ni odio.
-*Dási- Thanatos llamo a una de sus Ninfas... -Ve a *Típota y tráeme a Anuket
La Ninfa, Dási, asintió y junto a su espíritu tomaron camino hacía Típota, el lugar donde no había nada, solamente la blancura y la paz.
-Iré Con Hades a informarle sobre lo sucedido- Hypnos le informo a su hermano gemelo..
-Esperare a la llegada de Hermes, para que le lleve el mensaje a Zeus... El Fin del Mundo y la Era de los Dioses podría llegar a su fin, si dejamos que Apokál libere su furia.
-El caos debemos evitar y lo mas pronto posible.-
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Templo subterráneo de las Moiras en Tártaro
Sadi reía mientras cortaba otro hilo de vida, otro humano mas que moría. Controlar el destino de los hijos de Gea, era tan gratificante y sus llantos su alegría. Califa observaba el destino de una mujer quien era acosada, llevada a un callejón y sin que nadie pudiera ayudarla. El acoso sexual era una de sus favoritas, a veces intervenía, en otras los dejaba pasar, no toda la vida era color de rosa. Marguerite, sonreía al ver nacer a los bebes en ese minuto, cada uno con su destino dicho y hecho, el llanto de los bebes al nacer le daban alegría, de las tres, ella era mas tranquila y con mas conciencia y corazón.
El estruendo de rocas desprenderse del techo en la entrada de su hogar, les llamo la atención, mas solo Sadi seguía sonriendo, ¿Quien podría llegar ahora? mas solo era un pensamiento irónico, a las Moiras no se les escapaba nada. No aun, hasta que vieron quien era el visitante.
-Radamantis- murmuro Marguerite. Cualquiera que hubiera visto al Dios Juez de los Muertos, debía temer, pues no hacía falta tener contacto físico para ser enviado a Tártaro y sufrir toda una eternidad.
-Átropos, Láquesis, Cloto, han cometido el peor error de sus insípidas vidas. Robar la daga de Thanatos e irrumpir la entrada de Tártaro para dejar escapar al "Destructor".
-Hmmmm ... ¿Culpable?- se burlo Sadi, teniendo listo su látigo, hecho con los hilos de los humanos muertos -no nos hemos movido Radamantis, y eso ya es una prueba de nuestra inocencia. Pero si quieres puedes inspeccionarme toda completa- con su voz llena de sexualidad, rasgo su traje, entre los pecho para darle mas imagen a los ojos del Dios Juez.
-Hades, Zeus y Poseidon, no son los únicos que las pueden matar. Yo lo haría con mucha satisfacción-
-No amenaces Radamantis- hablo Califa - Estas en el Templo de las Moiras, nosotras mandamos aquí, tu, ni otro Dios pueden tocarnos. Si lo haces quien saldrá muerto, serás tu- reto con la mirada.
-Ya lo veremos- Con su brazo izquierdo enrollo varios hilos y con fuerza cortarlos, creando así varias muertes en la tierra, a personas quienes no les tocaba su hora aún.
-¿Que has hecho?- grito Marguerite, sacando su arco y flechas dispuesta a tacar, por quitarle la vida a esas personas y no seguir el destino de ellas.
-*Kōsoku sessaku muchi - Sadi se lanzo al ataque por el descaro del hombre. Poseía una gran habilidad para moverse rápido y utilizar su látigo. Lanzando un latigazo en el pecho a Radamantis, para crarle un corte de alta magnitud y darle una lección, al ver la sangre salpicar sonrió con sadismo, pasando su lengua sobre sus labios disfrutando de ese olor y del dolor que estaría sufriendo el Dios.
Sin embargo Radamantis, pudo haber sentido dolor, pero la herida ya se estaba cerrando. Califa al ver la curación lenta de Radamantis, también ataco, creando de la nada burbujas a su lado junto a, también, su látigo con espinas.
-*Michi kagayaku kogane no toge- salto en el aire, con las burbujas cubriendo a su oponente empezó a drenarle su fuerza y en el aire usar su látigo en él, varias veces. Las burbujas tenía un color rojo, quizás por la sangre. Cuando las burbujas desaparecieron, el cuerpo de Radamantis estaba brilloso y liso, junto a varios cortes hechos por las espinas. Mas eso no hizo mover, ni un centímetro a Radamantis. Por el contrarió, el Dios empezó a concentrar su fuerza, deshaciéndose del brillo hecho por las burbujas, su piel tornándose amarillo oro y su cuerpo crecer en altura.
-Chīsana shōgekiha- creando una pequeña onda en su mano derecha, atacando a las hermanas, quienes gritaron por el golpe, del cual tardarían en recuperarse.
-Sadi, Califa- Marguerite quería acercarse a sus hermanas lastimadas y enojada por ese suceso, tomo su arco y lanzo tres flechas, quienes rompía la velocidad de la luz, y el impacto causaría la muerte de cualquiera, fuera Dios o mortal. Quedando impresionada, al ver como con una mano, Radamantis las detuvo y regresandoselas con la misma potencia. Esquivando dos y una hiriéndole en el brazo.
Con su brazo izquierdo, tomo por las cabezas a Sadi y Califa y con su otro brazo a Marguerite, las tres gimiendo de dolor.
-Esto no es el final. Pero pronto recibirán un peor castigo. Haber ayudado a Crono y Apokál, les da derecho de morir. Pero no seré yo y seguro no Zeus, habrá otro Dios, uno joven y fuerte, quien les dejará claro que no deben intervenir en la vida de las personas.-
Lanzandolas hacía la pared, Radamantis se alejo del lugar, para su búsqueda de ese ser. Las tres hermanas, apenas podían levantarse. Radamantis era fuerte y les había demostrado su poder.
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Averno (Entrada al Inframundo)
Radamantis estaba a un paso de salir del Inframundo y empezar su búsqueda, pero estaba consciente que solo no podía. Los hilos en su brazo izquierdo, estaban aun intactos. Deserto lo que creía tenían un débil poder, quedando con 6. A quienes le devolvió la vida... al estar frente a él, dieron sus nombres.
-"Hina", "Coby", "Very Good", "Tashigui" "Helmepo", "Smoker".
Ellos serías los lideres de los equipos de búsqueda.
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En otro lugar...
...Hubo un silencio, hasta que alguien grito como loco, al ver tal acción.
-¡LUFFY MALDITO!-
Luffy sentía, esas dos cosas redondas sobre su rostro, eran suaves y parecía haber un olor proveniente de ellos o ¿era su piel o su ropa?
Nami fue elevada en el aire, por dos brazos de un hombre y ser puesta de pie con delicadeza. Ni siquiera tuvo tiempo de ver quien fue el responsable de tal acción. Ya que ese ser, se lanzaba en ataque a Luffy quien seguía en el suelo.
-Maldito bastardo mierdoso- una patada en la cabeza hundió mas al pobre de Luffy, quien temeroso de los golpes de Sanji ( de los cuales no tenía las mas mínima idea del porque) quería huir... -estúpido cerebro de goma- y otra patada a la cabeza del moreno... -maldito pervertido, hentai- otro golpe.
-¿Me llamabas?- al escuchar la palabra "Hentai" se sintió feliz.
-Era un insulto y no te estaba llamando, pervertido desnudo-
Nami miro incrédula al hombre de cabello azul con copete parado, vistiendo una camisa hawaiana y una tanga negra, las piernas velludas y una cadena de oro en el cuelo, grande. -¿Porque demonios vistes una tanga?- a su pensamiento era un pervertido por su vestimenta.
-Para demostrar mi virilidad y hombría. Los verdaderos hombres, no ocultan su preciosidad.
-Cállate degenerado- el rubio le lanzo una patada- Mademoiselle, ¡Eres el caldo que le hacía falta a este hueso!...
-¿Eh?-
Tomo la pequeña mano de la pelinaranja, llenándola de pequeños besos... -ma chère, abril, sin tu asistencia clara, fuera invierno de caídos esplendores; mas aunque abril no te abra a ti sus flores, no importas mas yo solo quiero saber tu hermoso nombre.
Nami no podía hablar, había usado poesía para pedirle su nombre, algo, quizás, original pero le asustaba también.
-Oh Zeus, si he de morir, quiero un deseo. Ahogar a golpes, ¿agua? ¿lodo? ¿monte?, no importa, con tal de callar al cocinero-ero.- Zoro se burlo de él usando algo de poesía barata.
-¿Que dijiste, estúpido marimo?-
-Aparte de retrasado, añadirle sordo.-
-Cabeza de césped te voy a matar-
-Inténtalo cejas rizadas.
Las patadas contra espadas no se hizo esperar. Cada golpe de Sanji era detenido por la espada de Zoro, los cuales no tardaron en causar desastre. No podía dejar de mirarlos atontada. Chopper terminaba de atenderle los golpes a Luffy, un cachete mallugado y algunos raspones, nada sin importancia. Al fin pudo sentarse y salir de ese hoyo echo por Sanji, observando como sus dos amigos se pelaban, como era siempre, no le asombraba. Pero tenía una gran duda, ¿Porque las bolas grandes de Nami eran tan suaves y olían bien?... ¿como les llamaba Sanji o Franky? Oh, ya recordaba...
-Melones...
-Oye mujerzuela... ¿Quien te da derecho de tirarte encima de my loved Luffy?-
-¿Quien eres?- ambas mujeres, quien unos minutos atrás se peleaban entre ellas, ahora centraban su atención en ella, quien no sabía como lidiar con tanto alboroto y gritos y esas miradas asesinas de ambas mujeres. Aunque admitía que una de ellas era hermosa, intimidante con su belleza, su larga melena negra y esos mechones que enmarcaban mas su rostro, su figura era esbelta y su altura ayudaba a marcar mas sus curvas, y sus ojos azules oscuros adornados por tremendas pestañas voluminosas, pero lo que mas sensual la hacía, era sus enormes pechos, los cuales comparados con los suyos, se quedaban desinflados. Y ese escote en la blusa en V, de color rojo, era mucho, sus jeans azules acompañados de zapatos de tacón alto, haciéndola mas alta de lo que ya era y para culminar, unos aretes de oro que se asemejaban a serpientes. Ella podía competir con Afrodita, quien seguramente le daría competencia.
-En primera no soy una mujerzuela- podía se de una belleza intimidante, pero no se dejaría insultar, sabía defenderse física y verbalmente... -y segunda, no tengo por que darles una explicación, además yo no me tire encima de ese estúpido, fue el quien me estaba manoseando-
-Como te atreves, insignificante mujerzuela. Tu no eres nada comparado conmigo, y nadie toca a Luffy loved, solo yo. Yo, Boa Hancock, la Emperatriz de las Amazonas. La única con derecho sobre él.-
-Eso no es cierto, Luffy no te ha elegido jirafa amazónica, podrías ser su madre, debería darte vergüenza.- La chica podría tener razón, Boa Hancock se veía algo mayor. Pero ambas parecían estar peleando por Luffy.
-Escucha enana desértica, él nunca te elegiría, tienes la piel seca y quemada. Además nada se compara a una Emperatriz-
-Él ni siquiera sabe pronunciar tu nombre... Hamock-
Otros que se peleaban, no sabía como terminaría esa pelea de gatas. Porque Hancock era alta y el cuerpo ejercitado, eso lo notaba, la otra tenía el cuerpo muy delgado, piernas delgadas al igual que sus brazos, casi competía con el tamaño de senos, mas aun la morena tenía un poco mas. Su cabello era de un azul plateado que deslumbraba tomado en una cola alta, mientras la morena lo tenía suelto y tan lacio que no creía posible que algo lo sostuviera.
Todo era un caos, un manicomio, ¿Porque estaba ahí parada escuchando y viéndolos pelear? ¿Acaso eran masoquistas?
-¿A donde vine a parar?- murmuro alto. Era una locura. Robin, quien leía mientra sus amigos "jugaban", bajo un poco el libro observándola, sonriendo discretamente. Todos sus amigos eran unas personas enérgicas y siempre se mantenían alegres. En especial Sanji y Zoro, además los otros tres bailaban felices de volver a verse. Los únicos "tranquilos", de ese grupo, eran Franky y ella, mas Franky no paraba de hacer sus poses junto a sus "Suuuuper" dándole mas animo al ambiente. Todos estaban locos, pero eso le daba un toque interesante y divertido.
Ya podía sentir tremendo dolor de cabeza formarse. La vena en su frente palpitaba a punto de explotar, su paciencia quizás no había mejorado y le habían obligado a trabajar en su fuerte carácter y explosivo. Pero no debían culparla, se había mantenido varios años tranquila sin gritar o golpear a alguien que no se lo mereciera. Ahora, no podían decirle "Cálmate", porque no haría caso.
Contó hasta 10, 20, 50, 90, ni siquiera pudo llegar al 100. Dos dedos, uno en cada seno, pujaban en todos ellos. La persona estaba frente a ella, con el rostro lleno de confusión e interés.
No sabía que estaba tocando, mas le llamaba mucho la atención.
Ese había sido el punto culminante y la gota derramada. Con los puños apretado, no dio aviso, se lanzo a golpe. En la cabeza, mejillas, nariz, labios, ojos, frente. Hasta dejarlo lleno de golpes en el rostro, hinchado y morados, alguno que otro hilo de sangre en la nariz y chinchones en la cabeza.
-Estúpido pervertido, no te atrevas a volver a tocarme.- sus dos compañeros, quienes habían estado, segundos atrás, bailando emocionados con él, fueron a esconderse detrás de Robin y Franky.
-Eso no fue super-
-Ella da miedo- corearon temblando.
-CÁLLENSE- grito al fin, deteniendo a los dos equipos de parejas, quienes aun peleaban sin darse cuenta de lo sucedido al moreno. Resoplo, exhalo e inhalo varias veces para poder calmarse.
Zoro podía segurar que sus dientes se transformaron como los de un tiburón y sus ojos ardiendo en llamas.
-Lo que tu digas mi hermosa damisela- Sanji bailo con corazones en el ojo, complaciendo a su bella mujer.
-¿Mabi solfe roe kejas?- tenía tan hinchados los labios, que no se le entendía nada.
-¿Porque a mi?- murmuro... teniendo suficiente de todos -¿Como se llama este lugar?... Saben que, no me digan, prefiero averiguarlo yo misma, muy lejos de ustedes. me largo de aquí-
En un ágil movimiento de su brazo izquierdo, logro quitarle la diadema de plata a Robin, la morena ya había traspasado todos esos símbolos a un cuaderno en la noche, por lo cual no había problema el que se lo llevara. Con la diadema en su cabeza, se sentía un poco mas segura, tomo su camino, lejos muy lejos de ellos para alejarse y seguir, buscar algo o alguien quien le ayudara a llegar a un lugar mas seguro.
De nuevo no esperaba ser detenida por una gran hoja afilada, espada perteneciente al peliverde. Su cuerpo fue recorrido por un escalofrió, esos ojos le daban miedo y sentía la muerte a escasa distancia. Esos ojos que le decían "Un paso mas y te mueres". Trago duro, ese cavernicola no planeaba dejarla en paz.
-Aleja tu maldita espada, lechuga con patas- un gruñido y una carcajada fuerte, la cual llamo mas la atención, les hizo perder su batalla de miradas.
Sanji carcajeaba, rodando en el suelo, el insulto había sido ingenioso y mas cuando una mujer tan divinamente hermosa lo decía, especial cuando era para el marimo.
-Lechuga con patas... jajaja- Sanji no podía parar de burlarse.
-Cállate ero-cook -
-Shishishishi- no sabía de que se reía, pero acompañaba a Sanji.
-Vuelvelo a repetir, cabeza de alga-
-Ero-cook-
-Cabeza de zanahoria-
Ahí iban de nuevo, dos golpes bastaron para dejarlos quietos y besando el suelo.
-Fufufu, esto se ve interesante-
-Golpeo a ambos, ha de ser fuerte-
-¿Tu crees Ussop?- pregunto Chopper. Ya había visto varias veces a Nami y no dudaba que fuera fuerte.
-Claro que si, aunque claro no es nada comparada con mi fuerza, con la cual logre vencer a 50, no 100, no 500 gigantes y 10 titanes. Con solo un brazo, un golpe vasto para dejarlos en el suelo débiles y pidiendo clemencia por sus vidas, a mi al gran Ussop y su brazo mas fuerte, que ni Zeus lograría vencerme.
Un rayo ilumino el cielo, sobresaltando a Ussop como una advertencia sobres su mentira. Otro rayo se dio a conocer, mas este cayendo en el mar arrebatandole su preciada quietud. El cielo seguía azul, las nubes blancas se juntaban apartándose de los demás rayos cuales seguían haciendo presencia.
Un estomago gruño, en el silencio que se formo. Avergonzada por unos segundos por el gruñir, recordó no haber desayunado y junto a la pelea de esos locos se le había olvidado.
-Sanji, haz comida- pidió o mas bien exigió Luffy. El rubio iba a replicar y darle algún insulto, mas el moreno se adelanto... -Nami tiene hambre y no ha desayunado.
-Oh, melloniere, ahora mismo te preparare el manjar mas delicioso que tus labios hayan probado-
Luffy tenía una enorme sonrisa, Sanji iba a preparar comida y aunque cocinara para Nami sabia muy bien que haría mucho y el probaría un poco. -Bien, vamos a comer-
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La habían llevado a un edificio de tres plantas, enorme, paso por la sala, el salón de juegos, un acuario, la sala de reuniones, la cocina la cual aun no conocía, la despensa, una biblioteca, una sala de enfermería y habitación, donde Chopper puso su maletín y empezó a revisar que faltaba, la segunda planta tenía las habitaciones, una tras otra llenas de cosas de ellos mismos, poster's, baratijas, que según Ussop servían para armar algo, un estante de libros y libros de historias y de la antigua Grecia, y de ritos funerarios del antiguo Egipto, la cual pertenecía a Robin, una habitación con paredes blancas, una cama echa, una ventana y pocas cosas casi desolada, perteneciente a Zoro, Hawai estaba pintado en todo la habitación el closet abierto mostraba tangas y tangas, muchas y de colores negro, azul y rojo, Franky supuso esa, además de la palabras !"SUUUUUPEEEEEEERRRRRRR"¡ escrito en el cielo falso, la de la par, era la que mas le perturbaba, calendarios, muchos, casi masque las tangas de Franky, calendarios de mujeres semi-desnudas, en traje de baño, con bikini y cabello cubriendo ambos pechos, y el que se encontraba en el techo sobre la cama matrimonial, una mujer posando toda desnuda, que avergonzaría a la virgen Artemisa y darle una hemorragia nasal el piso pringado de sangre. Salió de ahí con rapidez, el cuarto era escalofriante. Solo Luffy fue el último en salir, con la cabeza hacía arriba y tratando de comprender porque todos salieron apresurados y con el rostro rojo como un tomate.
Las siguientes dos habitaciones parecían estar en guerra, una puerta frente a la otra puerta. Una representando el Amazonas y el otro un desierto habitable. Ni siquiera pregunto a quien pertenecían esas habitaciones, las dueñas de estas entraron en su lugar correspondiente arremetiendo con la puerta dando a comprender que nadie debía acercarse o entrar, al cabo ni quería entrar. No había mas habitaciones hasta la tercera planta.
Ahí tenían la sala de ingeniería e inventos según decía el cartel de la puerta, gimnasio con enormes pesas, la habitación de objetos perdidos, otras tres mas que no estaban en uso y la del fondo, la cual pertenecía al único que faltaba.
-Y esta es mi habitación- abrió la puerta, entrando y saltando en su cama como todo un niño, en el buro se encontraba un sombrero de paja el cual estaba roto hasta la mitad, casi inusable. -Oh, estoy de vuelta sombrero.-
Lo tomo con delicadeza, en su mirada podía notarse tristeza, no lo había llevado en el viaje, porque estando roto podía salir volando o partirlo en dos, lo cual sería peor.
-¿Le estas hablando a un sombrero?- Le miraba con incredulidad, ya Zoro, Robin y Franky los habían dejado al terminar el recorrido. Vivi y Hancock habían entrado a su habitación respectiva. Sanji cocinaba el almuerzo, Chopper en la enfermería, él único que seguía con ellos era Ussop. - si serás idiota.
-El sombrero es su mas grande tesoro- hablo Ussop, no se había sorprendido mucho al verle la gran nariz, estaba en un grupo de locos, en el cual de todo se podía esperar. Hasta de un reno parlante, si tuvieran uno.. -lo cuida con su vida. Nunca se lo quita, pero le hicimos desistir en no llevarlo, en su estado lo hubiera perdido. Muy a su pesar lo dejo. Le dolió.
-Vaya- el sombrero debía ser muy importante, para haberle dolido dejarlo.
Luffy se lo puso en la cabeza, no apretándolo tanto a su cabeza quedándole algo flojo pero aun así sonreía. -Vamos Ussop, hay que mostrarle a Nami la terraza.
-Así que tu nombre es Nami, eh. Es un gusto conocerte- Ussop la saludo dándole la bienvenida al grupo.
-Si, igual- parecía que todos creían serían amigos de ella. Estaban tan equivocados.
Caminando subieron a la terraza, quedando asombrada al salir, veía un gran jardín, con flores, césped verde aun fresco con brisa del agua, algunas plantas, arbustos y en una esquina un árbol, no sabía como le hicieron para plantarlo en la terraza mas no importaba, este tenía frutos redondos y color naranja. El aroma de esas frutas era entrañable, tantos recuerdos de siglos atrás, que no se borraban.
-Es maravilloso.- susurro.
-Lo es, shishishi...- tomo una fruta de la rama mas cerca -ha crecido, un amigo me la regalo, dijo que alguien debía cuidarla porque el no podría estaría viajando buscando algo importante. Desde entonces la he cuidado. Las mikan's de este árbol son deliciosas. Toma Nami-
Absorbió su olor, tan familiar... Ussop quitaba alguna maleza delas flores de Robin.
-¿Quien te la dio?- pregunto curiosa.
-Shanks, también fue quien me regalo su sombrero. Estaba de paso, iba de ciudad en ciudad, país en país, isla por isla, buscando su mas precioso tesoro que le fue arrebatado dolorosamente, no perdía la esperanza tenía la convicción de encontrarlo y volver a ser feliz. No tenía familia, su esposa había muerto, el sombrero había sido otorgado por un hombre a quien consideraba su hermano, representaba la promesa de nunca rendirse y seguir adelante. Tenía 7 años cuando lo conocí. Estaba triste, perdido, miserable, no tenía amigos y... tampoco familia los había perdido, solo me quedaba el abuelo. Cuando supe lo que hacía y como viajaba quise ir con él, mas no me dejo con la excusa de ser todavía un niño y no podría sobrevivir y llevar la vida de ellos. El día que partió llore, porque sabía que ya no tendría un amigo, nadie que me contara sus historias de los viajes, me diera ánimos, por eso me dejo el sombrero como una promesa de no vivir triste, hacerme fuerte y hacer mis propias aventuras con mis propios nakamas. Con el tiempo conocí a mis nakamas, primero Zoro, después Ussop y Sanji, años después a Chopper, Robin y Franky, y tres años atrás conocí a Vivi y Hamock. Eran muy divertidas, jugaban a gritarse y se daban abrazos a cada ratos tirándose al suelo y rodando, soy muy graciosas.
-Vaya, fascinante historia. ¿Que paso con tu abuelo?- le llamaba la curiosidad.
-El viejo, Garp, murió hace cinco años, tenia quince. Un día desapareció. El viejo era muy malo y griton, tenía mucha fuerza y siempre me daba su puño de amor, que dolían mucho. Me ponía a entrenar, porque no importaba si yo tenía una fuerza extrema debía ser mas fuerte. Era él único que me causaba dolor, hasta que apareciste tu, tus puños también duelen.
-Merecido te los tienes idiota.
-Shishishi..- seguía con su brazo en la cabeza sosteniendo su sombreo con delicadeza.
-Dame tu sombrero- pidió. Ambos se encontraban sentados junto al árbol de mikan's, disfrutando de la brisa y las sombras.
-Nadie toca mi sombrero- su mirada infantil y relajada había pasado a una seria y fría.- nadie.- recalco.
-Lo aprecias mucho ¿no?- lento asintió... -bien, dame tu sombrero, puedo repararlo y quedara como nuevo, nada malo le pasara. Confía en mi.-
No había querido decir eso, estaba claro que el no confiaría en ella tan rápido y darle su preciado tesoro. ¿o si?
-¿Enserio puedes arreglarlo?- pedía.
-Si, podría dejarlo como nuevo. He cocido mi ropa, cuando niña, o las reparaba, incluso mis zapatos cuando se rompían y no tenía dinero o alguien para arreglarlos. Solo necesitare aguja e hilo, uno fuerte y del color de tu sombrero.
-Ussop ¿donde hay aguja e hilo?- pregunto a su amigo quien los escuchaba hablar.
-Tengo aquí un poco de hilo, caña para pescar, es el mas fuerte y la aguja aquí esta- en su cangurera llevaba esos implementos. Algo sorprendidos observo a Luffy darle el sombre con delicadeza a Nami para que se lo arreglara, porque ella había dicho que podía hacerlo. Nunca, desde que había conocido a Luffy, vio al moreno darle el sombrero a nadie lo apreciaba mucho y nadie podía tocarlo. Era su tesoro, siempre decía.
¿Quien era esa chica? Que de un minuto a otro había podido tocar el sombrero de su amigo. Ni siquiera su abuelo podía tocarlo, incluso Hancock había visto su cara de enojado al quererle quitar ese "horrendo" sombrero, como le llamaba, porque no combinaba con él y Vivi recibió un golpe al agarrarlo sin su permiso, aunque también Sanji le había echo pagar muy caro haber golpeado a una "hermosa mujer delicada". Los dejo solos, mientras recordaba cuantos recibieron un golpe de Luffy por su sombrero. Esto, que había visto debía contárselo a los otros, quienes seguro también se sorprenderían.
Nami empezó su labor, no dándose cuenta de lo cómoda que se sentía junto a Luffy. El moreno no apartaba los ojos de las manos de Nami, quien con tanta delicadeza cocía el sombrero, ni siquiera lo rasgaba o lo torcía, estaba quedando igual. Su sonrisa no desaparecía, le agradaba la pelinaranja, con su sola presencia lo hacía sentir diferente, sus puños dolían como los de su abuelo, y era a la primera que dejaba tocar su tesoro.
Le agradaba mucho, tanto como para seguir insistiendo en hacerla su nakama, aunque ella dijera no, el insistiría hasta lograrlo. El "no", era una respuesta que no admitiría. Además ahora Shanks no se molestaría al enterarse que rasgo el sombrero preciado.
-Oye Luffy- llamo su atención- ¿En que país estamos?
-¿Eh?- era cierto que no sabían mucho de ella tampoco... - en Guayaquil, Ecuador.
-¿Ecuador?- Por todos los Dioses, hasta donde había venido a parar - América del Sur.- estaba muy pero muy lejos de la última casa que tuvo. Lo cual le decía que estaba a miles de kilómetros, de punta en punta.- Estoy muy lejos de Dracule.
-¿Donde vives Nami?- él quería saber, así ayudarla y llevarla.
-Muy lejos Luffy. Vivía en una Isla de Japón, estaba abandonada, o mas bien lo esta, porque un habitante no significa nada.
-¿Vivías sola?
-No, vivía con un hombre, que era como mi tutor. Me mudaba mucho, hasta que al fin pude quedarme en un solo lugar. Pero ahora estoy aquí y no se donde me llevaran la próxima vez- suspiro.
-¿Quienes?- solo sonrió terminando de dar las últimas puntadas al sombrero.
-Esta listo-
El sombrero no tenía alguna señal de haber sido cocido, parecía no haber sido rasgado, quedando como nuevo. Era maravilloso, esplendido, una costura misteriosa.
-No se nota que lo cosiste Nami. Esta genial-
Lo último que esperaba Nami era un abrazo. Desde que tenía 4 años, cuando su padre le abrazo, no había sentido otro o recibido.
Sentir de nuevo un abrazo, sorpresivo y sin esperarlo, el calor transmitido por otra persona. Lo sintió agradable y algo en su interior se calentó, no supo como, pero termino corresponderlo.
Sin percatarse ninguno de los 5 pares de ojos, que los veían desde la puerta.
*Dási: Bosque
*Típota: Nada...
*Kōsoku sessaku muchi: látigo de corte rápido
*Michi kagayaku kogane no toge: camino espumoso oro espinoso
*Chīsana shōgekiha: pequeña onda de choque.
