Guayaquil, Ecuador... horas antes...
No se movió al quedarse sola, al irse Luffy al llamado de la comida y los cinco pares de ojos alejarse sin ser vistos. Simplemente se quedo ahí, sentada bajo el árbol de mandarina, cubierta por la sombra con el aire golpeando su rostro. Ni siquiera se preocupo en ir a comer, tampoco escuchar su estomago gruñir por el hambre, ella en realidad se quedo perdida en sus pensamientos, emociones y pasados recuerdos. Después de su padre no había existido nadie mas quien le transmitiera esa emoción. Mucho menos cuando nació y fue abandonada en la Isla.
Estas personas en verdad le hacían confundirse y perder el tiempo en tratar de entenderlos.
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Dentro del comedor, el ambiente era un caos, o sea, lo mismo de cada día. Aunque estos pocos días en los que no estuvieron Luffy, ni Zoro fue algo calmado y también aburrido. Ya era lo acostumbrado ver a Luffy robarles la comida con una gran agilidad en sus movimientos que cualquier desconocido que lo viera diría "Su Brazo se estiro, como el hule" y aunque mucho le gustaría ser así porque sería muy Genial, no lo era, su fuerza y su agilidad lo hacían especial, adjunandole su alocada personalidad infantil y su gran apetito voraz, Luffy era simplemente Luffy y por los Dioses esperaban siguiera así y no empeorara.
-Luffy devuélveme mi carne- Ussop gritaba y trataba de arrebatarle su pedazo, único, de carne de las manos antes de tragárselo.
-Pero no lo querías. Lo tenías a un lado- Luffy se justificaba, porque a el no le gustaba desperdiciar la comida y menos ver como uno de sus nakamas hacía a un lado su preciada carne.
-LA ESTABA DEJANDO DE ÚLTIMO- Ussop ya tenía lagrimitas en sus ojos, si había extrañado mucho al moreno mas eso no justificaba que debía robarle siempre su comida... ¿Porque se seguía sentado junto a él.
-Bagsril efsr biwa(lastima estaba rica)-
-No hables con la boca llena descerebrado- Sanji soltó un regaño al verle masticar con la boca abierta - hay señoritas en la mesa, ten mas educación- y con una de sus patadas le ayudaba a tragar.
-Ah... lo siento- disculpa acompañada de un gran eructo estruendoso.
-Luffy no seas cerdo- Chopper se quitaba los residuos escupidos por Luffy por el eructo, quien también se preguntaba ¿Porque se sentaba a dos sillas de Luffy?.
-Asqueroso mal nacido- algunos seguían comiendo tranquilos mientras observaban la escena de Sanji y Luffy.
-Como te atreves a golpear a mi Luffy loved, hombre asqueroso. No vuelvas a hacerlo- Hancock defendía a su hombre, aunque no lo era todavía, pero no le gustaba como ese de cejas raras atacaba a su pobrecito amor, él estaba en todo su derecho de hacerlo lo que quisiera, además por algo se sentaba a la cabeza de la mesa y también porque pronto sería un emperador junto a ella quien era una emperatriz.
-Claro Melloniere- dando vueltas y en su forma de amor, se alejo del moreno mientras soñaba como él y la hermosa morena se iba a una playa paradisíaca a disfrutar de su eterno amor.
-Él ya esta grandecito y sabe defenderse, no te necesita "Hamock".- varios suspiros se escucharon. Esas dos eran como Sanji y Zoro cuando peleaban, provocándose hasta darse a golpes pero no llegando a lastimarse, esa era la diferencia quizás de las dos mujeres, quienes se morían de amor por Luffy, quien no se había dado cuenta de ese pequeño detalle.
-Él siempre me va a necesitar, desnutrida fealdad, siempre lo defenderé, porque el necesita a una mujer hecha y derecha que siempre salga por su persona.
-Hecha, de mal manera, derecha no lo estas, asalta cunas desvergonzada.-
-Cierra la boca piel arenosa, que mi futuro-esposo-a-ser nunca se fijaría en una gata de cuarta como tu. Soy mas hermosa y mejor.
-Nunca va a casarse contigo futura-difunta-a-ser, podrías ser su madre. Búscate a alguien de tu edad y deja a los jóvenes amarse.
Ambas alzaban cada vez mas la voz, hasta el punto de levantarse y gritarse en la cara. Claro descuidando su comida y siendo aprovechada por Luffy, mientras miraba de una a otra y entender ¿porque se gritaban? Tenías los ojos rojos, los dientes como los de un tiburón y el rostro distorsionado como... como.. como... así, como Godzilla. Siendo entonces... ¿Las Mujerzuelas? no, ¿Como había dicho Ussop?
Así las Mujerzillas, solo les falta sacar fuego ¿Podrán hacerlo?
Esos eran sus pensamientos, siguiendo robando aun comida, siendo la única sin tocar la de Robin a quien le caía muy bien y no le robaría, para eso estaban los otros.
-Ya dejen de gritar malditas mujeres- Zoro gruño, escucharlas gritar siempre por lo mismo era un fastidio.
-No insultes a mis hermosas doncellas, mierdosa alga-
-Cierra el pico cejas rizadas, estoy cansado de escucharte también-
-¿Como has dicho, marimo?
-Cejas rizadas-
-Ahora si te voy a matar-
-Solo inténtalo.
-Estúpida lechuga-
-Ero-cook- Zoro detuvo la patada hacía su costado con su brazo, la segunda con su mano, mientras lanzaba su puño y Sanji lo detenía con la planta de su pie.
Si, todo era normal, Luffy robando la comida, Ussop y Chopper gritando y tratando de recuperarla, Hancock y Vivi gritándose yo-soy-la-única-para-Luffy y Zoro y Sanji con sus típicas peleas. Dejando a Franky y Robin como los mas calmados.
-Mas té o agua, Robin-
-Té -
-Son tan Super, cuando están calmados. Que Super familia somos, nos queremos tanto y lo demostramos-
-Mucho amor- Robin prefería leer sus hojas, donde había los símbolos que se encontraban en la Diadema de plata de Nami. Siendo la única en haber notado la falta de esta en la mesa. Y saber donde estaría aun y quizás explorando por donde salir. Fufufufu es tan divertida...
Detrás de la puerta del comedor, se encontraba Nami escuchando los gritos, las peleas y el desorden de un almuerzo. Por una rendija de la puerta medio abierta observaba el panorama, eran locos de eso ya no había duda además ellos sólitos se delataban. Las dos parejas que se peleaban con golpes y gritos, Chopper y Ussop llorando porque ya no tenían comida, el tal Luffy con gran rapidez robaba la comida de los platos y Robin y Franky con tranquilidad, como si no les molestara o no vieran esa escena, tomando té y cola. Mientras observaba pudo notar como Robin le guiñaba un ojo... algo asustada volvió a dirigir su mirada a la mujer tan extraña, mas ella estaba muy metida en unos papeles estaba imaginando, eso era.
Al retirarse de la puerta, no noto como Robin sonreía.
-La pequeña hermana esta dando un paseo supeeer- exclamo Franky, al haberla notado también.
-Divertida, no hay duda-
Los demás seguían igual.
Siguió vagando por toda esa gran casa. Pero cual mas atención le llamo fue la biblioteca, había tantos libros, era tan grande el lugar y a la vez pequeño. Tantos libros, tanta historia y mas. Sin embargo solo algo la hizo seguir mas a una mesa, en ella se encontraba una piedra plana partida a la mitad, junto a ella varias fotografías con una lengua que nadie debía entender, mas llamaban mucho la atención.
Sus dedos trazaron los grabados en la piedra... reconociendo lo que era; un sello de Dioses. Podía sentir el secreto de las palabras, la magia, si así se le debía llamar.
-Gia na min anaféroume tis léxeis gramménes edó-
-No mencionar las palabras escritas aquí-
Se sobresalto, no había escuchado la puerta abrirse o los pasos acercarse.
-Oh, lo siento. Yo solo... veía.-
-Foneglifos es interesante-
-¿Foneglifos?-
-La piedra, son reliquias antiguas, que hablan sobre la historia antigua y los Dioses- a Robin no se le escapaba nada y ya había descubierto el secreto de ella.
-¿Los Dioses?- pregunto observando la piedra - ¿hablas de los Dioses Olímpicos, Zeus, Poseidón, Atenea, etc.?
-Exacto.- parada junto a la pelinaranja, Robin, observaba sus emociones en sus ojos -Los Foneglifos fueron dejados en la tierra por Zeus, narrando la historia de cada Dios, de su hogar y cosas que sucedieron terminando en tragedia.
-Estas diciendo que los Dioses Olímpicos existen... ¿cierto?- pregunto precavida.
-Lo hacen.-
Ella hubiera esperado que dijera solo era "mitología Griega", no tener tanta seguridad sobre su existencia. Cada siglo salía un hombre afirmando esa creencia, afirmando que los Dioses existieron y existen aún, pero nunca haberlo demostrado. Mas nadie nunca había tenido tanta convicción, como la arqueóloga a su lado. Podía escuchar la emoción en su voz, verla en sus ojos, asumiendo cualquier reto para demostrarles al mundo entero su verdad. No importándole cuanto le demorara o pasará.
Esa clase de pasión no la había visto nunca y podía asegurar que ni siquiera Zeus lo hacía.
-Vaya- sus ojos trazaban cada palabra, signo de la piedra - y ¿que idioma es este? ¿que dice?
-Griego. Las palabras aquí, llaman a Domina Tempus.-
Hubo rigidez por tres segundos, componiéndose, volviendo a su normal postura y hacerse la indiferente... Robin no hizo alguna señal de veer su cambio aunque halla sido pequeño, siguió normal como no hubiera notado nada. Pero si que le encantaba verla ponerse así.
-¿Que es Domina Tempus?-
-Una Diosa- camino hacía el escritorio donde busco una fotografía para enseñársela a Nami. -La Diosa del tiempo.
En la fotografía podía ver una estatua, de una niña de 12 o 13 años, con un vestido blanco hasta los tobillos, el pelo largo rizado, con los ojos cerrados, y en su mano izquierda un bastón grande, con la punta de una esfera de cristal, rodeado de varios picos apuntando al pico de la esfera.
-E-es ella?- ahora se daba cuenta que no sabía mucho de su historia o de lo que se contaba sobre Domina Tempus. Nunca tenía tiempo de poder estudiar o tomar un libro.
-La niña convertida en Diosa-
-¿Porque tanto interés en ella?-
-Para escucharla narrar su historia, su vida, todos los años que ha vivido, sobre su madre, una Diosa de la cual nadie sabe. Y que fue exactamente lo que paso en la Batalla roja, en la antiguamente conocida Isla Cokoyashi.
-Son muchas preguntas, ¿no crees?-
-No para alguien como yo- respondió, sentada examinando las fotografías que tomo de la base donde había estado el foneglifos - Quiero encontrar la historia de cada Dios, cada cosa, como esta- le paso una de las fotografías. Los símbolos y signos no eran como los de la piedra, diferentes y entendibles para sus ojos.. -¿Que idioma será?- pregunto en un murmuro tan bajo que le pareció preguntárselo ella misma en su cabeza y aun así responder automáticamente.
-Lenguaje de los Dioses- también fue un murmuro mas audible. Reaccionando al instante sobre sus palabras dichas, mirando de reojo a la arqueóloga quien estaba muy metida en sus asuntos sin prestarle atención a ella. No la había escuchado pero debía tener mas cuidado. -Eh... yo iré... a la cocina- le devolvió la fotografía, saliendo en carrera para no escuchar mas sobre la investigación sobre los Dioses.
Robin ladeo una sonrisa sin despegar su vista de las fotos, escuchando como la pelinaranja salía corriendo para evitar decir mas. Ya no había dudas, su respuesta le había confirmado sus sospechas. Esta tan cerca y a la vez tan lejos. Pero pronto averiguaría mas, por el momento la dejaría tranquila y poco a poco sacarle mas y mas, hasta que dijera ella sólita su identidad.
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Siguió vagando hasta toparse con la enfermería y Ussop con Chopper, haciendo algo que le llamo la atención.
-¿Que hacen?- se acerco a ellos hasta sentarse al lado del joven doctor.
-Oh... Nami- Chopper la saludo con su feliz sonrisa, tierna e inocente- Ussop me esta haciendo un reloj nuevo, porque el antiguo se rompió-
Miro las manos de la nariz larga, estaba concentrado, poniendo detalles a ese pequeño reloj de pulsera, cada cosa le asombraba, no había visto a nadie hacer cosas así, tan... magnificas.
-Ya esta- alzo la voz feliz, su obra estaba terminada y no era cualquier reloj, era mejorado. El reloj era color gris, con tres botones pequeños a cada lado del reloj, el cincho automático el cual al rodear la muñeca, se activaba para ponerle un seguro y que nadie lo intentara quitárselo, a menos que fuera el dueño mismo.
-Wow... Ussop esta genial. Eres el mejor- sus ojos eran estrellas de admiración.
-Lo se. No existe nadie como yo. Incluso los de la NASA lo saben y quisieron llevarme... "Gran señor Ussop, el mejor de los mejores, nosotros los de la NASA quisiéramos que usted hiciera parte de nosotros, porque no hay nadie tan inteligente y creador como usted, sin usted no somos nada, sin usted no podríamos crear armas para esos asteroides que quieran estrellarse en la tierra. Es único Gran señor Ussop, venga con nosotros" pero claro yo les dije que no, porque mi genialidad e invención los dejaría sin empleo. Y soy tan humilde que prefiero ser yo quien no tenga trabajo a que esas personas tan normales sean despedidos.
-¿En serio? Genial Ussop, eres el mejor y el mas bueno de todos- Chopper lo alababa mientras Nami lo miraba con incredulidad.
Ussop noto su mirada de no creerle y nervioso trato de cambiar su vista y el tema sobre él.
-Hey Nami, ¿quieres un reloj? Tengo uno que podría ayudarte- de su bolsa saco un reloj naranja, con botones de cristal, con manecillas color oro, al igual que los números, era bonito.
-¿De verdad?- siempre estaba dudosa, porque al darle un regalo esa persona quería algo a cambio y siempre era sobre el anillo- ¿Que quieres?
-Umh.. nada. Es un regalo sin nada a cambio- Ussop frunció el ceño, solo le estaba regalando algo no pidiendo algo a cambio.
-Ok- lo acepto.
...
Paso toda la tarde observando como era el grupo, cada cosa que hacían, de Ussop, Robin y Chopper, admirando las enormes pesas que Zoro levantaba como si fuera un balón de fútbol, las maquinas de Franky y como creaba un modelo en escala de un barco del cual quería hacerlo real y poder navegar en el mar, la cocina de Sanji y sus danzas de amor cada vez que la veía y ella hablaba, como olía la comida que preparaba como cena. Ellos eran únicos y extraño, podían cabrearla con sus tontas peleas, Zoro y Sanji, podían hacerla reí, Chopper, hacerla parecer la mas adulta de ellos, Franky y Ussop, ponerla nerviosa y con un poco de miedo, Robin y Zoro. A los únicos quienes no observo en todo la tarde fueron Vivi, Hancock y Luffy, quienes según Ussop y Chopper, ambas mujeres lo tenían apresado en alguna habitación tratando de ganarle su corazón y hacer a una de ellas la mujer mas feliz del mundo, universo y sistema solar.
La noche cayó y ella volvió al lugar donde Luffy la abrazo y dejo para ir a comer. Desde ahí podía ver las estrellas, la noche, hogar de la Diosa Artemisa.
Tantas cosas estaban pasando y ella no sabía ni siquiera la mitad.
-Nami- grito de susto al escuchar ser llamada de cerca y sin siquiera saber que alguien estaba ahí... junto a ella estaba Luffy con una pequeña sonrisa de disculpa por haberla asustado.
-Demonios.. no vuelvas a asustarme así.
-Shishishi... lo siento Nami.
-¿Que haces aquí?- sabía que ellos estaban comiendo.
-Vine a buscarte, no fuiste a cenar. Además ya es tarde y no almorzaste tampoco. ¿no tienes hambre?-
Ahora que lo decía, si. Su estomago gruño por los alimentos que aun no había comido. Con las mejillas algo sonrojadas, asintió, tenía hambre pero no es que ella había querido no comer, simplemente no se sentía a gusto entre tantas personas y comiendo sin ser civiles.
-Shishishishi- se rió al escuchar su estomago -vamos Nami.
Tomándola de la mano, ambos caminaron a la cocina, para que ella pudiera comer. Porque él aunque ya haya comido, todavía quería más y no podría entrar a la cocina si no fuera para algo importante. Entonces Sanji lo vería entrar con Nami y no podría sacarlo, incluso le daría un premio, postre, por haberla llevado a comer. Tan solo imaginarse se le hacía agua la boca, su delicioso postre, con ese saber tan único de su amigo cocinero.
En su recorrido fueron visto por Vivi, la chica que al verlos tomados de la mano y caminar juntos fue envuelta por los celos, tener a Hancock como rival era un gran trabajo porque ambas querían lo mismo y ambas sabían eran rivales. Pero la chica nueva, se estaba llevando mas de lo que debería. Ya le tomaba la mano, había podido tocar el preciado sombrero de Luffy y abrazarse a él como garrapata. Era mucha delantera y debía hacer algo.
-Vivi- Robin se puso en su camino...-¿podrías ayudarme con algunos libros? Necesito ayuda-
Su mente se peleaba entre dos camino, uno era la chica y "su" Luffy, el otro Robin, una gran amiga pidiendo su ayuda y con una amable sonrisa. No podía desairar a su amiga.
-Claro... Robin- se esforzó por seguir a la morena, no tras los otros dos.
Robin sonreía. En algún momento Nami se lo agradecería y sabría que pedir a cambio..
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-SANJI-
-Largo de aquí maldito renacuajo sin cerebro. Ya no hay comida para ti, la cena ya acabo.-
Sin voltearse a ver, Sanji había gritado mientras lavaba los platos de la cena. Al no escucharlo alejarse se volteo a ver, dispuesto a tirarle la olla en la cabeza. Cuando la vio.
-Oh melloniere. Extrañe tanto tu belleza en la cena, tu aroma y tu sonrisa. No me sentía completo hasta ahora, oh ma chère eres deslumbrante- giraba y sacaba corazones en su modo amoroso. Hasta que noto las manos unidas... -Maldito Luffy ¿porque tienes la mano de mi querida Nami-swan?
-Uh...- miro sus manos entrelazadas y encogerse de hombros- la traje para que comiera.
-Nami-swan, no has comido, tienes mucha hambre ¿cierto?... Ven aquí hermosa dama, te serviré la cena-
-Yo también quiero comer Sanji- se quejo llorando Luffy.
Después de golpes, patadas en la cabeza de Sanji para Luffy. La pelinaranja comía, mientras Luffy dormía en su silla y Zoro, quien se les había unido tomaba licor.
Luffy sintió su cabeza en el aire, cambiando de posición, puso su cabeza en la mesa con sus brazos rodeándola. Su respiración era pausada, de alguien durmiendo.
Mas no lo hacía, algo dentro de él, le decía que algo malo le pasaba a Nami. La había visto distante para comer con ello, como una persona acostumbrada a comer sola sin compañía de nadie. Cuando la fue a buscar después de la cena, la encontró viendo las estrellas, con melancolía y su mirada apagada. ¿Porque estaba triste? ¿Porque no le decía nada? Él la consideraba su amiga, aunque se comportaba con ella muy diferente que con Robin, Vivi y Hancock, aunque las últimas dos lo habían mantenido encerrado en su propia habitación mostrandole ropa, ¿Porque se ponían tanta ropa? a él le daba igual, lo importante era vestir algo y ya, lo que mas les gustara, pero ellas eran tan necias y lo obligaron, con tres platos de carne, dos de helado y un enorme vaso de jugo, a verlas "modelar" a cada minuto.
Habían cambiado dese que las conoció, no se comportaban así la primera vez. Al menos Robin no hacía lo mismo, y si lo llegar a hacer y el acepta, muy seguro sería rebanado en dos. Se estremeció un instante. Volviendo sus pensamientos a la chica de cabello naranja.
Él quería ayudarla, que ya aceptara ser su nakama, ella aun no había aceptado. Siguió el hilo de pensamientos sobre ella. Era especial, con una fuerza sorprendente y gritona, lo hacía sentir raro en sus brazos como si animales caminaran en el, sus entrañas moviéndose por el hambre de eso si estaba seguro. Y cuando su conciencia se perdía en el sueño cuando la escucho gritar.
-¿QUE DIJE?- sobresaltándolo por la fuerza del grito y su rostro pálido.
-¿Que pasa?- miro de uno a otro, esperando respuesta, esperando a cualquiera que hablara.
-Yo... lo siento- se medio disculpo mientras salia corriendo, eso lo confundió aun más. Al ver a Zoro levantarse e ir tras ella, también los siguió. Tal vez había llegado la hora de hablar en grupo o mas bien trió.
Corría detrás de Zoro, deteniéndose al verla parada a mitad de la calle oscura.
-Es mejor que hables.. ¿quien eres?- Zoro había hablado primero, lento ella se volteo a verlos, respiraba con agitación. Sus ojos llevaban miedo, tristeza y confusión. Estaba acorralada, porque aunque intentara correr y escapar, huir de ellos, Zoro no la dejaría y él tampoco, no la quería lejos, era su nakama y ningún nakama suyo huía sin razón aparente. Una de las manos del espadachín se poso en la empuñadura de su espada. -¿Quien eres?
-Nadie- la veía buscando algún escape, no podía dejarla. Poniendo una mano en el hombre de su mejor amigo, camino hacía adelante. Como fundador de la banda, era líder.
-Nami- su voz ya no era aquella infantil o alegre. Era seria, la voz de una persona que no quería mentira y daba confianza...- no te haremos daño. Confía en nosotros, en mi. Nunca te dañaría, eres mi nakama. - le tendió la mano, para que ella misma la tomara.
Vacilante dio un paso hacía él. Aun dudaba, siempre iba a dudar, no era su culpa.
-Puedes confiar Nami- le regalo su sonrisa -¿Dime que pasa? ¿que te tiene tan desconfiada? ¿quien te ha traicionado? ¿Que dijiste?
Con cada pregunta ambos se iban acercando, hasta quedar separados por el brazo aun alzado de Luffy y otros centímetro más. Zoro resoplo, Luffy podía hacer que cualquier persona confiara en él. Era como un don.
Lentamente levanto su mano, quedando solo un pequeño espacio entre la del moreno y al fin posarla sobre él.
-La lluvia lava las penas y trae un nuevo camino- murmuro alto para ambos hombres. Zoro seguía molesto porque hablaba en acertijos, sintió las primeras dos gotas caer sobre su rostro seguido por varios mas, dando el anuncio de lluvia. Entonces era definitivo, era una bruja. Dios tres pasos hasta quedar a la par de Luffy.
-¿Que significaban esas palabras?- con palabras menos bruscas y confiando en su mejor amigo, pregunto.
-No las recuerdo- respondió avergonzada de no saber que dijo. Luffy le seguía sonriendo comprendiéndola.
-¿Recuerdas las palabras Zoro?- le pregunto al espadachín.
Se rasco la nuca, para recordar algo.. -Solo recuerdo pocas palabras como: ".. al final se tomara." y "Los gigantes y su venganza se pausara"...- era lo único - ah y lo último dijo: "Y perderá a su amor, ante una amarga soledad".
Nami trato de unir esas palabras, su significado, Luffy apretó suavemente su mano teniendo paciencia hacía ella y sus pensamientos. Sintiéndose un poco decepcionado al verla negar y no encontrar significado a las palabras.
-Esta bien Nami. Tranquila-Zoro se encogió de hombro, tenían mala suerte, solo era eso.
-Solo soy un cuerpo mortal. Sin control en mi interior.-
-¿Que significa eso?- se aventuro a preguntar Zoro.
-Mi forma es mortal, por lo tanto no se interpretar las palabras. Si fuera lo contrarió, otra sería la respuesta.
Estuvo tentado a preguntar, sobre su forma mortal, pero no lo hizo, le dejo las decisiones a Luffy.
-Regresemos, chicos. La lluvia a aumentado- Entrelazo sus dedos con la mano pequeña de Nami. Los tres regresaron a la gran casa, donde nadie los vio salir o regresar mojados.
Nami ya no sabía como sentirse, en menos de un minuto, Luffy había logrado su confianza. Había algo en él que llamaba mucho su atención. Algo había cambiado y no solo con ella, también con Luffy y Zoro, el espadachín que ya no la miraba con desconfianza o con una mano lista para asesinarla. Ahora tenía amigos y por el momento solo empezaba con dos.
Isla Kuraigana
El amanecer empezaba a salir. No dormía, estaba parado en el lado norte de su castillo. Observando un objeto, un barco que hacía dos horas había visto muy lejos, ahora se encontraban cerca y habían parado. Solo un pequeño bote con dos hombre se acercaba a la Isla. Con su mirada de halcón, veía a las personas quienes se acercaban.
Quizás un poco sorprendido, por la visita, mas preparado para ellas.
El pequeño bote, llego a la orilla, siendo amarrado en uno de sus árboles. Dos hombres eran quienes remaban, mientras el tercero, quien supuso era el capitán, camino hasta él. Bien sabía que los años no cambiaban a las personas, porque el seguía siendo el mismo y el otro hombre seguía igual.
-Mihawk- saludo con una pequeña sonrisa divertida.
-Ya no esta aquí. Hace cuatro días que fue llamada- y a pesar de ver un astibo de tristeza en sus ojos, siguió sonriendo.
-Lo suponía, cada vez que estoy cerca de encontrarla, ella es llamada. Así que no me sorprende tanto. Pero gracias, por la información.
-Da igual-
-No has cambiado nada.- había cinco metros de distancia entre ellos, una chaqueta negra cubría sus ropas, el cuello sin doblar cubría su cabello y rostro, mas aun visible -Sigues siendo el mismo Mihawk
-¿Que quieres?- pregunto sin interés, esa platica no era tan importante.
Su rostro se volvió serio, sin expresiones. -Volvió Mihawk. Escapo de Tártaro, ambos seres escaparon. Una guerra esta por comenzar y una nueva profecía acaba de salir.
-Entiendo-
-Bien. ¿Iras con nosotros Dracule Mihawk? En busca "ellos".
-No tengo nada mas que hacer, Poseidon- entro a su castillo por su espada, mientras esperaban por él...
El hombre sonrió, algunos mechones rojos se alumbraron con los rayos del amanecer... -Hacía mucho tiempo que nadie me llamaba Poseidon en mi cuerpo mortal.
-El vendrá ¿cierto capitán?- pregunto uno de sus hombres.
-Lo hará- confirmo, viendo el alivió en sus rostros- Tranquilo Ben. Tranquilo.
