Aqui Kariy~ como Curlies se mudo de casa y no tiene internet, me tocó a mi subir el capitulo. La historia hasta le momento trancurre bastante tranquila, a Rivaille le costara un poco de trabajo acostumbrarse a Armin, pero no se preocupen, como soy yo la que se encarga de la primera parte del fic no habra nada demaciado angustiante... preocupense cuando llegue la parte del fic planeada por Curlies :)

En fin, Disfruten del capitulo!

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Ya había pasado una semana desde que Armin había llegado a vivir con ellos y Rivaille parecía acostumbrarse de a poco. Aún no aceptaba de todo el hecho de tener un mocoso andando por la casa, pero agradecía que Armin fuera más o menos ordenado y no hiciera un desastre a cada momento. Ese fin de semana era el descanso de Erwin, los tres habían decidido quedarse todo el sábado en la casa, sin nada mejor que hacer.

Rivaille se había puesto a leer un libro en la sala, mientras escuchaba las pequeñas risas del niño que correteaba por el departamento con Erwin. Al perecer jugaban a las escondidas por el lugar. Rivaille de alguna manera agradecía que el departamento fuera dúplex y espacioso, con tres habitaciones en el piso superior y un pequeño cuarto de huéspedes abajo, así no tendría al niño y a su esposo jugando encima suyo todo el tiempo.

El pequeño rubio había al parecer aprendido rápidamente que era mejor no molestar mucho a Rivaille. Normalmente cunado tenía hambre y estaban los dos solos, le jalaba un poco de la camisa dándole a entender que ya era hora de su comida. El resto del día podía pasarla jugando solo en lo que era su nuevo cuarto o sentado silenciosamente viendo la televisión mientras que el pelinegro leía o limpiaba una y otra vez la casa.

Después de un rato de lectura, Rivaille dejó de escuchar las risas del niño y las exclamaciones de Erwin, lo cual le pareció un poco extraño. Dejó su libro de lado en la mesita de centro de la sala y se dirigió a las escaleras para buscar a los otros dos en la planta alta. Lo único que le faltaba era que esos dos hubieran roto alguna cosa.

Justo cuando pasaba por el cuarto del niño logró escuchar unos murmullos que le llamaron la atención. Se acercó a la puerta y la abrió con cuidado. En la habitación Armin estaba sentado en su cama mientras Erwin, hincado frente a él, limpiaba con cuidado la rodilla del pequeño, que ahora que se fijaba bien, parecía haber sangrado un poco. Rivaille frunció el ceño, más les valía no haber manchado el piso.

Sin embargo, el pelinegro se sorprendió un poco cuando escuchó de quien provenían los murmullos que había oído desde fuera.

—…Y entonces arrojó la pelota lejos y cayó en la casa de al lado — Erwin miraba interesado a Armin mientras el pequeño parecía le contaba alguna clase de historia.

— ¿Oh, enserio? Eso suena divertido — Erwin miró a la puerta donde Rivaille los miraba aún sorprendido. El rubio mayor sonrió ligeramente a su esposo — ¿Ocurre algo?

— ¿Ese niño no era mudo o algo? — Ambos rubios se quedaron mirando a Rivaille, asimilando lo que acababa de decir. Enseguida, Armin se puso un poco rojo y rehuyó la mirada del pelinegro mientras que Erwin soltaba una sonora carcajada.

— ¿Pero de qué hablas? Por supuesto que Armin habla — Contestó condescendiente

— Nunca lo he escuchado decir nada hasta ahora — Rivaille parecía bastante molesto con la situación. ¿Por qué ese mocoso no le había dirigido la palabra desde que llegó?

— Tal vez simplemente te tiene miedo. — Ante las palabras del mayor, Armin se sonrojo aún más y parecía concentrado en hacer que la cama se lo comiera. Rivaille únicamente alzó una ceja.

Oh, así que el mocoso le tenía miedo. Sin decir una palabra más se dio la vuelta y regresó a la sala con su libro. Ahora se sentía como un completo idiota.

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El domingo había llegado muy rápido para Rivaille. Como el sábado, el pelinegro hubiera preferido quedarse todo el día en casa aislado de la sociedad. Normalmente los domingos los pasaba acostado en el sofá con Erwin metiéndole mano en cada momento que podía y tratando de llevarlo a la cama. Pero ahora había un niño de cuatro años mirándolos atentamente con sus curiosos ojos azules.

Como el lunes sería el primer día de clases de preescolar de Armin en su nueva escuela, Erwin tuvo la brillante idea de ir al centro comercial y comprar cosas que pudiera necesitar y tal vez ropa nueva. Sinceramente, al pelinegro le parecía que su esposo estaba más emocionado por el primer día de clases que el mismo niño. Armin solo asentía con una sonrisa en la cara a cada cosa que Erwin le decía le compraría.

— ¿Realmente es necesario que yo vaya? — Rivaille miraba aburrido por la ventana del auto de Erwin mientras se acercaban al gran centro comercial. El clima era jodidamente frio y la idea de estar en su casa, calientito y con un té en la mano mientras leía algún libro le sonaba más tentadora que andar en la calle haciendo de niñera.

— Sera divertido Rivaille, a veces necesitas salir del departamento de vez en cuando —Rivaille solo miro a Erwin con resentimiento. Armin parecía bastante entretenido con el libro que había insistido en cargar a todos lado con él. El pelinegro se preguntaba si realmente sería capaz de leerlo.

Después de quince minutos de conducir, llegaron al Centro comercial. Bajaron del auto aferrándose a sus abrigos. Erwin tomo de la mano a Armin y le pido que no se separara de él. El niño solo asintió.

La primera parada fue en una tienda de útiles escolares. Ahí compraron colores, libros para colorear y algunas otras cosas que Erwin consideró importantes. Rivaille prefirió quedarse fuera de la tienda mientras los dos rubios veían entretenidos que más comprar. Armin hablaba animadamente con Erwin sobre cómo eran las cosas en su otra escuela.

La siguiente parada fue una tienda de ropa para niños. Erwin iba de un lado a otro viendo lo que pudiera quedarle a Armin. A Rivaille le parecía que Erwin era más una mamá emocionada que otra cosa. Esta vez Armin había preferido quedarse con Rivaille fuera de la tienda, más que nada porque nada más entrar un montón de señoras habían agarrado al niño de los cachetes y habían comenzado a apretarlos diciendo lo lindo que era.

— Se - señor Rivaille — El mayor levanto una ceja, era la primera vez que el niño le dirigía la palabra directamente. Rivaille lo miro dándole a entender que continuara con lo que sea que fuera a decir —…

Rivaille frunció el ceño ¿Qué demonios había dicho el niño? No había logrado escucharlo con todo el bullicio alrededor y menos por que el rubio había hablado bastante bajo.

— ¿Qué demonios dijiste? — Rivaille notó como enseguida el niño se tensaba y comenzaba a jugar con la manga de su sweater como hacia cuando estaba nervioso. Tal vez debería considerar dejar de ser tan agresivo cuando hablaba con el niño, quería evitar en lo posible crearle un trauma.

— Qui- quiero ir al baño — Fue entonces que Rivaille se dio cuenta de que el niño se movía inquietamente tratando de amortiguar las ganas de ir al baño que tenía.

Estuvo tentado a decirle que se fuera solo a buscar el baño, pero lo pensó dos veces al ver la cantidad de gente que había en el lugar. Por alguna razón la idea de algún pedófilo tratando de sobrepasarse con el pequeño Armin le hizo hervir la sangre. Rivaille soltó un suspiro.

— Esta bien, vamos antes de que mojes los pantalones.

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Rivaille esperaba afuera de los baños a que Armin terminara de hacer lo que sea que fuera a hacer. Gracias al cielo que había descubierto antes que el niño sabía limpiarse solo, porque si no hubiera arrastrado a Erwin con ellos de ser necesario. Pasados cinco minutos, su desesperación comenzó a crecer ¿Qué demonios le tomaba tanto al mocoso?

Estaba a punto de entrar a preguntar si le faltaba mucho cuando su mirada se enfocó en la vitrina de la tienda que se encontraba a un lado de los baños. En ella se exponían una variedad de libros nuevos de diversas categorías. Sin embargo uno en específico llamó su atención. Sin pensarlo mucho entró a la librería. Tal vez ese libro le sería útil en el futuro.

Cuando salió de la librería, con su recién adquirido libro, recordó la razón por la que había estado afuera de ésta en un principio. Bufó molesto pensando que Armin aún no salía. Sin poder aguantar más, ingresó al baño para apresurar al niño. Había cinco cubículos en el baño, se acercó a cada uno con cuidado de no tocar nada, Dios sabía la clase de gérmenes que existía en esos lugares.

Cuando iba en el cuarto cubículo fue obvio que Armin no estaba en ninguno de ellos. Rivaille alzó una ceja ¿tanto había tardado en la librería que el niño había salido y se había ido?

El pelinegro suspiró, debía mantener la calma, tal vez el niño había logrado llegar con Erwin de regreso.

Su celular comenzó a vibrar y sin molestarse en ver quien llamaba contestó.

Oh Rivaille, ¿Dónde se metieron? Cuando terminé de comprar no te vi ni a ti ni a Armin, porque supongo que él está contigo ¿Verdad?

Mierda.

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Ok, debía mantener la calma. Debía mantener la cabeza fría y pensar bien las cosas. Había perdido al niño ¿qué era lo peor que podía pasar? Estaban en un centro comercial lleno de gente, seguro alguien lo encontraría llorando en alguna esquina y lo reportaría a seguridad. Si, alguien se fijaría en el pequeño niño rubio y de hermosos ojos azules llorando totalmente vulnerable, algún depravado de seguro. No, Rivaille, no pierdas los estribos, el niño es inteligente, sabe que no debe hablar con extraños que ofrecen dulces de dudosa procedencia.

Le había dicho a Erwin que había llevado a Armin por un chocolate caliente a una cafetería algo lejos y que les tomaría algo de tiempo regresar. Esperaba que eso al menos le diera quince minutos para tratar de encontrar a Armin. Caminó rápidamente por el largo pasillo atestado de gente, buscando con la mirada alguna cabellera rubia parecida a la de Armin.

Si no encontraba a ese niño, Erwin lo iba a matar.

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Hanji estaba sentada perezosamente en su silla, jugando una pluma entre sus dedos y tratando de contestar un crucigrama de esos del periódico que son casi imposibles de contestar. La calefacción del departamento de policías había fallado el jodido día mas frio del año, y la castaña estaba enfundada en capas interminables de suéteres y abrigos, varios de los cuales había robado de Mike o de la oficina de Erwin.

Ese día en particular no había nada interesante que hacer. Ningún robo o asesinato había sido reportado a la estación y aunque eso de cierta forma le alegraba, hacía su día un poco tedioso el tener que estar metida en la oficina todo el día.

Cuando su celular comenzó a sonar, una corazonada de que esa llamada alegraría su día la invadió. Sin esperar a que sonara tres veces, contestó el teléfono.

— ¡Aquí Hanji! ¿Cuál es el problema? — Respondió con su típica voz entusiasta.

Ok bicho raro, calla y escucha. Digamos que, hipotéticamente, alguien pierde un niño en el centro comercial. ¿Qué se hace en esos casos? — La chica comenzó a reír como histérica al reconocer la voz de su chaparrito ex compañero.

— Preparar tu funeral por que Erwin te va a matar.

Tengo como quince minutos antes de que se entere, ahora habla.

— Si hubieras puesto atención a los cursos que nos dieron el año pasado sobre protección a menores, sabrías que lo primero que debes hacer es mantener la calma. — Hanji se recargó en su escritorio con una sonrisa en el rostro. Sabía que la situación no lo ameritaba, pero de cierta manera sentía que el niño estaría bien. Además, escuchar a Rivaille así de histérico—desesperado—perdido hacía las cosas mucho más dulces.

¡Estoy tranquilo! — No lo estaba —Ahora dame una sugerencia que DE VERDAD sirva.

— Ok, ok, después debes de ir con los guardias de seguridad y dar una descripción del niño, así si ven a alguien salir por la puerta con él, puedan detenerlo.

Un bufido de molestia se escuchó del otro lado de la línea, Hanji se lo estaba pasando de lo más genial ese día.

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Erwin había estado pagando unos cuantos artículos que había comprado para Armin cuando sintió una pequeña mano jalando su abrigo. Cuando bajó la mirada se dio cuenta de que se trataba de Armin, quien lo miraba con intensidad y le hacía señas para que bajara a su altura y así poder decirle algo.

— Creo que el señor Rivaille se perdió — Las palabras del menor sorprendieron un poco a Erwin.

— ¿Por qué lo dices, Armin?

— Porque me llevó al baño y cuando salí ya no estaba ahí. De seguro se perdió — Erwin no pudo evitar sonreír ante la inocencia del pequeño. Obviamente Rivaille había dejado al niño en el baño solo. Le alegraba que el niño hubiera hecho su camino de regreso a la tienda, pero le molestaba la irresponsabilidad de su esposo. Una cosa era que estuviera renuente a recibir a Armin en su familia y otra era ser negligente con el pobre niño que no tenía culpa de nada.

Pensaba darle una larga plática a Rivaille cuando regresara, pero una idea mejor cruzo su mente.

— Entonces Rivaille no sabe que estas aquí ¿Verdad? — El niño negó con la cabeza, parecía algo preocupado por el asunto — Está bien Armin, Rivaille es un adulto. Le llamaré al celular y le haré saber dónde encontrarnos.

Esto pareció tranquilizar un poco al menor, que alegremente asintió con la cabeza. Por supuesto que Erwin tenía otros planes para su amadísimo esposo.

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Ya habían pasado quince minutos y no sabía qué demonios hacer. No había ni rastro del mocoso y Erwin le había mandado un mensaje no hacía ni un minuto que le decía que los encontraría en el estacionamiento.

Rivaille no era un hombre que le temiera a otros o se dejara intimidar, pero había algo de Erwin que definitivamente hacia que la gente lo respetara y le temiera. El pelinegro suspiró resignado, tendría que enfrentarse a Erwin tarde o temprano. A estas alturas no había forma de que el rubio no supiera que había perdido al niño.

Por alguna razón que ignoraba, Rivaille se sentía frustrado de no poder encontrar al pequeño. Fuera del asunto de que Erwin le daría el sermón de su vida, había encontrado la molesta sensación de que le preocupaba un poco que el niño estuviera bien.

Se llevó la mano a su plano vientre. Por alguna razón, esa preocupación le resulto amargamente familiar.

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Erwin caminaba contento por el estacionamiento. Le había mandado un mensaje a Rivaille para poder reunirse con el ahí abajo. Por supuesto que sabía que el niño no estaba con su esposo y le había costado trabajo no reírse ante el intento de excusa que le había dado cuando le había llamado quince minutos atrás.

Una risa traviesa escapó de sus labios mientras abría el maletero del auto y metía todas las bolsas con las compras del día.

— ¡Bien Armin, ahora estás listo para tu primer día de clases! — Dijo con entusiasmo y bajó la mirada a su lado, donde el pequeño rubio estaba, pero le sorprendió no encontrar a nadie ahí — ¿Armin? — Volvió a llamar buscando a su alrededor. Nada, el niño no estaba.

Erwin comenzó a reír nervioso. Maldito Karma.

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Rivaille iba en su camino al estacionamiento cuando vio a su esposo subiendo a todo lo que daban sus pies las escaleras automáticas justo al lado de las escaleras que iban de bajada. El pelinegro suspiro antes de hablar.

— Erwin, yo…

— ¡Rivaille, perdí a Armin! — Gritó Erwin mientras desaceleraba su paso y bajaba las escaleras para lograr mantenerse a la misma altura que Rivaille en las escaleras opuestas.

— ¿¡De qué hablas idiota!? ¡Yo perdí al mocoso! — Rivaille, al contrario que su esposo, subía las escaleras para seguir hablando de frente con el rubio.

— ¡Era broma! Sabía que habías dejado solo a Armin y me moleste y por eso fingí demencia cuando te llame, pero Armin estuvo conmigo todo este tiempo, lo perdí cuando bajamos al estacionamiento.

Rivaille se quedó quieto y dejo que las escaleras lo llevaran hacia abajo. Ese maldito hijo de puta le hizo pasar los minutos más angustiantes de su vida ¡Y todo para darle una lección! Definitivamente, pensó con una mezcla de orgullo y resentimiento, ese era el hombre con quien se había casado.

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Ya eran cerca de las dos de la tarde, habían llegado pasadas de las once de la mañana al centro comercial. Llevaban más de una hora buscando a Armin. Erwin se había visto tentado muchas veces de llamar a la central y desatar todo un operativo para encontrar al niño. Hanji se había ofrecido a ir y buscarlo con ellos

"Lo que sea por salir de la estación" les había dicho gustosa por el celular.

La chica se encontraba parada a un lado de Erwin, tratando de persuadirlo de que no era necesario involucrar a la policía, aun. Rivaille estaba sentado con cara de aburrimiento a unos metros de ellos, solo esperaba encontrar al jodido mocoso pronto para poder regresar a su casa.

— ¿Entonces seguros que no quedan más lugares para buscar al niño? — Preguntó Hanji.

— Ya buscamos en todos lados, en los baños, en las tiendas, en la salida, ¡En todos lados! — Erwin parecía al punto de un colapso nerviosos.

Rivaille suspiró y se levantó de su asiento. La cabeza le había comenzado a doler. Aun no comían y no parecía que fueran a encontrar al niño pronto. Su preocupación había pasado de a poco a ser irritación. No con el niño, si no con el jodido idiota de Erwin, por no haber puesto atención de donde dejaba al pequeño.

— Mami, mami, ¡déjame terminar de ver la película en el área de juegos! Le falta poco para acabar~ — El pelinegro miró a la niña que caminaba de la mano de su madre a unos pasos de él.

Se preguntó si Armin había llegado a ser tan insistente con su madre como esa pequeña niña. Sinceramente, no se lo imaginaba rogando porque lo dejaran un momento más en el área de juego de.

Espera ¿Había una jodida área de juegos en el centro comercial?

Sin pensarlo dos veces, salió corriendo buscando el lugar. En la segunda planta, casi al final del pasillo, había una pequeña área rodeada de una franja de colores y llena de juegos infantiles. En el centro había una gran televisión rodeada de un montón de niños que miraban embelesados los últimos momentos de alguna película donde por más ilógico que apareciera, los animales podían hablar. Rivaille frunció el ceño, jamás había entendido la fascinación de los niños por esa clase de películas, le parecían de las más absurdas.

Comenzó a buscar con la mirada entre los niños, hasta que dio con una cabellera rubia y lacia. Un suspiro de alivio salió de sus labios. Armin estaba totalmente perdido en la pantalla, estuvo así hasta que los créditos aparecieron, que fue cuando el niño apartó por fin la mirada de la televisión, y se encontró con la mirada de Rivaille.

— ¡Señor Rivaille! — Con tal vez más entusiasmo del que se esperaba el pelinegro, el niño llego a su lado y le tomó de la mano, bastante contento — Que bueno que ya no está perdido — Rivaille alzó una ceja ¿De qué hablaba el niño? El que había estado perdido había sido Armin. Sin ganas de alegarle nada al niño, Rivaille sostuvo su mano mientras caminaban de regreso con Erwin, que esperaba que aún no hubiera llamado a las tropas completas.

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El día había sido agotador, después de que encontró al mocoso, Erwin se le había echado encima al niño y lo había abrazado hasta dejarlo sin aire. Rivaille casi sintió lastima por el niño. Habían ido a un restaurante cercano para poder comer algo (con todo y Hanji, para disgusto de Rivaille) ya que los cuatro morían de hambre. Cuando Hanji le preguntó al niño como es que se había separado de Erwin, el sólo contesto que el mayor había quedado embelesando viendo una tienda con artículos para niños y había entrado a comprar, Armin había preferido quedarse en el área de niños. Ambos rubios estaba tan atentos a la película y a las compras que ninguno se percató que perdieron de vista a su acompañante. Y de hecho Armin nunca se dio cuenta de que estaba "perdido".

Ya por la noche, Erwin bañó y arropó a Armin en la cama, para que durmiera adecuadamente para estar listo en su primer día de clases. Después fue a la habitación que compartía con Rivaille, quien al parecer ya estaba dormido, y apago la luz.

— Buenas noches, mi lindo gruñón — El rubio besó la frente de su esposo antes de cerrar los ojos y quedar profundamente dormido.

Minutos después, Rivaille abrió los ojos con el ceño fruncido ¿ese idiota le había llamado "lindo gruñón"? Ya mañana se las cobraría.

Con cuidado de no despertar a Erwin, se levantó de la cama, y de la mesa de noche sacó la bolsa que contenía el libro que había comprado en la librería esa tarde. Había tenido mucho cuidado en que Erwin no se diera cuenta de qué había comprado, ahora que lo pensaba, había sido un poco tonto de su parte, pero qué más daba, leer el libro no lo iba a matar.

Bajó con cuidado a la sala para así poder tener un poco de luz al leer y se acomodó en uno de los sillones. Sin más ceremonias, sacó el libro de su bolsa y comenzó a leer.

"El libro de "Cocina vegetariana para niños" proporciona a los padres primerizos una guía sobre los alimentos y platillos que los niños pueden comer para una sana alimentación…"