Mega tardanza, GOMENASAI!
Episodio siete: Niñera
-¡No quiero excusas, cuidaran a Kamei y punto! –Gritó Meiko antes de cerrar la puerta de un portazo que retumbó por todos los departamentos aledaños.
Ahora tenían que cuidar al pequeño primogénito de la pareja Shion de no mas de tres meses de nacido; si que ese par eran unos completos irresponsables. Luki suspiró, estaba leyendo la lista de comestibles que necesitarían para la siguiente semana que tendrían al pequeño, en tanto Gakuko cargaba al bebé y lo arrullaba ¿Cómo terminaron a cargo del pequeño Shion? Digamos que jugar cartas no era lo suyo, y menos contra Kaito.
Durante la primera noche no hubo alarma, resultó que Kamei era un muchachito muy tranquilo, contrario a lo loco de su padre y su maniática madre. En el segundo día comenzaron los problemas, el bebé comía demasiado, casi el equivalente a la cantidad de helado o alcohol que consumían sus padres al día. Luki terminó con una gran deuda al término del cuarto día.
-Estoy agotado. –Musitó Luki tendiéndose en el sofá.
-No seas quejumbroso, Luki.
-Claro, como tú no eres quien se levanta a las dos de la mañana a cambiar pañales. –Se quejó entrecerrando los ojos, celoso de la frescura de la samurái.
-Pues mejor te acostumbras, porque así estaremos con nuestros hijos.
-Espera… ¿nuestros hijos? –Preguntó incrédulo el ninja.
-¿Yo dije eso? Se me escapó. –Gakuko le dedicó una sonrisa y siguió mimando al niño. Luki sonrió y la abrazó por la espalda.
-No intentes disuadirme, escuché muy bien lo que dijiste. –Besó su oreja.
-Otra vez con las rimas. –Ella rodó los ojos.
-Si no rimo todo se vuelve aburrido.
-Solo estás traumado por haber perdido el concurso de rap contra Al. –Gakuko acostó al bebé en su cuna.
-No me hagas eso recordar o me pondré pronto a llorar. –Chilló.
-No me sorprende que perdieras. –Luki hizo una cara parecida a la que ponía su hermano cuando Luka de decía algo hiriente.
-Eres mala, mala como la influenza. –Lloró el ninja ante la mirada divertida de la samurái.
La risa infantil del niño los sacó de su teatro; ambos se sonrieron, pues nada era más contagioso que la risa de un recién nacido o, en este caso, un bebé de tres meses.
Llegada la noche se cercioraron de que el pequeño estuviera completamente dormido, ya lo habían alimentado y cambiado el pañal para evitar alguna interrupción a su placentero sueño, pero la palabra "placer" tendría un significado nuevo para ellos dos.
No hubo interrupción alguno, pero procuraron hacer el menor ruido posible para no despertar al chamaco. Luki por fin se degustó de ella, besando cada parte de la anatomía femenina que le brindaba la muchacha, Gakuko se dejaba hacer, pero también quería hacer sentir bien a su amante. Caricias fue lo que mas disfrutaron ambos antes de pactar mudamente su amor; sus bocas estaban mas entretenidas dando alaridos o suspiros a cada instante que manos invasoras cubrían su cuerpo. Cuando terminaron su faena, Luki estaba feliz, pero no por lo que habían hecho, sino más bien por el "te quiero" que escuchó salir de los labios de su amada. Ambos durmieron con una sonrisa a flor de piel en sus rostros.
Al término de la semana Luki terminaba de hacer la cuenta que le entregaría a Kaito por los gastos generados, mientras Gakuko terminaba de bañar a Kamei.
Tocaron la puerta y él fue a atenderla. Kaito cargando a Meiko en su espalda fue lo que encontró, sonrió de medio lado y los invitó a pasar quedando los tres sentados en la sala mas tarde.
-¿Qué pasó con…?
-Feria del tequila, fuimos a México y… será mejor no comentarte. –Se adelantó a la pregunta con una sonrisa nerviosa.
-Parece que Meiko te quitó todo lo bocón que tenías antes.
-Si supieras. –Meiko balbuceaba cosas ininteligibles y ambos rieron por ello. –Y… ¿mi hijo no les causó problemas?
-Para nada, como si no estuviera aquí.
-Que alivio, yo creí que…
-Y esta es la cuenta. –Luki le extendió un papel y Kaito palideció al ver el signo de yenes reinando el blanco. –Ahí anoté todos los gastos de pañales, pintura, leche, papillas, sábanas…
-¡Pero creí que ustedes se harían cargo de ello, ese fue el trato!
-No, el trat era que lo cuidaríamos mientras ustedes iban de vacaciones, jamás se mencionó en los términos del contrato que me hiciste firmar algo relacionado a los gastos monetarios.
-Pe… pero… -A Kaito le empezaba a doler la chequera.
-Tal vez ya no seas un bocasa, pero sigues siendo un idiota. –Se burló y el otro solo atinó a llorar.
En tanto, en la habitación que compartían con el pequeño Kamei.
-Ojala Luki llegue a ser un buen padre para mis hijos, o tu qué opinas, ¿Kamei? –Gakuko alzó en brazos al bebé y este rió.
Gomenasai, gomenasai, gomenasai, gomenasai! x100000000000000
Soy malvado, lo se, los dejé esperando (nah, casi nadie lee esto jaja)
