Hace mucho tiempo que no escribo nada para esta pareja. Ok, tal vez excesivo tiempo, pero he vuelto a las andadas. Falta poco para que termine la historia buajajaja. Disfruténlo.


8. Tia/o

La noche seguía tranquila, todo era épico y normal hasta el momento. Después de una sesión de pasión con su ahora por fin y legalmente proclamada amante, Luki descansaba con la más infantil de las sonrisas. No estaba dormido del todo, le gustaba quedarse consiente solo para sentir el rose de la respiración de su amada por algunos instantes antes de caer rendido al sueño.

Gakuko se pegaba a su torso buscando cariño y protección… bueno, lo de protección podría discutirse, teniendo en cuenta que la semana pasada el ninja estuvo a punto de ser destazado por 15 pandilleros (su límite era de 10) hasta que la samurái llegó en su rescate. Si, su orgullo estaba herido al cien por cien.

Si seguía pensando en eso seguramente no podría descansar, así que cerró su mente ante cualquier mal pensamiento, disfrutó otro poco mas del tibio aire que exhalaba Gakuko y…

"¡Deberían morir, deberían morir, simplemente todos deben morir; deberían morir, deberían morir…!"

-¡Ah! –Luki se cayó de la cama. En cuanto se levantó vio a su novia (como le encantaba esa palabra) levantarse tranquilamente y contestar el teléfono.

-¿Diga? –Respondió educadamente al otro lado de la línea. –Si… si… entiendo, si… vamos en camino. –Colgó. Luki iba a preguntar quien llamó cuando… -Vístete pronto, nuestro sobrino va a nacer.

-…

Gakuko no esperó a que el muchacho respondiera, por lo que rápido fue a colocarse su kimono y a acomodarse un poco el cabello alborotado que se cargaba. Cuando hubo terminado, Luki seguía en la misma posición de bobo hipnotizado a punto de recibir un premio como un perro. La chica suspiró, lo tomó de los cabellos y prácticamente lo vistió.

Él no despertó hasta que el sonido de un claxon de algún auto lo devolvió a la realidad. ¡Gakuko conducía como una maldita desquiciada! Y además ¡¿De donde sacó el auto?!

-Gakuko… vas muy rápido. –Decía en tanto se sujetaba a once garras del asiento del copiloto. -¡Cuidado! –Definitivamente no quería morir joven.

Esquivaron carros y carros, motocicletas y motocicletas ¡inclusive camiones!

Si a la muchacha le gustaba dejar de cantar en algún punto de su vida, posiblemente las carreras callejeras serían lo suyo. Al demonio el protagonista calvo de las películas de Veloz y enojado.

Entraron y salieron de calles que no llevaban en ninguna manera al hospital y Luki no entendía por qué… hasta que después de un leve razonamiento lo comprendió. Aprovechando que un segmento de la carretera nacional rumbo a Sapporo se encontraba desierta, Luki tomó una de las manos que Gakuko sostenía en el volante, ella inmediatamente comenzó a disminuir la velocidad del vehículo de forma gradual.

-No temas, él no te hará a un lado. –Dijo con voz serena y consoladora. Se había dado cuenta de que Gakuko estaba aterrada. Bajo su rostro frío se imaginaba a su novia tiritando de miedo, pensando que tal vez su hermano mayor no volvería a verla con aquel cariño tan paternal que le gustaba que mostrara… ahora todo ese amor sería para su sobrino.

El automóvil se detuvo. Gakuko se aferró con fuerza al cuello de Luki y no separó su cabeza del pecho de este. El muchacho solo atinó a abrazarla y a acariciar su largo cabello negro con ternura. Ahora podía protegerla de sí misma

Tardaron poco más de una hora en ingresar al hospital. En el momento que el pie de ambos pisó la habitación donde se llevaba a cabo el parto el llanto de un bebé inundó el sitio…

-¡Es una niña! –Exclamó eufórico Gakupo, pero el gusto le duró poco pues la cantidad de sangre que se agolpaba en sus manos y pecho le habían causado un feo impacto psicológico a su débil mente. Se desmayó, en pocas palabras.

Luka rió levemente, pidiendo a la vez que colocaran a su marido y a su niña a ambos lados de ella. El resto de la familia Kamui no tardó absolutamente nada en aparecer, colocándose del lado izquierdo de la cama y otras sombras negras se colocaron del lado derecho.

-Felicidades, hermana. –Felicitó Luki centrándose delante de la madre y con su novia detrás. Se sonrieron, contentos todos.

Y algo no cuadraba ahí…

-¿Quiénes son ustedes? –Preguntó Gakuko mirando a las personas de negro.

Todas ellas, formadas lateralmente, una mas pequeña que la anterior, se retiraron las máscaras que cubrirán sus rostros y sonrieron.

-¡Somos los Megurine!


Bueno, rueguen al patrono de las lecturas que no tarde demasiado en escribir la continuación si es que quieren seguir esta rara historia de amor. Hasta la vista