Gracias a las personas que se han dado el tiempo
de leer mi pequeña historia alternativa.
Les pido que si les gusta y quieren saber que pasa después, manden
Review, o piquen en Follow para seguir subiendo :)
Muchas gracias y Buenos días, tardes y noches!
3
-¿Noelia?—me dice Danniel sacándome de mi transe. Logro mirarlo y se ve exageradamente preocupado.
Estoy hiperventilando cuándo mi cerebro se conecta con mi cuerpo. Mi mano está a punto de hacer sangrar a la suya por la presión que ejerzo sobre ella, mi respiración es cortada y debo hacer un esfuerzo sobre-humano para poder hacer llegar el oxígeno a mi cerebro. Es cuestión de horas para que declaren mi muerte, al llegar la tarde el escenario estará listo y exclamarán mi nombre para subir en él.
-Mírame, Noelia, mírame—Toma entre sus suaves pero rígidas manos mi rostro haciendo que mis ojos conecten con los suyos.
Simplemente no puedo hablar, quiero decirle tantas cosas en este preciso momento pero las palabras no salen. Es como si me hubiera bloqueado. Lo único que funcionan son mis ojos y porque él los mantiene en la realidad gracias a los suyos. Nos miramos fijamente durante un largo rato y luego de un momento me calmo, mi cuerpo reacciona aunque no por completo. Mis manos se van hacia las suyas que se encuentran aún en mi rostro para sentir su calor, para sentir que de verdad he vuelto a la realidad. A la cruda realidad.
-…Estoy frita…-Susurro más calmada de lo que estoy.
-Claro que no. Me acabas de prometer que te cuidarás—sostiene firmemente mi cara.
De repente no puedo mirarlo más a los ojos, desvío la mirada hacia el suelo. Me duele que me recuerde eso, aún no entendía por qué lo decía y ahora que lo sé, no sé si pueda cumplirle la promesa.
Mi rostro se escapa de sus manos, mis brazos me empujan hacia arriba y mi cerebro me hace el mandato de salir de ahí. Está enfermo, adolorido y luego le vienen con esto. Tal vez no le importo como él me importa pero aún así debo ser al menos alguien cercana a él. A mí me dolería demasiado si le enviaran al capitolio, demasiado.
No doy explicaciones. Giro la sucia perilla de la puerta de la habitación y salgo a través de ella aún escuchando a Danniel diciéndome que regrese. No puedo hacer que sufra más aún.
El agua fría se siente fenomenal después de todo lo sucedido durante la mañana. Por un instante me hizo olvidar la próxima cosecha.
Sin embargo, los recuerdos regresan aún con más intensidad. ¿Qué debería hacer en el tiempo que me queda de vida? No lo sé. Tal vez despedirme de mi familia sea lo correcto, aunque parezca una acción de pánico. ¿Debería huir? No podría ser una buena idea, me buscarían por todo el distrito y si no me encontraran castigarían a mi familia o a la familia de Danniel y no puedo vivir con ese pensamiento.
Mi decisión final es ponerme algo de ropa y salir a caminar.
Aún no sé hacia donde voy, no sé cuál es mi rumbo a seguir, pero yo sigo caminando. El pensamiento de si debo confesarle mi amor a Danniel antes de partir me llega de repente. Siempre he querido decírselo, pero mi pena me detenía siempre cuando estaba a punto de hablar.
Esta mañana, en su casa, cuando sus manos estaban en mis mejillas, cuando sus ojos se clavaron en los míos, cuando acercaba su rostro hacia el mío, no sentí miedo ni vergüenza; Sentí que él me quería. Siento que en el interior de mi estómago se hace un pequeño nudo, pero no hay sentimientos malos en él, son más bien como la gente diría: siento mariposas en el estómago.
El único sentimiento bueno que he experimentado en las últimas horas.
El sonido de un objeto de vidrio quebrándose es el que me borra la pequeña sonrisa que llevaba en mi rostro. Alzo la vista buscando la fuente del sonido. Proviene de una pequeña casa de madera que está a unos 10 metros de mí. Tiene una ventana con vidrios sucios en la que se puede notar la luz encendida desde adentro, con dos personas moviéndose por aquí y por allá. Comienzo a preguntarme qué es lo que sucede en aquella cabaña quedándome parada observando, viendo cómo una de las figuras ronda por el cuarto llevándose las manos a la cabeza varias veces. La primera figura luce furiosa con la otra. Siento una punzada de culpa en mi interior. No debería de haberme quedado observando las situaciones complicadas de otras personas, de otra familia que no tiene nada que ver conmigo, metiéndome de algún modo en lo que no me corresponde. Esa misma culpa, y los gritos que empiezan a generarse en la casa me hacen desviar la vista y pensar que tengo que irme de ahí. Comienzo a juntar valor para dar el primer paso, pero el sonido de una puerta de madera abrirse me congela. No quiero apartar la vista de mis zapatos, no debo apartar la vista de mis zapatos. Entonces viene a mi mente un recuerdo de hace bastante tiempo que me hace entrar en razón de dónde estoy realmente en éste momento: La pobre caza de los Ederman.
Los Ederman son (o más bien fueron) una familia que conocemos desde hace mucho tiempo. Mi madre era muy amiga de la esposa de la familia, Rose. El padre de la familia era el hijo del herrero de nuestra sección de distrito y también era muy amigo de mis padres. Y finalmente, el hijo único de ése matrimonio: Darren. El portazo acompañado de un grito de furia dirigido a la persona que se había quedado dentro de la casa me sobresalta. Tengo que salir de aquí pienso. Obligo a mi cuerpo a reaccionar para dar el primer paso, ya que la persona que salió rabiosa de la casa se acerca para pasarme a un lado. Pero al dar el primer paso, la reacción que esperaba no resulta, y peor aún, había pensado que la figura que caminaba fuera de la casa se detiene justo frente a mí así como yo en frente de esa persona. No me di cuenta que Darren caminó demasiado rápido y justamente en dirección hacia mí. Lo más seguro es que ni él se haya dado cuenta de hacia dónde iba por estar cegado, al parecer, por enojo.
Cuando Darren se da cuenta que me interpuse en su camino, así como él en el mío, se detiene en seco y sorprendido. Yo sigo con la mirada al suelo hasta que el pisotón que dio el chico para frenar su huída me toma por sorpresa. Tengo miedo de mirar. Tengo vergüenza por invadir su privacidad con la otra persona dentro de su casa. Seguramente es su padre, ya que su madre murió hace aproximadamente cuatro años atrás. Esto me hace recordar lo que he intentado olvidar de aquél muchacho: Como nuestros padres eran muy buenos amigos incluso antes de que alguno de los dos naciéramos, mi amistad con Darren era inevitable. Desde que tengo memoria, éste chico de cabellos negros y largos, ha sido mi amigo, o al menos hasta la muerte de su madre. Recuerdo un día en nuestra infancia. Jugábamos a encontrar tréboles de cuatro hojas en una larga porción de césped que se encontraba cerca de mi casa. Él es un año mayor que yo. Ha aprendido muchas cosas antes de que yo las aprendiera, eso era lo que me gustaba de él. Era muy simpático y muy inteligente, a pesar de que su familia siempre fue muy pobre. Yo rebuscaba entre el montón de tréboles y algunas flores coloridas que se hallaban a lo largo del verde campo inmenso en primavera de aquél día. Lo recuerdo muy bien a pesar de que tenía unos cortos siete años y él tenía ya ocho.
-¡Eureka!—Gritó el pequeño Darren a unos seis metros de mí. Corrí hacia él, tan emocionada.
-¿Lo encontraste?—Dije.
-¡Claro!, Míralo. ¿Acaso no es fantástico?—Abrió las manos y entre ellas se encontraba el trébol de cuatro hojas que buscábamos.
-Tú ganaste. —Le dije, mirándolo a los ojos.
-No. Tú ganaste—Sonriendo, puso suavemente en mis manos el reluciente trébol cubierto de rocío. –Tómalo como un obsequio, Noelia, de mi parte—Dijo. Y puso su mano en mi cabeza.
Éste es el mejor recuerdo que tengo de él. Tengo muchos otros, por supuesto, pero éste no sé por qué razón me llena de felicidad cada que lo recuerdo. A nuestros padres les encantaban vernos juntos, decían que éramos el uno para el otro. De hecho, desde que yo nací, mi madre dijo en una broma a Joseph, el padre de Darren, que debían casarnos algún día. Jugábamos todos los días alrededor de nuestra sección del distrito. Él era hijo único y, a pesar de ser muy simpático, tenía pocos amigos. Yo era su mejor amiga, igual que él era mi mejor amigo. Hasta que algo ocurrió: Rose, su madre cayó en cama debido a una enfermedad. Al parecer la contrajo al comer una carne que recibió de un agente de la paz como "Caridad", lo que no sabía ella es que ésa carne estaba en proceso de descomposición. Cada día se ponía más grave. Tanto mi madre como mi padre intentaron darle todos los remedios que pudieron, ya que ellos no tenían el dinero para llevarla a un médico decente. Duró unas pocas semanas en cama hasta que su menudo cuerpo no soportó más el sufrir. Rose murió una fría tarde lluviosa, dejando viudo a Joseph y a Darren huérfano.
Sin embargo, ése acontecimiento fue demasiado para Darren. La muerte de su madre le soltó una bomba que lo dejó destrozado. Todo en él comenzó a cambiar desde ése día. Para empezar, su padre calló en la bebida gracias a la depresión. En segunda, tuvo que comenzar a buscar cómo mantener a la familia que le quedaba, buscando un trabajo, que no consiguió a causa de ser un pequeño niño de catorce años. Yo lo buscaba para hablar con él, pero él me rechazaba. Consiguió al fin un trabajo unos meses después y lo usaba como excusa para no querer verme ni a mí ni a ningún integrante de mi familia que intentaba ayudarlo. Su interior se fue amargando y tuvo que madurar de una manera muy rápida y algo cruel. Luego de un tiempo, no volví a saber más de él.
Sigo parada, asustada frente a Darren que no sé si me mira o si aún sigue enojado. ¿Por qué no puedo olvidarme de éste muchacho? ¿Qué tiene él que lo haga destacarse de entre las demás personas para mí? La curiosidad de saber qué sucede me hace levantar la mirada hacia él. Me está mirando fijamente y cometo el grave error de mirarlo a los ojos. Ahora recuerdo cuál es la razón por la que Darren permanece pegado a mi memoria: Sus ojos. Ésos ojos que hipnotizan a cualquiera por su hermoso color verde pasto. Brillantes, tal como aquél trébol de cuatro hojas cubierto de rocío que me obsequió aquél día. Lo guardé, por supuesto, como un objeto especial, Porque lo era. Aunque lo negara muchas veces, llegué a sentir algo especial por Darren cuando éramos pequeños, de hecho, él fue el primer niño que me gustó. Cuándo se alejó de mí, técnicamente me rompió el corazón hasta que apareció Danniel en mi vida.
Sigo pegada a ésos ojos verdes brillantes bañados por una lluvia de cabellos negro azabache que caían de su frente.
-¿Noelia?—susurró finalmente sacándome de mi transe.
Doy un paso atrás al darme cuenta que la vergüenza se apoderan de mí. No sé por cuál de todas las razones es la que me causa éste sentir, pero lo más probable es porque me metí en asuntos ajenos a los míos. No sé si debo decirle algo, y si lo hago, no sé qué palabras serían.
-Lo-Lo siento—Digo finalmente. Bajo la mirada al pasto y salgo corriendo en la dirección por la que llegué. No quiero ni volverme para ver si me mira aún o no.
