Agradezco de todo corazón a esas personas que
se han dado el tiempo de leer hasta aquí. Me hacen tan feliz!
Les dejo el Cap. 7
-AV-
7
Dos agentes de la paz me sacan del cuarto y me escoltan a través del pasillo del edificio de justicia hacia una puerta trasera. Veo cuando otros agentes unen a Darren a mí. Su cara es igual de neutral, siempre tan neutral. Comienzo a pensar que no tuvo a nadie que se despidiera de él a diferencia de mí, su única opción era su padre, pero creo que estaba demasiado ebrio para darse cuenta que su hijo se había presentado voluntario en Los Juegos del Hambre.
Siento algo de pena por él, y por su padre por supuesto. El pobre hombre, botado por el alcohol en su cabaña y cuándo despierte, se enterará de alguna u otra manera de que perderá a su único hijo. Por lo menos mis padres tienen dos hijas, así que si yo muero, les quedaría todavía Delia para consolarlos cuando yo no esté, pero el desdichado Joseph ni siquiera tendrá alguien que le dé un hombro para llorar. Lo más probable es que el viejo herrero termine muriendo por depresión o por alcoholismo, creo que será la depresión que lo mate primero porque sin Darren cerca no tiene como sacar para el licor.
Sin embargo, no creo que Darren esté triste por no despedirse de su padre, en lo absoluto. Desde que Rose murió y Joseph cayó en la bebida, Darren no lo ve como un padre nunca más. Me parece demasiado triste, ya que es la única persona que le queda y antes su relación era perfecta. Ahora las palabras "Papá" e "Hijo" ya no existen entre esos dos, es como si tener a su padre en casa se hubiera convertido en una carga para él. Lo sé porque lo he escuchado de mi madre que a veces lo mencionaba entre sus comentarios.
Ahora estamos subiendo en el auto que nos llevará a la estación de trenes. Noto de pronto a las distinguidas personas enviadas desde el capitolio con sus cámaras para las primeras tomas de los nuevos tributos del distrito 10. Dentro del coche, Doroty no para de balbucear sobre las cosas que veremos en el Capitolio, de los lujos que hay dentro del tren y por toda la ciudad a la que nos dirigimos. Darren y yo no cruzamos ni palabra ni mirada durante el camino.
La puerta del largo tren de acero se abre automáticamente, lo que me sorprende. Yo entro primero, al parecer las chicas entran antes que los hombres en la "educación" de la gente del Capitolio. Darren entra después de mí y en seguida Doroty. Al dar un paso dentro de aquel vagón, la luz de la bombilla me deslumbra por unos segundos pero al ajustar la vista a la iluminación, dejo escapar un suspiro de asombro.
-Pasen, pasen. Siéntanse cómodos. Todo lo que vean es para su propio uso y deleite, así que si desean comer algo, pueden hacerlo sin miedo —Nos explica Doroty mientras ella toma un reluciente panecillo de una bandeja plateada y se lo mete en la boca.
Miro de un lado a otro, observando todos los lujos con los que contaremos hasta mañana que lleguemos a la gran ciudad. Candelabros (o eso creo que son), mesas con incrustaciones de gemas, sillones acolchados, cortinas de seda decoradas a mano, copas y platos de vidrio, hermosos cuadros decorativos en las paredes, un suelo cubierto en una esponjosa alfombra color rojo y las mesas rebosantes de comida que rodean todo el vagón. Logro escuchar el suspiro de sorpresa de mi compañero al entrar al vagón y nos quedamos ahí por un buen rato. Parados. Boquiabiertos. Girando los ojos a todas partes.
-Iré a buscar a sus mentores. Deben estar en los otros vagones. ¡Disfruten lo que quieran que ya vuelvo! –Doroty cruzó una de las puertas automáticas y nos dejó a solas.
Esto está mal pensé. No quiero quedarme a solas con éste muchacho. Me incomoda estar solos en éste vagón del tren y aún no sé por qué. Y sé que no soy la única incómoda, él tampoco habla ni se mueve y eso me parece perfecto. Localizo una silla acolchonada en el centro de la sala y doy algunos pasos para postrarme en ella, aún en silencio. Justo enseguida de mí hay charolas y charolas de panecillos e infinidad de postres. ¡Se ven deliciosos! Y No puedo resistir tomar uno.
Le doy vueltas al pequeño pan dulce en mi mano y admiro su belleza. Es como si un artesano experto lo hubiera hecho con el más mínimo cuidado, pero en vez de usar barro o arcilla, usó masa azucarada. Me lo llevo a la boca y le doy una mordida: ¡Es sabroso!
-¿Está bueno?... el pastelillo, quiero decir –No esperaba que Darren hablara. Los nervios me saltan y me obligan a tragar el mordisco de postre en mi boca.
-Sí, lo está.
-No esperaba que fueras sorteada… en la cosecha…
Me giro para mirar a Darren, pero él ni siquiera mira en mi dirección, observa con atención a una mesa con bebidas de colores. Tiene valor para hablarme aún después de lo que me ha hecho y de lo que se ha hecho a sí mismo. Siento algo de rabia por el comentario y sólo me limito a decir:
-Yo tampoco esperaba que fueras voluntario.
-Tenía que salvar a alguien.
-Lo hiciste. El carnicero Lauzon estará en deuda contigo.
Sonríe y no sé por qué lo hace. Levanta su mirada de color pasto hacia mí haciendo que desvíe la mía a mi panecillo. El silencio se hace presente de nuevo, pero ahora el tren ya se encuentra en movimiento. Levanto la mirada cuando la puerta metálica se desliza, pero ésta puerta es la del otro lado del vagón, opuesta a la que atravesó Doroty. Unos tacones entran en la habitación y una mujer joven que fuma un cigarrillo nos observa a Darren y a mí por un momento, de arriba hacia abajo.
-Vaya, vaya, vaya. Al parecer tenemos buen material aquí –Dijo Kaya.
La vencedora se presentaba ante nosotros por primera vez, y para ser sincera, no me causó la impresión que esperaba. Pasó a ignorarnos totalmente y fijar su atención en un pequeño plato de cristal con gelatina de uva que se hallaba en una de las mesas, cerca de las mesas de bebidas coloridas dónde se encontraba Darren.
-Hola. Mi nombre es…
-Sí, muchacho, Sé quién eres. El que se presentó voluntario por el pequeño –Kaya seguía concentrada en la gelatina –Y la chica, no recuerdo su nombre, pero sé que no gozas de buena suerte –Me dirigió una mirada y una sonrisa cruel. Estaba comenzando a irritarme.
-¿No se supone que estás aquí para ser nuestra mentora, no para criticarnos?—Le dije.
Mi reacción fue incorrecta, lo sé, pero sentí la necesidad de decirlo. Esta mujer no sabe nada de nosotros y luego viene a decirme cosas. Eso es algo que no tolero fácilmente, o por lo menos, algo que no tolero últimamente. Provoqué que desviara la mirada de su ansiado postre púrpura y me dedicara una ligera mirada de recelo.
-¿Entonces para qué lo estaría? ¿Para felicitarlos? ¿Eso es lo que quieres oír, Felicitaciones?—La voz de la mujer comenzó a alzarse un poco –Yo no felicito a nadie que ha sido elegido para morir en televisión nacional, querida—Relajó su expresión.
Eso mismo causó que mi piel saltara por un segundo. Causó que recordara el verdadero hecho que nos tenía a Darren y a mí en ése tren de hierro. Además, las palabras frías y directas de su última frase me dieron escalofríos, me intimidaron al igual que su mirada castaña pero penetrante.
Al parecer, nos sosteníamos intensamente la mirada una a la otra. En mis adentros sabía que debía darle una contestación a su argumento, algo por lo menos que le diera la contraria. Me hizo sentir como algo parecido a la basura con su comentario que, entre los escalofríos y el enojo, mi cerebro formulaba alguna frase que pudiera darle la contraria a aquella mujer de cabellos cortos y lacios. Aún no encontraba mi frase de contraataque y ése tonto cigarro entre sus dedos me estaba sacando de quicio cuándo alguien se escabulló por la puerta deslizante.
El rostro de un apuesto hombre cortó todo hilo de nuestra disputa de miradas matadoras. Con el rabillo del ojo alcancé a ver qué Doroty entró detrás de él en nuestra sala de postres.
-Kaya, ahí estás. Te estábamos buscando para poder presentarnos juntos –Dijo el hombre.
-Salí a prender un cigarrillo.
-Bueno, ya veo que te nos adelantaste a conocer a los chicos –comentó Doroty algo desanimada.
-No se emocionen demasiado. No son muy amigables por el momento –Sentí la mirada de Kaya caer sobre mí por un segundo. Estaba hablando de mí, por supuesto. Darren al parecer le cayó bien.
-Kaya… -La regañó Doroty. Kaya sólo volvió a aspirar de su cigarro.
-Bueno, ya veo que tuvieron la oportunidad de conocer a uno de sus mentores. Les tengo una bueno noticia, chicos, yo soy su otro mentor. El agradable, por decirlo así –Dijo el hombre evitando que se diera un momento de miradas incómodas.
Lo primero que noté de él era que tenía una sonrisa muy fresca, además de su cabello corto, ondulado y color bronce, unas cejas muy pobladas, unos labios muy bonitos y una estatura que rebasaba incluso la de Darren, que se encontraba a su lado –Permítanme presentarme. Mi nombre es Brush, Brush Hagger. Y mi compañera se llama Kaya Oswald. Tal vez ya nos habían visto en otra parte, pero ¿Qué mejor que una presentación formal?
Claro que los había visto en otras partes, en la televisión, por ejemplo, junto con los otros dos vencedores del distrito al ser mentores de los juegos en los últimos dos años. Algo en aquél hombre, Brush, me hizo sonreír de casualidad, no supe si fue su amable sonrisa, su manera tan amigable de hablar o simplemente no llegó a criticarme como Kaya lo había hecho hace unos minutos.
-¿Puedes repetirme tu nombre, muchacho? –Dijo Brush.
-Darren Ederman.
-Mucho gusto, Darren –Brush le apretujó la mano alegremente al chico.
-Igualmente, señor –Contestó Darren respondiendo el apretón. Brush se giró hacia mí y sonrió.
-¿Y cuál es el nombre de la señorita?
-Noelia Lovenbrock.
-Mucho gusto Noelia. Y no te preocupes por Kaya, ella es así con todos a su alrededor.
-No me defiendas, Brush –Espetó Kaya. Brush solo rió.
-Mucho gusto, Brush –Le correspondí a su firme apretón de manos y le sonreí.
Doroty nos condujo a todos al vagón del comedor dónde cenaríamos. Brush comenzó con las pláticas de mentores. Nos preguntó principalmente si sabíamos que tenemos que conseguir patrocinadores, Darren y yo le contestamos que sí.
Los patrocinadores son personas desconocidas del Capitolio que apuestan por ti durante los juegos. Es esencial conseguirlos ya que su aporte monetario es el que te permite recibir paracaídas durante tu estancia en la arena y ésos regalos pueden ser los que salven tu miserable vida. Lo difícil se encuentra en cómo conseguir dichos patrocinadores, debes de tener alguna habilidad de lucha o de supervivencia (en otros casos, belleza o fama) que te haga captar su atención. Ellos no gastarán su preciado dinero en una personita débil sin ninguna habilidad para asesinar o para mantenerse vivo hasta el final.
Ahí fue cuando Kaya apagó su cigarrillo y comenzó a hablar sobre cómo todo en el capitolio es la apariencia del tributo. Decía que las habilidades son importantes en la arena, sí, pero mientras estemos frente a la gente o frente a una cámara, casi lo único que les importará será tu apariencia o en la manera en la que tus estilistas te vistan para la ocasión. Mi compañero y yo nos sorprendimos al principio, pero al pensarlo bien, todo tiene más sentido. Las personas del Capitolio son tan superficiales.
La charla nos dio bastante información sobre lo que tenemos y lo que no tenemos que hacer para impresionar al público. Todo gira en torno al público. Todo esto de los juegos del hambre ellos lo toman como un "Reality Show" y, en consecuencia, tienes que agradarle al público para que tus posibilidades de sobrevivir aumenten considerablemente. Fue una charla agradable y muy interesante para ambos, pero también muy larga, porque al parecer ya era tarde cuándo nuestros mentores dejaron de Hablar. Doroty nos informó que debíamos ir a la cama, Brush dijo que aún hacía falta hablar sobre la supervivencia en la arena y Kaya nos llevó a nuestras habitaciones dos vagones más adelante. Darren entró en la suya, y lo supe porque me miraba fijamente antes de dejarnos a mí y a Kaya solas. Antes de cruzar la puerta deslizante a mi cuarto, me volví para ver a Kaya, que había encendido otro cigarrillo y curiosamente también me observaba.
-Buenas noches –Le dije sin muchas ganas.
-Buenas noches, niña… y por cierto, Brush tiene razón. Así soy con todos a mí alrededor. No te sientas especial –La vi dedicarme una media sonrisa, burlona, pero una sonrisa.
Sentí que me dejé llevar por mis nervios hace unas horas y debería tomar su última frase como una clase de disculpa.
-De acuerdo –Yo también le medio sonreí.
-Bien –Dijo aspirando de nuevo su cigarro.
Terminé de formar la sonrisa en mi rostro, me di la media vuelta y entré a mi habitación.
