Gracias por seguir la historia hasta aquí, personita.
Me haces muy feliz! ;D

-AV-


9

Me encuentro pegada a la ventana del vagón cuándo el Capitolio aparece del otro lado. Es Gigantesco, con muchísima gente por las calles y edificios con alturas increíbles. Cuando el tren se detiene, una ola de gente nos recibe con aplausos, gritos y aclamaciones haciendo que se me revuelva el estómago.

Nos dejan en un edificio que bien podría llamarse Hospital, o algo parecido. Es un lugar en dónde gente desconocida me desnuda, me limpia, me repara el cabello y la piel, me depila todo el vello de mi cuerpo y me deja en blanco para la cita con mi estilista.

Miro el techo de la habitación acostada en una camilla cuando oigo que la puerta se abre dejando pasar a las personas que me disfrazarán para el desfile de los tributos: Cuatro extravagantes y ridículas mujeres que llegan balbuceando sobre fiestas, vestidos y de lo bien que hicieron al quitarme la mugre de encima. Respiro hondo y me resigno a que hagan lo que quieran conmigo durante las próximas dos horas.

Cuando terminan conmigo, me hacen mirarme al espejo y me aterro. Estoy dentro de un estúpido disfraz de Vaquero color marrón con detalles plateados que brillan aún más cuando me muevo. Mi cabello está atado en dos coletas bajas que dejan entrar el sombrero con manchas de vaca en mi cabeza. No puedo creer que ésta gente del Capitolio tenga tan dañada la cabeza.

Nos llevan a las locas y a mí a dónde será la salida de los carruajes del desfile, ahí me encuentro con Darren, vestido tan Ridículamente como yo. Me dan ganas de reír y siento pena al mismo tiempo.

Ni siquiera nos dan tiempo de hablar con nuestros mentores y nos suben al carruaje, que es tirado por dos caballos color marrón. Una vez arriba, veo que las compuertas se abren y el primer carruaje sale. Me empiezo a sentir nerviosa al pensar que toda la gente me verá y a causa de mi disfraz no querrán apostar ni una moneda por mí.

-Me siento totalmente estúpido –Me dice Darren, haciendo que lo mire.

-Tienes que hacer esto, para conseguir patrocinadores.

-No me importan los patrocinadores…

Me limito a mirarlo con la duda plasmada en la cara ¿No le importan los patrocinadores? Debe estar bromeando. Quiero preguntarle que si habla en serio, pero el movimiento de nuestra carroza casi me hace perder el equilibrio. Estando a punto de cruzar la compuerta, los hermosos ojos de Darren me sonríen y creo que me dice que debo sonreír. No lo entiendo bien por estar hipnotizada de cómo resalta el color de sus ojos. Debo admitir que a pesar del disfraz, sigue viéndose muy Apuesto.

El aullido de la audiencia me hace ensordecer sólo al salir. La gente nos aplaude y nos grita cuando ve nuestro carruaje. Darren los saluda de inmediato con una reluciente sonrisa en los labios y me recuerda que yo también debo hacerlo. Muevo mi mano una y otra vez hasta que se acalambre para saludar a la gente. Por un momento pienso en que Darren está sonriendo y eso me hace pensar que es raro, que hace mucho tiempo que no veo a mi antiguo amigo sonreír.

Las pantallas que cuelgan por todos los edificios tienes las caras de los diferentes tributos, unos con gestos brillantes y otros con muecas rudas y matadoras. Tres imágenes en ésas pantallas se graban en mi mente durante todo el camino: la primera un Guapísimo Darren y su nueva sonrisa amigable, lo que me hace pensar que mentía al decir que no le importaban los patrocinadores.

La segunda es una imagen mía (o creo que soy yo) saludando a la gente como si en verdad estuviera tan feliz. Y la tercera es la imagen de una hermosa chica rubia que viste un traje igual de ridículo, pero aún así es bella. Me sorprende que su belleza me llame tanto la atención, pero algo en ella hace que me tranquilice e intente sonreír con más fuerza.

Mis mejillas arden entumidas cuando Los carruajes se colocan en la mansión principal, donde nos esperaban el triple de gente que en las calles, todas ellas con dinero en los bolsillos esperando a ser gastado en las apuestas.

Una persona, sentada en un balcón de la mansión, con cabellos blancos, labios grandes y una perfecta rosa en la solapa del traje se pone de pié y se acerca al barandal. Lo reconozco como el Presidente Snow, el gobernador de todo éste cruel país. Se acomoda el micrófono invisible de su traje y nos da la bienvenida, agradeciendo nuestro sacrificio, no sin antes terminar con la tradicional frase: "Y que la suerte esté siempre, siempre de nuestra parte" para ser seguido por el rugido de la multitud.

La ceremonia termina, los carruajes entran en un edificio por otra compuerta y cuando ésta se cierra nos permiten bajarnos. Kaya y Brush nos esperaban.

-Bien hecho, cariño –Me dice Kaya poniendo una mano en mi hombro. Me hace sonreír.

-Esperaremos las apuestas de sus próximos patrocinadores –Bromeó Brush, haciendo que Darren y yo nos dirigiéramos una sonrisa.

Nuestros mentores nos indican que tenemos que subir a nuestra planta para que nos relajemos un poco y que tenemos que descansar para mañana. Ellos se adelantaron y me volví hacia Darren.

-Tendrás muchos patrocinadores… aunque no te importe –Intenté bromear.

-Te los regalo, por lo menos la mayoría. También quiero regalos –Siguió mi broma.

En un movimiento rápido, pasó la punta de sus dedos por mi barbilla y me sonrió. Una sonrisa totalmente sincera, muy diferente a la que fingía en el desfile. Me quedé congelada por un segundo, sorprendida. Él sólo siguió adelante dejándome atrás.

¿Qué es lo que acaba de hacerme? ¿Qué rayos se supone que significa eso? Me siento estúpida al notar que me robó una sonrisa de respuesta.

Las luces fugaces de las cámaras nos atrapan a Darren, a mí y a los otros tributos cuando nos dirigen al Centro de Entrenamiento. Nuestro último hogar antes de ir a la arena.

Entramos a algo que ellos llaman Ascensor y Doroty aprieta el botón con el número 10.

Los lujos de nuestra planta sobrepasan a los del tren en su totalidad. Nos roba otro suspiro de asombro a mi compañero y a mí.

-Amo sus primeras reacciones –Le susurra Kaya a Brush, riendo –Y más vestidos así.

La vencedora me muestra mi habitación y me deja ahí para que me duche y me cambie. Tardo demasiado por todos los botones que hay dentro de la ducha que hacen que salga oliendo como a veinte perfumes diferentes. Me pongo el mismo conjunto negro y morado de antes y Doroty me toca en la puerta para la hora de cenar.

En la cena, Brush nos explica que a partir de mañana llevaremos un entrenamiento junto con los otros tributos en el sótano del Centro de Entrenamiento. Nos aconseja que sólo sigamos las órdenes que se nos dan y que hagamos nuestro mejor esfuerzo en aprender cómo usar las armas y sobre todo, aprender todo lo que podamos de tácticas de supervivencia. Kaya lo interrumpe para advertirnos de los Tributos Profesionales que nos esperarán para devorarnos en cuánto tengan la oportunidad. Que no les mostremos nuestras habilidades especiales, si es que las tenemos.

-No te preocupes, no tengo ninguna –Digo.

-Me imaginé –Dice Kaya poniendo los ojos en blanco.

-¿Y qué tal tú, chico? –Le dice Brush a Darren.

Darren desvía la mirada, primero me mira a mí para después bajarla a su plato de estofado de cerdo. Por un momento me parece una mirada sospechosa.

-Sólo sé golpear metal caliente –Dice por fin.

-Es verdad. Solías ser el ayudante del herrero –Le digo, recordando.

-Ya no soy ayudante… bueno, lo era.

Siento que algo de rubor se me sube a las mejillas por el comentario, que puede ser doloroso. Me disculpo con él y me dice que no tiene importancia. Aún así, siento que mi compañero oculta algo.

Terminamos de hablar, de cenar y nos mandan a descansar a nuestras habitaciones porque el día de mañana será duro. Para una chica que ni siquiera sabe golpear metal caliente, que sólo sabe criar gallinas para que produzcan huevos, serán unas semanas muy duras. Ahora veo que tengo que esforzarme al 200% para poder aprender por lo menos a defenderme si alguien intenta atacarme, y aún así será muy difícil.

Me planto una meta cuando estoy intentando dormirme: Debo ser un verdadero tributo aunque no lo desee, porque mi vida está en riesgo. Además, le prometí a Delia que volvería a casa y también le prometí a Danniel que pasara lo que pasara Me cuidaría. Se los prometí. Lo hice.

Los últimos recuerdos de éstas dos personas, heridas, llorando, molestas, tristes, preocupadas, felices antes de que todo pasara, me recuerdan que es todo lo que tengo de ellos. O no todo. Tumbada en mi mullida cama, paso mi mano por la piedrecilla verde que está sujeta a mi muñeca, el último recuerdo de mi hermana y mi familia. "No olvides que siempre estaremos contigo".

Las lágrimas comienzan a atropellarse saliendo de mis ojos, el pecho comienza a dolerme y recuerdo los rostros de mis seres queridos, uno por uno. A mis padres en la cena en mi cumpleaños, La sonrisa cariñosa de Delia cuando la dejaba que me peinara, a Camelia en la escuela con sus hermosos rizos color avellana, los brazos de Danniel cuando me abrazó una vez en invierno y un joven y feliz Darren entregándome un reluciente trébol.

Por primera vez, puedo llorar abiertamente y sin contenerme.