10
-Noelia. Levántate. –Me dice Kaya.
Respingo fuertemente. Al parecer se enoja, porque me amenaza con tirarme encima el vaso de jugo del desayuno. Siento como si sólo hubiera dormido 2 minutos. Tal vez así fue, mis ojos aún están hinchados del llanto de anoche y es cuando advierto que no supe a qué horas caí dormida.
Kaya me obliga a levantarme y a vestirme de manera "cómoda", ya que hoy empiezan nuestros entrenamientos y me dice que debo ir a desayunar. Entro al cuarto de baño a lavarme la cara.
Mi cabello está igual de horrible que mis ojos, así que tomo una liga para el cabello que hay en las repisas y me agarro el cabello en una coleta de caballo no muy alta. Me sigo viendo desagradable, pero es todo lo que puedo hacer.
Al llegar a la mesa ya están todos desayunando. Brush advierte mi presencia y me da los buenos días. Uno de los extraños sirvientes vestidos y pintados de rojo me acerca 3 platos diferentes, un vaso inmenso, una taza y seis variedades de cubiertos diferentes. No sé que me inquieta más, si el aspecto y la seriedad de los sirvientes rojos o el número de cubiertos, platos y vasos que tengo que usar.
-No tienes porque aprender a usarlos todos, yo solo tomé un plato y una cuchara—Me dice Darren sentado a mi lado.
El tiene un pequeño plato hondo frente a él, con fresas y algo parecido a la crema que produce el distrito 10. Debo aceptar que se ve delicioso.
-Quiero comer de todo lo que hay –Le digo echándole una mirada al banquete matutino que tengo frente a mí.
-Ni siquiera mi barriga me alcanzaría para un bocado de cada cosa –Me dice riéndose.
Le devuelvo la sonrisa y, al verlo a la cara, me doy cuenta de las manchas oscuras debajo de sus ojos. Él tampoco durmió ayer. La sonrisa se me borra y recuerdo que ambos somos tributos, y que si llega el momento, debo matar a éste muchacho. O él deba matarme a mí. Una punzada me cuza el pecho.
-Come rápido, Noelia –Kaya me saca de mi transe –Ya casi son las 9 en punto.
-Si… ¿Me pasarías esos panes?
-¿Cuáles panes?
-Ésos de ahí. Y los huevos y el tocino, por favor.
-Se llaman Hot Cakes –Me corrige cuando me los da.
-Oh. Nunca los había probado, pero se ven deliciosos.
-Lo están –Darren se mete en la conversación –Y prueba éstas fresas con crema también.
-Lo haré, gracias.
Una fugaz sonrisa, como la de ayer en el desfile, cruza su boca. Puedo jurar que por un momento sus ojos brillaron bajo ésas sábanas oscuras debajo de ellos. Siempre me han encantado los ojos de Darren, porque en un momento pueden ser de un verde tan oscuro como el tronco de un árbol y al otro segundo pueden ser tan brillantes como el pasto nuevo y bañado en rocío.
Tengo que sacudir la cabeza y alejar ésos pensamientos de mi mente porque noto la cara algo caliente. Creo que me he sonrojado. Debo volver a mi plato y comer lo más rápido posible.
Una taza de "Leche con chocolate" me da la energía para despertarme del todo.
En el ascensor, Brush pulsa un botón que no tiene número. Siento raro el estómago cuando el ascensor baja y creo que voy a vomitar cuando las puertas se abren. No por el movimiento de la máquina, si no por lo que mis ojos ven: Al llegar nosotros, más de la mitad de los tributos están ya en la sala. Todos nos observan. Nos exploran por la mirada al salir del cubo de metal y al tomar nuestros lugares entre ellos.
La mayoría son más grandes que yo, pero noto que hay unos cuantos que tienen la mitad de mi tamaño. Dos niños, que por su físico, podría apostar que tienen 12 o 13 años. Creo que son de distritos diferentes, pero siguen siendo niños.
Alcanzo a ver a aquella chica de cabellos de Oro que relucía en el desfile tanto como Darren. Ahora, sin tanto maquillaje en la cara, puedo verla mejor. Si de por sí en las pantallas su sonrisa era cálida, viéndola ahora me provoca abrazarla. Es muy guapa y tiene una expresión demasiado confiable. Eso me aterra un poco por mi situación. Ella podría hacernos creer que es de confianza y de una noche a otra, ¿Quién sabe? Podría hacer una masacre jamás vista en los juegos.
Los profesionales se distinguen rápidamente entre los demás. Son demasiado grandes, tienen cuerpos musculosos y su mirada de homicidas los delata a metros. "Distrito 1 y 2…" pienso. Me explicaron bien que tuviera cuidado con ellos y no lo dicen en broma.
Las puertas del ascensor se abren de nuevo y de ella salen otras dos personas: una chica de cabellos cortos, de un color cobre casi anaranjado y un chico alto con cabello rizado y oscuro. Ambos tienen un bronceado característico. "Distrito 4. Ellos también son profesionales." pienso. Un escalofrío me recorre la espina dorsal cuando la chica me dirige la mirada. Sólo es por un segundo, pero eso bastó para intimidarme.
Con todos los tributos en sus lugares, Los vigilantes (Sentados en una sección por dónde pueden vernos a todos) mandan a una mujer a darnos las instrucciones principales. Nos dice que podremos aprender desde cómo hacer trampas y camuflaje hasta a saber cómo cortar a una persona en dos con una espada, atravesarlos con una lanza, destrozarles la cabeza con un mazo de picos o acertarle al corazón con una flecha. Hay ejercicios físicos obligatorios por las primeras horas y luego podremos pasar a las casillas de nuestra preferencia para practicar con las armas.
Me siento más nerviosa de lo normal. Ahora me doy cuenta que tengo que cumplir mi misión. Debo hacerme fuerte, saber cómo conseguir mi comida sola, aprender a defenderme, y sobre todo, debo aprender a matar a mis compañeros. A todos mis compañeros. Sin excepción.
Mi mirada se posa en uno de los chiquillos. Está asustado. La piel se me eriza al pensar que podría llegar a mancharme las manos con su sangre. La imagen del pequeño hijo del carnicero muerto me llega a la cabeza. Me da otro escalofrío e intento convencerme de que el pequeño Ty Lauzon está a salvo en éste momento. Está en su casa jugando con su mascota o comiendo la comida que su madre le preparó. Que está vivo.
En ése momento pienso en que el pequeño está vivo por él. Por mi compañero de Distrito. Darren fue el que se presentó voluntario para salvar a alguien, como él dijo. Y lo hizo, intercambió lugares con el niño aún sabiendo que moriría en su lugar.
El estómago se me hace un nudo y la garganta se me seca al pensar en eso. Logro verle la cara por el rabillo del ojo, está tan serio como siempre, tan sereno. ¿Cómo puede estar tan tranquilo? Seguramente va a morir en la arena y tal vez ni siquiera le importe.
"O tal vez quiere hacerte pensar que no le importa…"
Es lo más probable. Que finja desinterés y que nadie lo note y así matarnos a todos. Tiene un cuerpo fuerte y, con un mazo de picos en las manos, puede matarnos y deformarnos tal como a su metal caliente.
Quiero ser fuerte como él… Quiero parecer desinteresada como él… quiero poder deformar metal caliente como él, por lo menos. Y lo haré. Mi cuerpo no es tan pequeño ni tan débil como el de otras personas, sólo necesito ponerlo a trabajar. Y mi mente… es un poco débil, pero eso lo debo arreglar en una semana. No quisiera terminar como una Vencedora de hace unos años, que a pesar de que ganara los juegos, quedó dañada mentalmente y emocionalmente por presenciar la horrible muerte de su compañero de Distrito… ¿Y si también debo presenciar la muerte de mi compañero de distrito?... ¿Seré lo bastante fuerte?... ¿Quedaré como aquella pobre mujer?...
Otro escalofrío.
Debo dejar de pensar en esto. No me permitiré presenciar la muerte de Darren. Si lo asesinaran, me aseguraría de no estar ahí presente. Y si debiera asesinarlo con mis propias manos, tampoco creo posible que pase. Me cortarían en pedazos antes de que atraparan a Darren. Seguramente él sobrevivirá más tiempo que yo en los juegos. De eso no tengo duda.
Al terminar las horas de entrenamiento físico me doy cuenta que no estoy en tan mala condición. De hecho, el mover mi cuerpo de ésas maneras me aumenta de alguna forma la energía. Me hace sentirme con ganas de practicar con un arma.
Pero al comenzar a practicar con las lanzas, noto que soy un asco. No puedo ni siquiera sostenerla en mi brazo por mucho tiempo. No puedo lanzarla al muñeco y atravesarlo cómo lo hacen los chicos del distrito 4. Decido ir a practicar con los arcos, pero tengo tanta puntería como una roca. La flecha ni siquiera llega a tocar la Diana… Rayos.
Al final, me decido por ir a la sección de encender fogatas. Eso es mucho más fácil, es algo laborioso, pero en unos minutos, tengo mi fogata lista. Igual me pasa con las trampas, me doy cuenta que cada una funciona con un mecanismo diferente y las domino todas ese mismo día. Eso de aprender a hacer nudos también me sube un poco la autoestima, me salen bastante bien. Pero aunque haga los mejores nudos del universo, no me servirán para matar a nadie.
Estoy en medio de un complejo nudo y mi mirada se dirige a la casilla donde se entrena con la espada. La chica con cabello dorado del Distrito 6 está ahí. Agita los brazos con un sable en la mano, haciendo que los brazos y la cabeza del muñeco caigan rebanadas al piso. ¡Maldición!
Sabía que ella escondía alguna habilidad secreta, aunque me sorprende que maneje tan bien el sable siendo del Distrito 6. En ese distrito no hay escuelas que te enseñen a matar gente, como en el 1, el 2 o el 4.
Sigo mi observación general y encuentro a mi compañero intentando lanzar un par de hachas hacia las dianas. Balancea una en su mano derecha, su cara está tensa, muy concentrado. Contorsiona su cuerpo, suelta el brazo y el hacha sale disparada casi al centro de la diana. Lo mismo pasa con la segunda… Casi en el centro. Me quedo boquiabierta.
Mintió. Darren tiene habilidades.
Al parecer no soy la única sorprendida. Las caras de los chicos del 2 me lo dicen claro, ellos tampoco esperaban eso. Darren advierte las miradas a su alrededor. Veo que se le tensa la mandíbula y lentamente sale de la sección dirigiéndose al lugar de las trampas. Alzo la vista hacia las personas del capitolio sentadas en las gradas, algunas se dedican unos susurros y sonrisas. Puedo apostar que mi compañero es el tema de conversación.
Luego de un rato, me dirijo a una estructura de metal, alta y con barrotes en posición horizontal. Se usa para que cuelgues tus brazos de dichos barrotes y, suspendido en el aire, llegues al otro lado. Al despegar mis pies del piso siento la fuerza de mis brazos… no creo que pueda llegar hasta el otro lado. Llego a la mitad de la estructura y siento que los hombros me tiemblan y comienzo a creer que fue una mala idea subirme. Vi a la chica del Distrito 8 pasarlo fácilmente hace un rato así que pensé que no sería tanto problema, pero ahora veo que es más difícil de lo que pensé.
Tengo que hacerlo, debo llegar al otro lado. Si la chica menuda del 8 pudo, yo también puedo. Tomo una bocanada de aire y obligo a mis brazos a moverse. Balancearme con mis piernas ayuda a avanzar más rápido y, al final, lo consigo. Siento un cosquilleo en los hombros en los antebrazos. Eso me indica que los he trabajado. Recuerdo la sensación de debilidad de mis brazos al cargar con la lanza… y ahora siento mis brazos un poco más activados. Una idea me cruza la cabeza.
Durante la siguiente hora me dedico a pasar una y otra vez por la estructura de metal. De un lado a otro, de nuevo. Me acostumbro al balanceo y, poco a poco, siento como mis hombros dejan de temblar al bajarme. Se siente bien, siento como si el músculo de mis brazos aumentara, aunque sea un poco. Sigo balanceándome. Sigo cruzando la estructura, y nadie me interrumpe. Nadie me presta atención, todos están en su propia casilla, en sus propios asuntos. A nadie le importa la chica del 10… ¿O sí?
Llego al otro lado de la estructura (que un instructor me dijo que se llama Pasamanos) y noto un par de ojos que me observan a la distancia. Un verde y brillante par de ojos. Me sorprende la mirada de Darren en la distancia, desde la casilla dónde se hacen las trampas. Me doy cuenta que, aunque sus ojos me miran fijamente, sus manos no dejan de moverse, no se detienen en el proceso de la construcción de una trampa. Identifico la trampa. Es una de las más complicadas, que lleva mucha elaboración y precisión, según me dijo el instructor… y él la está fabricando perfectamente, rápidamente y sin ni siquiera mirarla. Me comienza a inquietar.
Llega un momento en el que Darren se percata que lo miro a los ojos. Se tensa, aprieta un poco la barbilla, como hace rato, y baja rápidamente la mirada a su trampa. No era necesario hacerlo, ya que el mecanismo estaba excelentemente terminado desde hace tiempo. Ahora soy yo la que me quedo con la mirada fija en él… Aparte de acertar con la hachas al centro del blanco, puede hacer una complicada trampa en unos minutos y sin ver siquiera cómo lo hace… Siento de nuevo la punzada de curiosidad, la que sentí en aquél momento en que dijo que sólo podía golpear metal caliente. Sabía que escondía algo; Sin embargo, la sensación no se va de mi cuerpo. Sé que estas habilidades no son lo único que Darren oculta. Sé que hay más, no sé lo que sea, pero estoy segura de que hay más cosas que me esconde. Que nos esconde a todos, hasta a Brush y a Kaya.
Cuando regresamos a nuestra planta, lo primero que hago es darme una ducha y pensar en la información que he recabado el día de hoy: Identifiqué a los tributos profesionales (Distrito 1, 2 y 4), contando chicas y chicos, todos son muy buenos y mortales con las armas. El chico del Distrito 5 resultó ser muy bueno con el camuflaje, lo miré haciéndose diseños muy realistas y pienso que eso puede darle una ventaja. La Chica Dorada del Distrito 6 es muy vuela con la espada e inspira sensación de confianza a un 100%... eso es muy peligroso para mí. Los chicos del 7, al igual que Darren, saben lanzar muy bien las hachas, pueden llegar a ser mortales. Uno de los niños, el del Distrito 8, es bueno con los nudos y demostró que al tratarse de correr, es muy rápido. El otro de los pequeños, del 9, o es tan rápido al correr, pero pudo trepar la red vertical y llegar al otro lado en menor tiempo que todos los demás… eso es algo que no debo dejar pasar. Los chicos del 11 me intimidan, son demasiado grandes y sus cuerpos son más que fuertes, eso se nota. El chico del 12 es bueno para golpear cosas con el mazo de picos; Supongo que ha de ser por las minas de carbón de su distrito… Y por último, mi compañero. El chico de ojos de trébol que tiene habilidad en el lanzamiento de hachas y unas tremendas manos para hacer trampas.
Todos ellos son mis contrincantes.
Debo llegar a su nivel en los próximos días y creo que voy por buen camino, aunque sea en los aspectos de la supervivencia. Los brazos ya no me cosquillean y los siento un poco pesados. Debo seguir con ésos ejercicios mañana. Debo reforzar mis brazos. Quiero poder hacer volar una lanza, poder enganchar una flecha, cortar con la espada, pero para eso necesito fuerza en mis brazos.
-Ya está la cena servida –Me dice Doroty a través de la puerta.
-Enseguida voy.
Termino de bañarme y me cambio. Me dejo el cabello suelto porque aún está húmedo y quiero que se seque antes de peinarlo. Al llegar al comedor y ver el banquete me doy cuenta de lo hambrienta que estoy. Todos están en la mesa, excepto Darren… ha de estar duchándose también.
Comienzo a llenarme la barriga con un rollo de verduras cocidas envueltas en pescado horneado. Sabe tan bien como huele. No recordaba el sabor al pescado; De hecho, nunca he comido pescado, en el Distrito 10 no tenemos pescado, aunque tenemos una pequeña playa en el sector B. Lo nuestro es la carne, de cerdo y de res, principalmente.
-Disculpen la tardanza –Dice Darren al llegar a la mesa.
-No te preocupes, muchacho. Come, haz de estar hambriento –Le dice el refrescante Brush.
-No sabes cuánto –Le contesta Darren, pero curiosamente me observa a mí cuando lo dice.
Ésta vez se ha sentado frente a mí, en vez de a mi lado, así que puedo verlo directamente a la cara e igualmente puede observarme a mí. Me percato de que la noche anterior, cuando cenamos, también se había sentado justo frente a mí, igual que la cena en el tren. ¿Eso es algo raro? No lo sé, aunque él me observaba cada vez que comíamos, con miradas rápidas.
Alzo mis ojos a él cuando intento alcanzar un plato de salsa de brócoli y, repite la mirada rápida de hace un momento. Me sirvo la salsa en mi plato, lentamente, y siento como Kaya me pellizca discretamente el brazo. Está sentada a mi lado y, al parecer, ha estado observándonos.
Conecto nuestras miradas y advierto una perversa curiosidad en sus profundos ojos color avellana. En un movimiento rápido, lleva su mano a mi cabello y toma un mechón de él. La cara le cambia drásticamente a una sonrisa fingida y sus dedos comienzan a acariciar mi pelo.
-Oh, cariño. Te vez realmente linda con el cabello suelto –Me dice. Sus ojos relucen burlones.
-¿Eh? –Me sorprende su comentario.
-Debes decirme qué botón de la ducha presionaste para éste shampoo, huele delicioso.
Se acerca a mi rostro, llevando el mechón de cabellos hacia su nariz, pero a la vez, acercándose mucho a mi oreja. Finge aspirar aire, como si en realidad olfateara mi cabello.
-No deberías sonrojarte por esas miraditas tontas… -Dice en un susurro casi inaudible. Juro que si su boca no estuviera tan cerca de mi oído, no la escucharía.
No había notado que me sonrojaba hasta que ella tuvo que decírmelo. Ése comentario inesperado sólo me sirve para que mi cara se coloree aún más… ¡Maldición!
Suelta una risita burlona conforme se aparta de mi rostro. Quiero decirle que no es lo que ella piensa, pero al sentirme la cara caliente, no me creería ninguna palabra. Siento que los otros miembros de la mesa nos observan, y Darren me mira con perfecta atención. Puedo jurar que en éste momento, sus ojos son tan brillantes como la llama de una vela. Me ponen nerviosa.
Tengo que quitar su mirada de mí. Debo hacerlo. Me inquieta.
-El quinto botón a la derecha. Creo que es aroma a vainilla –Respondo la petición anterior de Kaya, al mismo tiempo que bajo la mirada. Soy un asco para disimular, pero al parecer ella lo capta.
-Efectivamente es vainilla, cariño –Me mira un momento más y amplía su sonrisa. –Le comentaré a tu estilista que te queda bien el cabello suelto. Ya sabes, para las entrevistas.
¿Qué? No quiero eso.
-Kaya tiene razón –Dice Doroty desde el otro lado de la mesa. Y Brush comenta que está de acuerdo con mi mentora y mi acompañante. Darren no dice nada, sólo se limita a mirar y comer.
Intento desviar la conversación hacia las experiencias vividas hoy en el Centro de Entrenamiento, y gracias al cielo, se apegan de inmediato al tema. Cambiamos ideas, experiencias y consejos. Aún así, no me atrevo a contar sobre las habilidades secretas de mi ex amigo, pienso que no sería conveniente delatarlo, que podría ganarme un enemigo antes de tiempo.
La cena termina y nuestros mentores nos mandan a la cama. Darren y yo estamos muy cansados, así que seguimos sus órdenes al pié de la letra y sin protestar. Extraño la cama mullida y no creo que me quede mucho tiempo despierta como la noche anterior; De hecho, todo aquel llanto me ayudó a tranquilizarme. Como una válvula de escape a mis preocupaciones acumuladas, tenía que dejarlas salir porque al fin y al cabo, tendré muchísimas otras cosas de las que preocuparme en las siguientes semanas, si no, juro que explotaría.
Camino por el pasillo que conduce a nuestras habitaciones, que se encuentran de nuevo una al lado de la otra. Darren me sigue el paso, pero desde unos metros atrás. Ambos caminamos en silencio.
Por un momento recuerdo sus rápidas miraditas y me pongo nerviosa de nuevo. Siento como la cara se me pusiera caliente otra vez. Malditos pensamientos y maldita Kaya, solo sirvió para ponerme aún más nerviosa. En el segundo en que llegamos al frente de nuestras puertas no sé qué hacer: si entrar directamente en mi habitación o si mirarlo y desearle buenas noches. El maldito pulso se me acelera.
-Hey, Noelia –Susurra Darren.
El estómago se me hace un nudo de la sorpresa y creo que doy un salto.
-¿Sí?
-Suerte con el entrenamiento… -Duda en pronunciar las palabras.
-Oh. Gracias. –Me tomó totalmente por sorpresa -…Te desearía la misma suerte, pero veo que no la necesitas.
Sus ojos se abren como platos. No esperaba tampoco ése comentario.
-¿Hablas por lo de las hachas? Eso fue por pura suerte…
-La suerte no existe, Darren.
-¿Y qué hay de tu habilidad con los nudos?
-No mataré a nadie con un nudo.
-¿Quién lo dice? Podrías colgarlo por el cuello, pero la cuerda necesitaría un buen nudo.
¿Acaso está intentando animarme? Creí que me deseaba buena suerte sólo por cortesía. No contesto por un rato, me vienen a la mente miles de pensamientos.
-… no tengo ninguna oportunidad de ganar. Soy una inútil… -Contesto al fin, en un susurro.
-Si entrenas duro, puedes llegar a dar pelea.
-¡No puedo, Darren!, soy débil. La suerte nunca está de mi parte –Creo que voy a romper a llorar.
-¿Pero no acabas de decirme que la suerte no existe? –Sus ojos resplandecen.
Se le dibuja una media sonrisa en la comisura de sus labios. Ahora soy yo la que tiene los ojos como platos… y la cara como un tomate.
-Es… es diferente –Me obligo a apartar mi mirada de la suya.
Esos ojos color pasto casi pueden gritarme que me han ganado en una batalla. Me he de ver estúpida porque Darren al final suelta una carcajada.
-Si, claro, totalmente diferente –Me sonríe triunfal –Buenas noches, Noelia –Me dice al abrir la puerta de su dormitorio-… y por cierto, Kaya tiene razón. –Dice justo antes de que la puerta se cierre entre él y yo.
Ésta última frase la ha dicho en un susurro que apenas logré oír, como si se estuviera hablando consigo mismo.
Confundida, entro en la habitación, me quito los pantalones y decido dormirme con en ropa interior, la blusa y los calcetines. Me meto bajo los edredones súper mullidos y el cansancio y el sueño me llegan de golpe.
Estoy medio dormida y medio despierta cuando dos frases cruzan mi cerebro: la primera es Kaya diciéndome "Oh, cariño. Te vez realmente linda con el cabello suelto". No le doy mucha atención a aquello y dejo que la inconsciencia siga su trabajo.
Es entonces cuando la segunda frase me asalta la cabeza: "… y por cierto, Kaya tiene razón."
Gracias de todo corazón por seguir la historia!
*Nota: Tal vez tarde un poco en subir el próximo Capítulo.
Por cuestiones escolares y de tiempo.
Que tengas un buen Día, Tarde o Noche ;)
-AV-
