11

Suelto mis brazos, y mis pies caen al suelo haciendo un ruido seco. Doy la media vuelta y comienzo a escalar la escalera que lleva a los barrotes de los pasamanos por milésima vez en la mañana. Antes de colgarme de los barrotes de nuevo, observo las palmas de mis manos. Están rojas, un poco hinchadas y huelen a metal; Sin embargo, ahora ya no me cuesta nada pasar de barrote a barrote, ahora es demasiado sencillo, y mis brazos ya no cosquillean, ni un milímetro.

Doy una mirada rápida a la sala de entrenamiento completa. Todas las personas están cada una en sus asuntos, los profesionales masacrando muñecos, los pequeños trepando, algunos otros fracasando con sus armas y mi compañero de distrito, mirándome, como ya es costumbre. A estas horas de la mañana ya me da igual si me observa con excelente atención o no. Sé que me está estudiando para estar seguro de que no represento ningún problema u obstáculo para él en la arena, así que me relajo; De todos modos, ni siquiera yo considero que llegue a ser una espina en la planta del pié de Darren durante los juegos. Sólo tendría que rebanarme la garganta con una de sus flamantes espadas traídas directamente de un paracaídas de parte de sus patrocinadores.

Mis pies vuelven a caer al suelo, al otro lado de la estructura.

Por un momento, siento un poco más de peso en mis espaldas. Siento como si alguien más (Además de Darren) pusiera sus ojos en mí. Doy otro repaso a la sala y me encuentro a la persona que me tiene de objetivo ocular. La chica del 6.

Me parece muy extraño, que me observe con esos relucientes ojos azules que se carga. Odio eso. Siento como si quisiera salir corriendo hacia ella y pedirle que sea mi mejor amiga, lo que me hace sacudir la cabeza para alejar los pensamientos. Tengo que seguir con mi reforzamiento de brazos estilo Tributo del Distrito 10.

La cena pasa totalmente normal. Lo único diferente es que ahora no llevo el cabello suelto. Ya no quiero llevar el cabello suelto, debido a lo que pasó ayer con Kaya y el comentario inoportuno de Darren. No tuve tiempo de pensar en qué significó todo eso, pero no creo que deba gastar mis energías ahora pensando en un posible cumplido de mi compañero para animarme.

Todos platican de cosas como el entrenamiento, consejos, de lo buena que está la cena y Doroty comienza con sus anécdotas. Nos cuenta que asistió un par de veces a las fiestas privadas del presidente en la flamante, lujosa e importante mansión donde él reside. Nos cuenta muchas cosas más, pero dejo de escucharla a la mitad de la conversación, simplemente me aburre.

Los siguientes tres días son iguales en la sala de entrenamiento. Lo único que he cambiado es mi método de reforzamiento de brazos, ahora uso unas pesas pequeñas, en vez de colgarme una y otra vez de los pasamanos. Cada que me observo en el espejo, veo como van aumentando en músculo, aunque sea un poco, pero se nota. Para el cuarto día, me evalúo a mi misma y considero que Noelia Lovenbrock, tributo del Distrito 10, está lista para tomar un arma.

Decido comenzar por poder lanzar una flecha, que es lo menos pesado, a mi criterio. Trato de sostener la flecha en el arco, antes de jalar la cuerda, pero no es tan fácil. Paso unos minutos intentándolo hasta que lo logro y la flecha sale disparada. Más alejada del centro no pudo clavarse. Creo que además de reforzar mis brazos, también debí de haber tomado tiempo de reforzar mi puntería. No me desanimo tan fácil y sigo lanzando algunas flechas más.

Aún soy un asco en el arco y la flecha.

Paso al plan B y me dirijo a la casilla de las lanzas. El chico del 11, el del 1 y ambos chicos del 4 están delante de mí en la fila para lanzar a los objetivos. Cuando me postro detrás de ellos se me quedan mirando perplejos, el chico del 4 incluso hasta se ríe. No me importa. Arroje como arroje la lanza, estaré satisfecha. Cuando llega mi turno, tengo que aceptar que la vara de metal ahora es mucho más ligera que antes. Eso me da un poco de confianza para intentar atravesar el objetivo. Pongo la pierna izquierda delante de la derecha, me inclino hacia atrás (como me dijo en instructor), levanto la lanza a la altura de mi cabeza y tomo el vuelo necesario. La vara viaja hasta encajarse en la parte baja del muñeco, más o menos a la altura de su abdomen.

No puedo creérmelo. Lo he logrado.

El instructor me da una pequeña felicitación y yo le sonrío. O al menos hasta que me doy cuenta que los tributos anteriores a mi me quieren devorar con la mirada justo en ése instante. Me atemoriza más la chica del 4, porque su expresión es ridículamente tranquila, pero aún así, sus ojos se derriten por poner sus manos alrededor de mi cuello y estrujarlo hasta que muera.

"No te dejes intimidar. Debes seguir lanzando, sólo así podremos dar pelea.", me dice una voz en mi interior, y le hago caso. Vuelvo a la fila e intento fingir que sus miradas no me afectan.

Tardo un poco, pero al final del día, puedo agregar a la lista lanzamiento de lanza como otra técnica dominada. La verdad es que no es bastante difícil, con unas veces que lo repitas, agarras el ritmo, justo como en el pasamanos. Y puedo darme el lujo de separar ésta habilidad en la lista de encender fogatas, hacer trampas o confeccionar nudos, ya que con una lanza, podré matar a alguien y tener más posibilidades de sobrevivir. Me siento tan orgullosa de mí ahora.

Después de la cena, estando arropada en la cama de mi habitación, no puedo dormir. Es curioso porque tengo mucho sueño y estoy muy cansada, pero ha de ser por la emoción de que hoy pude comportarme algo así como una profesional, por lo que no puedo pegar mis párpados. De repente, me doy cuenta que estoy sedienta y me obligo a levantarme de mi cálida cama para buscar un vaso de agua.

Llego a la cocina, donde los sirvientes rojos aún siguen es sus posiciones habituales. ¿Es que acaso éstas personas no duermen? Una de esas personas me saca de mis pensamientos al acercarse a mí. Es un hombre joven, con el cabello teñido de rojo (al parecer) y vestido de rojo, igual que todos los demás. Me hace una seña que significa que si deseo algo y yo le pido un vaso de agua. En segundos (o pareció menos), tengo un vaso gigante con agua cristalina y fresca en la mano. Ahora veo el agua y pienso que es demasiada, que no la terminaré; Sin embargo, sigo sin tener sueño y recorro nuestra planta del piso número 10 mientras tomo sorbos del inmenso vaso.

Al dar vuelta en un cuarto que parece estar sólo, advierto que hay alguien ahí. Un hombre con cabellera negra, que está mirando por una sección de la pared, que sólo está recubierta por un vidrio y deja ver a la inmensa ciudad del Capitolio cobrando vida totalmente durante la noche. Mi consciencia capta que la habitación en la que me encuentro está llena de libros, todas las paredes (a excepción la de vidrio) están llenas de arriba abajo con libros de diferentes tamaños, colores y grosores. En medio del cuarto hay tres sillones muy mullidos y una mesa pequeña con una lámpara. El hombre que mira la ciudad está sentado en uno de los sillones con las piernas cruzadas arriba del cojín, y al parecer, está perdido en sus pensamientos, ya que la lámpara de la mesa está apagada y no nota el sonido que hacen mis pies al entrar en la habitación. Creo saber quién es la persona y, cuándo la rodeo para sentarme en otro de los mullidos sillones, confirmo mi teoría de la identidad de ese chico… Más bien hombre, porque Darren ya tiene 18 años, trabajaba hace tiempo en el Distrito y, me cuesta aceptarlo, pero su cuerpo ya no es el de un chico. O por lo menos, no el del chico que solía conocer.

-Tampoco puedes dormir –Le digo mientras me hundo en el sillón.

Al parecer, lo saco de su transe, porque da un pequeño brinco en su asiento y su expresión es de sorpresa absoluta cuando conecta su mirada con la mía. No responde en un rato, sólo me mira. Me siento algo tonta porque tampoco puedo dejar de mirarlo a los ojos, que ahora son de un verde oscuro y profundo que te atrapa. Darren relaja su expresión, sin dejar de mirarme, esboza lo que se dijera que es la sombra de una sonrisa y aparta los ojos hacia la ciudad de nuevo.

-No. –Me contesta, al fin.

-Deberías probar con leche caliente. Funciona, por lo menos para mí… -Intento seguir con la conversación. El sólo ríe.

-Te sirve sólo a ti. Ya lo intenté ayer y no me funcionó –Me dedica una mirada fugaz de nuevo.

-¿Ayer?

-No he dormido desde que llegué aquí, Noelia.

-¿Qué? ... ¿Por qué?

-Por todo. La ciudad, la comida, las personas, los otros tributos… -Ni siquiera me mira cuándo lo dice.

-Darren, tienes que intentarlo, al menos.

-No quiero. No tiene caso.

-No estarás en tus cinco sentidos en la arena si no duermes.

-No importa. De todos modos, moriré en el baño de sangre.

-¿Qué diablos estás diciendo?

-Que moriré al inicio de los juegos. –Me dice volviendo sus ojos a los míos.

-No. No lo harás.

-¿Por qué estás tan segura?

-¿Preguntas "Por qué"?... debes de estar bromeando. Eres casi un maldito profesional y ya te estás echando la soga al cuello –Creo que alzo un poco la voz. Intento relajarme. –Tú mismo me dijiste la otra noche que si entrenaba duro, podía dar pelea. Y eso hice. Gracias.

Sus ojos de trébol me miran con sorpresa. Creo que le sorprende mi cambio de humor, y debo aceptar que a mí también. Incluso me sorprenden las palabras que acabo de decir. ¿No se supone que es mi enemigo? ¿No sería mejor para mí que se hunda desde ahora? Si dice que está dispuesto a morir en el baño de sangre… ¿No es conveniente eso para mí? Así no tendría que matarlo con mis propias manos, serían las de un tributo profesional las que lo hicieran por mí… entonces, ¿Por qué me aferro en ayudarlo? ¿Será porque me dio ánimos la otra noche? No lo sé. Le estoy dando muchas vueltas al asunto. Siento que el corazón me late muy deprisa, que las manos me sudan y que no puedo pensar claramente ¿Y por qué? Sólo porque el señor Ederman tiene problemas personales... y porque me mira de una manera muy extraña, atenta, intensa, que me absorbe. Y remata la escena con una sincera sonrisa. Este hombre quiere matarme antes de los juegos.

-Eres tan valiente. Tan decidida, como siempre lo has sido –Me susurra a la vez que sonríe.

Sus ojos sufren ésa rara metamorfosis sobre la que pensaba el otro día. Cambian de un verde oscuro y profundo a uno más brillante, pero igual de intenso. No me salen las palabras…

-… Tú deberías ganar los juegos, ¿Sabes? –Continúa. –Y te recibirían como una heroína en el Distrito.

Me quedo congelada. ¿Acaso es cierto lo que escucho? Darren Ederman quiere que gane los juegos, aún sin importarle incluso su propia vida. Una punzada de dolor recorre mi pecho.

-Tú… tú también puedes ganarlos, y lo sabes –Le digo encogiéndome de hombros en mi sofá.

-Pero el problema es que no quiero hacerlo –Me dice demasiado tranquilo. Me deja boquiabierta.

-¿De qué rayos hablas ahora?

- Si yo gano, no tiene caso. –Se le nota frustrado –Por lo menos a ti te recibirían las personas que te aman cuando llegues… Y aunque ganara yo los juegos, nadie me espera en el 10.

-¿Te has vuelto idiota con los años? –Y no me arrepiento de decirlo, está diciendo puras tonterías –Tienes gente que te ama en el 10. ¿Qué acaso tu padre no te importa? –Frunce el seño.

-Yo no lo llamaría un padre. –Aprieta los puños –Pero tú si tienes mucha gente. Tienes a tus padres, a ambos, a tu hermana, a tus amigos y a tu… novio que te recibirán.

-¿Novio? –Estoy casi jadeando.

-El chico Corwin, Es tu novio, ¿No?

Al pronunciar la última palabra, sus ojos se encienden y hace que el corazón casi se me salga saltando del pecho. Se me calienta la cara y el rubor surge instantáneamente. ¿Danniel mi novio? ¿Qué cosas está diciendo? Ha de haber comido algo en descomposición, está alucinando…

"Y si Danniel no es tu novio, ¿Qué es, entonces?"

No lo sé. No me he puesto a pensarlo… El recuerdo de la sensación de sus labios con los míos, de su mandíbula acoplándose a la mía aquel día de la cosecha me toma por sorpresa. Me ataca un escalofrío en la espalda. No sé qué decir. No sé qué contestarle, porque ni siquiera yo sé que es mío Danniel.

-No. No. –Los nervios me hacen negarlo.

-Ya veo –Se susurra a él mismo y relaja los puños. –Pensé que lo era. Es muy buena persona. Cuida bien de su familia y su familia cuida bien de él.

La misma familiar punzada de sospecha de los días anteriores cruza mi cerebro de nuevo.

-Espera… ¿Cómo conoces tanto a Danniel? –Le digo entrecerrando los ojos.

Y lo digo en serio. Jamás los he visto hablar juntos, tampoco dirigirse la mirada siquiera. Ahora Darren se vuelve más sospechoso y un objeto de más interés para mí. O al menos hasta que me diga cómo sabe tanto sobre Danniel. Abre un poco los ojos, como sorprendido y desvía mi mirada cuando me contesta.

-He hablado un par de veces con él.

No me creo ni una palabra de lo que dice.

-Estás mintiendo. –Le digo en tono frío –Estás mintiéndome, Darren.

-No lo hago. Tú eres la que se alteró cuando mencioné al incompetente de Corwin.

-¿Incompetente? –Me está poniendo furiosa -¿Cómo te atreves a llamarlo así?

-También llamarías así a cualquier persona que no pueda cazar ni una rana.

Se calla rápidamente al pronunciar la última palabra. Cómo si dijera algo que no debía decir… Y si que no debió decirlo.

-¿¡Qué!? ¿¡Cazar!?

-Baja la voz, Noelia. Despertarás a todos. –Me dice impasible, tratando de cambiar de tema.

Me le quedo viendo por un minuto, dando vueltas y volviendo a pensar lo que acaba de decir.

La furia me hierve en las venas cuando descubro la conexión de sus palabras con los verdaderos hechos. Mi seño no puede estar más fruncido ahora.

-Tú… ¿llevaste a Danniel a cazar fuera de los límites? –ya para este punto, estoy gritando.

En un movimiento rápido, Darren se levanta, se inclina sobre mí, invade mi espacio personal en mi sofá y con ambas manos me tapa la boca. Me hace un sonido con los labios para que me calle y es cuando entiendo lo que acabo de gritar.

-¿Puedes callarte? Si gritas sólo le traerás problemas –Dice clavando sus ojos en los míos.

No puedo soportarlo.

Tomo sus muñecas, cercanas a mi rostro y las alejo de mi boca en un gesto rudo. Él se sorprende, pero sigue recargado en mi sofá, sobre mí. No se mueve, sólo me mira. Abre un poco la boca para decir algo, pero no dejo ni siquiera que tome el aire para hacerlo. Tomo el cuello de su camiseta entre las dos palmas de mis manos y lo estrujo con furia. Recuerdo que no debo gritar.

-No puedo creerlo. Lo llevaste a cazar. Fuiste tú el que lo sacó de los límites aquel día. ¿Por qué lo hiciste, Darren? ¿Por qué? –Acerco demasiado su rostro al mío. Siento que las lágrimas vienen.

-Noelia, Tranquila. Sólo fuimos a cazar, no te pongas así –Está asustado.

Lleva sus manos a su cuello y toma las mías entre ellas. No las aprieta, no intenta quitármelas, sólo las junta con las mías y se acerca un poco más a mí… Dice que me tranquilice, él no sabe la situación en la que está mi mente, mi memoria y mi cuerpo ahora.

-¿Por qué? –le repito casi con un grito.

-Porque él me lo pidió, Noelia. Él me suplicó que lo llevara fuera de los límites a cazar. –Sus ojos se tornan un poco cariñosos, dulces. –Me negué al principio, pero él insistió en que su familia no tenía nada para comer. Estaba desesperado.

Me inmovilizo unos segundos, procesando la información que Darren acaba de darme ¿Es real? Lo más probable es que lo sea, la familia de Danniel lleva muriendo de hambre por un largo tiempo. Ahora lo comprendo, Danniel se arriesgó a salir del Distrito por orgullo. Por no querer aceptar lo que los otros, como mi familia y yo, le ofrecíamos. Siento que el pecho se me hunde y que un agujero se va formando lentamente en mi estómago. Intento reprimir las lágrimas, pero es imposible a estas alturas. Sentirlas rodar por mis mejillas solo ayudan a que la desesperación y la frustración me consuman por completo. Simplemente estallo.

-Tú. Fue tu culpa, todo tu culpa…Por tu culpa lo apresaron. Por tu culpa lo azotaron. Por tu culpa yo lo defendí y por tu maldita culpa yo estoy aquí –Le escupo susurrándoselo en su cara.

Se le escapa el aliento de la boca y palidece al oír mis palabras combinadas con mi apariencia. Estrujo más el cuello de su camiseta y pienso que tengo que salir de ahí. No puedo soportarlo frente a esos hermosos ojos ahora consumidos por la duda, el horror y el dolor. Saco mis manos de debajo de las suyas y lo empujo bruscamente para que se aleje de mí. Me pongo de pié y salgo corriendo de la sala de libros.

Recorro el pasillo casi corriendo, entro a mi habitación y me clavo en la cama, hundiendo la cara en una almohada para que matice mis sollozos. Pienso en Danniel una y otra vez. Lo imagino hambriento, viendo a su familia morir de hambre, él negándose a la comida que le ofrecíamos, fingiendo estar feliz frente a mí. Lo imagino pidiéndole a Darren que lo lleve fuera del Distrito, lo imagino con la cara de felicidad al cazar algo, siendo descubierto, siendo apresado, siendo azotado. Me hace recordar todo lo que ya pensé que había olvidado del 10. Mis padres, mi hermana y Camelia se entrometen en mis pensamientos sólo para renovarme el dolor y la desesperación que creí que había sacado la primera noche en el Capitolio. Empujo más mi cara en la almohada y dejo que el dolor me consuma, hasta quedarme dormida.


Wow. Yo tampoco me esperaba eso... aunque yo lo haya escrito.
es que fue algo que simplemente salió de mi mente y tenía que hacerlo,
de hecho, es necesario en el transcurso de la historia jeje *Mirada perversa*

De nuevo, Muchísimas gracias de todo corazón por
seguir la historia hasta éste punto. Me haces muy feliz :)

~¡Que tengas un magnífico Día, Tarde o Noche!~

-AV-