Me disculpo de antemano por el inmenso retraso del capítulo.
No pude seguir escribiendo por cuestiones escolares, de exámenes, etc.
No me odien D:
Les dejo el cap 12, para seguir con el Drama.
12
Ahora me siento la peor persona del mundo.
Le he estado dando muchas vueltas a eso toda la mañana y llegué a la conclusión de que soy un asco de persona. No debí haberlo tratado de ésa manera, aunque sea mi enemigo o compañero de Distrito. Ni siquiera comí bien mi desayuno ésta mañana por la culpa que me llenaba el estómago. Darren si comió bien, pero no me miró ni una sola vez en lo que lleva del día y eso me dice que se siente muy mal, porque últimamente mirarme ha sido como su pasatiempo… hasta que le dije todas esas estupideces ayer.
Llorar me ayudó mucho, ya que quedaba algo de dolor en mi interior y algunos recuerdos desagradables del 10. Cuando caí dormida ayer, ya me había quedado vacía; Sin embargo, el vacío no duró mucho y fue llenándose de una culpa que ahora me come por dentro. Se supone que era mi amigo, y a los amigos no se les trata así. Quiero disculparme con él, quiero decirle que lo siento, que no fue su culpa que yo terminara aquí. Fue mi propio instinto de protección lo que me trajo a la lujosa ciudad del Capitolio para ser asesinada por algún otro joven. Quiero decirle muchas cosas, quiero calmarlo, quiero arrancarme este despreciable sentimiento que llevo dentro, pero hay muchas personas alrededor.
Y las hay porque hoy son nuestras sesiones privadas con los Vigilantes y nos tienes a todos reunidos en una sala grande, con sólo sillas para sentarnos, mientras nos van llamando uno a uno por orden de Distrito. Llaman primero al chico y después a la chica.
En éste momento llaman al chico del 6. Él se pone de pié, pasa de largo a la chica dorada de ojos azules, sin mirarla, sin decirle nada y entra en la puerta que lleva a la sala de entrenamiento. Ella tampoco mostró ningún signo de amistad ni compañerismo.
Tengo a Darren justo en frente de mi campo de visión, pero está demasiado alejado para poder hablarle. Los dos chicos del 7 están conversando en un extremo de la sala, la chica del 8 y la del 9 están a mi lado, una a mi izquierda y la otra a mi derecha. La chica dorada del 6 está justo al lado de la puerta, esperando su turno, los pequeños del 8 y el 9 están conversando por lo bajo con risitas y mucho compañerismo (Podría apostar que ésos dos pequeños serán aliados en la arena, los oscuros chicos del 11 están uno al lado del otro pero sin dirigirse palabra alguna, los del 12 están uno en un extremo de la sala y el otro en el otro extremo… y Darren se encuentra encogido de hombros en la esquina más alejada de la sala, completamente solo y sin ninguna expresión en el rostro. Si no lo conociera tan bien, no podría adivinar que está triste.
Miro a mí alrededor una vez más antes de que llamen a la chica del 6. De las bocinas de la sala se oye la voz de una mujer que pronuncia su nombre. Jamás habría adivinado que su verdadero nombre es Astrid, yo sólo la reconocía como la chica dorada. También reconocí el nombre de los tributos del 4. El chico se llama Lowan y la chica que me atemoriza fue nombrada como Camira. Tendré en cuenta los nombres de mis posibles asesinos…
La sala se va vaciando en lapsos de 15 minutos. Ahora ha salido el chiquillo del 9 para quedar sólo los del 10, 11 y 12 dentro de la sala. Es ahora o nunca, tengo que acercarme a él.
Me levanto de la silla y atravieso la sala hasta postrarme enseguida de mi compañero. Noto que se tensa su cuerpo, pero no me dirige ni mirada ni palabras, se queda mirando al suelo. No sé qué decir, no sé qué hacer en ése momento, sólo sé que quiero que sepa que me siento mal por lo de anoche y que sepa que la idiota fui yo.
La única reacción que mi cuerpo da a mis sentimientos es alargar mi mano y tomar la suya. La acerco un poco a mí y la envuelvo con mi otra mano, para después, acariciarla lentamente con el pulgar, sin decir nada. La verdad, no me da miedo tomarle de la mano, lo hacía antes y creo que puedo hacerlo ahora. Me da igual que nos miren los demás, me da igual incluso lo que Darren pueda pensar, esto es lo que mi cuerpo me impulsó a hacer y, no se siente nada mal. De hecho, cada caricia con el pulgar en su mano relaja un poco mi culpa interior, es algo casi medicinal.
La cara de mi compañero es de sorpresa al principio, pero al mirarme unos segundos a los ojos, su expresión se relaja y deja que continúe con mi tarea. En el instante en que sus ojos se conectaron con los míos, fue como si pudiera decirle que lo sentía… y lo más extraordinario, fue que él pudo captar aquél mensaje. Y ahí estamos los dos, mirando nuestras manos juntas y sin decir nada.
Noto algunas miradas, no sé de quiénes sean y no me interesa, de todas maneras, esto no durará mucho y los vigilantes no pueden vernos aquí, así que no me preocupo.
-Noelia Lovenbrock, Distrito 10.
Y ahí está de nuevo la voz de la mujer, que me saca de mi terapia para decirme que es mi turno de salir con los vigilantes. Miro una vez más a Darren antes de ponerme de pie, sin soltarle la mano. El me observa, aprieta un poco mi mano y después la deja ir…
Cruzo la puerta respirando hondo.
Los hombres están, al parecer, en medio de un bocadillo. No logro distinguir el platillo, pero sé que todos están comiendo de él. ¿Qué debo hacer ahora? Éste es el momento en que Kaya me dijo que podía demostrar todo lo que tengo, que debía demostrar todo lo que tengo, para obtener una buena puntuación, y con ella, buenos patrocinadores.
"Tu deberías ganar los juegos, ¿Sabes?"
Cierro los ojos ante aquél recuerdo. Tengo que dar pelea, no he gastado tanta energía para nada. Ya no soy una niña. Soy una chica fuerte. Soy del Distrito 10. Soy alguien a quién esperan en casa.
Soy un tributo.
Me dirijo a la casilla de las fogatas y en minutos tengo una encendida (eso debería contar algunos puntos), después paso al área de nudos y hago unos cuantos, incluido el que se necesita para colgar a una persona por el cuello, de hecho, amarro a un muñeco de prueba con aquél nudo y lo dejo colgando para demostrar que mi nudo aguanta el peso. Luego me dirijo a las trampas e intento hacer la trampa más complicad de todas, la que Darren hacía sin siquiera mirarla… tardo unos minutos, algunos intentos fallidos, pero al final la logro completar y funciona a la perfección. Ahora decido que llega el turno de mostrar mi habilidad reciente con las lanzas. Al dirigirme al campo de tiro, me doy cuenta de que al menos la mitad de los vigilantes me mira. Eso es más que perfecto, debo impresionarlos con mi destreza.
Tomo la lanza a la altura de mi cabeza, pongo un pié delante de otro y tomo el vuelo necesario para luego dejarla volar. Se encaja justo en el estómago del muñeco. No oigo exclamaciones de asombro, pero puedo notar que unos cuantos sonríen y otros cuantos comienzan a susurrarse cosas a los oídos. Me siento grande, más grande de lo que me sentía al llegar al Capitolio. Sigo lanzando unos cuantos tiros más, pero me detengo… Siento que me falta algo, siento que debo de darles más razones a los Vigilantes para apoyarme. Necesito demostrar que puedo hacer más, quiero demostrar que puedo vencer a otros tributos. Quiero demostrarles que puedo matar a otros tributos.
Entonces, veo los plateados y relucientes picos de aquél mortal mazo que cuelga en una pared con las demás armas. Casi siento que puede hablar, y que su frágil voz me llama para que lo tenga en mis manos. Camino con la barbilla en alto hacia la pared y tomo el reluciente mazo de picos. Es muy pesado, pero me doy cuenta que puedo cargarlo, que mi método de reforzamiento de brazos ha funcionado. Lo sopeso en mi palma derecha al momento en el que ubico al muñeco que dejé colgado del cuello hace unos minutos. Camino hacia él y, al llegar a su altura, lo golpeo con el mazo en el vientre.
Es impresionante el filo de cada protuberancia sólida que tiene el arma en mi mano, tanto, que el vientre de tela del muñeco ha explotado y la esponja sólida de su interior ha brotado sin control. Se me estremece la mano y la voz del mazo me llama de nuevo, diciéndome que golpee al humano artificial otra vez. Y Lo hago. Y otra vez más, y otra, y otra más.
Me sorprende la resistencia del nudo, ya que el muñeco está casi deshecho del estómago hacia abajo y el nudo sigue sosteniéndolo. Algo crece dentro de mí, algo parecido a la emoción, a la excitación, pero muy cercana al gozo.
Cuando me detengo, mis manos siguen temblando y me descubro a mí misma sonriendo macabramente. Y no soy la única que lo hace, algunos vigilantes comparten mi gozo. Juro que si aquél muñeco hubiera sido una persona real, ya estuvieran transmitiendo todo esto por televisión. Tal vez piensan que así lo harán, y tal vez pueda darles el espectáculo que ellos buscan.
Los miro a los ojos, uno por uno, aún con la sonrisa en mi boca.
-Noelia Lovenbrock, Distrito 10.
Hago una pequeña reverencia y me retiro por una puerta al otro lado de la sala. Al salir, advierto que ni siquiera me he tomado el tiempo de dejar el mazo en su lugar. Aún está en mi mano y, viéndolo más de cerca, aún tiene esponja entre sus afilados picos. Observo mejor la esponja, más de cerca, y mi subconsciente la transforma lentamente en espesa, roja y brillante sangre. La veo deslizarse lentamente por el mango del mazo hasta tocar la superficie de mi mano, es en ése momento en el que noto que está tibia.
-Oye, niña. Dame eso. –Dice un Agente.
Doy un pequeño salto y, cuando vuelvo mis ojos al mazo de nuevo, la sangre se convierte en esponja otra vez. Un extraño escalofrío me recorre la espalda y le doy el arma al agente.
Me conduce hasta el ascensor y me deja ahí sola después de presionar el botón con el número 10. Siento como salgo disparada hacia arriba y mi estómago se estremece. No sé si es por el extraño movimiento de la caja de acero o porque mi mano está totalmente limpia. No logro deducir el motivo, ya que la compuerta de abre y aparezco en la entrada a mi planta.
Doy un paso dentro y algo me hace detenerme. Oigo las voces de las personas del Capitolio y de nuestros mentores provenientes de la sala de estar y, por un momento, me pongo nerviosa. ¿Qué se supone que les diré? ¿Cómo debo reaccionar ante ellos? Si se supone que Brush es el mentor de Darren, ¿Debo decir lo que pasó delante de él? No lo sé. Tengo que empezar por entrar a la planta.
Camino como un robot, lentamente desde sus espaldas a los sillones de terciopelo azul oscuro en los que se encuentran sentados. Las personas del Capitolio (Doroty y los estilistas) están conversando, chillando y riendo acerca de los vestidos de una fiesta pasada, mientras que los mentores se susurran por lo bajo entre ellos mismos. Todos tienen una copa con alcohol en la mano.
Me acerco un poco más a ellos, Brush es el primero en notarme. Cuando me mira, se gira con Kaya (que está de espaldas a mí) y le indica con un gesto de cabeza que estoy ahí. Ella se gira y, al verme, de inmediato se pone de pie, deja su transparente copa de alcohol en la mesita y se acerca a mí. Toda la corta escena hace que las conversaciones se detengan, todos me miran ahora y creo que voy a gritar o simplemente romperme a llorar… ¿Por qué lloraría? No lo sé. Siento mucha presión en el pecho, justo como lo hacía el primer día en el Capitolio, y llorar me ayudó a quitármela de encima.
Kaya se planta frente a mí, su expresión no es ninguna sonrisa, de hecho, sus cejas están algo fruncidas hacia arriba, la misma expresión que suele tener una persona cuando se encuentra preocupada y triste a la vez.
-¿Estás bien? –Me dice tocándome la mejilla con los dedos.
Desvío mi mirada al suelo y me limito a asentir con la cabeza.
-¿Cómo fue todo?
-Bien. –Contesto secamente.
-Noelia. Dime, ¿Qué sientes? –Le dice buscando mis ojos.
-Hambre. Tengo mucha hambre. –Le digo.
Y no le miento, mi estómago gruñe fuertemente. Ella frunce un poco más el ceño y me toma de la mano dedicándome una triste sonrisa.
-Bien. –Me dice tirando un poco de mí. –Vamos a buscarte algo de comer.
Como muy poco a pesar de tener mucha hambre. Me sorprende la rapidez con la que me he llenado y, ahora que he terminado de masticar y tragar, ya no sé que más hacer. Sólo es cuestión de minutos para que Darren llegue a la planta… ¿Y qué haré cuando lo vea? Siento en mi interior algo parecido a la vergüenza, incluso el hecho de que Kaya esté a mi lado me hace sentir un poco apenada. ¿Por qué habría de sentirme así?, jamás me había sentido así… La imagen de la sangre tocando mi mano se entromete en mis pensamientos, seguida de una breve imagen del pequeño del 8 muerto y ensangrentado.
Otro escalofrío se desliza por mi columna vertebral.
Oigo la puerta principal de la planta abrirse y mi cuerpo se tensa casi al instante. Debe ser Darren, está de regreso ahora. Me da vergüenza verlo. Me da miedo verlo.
-Tengo sueño. –Le susurro a Kaya.
-¿Cómo? –me pregunta, al parecer no me ha escuchado.
-Digo que tengo mucho sueño. Necesito ir a dormir. –Le digo poniéndome de pie. -¿Me acompañas?
Le tiendo la mano débilmente, pero su mente parece estar totalmente conectada a la mía. Capta el mensaje en un segundo y toma de mi mano.
-Claro, querida.
Me encuentro unos minutos después envuelta en las gruesas cobijas de mi mullida cama, con mi cabeza acostada en las piernas de Kaya y ella ha soltado mi cabello y se ha puesto a peinarlo con sus dedos. Se siente tan relajante y tan tranquilo a pesar de que ninguna de las dos habla, hasta que llega un momento en el que Kaya intenta confirmar lo que me sucede.
-Cuando estuviste ahí adentro, ¿Qué sentiste, Noelia? –susurra sin dejar de peinarme.
Me pongo a pensar unos segundos en lo que realmente sentí frente a aquella gente.
-Tenía ganas de… de demostrarles que soy fuerte. Tenía ganas de que vieran en lo que he llegado a convertirme, que puedo ser capaz de jugar su juego, ¿entiendes? –No espero respuesta y sigo hablando. –Cuando ellos comenzaron a sonreír por acertar con las lanzas, me sentí poderosa. Sentí que en realidad podría llegar a asesinar a alguien y, por un momento, quise más…
Kaya dejó de peinarme unos minutos, como si estuviera procesando la información que le daba.
-¿Y fuiste por más? –Se limitó a preguntar.
-Si. Tomé uno de los mazos y destrocé un muñeco. –Me estremezco al recordar.
-¿Y qué sentiste cuando lo destrozabas? –Dijo seria, en un susurro casi inaudible.
Dudé sobre la respuesta de aquella pregunta. Recordé el cómo me sentí realmente cuando golpeaba una y otra vez aquél humano artificial, recordé mi amplia sonrisa cuando me detuve.
-Me sentí capaz de matarlo. –Le dije encogiéndome entre las sábanas. —Y ahora siento vergüenza.
-¿Por qué?
-Porque se sintió muy bien. Demasiado bien…
El silencio llenó aquella habitación por un minuto. Kaya no preguntó más y yo no di más comentarios al respecto. Después de un rato, comenzó de nuevo a peinarme el cabello, ahora más suavemente, era diferente que hace unos momentos, como si deseara consolarme con ese gesto. La presión en el pecho se hizo presente de nuevo, pero pude contenerme de llorar. Recordé que le había dicho que tenía mucho sueño, pero aún así no dormí ni un minuto, creo que no importa ya…
Pasadas como unas dos horas, Brush tocó suavemente en la puerta del cuarto para avisarnos que pronto darían a conocer las puntuaciones por televisión.
-Enseguida vamos. –Dijo Kaya, tranquilamente.
Debía estar hablando sólo por ella, ya que yo no tenía ganas de salir de ahí. Todo ese tiempo en que ella me consoló a su manera fue demasiado relajante, demasiado cálido como para querer regresar a mi fría realidad y enfrentarme a la puntuación de la bestia femenina del Distrito 10. Me quejé con un gruñido y me revolví en las cobijas.
-Tienes que ir, Noelia. –Me dijo seria.
Me subí las cobijas hasta el cuello, como una pequeña al iniciar una rabieta.
-No puedes demostrarles que eres débil. –Me dijo, casi regañándome. -¿O acaso quieres que Darren piense que tienes miedo?
Wow, eso sí que no lo esperaba.
-No, no quiero.
-Entonces vamos. Estoy segura de que tendrás una buena puntuación. –Me dijo quitándome las cobijas de encima.
No me molesté en recoger mi cabello. Sólo fui y me senté de mala gana en el sofá, abrazándome las piernas y apoyando mi barbilla en mis rodillas. Kaya estaba a mi izquierda y Darren se sentaba, tan tranquilo como siempre, a mi derecha.
La pantalla se iluminó con el Sello del Capitolio para luego dar paso al presentador Caesar Flickerman que nos deseaba buenas noches y pasaba directamente a las puntuaciones. Los puntajes eran los siguientes:
El chico del 1: 10.
La chica del 1: 9.
El chico del 2: 11.
La chica del 2: 9.
El chico del 3: 6.
La chica del 3: 5.
El chico del 4: 10.
La chica del 4: 11.
El chico del 5: 7.
La chica del 5: 5.
El chico del 6: 7.
La chica del 6: 10.
El chico del 7: 8.
La chica del 7: 6.
El chiquillo del 8: 6.
La chica del 8: 6.
El chiquillo del 9: 7.
La chica del 9: 5.
Darren, del 10: 9.
Al ver aquél número 9 al lado de su fotografía, se me aceleró un poco el pulso. Doroty, al igual que Brush, soltaron un chillido de alegría, los estilistas le felicitaron, pero él no parecía muy contento.
Escuché mi nombre, el número de mi distrito y cuna puntuación de… 8.
¡No puede ser!
Mi quijada se desacomodó por un momento de su lugar. Los vigilantes me han dado un 8 de puntaje. Otro chillido de alegría por parte de mis extravagantes estilistas. Volteé a mi izquierda y Kaya me miraba con una sonrisa, puso su mano en mi hombro y la apretó suavemente.
-Te lo dije. –Acentuó un poco más su sonrisa.
Me hizo reír junto con ella, pero alcancé a notar que no me felicitó como los demás.
Sentí como me tomaban ligeramente de la mano y pasaban su pulgar por la superficie, al girar la cabeza, Darren miraba la pantalla con una ligera sonrisa. Me miró por el rabillo del ojo y después observó nuestras manos.
-Felicitaciones. –Me susurró.
Al parecer, nadie nos prestaba atención. Todos estaban sumergidos en sus gritos de alegría momentánea por los puntajes que nadie se fijo que estábamos tomados de la mano. Pero yo si noté el rubor subirme a las mejillas.
-Sabía que sacarías una muy buena puntuación. –Le sonreí de vuelta.
Su sonrisa me dejó ver sus blancos dientes a la vez que su mano se separaba de la mía. Yo solo la observé irse, la observé volver a su lugar, volver a lo que era, volver a la realidad.
Algo dentro de mí se hundía un poco, y una pizca de aquella vergüenza que se había apaciguado con Kaya hace unas horas, volvía para picarme las costillas. Supe, en ése instante, que muy dentro de mí ser, no quería que su pulgar dejara de rozar la superficie de mi mano… ¿Por qué pensaba todo esto? ¿Por qué me resultaba tan difícil apartarme de él?...
¿Qué era lo que estaba provocando en mí éste muchacho?
¿Qué es lo que sientes exactamente por él, Noelia?
OMG!
-AV-
