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Me encuentro sólo mirando mi plato que contiene mi comida para el desayuno, con las manos en las piernas, el chocolate caliente completo y el corazón a punto de hacerme estallar el pecho. Ya era hora que el nerviosismo me llegara de esta manera, así que desde cierto punto, no me sorprende que quiera hasta hiperventilar.

-Tienes que comer, ¿Sabes? –Me dice Kaya, con su taza de café y su cigarrillo en los dedos. –Tienes que recordar que una vez que estés allá, no tendrás más comida de la que sepas conseguir.

Miro a mi mentora que, aunque intente negarlo, tiene la razón.

Hoy es el día en el que todos nosotros iremos a la arena. De hecho, justo ahora cada uno va en su aerodeslizador personal con su mentor hacia el incierto lugar desde dónde nos lanzarán para iniciar los juegos. No sé qué tan lejos esté del capitolio la sede de los juegos este año, así que probablemente no me quede mucho tiempo para comer. Mi platillo huele delicioso, pero no siento la necesidad de comerlo.

"Si das pelea, tal vez aún puedas ganar", me dice mi subconsciente.

Me hace recordar el porqué estoy aquí. El porqué me esforcé tanto para poder sacar aquel 8 de puntuación. No siento la necesidad de comer en éste momento, pero sí siento la necesidad de volver a ver mi Distrito de nuevo, a mi familia, a mis amigos, a Danniel. Me inclino rudamente sobre la mesa, tomo la más grande de las cuatro cucharas diferentes que se encuentran ahí y, sin cuidar mis modales, comienzo a llenarme de todo lo que pueda. Huevos, carne, pan, leche, jugo, agua, todo. Kaya sólo sigue con su café y su cigarrillo.

Suelto la cuchara cuando no puedo más. Estoy llena hasta la garganta y no puedo dar un solo bocado. A pesar de que me obligué a comer, toda la comida estaba deliciosa, como siempre. Kaya me dice que ya casi estamos por llegar y me da algunos consejos rápidos antes de que el aerodeslizador se detenga y nos bajen por una escalera electrificada hacia algún lugar bajo la superficie del suelo para los últimos detalles.

Muchos agentes de la paz nos llevan por un laberinto de pasillos totalmente blancos, que sólo ellos conocen y nos meten en una puerta a una pequeña habitación tecnológicamente gris, con un tubo en el centro, en la que una persona del Capitolio, al parecer una mujer que es médico, con una bata blanca nos espera. Más bien me espera a mí. Me pongo algo nerviosa porque viene acompañada de un carrito y dentro de él hay muchos frascos de vidrio y hasta jeringuillas.

No me gustan las jeringuillas. Para nada.

La mujer sutilmente extravagante me pide que me siente en una silla que se encuentra ahí y lo hago. Ella se voltea hacia el carrito y comienza a manipular los frascos, uno por uno, y de ellos extrae líquido con una jeringuilla, que va tornándose de diferentes colores hasta terminar en un color anaranjado cristalino. La mujer se da la vuelta y, sin avisarme, me toma del brazo y me levanta la manga de mi camiseta, acercándome la punta de la jeringuilla. Reacciono casi al instante, me alejo un poco de su mano y del artefacto con todo el miedo que en realidad tengo.

-Dame tu hombro. –Me dice seria la mujer intentando pincharme de nuevo.

Al acercarse otra vez, repito el proceso de evitar la aguja.

-¿para qué sirve eso? –Le digo, intentando no parecer nerviosa.

-Dame tu hombro. –Me repite, ahora un poco enfadada.

-Sólo quiero saber para qué me servirá eso. –Le digo, con un rastro de reto en la voz.

-Evitará que tengas tu periodo durante el tiempo que estés en la arena. –Me contesta secamente la mujer. –No creo que quieras sangrar durante los juegos, ¿No es así?

-No.

-Entonces dame tu hombro.

Miro por un segundo a Kaya y ella me asiente con la cabeza para que acepte el medicamento. Nunca lo había pensado, si mi periodo llegara durante mi estadía en la arena sería un gran problema, además de que no sería presentable para la televisión. En todos los sentidos, me daría una ventaja al quitarme un obstáculo biológico de encima, así que le doy mi hombro a la mujer. Siento el pinchazo, pero no me atrevo a mirar. Nunca me han gustado las inyecciones, y menos ahora que sé que ésta podría ser la última que reciba en mi vida.

La mujer se vuelve al carrito y toma otra jeringuilla aún más grande. Obviamente esta no tiene ningún medicamento dentro.

-Dame tu brazo. –Me dice de nuevo la mujer.

Le doy mi brazo con un esfuerzo sobre humano, no quiero dárselo, pero si no, estoy segura de que me obligarían a hacerlo los agentes que están del otro lado de la puerta. La mujer médico toma mi antebrazo izquierdo e inserta la aguja gruesa en él. Doy un quejido en voz alta, al sentir cómo el rastreador de frío metal entra en mi carne y al sentir cómo sale la aguja de mi brazo después de depositarlo.

La mujer guarda todo dentro del carrito de nuevo y lo arrastra fuera de la habitación junto con ella misma, dejándonos a una mentora si cigarrillos y a una dolorida chica a punto de morir. Kaya me pregunta que si estoy bien y le contesto que sí. Ella abre un panel en la pared que no parecía estar ahí antes y saca de él el atuendo que deberé usar.

-Toma, ponte esto. –Me lo lanza a la cara y lo atrapo.

Es una camiseta sencilla café de franela, unos pantalones negros pero delgados, ropa interior limpia, una chaqueta delgada con un forraje de plástico y unas botas negras rudas. Me fijo atentamente en el forraje de plástico de la chaqueta y pienso en que es muy delgada, eso significa que no hará mucho frío afuera y que el forraje de plástico tiene que servir para aislarnos de la humedad. Hago una nota mental para recordar que no hará mucho frío y que estará húmedo.

Me visto con la ropa y, me sorprende que todo es exactamente de mi talla, incluso las botas que al principio pensé que me quedarían grandes. De hecho, son muy cómodas y su gruesa suela me indica que posiblemente haya terreno con rocas o terreno resbaloso.

Hago otra nota mental.

Me pongo por último la delgada chaqueta y observo a Kaya para que me dé su aprobación.

-Muy bien, cariño. –Me dice mirándome de pies a cabeza.

-No creo estar lista.

-No. Nadie nunca estará listo para esto.

-¿Tu tampoco estabas lista? –Le digo buscando conectar mis ojos a los suyos.

Ella se acerca a mí y me sube el cierre de la chaqueta hasta la altura de la clavícula, sólo mirando la chaqueta y no a mis ojos. Desvía su mirada a mi mano izquierda, dónde aún llevo el brazalete de mi hermana, lo toma en sus manos y pasa su dedo pulgar por encima de él.

-No. –Me dice al fin.

-…Gracias. –Le suelto.

Me mira un poco sorprendida. No quiero que esto tarde más de lo que deba tardar, ya que puede ser demasiado tarde y tal vez nunca pueda decírselo, así que tengo que hacerlo.

-Gracias por todo, Kaya. Tus regaños, tus consejos, lecciones, sarcasmos, críticas… todo.

-No tienes por qué agradecerlo, cariño. –Me dice pasándome una mano por el cabello.

-Tal vez, pero quiero hacerlo. –le sonrío débilmente. –Y si mi familia te reclama algo sobre mi muerte, no tienes por qué responderles. Tú no tendrás la culpa de nada.

-Claro que la tendré. –Me dice cortante. -¿Crees que estoy sólo de adorno aquí?, soy la encargada de que sobrevivas, torpe.

-Oh, sí… Claro.

-Mira, Noelia… -sus ojos se suavizaron y me tendió una liga para el cabello. –Si tú das tu mejor esfuerzo para sobrevivir, yo también daré lo mejor de mí para que lo hagas, ¿Entendido?

Sólo puedo mirarla a los ojos y apretar mi mano en la que me ha puesto la liga. Siento que las lágrimas amenazan con salir y no quiero que lo hagan. Quiero parecer fuerte, aunque sea frente a Kaya.

-De acuerdo. –Le digo y se me rompe la voz.

Ella me limpia la lágrima que logró fugarse de mi mejilla y me sonríe de verdad.

-Un minuto.

Dice una voz en el altavoz que hay dentro de aquella habitación. Esa misma voz que me llamó el día anterior para la sesión privada con los vigilantes. Espero no soñar con ésa voz hoy cuando duerma… si es que podré dormir de ahora en adelante.

-Vamos. –Me dice Kaya. –Agárrate el cabello.

Y me hago una coleta alta tratando de no dejar ningún cabello suelto. Camino hacia el tubo por el que me lanzarán dentro de un minuto y éste se abre instantáneamente. Me giro y me despido con un último abrazo de Kaya. Ella también me aprieta y rápidamente me deja ir. Entro en el tubo y éste se cierra rápidamente.

-Treinta segundos. –Dice la voz.

Mi corazón me comienza a saltar dentro del pecho de nuevo, pero ahora a toda la velocidad con la que es capaz. Empiezo a respirar con dificultad y miro a los ojos a Kaya, buscando algo en ella que me pueda tranquilizar. Ella sólo me asiente con la cabeza en aprobación. Sé dentro de mí que significa un "buena suerte", pero aún así, no me ayuda nada a calmarme.

Aquellos ojos color avellana un poco aguados es lo último que veo antes de que el techo del tubo se abra y la plataforma comience a subir.

.

La luz de un exterior desconocido me encandila los ojos. Lo único de lo que estoy consciente es que ahora respiro por la boca, ya que mis pulmones parece que dejaron de funcionar. Ya ni siquiera siento mi corazón de lo rápido que golpea en mi pecho… mi cuerpo ya se está acostumbrando a eso. Parpadeo varias veces antes de aclararme la vista.

Y ahí estamos.

24 niños y jóvenes en sus respectivas plataformas acomodadas en forma de media luna sobre el campo de la arena. No es tanto un campo, sino un claro. Un claro en forma de un círculo perfecto que es rodeado a su vez por una vegetación exageradamente intensa y muy verde. Veo demasiadas plantas alrededor, de distintos tamaños, formas y colores, todos comprendidos de diferentes tonos de verde y marrón.

En el centro del claro se encuentra la característica y tradicional Cornucopia bañada de oro gigante de todos los años. Y como siempre, a sus cercanías están apilados las maletas y los objetos que nos ayudarán a sobrevivir. En su más alto, se encuentra una pantalla circular, dónde el cronómetro marca 60 segundos, y después 59, 58, 57…

Esta algo lejos de las plataformas, así que solo alcanzo a percibir Maletas plateadas que deben contener alimentos, armas, muchas de ellas y de todos tipos esparcidas escandalosamente cerca de la entrada y muchas mochilas demasiado pequeñas a lo más alejado del cuerno.

La sangre corre calentando mis venas por donde pase e instintivamente tomo una posición para iniciar a correr en cualquier momento.

Debo llegar ahí antes que los demás, buscar un mazo de picos y destrozar a algunos cuerpos. Creo que mis manos están temblando, pero no puedo prestarles mucha atención. Me permito mirar a mí alrededor por unos segundos, ya que noto que el chico del 5 está a mi izquierda y Astrid se encuentra a mi derecha.

10…

Me encuentro con sus ojos azules abiertos como platos, mirándome con una desesperación aún mayor que la mía, como si intentara decirme algo. No creía que la chica Dorada tendría miedo jamás.

9…

Desvío la mirada, contando los metros que tendré que correr para llegar a tiempo a la Cornucopia.

8…

Son aproximadamente treinta metros.

7…

Noto al último tributo en su plataforma. Una melena cobriza se ondea al viento y los ojos de Camira arden por el deseo de sangre.

6…

Recuerdo que no he venido sola, Darren estaba conmigo. ¿Dónde está él ahora?

5…

Rebusco en las caras a mi derecha. No está.

4…

Busco ojos alterados a mi izquierda, pero tampoco logro verlo.

3…

Sólo logro ubicar al pequeño niño del 8 y sus gruesas gotas que resbalan por su frente.

2…

Tengo que ser rápida. Debo llegar antes que los profesionales si es que quiero una oportunidad de acabar con ellos.

1…

Mis ojos vuelven automáticamente al rostro del pequeño del 8. El recuerdo de la sangre tibia imaginaria tocando mi mano me asalta. Me doy cuenta que estoy temblando demasiado. Estoy a punto de echarme a correr, esperando a que el gong suene.

Es ahí cuando escucho el estallido.

Por un momento creo que he muerto. Que he saltado de la plataforma antes de que el tiempo se terminase, que mis piernas volarían en pedazos por el cielo; Sin embargo, estoy agachada en mi plataforma plateada, y creo que mis nervios han estallado al mismo tiempo que el cuerpo de aquella persona. Vino de mi derecha, muchos tributos más a mi derecha. Estamos todos paralizados, unos gritando, otros llorando y, los que se encontraban alrededor del estallido, bañados en sangre fresca.

Creo que se me está revolviendo el estómago y mis ojos no saben a dónde mirar ahora. No sé si el gong ya ha sonado o si hay riesgo aún de que yo también explote si toco el suelo. Alcanzo ver por el rabillo del ojo que algunos tributos ya han abandonado sus lugares y han iniciado la carrera. Estoy aún conmocionada y totalmente aturdida, pero aún así obligo a mis piernas a moverse y correr lo más rápido que puedan.

Sólo corro, aunque ya hay gente que ha llegado a la Cornucopia. Debería correr en sentido contrario pero creo que mi cerebro no responde correctamente. Parpadeo y un agujero se abre en mi pecho cuando noto que me he detenido y, al levantar la vista, la chica rubia del Distrito 1 está tomando posición para lanzar un afilado cuchillo.

Quiero tomar una pequeña bocanada de aire, al menos para morir gritando, pero algo se encaja en el césped muy cerca de mis pies. Caigo al suelo al intentar retroceder instintivamente y dejando que el grito contenido escape de mi garganta. Siento pasar el cuchillo de la chica del 1 por cerca de mi hombro y por un momento creo que me ha cortado. Logro apoyarme en mis codos y veo claramente la flecha color plata que me ha hecho caer.

Wow, dos personas intentando matarme al mismo tiempo, eso sí no lo imaginé.

La chica del 1 es atacada por alguien más en su espalda y tiene que apartar su atención de mí para asesinar al otro individuo. Localizo una pequeña bolsa oscura a unos cinco metros de mí y decido correr por ella, para después darme a la fuga, pero primero debo asegurarme de que la otra persona no me atraviese con otra flecha.

Se me hace un nudo en la garganta al ver al portador del arco, a aquella persona que está equilibradamente postrada en sus rodillas y sosteniendo perfectamente una segunda flecha en su nuevo arco plateado, que obviamente apunta hacia mí.

Darren no parpadea siquiera al soltar la segunda flecha, que por un centímetro casi no logro esquivar. Me pongo de pié y corro desesperadamente por la bolsita. Me aferro a ella con cinco dedos y salgo disparada hacia la densa vegetación. No puedo respirar, no puedo controlar mi cuerpo, no puedo dejar de escuchar el pitido que despiden la parte interna de mis oídos, y menos aún, puedo controlar las lágrimas que corren escandalosamente por mi rostro.

Tropiezo con lo que parece ser un tronco seco y caigo de con toda la cara al piso. Quiero levantarme. Debo levantarme. Pero no lo hago. Me quedo ahí, boca abajo, sufriendo contracciones de nervios y dolor, tanto interno como externo. Estoy ahora desplomada detrás de un denso arbusto verde, así que no creo que nadie alcance a verme en unos segundos. Tomo bocanadas gigantes de aire que parece que solo me asfixian más y, cuando logro estabilizarme un poco, me giro lentamente para enterarme de la situación actual.

Me estremezco al ver a las figuras de la Cornucopia asesinar a otras figuras a sus pies. Muchas levantan sus brazos y otras más caen. Muchas ya están tiradas en la hermosa pastura verde y unas pocas desaparecen a lo lejos en el paisaje. Logro ver a unas cuantas personas que a pesar que están muy cercanas entre sí y portan armas, no se abalanzan a atacarse unas a otras… Con que así comienzan las alianzas de los profesionales…

Cuando las figuras en el suelo dejan de moverse y las que quedan en pie comienzan a aglomerarse en la entrada del cuerno, puedo notar que una de ellas lleva un arco en mano y viste una resplandeciente melena negra. Mis manos estrujan automáticamente el musgo bajo mi cuerpo y noto la sangre ardiente recorriéndome el cuello hasta la cara.

Escucho hojas quebrarse a las cercanías de mi posición, que gracias al cielo me sacan de mis pensamientos y caigo en cuenta que debo salir de ahí. Como soy capaz, tomo la bolsita que está a mi lado, alargo su correa, me la paso por debajo de un brazo y me la enredo en el pecho. Poco a poco, la adrenalina me impulsa a arrastrarme lo más silencioso posible al lado contrario a los sonidos hasta que, cuando no veo personas cerca, me pongo de pie y me echo a correr.

Me detengo cuando me arden las piernas y mi respiración me obliga a sentarme en una resbalosa roca y regular mi respiración. Comienzo a sentir los efectos secundarios de la adrenalina además del horrible calor extremadamente húmedo que abraza cada rincón de este ecosistema. Puedo considerarme empapada por mi propio sudor. Deseo algo de agua, aunque sea un poco, pero no creo que la encuentre cerca, así que me resigno y opto por quitarme la chaqueta, que me está cociendo la piel. Al bajar el cierre a la altura del pecho recuerdo la pequeña bolsa que logré sacar del baño de sangre. La desenredo y la abro para ver lo que contiene.

Una bolsa de plástico de medio metro de largo, una linterna del tamaño de mi mano y aproximadamente diez agujas afiladas… ¿Agujas? ¿Para qué me servirán agujas de cinco centímetros de largo? Abro lo más posible el saco para ver si queda algo más y al fondo, encuentro algo parecido a una pajilla del mismo largo que la bolsa. Tardo un poco en procesar la información y descifrar que en realidad no es una pajilla, sino una clase de cerbatana pequeña, algo así como de bolsillo.

"¡EUREKA!", grito en mi interior. Logré hacerme de un arma, aunque sea pequeña y no sepa usarla. Aún así deberé a aprender si quiero conseguir comida… pero, ¿Qué clase de comida podré cazar aquí? Miro a mí alrededor y confirmo que es un ecosistema que nunca había visto o nunca había oído hablar de él. Todo es demasiado verde, aunque logro ver que algunos de los árboles más grandes son parecidos a los del bosque, pero aun así no es del todo bosque.

Leí una vez en un libro que lo más parecido al ambiente del bosque era…

-Jungla… -Me susurré a mí misma.

Guardé la cerbatana, las agujas y el demás contenido de la bolsa junto con mi chaqueta, me la amarré al pecho de nuevo y seguí andando. Debo encontrar un lugar dónde pueda pasar la noche porque según mis cálculos no tarda en oscurecer. Recuerdo haber visto unas montañas a mi izquierda cuando corría desde la Cornucopia, así que creo que ir en esa dirección tal vez me lleve a un río o a alguna cueva.

Sudorosa, recorro un camino junto a una cuesta empinada, buscando alguna señal de agua, pero todo lo que mis ojos perciben es humedad. Desvío mis ojos al suelo y no veo más que musgo que cubre la tierra, plantas en todos lados. Alcanzo a ver una mancha café a unos dos metros, detrás de un arbusto con flores extravagantes. No sé porqué, pero mi impulso me lleva a asomar la cabeza del otro lado del matorral y encontrarme con el cadáver de la chica del Distrito 12. La laguna de sangre que brotaba hace poco tiempo de su cuello me hace retroceder lo máximo posible junto con un grito de auténtico pánico.

Sólo siento cómo la suela de mi bota resbala en la orilla de la cuesta y cómo mi cuerpo comienza a rodar hacia abajo, golpeando las rocas cubiertas de lama.


Lo prometido es deuda. ¡Es martes y les subo el capítulo
recién salido del horno!

Espero que les complazca y que dejen un Review con su
comentario. Nos vemos el próximo martes con el próximo Capítulo.

*Estimado lector: Deseo que tengas buena mañana, día o noche y...
que la suerte esté siempre, siempre de tu parte. ;)

-AV-