Como siempre, llego disculpándome por tardar tanto.
pero éstos días subiré capítulo puntual, ya que al fin estoy
de vacaciones! ¡YEY!
*Coff-Coff* okno.
Sin más preámbulos les dejo el Capítulo.

Se vale dejar Review.

-AV-


17

No sé porqué el recuerdo absurdo de Camelia tejiendo una bufanda me inunda la cabeza.
La hacía para su hermano, ya que los meses fríos se avecinaban y el único color de estambre que logró encontrar era el de un gris descolorido; Aún así, en sus pequeñas manos pareciera que cobrara vida. Un derecho y un revés, una y otra vez, con las dos inmensas agujas que tenía enredadas junto con el estambre en los dedos. Ella no me miraba, estaba totalmente concentrada en su labor a la vez que yo me saltaba la ida al mercado para quedarme sentada en su umbral admirándola.

-¿De verdad coser una bufanda es tan fantástico como tu rostro lo dice? –Me murmuró Camelia entre risitas, sin voltear a verme.

-Se ve que es muy complicado –Le digo.

-No lo es tanto ya que lo dominas. –Ladeó la cabeza al pasar el hilo por la aguja. –Si quieres puedo enseñarte algún día.

-Sería muy bueno. Así podría hacerme mi propia ropa sin pedírsela a mamá.

-El verano que viene ten por seguro que te daré unas clases de tejer.

-Es una promesa entonces. El verano que viene –Le sonreí.

No siento nada aún con ese recuerdo pasándome por la mente, ahora que se ha convertido en algo triste, lejano y que aquella promesa de las clases de tejer que Camelia me hizo el otoño pasado, jamás se vaya a hacer realidad. Lo único que mis sentidos captan es mi cálido aliento rebotar entre mis brazos, que se recargan en mis piernas dobladas hacia arriba.

Está demasiado oscuro dentro del agujero, pero la una tenue luz de luna alcanza a revelarme algunas sombras de lo que realmente está frente a mí. Las piernas me tiemblan ligeramente en un movimiento automático causado por el cansancio y por tenerlas en una misma posición por horas. No me he movido desde que llegué a tomar esta posición cuando aún había luz afuera. Astrid si apenas y se ha sentado en la entrada, dándonos la espalda para hacer la primera guardia de la noche. No me ha volteado a ver desde entonces, debe seguir enojada conmigo y no la culpo, ya que ni yo misma sé que acabo de hacer hace unas horas, cuando volvía de la cascada.

-¿¡Qué demonios, Noelia!? –La escuché gritar cuando atravesé el musgo de la entrada.

Estaba demasiado sorprendida al verme llegar de esa manera y arrastrando aquella carga. Yo no la miraba, sólo me concentraba en jalar el cuerpo de Darren al interior del agujero. Ella se puso de pié en menos de un segundo y me rodeaba cuando entraba más en el escondite, como si quisiera evitar tocarnos.

Cuando por fin logré arrastrarlo hasta el fondo, lo solté y su inconsciente cuerpo hizo un sonido sordo al dar con el suelo. Igual al sonido que hicieron mis rodillas al ceder por el cansancio a la vez que jadeaba sin parar. Me limpié el sudor con el antebrazo e intenté recuperar el control de mi garganta para comenzar a hablar; Aunque no supiera que debía decir.

Me recargué sobre una de mis piernas y me giré lentamente hacia Astrid, abrí la boca para hablar, pero ella se me adelantó.

-¿Qué significa esto?

Suspiré. Como esperaba, está furiosa.

-Astrid… Yo… -Murmuraba entre jadeos. –Lo lamento…

-¿Lo lamentas?, ¿Eso es todo? –Me dice con sus ojos azules ardiendo. –Después de que te largaste en la mañana, que dejaste el refugio sin vigilancia, que me hiciste pensar que me habías abandonado y más, ¿Es todo lo que vas a decir?

-Fui a buscar algo de comida. –Le digo, apenada. –Pero no teníamos agua, traje algo de agua.

-¡Y también trajiste a un profesional! ¿Qué demonios estas pensando? ¿Quién es éste?

Desvío la mirada de sus ojos. Tiene la lanza apretada en su mano y tengo miedo que si le digo quién es, nos atraviese a ambos con ella; Sin embargo, no puedo decirle una mentira tan grande como ésa a mi aliada, y menos si tiene un arma lista.

-Éste es Darren –Suspiro.

Sus ojos se abren como platos, a la vez que una renovada furia se asoma por su rostro. Estoy Frita.

-No, no, no, no, Noelia. –Me rezongó sacudiendo la cabeza. –Esto es el colmo. ¿No es él el mismo que te ha traicionado?, ¿No me contaste que te había disparado en la Cornucopia?

-Si, pero… -No sé qué decirle, no sé ni siquiera yo lo que hago ahora. – Es sólo que…

Un gemido profundo de parte del saco de carne herido hizo que ambas saltáramos.

-Aléjate de él. –Me dijo tomándome del brazo y jalándome hacia ella. –Lo mataré antes de que despierte. –Gruñó apuntando la lanza hacia Darren.

-¡No! –Grité.

Salté frente a ella y tomé el extremo opuesto al de la lanza, el que tiene el lado cortante.

-¿Qué estás haciendo? ¡Apártate! –Me gruñía.

Yo sólo apreté más fuerte las palmas de las manos en el metal de la lanza, endureciendo la mirada. Estuvimos así unos segundos, peleando una batalla que no requería palabras. Al final, no soporté más y reconsideré la posibilidad de perder a mi aliada.

-Astrid… Por favor. Él era mi amigo. –Dije con apenas un susurro.

Otro gemido de Darren hizo que los ojos de zafiros de Astrid se desviaran hacia él, analizando su verdadera situación, después se pasaron a los míos que rogaban como animal indefenso. Por suerte, el rostro de Astrid se suavizó, aunque su ceño fruncido siguió estando de pie. Suspiró.

-Esto no va a ser una buena decisión, Noelia. Lo sabes. Es un profesional.

-No, ya no lo es. –digo con la garganta seca. –Estoy segura. Sus mismos compañeros lo atacaron en la cascada. Yo solo estaba recogiendo agua y lo vi. Vi como la chica del 4 le disparaba con su ballesta.

-Fueron tres cañonazos los que escuché, ¿Cómo explicas eso?

El pecho se me contrae al recordar la causa de los cañonazos. Uno del chico del 2 que Camira aniquiló sin razón aparente y el otro del chico que fue decapitado por el muto. Tengo que controlar mi respiración de nuevo para comenzar a hablar.

-Pues… uno fue del chico del 2, que fue asesinado por la chica del cuatro; Y el otro fue… -Se me contrajo la garganta. –Creo que era del 12… y a él lo… lo decapitó un muto. –Astrid se estremece al escucharme. –El otro cañonazo no sé de donde vino.

Otro medio minuto de silencio. Se notaba en el rostro de mi aliada que debatía consigo misma para tomar una decisión. Me temía que fuera a echarme de ahí o incluso a matarnos. Yo lo hubiera hecho tal vez si fuera ella en aquella situación.

Jaló de la Lanza para que la soltara y bajó la punta haciéndola tocar con el suelo.

-Conseguiré comida para nosotras, no para él. –Me dijo apuntándolo con la barbilla. —Tú lo cuidarás, yo no.

No contesté, no me dio tiempo de hacerlo. Se dio la media vuelta y se marchó hasta la entrada, se sentándose cruzando las piernas, poniendo la lanza encima de ellas. No habló más.

Me apresuré a tomar el termo con agua e intentar limpiar la herida de Darren y también su cara y parte de su piel llena de lodo y ramas. Lo hice beber un poco y como pude, recordé una técnica de vendaje que me había enseñado el instructor en el Centro de Entrenamiento. Al terminar, me acabé el agua que quedaba en la botella y me senté recargándome sobre la pared de piedra, juntando las rodillas, poniendo los brazos sobre ellas y obligarme a intentar descansar.

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Tal vez intento concentrarme en los recuerdos buenos de casa para distraerme de lo que en realidad sucede. Mi aliento es cálido aún, pero no puedo dormir aunque lo intente. Miro solamente la larga y dorada cabellera de la chica que sigue enfadada conmigo y noto que no está peinada. No ha estado peinada desde que me encontré con ella hace cuatro días y aún así, su cabello sigue siendo tan lacio y magnífico, resaltando cada vez más por la luz de la luna; En cambio, el mío es un desastre: Café oscuro, sin brillo, no es ni lacio ni tampoco ondulado del todo, tampoco es tan largo como quisiera y es tan rebelde que tengo que aplacarlo con una coleta.

Desvío mi mirada de la hermosa melena de Astrid, ya que si la sigo viendo, tal vez me enoje más, y el estómago me ruge tanto ahora que no quiero ponerle un peso extra como el de la envidia. Mis ojos divagan hasta encontrar un nuevo objetivo, que resultó ser el rostro del chico herido que tengo frente a mí. Sigue tirado donde lo dejé, no se ha despertado y eso me parece bueno. Sé que descansa aunque su respiración esté un poco agitada por el dolor, y creo que la envidia no me dejará en paz incluso aunque lo mire a él. Más que su cabello que igual es de un perfecto tono negro, su sueño es lo que hace que me frustre de alguna forma. El que él pueda dormir, aunque sea de aquella manera y yo no me causa cierta tristeza, A lo mejor el no tuvo que presenciar la muerte de tres personas a lo largo de estos días, pero yo sí. El ha de haber comido tanto y tan bien desde que comenzaron los juegos, debió haber tomado mucha agua, debió haber dormido plácidamente por las noches totalmente seguro de que nadie lo atacaría hasta que llegara su turno en la guardia…

"Pero aún así aquí lo tienes, y está herido…" me dice mi subconsciente.

Recuerdo la lucha en la cascada y todos los pensamientos comienzan a no cuadrarme bien. Si era su aliado, ¿Por qué luchaba con el chico del 2?, Tal vez debió de haber causado algún problema o simplemente los otros monstruos decidieron matarlo así como así, aunque no creo que eso les haya convenido, ya que Darren es muy fuerte y sabe pelear… Pero si sucedió que se les antojó matarlo, ¿Por qué Camira mató al chico del 2?, En la mirada del chico del 2 se reveló que ni él mismo sabía los motivos de Camira. Entonces, ¿Estaba aliada con Darren? No, no pudo ser eso, porque vi como ella misma le disparó la flecha… ¡Arg! Todo es tan confuso.

Debo dejar de darle vueltas a ese asunto, aunque no sé si pueda dejar de hacerlo.

"Esto no va a ser una buena decisión, Noelia. Lo sabes.", Me resuena la voz de Astrid en la cabeza.

No había comprendido el significado de esa frase en aquél entonces, pero ahora que lo veo mejor, es diferente. Quizá mi compañera tenga razón; Quizá la decisión de traerlo al agujero fue mala, o se convertirá en algo malo en el futuro... ¿Y si, cuando despierte, intente matarnos? Lo cierto es que intentó matarme antes, en el baño de sangre y se unió a los profesionales. ¿Entonces por qué lo traje? ¿Qué fue lo que me impulsó a arrojarme al agua para sacarlo?... ¿Y s hubiera sido mejor dejarlo que se ahogara para no tener que matarlo? Porque ahora de verdad tendré que matarlo si intenta hacernos algo, después de todo, quedé con Astrid que me haría cargo de él. Que me haría cargo de éste muchacho en todos los sentidos, y eso incluye el tener que matarlo.

Se me estremece el pecho al verlo aspirar y exhalar por la boca. ¿Qué he hecho? Si se supone que me había prometido a mí misma que no lo mataría y que me alejaría de él para no verlo morir…

"Es por eso que lo sacaste del agua… para no verlo morir"

-¡Cállate! –Susurro a la vez que aprieto mi boca más a mis brazos.

Suspiro unos segundos después, sin levantar la cara. He de parecer una loca gritándole a una voz que sólo oigo en mi cabeza y que suena muy parecida a la mía, pero esa idea que ha proporcionado me parece ridícula; Sin embargo, los acontecimientos de todo el día también me han parecido ridículos.

La iluminación de la arena cambia, haciéndonos saber que en el cielo ahora está el Símbolo del Capitolio, para que después comience el himno. Una punzada de curiosidad quiere intentar animarme a que saque la cabeza por el agujero para confirmar si el chico que fue atacado por el muto fue el del 12 y para saber a quién correspondió el cañonazo desconocido, pero mi cuerpo pesa tanto por el hambre y estoy tan frustrada mentalmente que quizá, al ver el rostro del chico, me inunde de nuevo el pánico por saber que su cabeza ya no está unida a su cuerpo. Me limito a apretar más mi cara y a cerrar los ojos; Y dentro de unos minutos, el fastidioso himno del Capitolio me induce en el sueño profundo y sin pesadillas que tanto anhelaba.

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Unos murmullos que me parecen distantes son los que interrumpen mi siesta, unos con más volumen que otros, pero al final parecen provenir de sólo dos voces diferentes. Muevo un poco la cabeza, mientras recobro lentamente la conciencia y al agudizar el oído logro darme cuenta de que los murmullos no son distantes, si no que vienen de justo enfrente de mí.

-… baja la voz, ¿Quieres? La vas a despertar. –Dice una voz.

-Eso dependerá de cómo te comportes desde ahora. –Dice la otra.

-Ya te dije que haré nada, cálmate.

-Más te vale, porque si no…

Alcé la cabeza a la vez que un bostezo cruzaba por mi boca. Parpadeé para enfocar bien la vista y averiguar lo que en realidad sucedía. Las voces dejaron de escucharse en ese momento, hasta que me tallé los ojos con la mano y me encontré a Astrid apuntando con la lanza a Darren, que yacía aún tirado en el suelo, recargándose en uno de sus codos y con la otra mano en el aire, como modo de protección. Ambos me miraban ahora que había despertado.

-¿Qué… está pasando aquí? –Exclamé con voz ronca.

Darren se volvió hacia Astrid con el seño fruncido.

-¿Ves? ¡La has despertado! –Le reclamó.

-¡Cállate! –Dijo a chica acercando el arma a él, dejándolo inmóvil.

-Astrid, ¿Qué haces? –Dije con un graznido, intentando ponerme de pie.

-No pasaba nada. –Se entrometió Darren. –Hasta que tu amiga se volvió loca con su lanza.

-Estaba haciendo la guardia y al girarme me di cuenta que estabas dormida y él estaba ya despierto, queriendo acercarse a ti.

-Sólo quería saber si en realidad dormías. –Se defendía el chico. –Y un segundo después, tenía a una loca gritándome y su arma pegada al pecho.

Lo único que yo podía hacer en ese momento era parpadear e intentar procesar la escena y los argumentos que cada uno me soltaba. Miraba a Darren y segundos después a Astrid, una y otra vez. Logré notar demasiada luz que iluminaba la cueva y al fijar la vista en la entrada, la luz del sol me decía que ya había amanecido desde hace rato. Volví mi vista a Darren y él ya me miraba, con esos ojos color verde brillante que no había visto desde hace días. Siento que mi estómago se estruja dentro de mi barriga. ¡Diablos! Ahora me siento tonta.

-Eh, ¿Cuánto tiempo me dormí? –Pregunté.

Astrid me miró encogiéndose de hombros. Y no tenía caso preguntarle a Darren, el había estado inconsciente incluso antes de llegar aquí. Debí haberme quedado dormida más de un par de horas, desde que metí mi cara en mis brazos, aún así, siento que descansé aunque sea un poco.

Me quedé mirando a mi compañera y luego de unos momentos, relajó la lanza y se apartó unos pasos. Estiré las piernas (que dolieron), para ponerme de rodillas frente al nuevo integrante, sin mirarlo a los ojos; El muchacho intentó sentarse y hablar al mismo tiempo, pero una mueca de dolor lo detuvo. Me puse a su lado y como pude intenté sentarlo para revisar su herida, Astrid no dijo otra palaba y sólo se alejó a la entrada del agujero, asomándose con cuidado para vigilar que no hubiera nadie cerca.

-Cuidado. –Murmuré al sentarlo totalmente.

Darren puso la mano de su brazo bueno sobre la mía, apartándola lentamente.

-No tenías por qué hacer esto. –Me susurró.

Me quedé mirándolo por unos instantes y él evitaba mi mirada. ¿Qué es lo que está haciendo?

-¿De qué estás hablando?

-No sé cómo me encontraste, pero no debiste traerme. –Me dice lentamente con su voz ronca. –Debiste dejarme donde estaba.

-Te lo dije. –Escuché susurrar a Astrid desde el fondo, que después supo que la situación se volvía incómoda y salió de la cueva.

-Estás diciendo tonterías, debes descansar un poco más.

Me volví hacia Darren y quise quitarle la chaqueta que le había puesto por encima la noche anterior, para revisar su vendaje, pero él se apartó haciendo una mueca de dolor y desvió la mirada.

Algo dentro de mí me hizo sentir pesada, pesada y enfadada de un momento a otro. Salté al agua para sacarlo de ahí, lo traje a nuestro escondite, le limpié la herida, evité que muriera y ahora me desprecia sin dar explicación. Fruncí el seño, baje mis manos y bufé por lo bajo.

Sentí como el cuerpo del chico se revolvía un poco, recordé en ese momento que él sabía cómo demostraba mi enojo, porque después de todo fue mi amigo hace años. Supe que comenzó a sentirse mal por su reacción.

-Oye… -Comenzó. –Hey, Noelia. Yo no quería…

Ahora fue él el que alargó su mano para tocar mi hombro y fui yo la que se alejó para rechazarlo. Le volteé la cara por el enojo y me dediqué a ponerme de pié.

-Puedo regresarte al río para que mueras, si eso es lo que quieres. –Le dije en voz unísona.

-Noelia… -Suspiró.

Pero no dejé que comenzara con sus explicaciones, Porque sabía bien como eran, largas y que hacen que te contentes con él al final. Y no estaba contenta, no quería ponerme contenta. Me di la media vuelta y me dirigí a la entrada, justo en el momento en el que Astrid entraba por la misma. Se me quedó mirando por un segundo, pero no conecté mis ojos con los suyos, sólo seguí caminando.

-Iré a buscar comida. –Le dije, seria.

Y salí hacia la cegadora luz de la mañana. Me detuve a unos tres metros de la entrada, de pie, sin moverme, mirando al suelo verde y café, intentando descifrar cómo me sentía en ese instante.

-No dejes que se valla. –Escuché que Darren le dijo a Astrid. –Cuando se enoja hace cosas tontas.

-Oh, vamos, cierra la boca. –le reclamó ella. -¿Eres su padre o qué?

-No quería que se enojara. Es sólo que no quiero que se preocupe demasiado por mí…

Apreté mis puños mirando fijamente mis pies. La conversación siguió dentro de la cueva, pero ya no le presté atención. ¿Qué diablos estaba diciendo? ¿Que no me preocupe demasiado por él?... si ya lo he hecho. Ahora siento que aquella pesadez en mi pecho comienza a transformarse en algo amargo, en algo que sube a mi garganta para pasar a mis mejillas y terminar en mis ojos como lágrimas acumuladas. ¡Mierda, ahora quiero llorar!

¿Por qué me la paso llorando?, No quiero hacerlo. Mi cuerpo es tan débil que lo hace sin mi consentimiento, y eso me frustra. Me frustra no poder contener las lágrimas que salen de mis mejillas. Me frustra no poder conseguir siquiera una estúpida rata para comer sin que sea atacada por algo. Me frustra no tener un cabello tan bonito, no poder dormir tranquilamente cuando quiero. Me frustra el no haber podido ser valiente e intentar salvar a aquellos pequeños, que ahora están muertos. Y me frustra que ahora que he podido salvar a alguien, no sólo me desprecie, si no que me abrume tanto que lo haya hecho.

Tengo lo ojos cerrados, sin poder ver. Sólo puedo sentir las molestas lágrimas que me secan y caen por mi rostro, mientras aquellas dos personas discuten por mi culpa.

Sabía que sería mala decisión traer a Darren al agujero.

Tal vez hubiera sido mejor si no hubiera salido del escondite aquella mañana.

Tal vez hubiera sido mejor si lo hubiera dejado flotando en el agua, para que se ahogara como él quería.

Tal vez hubiera sido mejor si no me hubiera importado tanto.