19
Mis rodillas aterrizan con un golpe seco en el suelo. Una de ellas se da contra una roca algo afilada al caer… Perfecto, ahora duele, aunque no tanto. Duele muy poco, casi imperceptible comparado con el dolor que envuelve a todo mi cuerpo, a todo mi interior, a toda mi cabeza y a mi corazón.
No digo palabra alguna. No quiero hacerlo, sólo quería que Darren me bajara y me dejara en paz, y ahora que lo ha hecho, no sé qué hacer después. No sé siquiera lo que pasa por mi mente en este preciso instante, sólo estoy consciente de que Astrid ha muerto y de que siento la cara sucia, muy sucia por las lágrimas que se han combinado con la mugre y se han secado en ella. También soy consciente de que estoy enojada tanto con Darren y como conmigo misma.
Me siento con las piernas estiradas en el suelo de musgo y plantas pequeñas que se extiende a todo nuestro alrededor. Me quedo mirando una pequeña florecilla que se confunde entre las demás en el suelo verde, pero en realidad no la miro. Mi cabeza se queda pensando en otras cosas… nada, para ser exacta, mi mente está en un desesperante vacío blanco.
Alcanzo a ver las botas negras y gastadas del muchacho acercarse hacia mí, pero no levanto la mirada. No tengo ganas de verlo a los ojos y no espero que lo entienda.
-Dame la bolsa. –Dice.
Despego la vista de la florecilla para posarla en la punta de una de sus botas. Con el rabillo del ojo, puedo ver que extiende la mano hacia mí, para que ponga en ella la bolsa que me pide. Pero no contesto ni me muevo.
-Noelia, Dame la bolsa de plástico. –Me repite, y me percato de que su voz no es dura. Es más bien cansada, agotada por todo lo sucedido y con un toque de tristeza. –Necesitamos agua… y comida. A éste paso, estaremos muertos de hambre.
Las botas de Darren me hartan de lo oscuras y toscas que son y mejor dirijo la mirada de vuelta a la pequeña flor entre la pastura. Sé que me ha dicho que le entregue la bolsa, pero no tengo ni fuerzas ni humor como para mover mis manos ni para sacarla de la mochila de piel que tengo atravesada en el pecho. Pienso en la comida, y entre los espasmos de mi estómago, el hambre se hace resaltar sobre la tristeza y la pena… tiene razón. No he comido durante días y me siento tan débil y cansada que podría no levantarme de aquí jamás; Sin embargo, no me importa mucho justo ahora, es decir, me comería algo si lo tuviera en las manos, pero no tengo nada, y lo más probable es que no pueda conseguirlo yo misma, ya que he perdido la cerbatana cuando me arrastraban hasta aquí.
Mi compañero se mueve y siento que se agacha a mi lado para abrir la mochila de cuero que me cuelga de un costado él sólo, ya que no he reaccionado. Escucho el sonido del plástico al desdoblarse y salir de la mochila, pero sigo atrapada bajo el encanto de aquélla flor. Ahora, al mirarla mejor, noto que no es de un color que resalte mucho, es de un tono verde claro, es sencilla de sus pétalos, sin espinas y muy pequeña, demasiado familiar… una extraña sensación me embriaga al caer en la cuenta de que se trata de un pequeño trébol de cuatro hojas.
Darren suelta un bufido de irritación, que me saca de mi admiración a la pequeña planta, además de que alcanzo a ver por el margen de mi campo de visión que comienza a deshacerse del cabestrillo de su brazo derecho que le había hecho con mi chaqueta. Lo desanuda como puede de su espalda y lo arroja con algo de desesperación al suelo, como si lo detestara. Después relaja los brazos y los deja colgados frente a él, con los dedos de sus manos rozando el suelo. Yo giro la cabeza, y miro sus dedos: Hinchados por el esfuerzo y sucios por el lodo y la humedad del entorno. Después me paso a su rostro y se me arruga el estómago de culpa al ver que las marcas rojizas de los golpes que recibió de mi parte comienzan a volverse oscuras y púrpuras. Debe estar molido, ya que no se defendió de ninguno de mis golpes, sumándole la sed, el hambre, el cansancio y el dolor que probablemente ha de sentir en su hombro derecho por la herida. ¿Cómo piensa que va a conseguir cazar algo en ese estado? Está más maltrecho que yo, y eso que yo ni siquiera tengo fuerzas para moverme de mi lugar.
Levanta un poco el rostro, pero sin mirarme a los ojos, y frunce el ceño mientras suelta otro bufido de irritación.
-¿Y qué?... ¿No vas a decir nada? –masculla, pero no parece poder cargar mucho con el ceño así y se relaja, aunque la tristeza inunde su expresión. –Ya te dije que no soporto que no hables.
-¿Y qué quieres que diga? –contesto al fin, con voz ronca.
Sus ojos vagan por el suelo un momento, sin saber que responder, como si ni siquiera él mismo supiera la respuesta.
-No lo sé. Cualquier cosa es mejor que el silencio. –responde.
-Estoy furiosa. –comento, pero él no responde. Ésas no eran las palabras que esperaba escuchar. –No debiste de haberte entrometido.
-¿Y entonces qué debía hacer? –Dice sin alzar la voz, pero con rabia. - ¿Dejarte para que ésa cosa se fuera contra ti y que murieras junto con Astrid?
-Tal vez podría haberla salvado…
-No. –Me interrumpe. –No podrías. Ella ya estaba muerta.
Tengo las manos pegadas a la tela de mi pantalón, a la altura de mis muslos, y su comentario hace que cierre los dedos en un puño, jalando la tela. ¿Cómo se atreve a mencionar la muerte de Astrid tan despreocupadamente? Me dice que quiere que hable, y cuando lo hago, no hace más que enojarse y echarme las cosas en cara.
-No puedo creer que la persona que me ha salvado la vida es la misma que deseó morir ahí. –prosigue. –Y ahora pretende quedarse sin hacer nada… no creo que Astrid hubiera muerto por esto.
La vista se me ha nublado con lágrimas de nuevo… Me enoja tanto mi incapacidad para reprimirme cuando quiero llorar, además de los comentarios de Darren. Pero lo más extraño, es que lo que acaba de decir no lo ha dicho como un regaño, sino como un recordatorio, como si quisiera que me recuperara, lo que lo hace aún más doloroso. Comienzo a sollozar demasiado fuerte al tratar de reprimirme a expresar la tristeza. Aprieto los ojos para intentar que no salgan más lágrimas, pero es en vano y termino por voltear la cara a otra parte para que Darren no me vea... No quiero que me vea llorar, no quiero que se dé cuenta que soy débil y que me siento mal porque tiene razón en lo que ha dicho. Astrid ha hecho algo que nunca he visto en juegos anteriores: Sacrificarse por alguien.
Entre el llanto, rebusco en mis recuerdos de juegos pasados para darme cuenta que ningún tributo se había dejado atacar para salvar a otro, y mucho menos a un tributo proveniente de un Distrito distinto. Y ella lo ha hecho. Me ha advertido del peligro y ha tomado el valor para enfrentarlo diciéndome que escape. Podría haber dejado que siguiera con mi apresurada carrera hasta encontrarme con la bestia y provocarla para que me atacara, para que ella pudiera haber salido de ahí, ilesa… pero no lo hizo, ella hizo lo contrario.
-Ella… yo sólo quería… quería salvarla… que viviera… -Balbuceo sorbiendo por la nariz de una manera escandalosa. -…Soy un gusano…
Ni siquiera me molesto en llevarme las manos a la cara para alejarme las molestas lágrimas, creo que no tengo la fuerza para hacerlo. Ahora en vez de estar furiosa, me siento como una tonta, una persona inútil… Ahora veo que a todas las personas que conozco les he causado daño o están muertas; Sin embargo algo me recuerda que no todas.
Unos brazos me envuelven y me apretujan fuertemente, dándome su calor. Me hacen dar un saltito de sorpresa al principio, pero al percatarme del olor a tierra y Darren, me dejo llevar. No abro los ojos, pero tampoco me resisto… De todos modos, lo que más desea mi espíritu es que lo consuelen. Estoy agotada, he visto cómo asesinaron a 4 personas, me estoy muriendo de hambre y sed, mis nervios están a punto de explotar, he perdido mi única arma con la que contaba, he pretendido morir por mi propia voluntad y mi aliada ahora está muerta. Creo que es justo que esté en estado de crisis y también creo si alguien me da un abrazo, eso sería como el cielo.
Hundo mi cara en el hueco de su cuello y me doy el lujo de respirar profundamente para olerlo de nuevo. No he dejado de sollozar y eso me ayuda a disimular lo que hago. Darren se acomoda para abrazarme mejor y me envuelve por completo en él, usando también el brazo que se supone que está herido. Me preocupo de repente por si le duele, pero la garganta se me traba al sentir que ha subido una de sus manos para acariciarme el cabello. Es justo en ése momento cuando dejo todo salir.
Lo abrazo de igual manera, estrujando su camiseta en mis manos a la vez que grito ahogadamente para obligar a Astrid a salir de mi interior, para hacer que me abandone ella y todos los sentimientos que su muerte conlleve.
-Ellos quieren quebrarnos, a todos. –me susurra Darren, para calmarme. –Quieren convertirnos en las mismas bestias que usan para asesinarnos. Es por eso que hay que ser fuertes, ahora más que nunca. No perdernos en sus juegos mentales, por si llega el momento de morir, que podamos morir sabiendo quiénes somos en realidad. Que podamos demostrarles que la esencia de una persona es lo último que se destruye.
Mueve la cabeza para juntar sus labios a mi oído y susurrarme algo, para decirlo tan bajo que ningún micrófono oculto a nuestro alrededor pueda captarlo.
-Debemos tener esperanza. –murmura. –Porque la esperanza es la única cosa más fuerte que el miedo.
Asiento lentamente entre sus brazos y, de una manera extraordinaria, mi ser entero se calma. Las lágrimas dejan de brotar y mis sollozos se detienen casi por completo.
-¿Te quedarás conmigo? –pregunto con una voz casi inaudible.
-Claro. –responde. –Somos aliados ahora.
Algo en el pecho se contrae al escucharlo. De hecho, son dos cosas muy diferentes. Una de ellas es algo parecido al alivio, al saber que no estaré sola, que se quedará conmigo y la otra es un miedo terrible porque ahora no podré evitar verlo morir si lo hace.
-Tu brazo… -Digo intentando cambiar de tema, por las cámaras que nos estén grabando. –Te quitaste el cabestrillo.
Él se da cuenta del cambio repentino de conversación y se separa disimuladamente de mí.
-No te preocupes demasiado. Ya casi no me duele, ya ha de estar curado. Aparte que esa cosa infernal era demasiado incómoda, no quiero usarla más. –Dice a la vez que le dirige una mirada matadora a mi chaqueta que hacía de soporte.
Una risita se me escapa y el la capta perfectamente. Sonríe por un segundo para después dedicarse a ponerse de pie y tomar la bolsa de plástico que vino buscando desde un principio.
-Iré por algo de agua. –Me dice.
-Iré contigo.
-No. Mejor usa las energías que te quedan para regresar a la cueva.
-No quiero regresar a la cueva. –rezongo. –Quiero ayudar a conseguir comida. Puedo recolectar cerca mientras tú vas por el agua.
-Ni pienses en comer bayas de alguno de los arbustos de aquí. Me he dado cuenta que todas son venenosas y tal vez los frutos de los árboles también lo sean.
-¿Entonces qué se supone que haremos? Si lo único que nos queda es cazar, no tenemos ningún arma para hacerlo y poner trampas tomaría mucho tiempo.
-No lo sé. Pensaremos en eso cuando tengamos algo de agua en nuestro cerebro. –Me dice haciendo un ademán con la mano. –Ve a la cueva y espérame ahí.
-¿Y qué pasará si…
-No me pasará nada. –me interrumpe al adivinar lo que iba a decir. –Regresaré. Lo prometo.
Me quedo un segundo dudando, pero cuando él me ofrece su mano para ayudar a levantarme, todo lo que ha dicho se vuelve demasiado real. Me creo todas sus palabras, al igual como lo hizo la gente del público cuando hablaba en el escenario la noche de las entrevistas. Hasta llego a pensar que me quedo con ganas de más, al igual que todas ellas en aquél momento.
Al ponerme de pie, siento una tremenda energía renovadora, que es la que me ayudará a regresar al agujero. Darren no se mueve hasta que confirme que me podré mantener parada yo sola y cuando lo confirma, procede a marcharse. Pero un segundo antes, en un momento tan fugaz que incluso las cámaras escondidas no podrán grabarlo, antes de que me suelte la mano le aprieto los dedos para después dejarlo ir.
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Tardo unos minutos en recordar el camino que debo seguir para llegar al agujero, pero después me doy cuenta de que no está lejos de donde nos encontrábamos. Como no llevo arma alguna, me muevo lo más deprisa y sigilosamente que puedo, agudizando todos los sentidos para asegurarme de que nada ni nadie me siga.
En el camino, veo algunos animales pasar y mi estómago quiere intentar saltar fuera de mi cuerpo para devorárselos. Es algo triste, pero no me permito desanimarme más de lo que debo.
Estoy a punto de comenzar a preocuparme de nuevo por Darren, de que lo que debería hacer si no vuelve, si me llegara a traicionar, pero un destello en el cielo me roba toda la atención. Estoy casi frente a la cueva, los árboles altos ya no me rodean y es por eso que puedo verlo, que puedo ver el brillo plateado de un paracaídas en descenso. Abro mucho los ojos y mi pecho se llena de aire y de una emoción casi abrumadora. Quiero correr a él, pero mejor decido esconderme detrás de unas rocas por unos segundos hasta que la caja que cuelga del paracaídas toca el suelo. Voy hacia el regalo con unas ansias increíbles causadas por la desesperación y la curiosidad. Mi mente me dice a gritos que podría ser comida, tal vez algún trozo de carne del 10 o un poco que aquellas deliciosas fresas cubiertas de crema que me hechizaron en el Capitolio. Con sólo imaginarlo se me llena de saliva la boca. Llego al paracaídas y noto que la caja que trae consigo es de forma algo rectangular y podría considerarse como algo grande. Siento que pesa mucho al tomarla entre mis manos y eso me da algo de esperanza; Arranco su envoltura y abro lo más rápido que puedo la tapa.
Mi barriga se expande, dejando un hueco en ella al ver lo que hay dentro. No es comida, ni agua, ni cuerda para montar trampas… Es un arma. Un mango de medio metro unido a una esfera de metal con huecos, de los cuales se asoman unas gruesas y filosas protuberancias de acero inoxidable: Un mazo de picos.
No sé exactamente cómo Kaya se haya decidido a mandarme una de estas cosas en vez de una lanza o un cuchillo. Sólo he usado una vez un mazo como éste y fue en las sesiones privadas con los vigilantes, cuando descuarticé al muñeco de espuma; Aun así, ella no tuvo oportunidad de observarme… pero ahora lo ha enviado.
Y si me ha enviado algo como un arma en vez de una ración de comida, puede significar que dentro de un futuro cercano ella considere que será más importante contar con un arma que con un trozo de carne. Lo que quiere decirme es que pronto tendré que usarla, pero no para cazar (ya que un mazo no es útil al cazar un animal), sino para atacar o para defenderme de algo.
Tomo el plástico del paracaídas y la cubierta del mazo para esconderlos entre dos rocas, no debo dejar ningún rastro de que he estado cerca de aquí, ni de que me han enviado ayuda en un paracaídas. Guardaría el mazo en la mochilita, pero me arriesgaría a que la mochila se hiciera pedazos y a cortarme a mí misma, así que aferro fuertemente la mano en el mango y me apresuro a llegar al agujero.
Siento unas ligeras náuseas en la garganta al poner un pie dentro del escondite. Es como si pudiera ver a Astrid sentada al fondo con sus piernas cruzadas, como cuando hacía guardia, pero eso ya acabó. Me doy unos cuantos golpes con las palmas de las manos en las mejillas.
-Tienes que ser fuerte. –Me suelto. –Ella no ha muerto para que te quiebres. Ellos solo quieren quebrarnos. Tienes que recordar quién eres.
Hago unos ejercicios de respiración por cerca de un minuto y eso me ayuda bastante a calmarme. Mis pensamientos quedan rondando por las palabras "tienes que ser fuerte" y eso me da otra pizca de energías, además de que el ver aquél nuevo mazo que cargo en la mano me hace sentir que puedo llegar a matar a alguien, que en realidad no dudaría en hacerlo cuando el momento llegue.
Me quedo sentada de piernas cruzadas en la entrada, con mi arma a mi lado derecho y con mi ceño fruncido al estar alerta. Han pasado cerca de treinta minutos desde que Darren dijo que volvería, creo que ha de estar por llegar. Un mechón de cabello me pica el ojo, y recuerdo que he de estar hecha un desastre, así que me dedico a remover la liga que sostiene mi cabello y peinarlo como sea que pueda con mis dedos hasta alaciarlo lo más posible. Cuando lo logro, lo vuelvo a recoger en una coleta, pero esta vez la hago más alta, tomando todo el cabello que puedo y ajustándola muy bien. En un movimiento de reflejo, me quito la mochila del pecho y reviso lo que queda dentro de ella para encontrarme con las agujas y espinas sobrantes de la cerbatana (que creo no me servirán de nada ahora), y aquella linterna que jamás he usado desde que la encontré. Rayos, no hay nada realmente útil, pero considero desechar las agujas y que es mejor guardar la linterna por si acaso para después.
"Después de todo, sólo quedamos unos pocos…", pienso.
Unos pocos… no lo había pensado hasta ahora. Es realidad que justo ahora sólo quedamos los escasos finalistas en los juegos. No había llevado la cuenta desde que vi al chico del 12 morir, pero al ponerme a hacer las sumas y las restas de los que recuerdo que no he visto plasmados en el cielo por las noches, llego a la conclusión de que somos menos de Ocho sobrevivientes. Seis, para ser exactos. Darren y yo formamos parte de ellos, también Camira, el chico del 1 y la chica del 2 que deben de estar aliados todavía con ella y creo que la otra persona es el chico del 7, pero no estoy segura.
Mi mano derecha se desliza por instinto para tomar el mazo fuertemente, para no temblar. Estar entre los finalistas no es nada bueno, nunca lo ha sido en todos los juegos que yo he visto. Cuando el número de tributos se reduce a 8 finalistas, la situación en la arena suele cambiar drásticamente, ya sea para asesinarnos a algunos o para hacer que nos enfrentemos con los demás.
Una punzada de dolor me cruza el pecho. Algo dentro de mí me dice que todo el circo de los finalistas ya ha comenzado con la muerte de Astrid. Ella me había dicho algo antes de ser atacada por el muto, algo como "Los Vigilantes no la alejarán hasta que mate a alguien". Eso quiere decir que ella sabía que todo era planeado, que no tendríamos posibilidades de escapar todos, así que decidió que fuera ella la que muriera. Y cuanto más pienso en ello más sentido tiene, ya que cuando Darren me sacó de ahí, el muto no se molestó en seguirnos.
Todo eso me hace enfurecer. Me hace pensar que en realidad toda muerte que se presente dentro de ésta y de las demás arenas no es ni por poco una casualidad, que todo es controlado por aquellas personas que nos han visto entrenar desde que llegamos al Capitolio. La única casualidad es si alguno de nosotros logra sobrevivir a los planes de los Vigilantes, porque ni siquiera la cosecha es obra de la casualidad ni la suerte, yo misma en persona estoy dentro de éste tablero gigante como prueba de la corrupción y el control del gobierno sobre la gente de los Distritos. Y todo esto es por culpa de ese desgraciado que dirige todo el acto desde las sombras, fingiendo ser un buen presidente solo frente a su gente de la Capital mientas que con los pobres y marginados de los Distritos que los rodean, es un tirano… Si tan solo hubiera alguien que se rebele contra todo esto, alguien que tenga el poder de hacerlo… Yo lo haría si no estuviera condenada aquí dentro, esperando la hora de mi muerte; Pero, aunque llegara a sobrevivir a estos juegos, no sería capaz de convencer a las demás personas para que se opusieran junto conmigo, no soy buena para eso, nunca lo he sido. Si pudiera haber alguien que hiciera que todas aquellas personas que son obligadas año con año a ver como sus conocidos y otros niños son masacrados por televisión recolectaran el valor suficiente para decir NO al Capitolio a sus abusos… tal vez, sólo tal vez pudiera haber un cambio en nuestras miserables vidas.
Yo no sería buena para eso… pero Darren tal vez pueda. Si, el de seguro podría hacer que por lo menos alguien se vuelva valiente, justo como lo acaba de hacer conmigo. Sus palabras pudieron encantarme y entrar en mi cabeza hasta llenarla, y también logró hacerlo con el público del Capitolio que estaba embelesado con su apariencia apuesta y sus palabras cautivadoras. Quizá si él llega a ser el vencedor, pueda llegar a ser la persona que los Distritos necesitan para encontrar su valor y sus ganas de ser libres… quizá.
Me llevo una mano a la cabeza para masajear mis sienes. Debo tranquilizarme un poco, ya que estoy comenzando a pensar muchas tonterías guiadas por la rabia, la desesperación y el hambre. Aunque puede que no todo aquello sean tonterías, puede que Darren sea la persona indicada para ganar esta maldita partida y volver a casa como la persona que se merece ser. Sé que estoy dándole demasiado crédito pero, sigo pensando que es probable que no duremos mucho tiempo más dentro de ésta tranquilidad estacionaria antes de que el caos sea desatado de nuevo dentro de la sala de control de los Vigilantes, y que debo dejarme en claro de una buena vez por qué persona estaré dispuesta a morir. Lo más lógico sería ser egoísta y pensar en sí mismo, pero ahora que lo pienso, creo que no seré como todos los demás y me aseguraré de enviar a Darren vivo a casa, ya que ese es mi capricho al ser egoísta.
Una sonrisa tonta se me escapa de los labios.
Y un extraño olor a carne en descomposición me hace entrar en estado de alerta, sintiendo de repente que mis nervios se encrespan dentro de mi piel y que unos escalofríos comienzan a danzar en mi espalda. El fétido olor se hace más intenso cada segundo y me obligo a ponerme de pie para intentar localizar la fuente, pero no veo nada. Engancho mi mano al mango del mazo y recorro lentamente la entrada del agujero con la nariz para darme cuenta de que aquél hedor viene desde afuera, desde alguna parte la arena exterior.
Tomo valor y una gran bocanada de aire para asomar la cabeza por la cortina de plantas que cubre el hueco del agujero, pero no veo nada, y comienzo a preocuparme de verdad. Hace unos segundos pensaba en que la tranquilidad sería pasajera desde ahora y no sabía que tendría tanto miedo cuando se esfumara, ya que Darren no ha aparecido y ese olor desagradable no puede significar nada bueno. Salgo de un salto hacia afuera, para asegurarme de que algo no se esté quemando en las cercanías o que algún animal se aproxime; Sin embargo, no veo nada. Todo se ve exactamente como debe estar, sin cambiar, y eso me causa aún más temor. Debato en mi interior unos segundos si debería salir a buscar a mi compañero, por si algo pudiera haberle sucedido, o si tal vez sea a él a quién incineran en alguna fogata hecha por los profesionales… al final, comienzo mi carrera hacia lo profundo de la vegetación. Debo encontrarlo, como sea, ya que si muere, sé con seguridad que no soportaría más y me derrumbaría en pedazos.
Al correr aproximadamente unos diez metros desde el agujero, una sombra se abalanza sobre mí y me toma el brazo casi salvajemente. Yo grito por la sorpresa del momento y me preparo para soltar un buen puñetazo, pero mis ojos alcanzan a reconocer la melena frondosa y oscura de Darren, que ahora me jala con bastante desesperación con una mano hacia el lado contrario de la vegetación y con la otra se cubre la boca y la nariz, como haría alguien para no respirar un gas.
-¡Corre! –Me ordena. -¡No lo respires!
Me tapo la boca y la nariz con la mano con la que iba a golpearlo, justo como lo hace él, y me suelto de su mano para correr a toda prisa a la cueva. Me percato de que algo cuelga de la espalda de Darren, justo bajo su mochila. Es una funda negra, de forma alargada y al principio de ella, se asoma el mango de lo que parece ser una espada o un sable. No había pensado que él también llegara a recibir un paracaídas, pensaba que ya los habría recibido en el tiempo que pasó antes de encontrarse conmigo, pero ha de haber sido plan de ambos mentores enviarnos las armas en el mismo instante. Tal vez pensaron que si nosotros estábamos en una alianza, ellos también podrían llegar a una. Justo antes de llegar a nuestro destino, doy un vistazo a lo que tengo detrás, y ahí es cuando lo veo claramente: Un humo denso, pero casi traslúcido que se expande por todos lados y se dirige hasta nosotros rápidamente.
Entro yo primero al refugio y Darren un segundo después de mí. Corro hasta el punto más profundo del agujero y el me sigue sin vacilar. Doy contra la pared de piedra que marca el límite y los músculos de mis piernas y brazos dejan de responderme por un segundo, cayendo al suelo para hacerme un ovillo y apretar tanto mis piernas a mí, como mi mano a mi nariz, al momento en que el mazo se zafa de mis manos. Podría jurar que el olor es el responsable del intenso dolor de cabeza que siento en éste momento, y que probablemente sea el causante de que haya comenzado a sudar en frío. ¿Es veneno? Lo más seguro es que lo sea, y que su fuerte olor solo sea una de esas herramientas psicológicas usadas para causarnos terror y pánico, que de hecho, está sirviendo conmigo de maravilla. No sé si esté pasando esto por toda la arena, aunque no creo que sea así. No sería prudente envenenar a todos tus finalistas arriesgándote que mueran todos ellos y quedarte sin un vencedor, pero aun así el intentar matarnos a todos tan rápidamente no es algo normal, lo normal sería que te torturaran lentamente para que murieras lo más doloroso posible frente a las cámaras.
Mis pensamientos corren de una idea a otra, pero sin concentrarse en nada concreto. La cabeza me duele demasiado y estoy segura de que esta desorientación ha de deberse al veneno, mismo que alcanzo a ver cómo entra traspasando la cortina de plantas para dejar su estela de muerte detrás de él. Ahogo un grito de pánico y logro alzar la vista para ver que Darren se quita como puede la mochila para abrirla y sacar la bolsa llena de agua de su interior; Después se deshace de su playera y con una destreza impresionante, la moja con algo de agua de la bolsa. Grito de terror al ver como el humo abraza una de sus piernas, y cómo un segundo después, tengo a Darren sobre mí aplastando su playera mojada sobre mi nariz, sobre mi boca, y sus manos en vez de sostenerlas en su rostro, sostienen la prenda en el mío. Abro los ojos como platos e intento quitarme sus manos de la cara… ¿Qué está haciendo? ¿Por qué no se cubre él mismo? Llego a arañarle los brazos para quitármelo de encima, pero se resiste. Da una última mirada hacia sus espaldas y se gira después para clavar sus ojos en los míos.
-Vas a estar bien. –Me dice.
Después, toma una bocanada de aire y el humo nos atrapa.
Aprieto demasiado las manos alrededor de sus muñecas, temiendo que se aleje de mí. Siento como unas lágrimas amenazan con salir disparadas de mis ojos, aquellas que también están convencidas de que después de esto no volveré a verlo vivo. Siento como mi pecho arde y como mi cabeza está a punto de estallar al mismo tiempo, pero me arriesgo y abro un poco los ojos para mirarlo, aunque sea por última vez.
Lo hago, y me doy cuenta que el humo no es tan oscuro como uno espera que sea. Y ahí lo veo, frente a mí, con los ojos presionados fuertemente para no mirar. Y lo observo por unos segundos que pasan más lento de lo normal, para grabarlo en mi memoria, tan lento que hasta parece que el humo se aclara.
Y me sorprendo al confirmar que no estoy soñando, que en realidad el humo sí se disipa, y que lo hace con rapidez, igual con la que llegó.
Ya no me da miedo abrir totalmente los ojos, y como no puedo hablar, intento llamar la atención de mi compañero golpeándole los brazos con las manos. Éste abre sus ojos y cuando su rostro se torna tan asombrado como el mío, lo que queda del humo termina por desaparecer. Miramos alrededor por un segundo y después nos miramos mutuamente. Respiro la humedad sofocadora de la prenda que tengo pegada a la nariz en un suspiro de alivio por saber que Darren aún parpadea y que no está convulsionándose en el suelo. Intento quitarme sus manos y el trapo mojado de la cara, pero él me detiene.
-Espera. Aún no. –Susurra.
Pasa alrededor de un minuto quieto, sin moverse, pero al final me suelta.
Se relaja un poco sobre sus rodillas y se lleva una mano a la cabeza, presionando su frente como yo lo hacía hace unos minutos. "Ha de dolerle mucho. ¿No le habrá pasado algo grave?", pienso. Quiero tocarle la cara y preguntar que si está bien, pero se pone de pie antes de que lo intente siquiera, se da la vuelta y se dirige hacia afuera, ahora con ambas manos en su cabeza.
Un mareo desorientador me ataca por unos segundos, pero logro alcanzar de nuevo el trapo mojado y ponerlo sobre mi frente, lo que ayuda a calmarme. ¿Qué rayos ha sido eso si no era veneno? ¿Qué juego malvado han desatado los Vigilantes ahora?
En ese momento es cuando escucho a Darren gritar desde afuera. Un sonido desgarrador que me llega a los huesos.
Mi cerebro manda la señal para ponerme de pie, pero mis músculos se han vuelto torpes y reaccionan demasiado lento, tan torpes que hacen que caiga sentada de nuevo, sin fuerzas. Hago un segundo intento desesperado para levantarme, pero es cortado de golpe por la figura que entra atropelladamente a la cueva. Y digo figura, ya que no podría llamársele por su nombre al hombre que tengo de frente: espalda encorvada, cada uno de sus músculos tenso, sus manos sacudidas por temblores violentos y unos ojos descontrolados y perdidos, unos ojos de loco.
Mi espalda casi se fusiona con la roca que tengo detrás por tanto que me aprieto contra ella. Es un movimiento instintivo causado por el asombro y el miedo de llegar a ver a mi compañero en aquél estado. Ahora entiendo cómo funciona el humo y cuál es su propósito. Pretendían hacer esto desde el principio, enloquecernos y provocar que nos descuarticemos el uno al otro; Sin embargo, yo no siento deseos de despedazar a nadie (porque el trapo húmedo no me dejó respirar el humo), aunque mi aliado haya sido invadido en cuerpo y mente.
-Los voy… a matar… a todos. –Balbucea Darren al buscar algo en el suelo y yo me quedo helada. –ellos… no merecen vivir…
Sus ojos se posan en algo del suelo igual que los míos: mi mazo. ¡Demonios! Si logra alcanzarlo, quién sabe qué hará con él después. Una corriente eléctrica me recorre la espina dorsal y me impulsa a llegar al mazo primero, pero él es más rápido y cuando me percato de ello, ya lo tiene en sus manos.
-¡Ustedes… -grita, jadeando. Aún no se da cuenta de mi presencia. - …me metieron en esta porquería! –Lanza el primer golpe a la pared de roca a su lado. -¡Nadie me preguntó si quería morir!
Por un momento se detiene, analizando la roca interior de la cueva, como si buscara otra cosa. De la nada, la encuentra y se abalanza contra un punto de la pared a mi izquierda y asesta con el mazo fuertemente. Hubiera querido cerrar los ojos, pero tengo la mala costumbre de no hacerlo, y gracias a eso me fue posible ver el destello de la cámara oculta haciéndose añicos por el golpe. Me quedo atónita, y mi cabeza se frena en la imagen de la lente inútil de aquella cámara colgando de su antiguo lugar. ¿Cómo supo Darren que había una ahí?
-¡Los destrozaré a todos! –grita mientras corre a otro punto de la cueva, golpeando otra cámara con todas sus fuerzas. -¡Arruinaron mi vida… y yo acabaré con las suyas! ¡Malditos cerdos!
Y así deshabilita otras dos cámaras más, al golpearlas y al descubrir su escondite, causándome más sorpresa cada vez. Toda esta escena me parece tan irreal por un momento, pero mi instinto de supervivencia me pide a gritos que salga de aquí, y no pienso ignorarlo. Me pongo de pie e intento huir a la entrada que me llevará afuera donde pueda esconderme del maniaco Darren, pero antes de cruzarla, la correa de mi bolsa de cuero se enreda en uno de mis pies y me manda al suelo con un escandaloso sonido.
Al mirar atrás, me doy cuenta de que ahora tengo los desorbitados ojos de Darren encima y se dedica a abalanzarse sobre mí con el mazo en alto. Dejo de respirar, pero aun así me muevo para asestarle una patada en la muñeca, haciendo que el mazo abandone su mano; Pero no soy tan rápida como él y alcanza a agarrar mi tobillo para jalarme hacia él.
Grito e intento zafarme, pero también es más fuerte y logra sujetarme con las rodillas al suelo. Comienzo a retorcerme como una loca al ver que extiende su brazo y su mano toma la funda del arma que llevaba en la espalda. Estoy a punto de dejar uno de mis brazos libres, pero me agarra de la coleta y la jala hasta que mi cabeza da contra el piso. Pierdo la razón por un momento pero al volver a abrir los ojos, La punta del sable que guardaba Darren en la funda está tocando mi garganta y unos ojos demenciales quieren devorarme.
-Tú… -Me escupe en la cara. – ¡Tú mataste a Astrid!
-¡Suéltame! –Chillo.
-Mírame… ¡Mírame! –Me grita volteando mi cabeza para quedar cara a cara. –Prometí que los mataría a todos… a todos. Y tú eres la siguiente.
Me atrevo a enfrentarme a su mirada, aunque sea en mis últimos momentos, para poder saber que no morí como una cobarde.
Miraré a la cara a mi asesino cuando muera.
-¡Entonces hazlo! –Le mascullo con atrevimiento en la cara.
Se aleja con rabia de mi rostro y levanta el sable sobre su cabeza. Nunca pensé que mi muerte llegara a ser tan repentina, ni tampoco que mi mejor amigo llegaría a ser mi asesino, o por lo menos pensé que me mataría estando lúcido… y lo más decepcionante es que no habrá cámaras para grabarlo.
Veo que un espasmo se hace presente en su rostro, como si le dieran un golpe en el estómago. Cierra los ojos con fuerza un segundo y cuando los vuelve a abrir, suelta violentamente el arma, me toma con rudeza la barbilla con toda su mano y presiona finalmente sus labios con los míos.
Se me ahoga un grito en su boca e intento retorcerme de nuevo, pero sus manos se transportan a mis muñecas y las sostienen con fuerza sobre mi cabeza, sin separarse de mí. Siento un ardor en los ojos y momentos después, las lágrimas empiezan a brotar. No sé si lo que acaba de hacer es más doloroso que si me hubiera rebanado la garganta, pero se separa un poco de mi boca y tomo el aire que me faltaba.
-Noelia… -susurra y después me besa de nuevo.
Esa no era la voz de un loco, tenía un rastro del verdadero Darren en ella, como si estuviera luchando para recuperar su conciencia.
Aunque me haya besado de nuevo, esta vez es diferente. No es tan brusco antes, y mueve con cuidado su boca para acoplarse a la mía. Por un segundo creo que el humo si me causó algún efecto, porque mi mandíbula se abre para dejarlo besarme mejor y mis músculos ceden sin mucha dificultad. Él lo capta y prosigue, lo hace.
Me besa.
El hecho de que sus labios estén secos y rugosos causa que mi estómago se estruje, pero no como lo hace cuando tiene hambre, sino de una manera distinta, de una manera que sólo he sentido un par de veces en la vida. Mi parte demente que ha sido afectada por el humo quiere más, pero mi compañero se detiene lentamente, separando con cautela sus labios de los míos. Se quedan ahí, a pocos centímetros de mi boca y mi boca a pocos centímetros de ellos, igual que nuestros alientos, igual que nuestros ojos.
Ahora los suyos ya no son los de un demente, son muy brillantes y su frente se encuentra empapada en sudor. Ha estado luchando contra el veneno, ha estado luchando contra las alucinaciones que le han causado y me ha besado para volver a la realidad.
-Si vas a matarme, hazlo de una vez. –le digo con voz temblorosa.
-Dios mío… -dice. –No sabes cuánto lo lamento. No puedo creer que lo haya intentado.
-Te quiero. –Le suelto, y sus músculos se tensan.
-¿Qué?
-No me había dado cuenta hasta ahora.
Creo que abre la boca para decirme algo, pero no le permito hablar. Me inclino y uno de nuevo nuestros labios para volverlo a besar. No me importa su reacción, me importa muy poco, de todas maneras puedo usar la excusa de que el humo logró atrofiar mi mente cuando esto acabe.
Saco mis muñecas de debajo de sus manos y me permito cumplir otro de mis caprichos egoístas al tocarle el rostro. Pienso en detenerme, y en ese momento siento como su boca me responde devolviéndome el gesto.
Un calor crece dentro de mí y se expande por todo mi pecho.
Y estoy segura de que, en éste momento, él también lo siente.
Vengo dejando el Cap. 19, recién salido del horno y espero que lo hayan disfrutado.
Son las 04:35 am en mi ciudad, así que de una vez les deseo !UN FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!,
ya que subiré capítulo hasta la próxima semana.
¡Ya falta poco para el final!, lo prometo.
un par de capítulos, es lo más seguro jeje.
Que pasen unas excelentes fiestas con su familia y amigos, y muchísimas gracias por
haber llegado a leer hasta aquí... ¡Me haces muy feliz!
¡Recuerda que se vale dejar Review! ;)
-AV-
