20

Siento el frío de la roca contra mi espalda, no me había dado cuenta de que pudiera llegar a haber algo lo suficientemente frío en la arena como para hacerme temblar; Aunque viéndolo bien, en realidad la roca no es tan fría, si no que mi espalda es la que está casi ardiendo. Al igual que mi pecho, que mis manos, y que mi cara… sobre todo mi cara. Es un calor que me envuelve, agregando algo de sudor en mis manos y un poco en mis mejillas. No sé cómo fui capaz de hacer lo que hice, pero la verdad es que no me arrepiento de nada, aunque la vergüenza y el nerviosismo estén acabando conmigo ahora. Este calor no es desagradable, la mayoría de él se siente bien dentro de mí, es un tipo de vergüenza que puedes llegar a disfrutar, que ahora puedo saborearla pero sin mostrar ninguna sonrisa tonta, una sensación que solo yo puedo sentir.

O bueno, por lo menos eso pienso yo.

Tal vez él también lo sienta. Lo más seguro es que lo sienta, pero la diferencia es que yo me he hecho una bola que se pegó a la pared, abrazando las piernas y mirando a algo indefinido en el suelo, mientras que él ha sido más obvio en sus intentos por disimularlo, tanto que ahora ha arrastrado su mochila a su regazo y lleva como tres minutos buscando algo en ella, justo como yo lo hice cuando Astrid me había preguntado sobre nuestra relación. Es un poco gracioso el hecho de que Darren Ederman pueda ponerse nervioso de esa manera, y más gracioso aún es que yo lo haya provocado.

Al llegar a los cinco minutos de su ardua búsqueda dentro del misterioso universo de las inmensidades de la mochila al fin encuentra lo que estaba buscando. Busca más profundo en una de las bolsas exteriores de su cargamento y saca de él una bola de tela plateada mal acomodada, el paracaídas. Se acerca un poco a mí y mi corazón salta por un segundo al darse cuenta que lo hace mientras de dedica miradas furtivas, atentas a todos mis movimientos y reacciones. Desenvuelve el paracaídas justo en medio de nosotros, como si extendiera una manta, devuelve sus manos a la mochila y deja caer el gato desollado sobre la tela brillante. Al escuchar el golpe seco de la carne del animal mis ojos no hacen más que mirarlo fijamente, a su carne roja, a su piel sin pelo, a sus cortes que dejan ver que ya no lleva consigo sus órganos internos, su grasa que se esconde bajo la primera capa de su recubrimiento. Ahora ya no hay miradas furtivas, ahora aquellas gemas me miran observadoras, expectantes a ver mis gestos, mis reacciones y a escuchar lo que tenga que decir.

Pero no tengo que decir nada, mi estómago gruñe tan alto que Darren pudo escucharlo. Lo sé porque no puede contener una sonrisa y aparto la mirada automáticamente por la vergüenza… otro tipo de vergüenza.

-Es por eso que tardaste tanto. –Dije.

-Pensaba cazar cuando volviera al agujero pero ahí estaba, herido de una pata y con una manzana en el hocico, sólo faltaba agregarle las especias. –Contestó Darren. –Iba a mostrártelo pero… no tuvimos tiempo.

Es como si nuestros rubores se hubieran sincronizado hace tiempo y como si nuestras miradas supieran el momento exacto para evitarse por un segundo, para después necesitarse tanto que volvieran a buscarse mutuamente.

-Eres el mejor. –murmuré dejando escapar una sonrisa.

-Ya lo sé. –Dijo mostrando sus piezas dentales. Se giró para tomar su sable y comenzar a cortar el animal en trozos pequeños, ofreciéndome uno. –Toma, Come.

-¿Ten desesperada parezco?

-Ni tu cara ni tu boca me lo dicen, pero tu amigo de ahí me grita que sí. –señaló con la vista el área de mi barriga. –Necesitamos comerlo todo y beber toda el agua. Sin cámaras en la cueva, enloquecerán dentro de poco y nos obligarán a salir, así que debemos aprovechar ahora.

Me acerqué a la comida y tomé el trozo de carne grasosa de su mano despegándome de la roca hasta estar separados solamente por la distancia que ocupaba nuestra "mesa de merienda" entre nosotros. Mis manos temblaban alrededor del pedazo de carne, olía a fresca y una parte de mí quería tragárselo completo, ya que Darren tenía razón, había que comerlo todo y beberlo todo. Fuimos víctimas del humo de la locura hace algunos minutos y de una forma algo extraña logramos salir de él, pero lo más probable es que los demás tributos no y eso significa que están buscando despedazar algo por ahí, también que los vigilantes se hayan puesto nerviosos por destrozar sus cámaras y nos obliguen a salir por el temor de no saber que pasa aquí dentro. Todo puede pasar en cualquier momento, así que hay que nutrirse y prepararse ahora que podemos.

No soporto más las ansias y doy el primer y desesperado mordisco a la carne, que sabe a gloria igual que el segundo y el tercero y todos los demás que llego a zamparme. Creo que mi compañero me observa, pero estoy segura de que no me ve con malos ojos solo por estar hambrienta y comer como una fiera, él también lo hace así que no tiene derecho a reclamar nada. Me pasa la bolsa de plástico con el agua para que beba y al tomarla parece que fuera el momento más divertido de su vida. Le dedico una mirada irritada no muy creíble a la vez que me empino el líquido sintiendo su mágico efecto en mi garganta. Suspiro cuando termino de beber y le paso el agua para que él también beba, y lo hace soltando un sonidito de alivio como el mío. Así devoramos todo el animal, encontrándonos con algún hueso que roemos hasta casi partirlo en dos, bebiendo toda el agua que nos sea posible cuidando no derramar gota alguna, e incluso chupando nuestros dedos al final demostrando que deseamos más ya que todo era delicioso.

Al darme cuenta lo salvajes que parecíamos me ruboricé un poco, tomé mi camiseta y limpié la grasa y la saliva de mis dedos en su parte interior riendo por lo ridículo y divertido que parecía todo. Darren hizo lo mismo pero restregando las manos en sus pantalones. Él también reía.

-Somos unas bestias. –Dijo.

-Es lo que causa el hambre combinada con el humo.

-Sólo el hambre. –Me corrigió. –El humo causa otro tipo de comportamiento. –Me miró con ojos brillantes.

Sus ojos centellantes me hicieron recordar lo imprudente que fui hace algunos minutos, cuando le dije que lo quería y todo aquello. Siento que mis manos empiezan a temblar de nuevo y que el calor de la pena que se goza comienza a difundirse lentamente, haciendo que baje la mirada.

-Sobre eso… lo que dije antes de lo demás…

-¿Qué sucede? ¿Vas a decirme que fue causa del humo? –Dijo con ironía.

-Pues… -Titubeé. -Iba a intentarlo.

-¿Y creías que iba a tragármelo? –Sonrió a medias.

-Déjame al menos decir algo en mi defensa.

-No lo haré. No hay ninguna defensa válida para eso.

-¿Por qué lo dices?

-Porque no hubo posibilidad de que inhalaras ese humo. Yo me encargué de eso.

Abrí la boca para contestar, pero no salieron palabras ni un sonido de reclamo. Cerré la boca rápidamente para no parecer más tonta y aquella media sonrisa que me mostraba se completó de la otra mitad. Sentí algo familiar en aquella media luna con dientes blancos, aquella sensación que me asaltó una noche antes de entrar a mi habitación en el Centro de Entrenamiento, en la planta 10, frente a nuestras puertas, cuando él me sonrió de la misma forma burlona por haberme ganado en una discusión, aquella que se trataba acerca de la veracidad de la suerte.

-Pude haberlo respirado antes de que llegaras. –intenté escabullirme.

-Pero no lo hiciste. Tus ojos eran los mismos. –La sonrisa burlona había desaparecido, y el verde centellante pasó a ser uno más oscuro, más profundo.

Entiendo lo que dice porque hace rato, cuando intentó matarme, sus ojos no eran los suyos eran unos ojos de alguna mutación hecha a partir del cuerpo de mi compañero, así que ahora estoy perdida. No tiene caso seguir negándolo, él dijo lo correcto, no se lo tragará y ni siquiera si fuera yo la que lo oyera tampoco lo creería. Siempre he sido una pésima mentirosa.

-Eres un tonto… Odio que tengas razón. –Comenté en modo serio, sin rastro de diversión.

Como había desviado la vista a nuestra mesa de la merienda vacía en el suelo, pude ver perfectamente como alargó una de sus manos, tomando la tela plateada y jalándola hacia un lado sacándola de su camino. Mis ojos se quedaron pegados a sus manos y vieron cómo se apoyaban en el suelo para hacer el esfuerzo de acercarse más, de acortar la distancia entre nosotros (que de por sí era poca) y cuando alcé la vista ahí lo tenía, justo frente a mí. Estoy acostumbrada a sentarme con las piernas cruzadas en el suelo, lo hago incluso antes de la cosecha, y creo que eso le permitió colocarse justo de frente, alargando ambas de sus piernas a mí alrededor, como si quisiera abrazarme con ellas. Mi pulso se volvía loco con cada segundo que pasaba. No dejaba de mirarme y yo no podía dejar de mirarlo aunque me esforzara por hacerlo. Mi memoria me envió fragmentos de recuerdos de las últimas semanas, desde que me fijó la mirada y me llamó por mi nombre antes de besarme hace varios minutos, y retrocediendo una por una, todas las veces que me había clavado esos hermosos ojos en los míos, pasando por las sesiones de entrenamiento, las comidas en la planta 10, en las puertas de nuestras habitaciones, en el desfile, en el tren, en la cosecha… hasta llegar al momento en el que ambos nos sorprendimos al vernos nuevamente después de cuatro años fuera de la descuidada casa de su familia. Cuando me dio la impresión de que haberlo encontrado aquél día no iba a ser bueno.

Y no sé aún si todo lo que hemos hecho hasta ahora, que si el hecho de que seamos aliados, de que estemos juntos a escasos centímetros y que lo haya besado fuera bueno o fuera malo. O tal vez una combinación de ambas, aunque no sabría decir cuál de ellas en mayor cantidad; Sin embargo, aquí estamos los dos Frente a frente, con una anterior confesión de por medio por parte mía y sin una respuesta suya. Tengo miedo al no estar segura de querer saber cuál sea dicha respuesta, pero debo admitir que una parte mi tiene un poco de esperanza en ella. Y como Darren me lo ha dicho, la esperanza es la única cosa más fuerte que el miedo.

Hace tiempo que no lo observaba tan bien ni tan de cerca, y me doy cuenta de que ahora es muy alto porque su barbilla está a la altura de mis ojos… "¿Qué les harán para que no tengan bello facial?"

Ahora estoy pensando estupideces, además de que siento que mi cerebro se desconecta lentamente y sin remedio del resto de mi cuerpo.

-Y yo odio que quieras retirar tu palabra… -susurró.

Siento como la maldita esperanza se expande.

-Creí que morirías… estaba segura de que habías muerto.

- Yo también. –suspiró.

-Rompiste mi corazón. –digo, y su rostro se mancha con puntos de tristeza. –Te alejaste de mí cuando quería ayudarte, cuando más necesitabas a alguien…

Y es ahí cuando confirmo que mi cerebro se desconecta, cuando me doy cuenta que ahora estoy hablando de cosas que sucedieron hace años y que aún no puedo lidiar bien con ellas. Me siento triste y a la vez aliviada por podérselo decir, que pueda saberlo aunque sea antes de morir.

-Te he dado muchos recuerdos tristes. –Dice. –No sabía lo que sentía en ese momento y eso me cerró a las personas que eran importantes. No sabes cuánto…

-No se te ocurra disculparte. –Lo interrumpo. –Ya no hay tiempo para disculpas. Sólo quería que lo supieras antes de que algo me pasara. –Le sonreí.

-No tardan en echarnos de aquí.

-Entonces hay que apresurarnos.

Levanto mi mano para ponerla en su hombro lentamente arriesgándome a que me rechace como lo hizo cuando lo traje pero, en cuando mis dedos tocaron la abertura de su cuello, él ya se había inclinado para encontrarme. Mis labios parecían haberlo estado esperando, se acoplaron en un instante a ellos y, al sentir una de sus manos en mi espalda, fue cuando dejé de recibir señales de mi conciencia.

Mi mano se abrió, se sujetó a su nuca y al sentir los mechones de su cabello, mis dedos se enredaron en ellos, siendo seguidos por los dedos de mi otra mano. Uno de mis pulgares rozó sin querer la línea de su mandíbula y desató algo en él. Ahora era presa de sus dos manos, que se aferraban fuertemente a mi espalda al mismo tiempo que pretendían atraerme más. Sentía que aquella gota de esperanza ahora ya no se expandía, sino que rebozaba dentro de mí, causando que casi se derramara por mis poros. No pensaba en otra cosa, en ninguna otra más que en sus manos, en su nuca, su cabello, en su mandíbula, en sus labios. Éramos presos uno del otro de nuevo, sin importarnos por un momento los juegos, la arena, los cadáveres, los Vigilantes, los mutos, las cámaras.

Nada.

Casi gruño cuando mi cuerpo me dio la alarma de que faltaba el oxígeno, cuando me dijo que tenía que detenerme por mi propio bien. No quería hacerlo, no quería, pero al final lo hice. Me separé como pude de su boca, pero no me alejé. Él también necesitaba detenerse, su aliento acelerado me lo hizo saber, pero tampoco se separó de mí, sino que movió su cabeza y sentí como su frente bañada en cabellos azabache tocaba la mía.

-Te amo, Noelia. –Dijo con un susurro apenas audible. –Siempre lo he hecho.

Abrí los párpados al escucharlo, levanté la vista y cometí el error de mirarlo a los ojos.

-En la cosecha, cuando escuché que la mujer dijo tu nombre, no pude evitar entrar en pánico. –siguió. –Sabía que debía hacer algo al respecto, y supe lo que tenía que hacer cuando sortearon al niño del carnicero… Así maté a dos pájaros con un solo tiro.

No sabía si en ése momento mi corazón se hinchaba o se resquebrajaba, se sentía de las dos formas. Me esperaba la cosecha de éste año, incluso me esperaba ser sorteada, pero nadie me advirtió qué pasaría después. No me esperaba que Darren viniera conmigo, no esperaba llegar a todo esto… no me esperaba querer salvar una vida que no fuera la mía. Y él tampoco esperaba el querer salvarme antes de ofrecerse voluntario.

Este mundo está lleno de sorpresas. Así como mis ojos están llenos de lágrimas.

En ése momento, un pensamiento surgió de la nada en mi cabeza: "¿Por qué no puede haber más de un vencedor?"... Nunca lo había visto de esa manera, pero ahora la situación era diferente, yo era diferente para estas alturas, todos lo éramos. Llegué a pensar que tal vez si demostramos nuestro esfuerzo y destreza a los Vigilantes… Pero la realidad es que eso nunca sería posible, es demasiado triste y abrumador aunque sea una verdad.

-No te vayas. –Le digo al abrazarlo. –No te vayas…

Hace años yo decía esas mismas palabras, cuando él decía que tenía que volver a casa antes de que su madre se preocupara. Éramos niños y ese era un juego que había entre nosotros, yo le decía que no se fuera y él contestaba…

-No lo haré.

Esa fue la última palabra que escuché, antes del sonido de la primera roca caer.

Sentí como Darren alzaba su cabeza a la vez que una segunda roca hacía estruendo en el suelo. Ambos nos separamos y no necesitamos mirarnos a los ojos para saber que comenzaba, que era la hora que estaba por llegar. Él se puso de pie de un salto y tomó de inmediato su sable mientras buscaba su funda negra por el lugar, yo ubiqué mi mazo a unos 3 metros de mí hacia el fondo del agujero y me arrastré hacia él. Al tomarlo del mango, escuché cómo el techo del refugio comenzaba a ceder, lo aferré con fuerza y salté para correr detrás de Darren hacia la salida. No nos molestamos en sacar la tela de los paracaídas, las mochilas ni la bolsa para el agua, teníamos muy claro que ya no serían de utilidad a partir de ése momento. Al cruzar la cortina de plantas de la entrada, ésta terminó de ser bloqueada con una roca más grande que mi cuerpo, dando por terminado nuestro tiempo de descanso.

-¿Estás bien? –Preguntó Darren y yo asentí.

El ruido del derrumbe siguió y aumentó hasta calarnos en los huesos. La montaña a nuestra derecha comenzó a ser cruzada por una grieta espantosa hasta llegar a su punto más alto que comenzó a caer en pedazos enormes queriendo alcanzarnos. Iniciamos la carrera hacia el lado contrario, pero sin adentrarnos en la oscura maleza. La grieta se desvió y comenzó a seguirnos el paso, alcanzándonos e incluso rebasándonos por la inmensa pared de roca. Yo iba al frente y Darren me seguía de cerca, había amarrado su funda en su espalda junto con su sable en ella, para correr mejor. Siento que hubiera sido más rápida o más ágil si no fuera por el peso del mazo en mi mano, pero aun así, no pensaba dejarlo atrás.

Un crujido horrendo me retumbó en el cerebro a la vez que una gran roca aterrizaba a unos pocos metros de nosotros, con la intención de aplastarnos. Intentamos correr más rápido y las rocas comenzaron a caer con más frecuencia, a nuestros lados y a nuestras espaldas.

-Tenemos que adentrarnos. –Grité.

-No sabemos que pueda haber ahí dentro. –Contestó Darren. –Hay que llegar a la cascada.

Una gran roca afilada se clavó con fuerza un par de metros frente a mí, obligándome a cambiar de dirección y casi me hace caer en el proceso, haciéndome quedar atrás. Escuché miles de litros de agua caer a las lejanías sabiendo que estábamos cerca de la cascada, casi pude sonreír. Darren se percató que me había alejado y vi como pretendía alentar el paso para alcanzarme. Estaba a punto de llegar a mi lado, incluso creo que llegó a ofrecerme su mano para que la tomara, pero la roca gigante que aterrizó entre nosotros no me dejó alternativa.

Quise esquivarla pero mi bota tropezó con otro escombro más pequeño y me hizo perder el control, cayendo de lleno con todo mi costado izquierdo al suelo. Me giré y al mirar hacia arriba solo fui capaz de ver toda una montaña cayendo sobre mí, roca por roca. Mi instinto me obligó a ponerme de pie lo antes posible y fue en ese segundo cuando sentí como una de esas bestias aterrizaba sobre mi tobillo. Grité de dolor apretando los dientes y casi se me salen las lágrimas al tratar de sacar mi pie de debajo de la roca mientras los derrumbes continuaban. No veía a Darren por ningún lado y lo único que hice fue aferrarme al mazo y salir de ahí como pudiera.

No había camino al cual ir más que adentrarse a la negra jungla y mis ojos no alcanzan a ver nada más allá de dos metros frente a mí, mi brazo izquierdo creo que sangra y mi tobillo arde demasiado. Él dijo que debíamos llegar a la cascada, así que corrí hacia donde creí que era el camino, gruñendo de dolor. Un arbusto comenzó a moverse justo cuando pasaba junto a él y por desgracia no fui lo demasiado rápida para ponerme en guardia.

La silueta negra me embistió y me hizo caer de nuevo, perdiendo el mazo de la palma de mi mano. La pateaba como sea que podía retorciendo mi cuerpo para liberarme, pero lo oscuro de la noche no dejó ver el puño que asestó contra mi mejilla. Unos puntos de colores que rodearon mis ojos junto con un mareo desesperante doblaron mi cara hacia un costado. Una línea de luz lunar se escabulló entre las hojas de los árboles sobre nosotros y me reveló la cara de mi atacante con raspones en las mejillas y una cortadura muy notable en la parte alta de la frente de donde se deslizaba una cascada de sangre oscura. Recuerdo haber visto este mismo rostro, pero no había algún número con el que me dijera que fuera profesional, más bien lo recuerdo con una afilada hacha en la mano. El chico del 7 estaba bajo los efectos del humo de la locura, podía verlo en sus ojos.

Y podía sentirlo en sus manos que comenzaban a estrujarme el cuello, a estrecharme la garganta para que muriera ahogada. Las patadas no sirvieron de nada, parecía que no sintiera el dolor aun golpeándolo en la entrepierna o arañándole las manos. Sentía como se bloqueaba el paso del aire a mis pulmones, cómo mis ojos querían comenzar a salírseme de las órbitas por la presión, tanto que no soporté mirarlo más a los ojos y desvié la mirada a mi derecha, viendo el destello plateado de la esfera y sus protuberancias afiladas.

Un inesperado crujido nos retumbó a ambos hasta los huesos. El chico del 7 alzó su cabeza abriendo mucho los ojos, como si fuera a caérsele un árbol encima y sentí como aflojó un poco su agarre de mi garganta, dándome el espacio necesario. Alargué la mano derecha lo más que pude, sentí como mis dedos se acomodaban en la esponjosa base del mazo y, sin pensarlo más, lo estrellé contra su cara. Una gota se desprendió de él y me tocó el ojo obligándome a cerrarlo. Mi cuello se liberó de sus dedos y una tos violenta me atacó. Estaba jadeando para recuperar el aire.

El cadáver se movió intentando ponerse de pie y todo mi cuerpo se tensó, juraría que si hubiera podido gritar de miedo en aquél momento lo habría hecho. En cambio, un impulso bestial me hizo a abalanzarme sobre él, ahora siendo yo la que lo aprisionaba contra el suelo y pude ver por un segundo que le había arrancado casi la mitad de la cara. Alzó su mano con un alarido desgarrador pretendiendo llegar a mi cuello de nuevo y yo la alejé de un golpe al momento que levanté el mazo sobre mi cabeza. Aterrizó en su garganta la primera vez, la segunda dio con su rostro, como y la tercera, la cuarta y las siguientes.

No hice más que gritar, gritar y golpearlo todo lo posible sin hacer caso del cañón cuando sonó.

La tos llegó de nuevo para hacer que me detuviera, que bajara el mazo… y para hacerme caer en la cuenta lo que acababa de hacer. Miré lo que solía ser la cara del chico y no pude ver más que rojo. Mis manos ahora tiemblan y mis piernas hacen lo posible por alejarme del destrozado cuerpo, convirtiéndome en presa del pánico repentino.

"¿Qué he hecho?"

Gemí al ver mi camiseta bañada en sangre y sentir como poco a poco el líquido se derramaba desde el mazo cromado y tocaba mis dedos. Era oscura y estaba tibia… justo como la imaginé.

Retrocedí intentando escapar de mí misma pero el tronco de un árbol detuvo mi camino, me estrellé con él y me dejé caer a sus pies para después llevarme la mano izquierda a la cara y comenzar a gritar de desesperación.

Alguien tiró de mi brazo y provocó que chillara y me dispusiera a atacarlo para defenderme. La mano de Darren me detuvo antes de que pudiera golpearlo y me advirtió que me calmara, que había vuelto por mí.

-¡Está bien, Noelia! Soy yo, mírame. ¿Estás bien?

Tuve que parpadear un par de veces para fijar la vista en él y romperme a llorar.

-Lo maté, lo hice. –Lloriqueé. –Maté al chico del 7…

-Lo sé, tranquila. Pero no hay tiempo para llorar, hay que irnos ahora. La cascada ha colapsado también. –Dijo, arrastrándome con él.

El sonido que causó el movimiento del suelo hizo que me girara rápidamente. Un nuevo horror comenzaba y lo supe cuando la tierra comenzó a cambiar de textura a una más viscosa y siguió por devorar el cadáver del muchacho que teníamos detrás y las plantas a su alrededor.

-¡Nos tragará! –Gemí.

No hubo tiempo de pensar, sólo de correr.

El suelo a nuestras espaldas se empeñaba en comerse todo lo que estuviera a su paso, desde plantas hasta rocas inmensas. Mi cuerpo ya se estaba acostumbrando a aquella sensación constante de pánico y mi respiración pudo volver a ser casi la misma para adaptarse a la carrera. Las tierras movedizas nos pisaban los talones, pero no nos tragaban, cuando girábamos en una dirección errónea el suelo se hacía líquido devolviéndonos al camino. Darren me gritó que debíamos ir a la Cornucopia, que nos estaban obligando a ir ahí y efectivamente así fue.

Al dar un paso fuera de las profundidades de la jungla, al salir al claro donde aún permanecían las plataformas en las que partimos hace unos días, el suelo dejó de ser líquido o por lo menos hasta el límite de donde comenzaba el claro. Nos detuvimos en el corto césped que rodeaba el área de la cornucopia y observábamos como los últimos árboles eran engullidos por la tierra mientras jadeábamos para normalizar la respiración.

Sentí algo húmedo caer en mi mejilla y al mirar hacia el cielo, otras miles de gotas de agua se dejaron caer sobre nosotros. Ahora llovía, como si todo lo demás no hubiera sido suficiente.

-Puede ser veneno. –Dije alterada.

-No lo es, no quema. –Me advirtió Darren. –Sólo hace todo más dramático.

Él se giró para mirar el cuerno dorado que se encontraba detrás de nosotros y la mueca que hizo me advirtió que algo pasaba por ahí. Y al voltear vi a dos figuras muy cerca de la entrada de la Cornucopia forcejeando entre ellas, la primera yacía en el suelo intentando protegerse de la segunda que le arañaba la cara con unos movimientos manipulados por la locura. El que parecía ser el chico del 1 logró tomar a la otra figura por sus largos cabellos rubios jalando de ellos y dirigiéndola al suelo, haciendo que esta gruñera.

-¡Te arrancaré los ojos! ¡Me comeré tu corazón! –Gritaba la chica del 2.

El musculoso muchacho profesional intentaba mantenerla quieta, pero la chica parecía ser presa de unas violentas convulsiones provenientes de la rabia del humo. Uno de sus dedos alcanzó a arañarle un ojo y en ese instante fue cuando el chico del 1 perdió la paciencia. Un puñetazo directo a la mandíbula bastó para que dejara de forcejear y prosiguió a tomarla de la cabeza para enredarle sus brazos alrededor y quebrarle el cuello. Sus manos temblorosas dejaron de moverse y su cuerpo tocó sin vida al suelo, al tiempo que el chico se tocaba el ojo con irritación soltando maldiciones y el cañón sonaba en el cielo.

Darren pasó por un lado mío, corriendo mientras desenvainaba su sable. Iba directo hacia el chico del 1 y mi corazón se detuvo al pensar en lo que ocurriera después, salté sobre él y logré jalarle el dobladillo de su camiseta por un segundo, antes de que se me soltara de las manos. Giró un poco su cabeza para alcanzar a mirarme.

-Debe terminar de una vez. –Gruñó.

Se volvió dándome la espalda y aceleró el paso para llegar a su objetivo. Pude ver como en el último momento, el chico rubio notó su presencia e intentó esquivarlo y cómo Darren falló en su intento por rebanarlo llevándoselo junto con él al suelo de nuevo, tropezando con el cuerpo de la chica muerta. Algún sentimiento dentro de mí desgarró con toda precisión un agujero a la altura de mi pecho, uno muy doloroso y que generaba paranoia. Una dosis renovada de electricidad recorrió mis piernas y me hizo iniciar la carrera. No podía dejar que lo asesinaran, me había prometido a mí misma que no dejaría que pasara, que sería él el que volviera a casa para cuidar mejor de su padre, para que tuviera una vida larga y llena de riquezas, así tuviera que matar a otra persona más o incluso dejar que me asesinaran.

Estoy a unos cuantos metros de ellos, que se retuercen en el pasto, llevo el mazo al aire encontrando mi objetivo y preparándome para destrozarlo, mi brazo toma la fuerza para caer y mi garganta gruñe para obligarme a hacerlo. Pero un ardor repentino en mi costado me impide terminar el trabajo. Escucho el silbar de la flecha que acaba de herirme causando una cortadura en el lado izquierdo de mi torso para después desviarse y clavarse en el suelo. El reflejo de mi cuerpo hace que me encorve hacia adelante y que deje caer los brazos, junto con mis rodillas que aterrizan temblando con un golpe seco.

Levanto la mirada y tengo frente a mí la imponente abertura de seis metros de alto de la entrada del cuerno, y dentro de ésta, la criatura que fue la causante de mi herida. Debí haberme dado cuenta antes, soy una tonta, no haber contado con exactitud las personas que quedaban vivas. Destrocé la cabeza del chico del 7 y el chico del 1 ha matado a la chica del 2, eso no nos dejaría a tres vivos, si no a cuatro. Escuché el débil sonido de una cuerda tensarse al fondo de las sombras, a la vez que veía la punta de una bota salir a la tenue luz de la noche para mostrar después unos ojos aguamarina con sed de sangre. Logré levantarme justo en el instante que Camira dejaba ir la flecha contra mí y fui capaz de esquivarla, de ver que intentaba correr fuera del cuerno y también capaz de taclearla a tres metros de la entrada, ella soltó un gemido y ambas rodamos en el suelo. Las flechas que le sobraban en el caraj se dispersaron a su alrededor, intenté llegar a ella lo antes posible pero sus manos ya habían encontrado su impecable ballesta. Solté una patada hacia ella sin importar el riesgo y la planta de mi pie asestó contra el arma cargada haciendo que Camira la soltara. Me dio el tiempo necesario para atacarla con el mazo. Movió su cabeza en el último instante, apenas un pico rozó su barbilla pero los demás se clavaron en el suelo, se acomodó rápidamente y en un segundo tenía su tobillo impactando mi sien.

Los puntos de colores volvieron a flotar frente a mí, mi cerebro casi se desconecta de mi cuerpo y un grito se había ahogado en mis cuerdas vocales. Las manos de la mortal chica del 4 tiraron con furia de mi cabello haciendo que gruñera e incluso llevándose algunos mechones enteros con ellas, balanceé el mazo por debajo de mi pecho lo más rápido que pude para que se encontrara con un costado de la chica; Sin embargo, justo en el mismo momento, otra patada suya en mi vientre provocó que el aire abandonara mis pulmones. Pude ver como el cuerpo de Camira caía con una estela de rojo a la altura de su estómago combinándose con el agua que caía del cielo, pero aún no moría, solo se doblaba de dolor e intentaba cubrir la herida con sus manos.

Sin oxígeno en mi cuerpo, sentí como si el tiempo pasara demasiado lento. Al intentar respirar de nuevo pude ver fugazmente el resultado de la otra lucha que se llevaba a cabo a cierta distancia de nosotras. Uno de ellos encajaba lentamente el sable afilado de mi aliado en el torso del otro mientras éste gritaba, y pude jurar que en ese momento el chico del 1 no sólo atravesaba a Darren, sino que también me atravesaba a mí. La primera bocanada de aire que inundó mis pulmones fue despedida justo de inmediato en un agudo chillido.

-¡NOOOO!

Mis brazos me impulsaron con una fuerza sobrehumana hacia arriba para levantarme pero mis piernas no funcionaron a tiempo, así que todo lo que pude hacer fue gatear hacia ellos. Mis oídos captaron el movimiento de la persona herida y furiosa a mis espaldas y mi lado animal me hizo recordar que nuestro enfrentamiento no había acabado aún. La flecha de la ballesta que Camira había recuperado voló desprendiéndose de la cuerda que antes estaba tensada y, como último movimiento por tratar de vivir, mi cuerpo se arrojó al suelo apenas rozando aquella perfecta y afilada punta plateada que siguió su camino hasta toparse con el brazo del chico del 1. Él gritó y despegó sus manos del sable dentro de Darren para presionar el punto donde la flecha lo había alcanzado.

Pareciera que hubiera inhalado de nuevo aquél humo que volvía demente a las personas, como si aquella ira con la que murió la chica del 2 hubiera volado por el aire y reencarnado en mí. Me aferré encajando las uñas en el mango del mazo bañado de rojo y me di la vuelta para abalanzarme sobre mi presa que alargaba su brazo en busca de otra flecha que cargar, pero sería en vano esta vez. Llegué a ella dejando caer la esfera de picos e intentó torpemente detenerme con una de sus piernas, pero la velocidad del mazo causó que se destrozara y me salpicara otra vez. Con mi mano izquierda tomé el brazo que pretendía levantar y me encargué de que no se moviera cuando dejara caer el próximo golpe, se contorsionó por un segundo y el filo de uno de los picos le cortó un lado del cuello, aquél donde se encuentra una arteria importante. El chorro de sangre no se hizo esperar y sínicamente la miré a los húmedos ojos antes de ponerme de pie y darla por muerta.

Ordené a mi cuerpo a dirigirse hacia Darren pero al darme la vuelta pude ver que mi compañero, ahora vestido de sangre humana, se las había arreglado para hacerse con el sable. Cuando comencé a correr él abrazaba con un brazo la cabeza del chico del 1 mientras que con el otro le abría la garganta. Soltó el cadáver del muchacho al sonar su cañón y éste cayó justo al lado de la chica que había asesinado. Los dedos de mi aliado dejaron caer el arma al suelo para después ser él el que se desplomara boca arriba.

-¡DARREN! –Chillé.

Me arrodillé a su lado y sin pensarlo tomé su cabeza entre mis manos levantándola y obligándolo a que me mirara. Aún no moría, pero su respiración superficial y acelerada me decía lo que más temía: que lo haría pronto.

-¡No, no, no, no…! –Repetía llorando. -¡Mírame, por favor! ¡Darren, háblame!

Sus ojos vagaron unos segundos, buscándome hasta que me encontraron y no se separaron de mi rostro cuando lo hicieron.

-Estas… viva. –Dijo esbozando una ridícula sonrisa.

-Debiste ser tú. El que estuviera ileso… -Los sollozos acumulados en mi garganta no me dejaron seguir.

-No… Tú tienes que… volver a casa… Hazlo por mí, ¿Quieres? –Contestó con ojos centellantes.

No pude contestarle nada más, me ahogaba con mi propia tristeza y ésta no me dejaba articular palabras, sólo podía llorar y seguir llorando.

No cumpliré mí promesa.

Debería ser yo la que tuviera sangre brotando del estómago.

Y él debería ser el que llorara por mí

… ileso.

No puedo aceptar que tal vez esa sea la última oportunidad de ver sus ojos.

Una sensación creció dentro de mí, como si me gritara a los cuatro vientos mi último deseo. Me incliné lentamente sobre él y llevé mi cara cerca de la suya, viendo como las gruesas gotas de agua que seguían cayendo resbalaban por su frente, por sus negros mechones de cabello. Contuve la respiración por un momento, el momento en que mis labios casi tocan los suyos, antes de que él moviera débilmente su cabeza evitando el contacto. Mis músculos se quedaron helados ante el rechazo y por un instante sentía que una gruesa grieta me partía en dos, como a la montaña; Sin embargo, noté sus labios helados tocar mi oreja, demasiado cerca, tan cerca como para que nadie pudiera oírlo decir aquellas palabras.

-Recuerda quién eres… -Susurró.

Mis ojos se abrieron demasiado, como un par de platos. Escuchaba lentamente el eco rebotar dentro en mí de aquello que había pronunciado. Lo había dicho antes… me había confesado que quería recordar quien era cuando llegara su muerte, y ahora sé que ha cumplido su deseo aunque no me haya permitido cumplir el mío.

Otro sollozo inmenso se atropellaba por salir, pero lo detuvo el pensamiento furtivo que me decía que faltaba de escucharse algún cañón.

Alcancé a verla con sus ojos aguamarina por el rabillo del ojo cuando la cuerda de la ballesta terminaba de tensarse. La apoyaba en una sola mano, mientras que la otra sujetaba aún su cuello que desbordaba sangre. Pasó un segundo cuando esa mano en su cuello cayó y sus ojos se pusieron en blanco. Con el último aliento de su existir apretó el gatillo y la flecha manchada de rojo salió disparada junto con el toque del cañón que la proclamaba muerta.

Quise girarme para verlo a los ojos, aunque sea una última vez, pero al fijar la vista en su rostro sus ojos ya estaban cerrados.

Y la flecha atravesó mi espalda, camino a mi corazón.

No sentí dolor, sólo aquél que ya había dentro de mí y ahora me llenaba por completo. Apenas noté cuando caí al suelo hacia el lodo, boca abajo, al lado de Darren. Intenté respirar aunque sea un poco, pero todo dentro de mí me lo impedía, tanto que solo pude apenas susurrar.

-No te vayas… No te vayas…

Ya no tenía fuerzas en ninguna célula de mi cuerpo, ni siquiera logré tocarlo ahora que más lo deseaba. Comenzaba a perder la conciencia y lo único que me importaba era que no respondía a nuestro juego de palabras… no esta vez; Sin embargo, faltaba un cañón de sonar aunque fuéramos ahora dos los moribundos.

Siento como no respiro.

Siento como el alma se me escapa del cuerpo al cerrar los párpados.

Quiero recordar quién soy, pero no puedo.

Lo último que escucho antes de caer en las penumbras…

…Es el sonido del cañón.