¡Hola a todos! ¿Cómo estáis? Siento haber tardado tanto pero bueno, han pasado algunas cosillas y la inspiración se esfumó y no volvía. Pero creo que ya ha vuelto :) No quería hacer otro capítulo, así que ha quedado bastanteeee largo xDD
Muchas gracias por los comentarios: MaPa-kun, mireee3D2Y, kiruru, Nami D Mnky, aliciadiez3, ala nocturna, kurinchi y Sabina-Chan. Os quiero! Me han alegrado muchísimo ;))
Espero que os guste ^^
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Miedo a los recuerdos
Capítulo 2
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Un rayo de sol se coló por una de las ventanas redondas del camarote y le dio a Luffy directamente en el rostro. Se despertó, pero siguió sin abrir los ojos, moviéndose en la cama para que la luz dejara de molestarle.
Cuando se movió para la izquierda se topó con algo. Abrió uno de los ojos para ver que era. La sábana cubría todo el bulto dejando ver la silueta sinuosa de una mujer.
Luffy sonrió inconscientemente pensando que sería Nami. No podía ser otra. Pero cuando sus instintos se despertaron, notaron que no se trataba de su navegante sino de Hancock.
Con la mano le destapó la cabeza, dejándole ver un hermoso cabello negro. Frunció el ceño al no entender que hacía ahí. Movió la sábana más para abajo y vio que la emperatriz estaba desnuda.
—¿Pero qué hace desnuda en mi cama? —se preguntó a sí mismo.
Cuando bajó la mirada y se miró, se dio cuenta que él también estaba sin ropa. Se levantó de golpe sorprendido. No le estaba gustando nada todo esto. La ropa de los dos descansaba desperdigada por el suelo de la habitación.
Le vino a la cabeza cuando Nami y él dejaban la ropa tirada y no era precisamente para hablar.
Se asustó de sus propios pensamientos y de que hubiera pasado algo así con la morena. Se llevó las dos manos a la cabeza intentando recordar algo pero nada le venía. Desde que empezó a beber hasta ahora había un agujero negro sin ningún recuerdo.
—¡JODER! —exclamó enfadado.
El grito despertó a Hancock. Ésta se volteó y le miró, sonrojándose al instante por ver a su amado desnudo. Recordando como le fue quitando la ropa por la noche cuando estaba dormido.
—Buenos días Luffy —susurró tapándose el pecho con la sábana.
El moreno se quitó las manos del rostro y la observó como si le hubieran salido tres cabezas a la emperatriz.
—¿Se puede saber que haces en mi cama? —le preguntó directamente deseando saber que ocurrió.
Hancock abrió los ojos sorprendida.
—¿Es que no te acuerdas? ¿Cómo puedes no recordarte?
—¿Recordarme de qué? Sólo me acuerdo que subimos a tu barco y empezamos una fiesta… y la bebida… —se sentó en el borde de la cama, dándole la espalda a la mujer— ¿Bebí tanto como para no acordarme de nada?
Como siempre a él no le dolía nada.
La morena se acercó y le rodeó los hombros con sus brazos. Luffy la dejó sintiéndose extraño por tener a otra mujer tan cerca, piel con piel, después de haberlo dejado con Nami.
—Me da mucha pena que no te acuerdes de nuestra primera noche juntos —le dio un beso en el hombro, encima de una pequeña cicatriz—. Yo me acordaré siempre.
El capitán la escuchó en silencio. No había ninguna imagen de ellos dos juntos, acostándose en esa misma cama, que pasara por su cabeza. Nada.
La única que aparecía una y otra vez, era la imagen de Nami, apoyada en la barandilla, a lo lejos, con el pelo meciéndose por el viento.
—¿Nos hemos acostado?
—Sí, tenías muchas ganas de estar conmigo.
Luffy arrugó la frente. Él no sentía nada por ella. Aparte de la amistad que tenían, no sentía ningún tipo de atracción como la que sentía por …
Sacudió la cabeza, borrando ese pensamiento. Ella se lo había dejado claro. Si Nami no quería nada con él, no volvería a ir detrás.
—Lo siento.
Hancock se apartó y puso cara de tristeza.
—¿Por qué? ¿Te arrepientes de lo que pasó?
Él se levantó y la miró.
—Es que no me acuerdo de lo que pasó. Estaba borracho.
Ella agarró el camisón y se lo puso. Como le conocía, sabía que si seguía por ahí él se sentiría mal.
—Pensé que querías pasar la noche conmigo por qué sentías algo por mí. Pero ya veo que sólo fue por qué estabas borracho.
—No es así —suspiró sintiéndose mal por ella.
—Sí que es así, Luffy —caminó hacia la puerta y sonrió internamente al escuchar los pasos del pirata acercándose.
—No te estoy despreciando, Hancock. —habló seriamente, mirándola a los ojos—. Si nos acostamos, aunque no me acuerde de nada, no me arrepiento. No estoy con nadie así que no tengo que dar explicaciones. Pero entiéndeme, acostarme contigo no estaba… —agachó la mirada— en mis planes.
Hancock siguió sonriendo por dentro. Todo el plan estaba saliendo a la perfección. No se arrepentía de acostarse con ella. Y aunque en realidad no pasó nada, nadie se daría cuenta.
—Te entiendo —su mirada volvió a recorrer el masculino cuerpo y se volvió a sonrojar. Que ganas tenía de pasar una noche juntos. De verdad. —Voy a darme una ducha. —susurró intentando seguir dando pena y que él se sintiera en deuda con ella.
Luffy vió como abrió la puerta y se marchó.
Caminó hacia la cama y se dejó caer, quedándose estirado mirando al techo de madera. Por mucho que intentase recordar algún momento con Hancock en el camarote o entre esas sábanas, sólo aparecía el cabello naranja. Bailando con él a lo lejos.
Había decidido no volver a ir detrás de ella y lo estaba cumpliendo. No se acercaban y se evitaban. Pensó que hacía mucho que no hablaba con Nami más de tres palabras.
Negó con la cabeza, recriminando a su mente. Se acababa de enterar que se había acostado con Hancock y sólo tenía pensamientos para su navegante.
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—Muchas gracias —agradeció Nami a una de las cocineras del barco cuando le entregó la taza de café.
La mujer sonrió y siguió preparando el desayuno.
Nami sopló y tomó un sorbo dejando que el líquido caliente la reconfortase. Se sentó en la mesa, pensando en lo que ocurrió por la noche. No había podido dormir bien con toda su mente dando vueltas.
Lo único que deseaba era que Luffy se acordase de todo.
Como si lo hubiera llamado mentalmente, el capitán apareció. Seguramente, por el olor que hacía el desayuno. Se dio cuenta que no reparó en ella.
—¡Qué hambre tengo!
Una de las piratas se rió. Ya conocía el apetito del sombrero de paja y sabía que éste no se conformaría con un café solamente.
—Ahora mismo te llevo el desayuno a la mesa. Siéntate allí —le señaló con una sonrisa hacia donde estaba Nami. —Estará listo enseguida.
Luffy sonrió y giró la cabeza hacia donde le había señalado. Su sonrisa desapareció cuando la vio.
La pelinaranja agachó la mirada enseguida, removiendo la taza. Por el rabillo del ojo, vió como el moreno se acercaba y se sentaba. Se alegró de que no se sentara lejos de ella.
—Buenos días —habló Luffy con una voz neutra y distante. Nami supo enseguida que era el mismo de antes. Como si aquel momento entre ellos no hubiese ocurrido nunca.
—Buenos días —le respondió igual.
Luffy vio como tomó un sorbo. Estaba preciosa. Como siempre. Pero no le gustó verle unas pequeñas ojeras debajo de los ojos.
—¿Sólo vas a desayunar eso?
Nami levantó la mirada y le miró, sin poder creerse que hablase con ella más de tres palabras.
—Sí, no tengo mucha hambre.
Él le observó el rostro. Su voz volvió a salir sin poderla detener.
—¿No has dormido bien?
—Bueno… la verdad es que no —suspiró y volvió a dirigir la mirada al café—. Supongo que estoy acostumbrada a dormir en mi cama. ¿Y tú has dormido bien?
Luffy se echó hacia atrás en la silla y alzó los hombros.
—Genial. No me he enterado de nada. Se ve que anoche bebí demasiado.
La joven se terminó el café.
—Como los otros. Menos Zoro y Robin, los demás están durmiendo en la cubierta.
Las piratas comenzaron a llenar la mesa con distintos platos, a cada uno más delicioso. Luffy enseguida comenzó a comer y Nami, al final, al ver la buena pinta que tenía todo, no pudo resistirse a coger algo.
El capitán se alegró internamente de verla comer. Llevaba días notándola más delgada que antes y eso no le gustaba. No podían seguir así. Si lo que había entre ellos se había terminado, lo mejor era dejarlo pasar y como ella le había pedido, volver a ser solamente amigos.
Él sabía que siempre desearía ser más que eso, pero respetaría su decisión aunque no supiera los motivos.
—Tienes razón, Nami.
Ella frunció el ceño sin comprender.
—¿Tengo razón? ¿En qué?
Luffy la miró a los ojos.
—Que lo mejor es que volvamos a ser amigos como antes.
La joven se quedó en blanco durante unos segundos. Pensando en todo lo que pasó en la noche, los besos, el 'te quiero' que tanto tiempo llevaba sin escuchar…
'Recuérdamelo. Recuérdame que esta noche nos besamos'
Esa noche se quedaría siempre con ella.
—Sí… es lo mejor.
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Nami caminó por los pasillos del barco en dirección al cuarto de baño. Los demás ya se habían levantado y estaban desayunando. Faltaba poco para que llegaran a la isla.
Al pasar por delante de un camarote pudo escuchar la voz de la emperatriz.
—Que sí, es cierto.
—No me creo que te hayas acostado con Luffy —se escuchó la voz de una de sus hermanas, Marigold.
La navegante se quedó de piedra al escuchar esa frase y se llevó una mano a la boca.
—Pues ha sido así. Luffy y yo hemos pasado… —la oyó suspirar— la mejor noche de nuestras vidas.
Sintió una mezcla de emociones que recorrieron todo su ser. Le dolía demasiado. Luffy y Hancock se habían… Cerró los ojos fuertemente cuando advirtió que sus ojos se llenaban de lágrimas. No quería llorar.
Ellos ya no tenían nada. ¿Pero que había sido lo de anoche? ¿Por qué vino a su camarote y le soltó todo aquello?
—Te burlaste de mí… es eso…— habló bajito para ella misma.
Que tonta había sido al creerle cuando le dijo que la quería. Sollozó y se alejó de allí, sin querer escuchar más. Que ingenua había sido al imaginar que algún día oír que Luffy estaba con otra mujer no le dolería.
—Sigo si creérmelo. Le ví antes de que se fuera y estaba muy bebido. Tú no te acostarías con él estando así.
Hancock bufó cansada.
—Vale, vale. Es verdad. No me acosté con él.
—¿Entonces para que dices que sí? ¿Qué ha pasado?
—Le he hecho creer que sí pasó. Simplemente le desnudé, yo me quité mi ropa y me metí dentro. Cuando se ha levantado no se acordaba de nada, así que le hecho creer que nos acostamos.
—¿Por qué has hecho eso?
—Porque le quiero, ¿no es suficiente? —caminó hacia su armario para cambiarse—. Además me ha dicho que no se arrepentía. Eso es que piensa en mí como algo más.
La hermana la vió sonreír ilusionada y no pudo más que negar con la cabeza por las ideas que se le ocurrían a su hermana.
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Llegaron a la isla y el barco de las Kuja atracó. Toda la tripulación del Sombrero de paja se bajó, junto a Hancock y Margaret.
—Como tenemos tiempo antes de irnos, podemos dar una vuelta con vosotros —dijo la morena hablando para todos pero mirando sólo a Luffy.
—Por mi bien —le contestó el capitán con una sonrisa y empezó a caminar adentrándose en el bosque.
Los demás lo siguieron. A simple vista parecía una isla deshabitada. Con grandes y altos árboles verdes, con una gran humedad que hacía que creciesen todo tipo de plantas y flores.
—Estás plantas son medicinales —habló maravillado Chopper—. Las he visto en libros pero nunca las había encontrado.
Sanji miró hacia un árbol.
—Y estos son frutos. ¿Estarán buenos?
—No parece que haya nadie en esta isla —opinó Robin.
—¡Que aburrimiento de isla! —bufó Luffy.
—Podemos separarnos para ver si encontramos algo interesante —sugirió Franky.
—Buena idea —dijo Hancock y se acercó al moreno—. Yo con Luffy.
Se separaron en parejas y un grupo de tres: Sanji, Margaret y Nami. El rubio iba encantado con ellas y estaba haciendo muy buena amistad con Margaret.
La navegante se alegraba de que estuvieran hablando entre ellos. Aprovechó que Sanji le estaba contando algo sobre unos frutos que encontraron y se separó, alejándose por el bosque.
Sabía que el rubio se daría cuenta enseguida pero tenía ganas de estar, aunque fuera un corto tiempo, sola.
Caminó por encima de las grandes raíces, resbalando por una que estaba mojada.
—¡Agh! Joder —se tocó el tobillo para ver si se había hecho daño. Por suerte no le dolía.
Siguió caminando y le pareció ver algo que brillaba.
—¿Qué es eso? —se acercó y pudo saber que era un cepo para animales oxidado y muy viejo—. Que cruel…
Oyó el rugido de una bestia muy cerca de ella. Su cuerpo se alteró, cogiendo enseguida su arma. Observó a su alrededor pero no se movía nada.
De repente, un enorme animal, que parecía un oso, salió derecho hacia donde estaba. Ella se colocó para atacar cuando un brazo le pegó un puñetazo a la bestia.
Nami miró hacia el dueño del brazo, que volvía a su longitud normal. Luffy… Frunció el ceño al ver que se acercaba.
—¿Estás bien?
—No necesito que me salves, sé cuidarme de mí misma.
Luffy paró de andar hacia ella.
—Ya lo sé que puedes cuidart…—paró de hablar y miró al oso que volvía a levantarse y correr hacia ellos.
Esta vez, el moreno no se movió. Sólo le miró a los ojos con el rostro serio y enseguida el animal se paró asustado.
—Vete.
La joven observó como la bestia se daba la vuelta y se marchaba. Podía sentir en el ambiente la fuerza de Luffy y no pudo evitar sentirse orgullosa de él.
El moreno se volteó y la volvió a mirar. Ella cogió aire y miró hacia otro lado. No le gustaba cuando la miraba así. Como si pudiera leer su mente.
—¿Qué te pasa? —le preguntó Luffy.
—Nada.
—Y yo me lo creo.
Nami empezó a caminar alejándose.
—Cree lo que quieras.
Él la siguió.
—¿Qué haces aquí sola? ¿No habías ido con Sanji y Margaret?
—Te podría decir lo mismo. ¿Qué haces solo? Ah espera —se dio la vuelta para mirarle y se cruzó los brazos para hablar con sarcasmo— seguro que has notado que estaba en peligro y has venido corriendo a salvar a la pobrecita, ¿verdad?
Él soltó una carcajada por la burla y se metió las manos en los bolsillos del pantalón.
—Tú podrás ser muchas cosas pero creo que pobrecita no va contigo, Nami.
—Pues como no lo soy, ya puedes marcharte.
La vio como pasaba por encima de unas rocas.
—¿No hemos dicho que íbamos a volver a estar como antes? ¿Cómo al principio?
—Estamos hablando, ¿no?
Él volvió a acercarse.
—Estamos discutiendo, que es diferente.
—Como siempre entonces. Todo va bien —ironizó.
Luffy alzó la cabeza hacia el cielo y respiró hondo.
—Mira si no quieres contármelo, muy bien. Yo paso —se dio la vuelta y empezó a alejarse, caminando hacia donde se habían encontrado.
Nami lo miró. Apretó los dientes fuertemente y le siguió.
—¡El que debería contar algo, eres tú!
El capitán se paró y se volteó.
—¿De qué hablas?
—No te hagas el tonto, Luffy. O me vas a negar que has pasado una noche movidita —habló sin pensar haciendo unas comillas con los dedos cuando dijo la última palabra. Estaba enfadada.
Él se quedó callado durante un rato después de escucharla. Le dolió que ella lo supiera aunque ya no eran pareja.
—Estaba borracho, no me acuerdo de lo que pasó.
—Claro…no te acuerdas de nada.
—No sabía lo que hacía.
—¿Y sino hubieras estado borracho, no te hubieras acostado con ella?
'Claro que no' pensó Luffy, pero esas palabras no salieron de su boca. Caminó hacia ella, acercándose más. ¿Estaba celosa?
—¿Y a ti que te importa, Nami? Que yo recuerde ya no estamos juntos. Puedo estar con las mujeres que me de la gana —se paró enfrente de ella—. ¿O te molesta?
A la pelinaranja no le gustó la cercanía. sin embargo, sus pies no le respondían y no podía moverse. Sólo sintió el latido de su propio corazón.
—No quiero que te rías de mí.
El moreno se extrañó por esa respuesta.
—¿Reírme de ti?
—Pero como bien dices, no sabías lo que hacías.
Él se quedó prendado de esos ojos que lo miraban. No vio enfado ni ironía como antes. Sólo fue capaz de ver tristeza.
—¿Qué pasó? ¿Pasó algo entre nosotros? ¿Te dije algo?
'Te quiero, nunca lo dudes…'
Cerró los ojos oyendo esas palabras en su mente. Sintió como él la agarró el rostro por las mejillas e hizo que abriera los ojos. Otra vez esa calidez…
—Recuérdamelo —le susurró, bajando sus ojos hacia sus labios. Era la primera vez que estaba tan cerca de ella, desde hacía mucho tiempo. Su cuerpo reaccionaba a su cercanía y no podía ni quería separarse.
Nami sintió como el deseo se apoderaba de ella. Solo quería que la besara.
—No hay nada… —habló con una voz bajita— que valga la pena… recordar.
Luffy acortó la distancia que separaba sus labios y la besó. Como la había echado de menos. Sus labios, su boca, su lengua, su sabor…
—¡LUFFY! ¿Dónde estás?!
Se separaron de golpe y Nami sin mirarlo, agachó la cabeza y le separó. Comenzó a alejarse ya que no quería ver a esa mujer. En ese momento, no.
Él se quedó ahí parado, escuchando como se acercaba Hancock.
—¿Por qué te has ido tan rápido? Me has dejado sola.
Ni la escuchó. Sólo se rozó los labios con los dedos, con la mente en otro lugar.
—¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí de pie?
De golpe, le vino a la cabeza todo lo que pasó por la noche hasta que salió del camarote donde estaba Nami. Ahí volvía a ser todo negro.
Pero recordó lo que ella le dijo, sus miedos y sus razones, ese beso… y que él la había dicho que la quería.
—Luffy, ¿estás aquí?
Él sonrió. La quería, nunca había dejado de hacerlo. Pero, ¿porqué ella no se lo había recordado?
'No quiero que te rías de mí'
Miró hacia Hancock que seguía hablándole y entendió la razón. En ese mismo momento, se arrepintió de haberse acostado con ella aunque seguía sin acordarse de eso.
—¿Habéis encontrado algo? —preguntó Sanji a los demás, cuando se encontraron todos en el barco.
El cocinero no le dijo nada a Nami ya que sintió que había estado con Luffy, todo el tiempo. Y aunque quería preguntarle porque estaba tan cabizbaja, prefirió callar y seguir caminando.
—No hemos encontrado nada, a parte de vegetación —respondió Robin.
—Pues nos iremos a otra isla, ¿no? —dijo Usopp mirando hacia Luffy.
—De acuerdo —habló serio.
Fueron subiendo al Sunny, que habían acercado a la costa. El capitán se quedó abajo.
—Bueno, nosotras tenemos que irnos también —informó Margaret.
—¿Ya os vais? —preguntó Luffy.
—Sí —le contestó Hancock con una sonrisa sonrojada acercándose a él.
Nami se alejó de la barandilla ya que no tenía ganas de ver como se despedían.
—Eres sincera conmigo, ¿verdad?
La morena arrugó la frente.
—Claro, siempre lo soy. ¿Por qué me lo preguntas?
Luffy suspiró. No quería volver a hacerla sentir mal. Había metido la pata hasta el fondo.
—Por nada, olvídalo.
Ella volvió a sonreír, viendo como él subía a su barco. Pensó que algún día, estarían juntos y se casarían.
—Espero que nos veamos pronto, Luffy.
—Sí —se despidió con la mano, sentándose en la cabeza del león.
Los dos barcos empezaron a navegar, separándose al ir en direcciones distintas. El capitán miraba hacia el frente pensando en todo lo que había pasado. Su mente estaba hecha un lío. Se contradecía una y otra vez.
Una parte se arrepentía y se decía que no tenía que haber subido al barco de las Kuja, y la otra que si no lo hubiera hecho no habría tenido valor de ir a Nami y hablar con ella.
Agachó la cabeza y el sombrero tapó sus ojos. Sintió que Robin se acercaba.
—¿Qué te ocurre capitán?
—Nada…
Robin había escuchado la despedida entre él y Hancock y le pareció muy extraña la pregunta que el moreno le hizo sobre la sinceridad. No se fiaba de esa emperatriz.
—Sabes que puedes confiar en mi.
Él giró la cabeza hacia atrás para mirarla y le sonrió.
—Ya lo sé Robin, pero es que…
—¿Es sobre Hancock?
Luffy abrió los ojos sorprendido. Sin embargo, enseguida se repuso. Sabía de sobra lo lista que era su nakama. Se volteó sentado hacia ella.
—Sí. —le respondió dirigiendo su mirada hacia la pelinaranja, que estaba observando un mapa. Cogió aire antes de hablar—. Anoche me acosté con ella en la habitación que me dieron. Lo peor es que no me acuerdo de nada de eso.
Robin frunció el ceño al escucharle. Algo no cuadraba.
—En el estado en el que estabas, era imposible que te hubieras acostado con ella.
El corazón del capitán dio un pequeño vuelco.
—¿Cómo que imposible?
—Pues que Zoro y yo te encontramos en el pasillo durmiendo y te llevamos a tu habitación. Te puedo asegurar que nada hubiera podido despertarte de lo dormido que estabas. Habías bebido demasiado.
Luffy abrió la boca esperanzado.
—¿Me llevasteis a mi camarote por que estaba dormido?
Robin sonrió al verle contento.
—Sí, profundamente dormido.
Él esbozó una sonrisa y sintió como si se hubiera quitado un gran peso de encima. Volvió a dirigir su vista hacia donde había estado Nami pero ella ya no estaba.
Tenía que hablar con ella.
—Muchas gracias Robin.
—Es un placer ayudar capitán —dijo y se dio media vuelta para marcharse, cuando Luffy volvió a hablar.
—¿Hoy también vas a hacer compañía a Zoro?
La morena sonrió de lado, aún de espalda. Esa era la pregunta que muchas veces le había hecho Luffy cuando Nami y él querían estar juntos por la noche.
—Seguramente que sí—le contestó y se alejó.
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Se hizo de noche y el barco continuó surcando el oscuro mar. Tardarían unos días en llegar a la próxima isla pero por suerte, el clima estaba en calma igual que la tripulación. Cada uno se fue a su camarote para dormir.
Nami entró en su habitación. Estaba agotada por todo lo que había ocurrido. Aún sentía los labios cálidos por el segundo beso que Luffy le dio y aún le dolía saber que se había acostado con Hancock.
¡Ellos ya no eran nada! Tenía que olvidarle…y aunque él le dijera que no dudara nunca que la quería, era muy difícil.
Se quitó la ropa junto al sujetador y se puso un camisón nuevo que se había comprado en la anterior isla, antes de que se encontraran con las piratas Kuja. Era de color blanco, corto y de seda.
Fue a apagar la luz de la mesita, cuando escuchó la puerta abrirse. Pensó que sería Robin, pero enseguida notó que no era ella por el silencio que se formó.
Se dio la vuelta y vio al capitán parado, mirándola seriamente.
—¿Qué haces aquí?
—¿Por qué no me lo recordaste?
Nami frunció el ceño. ¿Se acordaba?
—¿El qué?
—Sabes bien de que hablo. ¿Por qué no me recordaste que fui a tu habitación? Que nos besamos… —dio un paso hacia ella y la miró de arriba a abajo.
La pelinaranja levantó las manos instintivamente, parándole para que no avanzara más. El cuarto era grande, pero en un segundo se le hizo demasiado pequeño. Se había acordado de todo y ella volvía a sentirse débil cerca de él.
—Lárgate, Luffy.
Éste se quedó quieto. Su cuerpo le gritaba, queriendo acercarse a ella.
—Te pedí que me lo recordaras.
La joven lo miró a los ojos. Le conocía. Sabía que no se iba a ir por mucho que se lo dijese y ella no tenía donde huir.
Hacía calor y su corazón empezaba a latir más rápido. Había pasado mucho tiempo desde que estaban en ese cuarto los dos solos. Muchas noches se habían encontrado en este mismo lugar para amarse. Y todas los recuerdos le pasaban por la mente como si fueran imágenes. Uno detrás de otro, sin ella poder hacer nada para detenerlos.
—¿Y para que te lo iba a recordar? —le preguntó con la una voz bajita, sentándose en el borde de la mesita—. Decirte que nos besamos y que me dijiste que me querías, para luego enterarme que…—agachó la cabeza— te acostaste con Hancock. ¿Cómo crees que me siento?
—No me acosté con ella, Nami— le dijo viendo como se incorporaba negando con la cabeza y empezando a andar por el cuarto—. Es la verdad, ella me mintió haciéndomelo creer.
—¿Te mintió? —le preguntó arrugando la frente—. Yo misma la escuché decírselo a una de sus hermanas.
Luffy se quitó el sombrero y lo colgó del manillar de la puerta.
—Yo no me acuerdo de nada después de que salí de tu camarote, pero seguramente ella se metió en mi cama después de desnudarme. Vete a saber por qué.
Nami hizo una mueca.
—¿Y eso como lo sabes si no te acuerdas?
—Robin me acaba de decir que me encontraron durmiendo en el pasillo completamente dormido. — le explicó deseando que le creyese—. Me llevaron a mi habitación y dice que nada hubiera podido despertarme por lo bebido que iba.
El cuerpo de la navegante temblaba. Sintió alegría de que no hubiera estado con ella y rabia y ganas de decirle cuatro cosas a esa emperatriz.
—¿Y te dijo que os acostasteis? —le preguntó sin aún creérselo.
Luffy respiró hondo y dio un paso hacia ella.
—Sí.
Resopló y se cruzó de brazos. Era increíble hasta donde podía llegar esa mujer.
—Está loca.
Él al ver que no le paraba dio otro paso, sin poder evitar volver a mirarla de arriba a abajo. Cuanto la deseaba…
—¿Es nuevo?
Nami no entendió la pregunta hasta que observó que el capitán le miraba el cuerpo. Como si pudiera mirar por debajo de la ropa.
—Sí, es nuevo. —intentó hablar como si él no la alterase, sin conseguirlo—. Me lo compré en la otra isla.
El moreno volvió a dar otro paso. Se quedó delante de ella, que tenía apoyada la espalda en el mueble. Sin dejar de mirarla a los ojos, llevó una de sus manos a su cintura.
—Es suave —bajó su mano suavemente hasta que tocó su pierna—. Como tu piel.
La joven respiraba profundamente, sintiendo la tan conocida y añorada excitación recorriendo su cuerpo.
—Vete Luffy.. —descruzó los brazos y puso las manos en su torso. Pudo sentir el calor que emanaba su cuerpo.
Él en vez de alejarse, se acercó más a ella. Apretándola contra la pared, envolviendo su cintura con los brazos. La quería ahí siempre.
—No tengas miedo de lo que pueda pasar —empezó a hablarle de lo que recordaba que ella le dijo la otra noche.
Nami no pudo contenerse de abrazarlo también. Le pasó los brazos por el cuello y hundió los dedos en su cabello.
—¿Cómo no voy a tener miedo, Luffy?
Se miraron a los ojos. Ella sintió el miembro abultado del moreno por debajo del pantalón. Deseó quitarle la ropa y envolverle la cintura con las piernas.
—Si alguna vez pasara algo, al menos recordaremos que fuimos libres… —agachó la cabeza para besarla, hablando antes encima de sus labios— y que hicimos el amor todas las noches.
Se besaron desesperados. Parecía que habían pasado años desde que se besaron por última vez. Nami sentía que su cuerpo no le respondía, solo se dejaba llevar por él. Le echaba de menos tanto emocional como físicamente.
La alzó sin dejar de besarse, sólo parando durante segundos para poder respirar y volver a juntarse. Temía que se desvaneciera o que le parara y le alejase. No quería irse de allí ahora que ya sabía porque le había dejado.
Caminó hacia su cama y la bajó dejándola estirada, colocándose encima.
Separaron sus bocas y respiraron arrítmicamente, cogiendo todo el aire que se habían robado el uno al otro.
—Esos recuerdos… —susurró Nami, mirando sus ojos azabaches— acabaran conmigo.
—No, Nami. Esos recuerdos nos mantendrán unidos para siempre. Si no estamos juntos nos arrepentiremos en la hora de nuestra muerte —bajó la cabeza y le besó el cuello, saboreando su piel—. No me perdonaría jamás el no haber disfrutado de ti todos los días.
Nami cerró los ojos disfrutando de las sensaciones que Luffy le proporcionaba. Tenía razón. Había dejado que el miedo le nublara la mente y actuara por ella. Como siempre, su capitán la salvaba hasta de sí misma.
—Vivir cada día como si fuera el último. Esa es la vida del pirata, ¿no? —le preguntó la peliparanja.
El moreno dirigió sus manos a su pantalón y se lo desabrochó, bajándoselo y tirándolo al suelo, para sentirla más cerca. Gimieron cuando se rozaron.
—Exacto —se quitó la camiseta—. Así que no vuelvas a dejarme porque los quiero vivir todos contigo.
Dejó que le subiera el camisón y se lo sacara por la cabeza. Estaban los dos desnudos, sólo con el tanga y el boxer. Ella le acercó y le volvió a besar, un beso corto pero lleno de significado. No quería volver a ocultarle nada ni guardarse nada.
—Te quiero.
Luffy sonrió al escuchar esas dos palabras de la mujer más importante de su vida.
—Recuérdamelo siempre —entrecerró los ojos—. Esta vez es una orden.
Los dos se rieron y se volvieron a besar, más tranquilos y en paz con ellos mismos. Ahora todo estaba bien.
Se quitaron la última prenda que les quedaba y se volvieron a juntar. De lo preparados que estaban, entró directamente de una forma suave, llenándola por completo. Empezó a moverse, haciendo que los dos gimieran.
—No me vuelvas a quitar esto, por favor.
Ella lo abrazó, cerrando los ojos fuertemente.
—Lo siento, Luffy. Por todo. Perdóname —acabó de hablar y gimió más fuerte ya que él aumentó las embestidas.
—No tengo nada que perdonar, tonta —gruñó al notar como el interior de la joven le apretaba.
Los dos continuaron moviéndose, cambiando de posiciones haciendo que ella estuviera arriba.
Luffy le acariciaba los pechos y todo el cuerpo. En el camarote sólo se escuchan jadeos y gemidos. Hacía calor y estaban sudando.
Siguieron hasta que no pudieron retenerlo más y sus cuerpos se liberaron. La sensación era indescriptible. Los dos sentían todo su ser vibrar después de tanto tiempo deseando al otro.
Nami se apoyó en el pecho del moreno, se miraron a los ojos y se sonrieron. No necesitaron más palabras entre ellos.
Cuando se calmaron, volvieron a hacer el amor. Estuvieron despiertos durante toda la noche, lo necesitaban. Ofreciéndole al otro lo que tanto había echado de menos.
Disfrutarían cada momento y lo atesorarían para toda la vida. Así siempre podrían recordar que hubo un tiempo en el que solo existieron ellos dos y el océano.
Un tiempo en el que fueron libres.
FIN
¡Se acabó! :) ¿Qué os ha parecido? ¡Espero que os haya gustado!
Bueno, hago una preguntita para el siguiente LuNa: ¿Queréis un One shot de cuando Hancock se quedó en el Sunny con ellos (está en el primer capítulo de esta historia, Nami hace referencia a esa noche jeje) o otro distinto y aleatorio xD?
Lo más votado, será lo que escriba jeje. Hacérmelo saber :))
¡Un beso y un abrazo! ^^
