Buenas tardes. El capítulo de hoy es bastante corto, de todas formas toca exactamente los puntos que quería hacer notar. Mañana tengo dos exámenes algo difíciles ( TT-TT) deséenme suerte.
Muchas gracias por dejar sus reviews, por agregar a favoritos y en general por seguir el fic. Veo que tienen curiosidad por saber qué le preguntó Zoro a Robin :o en este capítulo tendrán una mejor idea n.n
Disc. One Piece y sus personajes son propiedad de Oda-sama *-* solo la trama de este fic es creación mía.
Resumen: ¿Qué puede ser peor que no tener un sueño? Actuar por mero instinto. Herir a quienes te quieren. Poner en peligro verdadero a quien amas. No poder hacer nada ante ello y depender por completo…de esa persona.
Por Instinto
Capítulo 2: Reglas de convivencia
Era algo así como las nueve de la mañana cuando un grito aterrado de Nami despertó a los Mugiwaras. Sanji, Franky, Ussop y Luffy se habían levantado a las seis para ayudarle a poner el barco en marcha, pero todos habían regresado a sus cuartos a dormir un rato más, solo Sanji se quedó un rato más con ella para prepararle el desayuno, y al final ella lo convenció de que descansara otro rato.
Así que cuando la oyeron gritar todos tuvieron que salir a ver qué pasaba, y la encontraron corriendo de un lado a otro, casi histérica.
-Nami, ¿qué ocurre?- preguntó Ussop, algo adormilado, tallándose los ojos.
-¡Zoro!- gritó ella a modo de respuesta sin dejar de correr.
-¿Qué tiene Zoro?- preguntó Chopper, alarmado.
-¡No está!
-¿Cómo que no está?
-¡No está! La puerta de su cuarto está abierta pero está vacío, él no está y ya lo busqué por todos lados.
Ante esta respuesta, todos se pusieron a buscar a su nakama en todos los lugares en donde se les ocurrió que podría estar. Se dividieron y lo buscaron en la cocina, en la bodega, en la bañera, en el nido de cuervo, en la torre de vigilancia, en las habitaciones, entre los mandarinos de Nami, pero por más que lo buscaron no lo encontraron en ninguna parte.
La situación era angustiante en más de un sentido porque en realidad no tenían ni idea de qué se le podía ocurrir a Zoro hacer en el estado en el que estaba. En algún momento de la noche anterior Ussop sugirió encerrarlo en su cuarto hasta que se les ocurriera alguna forma de mantenerlo tranquilo, pero en realidad nada les garantizaba que el aislamiento fuera buena opción. Además, de quererlo Zoro no hubiera tenido ningún problema en despedazar cualquiera de las puertas o habitaciones de las que disponían en el Sunny, y esa idea no le gustaba para nada a Franky.
Al final habían optado por dejarlo "libre". A final de cuentas, ¿qué era lo peor que podía pasar? Claro que jamás se les hubiera ocurrido que un Zoro sin sentimientos pudiera ser todavía más errático y salvaje que de costumbre.
Después de varios minutos de intensa búsqueda, Robin se detuvo en el centro de la cubierta y miró a Chopper.
-Chopper…
-¿Sí Robin?
-¿Sientes algo?
-¿Eh?
-Quiero decir, sigues teniendo en gran parte algunos instintos, ¿no es cierto?- se acuclilló frente a él, hablando con una voz de lo más tranquila, como invitándolo a pensar-. Pregunto si sientes algo en el ambiente, tal vez algo que necesites "contrarrestar".
Chopper se quedó pensando un segundo y miró a Robin como si no comprendiera. Pero lo meditó largamente y volteó a verle.
-¿Hambre? ¿Sueño?
-¿Algo más?
-Hace mucho calor…
Casi junto con decirlo, Chopper pareció darse cuenta de algo. Corrió hacia la barandilla, con Robin detrás de él. Luego de atisbar un rato en el agua, su grito alertó a los demás.
-¡Zoro! ¡Encontré a Zoro!
Los pasos apresurados del resto de la tripulación llegaron hasta ellos y se asomaron también por la barandilla.
Ahí, nadando con toda la tranquilidad del mundo, estaba Zoro.
-¡Zoro!- gritaron al mismo tiempo Luffy, Chopper y Brook mientras se lanzaban al agua con intenciones de "ayudar" a su amigo en "problemas", mientras los demás gritaban diversos y coloridos insultos para el marimo desconsiderado que tan gran susto y tantos problemas les había traído.
-¡Sube ahora mismo, Zoro!- le gritó Nami desde arriba, desgañitándose- ¡y trae a esos idiotas contigo!
Zoro la miró, y acto seguido se hundió de nuevo en el agua. Después de unos segundos su verde cabellera salió a la superficie, traía a Brook en un hombro, a Luffy en el otro y a Chopper bajo el brazo derecho.
Franky le lanzó una escalera para que pudiera subir.
Después de que los tres echaran toda el agua que habían tragado, Nami se encargó de golpear a Zoro un buen rato en la cabeza, una y otra vez, totalmente enojada por lo ocurrido.
Era más que evidente que Zoro estaba adolorido por los golpes, pero no se mostró molesto con Nami en ningún momento por habérselos dado.
-De todas formas, ¿qué rayos hacías allí abajo?
-Hace mucho calor- contestó él con toda sencillez, y a Nami casi le da algo.
Sanji se apresuró a preparar un almuerzo delicioso que distrajera a sus compañeros, pero a Nami, claro está, por sobre todas las cosas, de este interesante episodio.
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Durante el almuerzo, por supuesto, no fue tan sencillo como ellos creyeron lograr que Nami se calmara. La navegante estaba demasiado estresada, primero porque estaba tratando de mantener la ruta e invertir la menor cantidad de tiempo posible en llegar a la siguiente isla, segundo, porque de algún modo seguía sintiéndose culpable de lo que había sucedido con Zoro. Esto no cambiaba que estuviera terriblemente molesta con él. ¿Qué demonios se creía el espadachín? Les había metido un buen susto (sobre todo a ella) y esto no estaba dispuesta a soportarlo por demasiado tiempo.
-Algo tendremos que hacer- concluyó luego de darle un trago a su jugo de naranja, para dejarlo sobre la mesa- entiendo que no deberíamos impedirle que haga lo que necesita… ¡pero imagínense a qué extremos puede llegar! El momento menos pensado se desnudará a media cubierta, o se comerá todas las reservas como Luffy.
-Pero oíste lo que dijo el viejo- replicó Ussop- Si siente que lo limitamos se puede poner violento. Y bueno…- echó un ojo sobre el resto de sus compañeros, como si no estuviera seguro de que lo que diría era correcto- sería capaz de matarnos y lo sabes.
-Eso lo entiendo. Pero aun así…- volteó a ver a Robin, como buscando que ella le apoyara. Robin bajó su taza de café y miró con tranquilidad en dirección a Zoro, quien estaba recostado cerca de la puerta, profundamente dormido luego de comerse su porción de carne casi completamente cruda, un par de frutos y varias cervezas.
-El sacerdote dijo que aún conservaba algo de consciencia y percepción del bien y del mal. Él nos obedece cuando le pedimos que haga algunas cosas porque en teoría no le hemos impedido gran cosa y porque sabe, o al menos eso espero, que está bien que lo hagamos. Me parece que si hacemos un pequeño "reglamento" para que se comporte, no tendremos problemas mientras sea capaz de cumplirlo.
-Robin chwan es tan inteligente- comenzó a canturrear Sanji- que creo que cada día me enamoro más.
-No parece mala idea- opinó Franky- la cosa es comprobar si funciona o no.
-Tal vez hasta podamos entrenarlo- sonrió Nami, ahora en un tono extrañamente burlón- después de todo ahora básicamente es un animal, ¿no es cierto?
Antes de que alguien más contestara, Chopper carraspeó para llamar la atención hacia él. Lucía un poco molesto.
-Es una situación distinta. Que Zoro no tenga sentimientos no lo hace un animal.
-Chopper, yo…
-Los animales tienen sentimientos, ¿sabías eso?
-Claro que lo sé, Chopper, solo quise decir que…
-Y para tu información, no son tan fáciles de entrenar como todos piensan.
-Lo siento…Chopper… no quise decir que…
-No te preocupes. Está bien.
-Lo lamento.
-¡Deja de disculparte, tonta!- espetó el reno, para sorpresa de todos- te perdono, pero no vuelvas a insinuar algo así.
Nami asintió, un poco asustada.
Después de este momento incómodo, todos se quedaron viendo sus platos y volvieron a comer. Cuando Chopper terminó, se levantó casi en seguida para retirarse, y todo pareció volver a la calma, pues aunque el tema de Zoro no se había dado por concluido, todos estaban tranquilos.
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Quien no se quedó tan tranquila a pesar de todo, fue Robin. Así que cuando terminó de comer se puso de pie y caminó a la biblioteca, que era a donde había visto dirigirse a Chopper.
Tocó la puerta antes de entrar.
-Soy yo, Chopper, Robin- se anunció con su voz más dulce-, ¿tienes un minuto?
-Pasa.
Robin entró en la habitación y pudo ver que Chopper tenía varios libros sobre la mesa, además de una libreta con apuntes y varios papeles sueltos. Se acercó y se sentó cerca de él. Comprobó con la vista que prácticamente toda la mesa estaba cubierta de material.
-¿Sucede algo, Chopper?
-Investigo.
-¿Sobre….?
-Sobre lo de Zoro- confirmó él, para luego tallarse los ojos- quería pensar que tal vez pudiera hacer algo para remediarlo, pero este caso es único al menos en la medicina. Es decir….- levantó un montón de hojas, las acomodó y las dio a Robin; ella las repasó con la vista mientras seguía escuchándolo- puedo ayudarle. Puedo suministrar hormonas que alteren sus ciclos, puedo hacer que duerma y coma cuando y donde nosotros queramos. Pero no puedo devolverle sus sentimientos.
-¿Es por eso que te encuentras alterado?
Chopper respiró profundamente y luego soltó el aire, mostrando desánimo. Asintió.
-No dormiste en toda la noche, ¿no es cierto?
Volvió a asentir. Pocas veces Robin recordaba haberlo visto tan triste. Ella sabía que Chopper le tenía mucho cariño a Zoro, como a un hermano mayor. Lo admiraba y aunque no lo había dicho, todos se daban cuenta de que para el renito era muy importante que Zoro se sintiera orgulloso de él, y le dolía decepcionarlo.
Robin le sonrió al pequeño Chopper. Esperó que con eso se calmara un poco, y en cierto modo funcionó. Él se limpió unas pequeñas lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos y le sonrió sinceramente.
-Nami tiene algo de razón. Chopper, tu podrías ayudarme a pensar en qué reglas podemos hacer que Zoro siga para que esto no se salga de control.
Chopper volvió a mostrar cierta molestia.
-Ya les dije yo que el estado en que se encuentra Zoro no es el de un animal.
-El ser humano también es un animal a final de cuentas- ella volvió a sonreír- algunos más salvajes que otros, ¿No crees?
Chopper bajó un poco la cara y una sonrisa tímida asomó por su rostro. Robin acarició suavemente su cabecita y siguió hablando.
-Chopper san, tu comprendes muy bien lo que está sucediendo, tanto por tu naturaleza como porque eres médico. No te sientas mal por esos comentarios, creo que comprendes tan bien como yo lo que Nami quiso decir. Ella nunca pensó que podría herirte.
-Lo sé. No quería reaccionar así pero me siento algo triste con todo esto.
-Todos nos sentimos un poco mal. Pero lo único que podemos hacer es dar lo mejor de nosotros para que Zoro vuelva a ser el de antes. ¿Has visto que hasta Sanji san le tiene algo más de paciencia?
Chopper asintió.
-Supongo que tienes razón. ¿Se te ocurre algo con qué empezar?
Robin se puso cómoda en la silla y ayudó a Chopper a acomodar los libros en una pila para que no ocuparan demasiado espacio, lo mismo que el conjunto de papeles sueltos que se dispersaban por la mesa. Después, tomó un cuaderno y una pluma.
-Primero deberíamos pensar en qué cosas podría hacer Zoro tal y como está. ¿Cuáles son los instintos que va a necesitar satisfacer?
Chopper lo pensó un momento.
-Hambre, agua, regulación de su temperatura corporal, descanso.
-Bien. No podemos establecer horarios de comida, pero quizás podamos imponer una cantidad máxima para permitirle que coma.
-Es buena idea- respondió Chopper- lo mismo con el agua o las bebidas que quiera tomar. Necesitamos llegar a la siguiente isla sin morirnos de hambre y entre él y Luffy podrían acabar con todo.
-Exacto- Robin pensó un momento y comenzó a apuntar rápidamente.
-Lo de la temperatura es más difícil. No creo que podamos impedirle nadar o quitarse la ropa donde quiera, como dijo Nami.
-Podríamos pedirle que nos avise si piensa hacer alguna de esas cosas- resolvió ella, con calma- Zoro es muy fuerte, y perfectamente capaz de nadar al mismo ritmo del barco si él así lo quiere. Por otro lado, podríamos sugerirle que si quiere desnudarse vaya a un lugar privado. Si solo se quita la camisa no creo que haya demasiados problemas, de todas formas.
-Sí, tienes razón- Chopper se recargó hacia el respaldo de la silla, mirando hacia el techo, pensativo- en cuanto al descanso…eso no afecta a nadie.
-De hecho no. Pero si sigue durmiendo en los escalones…
-Podría lastimarse la columna- completó el reno- tienes razón. Hay que advertirle que debe dormir, mínimo, en un lugar horizontal y firme.
Siguieron conversando de algunas otras cosas que les pareció que era importante hacerle saber a Zoro, o que ellos mismos podrían hacer para controlar la situación, por ejemplo, ejercer un poco de vigilancia sobre él, claro, sin que fuera demasiado notorio para que no sintiera amenaza alguna.
Robin siguió apuntando en la libreta, pero no se le pasó que Chopper parecía estar muy pensativo, es decir, preocupado. Iba a preguntarle el porqué, pero no tuvo que hacerlo, porque Chopper mismo se lo dijo.
-Zoro es un hombre…que solo responderá a sus instintos- pensó en voz alta- y él está…en su edad reproductiva. Es sano. Puede sonar raro pero él va a necesitar- se puso un poco rojo, la verdad era que nunca había enfrentado este "tipo" de problemas y nunca pensó que lo haría dentro de la tripulación, quizás solo con Sanji, pero no con los demás y muchísimo menos con Zoro-, desahogo.
-Oh…- Robin tampoco había pensado en eso. Claro, ella estaba perfectamente consciente de lo que Chopper acababa de decir, y aunque era algo realmente obvio, hasta el momento no se le había pasado por la cabeza- es verdad. Pero no se me ocurre qué podemos hacer para…
-Podría darle hormonas- propuso Chopper de pronto- muy suaves. Casi no le harán nada, solo inhibirán la libido y probablemente tengan algún efecto secundario en él… solo hay que asegurarnos de que se las tome con regularidad.
-De acuerdo. Hablaré con él. Espero que me escuche y que haga caso de esto, mejor ahora que aún puede razonar de manera correcta.
-Esperemos que sí- contestó el pequeño y acto seguido lanzó un bostezo.
-Deberías dormir, Chopper san. Has trabajado duro. Yo acomodaré todo esto, no te preocupes.
-Sí, necesito descansar- Chopper bajó pesadamente de la silla y anduvo con pasos lentos y torpes hasta la puerta. Salió de la habitación y Robin se quedó sentada un momento.
Luego de un par de minutos se puso de pie. Tomó los libros y uno por uno los fue acomodando en su estante correspondiente. Tomó los apuntes de Chopper, y pensó en llevárselos por si le servían de algo pero no quería molestarlo ahora que podía dormir un poco así que decidió ir guardarlos a la enfermería. Tomó la libreta y salió de allí.
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Luego de guardar las hojas con apuntes en un cajón dentro de la enfermería, Robin comenzó a buscar a Zoro.
Ahora mismo podría encontrarse en cualquier parte y eso ella lo sabía muy bien. Sin embargo, no tuvo que romperse mucho la cabeza para encontrarlo, solo siguió caminando y lo encontró sentado bajo la sombra de los mandarinos de Nami. Se acercó a él con resolución, y se sentó a su lado.
-Hola, Zoro- saludó con ánimos, pero él solo volteó a verla e inclinó la cabeza en señal de saludo, sin decirle nada. Robin abrió la libreta y buscó la hoja donde había apuntado lo que había conversado con Chopper. Pensó un momento antes de comenzar a hablar.
Mientras tanto, él se había mantenido estático. Miraba hacia el cielo, pero no con interés ni con aburrimiento, sino con un rostro completamente neutral. Robin llamó de nuevo su atención moviendo su mano como si lo saludara, haciendo que él volteara hacia ella.
-Estuvimos hablando y creemos que lo mejor para mantener algo de orden por aquí es que sigas ciertas reglas mientras puedas hacerlo.
Arrancó la hoja de la libreta y se la dio para que la leyera.
-Básicamente, cuando necesites hacer algo trata de no lastimar a nadie, ni a ti mismo. Si quieres ir a nadar al mar avísanos antes, y si tienes hambre o sed no puedes comer más de la mitad de las reservas que haya disponibles o moriremos antes de llegar a la isla del Ocaso.
Zoro tomó el papel de sus manos y repasó lo que venía escrito. Asintió.
-¿Lo harás?
Volvió a asentir.
-Chopper te dará unas pastillas que servirán para prevenir algunas cosas. Veremos cómo reacciona tu cuerpo, no creo que te hagan daño alguno.
Zoro volvió a asentir.
Era todo lo que tenía que decirle. No quería explicarle todo con manzanas porque después de todo, una cosa era que no tuviera sentimientos y otra muy diferente que fuera idiota. Es decir, a veces era muy bruto y cabeza dura, pero solía comprender bien este tipo de cuestiones sin tener que darle muchas vueltas, era un hombre directo y eso lo hacía un poco menos difícil que alguno de sus compañeros.
Por el momento, Robin se sintió en paz de estar allí con él, de modo que se recargó en el tronco de uno de los mandarinos y guardó silencio un rato.
Volteó a verlo, esperando a que se hubiera quedado dormido pero no era así. Zoro estaba despierto con la mirada fija en ningún lado.
Robin se sorprendió de darse cuenta de lo realmente vacía que era su expresión. Zoro siempre había sido bastante indescifrable, muy poco expresivo, introvertido donde los hubiera y silencioso en la mayoría de los casos, pero no tenía palabras para describir cómo lucía en ese instante.
Un poco nerviosa, decidió que quizás podía ser ese el momento para preguntarle algo. De hecho, quizás el que no tuviera sentimientos lo haría más sencillo. No habría muchos problemas. Pero… ¿no sería una imprudencia?
Y una cobardía, además. Aprovechar que Zoro se encontraba en ese estado para facilitar las cosas…
Sí, era muy cobarde de su parte. Aunque por otro lado, no tenía por qué ser algo malo. Solo era una pregunta, y no era como si Zoro hubiera perdido sus recuerdos. Claro que entendería, pero quién sabe qué era lo que ella podría esperar de él en una situación así.
Decidió no darle demasiadas vueltas al asunto. Lo miró, como si no le importara demasiado, y sonrió decidida.
-¿Recuerdas lo que me preguntaste la otra noche, antes de llegar a la isla del Alba?
Zoro la miró, despegando su vista de la nada, concentrándola en su rostro. Asintió.
-¿Todo?
Volvió a asentir.
-¿Te interesa saber lo que tengo que responderte?- en esta última pregunta su voz no sonó tan firme ni tan animada como las otras. Estaba nerviosa, pero no duró mucho porque no tardó en darse cuenta de que en realidad no tenía verdaderos motivos para sentirse así, estando Zoro como estaba.
Zoro ahora se quedó estático. Ella esperó. Finalmente, supuso en realidad le había hecho una pregunta para la cual no había respuesta, básicamente la curiosidad no es un instinto así que él probablemente no tenía esa percepción.
Después de varios segundos, el espadachín abrió sus labios.
-No lo sé.
Y ella supuso que era verdad, ¿por qué iba o no querer saber lo que ella debía decirle?
Sonrió, un poco derrotada pero consciente de que aquello era un caso perdido desde un principio, y que había sido un poco tonto de su parte preguntarle algo así.
-Está bien. Zoro- su expresión se volvió seria- te prometo que recuperaremos tus sentimientos.
Se sonrió.
-Por raro que eso suene.
Se puso de pie, pero un vacío extraño se sintió dentro de su corazón.
Quizás en su interior había deseado que fuera posible que en realidad los sentimientos de Zoro siguieran allí en alguna parte, y que solo fuera necesario el impulso necesario para sacarlos a la luz. Pero no lo habían logrado ni los insultos de Sanji, ni el enojo de Nami, ni la ternura de Chopper y Luffy. Y ahora tampoco había pasado nada con su pregunta.
Su pregunta, que esperaba que moviera "algo" en él. Pero no lo hizo.
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Cierto era que Robin no solía hablar así. No podía hacer promesas porque ella no era como Zoro. Ella no estaba nunca segura de nada.
Aunque ahora estaba con los Mugiwaras, y después de Ennies Lobby sentía que su vida volvía adquirir significado, el miedo a que el día siguiente no amanecería para ella estaba perfectamente latente. Se sentía segura, sí, pero no lo suficiente para prometer nada a nadie.
Zoro era lo contrario. Aunque su vida estaba más o menos sobre la misma línea que la de ella, el espadachín era testarudo y orgulloso. Si él prometía algo era porque estaba seguro de que viviría, de que lograría sus metas, y por lo tanto, que cumpliría lo prometido. Él podía extender sus brazos y proteger a quien quisiera. Él podía prometer una y mil cosas porque él sabía y todos sabían que viviría, que lo lograría.
Repentinamente, cayó en cuenta de que se sentía débil. Es decir, no solo ella. La tripulación se sentía incompleta porque estaban conscientes de que Zoro no tenía ese "algo" que le daba tanta fuerza todo el tiempo. Básicamente, él solo atacaría a un enemigo si se sintiera personalmente amenazado.
No era que solo les importara ese lado de Zoro, pero era uno de los problemas de que no contara con sentimientos, y por tanto, con lazos suficientemente fuertes con ellos, más que ser quienes le procuraban agua, comida y refugio de manera fácil.
De tener que hacerlo, Zoro sabía sobrevivir bien él solo y ellos lo sabían.
Robin en particular se sentía en peligro. No podía esperar ser protegida por Chopper, Ussop, Brook o Nami, a veces ni siquiera por Franky. Sanji siempre estaba tras ella y Nami, y Luffy siempre estaba cuidándolos a todos, con el respaldo de Zoro, obviamente, y muchas veces la presencia del espadachín era el principal motor que hacía sentir a los demás fuertes, sobre todo al capitán.
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Robin caminó por la cocina, tomó una fruta y salió con la misma tranquilidad. Salió y se quedó recargada en la barandilla, mirando hacia la cubierta. Nami estaba sentada tomando el sol. Sanji, Ussop y Luffy veían como Franky terminaba de ajustar un nuevo dispositivo que seguramente usarían para jugar a cualquier cosa.
Brook estaba a lado de ellos, también mirando con curiosidad mientras afinaba su violín.
Chopper debía seguir dormido plácidamente en su cuarto y Zoro no estaba a la vista, seguramente seguía donde ella lo había dejado pero simplemente no estaba en su espacio visual.
Robin se quedó allí, ya que no había llamado la atención de nadie. Sonrió, pero no se sentía del todo bien.
Se sentó en el suelo, en posición de loto, y siguió viendo a sus amigos a través de la barandilla.
Tenía tanto en que pensar… pero ya había tomado ya decisión. Una importante.
No se sentía segura ni protegida, como ya había pensado antes, porque perder a Zoro en ese sentido hacía tambalear todo lo demás.
Zoro tenía responsabilidades y él lo sabía muy bien. Se lo había dicho.
Su deber como primer oficial de la tripulación era proteger a Luffy y a su sueño. Su deber como espadachín era proteger a sus amigos aún a costa de su propia vida. Y su deber como hombre, imperceptiblemente, con el paso del tiempo, se había vuelto protegerla a ella.
Al pensar de nuevo en esto –como había estado repasándolo noche tras noche desde que él mismo se lo dijo- se llevó una mano a la frente, tratando de pensar en todo lo que había pasado, y en qué demonios podía hacer ella para remediarlo.
Zoro ya no iba a proteger a nadie. Pero eso no quería decir que todo lo que había sucedido hubiera desaparecido.
Ella debía lograrlo. Ella tenía que recuperar los sentimientos de Zoro, y en el proceso, necesitaba velar por él. Tratar de asegurarse de que estaría bien y que no sucedería nada malo con él. Que no se pondría en riesgo y que no haría daño a nadie más. Y que finalmente, volvería a ser el mismo Zoro de siempre y continuarían con su viaje, terminando todo lo que hasta ese momento estaba inconcluso. Cumplir los sueños de todos ellos.
Al pensar en eso, Robin se dio cuenta de que las cosas habían dado un giro de ciento ochenta grados. Ella, la que no podía hacer promesas y la que extrañamente no se sentía con la capacidad para proteger a nadie, ahora estaba más que dispuesta a proteger a la persona que menos necesitaba de esa protección, y hasta le había prometido recuperar sus sentimientos- algo que, a decir verdad, no estaba completamente en sus manos resolver.
Se dio cuenta de lo involucrada que estaba ahora en ello. Lo había estado desde un principio, pero sin querer, lo había hecho personal. Siguió preguntándose si había sido tonta por ello, pero luego de un rato, decidió que no. Uno no puede ser tonto solo por sentir algo, ¿no? al menos eso quería creer.
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No llegaron a los tres días como había querido Nami, pero sí al amanecer del cuarto día. Para sorpresa de todos, Zoro siguió bastante bien las "reglas" sugeridas por Robin y Chopper, y gracias a ello habían podido tener una convivencia más o menos tranquila durante ese tiempo. Sus horarios seguían un patrón caprichoso, pero no actuaba de una manera tan caótica como habían esperado. Las pastillas recomendadas por Chopper no habían tenido efectos secundarios, y cada vez que planeaba hacer algo arriesgado, peligroso o que implicara una aparente desaparición de su parte, como tirarse al mar a nadar como un par de días antes, avisaba a alguien.
A pesar de que sin las constantes peleas con Sanji ni los niños de la tripulación molestándole como era costumbre, se respiraba un ambiente de paz, esto no era del todo agradable. Porque había mucha paz, pero una paz intranquila, perturbadora y hasta triste, pues aunque fueran una tripulación muy animada y usualmente alegre, la situación no estaba para que ellos estuvieran festejando y divirtiéndose como siempre. Tenían momentos para distraerse, pero no solían durar. Luffy estaba extrañamente apagado y solo esto hacía que todos los demás se sintieran extrañamente desanimados.
Al ver la isla aparecer en el horizonte no hubo júbilo como al llegar a la isla del Alba, pues aunque se trataba de una isla de ocio y recreación como la otra, no habían llegado allí con esa finalidad.
-Tocaremos puerto en menos de diez minutos- precisó Nami- es hora de preparar todo. Lo primero que haremos al bajar será buscar al otro sacerdote y preguntarle qué podemos hacer, sin retrasos. Franky, ¿Tienes las cartas?
-Por supuesto, las guardé bien desde que llegamos al barco.
-De acuerdo. No pierdan de vista a Zoro por nada del mundo. Sanji, Fanky, Ussop, ayúdenme a anclar.
Ellos obedecieron sin chistar.
Robin por su parte, se dispuso a vigilar a Zoro. Chopper había estado ocupado, y parte de ella no había nadie allí que fuera realmente apto para hacerse cargo de él.
Lo buscó por un rato, y finalmente lo encontró en la bodega, bebiendo una cerveza, pero con varias botellas vacías tiradas a su alrededor.
-Hemos llegado a la isla del Ocaso- informó con voz calma- ¿estás listo para bajar a la isla?
Aunque sabía perfectamente que una pregunta así tenía una respuesta más que obvia; él no sabía nada de eso.
Se acercó a su compañero. Él estaba viéndola en silencio.
-Dame tu mano.
Zoro obedeció. Su mano era tan fría que Robin sintió algo realmente extraño en su interior.
-Ven conmigo.
Lo llevó afuera de la bodega. Mientras caminaban, Robin percibió que él se acercaba un poco más a ella. No se inquietó.
Pero luego de pensarlo por un rato se dio cuenta de que durante esos días, ella había sido la que más tiempo había pasado, y la que más había demostrado su preocupación por Zoro.
¿Sería posible que él se diera cuenta de ello, y que de alguna forma estuviera correspondiendo a sus cuidados? Sin embargo eso no era posible.
Cuando entrenas a una criatura, lo quieras o no, siempre hay algún sentimiento de por medio. Ya sea cariño, lealtad, disciplina o simple miedo. En este caso, no se podía tratar de ninguna de esas cosas, así que ella decidió que seguramente cualquier acercamiento en realidad solo había sido un producto de su imaginación.
Cuando llegaron a cubierta, soltó su mano antes de que alguien los viera, y Zoro se quedó parado junto a ella, ambos mirando la isla a la que cada vez se acercaban más.
Un paso más cerca de resolver aquello. Un poco más cerca de enfrentarse, quizás, a algo realmente difícil.
No querían que ninguno de ellos pasara de nuevo por alguna cosa así, no querían que el próximo reto a enfrentar solo los dejara peor. Harían algún plan si supieran a qué se enfrentarían, pero no era tan fácil.
Robin se preguntó si se enfrentarían al espíritu esta vez. En la otra isla solo habían visto una nube de humo, pero nada que fuera realmente signo de que un poderoso ente los hubiera atacado.
¿Qué tanto daño más podía hacerles? ¿O acaso se ensañaría solamente con Zoro?
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Llegaron a la isla y anclaron en un lugar seguro, donde el barco no llamara mucho la atención. No había marines cerca y lo sabían pero en realidad ellos no eran el problema más grande en el horizonte para los Mugiwaras.
Bajaron y se apresuraron a buscar el templo. Estuvieron evadiendo a los turistas y a los vendedores, ellos no habían ido allí a vacacionar sino a resolver un problema realmente serio. Comenzaron a correr por toda la isla, pero no encontraban nada.
Siguieron buscando. En todo este tiempo, Robin no se separó de Zoro ni un momento, pues realmente le preocupaba lo que pudiese ocurrir con él. Lo llevaba de la muñeca, y con el paso de los minutos su mano se entrelazó con la de él. Sus dedos se enredaron mientras caminaban por el lugar.
Finalmente, Robin encontró a un guía de turistas, al cual pudo preguntarle por el sacerdote. El resto de sus compañeros se acercaron a ellos, pues se encontraban cerca.
El guía de turistas se mostró sorprendido.
-El sacerdote de nuestra isla es un hombre muy serio y reservado- informó- casi un ermitaño. No le gusta la gente, casi nunca se acerca a la ciudad y es muy difícil hacer que acepte recibir a alguien en su casa.
-¿Dónde vive?- preguntó Robin pues todo aquello les daba igual. Necesitaban ver al sujeto costara lo que costara, aún si él no quería verlos.
-Del otro lado de la isla- explicó- pero tienen que atravesar el pantano. Es muy peligroso ir por allí, pero es la única forma. No lo recomiendo, realmente. Además- sonrió- hay muchísimas otras cosas que hacer por aquí. Tenemos comida, parques, balnearios…
-No nos interesa, pero gracias- interrumpió Robin, impaciente.
Se alejaron a un lugar despejado donde no los atropellara la gente que caminaba de un lado a otro. Tanto alboroto era realmente molesto ahora que ellos realmente no iban a conseguir divertirse en modo alguno.
Luego de que encontraron un lugar alejado donde nadie los fuera a interrumpir, comenzaron a conversar acerca de lo siguiente que tenían que hacer. Lo discutieron por un momento, pero todo llegaba a la misma conclusión.
-Pues no hay de otra, hay que ir- decidió Sanji.
-Vamos a buscar un mapa y ya saldremos de aquí- decidió Nami.
De pronto se hizo un silencio pesado, y Robin se dio cuenta de que Nami veía como su mano se había quedado amoldada con la de Zoro. La navegante la miró con un gesto de preocupación, y ella lo soltó de golpe.
-Vamos- continuó, algo avergonzada de su actuar, aunque por suerte los demás no habían parecido darse cuenta de nada.
Quizás fue en este momento que Robin se dio cuenta de que se estaba metiendo en problemas. Realmente, muchos, y muy serios problemas.
Continuará…
Fue corto, lo sé, pero es uno de esos capítulos como de transición. En el próximo habrá más acción y por supuesto, como siempre, más y más drama.
Espero que les haya gustado aunque fuera un poco. Cuando termine los exámenes tendré oportunidad de escribir más, espero.
El primer mes luego de entrar a clases ha sido terrible ._. me metí a muchas actividades y estoy que no puedo con mi alma, pero ya pasó la peor parte :) este pinta para ser un gran semestre n.n
Ah! A los que se preocuparon por mi accidente, gracias por preguntar y no se preocupen, estoy bien pero aún no cierran bien todos los raspones que me hice :p considerando que pude haber sido atropellada XD (me caí bajando del transporte público) podría decirse que tuve mucha suerte… mucha, mucha suerte ._.
Bien bien, saludos! Nos leemos pronto.
Aoshika October
