Hola de nuevo! Quería publicar más temprano pero me surgieron algunos asuntos…

Estoy feliz, mañana no tengo clases y podré dormir! Jejeje… pero también tendré que hacer tarea -.- pero ni modo. Al menos no tendré que ir a natación.

Muchas gracias por preocuparse por mí :') pero ya no estoy tan mal herida, solo se me termina de caer la costra y ya. Todo está bien TTuTT

De acuerdo, a continuación les dejo el tercer capítulo del fic, que al menos conseguí hacer esta vez de un largo aceptable. Muchas gracias por dejarme sus reviews y por seguir leyendo esta historia :D

Disc. One Piece y sus personajes son propiedad de Oda-sama *-* solo la trama de este fic es creación mía.

Resumen: ¿Qué puede ser peor que no tener un sueño? Actuar por mero instinto. Herir a quienes te quieren. Poner en peligro verdadero a quien amas. No poder hacer nada ante ello y depender por completo…de esa persona.

Por instinto

Capítulo 3: la Piedra

Finalmente, tomaron la decisión de adentrarse en el pantano. Franky volvió al barco corriendo por algunas herramientas que creía que podían serles útiles para llevar a cabo esa expedición.

La travesía no sería sencilla. El pantano tenía una vegetación muy espesa. El ambiente era húmedo, pesado y caluroso, había todo tipo de animales en todos lados y el suelo era lodoso y no muy estable. Pero aun así, se armaron de valor y comenzaron a moverse.

Mientras más se adentraban, más fuerte era el calor y la humedad, y todos comenzaron a resentirlo, sobre todo Chopper, que no era apto para lugares tan calurosos. Lo peor era quizás la humedad. En conjunto, lo extremoso del ambiente era para él comparable al calor y al sol infernal bajo el que habían caminado en Arabastra.

-Si quieres regresa al barco, Chopper- sugirió Robin- no te hace ningún bien esto. Además, necesitas estar bien por si cualquier cosa llegara a pasar.

-Pero también…necesito estar aquí- contestó él, jadeando, mientras tomaba un trago de su botella de agua- por eso mismo.

Robin le sonrió mientras seguían caminando.

Pasaron otra media hora caminando, y no pasó nada demasiado fuerte. Fueron atacados por un par de insectos gigantes de los que Luffy y Sanji se hicieron cargo con notoria facilidad, cruzaron un pequeño arrollo y siguieron, pero el camino comenzó a inclinarse hacia arriba y todavía, según los cálculos de Nami, les faltaba la mitad del camino.

En este punto, Chopper se echó al suelo.

-No puedo más- declaró el renito, con sus ojos dándole vueltas. Robin se acuclilló a su lado y le tocó la frente.

-Necesitas descansar- le dijo, sonriendo, mientras le alcanzaba su botella de agua. Lo ayudó a recargarse contra el tronco de un árbol, y los demás buscaron una roca para sentarse.

-Todos estamos exhaustos- dijo ahora Nami- pero hay que seguir.

-Aunque lleguemos a la casa del sacerdote de esta isla, esto no es más que el principio. Recuerden que hay que ir a uno de esos "lugares sagrados"- recordó Franky, haciendo comillas con sus dedos- y probablemente enfrentarnos al espíritu…o a lo que sea.

-Creo que lo mejor será que descansemos todos un rato- comentó Ussop, recargándose también contra un árbol.

Todos hicieron esto y al poco rato ya se sentían mucho mejor para continuar, todos excepto Chopper.

-Supongo que necesita algo más de tiempo.

-¿Quieres que alguien te cargue, Chopper?- sugirió Luffy, acercándose a él dispuesto a llevarlo, pero Chopper lo mantuvo alejado, estirando sus brazos hacia él.

-No, no es necesario. Solo déjenme descansar un rato más.

-Bien, ¿qué les parece si nos adelantamos un poco para ver qué hay más adelante? Para estar prevenidos. Veremos qué camino es mejor tomar- Sugirió Nami, y todos estuvieron de acuerdo.

-Yo me quedaré aquí con Chopper- ofreció Robin.

-Que Zoro también se quede. Si van a estar aquí quietos, es mejor a que esté con nosotros y de pronto se pierda.

-Claro.

Se dividieron en pequeños grupos y se adelantaron, tomando rumbos distintos. Robin se mantuvo a lado del médico, dispuesta a ayudarlo en lo que necesitara.

-¿Cómo te sientes, Chopper?

-Un poco mejor, Robin. Pero necesito un momento más.

-De acuerdo.

Entonces ella volteó a ver a Zoro quien, sentado en el piso atrás de ella, miraba fijamente a Chopper.

-¿Tú te sientes bien?

Zoro levantó la vista y no contestó.

-Quiero decir, ¿estás cansado, herido, o algo?

-No.

-De acuerdo.

Sabía que decirle cualquier otra cosa estaba de más, y que de todas maneras, no iba a servirle de nada.

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Nami se abrió paso a través de los arbustos y miró a su alrededor.

-Creo que estará bien venir por aquí, el camino no está muy despejado pero a hasta ahora no ha sido muy peligroso- le dijo a Luffy, que venía con ella- y mira, de acuerdo con el mapa, un poco más allá está el camino que hay que tomar para llegar a casa del sacerdote.

-¿Entonces llegaremos rápido?

-Si podemos apurarnos en llamar a los demás…- Nami comenzó a enrollar el mapa para guardarlo, cuando un grito llamó su atención- ¿Ese no era Chopper?

-Creo que sí- Luffy volteó hacia donde habían dejado a sus amigos, y comenzó a correr de regreso. Nami también corrió.

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Cuando llegaron allí, la escena no era muy favorable. Chopper había sido enrollado por el tallo de una planta enorme, que comenzó a moverlo de un lado a otro. Otro lado de la planta también comenzó a moverse, este era una enorme flor, que comenzó a abrir sus pétalos en dirección a él.

-¡Es una planta carnívora!- gritó Ussop, quien también acababa de llegar acompañado de Franky.

Al pie de la planta, que debía medir unos cinco metros de altura, estaba Robin con los brazos cruzados sobre el pecho, mirando hacia arriba. Usaba cientos de brazos para tratar de soltar el agarre que la planta ejercía sobre Chopper.

-¡Hay que destruirla!- gritó Luffy, preparando su brazo para atacar, pero Chopper gritó.

-¡No!- apenas podía hacerlo, no tenía suficientes fuerzas.

-¡Si la atacas la flor Chopper será estrangulado por el tallo!- explicó Robin- No tiene fuerzas para transformarse, en ese estado lo va a despedazar. Es mejor tratar de abrir el tallo o cortarlo directamente.

Los gritos de Chopper cada vez eran más fuertes. Luffy se impulsó a sí mismo hacia arriba y trató de ayudar a las manos de Robin para abrir el agarre y hacer que lo soltara, pero el tallo era demasiado firme y fuerte.

-¡Zoro, corta esto!- gritó Luffy desde arriba, pero no obtuvo respuesta.

En este punto, Nami buscó con la vista a Zoro. Y lo encontró, sentado a los pies de Robin, mirando hacia el suelo como si nada de lo que estaba pasando allí fuera asunto suyo.

-¡Zoro, haz lo que dijo Luffy, rápido!- pidió la navegante, pero él ni siquiera se dio por aludido.

Ussop y Franky se sumaron al intento de abrir la planta para que soltara a Chopper, pero ésta comenzó a sacudirse con fuerza, tirando al suelo con un fuerte golpe a todos, excepto claro, a Chopper.

-¡Zoro, córtalo, por favor!- gritó Robin, pero siguió sin dar muestra alguna de consciencia. Las manos de Robin comenzaban a arderle. La planta debía de tener alguna sustancia ácida en su tallo.

Los demás volvieron a la carga, pero la planta comenzó a atacarlos con otros tallos que se movieron hacia ellos para azotarlos.

-¡Cuidado!- gritó Robin- ¡mientras más amenazada se sienta más presionará a Chopper!

Y era verdad, el doctor no hacía más que gritar y gritar, cada vez con más fuerza.

-¿Qué sucede?- Sanji y Brook aparecieron de pronto.

-Escuchamos los gritos de Nami san y de… ¡Chopper!- Brook soltó un grito y comenzó a correr de un lado a otro, perdiendo el control, pero al verlo Nami sonrió.

-¡Brook! ¡Corta esa planta, pero solo la parte que tiene sujeta a Chopper!

-¡Ten cuidado!- le pidió Ussop, quien después fue mandado a volar de nuevo por la planta.

Brook recobró la compostura y adquirió una pose de concentración. Los demás se quedaron quietos en espera de que hiciera su ataque. Se escuchaban pequeños sollozos de parte del pequeño reno, pero los estaba conteniendo con valentía y eso era claro para todos.

Vieron a Brook saltar por el aire y una especie de rayo atravesó la planta, pero no ocurrió nada más hasta el momento en que Brook tocó tierra con los pies y guardó su espada a modo de bastón.

Al pasar esto, la planta comenzó a acudirse de un lado a otro, y sus pedazos cayeron al suelo pesadamente. Chopper también cayó, pero Sanji tuvo tiempo de adelantarse y atraparlo antes de que golpeara el suelo.

Robin por su parte, cayó exhausta, de rodillas junto a Zoro, que seguía allí sentado. Miró sus manos, estaban enrojecidas y tenían varias ampollas. Notaba un fuerte picor e irritación. Se dio cuenta que una parte había comenzado a inflamarse.

-Chopper, ¿Estás bien?- preguntó Sanji mientras dejaban a Chopper en el piso para que descansara.

Estaba agitado y no podía respirar bien, pero asintió.

-¡Zoro!- comenzó a gritar Nami- ¡eres un…!

Pero al acercarse a él, tomarlo por el cuello de la camisa y enfrentarlo, miró sus ojos y no pudo resistir lo que vio. Lo soltó y se dio la vuelta.

Los ojos de Zoro estaban cubiertos por algo opaco, se veían más oscuros que nunca y sin ningún tipo de brillo o de muestra de vida. Todos lo vieron, pero nadie fue capaz de decir nada al respecto. Robin por su parte, seguía mirando sus manos.

-Robin…- susurró Chopper en cuanto pudo hacerlo- en mi mochila hay una crema que puedes usar… está en un frasco color blanco.

Nami, aun un poco confusa, tomó la mochila de Chopper y sacó el frasco, lo abrió y le ayudó a Robin. Ella se veía notablemente aliviada.

-Gracias- miró a Nami y notó su confusión. Todos estaban igual, a decir verdad-, lleva así un rato- explicó, refiriéndose a Zoro-, no tengo idea de qué le pasa, pero está mucho peor que antes.

Robin se puso de pie.

-Debemos continuar- decidió Luffy luego de algunos segundos.

Franky se agachó a sujetar a Chopper para acomodárselo en la espalda. Él apenas se mantenía consciente.

-Si quieres duerme un rato- le sugirió el ciborg- no te encontrabas bien y este susto te cayó peor.

Chopper lanzó un pequeño sollozo, pues seguía bastante asustado.

Por su parte, Robin se acercó a Zoro y extendió su mano hacia él. No reaccionaba, pero ella insistió. Finalmente, se agachó y lo tomó de ambas manos, jalándolo para que se pusiera de pie. Zoro lo hizo, pero no demostró encontrarse más consciente.

-Ya estamos un poco más cerca- informó Nami, para tratar de animar un poco a sus compañeros- Luffy y yo encontramos un camino más o menos sencillo.

Comenzaron a caminar, con ella guiando. Hasta el final de ellos, venía Robin, sujetando a Zoro para que siguiera caminando sin detenerse, sabía que si lo soltaba podría quedarse parado donde estaba para siempre.

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Finalmente la vegetación comenzó a hacerse menos densa y alta, hasta que al fin encontraron un pequeño sendero que bajaba por la colina. Más allá, pudieron ver una casa pequeña, color blanco con tejas rojas. Tenía una chimenea que despedía humo y solo esa visión hizo que el estómago del capitán rugiera; llevaban un buen rato caminando y aunque había comido todo el camino aún tenía muchísima hambre.

-No vamos a ir a incomodar al sacerdote- le advirtió Nami, jalándolo de la oreja antes de que comenzara con alguna de sus linduras- si pasa como con el otro, esto será incómodo.

Siguieron caminando, pero al llegar a la entrada de la casa, ella dudó. Luffy se adelantó y tocó la puerta.

A los pocos segundos ésta se abrió.

Se asomó un hombre bastante más viejo que el sacerdote de la isla del Alba, muy encorvado, con los ojos a medio cerrar, arrugado y con el cabello largo completamente encanecido. Los observó interrogante, pues no le parecían conocidos, y después de un momento se hizo a un lado, invitándolos a pasar.

A Sanji le sorprendió que, siendo un anciano aparentemente tan débil, les abriera tan fácilmente las puertas de su casa e incluso los dejara pasar, y se lo comentó en seguida.

-No tienen malas intenciones- contestó el hombre. Su voz era un poco temblorosa, pero se notaba que hablaba con toda tranquilidad y convicción.

-¿Cómo lo sabe?

Del otro lado de la estancia a la que habían entrado había una estufa de leños, cuyo humo saliendo por una chimenea era el que ellos habían visto antes. Preparaba unas piezas de carne de algún animal que Sanji no pudo reconocer a primera vista- probablemente una especie propia de la isla- y algunos hongos, y pan. Despedía un olor delicioso, y ellos no pudieron ocultar el hambre que sentían.

-Es difícil que alguien llegue hasta aquí movido por una ambición vana- contestó él- si fueran malas personas seguro vendrían buscando el tesoro, y no hubieran tocado a la puerta, la hubieran tirado abajo y me hubieran atacado directamente. Conozco bien a los de esa especie- sonrió- y no creo que ustedes sean de esos.

-No lo somos- explicó Nami- solo venimos a pedirle ayuda.

El anciano los miró atentamente, esperando, pero Nami no supo dónde empezar a explicar. Franky depositó a Chopper, quien ya estaba dormido, en un sillón. Buscó dentro de su camisa y sacó la carta, y la entregó al anciano.

-Tuvimos un incidente en la isla del Alba- le dijo Luffy, mientras el hombre rompía el sobre y leía la carta-, mi nakama…sé que es mi responsabilidad. Nosotros solo queremos ayudarle, resolver esto pronto.

El anciano no contestó, pero siguió leyendo atentamente la carta. Cuando terminó, levantó su vista hacia ellos.

-Así que trataron de buscar un tesoro en la isla del Alba. Muchos ingenuos lo hicieron antes con los mismos resultados. Me alegro de que quieran hacer algo por su amigo, pero no será sencillo.

-Díganos qué hacer y lo haremos- le dijo Luffy, igual que al otro sacerdote-, no importa lo que sea.

-¿Lo que sea? Para empezar, no puedo decirles a dónde tienen que ir así porque sí. Tienen que demostrarme que lo merecen.

-Pero…

-Ya hemos llegado hasta aquí.

-El viejo de la otra isla nos dijo que darle esa carta sería suficiente.

Él se mostró impasible ante los reclamos. Ellos dejaron de hablar.

-¿Qué necesita de nosotros?- preguntó Robin antes de que cualquiera de sus compañeros dijera otra cosa- ¿qué prueba quiere que le demos?

El anciano comenzó a caminar alrededor de la estancia, observándoles de arriba abajo, a todos, analizándolos y al parecer pensando profundamente en lo que iba a decirles a continuación. Se detuvo cuando estuvo frente a ellos otra vez.

-Tiene que ser algo valioso. Y no hablo de un tesoro, dinero o joyas, sino algo que para alguno de ustedes sea muy preciado. Puede ser algo de lo más sencillo…

En el silencio que se formó, Luffy se llevó la mano a la cabeza, tanteando su sombrero sin que el hombre siquiera hubiera hecho referencia a él en específico. Se lo quitó, lo sujetó con ambas manos y lo miró por un momento. Sus ojos estaban ocultos por su flequillo, de manera que ninguno de sus amigos pudo ver que por un momento se inundaron de lágrimas. Su firmeza flaqueó, pero aun así reunió coraje. Las lágrimas se secaron sin salir de sus ojos y miró al anciano con decisión.

-¡Luffy, no!- pidió Nami- no tienes que hacerlo- se adelantó un paso. Con pesar, se quitó una pulsera y se la extendió al anciano- mi hermana me dio esto antes de salir de mi villa. Ella adoraba esta pulsera porque perteneció a nuestra madre. No tiene valor monetario, pero sí uno muy personal.

-Nami…

-Fue mi culpa- le dijo ella a Luffy, mirándolo fijamente. El sacerdote extendió su mano para tomar la pulsera pero Luffy no le permitió a Nami entregársela. La obligó a bajar el brazo y estiró el suyo, ofreciéndole el sombrero al anciano.

-Pero yo sigo siendo el capitán. Si no puedo proteger a mis nakama es que no lo estoy haciendo bien- miró ahora al anciano- sin importar de quién haya sido la idea es mi responsabilidad. Tenga.

Estiró ambos brazos con esfuerzo. Bajó la cabeza y apretó los ojos, mientras sentía que el sombrero era retirado de sus manos por el sacerdote.

-Muy bien. Me alegra que fueras capaz de hacer algo así. Habla mucho de ti como capitán.

Luffy respiró profundo, pues necesitaba desesperadamente ocultar que tenía muchas ganas de llorar.

El anciano se llevó el sombrero y lo puso sobre una repisa. De esa misma repisa, tomó un libro y lo abrió. Lo puso sobre una mesa para que pudieran ver.

Robin había dejado a Zoro sentado a un lado de Chopper, y se había asegurado de que la puerta estaba bien cerrada, por si al espadachín se le ocurría hacer cualquier cosa. Luego de hacer esto, se acercó a la mesa junto con sus amigos a ver el libro.

Este libro estaba abierto en un mapa y junto con el mapa había algunos dibujos, que el sacerdote no demoró en explicar.

-Deberán ir a un lago que está cerca de aquí. Se internarán en él, y en lo profundo encontrarán un túnel. Nadarán a través del túnel y pronto llegarán a la primera cámara de una profunda cueva. Ahí podrán salir, pues el aire es respirable.

Pasó la página.

-En una de las paredes de la cámara encontrarán la entrada de un pasillo. Deberán caminar a través de él, es un tramo bastante largo y darán varias vueltas, pero finalmente llegarán a otra cámara. Dentro de esta van a encontrar un tesoro.

Pasó la página de nuevo, y esta mostraba dibujos de lo que Nami se había imaginado antes en la isla del Alba; una estancia rellena de diamantes de todos tamaños, brillos, y colores.

-No se dejen engañar. Son valiosos, pero porque son las almas, los espíritus o simplemente los sentimientos de las víctimas de nuestro señor. Por eso, lo que deberán hacer es muy importante, pongan atención.

Robin se dispuso a tomar nota mental de todo lo que el anciano les dijera.

-Tienen que encontrar la piedra que corresponde a los sentimientos de su amigo. Si recuerdan su color será más sencillo.

-¿Cómo sabremos cuál es?- preguntó Ussop, intrigado.

-La piedra emitirá algo de brillo al contacto con la piel de su dueño. Todas las demás permanecerán igual. Deben tener cuidado de tener la correcta, porque algunas tienen cierto pequeño brillo por sí solas. Aunque de todas formas, si toman la incorrecta se darán cuenta apenas salgan de allí.

-¿Por qué?

-Si la piedra no está cerca de su dueño legítimo, se vuelve polvo una vez que sale del lago. Esa es la parte de la leyenda que mucha gente no conoce y por la que muchos necios quieren seguir buscando tesoros en nuestras amadas islas.

Nami se sonrojó. El universo entero le recordaría por siempre que ella era la gran culpable de toda esa historia.

-Entonces tendremos que llevarnos al marimo. Pensé que podríamos dejarlo aquí- se quejó Sanji.

Pero en cierto modo tenía razón. Llevarlo con ellos era riesgoso.

-Por otro lado, a nosotros nos sería más sencillo detenerlo si esto se pone feo, ¿No creen?- observó Franky.

-Supongo que tienes razón.

Chopper seguía profundamente dormido.

Después de hablarlo por un rato, llegaron a la conclusión de que lo mejor sería que Ussop y Brook se quedaran allí con el sacerdote a cuidar a Chopper, y los demás seguirían las instrucciones dadas por el anciano. Nami tomó el libro y lo abrió en las páginas donde venía el mapa, para comenzar a ubicarse.

Antes de que pudieran irse, el anciano los detuvo en la puerta.

-Solo tengo algo más que decirles; sean cuidadosos, y si se aparece un espíritu, sean gentiles. Hay varios de ellos habitando la cueva, ninguno es tan poderoso como nuestro maestro, pero tienen suficiente fuerza para hacerles bastante daño si se lo proponen. Tienen que demostrar que la piedra les pertenece y no ceder con facilidad, porque ellos no lo van a hacer.

Ellos asintieron, le dieron las gracias por sus recomendaciones y comenzaron el camino.

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No era mucho lo que debían avanzar, no caminaron más de diez minutos cuando vieron ante ellos el lago. Ante una visión tan bonita usualmente Luffy se habría lanzado al agua sin pensarlo, aun sabiendo que no era capaz de nadar, pero, ¿quién piensa en esto cuando pasa por algo como él en ese instante?

Porque no solo estaba peleando por su nakama, sino también para probarse a sí mismo que como capitán no era un inútil. Estaba orgulloso de que Zoro le salvara, pero al mismo tiempo se sentía avergonzado de haber permitido que semejante cosa sucediera.

Se detuvieron a la orilla del lago y lo contemplaron un momento.

-Este es, no puedo estar equivocada- anunció Nami.

Franky le ofreció una bolsa donde según él el libro no se dañaría, y ella lo guardó cuidadosamente.

-Bien, ya que no sabemos si el marimo puede nadar en ese estado…

-Yo llevaré a Robin y a Luffy- ofreció Franky- Nami puede nadar sola, y tú llevarás a Zoro…

-¿Y por qué yo al marimo idiota?

-Porque alguien tiene que llevar a los otros dos, Sanji kun- explicó Nami con voz mimosa, tratando con esto que el enojo de Sanji bajara un poco y que accediera rápido a las solicitudes- no dudo que te sería fácil llevar a Robin y a Luffy, pero Zoro es tan grande y fuerte que solo alguien tan grande y fuerte como tú podría controlarlo.

Sanji estaba como en el cielo, escuchando el cantar de los ángeles transmutado en la voz de Nami y sus suaves manos acariciando su barbilla.

-Lo que tú digas, Nami swan…

-Está decidido, no perdamos tiempo- Franky se agachó un poco para que Robin y Luffy se agarraran de él, cada uno de uno de sus hombros, y entró al agua.

Sanji, a regañadientes, empujó a Zoro al lago y se tiró también.

-Ni crean que lo voy a cargar- declaró antes de hundirse, jalando a Zoro de un brazo para llevarlo con él.

Nami también se tiró al agua y comenzó a seguirlos.

Alcanzó a ver a Franky y se hicieron señas. Habían visualizado la que posiblemente era la entrada a las cuevas, un agujero de un par de metros de diámetro.

Llegaron allí y Franky iluminó con una lámpara que traía entre sus cosas. Nami se adentró allí, seguida por él.

No tardó demasiado en terminar de recorrerlo, y menos mal porque la claustrofobia y el no poder respirar estaban haciendo que su nado fuera cada vez más lento.

Sacó la cabeza del agua y comenzó a toser, pues sus pulmones exigían aire. Se dejó caer en el piso y dejó sus brazos y piernas descansar mientras trataba de recuperar algo de estabilidad en su respiración.

A los pocos segundos, salió Franky con Robin y Luffy a sus espaldas. Estos dos cayeron al suelo, debilitados y también sin poder respirar demasiado bien, pero no tenían nada malo.

-¿Están bien todos?- preguntó Franky- un momento, ¿dónde están Zoro y Sanji?

Nami volteó a su alrededor tratando de verlos pero no estaban en ninguna parte.

-Se supone que iban delante de mí, pensé que ellos habían entrado al túnel antes que nosotros.

-Yo también pensé eso.

-Joo- Luffy se incorporó- ¿qué no se supone que Sanji nada muy rápido? Tal vez ya hasta se adelantaron.

-No, se suponía que iríamos juntos- observó Robin- Sanji san no suele dejarnos atrás así como así.

De pronto escucharon ruidos, y al voltear, se encontraron con que Sanji salía del agua, corría para adentrarse un poco en la cueva y se ponía en guardia.

Se hicieron a un lado y en seguida Zoro también salió del agua, y corrió para atacar al rubio.

Les sorprendió ver que a pesar de que ni le importaban ni sabía, al parecer, como usarlas en una situación como esa, igual Zoro estaba atacando a Sanji con sus espadas, de una manera caótica pero eficaz.

-¡Estúpido marimo!-gritaba Sanji de cuando en cuando, más por costumbre pues estaba plenamente consciente de que el Zoro que tenía ante sí no era el Zoro de siempre.

-¡Zoro!- gritó Luffy con fuerza, lanzando sus brazos hacia él para envolverlo como si de una red se tratara. La fuerza con la que Zoro se movía para atacar a Sanji hizo que Luffy apenas pudiera detenerlo, pero por si acaso Franky también los sujetó, hasta que pudieron tirarlo al suelo y mantenerlo inmovilizado hasta que se calmara.

Sanji lo miraba fijamente, deseando poder fumarse un cigarrillo en ese momento.

-¿Por qué se molestó?- preguntó Franky. Sanji se encogió de hombros.

-Yo solo lo jalé al agua, y de pronto comenzó a nadar atrás de mí para golpearme.

Nami se acercó a Sanji con una sonrisa, y lo próximo que él vio frente a sus ojos fueron lucecitas y estrellitas.

-¡Lo jalaste al agua sin dejarlo tomar aire antes, eso es lo que sucedió, idiota!- le reprendió, con el puño en alto luego de atestarle tres buenos golpes en la cabeza- Sabes perfectamente que si se siente amenazado va a reaccionar de manera violenta. Pudiste matarlo.

-Lo que digas, mi preciosa Nami swan…

Luffy pudo soltar a Zoro, y este se incorporó poco a poco hasta quedar parado una vez más.

-¡Los ojos de Zoro!- gritó el capitán de repente, llamando la atención de los demás- son normales otra vez… bueno…se ven oscuros, pero ya no se ven tan feos.

Robin se acercó para comprobarlo por sí misma, y sonrió ampliamente al verificar que era verdad. Zoro se veía más o menos como durante la mañana, mucho menos… bestia, por decirlo de algún modo.

-Quizás este disgusto tuvo algún efecto en él- dedujo- pero de cualquier modo es peligroso exponernos a algo así de nuevo. Hay que tener cuidado con la manera en que lo tratamos de ahora en adelante.

-Creo que eso a todos nos ha quedado claro- contestó Franky, evidentemente sorprendido.

-Bien, vamos a continuar. Aún hay mucho que hacer.

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Cada quien tomó una lámpara y se adentraron por el túnel, pero era tan estrecho que Franky nuevamente tuvo que encogerse contra sí mismo para poder pasar. Iban en línea de uno, con Luffy y Nami al frente, luego Sanji, atrás de él Zoro, luego Robin y hasta atrás el ciborg. La sensación de claustrofobia aumentaba a cada paso porque era muy largo, y no parecía que fuera a encontrar pronto su final, pero ellos andaban en silencio guardando la calma, quizás para no asustarse más entre ellos.

Robin no tardó en notar, ya que se encontraba detrás de él, que Zoro estaba nervioso. Sus pasos parecían menos firmes cada vez, se notaba cierta inseguridad de su parte al seguir avanzando, como si en cualquier momento fuera a intentar regresar…como cualquier criatura con miedo hacia una experiencia nueva y extraña. Temía que fuera a intentar escapar de una manera violenta, o que en su confusión terminara por atacar a alguien. El espacio era muy reducido y él podía hacer casi cualquier cosa si se le ocurría.

No tenía muy claro que podía hacer ella en caso de que eso sucediera, pero no quiso pensar que fuera a pasar nada malo pronto y optó por esperar que llegaran rápidamente a la otra cueva.

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Una exclamación de sorpresa y admiración salió de los labios de Nami al ver frente a ellos semejante imagen. Tanto brillo junto bajo sus lámparas era inconcebible; había cientos de diamantes, de todos tamaños, formas y colores depositados en esa cueva. Mucho más de lo que ella misma hubiera deseado o imaginado alguna vez; era un espectáculo precioso para sus ojos, pero, lo recapacitó recordando lo que había pasado antes, era solo eso, una imagen para sus ojos y así debía quedar.

-Imponente- comentó Franky una vez que salió de último del túnel- debe de haber miles de diamantes en este sitio.

-Esto podría llevarnos días- comentó Sanji, rascándose un poco la cabeza- las que tenemos que pasar por culpa de este marimo estúpido.

-Pues ni hablar- replicó Robin, encogiéndose de hombros- vamos a tener que empezar. Por suerte sabemos que la piedra de Zoro es color verde, así que descarten todas las demás.

-Eso lo hace menos pesado- sonrió Nami- solo hay que acercarlas a Zoro. Si alguna de ellas emite algún tipo de brillo, debe ser esa. Las que no, simplemente las iremos amontonando a un lado para que no nos confundan.

Acordaron comenzar a trabajar así. Franky instaló una lámpara en una parte alta de la cueva con un cristal que sirviera para amplificar su luz, que al mismo tiempo no era un impedimento para notar si los diamantes brillaban o no.

Hicieron a Zoro sentarse a un lado.

Recolectaban todos los diamantes verdes que podían encontrar y posteriormente, uno a uno los iban acercando a él, sin obtener muchos resultados, sin embargo el sistema parecía funcionar, pues los diamantes de este color, pero sobre todo de una tonalidad tan oscura como recordaban el de Zoro, no eran demasiado abundantes, y entre ellos cubrían bastante área buscando.

La ayuda de los otros habría caído muy bien, pero con Chopper agotado, Ussop asustado y Brook haciéndole segunda…quizás era lo mejor que se hubieran quedado con el sacerdote.

Siguieron buscando.

Al igual que en los colores, había muchas variaciones en cuanto a la forma y el grado de detalle del diamante. Algunos eran perfectos y relucientes, como obras de arte. Por otro lado, había otros que eran piedras en bruto, casi sin trabajar. Creían recordar que la piedra correspondiente a Zoro no estaba demasiado trabajada, era algo brusca, pero aun así se adivinaba que iba tomando forma.

Aunque dudaban con los que parecían más trabajados, los acercaban a él para percibir si emitían algo, por pequeño que fuera, pero pasaron varios minutos y no obtenían resultados.

-Esto es más cansado de lo que creí- comentó Nami en cierto momento- y aquí hace mucho calor.

-Es la humedad- repuso Sanji, limpiándose el sudor de la frente- hace que la sensación sea más pesada.

-Pues hay que apurarnos.

Luffy saltaba de un lado a otro, tomaba los diamantes y los acercaba a su primer oficial. Al no haber reacción, tomaba otros y hacía lo mismo, y se notaba que cada vez se encontraba más y más desesperado al respecto. Por suerte, con esto lo único que hacía era provocar cierta gracia entre sus amigos, pues los pucheros que hacía y sus movimientos alocados eran bastante tiernos.

Robin reía al verlo, y pronto recordó algo que a su parecer era esencial.

-Recuerden tener cuidado de no sacar nada de esto a la superficie- sonrió- tengan en mente que puede tratarse del alma de alguien…

Junto con decir esto tomó una piedra. La había visto de reojo y percibió su color verde, pero no reparó en su forma hasta que la sintió en su mano y se percató de que era mucho más pesada que las demás.

La levantó con un poco más de esfuerzo, y se sorprendió al verla, porque emitía un brillo ligero desde su centro, hacia afuera.

Brilla en mi mano…pensó mientras la observaba con detenimiento, ¿por qué?

Trató de ignorar esto, se dio la vuelta y caminó hacia Zoro, pero no pudo dejar de ver la piedra en su mano. Él permanecía sentado, indiferente.

Se agachó a su lado y acercó la piedra a su pecho. Incluso sin llegar a tocar la piel del espadachín, la piedra comenzó a emitir un brillo aún más fuerte. Y por primera vez en muchos días, Robin pudo observar que Zoro levantaba la vista hacia ella. Se miraron a los ojos por un segundo y a Robin le pareció percibir que en él ya no había tanto frío, ni indiferencia. Este pensamiento la obligó a sonreír.

-¡Muchachos! ¡Lo encontré!- gritó sin dudarlo, pero justo en ese momento, la lámpara que los iluminaba se apagó, dejándolos a oscuras a excepción del diamante que aún brillaba en manos de Robin.

-Todos vayan hacia Robin- ordenó Nami, y pronto se escuchó a los pasos sonando cerca de ella, que seguía junto a Zoro. Todos se agacharon a su lado sin dejar de ver la piedra.

-Bien, ya es todo entonces,-decidió Franky- opino que salgamos de aquí.

-¿Tienes más lámparas?

-Por supuesto- rebuscó un momento entre sus ropas y sacó una lámpara, pero al tratar de encenderla nada sucedió- No entiendo- la revisó- le cambié las pilas antes de salir.

-¿No traes otra?

-Sí pero- sacó dos o tres más pero ninguna encendía- no encienden. No entiendo qué… ¡Ah!

-¿Sucede algo, Franky?

-De pronto sentí algo frío en la espalda.

-Esto no me gusta- susurró Sanji- salgamos de aquí antes de que algo o…

-¡Oye!- de pronto Robin sintió como si alguien quisiera arrebatarle la piedra, pero no era ninguno de sus amigos presentes quien trataba de quitársela de las manos. En la penumbra todos observaban, por el brillo de la piedra, los forcejeos que se llevaban a cabo, pero no alcanzaban a ver quién podría estar agrediendo a Robin. Ella incluso tuvo que levantarse para batallar contra esa fuerza, pero no podía hacer mucho más que aferrarse al diamante y no soltarlo.

-¡Deja en paz a mi preciosa Robin chwan!- Gritó Sanji, dispuesto a atacar, pero ya que no podía ver con claridad tuvo que detenerse, no podía herir a Robin.

Luffy corrió en su dirección, y, mucho menos cuidadoso que Sanji, lanzó un golpe que no tocó nada, y su brazo regreso a su posición mientras él trataba de ubicarse pues no veía muy bien lo que pasaba a su alrededor.

-¡Hagan algo!- pidió Nami, asustada.

-No puedo atacar si no deja de moverse- se quejó Franky, tratando de apuntar infructuosamente.

Después de unos momentos más, Robin fue sacudida por los aires. Soltó la piedra y se impactó contra el suelo dolorosamente.

-¡Robin chwan!- gritó Sanji, corriendo hacia ella, pero ubicarla en la oscuridad sin la piedra era muy difícil. Está en cambio, flotaba en el aire, desafiante, como si alguien la estuviera sujetando en señal de victoria.

Franky y Luffy intentaron recuperar la piedra mientras Sanji y Nami intentaban encontrar Robin, quien no había emitido sonido alguno en ese tiempo.

La sorpresa fue grande al encontrar que Robin no estaba sola; con los ojos ya un poco más acostumbrados a la oscuridad, percibieron que Zoro estaba a su lado, y, aunque no de una manera muy amable, parecía estar cuidando de ella.

-¿Zoro?- preguntó Nami, acercándose un poco. La cabeza de Robin descansaba sobre una de las rodillas del espadachín. Ella parecía inconsciente, pero Zoro estaba suficientemente lúcido para retirarla con delicadeza y dejar su cabeza en el suelo, mientras él se levantaba y echaba mano de sus espadas.

Comenzó a caminar en la misma dirección en la que estaban Franky y Luffy.

-Nami swan, cuida a Robin chwan. Nosotros arreglaremos esto- le dijo Sanji, dándose la vuelta.

Nami se arrodilló junto a Robin, pero se preguntaba con insistencia el porqué del comportamiento de Zoro, ¿desde cuándo era así de cuidadoso, y sobre todo con Robin? y, ¿qué no se suponía que no tenía sentimientos, que no podía actuar de semejante manera?

A su lado, Robin se incorporó con un poco de dificultad.

-Nami…la piedra, hay que recuperarla pronto.

-¿Quién es, Robin? ¿Quién te la quitó?

-No pude verlo- explicó ella- creo que es otro espíritu.

Nami miró a Robin seriamente, aunque en la oscuridad no podía notarlo demasiado. Le tomó ambas manos y se asustó de lo frías que estaban, pero adivinó que simplemente se encontraba un poco mal por el golpe.

-Robin…la piedra brillaba en tus manos- susurró- dejó de brillar cuando la soltaste.

Robin soltó las manos de Nami bruscamente.

-¿Ocurre algo?

-No, es solo que…

En ese instante, se vieron interrumpidos por un fuerte grito de dolor, que provino de Franky.

-¡Franky!- se escuchó la voz de Luffy. Nami se puso de pie y se precipitó en aquella dirección.

-¡Nami, no!- Robin trató de detenerla, pero ella no le hizo caso. Luego se escucharon otros gritos. Robin se puso de pie y caminó en esa dirección, pero de pronto cayó.

En la oscuridad, tendido en el suelo, estaba Franky. Adivinó que se trataba de él porque se tropezó con su cuerpo, y posteriormente palpó sus enormes brazos y su camisa, solo para comprobar que efectivamente, se trataba de su nakama. ¿Qué había pasado con él?

-¡Sanji, Nami!- el grito de Luffy resonó en toda la cueva, y Robin volteó asustada sin saber a donde tenía que dirigir sus pasos a continuación, pues estaba confundida, y un miedo muy fuerte la rodeó de pronto, como si alguien se lo hubiera inyectado directamente en las venas, y no entendía por qué se sentía así, mas no podía controlarlo.

Se incorporó, aún con las piernas temblorosas, y avanzó como pudo.

-¡Zoro, cuidado!-la voz de Luffy sirvió como guía para que ella avanzara.

-¡Luffy! ¡¿Dónde estás?!- gritó, tratando de que él siguiera hablando para encontrarlo pronto.

-¡No te acerques, Robin!

Ella siguió, sin importarle nada, ni siquiera la negativa de su capitán.

Escuchaba los golpes, y también las espadas de Zoro chocar contra algo, pero no sabía qué podía ser. Se armó de valor y continuó, no podía detenerse en ese instante.

-¡Zoro, no!- la voz de Luffy se escuchó tan cerca de ella, que la asustó. Posteriormente escuchó algo caer al suelo, y las espadas de Zoro ya no fueron parte de la orquesta de sonidos caóticos que había dentro de esa cueva. Lo siguiente que escuchó fue un gruñido en la voz de Luffy y más gritos de parte de este, el tipo de gritos que lanzaba en una pelea donde había salido realmente herido.

-¡Robin, aléjate!- gritó de nuevo él, sabiendo que su nakama se encontraba demasiado cerca. Robin forzó su vista, tratando de ubicar lo que estaba ocurriendo- ¡Robin!

-¡No, Luffy, no puedo dejarte solo ahora!

El siguiente grito que escuchó, fue el último antes de oír que algo más caía al suelo. Se detuvo y respiró profundamente, sintiendo solo un silencio terrible alrededor de ella, un silencio que la asustó, haciéndola estremecer de la cabeza a los pies.

-¿Lu…ffy…?- llamó mientras seguía caminando. Comenzó a andar a gatas, tanteando el suelo en busca de su cuerpo- Luffy…Zoro…¿Dónde están?

Cada vez estaba más asustada. Pero luego de poco tiempo, encontró el cuerpo de Luffy y lo tocó, estaba frío, y duro como una roca.

-¿Luffy?

Su brazo largo, delgado y de piel suave le confirmó que se trataba de su capitán.

Siguió tanteando el suelo, y cerca de allí, encontró otro cuerpo.

-¿Zoro…?

Sintió una piel rugosa, llena de cicatrices.

Estaba asustada…dios, estaba tan asustada. No sabía qué hacer, no había nada que pudiera hacer en ese momento o que se le ocurriera para arreglar las cosas. No podía ver nada y estaba a la merced de un espíritu, o criatura o lo que fuera, que podía atacarla en cualquier momento.

No podría cumplir su promesa. Todo ese tiempo había tenido razón en dudar. ¿Cómo podía alguien como ella permitirse prometer algo, si las posibilidades de cumplir eran tan mínimas? Pensar en esto la entristeció profundamente. Que Zoro la perdonara, pero no había podido hacer lo que le había dicho que haría.

Todos sus pensamientos se cortaron cuando sintió un enorme frío envolverla. Luego sintió un dolor poderosísimo dentro de su pecho; miles de agujas parecían clavarse en su corazón al mismo tiempo, su cuerpo se sintió pesado e inmovilizado, y ella se tuvo que dejar caer porque no podía más con el dolor. El grito que dejó salir le hizo comprender que ese era el mismo dolor que había dejado a sus amigos fuera de combate momentos antes, y que todos habían pasado por aquello antes que ella.

Luchó con todas sus fuerzas por no quedar inconsciente. No quería morir. No iba a morir allí.

Las lágrimas salieron de sus ojos y mojaron su cara. Ni siquiera tuvo que cerrarlos para que ellas corrieran libremente, cayendo luego de su barbilla al piso.

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Sintió la presencia claramente a su lado, pero pasaron muchos segundos antes de que pudiera dominar suficiente su cuerpo como para intentar incorporarse.

Sus brazos temblaron al tratar de sostener su cuerpo. Sentía algo correr por su barbilla, pero no supo definir si era saliva, sangre, lágrimas, o una mezcla de los tres. Cuando al fin consiguió sentarse, más lágrimas cayeron de sus ojos debido al dolor. Al tratar de levantarse, sus piernas la traicionaron haciéndola caer al piso hasta tres veces, pero ella pudo ponerse de pie y permanecer así aunque su cuerpo se tambaleaba, y estaba segura de que iba a caer en cualquier momento. Sacando fuerzas de quien sabe dónde, hizo lo único que podía pensar en hacer.

-Dámela- pidió con la voz hecha poco menos que un susurro. No sabía ni a quien le hablaba- Por favor, regrésala. La necesito.

Obviamente, no recibió respuesta alguna, pero como si alguien pudiera dejar un mensaje dentro de su cabeza, percibió una negación en respuesta a su súplica.

-Por favor. Es de mi nakama. Él la necesita- repitió- sus sueños, su vida entera depende de esto. Por favor…- ahora estaba segura de que lo que salía de sus labios era sangre- se lo prometí. No puedo fallar ahora.

El mismo movimiento negativo hizo que Robin sintiera una profunda desesperación, y sus lágrimas se aflojaron aún más en sus ojos, escapando como dos ríos por sus mejillas. Pero en ese momento, ella recordó las palabras del sacerdote. Ella tenía que demostrar que la piedra les pertenecía, y también, mostrarse inflexible, porque él no iba a ceder con facilidad. Ella tampoco debía hacerlo.

Se afirmó como pudo en el suelo. Igualmente, sin saber a dónde dirigir sus palabras o en qué dirección apuntar su firmeza, continuó, tratando de aparentar mayor tranquilidad. Aun así, no pudo evitar que su voz se cortara por su llanto.

-Esa piedra me pertenece. Se la tengo que dar a mi amigo, así que devuélvela- pidió, con amabilidad, pero también con suficiente fuerza- si no me crees, ponla en mis manos, y verás que brilla.

Decidida, extendió sus manos hacia el frente, y esperó.

Se quedó en esa posición, e incluso los brazos comenzaron a pesarle, pero por ningún motivo los bajó. Pasaron los minutos, pero ella podía sentir claramente que la presencia, fuera quien fuese, seguía allí. Robin se sentía observada, y rodeada. Por eso no se movió y no dejó de demostrar en ningún momento su determinación, aun cuando los brazos le dolieron tanto que creyó que se desprenderían de su cuerpo por sí mismos. Comenzó a lanzar pequeños sollozos, era demasiado para ella.

Justo cuando pensó que no podía soportarlo más, sintió el peso de la piedra caer en sus manos, y se permitió a sí misma atraerla a su pecho, y al fin descansar un poco los brazos cuando empezó a despedir un pequeño brillo, algo débil, pero suficiente para distinguir otro rostro en la oscuridad.

Era un muchacho que la observaba con severidad, y ella supo en seguida que era él quien los había enfrentado desde un principio.

Robin retrocedió un paso, aún asustada, pero contrario a lo que creía, él no hizo nada en contra de ella, y tampoco cambió su expresión que pasaba desde la dureza hasta el enojo, el odio. Él asintió sin dejar de verla a los ojos, y del mismo modo, desapareció.

Robin apoyó la piedra con más fuerza contra su pecho y se fue dejando caer al suelo. Se recostó, no podía más.

Aunque no quería, tardó apenas un par de minutos en quedarse profundamente dormida.

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-Creo que está bien.

-Me había asustado, menos mal.

Robin se incorporó con algo de violencia. A su alrededor, sus amigos la miraban. Todos estaban sucios y con las ropas medio rasgadas, pero parecían estar bien. La lámpara había vuelto a funcionar, y los iluminaba a todos con una luz cálida y gentil.

-¿Qué sucedió?

-No sabemos. Pero tienes la piedra- sonrió Luffy.

-Después del ataque quedamos inconscientes- le explicó Nami, con un poco más de calma- supongo que el cansancio también tuvo que ver, pero nos quedamos dormidos bastante tiempo. Pudieron ser hasta un par de días.

Robin la miró, profundamente sorprendida.

-¿Cómo la recuperaste, Robin?- preguntó Franky, apuntando hacia la piedra, que Robin aún aferraba en sus manos con mucha fuerza.

La separó de su pecho y la miró. Ya no brillaba, pero al acercarse un poco Zoro, lo hizo de nuevo. Robin se sintió aliviada.

-Se la pedí. Le probé que era nuestra- sonrió con dificultad.

-Oh Robin chwan, eres tan valiente y hermosa…

Pronto se dio cuenta de que Zoro la miraba de manera insistente. Ahora más que antes, no parecía que estuviera exento de sentimientos, sin embargo, tampoco mostraba algo de comportamiento "normal" en ese sentido. Siguió mostrando alejamiento, y casi no habló más que cuando le hicieron un par de preguntas sin importancia.

-Hay que volver. Cuando estemos fuera nos explicarás mejor lo ocurrido- propuso Nami.

Se organizaron, y una vez más, recorrieron el túnel para regresar, tomando el mismo orden que tenían al principio.

Ahora, a pesar de estar cansada y ejercer un poco menos de vigilancia sobre él, Robin notó que no se encontraba tan nervioso como antes, pero no se le ocurrió pensar en cuál podría ser la causa.

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Llegaron sin contratiempos a la primera cámara de aquella cueva, ya ahora tendrían que adentrarse en el agua para poder salir.

Iban a hacerlo igual que antes, pero Zoro tomó una decisión distinta.

-Yo te llevaré- le dijo a Robin, con firmeza. No fue una sugerencia ni un ofrecimiento, fue una afirmación que no tardó en cumplir. Se la subió en la espalda con facilidad y con esto solo se ganó una patada en la cara por parte de Sanji.

-¿Crees que voy a permitir semejante cosa, cabrón? Casi me matas la otra vez, ¿cómo estamos seguros de que no te enfadarás con Robin chwan ni intentarás nada contra ella?

-Tranquilo, Sanji- habló Nami- déjalo. No creo que le haga nada malo a Robin.

La arqueóloga guardó la calma y mostró, como siempre, una agradable indiferencia. Se sujetó del cuello de Zoro fingiendo total tranquilidad, pero en el fondo una emoción extraña la asaltó.

-Cuida muy bien esa piedra, Robin- le encargó Luffy, antes de brincar a la espalda de Franky- pasaste por mucho para conseguirla.

-La cuidaré, capitán.

-Muy bien, vámonos.

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Robin tomó mucho aire antes de que Zoro se lanzara al agua y comenzara a nadar a una velocidad casi tan sorprendente como la de Sanji. La arqueóloga no sentía mucha libertad de pensar en esa situación, así que cerró los ojos y se dejó llevar por la sensación del agua corriendo alrededor de su cuerpo. Por momentos se imaginaba cómo habría sido poder nadar por sí misma, pero dejó de importarle en cuanto recordó que estaba siendo llevada nada menos que por Zoro. Entreabrió los ojos, y en el agua pudo ver cómo avanzaban. Sintió las piernas de su compañero moviéndose a toda velocidad para impulsarse, y también vio las burbujas de aire que salían de su boca de cuando en cuando.

Se sintió feliz de haber terminado la "misión" de manera tan exitosa. Después de pasar por algo tan horrible, de pronto se sintió extrañamente real, como si estuviese saliendo de una pesadilla. Pero ella sabía perfectamente que aún no había terminado, había mucho aún por enfrentar, y era más que probable que la pesadilla apenas estuviera comenzando. Pero por ahora, se sentía bien saber que estaba más cerca, un paso más cerca de que Zoro volviera a la normalidad.

En algún momento salieron a la superficie. Ella al fin pudo respirar con calma. Se quitó de la cara el cabello que se le había pegado y que le estorbaba la vista mientras Zoro se acercaba a la orilla y la sacaba al fin de allí. Sanji y Nami ya estaban afuera escurriendo sus ropas, y casi en seguida Franky salió, trayendo consigo a un muy inflado Luffy.

-El muy idiota casi se traga medio lago- se quejó el ciborg, dándole palmadas para que escupiera- vio unos peces y le dio hambre.

Nami y Sanji rieron de buena gana. Robin sonrió de manera discreta, y Zoro simplemente no mostró reacción.

Se quedaron ahí un rato recuperando el aire. Estaba atardeciendo.

-Deberíamos volver antes de que salga alguna criatura- sugirió Sanji- ojalá no vuelva a pasar algo como lo de Chopper.

-Tiene razón Sanji. Este lugar podría ser peligroso.

Se pusieron en camino de regreso, y en menos de diez minutos, encontraron la casa del sacerdote.

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-¡Estábamos preocupados!- gritaba Ussop mientras ayudaba a servir la mesa, más alterado que de costumbre, con algunos lagrimones corriendo por su cara. Era gracioso verlo con delantal puesto y con guantes de cocina mientras arrojaba los platos frente a sus compañeros y los regañaba a todos.

-No fue nuestra culpa- se justificó Nami, tranquila- nos atacaron, no hubo mucho que pudiéramos hacer. Lo importante es que ya estamos de vuelta.

-¿Y la tienen?- preguntó Chopper, aún medio recostado en el sillón. El sacerdote estaba sentado a su lado, tranquilo y atento.

El anciano había sido por demás hospitalario con ellos desde que fueron dejados allí. Lo cierto era que de ermitaño no tenía nada, no odiaba a la gente como todos creían, simplemente tenía que vivir alejado de la ciudad y del templo de ésta porque tenía que cuidar la cueva y asegurarse de que solo las personas realmente dignas podrían entrar en ella e intentar hacer cualquier cosa. Esto se los explicó a Ussop, Chopper y Brook en el tiempo en que había convivido con ellos allí.

Le complació además que ellos fueran tan responsables y supieran ayudar en la casa sin hacer un desastre, claro está que ellos habían aprendido por las malas gracias a las claras amenazas que Nami les prodigaba periódicamente.

-La tenemos- sonrió Sanji, orgulloso- la hermosa Robin chwan la consiguió, aunque creímos que la perderíamos.

-Sí, el ataque fue extraño, no pudimos hacer nada- comentó Franky- pero de algún modo ella lo consiguió.

Las preguntas acerca de cómo lo había hecho fueron más que insistentes, pero Robin no tenía muchos detalles que dar, o más bien, no quería hacerlos notar demasiado. Habló en términos generales; en esta versión de los hechos, ella se había mantenido consciente a pesar del ataque, y había convencido al espíritu de que necesitaban la piedra. Y ya.

Omitió todo lo demás, quizás porque simplemente no quería que se sintieran mal por ella o porque no quería evidenciar demasiado sus sentimientos, o lo personal que se había tomado todo ese asunto.

Era mejor dejarlo así, sencillo, impersonal, sus amigos realmente no necesitaban saber mucho más.

Esa versión pareció suficientemente buena por el momento.

Terminando de cenar, el sacerdote comenzó a hablarles de lo que les deparaba en la siguiente parte de esa misión, que sería la más difícil.

-Primero que nada- les dijo cuando ya tenía la atención de todos, sentados en diferentes lugares alrededor de él, que había tomado un sillón- de aquí a la siguiente isla son varios días de viaje. Seguro encontrarán pequeñas islas en su camino, pero eso no será un problema, el log pose no cambiará de rumbo. Cuando lleguen a la isla de la Noche, tendrán que encontrar a mi otro hermano. Él les dirá a dónde más tienen que ir para completar esto y ayudar a su amigo.

En este punto, guardó silencio un momento.

Robin jugaba inconscientemente con la piedra entre sus manos.

-Deben tener mucho cuidado con la piedra. Si llegaran a perderla, su amigo no tendrá salvación. Tampoco pueden dejar que sea destruida por ningún motivo o que caiga en manos equivocadas. Preferentemente, uno de ustedes debe de cuidarla, pero no se la dejen al espadachín. Él no está capacitado para hacerlo. La ventaja es que teniendo la piedra cerca, él ha recuperado algunas de sus características, y la involución de su comportamiento será mucho más lenta, pero seguirá habiendo el peligro de que pierda por completo su identidad, sobre todo si encuentra muchos obstáculos o frustraciones.

-¿Ha recuperado sus sentimientos?

-No. Puede identificarlos mejor en otras personas, y quizás hasta tener algo de empatía, pero los suyos siguen atrapados en esa piedra. La única manera en que puede recuperarlos es que hagan el ritual y los depositen de regreso en él.

El anciano se puso de pie y caminó hacia la repisa. Tomó el sombrero de paja de Luffy, lo sacudió un poco y se acercó al joven capitán con él en las manos. Se lo dio, sonriendo ante la expresión de eterno agradecimiento que se le formó en el rostro cuando tomó su sombrero entre sus manos y se lo puso en la cabeza, de donde, a su parecer, nunca debió de haberse ido.

-Gracias abuelo- le dijo en repetidas ocasiones.

-No es nada. Miren jóvenes, quiero aclararles que eso no fue más que una prueba. Quería estar seguro de que si lograban conseguir la piedra, también conseguirían llevar a cabo el ritual.

-¿Tiene algo que ver con mi sombrero?

-No exactamente. Una parte importante del ritual involucra un sacrificio, que puede llegar a ser demasiado grande. No llega a ser una vida, normalmente se trata de algo no material que el espíritu guarda para sí mismo. Puede ser un recuerdo, una idea, un sueño, un sentimiento o una relación. Y podría tomarlo de cualquiera de ustedes. Ese es el sacrificio.

-¿No se supone que todo esto es para recuperar los sentimientos de ese marimo estúpido?- saltó Sanji- y ahora me ha salido con que de todas maneras vamos a perder algo valioso. ¿Un sueño o un sentimiento? A mí no me parece poca cosa.

El sacerdote lo miró, bajó la cabeza y lanzó un suspiro.

-Ustedes entraron a la primera cueva y trataron de robar. La mala intención se debe pagar de algún modo, considerando las circunstancias, ustedes perturbaron a nuestro amo, es perfectamente justo.

Sanji se relajó. En cierto modo, en anciano tenía razón.

-Solo los estoy previniendo para lo que pueda pasar. Estén listos para cualquier cosa.

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Esa noche durmieron todos allí. Por la mañana agradecieron al sacerdote por la ayuda y su hospitalidad, y se dirigieron de regreso al barco.

Atravesaron el pantano sin mayores contratiempos y para el mediodía ya estaban preparándose para zarpar.

Luego de hacer algunas compras en la ciudad, ya todo estaba listo.

Navegaron el resto del día.

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-Hace frío- comentó Ussop esa noche, entrando a la cocina a la hora de la cena. Fue el último en llegar porque estaba haciendo algo de guardia, afuera llovía y la temperatura descendía cada vez más.

-La isla de la Noche es una isla de invierno- informó Nami- supongo que a partir de aquí no deberíamos quitarnos los abrigos.

Comenzaron a cenar sin muchos percances. Poco antes de subir al barco, Luffy designó a Robin como la cuidadora oficial de la piedra, pero tal y como con Zoro, parecía ser ya algo que todos habían dado por hecho. Aunque había bastante tranquilidad, lo dicho por el sacerdote seguía siendo perturbador. Un sacrificio se haría. Dependiendo de qué fuera, podría llegar a ser doloroso para toda la tripulación.

El sombrero de Luffy estaba en su lugar, en la cabeza del capitán, y esa sin duda había sido una dura prueba para todos ellos, pero lo que se viniera podría ser muchísimo peor.

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Robin leía en la biblioteca, ya era algo tarde y estaba segura de que todos dormían. Menos Sanji, seguramente, él debía estar vigilando, como siempre que le tocaba hacerlo a Nami.

El sacerdote le había regalado el libro con que habían conseguido llegar a las cuevas, que tenía más información acerca de las islas, y del ritual que debían llevar a cabo. Ahora Robin lo leía atentamente, en busca de más información sobre la condición de Zoro y lo que podrían hacer ellos para ayudarle mientras fuera posible.

La puerta se abrió y ella volvió la vista.

-Buenas noches, Franky. ¿A qué debo esta visita?

-Venía a traerte algo.

El ciborg se sentó ante la mesa y sacó algo de su bolsillo, y lo puso frente a su nakama. Era una cadena. En uno de sus extremos había un gancho, y del otro extremo tenía una montura.

-Es para la piedra. Fue idea de Nami, la hicimos Ussop y yo.

Robin sacó la piedra de su bolsillo. Franky la tomó y la acomodó en la montura.

-El gancho lo sujetas a tu ropa, y guardas la piedra en un bolsillo- sonrió- será más difícil que la pierdas así.

Robin sonrió. Enganchó la cadena a su pantalón, y metió la piedra en un bolsillo interno de su chaqueta.

-Gracias, será muy útil- le sonrió a su compañero, pero este en seguida notó que había algo raro en ella. Más bien lo había notado desde mucho antes.

-Sucede algo, ¿cierto?

-No sé de qué hablas.

-Hablo de que a los demás puedes engañarlos porque son unos críos, pero no a mí. Tú podrás ser una mujer de mundo, Nico Robin, pero yo soy mayor y tengo mucho más recorrido que tú. Sé perfectamente que algo te pasa.

Ella no contestó, pero sabía de qué hablaba Franky, y Franky sabía que ella estaba consciente de lo que él quería decir.

-Es interesante. No tiene sentimientos pero pareciera que se preocupa por ti. Te ha protegido desde que salimos de aquella cueva, ¿recuerdas que hasta se ofreció a sacarte nadando?

Ella asintió como si no le prestara atención, pero aun así, aunque fingía estar absorta en la lectura, su oído estaba focalizado en lo que fuera a salir de la boca de Franky.

-Nami está preocupada por ti. Dice que tiene miedo que Zoro te haga daño pero sé que eso no va a suceder. La convencí de que eres perfectamente capaz de poner cualquier cantidad de límites, y que sabrás manejarlo en caso necesario.

Robin dejó de fingir en este punto, y volteó a ver a Franky con una interrogante muy grande en sus ojos.

Él solo le sonrió y se puso de pie.

-Habla con él. Ponle reglas. Por supuesto, las que tú quieras poner.

En este punto Robin se puso de pie, asombrada por sus palabras.

-Franky…

-Está sentado al lado de la puerta. No sé qué espera si no es a ti. Buenas noches.

Franky salió de la biblioteca.

-Buenas noches- susurró Robin cuando él ya había cerrado la puerta. Sacó la piedra de su bolsillo y la miró, ya encajada en la montura.

Notó una pequeña chispa en su interior. La guardó de nuevo y se sentó, preguntándose qué rayos le esperaba, junto con Zoro, si salía en ese mismo momento de la biblioteca.

Continuará…

Creo que a partir de aquí la historia se enfocará más en Zoro y en Robin y en la… mmmm….relación que podría salir de todo esto ._. jejeje

Una vez más, muchas gracias por sus reviews y por su apoyo, que es invaluable.

Los quiero n.n espero tener pronto el siguiente capítulo

Besos!

Aoshika October