Buenas noches. Al fin terminé este capítulo, estoy muy contenta por ello n.n a decir verdad me he sentido muy cansada últimamente por la escuela, lo bueno es que escribir algo que me gusta es un muy buen escape.

Muchas gracias por leer y por dejarme sus rr's. Es un placer saber que les está gustando este fic. Espero que el capítulo de hoy también sea de su agrado.

Disc. One Piece y sus personajes son propiedad de Oda-sama *-* solo la trama de este fic es creación mía.

Resumen: ¿Qué puede ser peor que no tener un sueño? Actuar por mero instinto. Herir a quienes te quieren. Poner en peligro verdadero a quien amas. No poder hacer nada ante ello y depender por completo…de esa persona.

Por Instinto

Capítulo 5: Taking over me

Esa mañana, Robin se interesó primero que nada en pedirle a Chopper que revisara si todo estaba bien con Zoro. No estaba preocupada porque estuviera enfermo, pero quería asegurarse de que estuviera normal. El médico acordó en revisarlo en ese mismo momento, aunque cada pocos días había estado monitoreando su estado y en realidad no había nada fuera de su lugar, más de lo que ya estaba, por supuesto.

Después del almuerzo, Chopper se llevó a Zoro a la enfermería y le realizó una serie de pruebas, un poco más exhaustivas que el chequeo que le hacía regularmente, y los resultados fueron satisfactorios. No había nada de qué alarmarse, puesto que el espadachín estaba tan bien como siempre.

-Fuerte como un roble- confirmó Chopper cuando Robin fue a la enfermería a preguntarle- tan idiota y bruto como siempre, pero todo normal.

-¿Le has dado alguna pastilla recientemente?

-Sólo la que te dije que era para regular sus ciclos. Dime, Robin, ¿sucedió algo? ¿Crees que algo esté mal con Zoro?

Robin se dio cuenta de que estaba preocupando a Chopper, por algo que probablemente le correspondía resolver solamente a ella misma. Le sonrió con seguridad, tratando de transmitirle algo de calma.

-No, no te preocupes, no pasa nada- mintió- solo quería asegurarme.

Contarle lo ocurrido al renito no era solución alguna. Solo lo haría sentir incómodo, seguramente, y no tendría una respuesta para lo que habría pasado, o más bien, quizás su respuesta no funcionaría para Robin, porque él no conocía las circunstancias bajo las que la arqueóloga funcionaba en ese momento.

Por otro lado, Robin no tardó en darse cuenta de que, muy probablemente, ella se encontraba absolutamente sola en esto. Es decir, no podía decirle a Nami sus problemas, porque se preocuparía. Si le decía a Luffy quizás el capitán no tendría la madurez para comprender, Ussop y Brook también se sentirían incómodos.

Sanji se mostraría molesto y probablemente pelearía con el espadachín, y Franky era demasiado escandaloso y sentimental para no hacer de aquello un circo. Aunque en ese sentido, como él mismo había puntualizado antes, estaba igual o más experimentado que Robin, le faltaba madurez para asumir que era algo que ella no estaba lista para hacer notar. El ciborg se la había pasado días enteros haciendo ver lo mucho que el espadachín buscaba a Robin, bajo cualquier circunstancia, y eso la incomodaba bastante porque cualquier insinuación solo la hacía dudar un poco más, e incluso imaginar cosas.

Daba pie a que sus fantasías comenzaran a tomar mayor forma en su mente, y eso no era bueno para ella, ni para nadie. No quería pensar que ella fuera realmente "especial" para Zoro en ese momento, necesitaba mantenerse convencida de que su comportamiento se debía quizás a que con ella se sentía seguro y que por tanto le atraía, mas no por otro motivo.

Lo único que hizo, entonces, fue pedirle a Chopper un favor especial.

-Si no fuera mucha molestia, me serviría mucho que hicieras guardia permanente de Zoro el día de hoy. Necesito leer esto con más rapidez- le mostró el libro- si tengo que cuidar a Zoro no conseguiré avanzar mucho.

-No te preocupes, Robin- accedió él- yo cuidaré a Zoro, y seguro los chicos me ayudarán.

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La cosa fue así. Robin tomó el libro y se encerró en la biblioteca, a sabiendas de que en cierto modo le había mentido a su nakama.

Si bien era cierto que necesitaba leer un poco más, también era verdad que necesitaba mantenerse alejada de Zoro por un rato. Le inquietaba, y mucho, lo que pudiera llegar a pasar si volvía a ocurrir algo como lo de la noche anterior.

Había besado a Zoro. Y besaba endemoniadamente bien para ser una persona sin sentimientos. Pero no había sido la situación que ella hubiera querido, por nada del mundo. Y por supuesto, que llegar más allá estaba totalmente fuera de cualquier consideración. Sería horrible, sería demoledor para ella y para su corazón.

No quería seguir atormentándose con esas reflexiones, así que se puso cómoda y abrió el libro en la página en que se había quedado.

Comenzaba a encontrar indicios para responder a sus preguntas y dudas, y tenía una libreta donde ya había anotado los detalles que le parecían importantes.

Ahora sentía que comprendía mejor las cosas que iba leyendo, quizás porque se había obligado a si misma a concentrarse, o quizás porque simplemente se estaba comprometiendo mucho más, cada vez más, con lo que ocurría con su nakama.

Pronto comprendió que lo que realmente buscaba en ese libro no era una forma alternativa para devolverle a Zoro sus sentimientos, sino una explicación más o menos coherente acerca de su comportamiento hacia ella recientemente. También le interesaba saber, por otro lado, qué tipo de sacrificio tendrían que hacer para ayudarle, pues había sido algo que no le había quedado realmente claro.

Era información muy imprecisa la que les había dado el sacerdote en la isla del Ocaso. El espíritu querría algo de ellos, valioso pero no en el sentido material. Podría ser de cualquiera de ellos y podría ser prácticamente cualquier cosa que estuviera en sus mentes o en sus sentimientos.

Robin necesitaba más pistas. Saber con más precisión qué podía tomar de ellos el espíritu, quizás en el libro estaba documentado algún antecedente.

Fue entonces que, hojeando un poco más adelante del capítulo en el que iba, encontró algo de información que llamó su atención; hablaba de pequeños grupos de viajeros que, como ellos, se habían arriesgado por un amigo que cayó en desgracia. Eran en su mayoría hechos que habían ocurrido hacía muchísimos años, y se trataba de historias poco documentadas y aisladas. En realidad había muy pocas pistas acerca de lo que a ella le interesaba, pero poco a poco fue encontrando una línea qué seguir y eso la tranquilizó por el momento.

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Chopper se convirtió en la pequeña sombra de Zoro ese día. De todos modos al espadachín no le importaba demasiado esto, por lo tanto pensó que sería lo más conveniente seguirlo a donde fuera necesario para asegurarse de que no haría nada indebido.

Al cabo de un rato, Luffy se acercó, según él a ayudarle con su vigilancia y un rato después Ussop también decidió unirse a la misión. Nami y Sanji los observaban de lejos.

Sentados los tres a una distancia prudente, miraban a Zoro sentado en el suelo, durmiendo o comiendo algo, como si fuera la cosa más interesante del mundo, sin que él se diera por enterado en lo absoluto.

Ussop encontró divertido comenzar a comentar cada movimiento que Zoro hacía como si fuera él un narrador de la vida salvaje y Zoro un animal raro, y ante sus descripciones y bromas los otros dos se partían de risa. Chopper ya ni siquiera se enojó por las referencias hacia Zoro como un animal, sin embargo no pasó mucho tiempo así antes de que su risa parara de pronto. Se sentía un poco culpable de que las cosas en el barco comenzaran a tomar un tinte de normalidad.

Después de todo, pensándolo bien, Zoro nunca fue una persona muy extrovertida, y a decir verdad ellos solo le causaban molestia cuando no le dejaban dormir. No se sentía tanto la diferencia, quizá por eso mismo.

Sabía que Luffy, Ussop y los demás estaban preocupados por Zoro, pero en realidad no los culpaba de sentirse tranquilos. Después de todo, no les estaba costando demasiado trabajo el ayudarle.

pensó en decirles lo que había estado pensando, pero ya que el día estaba tan tranquilo y normal, consideró que lo mejor sería esperar un rato, quizás después de la cena, cuando lo más seguro era que Zoro estaría dormido junto a la puerta o tirado debajo de la mesa.

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Nami y Sanji miraban con una sonrisa hacia donde estaban los niños "vigilando" a Zoro. Brook había ido al baño, y Franky estaba a un lado afinando un pequeño motor que quería probar para un nuevo deslizador como el de Nami.

-Se ve que se divierten- comentó Sanji después de dejarle a Nami una bebida- el marimo se está portando muy bien después de todo.

-Eso es cierto- concordó Nami- francamente, pensé que pasaría menos de una semana antes de que hubiera una masacre aquí, y en realidad no ha sucedido nada.

-Tienes razón, mi hermosa dama. A decir verdad…tengo ganas de divertirme también.

-Ni se te ocurra, Sanji.

-Es una pésima idea- Franky levantó la vista hacia ellos, a pesar de que parecía que todo ese tiempo había estado simplemente ignorándolos- en todos estos días la cosa ha marchado de maravilla porque hemos tratado al espadachín con guantes de seda. Si comienzas a provocarlo no sabemos qué podría llegar a pasar.

Sanji se encogió de hombros.

-¿Por qué podría enojarse? los insultos le entran por un oído y le salen por el otro.

Franky hizo un gesto reprobatorio y volvió a prestarle atención a su trabajo. Nami rodó los ojos en señal de fastidio, como si supiera exactamente qué rumbo tomaría la situación.

-Haz lo que quieras, Sanji, pero si algo sucede con Zoro tú tendrás que lidiar con él.

-Lo que tú digas, Nami swan.

Y Sanji salió de allí alegremente, aunque no fue a provocar a Zoro, sino a la cocina.

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En realidad, Sanji no tenía intenciones de tratar mal a Zoro ni de insultarlo solo con el fin de divertirse. Bueno, al menos no en esta situación. Habitualmente, lo divertido de los insultos era ver la cara que ponía cuando él creaba un nuevo apoco con qué burlarse de su cabello o cuando sacaba a relucir alguna de sus debilidades.

Lo realmente divertido era eso, y casi siempre, también, una buena pelea, aunque fuera de esas que simplemente no terminaban con nada más que con los dos golpeados por Nami.

¿Quién lo iba a decir? realmente, en cierto modo, extrañaba a su –después de todo- nakama cabeza de alga.

Comenzó a hacer la comida con toda la tranquilidad del mundo. Llevaba un rato en ello, cuando la puerta se abrió secamente. Sanji volteó y vio entrar a Zoro, seguido bastante de cerca por Chopper, Luffy y Ussop, quienes entraron a la cocina en ese orden.

-Vaya, vaya, pero si es la mamá gansa y sus pequeñas crías pisándole los talones.

-¡Oye!- gritó Ussop, pero por supuesto Zoro ni siquiera se dio por aludido y esto, Sanji tenía que admitirlo, lo desanimaba un poco.

Se volteó hacia la estufa para seguir cocinando, pero cuando vio por el rabillo del ojo que Zoro trataba de abrir el refrigerador le negó el acceso con rapidez.

-Hoy no marimo,- le indicó con firmeza- se están acabando las reservas y dijo Nami swan que no tocaremos tierra en otra isla hasta mañana en la mañana. Entre tú y Luffy son perfectamente capaces de acabar con todo.

-Tengo hambre- dijo Zoro con toda tranquilidad, sosteniéndole la mirada al rubio sin ningún problema.

-No me importa- replicó él, apuntándole con una cuchara- Hoy no comerás hasta la hora de la comida, cuando todo esté listo.

Zoro no hizo caso, y avanzó dispuesto a ignorarlo.

-¡Que no!

Sanji le jaló de la oreja y lo alejó de allí. Extrañamente, Zoro obedeció.

-Este marimo va a sacarme canas verdes- se quejó el cocinero, volviendo a su trabajo.

-Sanji- Chopper se dirigió a él con profunda admiración, mientras los otros seguían vigilando a Zoro de cerca- te has portado con tanta madurez que me sorprende.

La expresión de Sanji fue inigualable, pero como el joven médico pensaba que aquello era un buen cumplido, no se atrevió a contrariarlo. Le constaba que Chopper estaba muy preocupado por Zoro. Al igual que Robin.

Oh, Dios, ¿Por qué la hermosa, inteligentísima, virtuosísima y perfecta Robin chwan tenía que ser quien se preocupara más por ese marimo infeliz que tantos problemas les estaba trayendo? Le parecía que semejante situación tenía que ser poco menos que un insulto. Ese cabeza de alga no se merecía tantas atenciones de parte de una mujer tan maravillosa.

Al cabo de un rato, Sanji terminó de preparar la comida y empezó a hacer chocolate caliente, calculando que mientras ellos comieran herviría lo suficiente y tendría una consistencia perfecta. Una vez que lo puso a calentar salió para llamar a los otros a comer, pero antes de hacerlo los observó y se percató de que todo se veía muy normal. Suspiró con cierto alivio dentro de su pecho; si bien no podía sentirse contento por lo de Zoro, le hacía bien pensar en que por lo menos sus amigos se encontraban tranquilos.

-Ya está la comida- anunció con una sonrisa.

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Chopper fue el primero en percatarse de que a diferencia del resto del barco, donde se respiraba un ambiente de paz y tranquilidad, Zoro estaba más raro que de costumbre, y al observarlo más de cerca se dio cuenta de que sus ojos se veían algo opacos. Recordó entonces que ese era el aspecto que tenían cuando él fue atacado por la planta carnívora, y Robin les dijo que también se veían así cuando peleó contra ese animal en la isla que acababan de dejar. Ya había comenzado a hacerse a la idea de la relación que tenía este aspecto en los ojos de Zoro con su condición actual, y entre sus conclusiones estaba que era en ese momento en que Zoro se volvía más violento e instintivo, y por lo tanto menos razonable y civilizado. No era conveniente hacerlo enojar ni sacarlo de su centro por ningún motivo, al menos por el momento. Tendría que preguntarle a Robin si ella tenía alguna idea para hacerlo volver a un estado menos salvaje.

Cuando Sanji llamó a la comida, Zoro reaccionó normalmente, poniéndose de pie, quizás movido exclusivamente por el hambre que sentía desde un rato antes. A Chopper le alegraba saber que no había sucedido ningún desastre cuando antes, en la cocina, Sanji le había negado el acceso a los alimentos, pero ahora se preguntaba si ese no era el motivo por el que Zoro se mostraba tan raro ahora.

Ya que estaba tan tranquilo pensó que sería prudente esperar.

Lo que no contaba fue lo que sucedió a continuación.

En el estado en que se encontraba Zoro era menos razonable y civilizado, y en consecuencia muchísimo menos cuidadoso que lo usual, y ante los ojos de Sanji cometió el grave error de chocar con Nami en la escalera y hacerla tropezar.

Nami, empujada con fuerza por el cuerpo de su compañero, se deslizó un par de escalones abajo, torciéndose el tobillo en el proceso sin que Zoro si quiera volteara a verla.

Soltó un grito de queja, pero más había tardado ella en gritar que Sanji en caer encima de Zoro a patadas y maldiciones.

Luffy tuvo suficiente tino para sacar a Nami del camino antes de que Zoro le regresara el ataque a Sanji, y con esto ambos comenzaron a recorrer escaleras abajo hasta llegar a la cubierta, donde continuaron golpeándose con una fuerza que crecía alarmantemente rápido ante los ojos de sus nakamas, que no supieron que hacer porque no recordaban haberlos visto antes pelear de ese modo.

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Robin siguió leyendo ávidamente, pues encontró lo que había estado buscando con tantas ansias. Escribió rápidamente sus notas, así como los números de las páginas para poder continuar leyendo y poder consultar después, si le quedaba alguna duda. Sin embargo era imposible que información tan importante como la que estaba manejando en ese instante se le borrara de la mente, fuera cual fuera el motivo.

Por lo menos una de sus preguntas ya tenía respuesta, y sabía que si continuaba encontraría lo que hacía falta.

De pronto, su lectura se vio interrumpida cuando un grito muy fuerte proveniente de la cubierta la perturbó.

Era un agudo grito de Chopper, y aunque no pudo distinguir bien lo que decía, sí identificó el nombre de Zoro entre las palabras que pronunciaba.

Robin se debatió un segundo si debía salir o no, pero pronto decidió que permanecer indiferente era una mala opción.

Puso un separador en el libro y lo dejó cerrado sobre la mesa. En cuanto se puso de pie, sintió que la piedra en su bolsillo aumentaba drásticamente de peso. La tocó por encima de la tela y se dio cuenta de que debía darse prisa; no hacer nada era lo peor que podía hacer.

Al llegar a cubierta, la imagen que le esperaba la sorprendió.

Sanji estaba arrinconado contra el mástil del barco, cubierto de cortes y de sangre, y con la ropa desgarrada. Frente a él Zoro permanecía de pie, golpeado y también con algo de sangre, pero evidentemente más firme que su compañero.

-¡Zoro, basta!- Gritó Luffy, y a Robin le pareció evidente que no era la primera vez que lo decía en esos minutos- ¿No me oyes? ¡Ya fue suficiente!

Robin se acercó a donde estaban los demás, paralizados, esperando a qué haría el espadachín a continuación.

-¿Qué sucedió?

-Zoro comenzó a atacar a Sanji- explicó Ussop, preocupado- pensamos que lo podría manejar pero se salió de control.

-¡Cierra la boca, narizotas!- ordenó el aludido, pero sus piernas se deslizaron un poco hacia adelante y tuvo que sostenerse del mástil para no caer, tan mal se encontraba.

-¡Sanji, sal de ahí!- pidió Nami, pero en realidad era inútil. Sanji a estas alturas no podía moverse demasiado, y aunque lo pudiera hacer, no lo hubiera hecho, su orgullo se lo impediría.

-Lo siento, Nami swan, pero eso es algo que no puedo hacer- explicó firme, educado y galante, como siempre-, espero que sepas perdonarme.

-¡No es que te perdone o no, idiota, es que Zoro podría matarte!- se quejó ella, ya bastante angustiada porque no había modo de hacer entrar a su compañero en razón.

Zoro comenzó a caminar hacia Sanji lentamente, como si estuviera dispuesto a atacarle de nuevo. En este punto, Robin comenzó a caminar hacia él.

-¡Zoro!- le llamó, y para su alivio, el espadachín se detuvo al sonido de su voz y volteó un poco la cabeza hacia atrás.

-¡No te acerques, Robin chwan!- pidió Sanji entonces, interrumpiendo lo que sea que Robin pudiera decir (o hacer) para calmar a Zoro- ¡Este idiota podría lastimarte! ¡No se merece tu preocupación!

Al escuchar nuevamente la voz de Sanji, Zoro pareció olvidarse por completo de Robin, se dio la vuelta hacia él y avanzó con mayor velocidad, solo unos pasos lo separaban de su compañero y un grito de todos los demás quedó flotando en el aire, ahogado.

Zoro salió disparado hacia un costado y chocó de lleno contra la barandilla del barco, aunque sin romperla, y cayó al piso sin moverse más. Luffy lo había golpeado, y su expresión demostraba que realmente no quería hacerlo pero su espadachín no le había dejado opción alguna. Su brazo estirado volvió a su sitio al tiempo que Sanji caía apoyando una rodilla contra el piso. Chopper corrió a auxiliarlo, con ayuda de Brook.

Por su parte, Luffy se acercó a Zoro, pensando que estaba inconsciente, pero lo vio moverse y apoyarse en sus manos. Se puso de pie velozmente y comenzó a lanzar estocadas en todas direcciones pero por supuesto, con la principal intención de lastimar a su capitán.

-¡Quítense de en medio!- gritó Luffy, eludiendo las espadas de su compañero, deslizándose por toda la cubierta y por supuesto, sin demasiado cuidado de que sus compañeros fueran a estar o no en medio de su camino.

Chopper salió corriendo de rumbo a la enfermería.

-¡Zoro, escúchame!- pidió Robin, pensando que si un momento antes parecía haber reaccionado a su voz lo haría de nuevo, pero no surtió efecto alguno, y esto la preocupó. Aun así siguió intentando un par de veces, pero cualquier cosa que decía resultaba inútil. Quiso acercarse, pero comprendió que Zoro no le tendría consideración alguna esta vez, y solo le causaría problemas a Luffy que seguro trataría de defenderla.

Zoro había alcanzado a Luffy en la espalda, dejando una marca bastante grande pero al parecer no muy profunda.

El capitán perdió un poco de estabilidad en sus movimientos pero trató de continuar saltando de un lugar a otro sin detenerse.

-¡Sujétenlo!- Gritó Chopper, regresando con una enorme jeringa en sus manos- ¡Tengo que inyectarlo!

Franky y Brook se armaron de valor para avanzar hacia ellos, pero no podían acercarse mucho porque los ataques de su nakama habían pasado de tener una ligera muestra de técnica o estrategia –lo habitual en Zoro- a ser cada vez más caóticos y desesperados.

Finalmente, Brook sacó su propia espada y la usó para deshacerse de la espada que Zoro tenía en la mano derecha. Con el camino libre por ese lado, Franky avanzó hacia él y lo sujetó desde la espalda, haciéndole una fuerte llave que inmovilizó sus brazos, con lo que soltó la otra espada, pero la fuerza monstruosa de Zoro era más que suficiente para seguir avanzando, moviendo con su cabeza la espada que tenía aún en la boca. Luffy también lo sujetó y no tuvo más remedio que darle un fuerte golpe en la mandíbula, haciendo que soltara la última espada.

El espadachín se removía como si de eso dependiera su vida entera, al parecer él así lo sentía en ese momento. Consiguieron pegarlo contra el piso, pero aún allí él continuaba sacudiéndose y negándose a ser suprimido. Chopper se paró junto a él, y sujetó uno de sus brazos con firmeza hasta que calculó que no lo movería suficiente como para lastimarlo. Lo inyectó a toda velocidad y lo soltó.

Se hizo hacia atrás, y sus compañeros continuaron manteniéndolo quieto hasta que sintieron que no oponía más resistencia. Estaba inconsciente.

Chopper se dejó caer sentado en el piso.

-No quería llegar a esto- afirmó con pesadumbre. Los demás permanecieron callados.

Robin dudó un segundo, pero se decidió, se acercó a él y se sentó a su lado. Le acarició la nuca con cariño.

-Me siento como una inútil- susurró, de modo que él fue el único presente que comprendió lo que había dicho- pensé que si me escuchaba entraría en razón, y luego no conseguí reaccionar a tiempo. Al menos tú pudiste hacer algo.

Chopper volteó hacia ella y le sonrió.

Luffy miraba fijamente a Zoro. El capitán lucía triste, pero este sentimiento no detuvo su decisión.

-Franky, encierra a Zoro. Has… alguna cosa que lo pueda contener al menos esta noche.

Franky asintió, no sin sentirse un poco culpable porque ya antes había previsto esa posibilidad, y de hecho, había estado habilitando un área de la bodega por si algo así ocurría. Lo había comentado con Ussop y con Sanji, pero los demás lo desconocían por completo.

-Sé dónde lo puedo poner- afirmó sencillamente, se echó a su compañero al hombro y comenzó a caminar, seguido de Brook y de Ussop.

-Sanji, a la enfermería- ordenó Chopper por su parte- Luffy, tú lleva a Nami para revisarle el tobillo.

Luffy asintió y tomó a Nami en brazos. Ella estaba aún un poco perturbada, pero se mostró cooperativa al cuidado de su capitán. Sanji había recobrado fuerzas suficientes, y creía poder llegar a la enfermería sin ayuda.

Robin se quedó sentada en medio de la cubierta, mirando el piso y sintiéndose profundamente deprimida. Pero se puso de pie después de un rato. Ella sabía que ponerse en ese estado de ánimo no iba a servir de ayuda para nadie, mucho menos para sí misma.

-Robin- le llamó Chopper- ¿estás bien?

Ella asintió. Lo miró y le sonrió.

-¿Cuánto estará inconsciente?

-Algunas horas. Y puede que cuando despierte siga igual de mal. No sé, Robin… yo…

-No te preocupes de más- pidió ella- te prometo que encontraremos una solución, seguiré leyendo ese libro. Debes ir ahora a revisar a Sanji y a Nami, ¿no crees?

Chopper asintió, sintiendo que su ánimo estaba renovado, tal era el poder de la sonrisa de Robin.

Salió disparado a la enfermería, y ella se quedó un momento donde estaba. Respiró profundamente el aire frío de esa tarde nublada y gris, se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la biblioteca.

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Chopper estaba realmente aliviado de que los reflejos de Sanji fueran tan buenos, pues gracias a ello fue que él no salió tan mal herido. Se había movido, casi en todas las ocasiones, lo suficiente para que las arremetidas de Zoro no lo alcanzaran, o que solo produjeran un pequeño rozón o rasguño. Eran numerosos, sí, y había sangrado, pero no tanto para ser algo grave. Además de los cortes, había recibido varios puñetazos, y quizás estos eran los que más daño le habían causado, ya que lo habían alcanzado en el estómago, el cuello y la cara.

Mientras Chopper desinfectaba diligentemente las heridas, Nami estaba sentada a lado de él en la cama, viendo con pesar su pie algo hinchado, y Luffy estaba sentado en el suelo, viendo intermitentemente a Chopper, a Sanji y a Nami.

-¿Qué tanto piensas, Sanji?- preguntó después de varios minutos de haberlos seguido a los trescon la vista.

-¿Eh? Nada, yo…

-¿Ocurre algo, Sanji kun?- preguntó ahora Nami, genuinamente interesada.

Sanji suspiró.

-Creo que recién me he dado cuenta de la gravedad de la situación- explicó, sin querer dar rodeos- hace un rato me pareció que había algo de normalidad en el barco. Y cuando le negué que tomara comida del refrigerador… cedió con tanta facilidad que pensé que era una exageración, todo eso de "cubrir sus necesidades". Pero… él actuó así porque lo ataqué. Percibió el peligro y se defendió como cualquier criatura lo habría hecho.

Nami hizo un gesto de tristeza. Luffy se mantuvo como estaba.

-No le importó tirar a Nami swan por la escalera- enumeró ahora, aun dirigiéndose a Luffy- te atacó. Él nunca te atacaría. Pero es peor porque pienso que…

Se detuvo un momento.

-¿Qué cosa, Sanji?- preguntó entonces Chopper.

-Yo soy quien siempre pelea con él, pero me consta que nunca me hizo daño con intención. Lo percibí hace mucho y me sorprendió descubrir que nunca me ataca con el lado afilado de sus katanas. Es decir, los golpes me dolían, pero nunca me había provocado cortes porque él quisiera hacerlo.

Ante esta observación, todos se quedaron callados, pensando en lo cierto que era esto. La verdad era que nunca en el pasado recordaban que Zoro dejara tan herido a Sanji, y oportunidades no le habían faltado.

-Zoro nunca nos ha atacado ni hecho daño porque quisiera hacerlo- prosiguió Nami, captando la idea de lo que había dicho Sanji- cuando se pone así no solo se vuelve salvaje y violento. En ese estado, simplemente deja de ser Zoro.

Luffy intercambió una mirada con su compañera, y luego bajó los ojos a sus rodillas.

-No quería encerrarlo.

-Por el momento, quizás es lo mejor- Chopper le alcanzó una pastilla antibiótica a Sanji y un vaso de agua, y prosiguió a revisar el tobillo de Nami.

Nadie salvo Luffy tuvo estómago para comer, y Sanji llegó a la cocina apenas a tiempo para que la olla con el chocolate caliente no hiciera explosión y ocasionara un verdadero desastre. Le sirvió de comer a su capitán y volvió a la enfermería donde Chopper seguía con Nami. La ayudó a caminar de regreso a la cocina, para estar los cuatro en el calor. Al cabo de un rato, Franky, Ussop y Brook se les unieron.

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Hasta que terminaron con la cena, varias horas más tarde, fue que Robin se apareció por allí. Lucía algo cansada, y de hecho ni siquiera pareció escuchar cuando Sanji le ofreció servirle un plato. Sus compañeros la observaron en silencio hasta que ella tomó asiento y recargó uno de sus codos sobre la mesa, mientras con la otra mano colocaba sobre la superficie su cuaderno de notas y lo hojeaba. Sanji le acercó un plato, y fue entonces que ella levantó la vista. Miró a su compañero y le sonrió.

-Muchas gracias, Sanji.

Hasta su voz sonaba exageradamente cansada y desanimada.

-¿Ha ocurrido algo, Robin?

Robin cerró el cuaderno y levantó la vista hacia sus amigos, quienes la miraban con profunda preocupación. Ella les sonrió.

-Algo…es que estoy un poco preocupada, es todo.

-¿Por qué?

-Encontré la información que buscaba pero en realidad no es algo bueno, y a decir verdad me lo esperaba, aunque no quería que fuera así.

Suspiró y sacó la piedra de su bolsillo. La sostuvo frente a su rostro y luego extendió su brazo hacia el frente, para que sus compañeros también pudieran verla.

-¿Notan algo?

El hecho de que brillara en manos de Robin era algo a lo que nadie había puesto demasiada atención, debido a que todos pensaban –y la misma Robin deseaba pensar- que se debía a que Zoro se encontraba cerca de la roca, por lo menos en el mismo barco.

Fuera de eso, nadie veía nada que llamara realmente su atención. Al notarlo, Robin sacó de su otro bolsillo un diamante más o menos del mismo tamaño.

-Me tomé la libertad de husmear un poco en tu tesoro, Nami- se excusó- ahora compárenlos.

Los puso uno junto al otro para que los demás los vieran. Luego de unos segundos, Nami alzó las cejas, aparentemente asombrada.

-Esa cara de allí- dijo, señalando una parte de la piedra- no estaba tallada cuando lo encontramos. Ya no se ve como si estuviera en bruto.

Robin asintió.

-Exactamente.

-¿Pero a qué se debe?

-A la evolución que Zoro ha tenido en ese estado. Mientras más tiempo pase, más "perfecta" se volverá la piedra hasta ser un diamante en su forma más valiosa. Y mientras más perfecto sea el diamante, más trabajo nos costará hacer que Zoro tenga un comportamiento normal por un periodo de tiempo largo. Será muy difícil mantenerlo estable.

-Eso explicaría lo de hace rato- comentó Franky al aire. Robin asintió sin voltearle a ver.

-Bueno, ¿y qué más encontraste?- preguntó Ussop, picado de curiosidad.

-Lo otro que encontré es respecto al sacrificio que debemos hacer por Zoro. El sacerdote dijo que el espíritu podía tomar de nosotros prácticamente cualquier cosa, un sueño, un recuerdo…

-Mientras no fuera algo material- completó Brook con su voz cantarina ligeramente apagada.

-Así es. Pero según lo que leí en el libro, la elección no es tan… al azar. El espíritu tomará algo de cualquiera de nosotros, pero siempre que tenga que ver con Zoro. Por ejemplo, podría llevarse el recuerdo de cuando se conocieron- explicó, refiriéndose a Luffy- ustedes seguirían siendo nakama, pero no podrían recordar bajo qué circunstancias se unieron realmente como amigos, y esto incluso podría afectar la relación que tienen actualmente.

Guardaron silencio. Todos sabían que la unión de Luffy como capitán y Zoro como primer compañero era algo fundamental para comprender cómo se había formado al completo esa tripulación. Si la relación de ambos como nakamas se veía afectada, toda la tripulación estaría en problemas. ¿Dónde estaría Luffy sin el apoyo incondicional de Zoro? ¿Y qué habría sido de Zoro en múltiples ocasiones sino fuera por la protección y fortaleza brindadas por Luffy? Nada sería igual, en lo absoluto. Y cualquiera de los demás. ¿Qué tipo de recuerdo o sentimiento relacionado con Zoro podría quitarles el espíritu, y cómo los afectaría?

La expresión apesadumbrada en el rostro de Robin era más que suficiente para demostrar cómo se sentían todos.

-¿Hay algo más, Robin?- se animó a preguntar Nami, llamando la atención de su compañera. Robin la miró.

-Esto va para Chopper- levantó la vista hacia él- lamento esto, pero temo que los medicamentos que usaste para estabilizar a Zoro ya no van a funcionar como antes. Puede que necesite una dosis todavía más alta, pero al pasar unos pocos días dejará de hacerle efecto.

-¿Pero por qué?- preguntó el renito, entre asustado y confundido por esto.

-Porque la situación en que se encuentra Zoro es una especie de estado místico- explicó ahora Robin- no una enfermedad. Su cuerpo no está siendo dominado por una condición totalmente física sino por un hechizo, o más bien, una maldición. La medicina, desde el punto de vista corporal…no puede hacer nada contra ella.

Chopper abrió mucho los ojos, y luego inclinó la cara. Franky le pasó un brazo por los hombros y lo estrechó con un poco de rudeza, pero el gesto fue tan genuino que Chopper se abrazó a su amigo en agradecimiento.

-Oigan, ¡No pasa nada!- Luffy alzó la voz de pronto, miró a sus amigos con un movimiento rápido de cabeza y luego volteó a ver a Robin- Zoro estará bien, ¿No? ¿Qué importa si nos quitan nuestras memorias? Mientras estemos juntos no pasará nada malo. ¿Qué importa si se vuelve más salvaje? siempre vamos a estar aquí todos para controlarlo, ¿No es cierto?

-Zoro nos tiene a todos nosotros- siguió Ussop- aún hay muchas esperanzas.

Poco a poco el ambiente se volvió menos pesado, y en lugar de seguir por el rumbo sombrío que las noticias de los descubrimientos de Robin habían traído, sus compañeros se veían realmente animados y esperanzados, aunque Robin, en el fondo, se preguntaba si al verla tan triste quizás se habían propuesto animarla, aunque fuera fingiendo.

Pero luego pensó que no, sus amigos simplemente eran así. Siempre llenos de esperanza y siempre seguros de que las cosas saldrían bien si se esforzaban en ello.

Pensar en esto la tranquilizó un poco, y pudo continuar cenando mientras sus amigos conversaban y salían uno por uno de la cocina. Al terminar ella de cenar, Sanji le retiró el plato y la colmó de atenciones, como siempre, pero Robin las rechazó amablemente, y salió de la cocina.

Buscó a Franky, y no le sorprendió darse cuenta de que su nakama parecía saber que ella le pediría algo al terminar de cenar. Y no estaba solo, Chopper estaba con él.

-Ya debe haber pasado el efecto del tranquilizante- dijo Chopper apenas al verla- seguro está despierto. Pero me preocupa que siga violento.

-Necesito entrar a verlo.

-Lo estuvimos hablando- Franky miró a Chopper como buscando que estuviera de acuerdo- al parecer a ti te trata mejor que a todos nosotros, te tiene consideración y te escucha- ahora, el ciborg no estaba bromeando ni insinuándole nada, hablaba seriamente y con tranquilidad- si alguien tiene que estar con él eres tú. Pero no tienes porqué convertirte en un juguete para mantenerlo calmado, ¿comprendes? si sucede algo no dudes en pedir ayuda.

Dicho esto y sin darle tiempo a ella de replicar, Franky se dio la vuelta, y comenzó a caminar, Chopper lo siguió y luego Robin fue tras ellos, un poco confundida por el tono en que le hablaron y por el rumbo que parecían estar tomando las cosas. Llegaron a la bodega, y dentro de ésta, Robin se fijó que Franky había instalado una enorme pared de metal, con una puerta que tenía una pequeña ventana en la parte superior, apenas suficientemente grande para que alguien asomara sus ojos. Esta permanecía cerrada. La pared dividía la bodega por la mitad, de modo que las reservas ahora estaban amontonadas en la mitad por la que ellos habían entrado. Tras la puerta obviamente, se encontraba Zoro. Sus espadas estaban recargadas contra una pared y había rastros de sangre en el piso, aunque muy pequeños y ya secos.

Robin se detuvo frente a la puerta y trató de percibir cualquier ruido que pudiera colarse desde el otro lado, pero no le fue posible. Supuso que el metal era demasiado grueso.

Después de observar la pared por un momento, Robin volteó y Franky le entregó un juego de llaves, y por su parte, Chopper le entregó una pequeña mochila.

-Ahí va su cena y su ropa limpia- explicó el reno- también hay agua y algunas pastillas. Están etiquetadas así que sabrás si las puedes usar cuando sea necesario.

-La llave grande abre la puerta, tanto por dentro como por fuera de la puerta, y la llave pequeña hace lo mismo con la ventana. Si alguna vez lo necesitas, te enseñaré un truco o dos para que solo puedas cerrarla y abrirla por un lado- sonrió- pero por ahora…

Y volteó a ver hacia la puerta.

Robin también volteó. Caminó hacia allí con la llave en una mano y la mochila al hombro. Metió la llave ya abrió la puerta, aunque no sabía qué tipo de emoción estaba provocando que su pulso temblara con tanta fuerza.

El lugar era iluminado apenas por una lámpara que Franky había instalado. En el fondo, pegado contra la pared en esa pequeña y vacía habitación, estaba Zoro, sentado en el piso viendo hacia la nada.

Robin se acercó a él luego de escuchar como la puerta se cerraba tras ella. Al percibir sus pasos, Zoro levantó la vista y la miró fijamente. Ya no tenía los ojos velados y descubrir esto fue muy alentador para la arqueóloga.

Luego de mantenerse quieta un momento para no perturbar demasiado a su nakama, Robin se quitó la mochila del hombro y se sentó en el piso, frente a él.

-Debes estar hambriento luego de lo que pasó- comentó, tratando de mantener la naturalidad en su voz, como si estuviera hablando con él en una situación de lo más normal. Abrió la mochila y sacó de ella unos pequeños paquetes que resultaron ser unos cuantos emparedados especiales de Sanji, era una grata sorpresa que a pesar de todo el cocinero no dejara a su compañero sin comer.

Robin tomó uno, lo desenvolvió y se lo ofreció. Zoro miró su rostro, luego sus manos con el emparedado en ellas y Robin esperó hasta que él estiró sus brazos y lo tomó.

Estaba tan tranquilo que a ella le parecía extraño pensar en la manera violenta en que se había comportado antes. Zoro comenzó a comer lentamente. Robin sacó de la mochila una botella con jugo que también había reparado Sanji y se la ofreció. Esperó en silencio hasta que un rato después Zoro terminó de comer, mostrando siempre la mayor tranquilidad. Apenas entonces ella se animó a preguntarle:

-Zoro, ¿Por qué atacaste a Sanji?

Zoro miró a Robin a los ojos y ella se mantuvo lo más firme que era capaz.

-Él me atacó- contestó Zoro con sencillez.

-¿Estás molesto con él?

-No.

Y por lo que ella pudo leer en sus ojos y en sus movimientos, Zoro no mentía. Lo más probable era que su respuesta violenta solo fuera por reaccionar a la agresión. Lo que Sanji no contaba era que en ese estado Zoro no se iba a detener porque él fuera su nakama, y la consecuencia solo podía ser una continua pelea hasta que uno de ellos saliera perdedor.

Pero sin rencores. Después de todo, Zoro no tenía sentimientos. Y ahora que no estaba en peligro, estaba de lo más relajado.

Robin lo observó y al ver sus ropas sucias, y ligeramente rasgadas por la pelea, recordó la ropa limpia que le habían mandado. La sacó de la mochila y se la ofreció. Zoro la tomó y ahí mismo se quitó la camisa y los pantalones mientras Robin fingía que eso no le importaba en lo absoluto. Cuando terminó, ella ya había alcanzado a consultar sus notas de nuevo, y decidió lo que debía hacer a continuación, aunque seguro sería un poco extraño y podía llegar a ser también demasiado incómodo.

-Zoro, te haré una pequeña prueba, ¿te importa?

El negó con la cabeza, pero por supuesto que Robin no esperaba una respuesta diferente de su parte. Se aproximó un poco más a él, de manera que ambos quedaron sentados frente a frente con las piernas cruzadas. Robin tomó una de las manos de Zoro y la acomodó sobre su rodilla, extendida. Con su dedo índice tocó la punta de su dedo medio, y fue deslizándolo en línea recta, a través de la palma, hasta llegar a la base de su mano. Mientras hacía esto los dedos de Zoro se fueron cerrando ligeramente.

Esto la hizo sonreír. Pero decidió continuar.

Siguió con la punta de su dedo índice, pero lo que hizo ahora fue rozar la parte interior de su brazo. Zoro miraba con atención el recorrido de los dedos de su compañera sobre su piel. Robin comenzó a sentir mucho calor, así que se quitó su abrigo. Al hacerlo, tuvo que tomar la piedra y acomodarla en su regazo, sin poder evitar notar lo mucho que brillaba y pesaba.

Zoro tomó la piedra como si lo atrajera una fuerza irresistible, y al notar que estaba enganchada a la ropa de Robin simplemente la miró, evidentemente confundido o al menos hasta el punto de confusión en que se podía encontrar.

-Yo la cuidaré, no te preocupes- le dijo ella- mientras esté conmigo, no te pasará nada, lo prometo.

Y ahí estaba ella otra vez, haciendo promesas que no sabía si podría cumplir. Decidió que debía distraer a oro de la piedra, así que le habló de nuevo.

-Dime, ¿Sientes algo?

No había dejado de tocar su brazo, y estaba haciendo lo mismo con el otro. Zoro la miró y asintió con sencillez.

-¿Qué es lo que sientes?

-Tu piel.

La respuesta de Zoro le erizó los cabellos de la nuca. Su voz sonaba ahogada y a ella le daba la impresión de que se estaba conteniendo de algo.

-¿Algo más?

-Se siente… bien.

Robin quiso sonreír, pero lo evitó por el momento. Esto le dio una nueva idea.

-Zoro… cierra tus ojos.

Zoro obedeció. Robin tomó sus manos y las guio hasta hacer que tocara su rostro.

-¿Qué sientes?

-Tu…tu cara…

-¿Y qué estoy haciendo?

Zoro pareció dudar por un segundo, pero sin abrir los ojos, sus dedos vagaron libremente por la cara de su compañera. Tanteó sus mejillas y su barbilla, y no alcanzó a picarle los ojos con sus dedos únicamente porque ella los cerró a tiempo.

-Estás…estás sonriendo.

-Así es.

Zoro abrió sus ojos despacio y a Robin le pareció, lejanamente, que él quería sonreír también. Pero no tardó en adivinar que si él lo hacía, quizás solo sería porque ella así lo deseaba, como cuando la había besado.

-Zoro, hago esto porque quiero asegurarme de que no pierdas mucho más de lo que te hace humano- explicó, sin esperar realmente que él le comprendiera- encontré que con el tiempo puede que pierdas sensibilidad en tu piel, a medida que te vuelvas más salvaje. Puede que algunos aspectos de tu físico vayan cambiando poco a poco. Y cuando eso suceda no habrá marcha atrás.

Tenía que escuchárselo decir a sí misma. Lo tomó de la cara para asegurarse de que no desviaría la vista de ella, y lo hizo justo a tiempo, porque al parecer Zoro ya estaba dispuesto a dejar que su vista vagara hacia la nada, como últimamente lo hacía.

-Cuando eso pase no podremos ayudarte, ¿comprendes? Así que tienes que mantener toda la sensibilidad que puedas y yo tengo que asegurarme de que así sea. Y por el momento, me parece que estás bien.

Zoro, en lugar de contestar, tomó a Robin de las muñecas y la obligó a levantar las manos hacia su rostro. Hizo que lo tocara.

Robin, a pesar de haberse sorprendido por la acción de su nakama, lo hizo. Con sus pulgares acarició sus mejillas y recorrió el resto de su rostro con la punta de sus otros dedos. Le sonrió, esperando que esto lo influenciara de algún modo. Los ojos de su compañero, un poco adormilados, no dejaban de observar los de ella. Aunque parecía que lo haría de un momento a otro, él no sonrió.

Se convirtió en un momento de lo más extraño. No era algo incómodo, más bien, era más cómodo de lo que ella podía haber imaginado. No recordaba situaciones en las que hubiera estado más tranquila, con la única compañía de su compañero de cabellos verdes. Últimamente, cada vez que se quedaban solos habían sido momentos de gran incomodidad.

Casi sin darse cuenta se había aproximado más hacia él. Reaccionó en el momento en que Zoro la tomó de nuevo de las muñecas, pero para atraerla hacia su pecho. Hizo que acomodara los brazos alrededor de su cuello y con la misma rapidez la rodeó por la cintura.

Robin tuvo que sujetarse de sus hombros para no perder el equilibrio. Zoro la sujetó contra sí con una fuerza tan grande que más parecía desesperación.

-¿Zoro? Zoro…suéltame.

Él no obedeció. Pegaba su rostro contra el cuello de su compañera y con cada respiración hirviente le arrancaba escalofríos y vuelcos en el estómago.

-Zoro…déjame ir- pidió ella de nuevo, pero él seguía sin hacerle caso, y Robin no podía definir si se debía a que no procesaba bien lo que ella le pedía o a que simplemente no quería hacerle caso.

Con la misma fuerza y determinación, Zoro la empujó hasta acomodarla de espaldas sobre el piso y se quedó recostado sobre ella. Robin empezó a darle pequeños golpes en el pecho para que lo soltara pero no quería atacarlo de manera seria, porque no quería que se pusiera violento.

Claramente sintió que su compañero restregaba su rostro contra su piel, y le dio la sensación de que estaba oliéndola por la manera tan fuerte y profunda en que respiraba. No se limitó a su cuello, sino que subió y escondió la cara en su cabello, y luego se movió hacia su pecho, donde continuó su recorrido ansioso causándole a su compañera más de un estremecimiento mientras ella le pedía una y otra vez que se detuviera.

Se negaba a pedir ayuda porque no quería que Zoro se sintiera amenazado, pero también porque era incómodo pensar en que los encontraran a ambos en una situación tan comprometedora.

Lamentó haberse quitado el abrigo en el momento en que sintió que su compañero se aferraba todavía más a su cuello. Al tomarlo de los hombros para hacer que le soltara, lo sintió terriblemente tenso y le dio miedo de lo que pudiera pasar estando él en ese estado.

-¡Suéltame, Zoro!- le gritó, pero antes de hacer cualquier otro intento por protestar, se erizó por completo, de pies a cabeza, al sentir cómo él le mordía el cuello.

No lo hizo con fuerza ni violencia, de modo que a ella no le dolió, pero al sentir los dientes y la humedad de la boca de su compañero contra su piel solo pudo removerse desesperada y asustada del rumbo que tomaban las cosas. Porque, para su terror y alarma, ese acto había hecho que algo en ella se desatara, se liberara, un deseo repentino que comenzó a fluir poco a poco y que le estaba costando trabajo controlar.

Le pidió que la soltara y sus golpes se fueron haciendo más fuertes, pero él continuó. Efectuó la misma pequeña mordida en su hombro. Continuó por su clavícula y llegó al otro hombro. Robin floreció una cadena de manos y lo sujetó para jalarlo hacia atrás, y lo logró, pero apenas por un momento.

Él no le permitió alejarse más y volvió a sujetarla aún con más fuerza, y sin permitirle hacer absolutamente nada para defenderse, la besó.

Los movimientos de Robin se hicieron más desesperados, cuando sintió que su compañero recorría sus labios de una manera mucho más atrevida que la vez anterior, mientras que la sujetaba de los brazos para que no pudiera defenderse. Ella seguía intentando por todos los medios hacer que se detuviera pero él no lo hizo.

No sabía cómo sentirse. Cada movimiento que Zoro hacía al besarla era hipnotizante, y sentir su cuerpo encima del de ella era terriblemente excitante, por cada movimiento que hacía contra el de ella, por su fuerza, por el poder que Robin sabía que era capaz de ejercer contra cualquiera…

Pero no podía permitir que esto estuviera pasando. Robin no podía hacer algo así con una persona sin sentimientos, se trataba de algo… no sabía describirlo, pero por bien que se sintiera, no sentía que fuera algo correcto. Pero no se le ocurría manera alguna de detenerlo, ni siquiera de detenerse, de dominarse a sí misma en ese instante.

Cedió. Sus brazos dejaron de luchar y las manos de Zoro la soltaron al dejar de sentir la resistencia. Ella lo abrazó por el cuello mientras él continuaba besándola, y ahora que no tenía que sujetarla, comenzaba a acariciarla sin signo alguno de temor o de duda. Robin le correspondió poco a poco, aunque no había conseguido dejar de temblar.

No sabía cuánto tiempo había pasado, en el momento en que él comenzó a levantarle la blusa, como si quisiera quitársela. Fue en ese momento en que Robin se opuso otra vez a que continuara. Zoro se detuvo de golpe, todo movimiento en ese instante quedó congelado. No separaron sus labios, hasta el momento en que ella le acarició de nuevo las mejillas y se separó de él.

-No, Zoro- susurró, mirándolo a los ojos, esperando, deseando que pudiera comprender- no podemos hacer esto. No quiero que hagamos esto. Déjame ir.

Zoro la miró un segundo como si no comprendiera, pero luego, poco a poco, se movió hacia atrás, dejándola libre. Robin se incorporó con lentitud, pues sabía que cualquier movimiento brusco de su parte podría alertarlo sin necesidad. De nuevo quedaron sentados frente a frente, ambos aún agitados, y al menos ella, un poco asustada e incómoda. Pero aun así, le sonrió.

-Gracias, Zoro.

Le mentía a su nakama y a ella misma. Realmente deseaba estar con él, todo su cuerpo lo necesitaba y lo pedía a gritos, cada parte, hasta el último rincón de su cuerpo deseaba unirse con Zoro.

Pero no era el momento, ni la situación, ni ellos estaban en las mejores condiciones para algo así. Es decir, Zoro no tenía sentimientos y podría decirse que Robin en ese momento tenía encima demasiados, muchos más de lo que estaba acostumbrada y de los que debía cargar, no solo de ella misma, también de Zoro.

Notó que él estaba tenso todavía y pensar en lo que podría estar provocándole, frustración quizás, le hizo sentir mal. De modo que le propuso la única alternativa que en ese momento le pareció que podía ofrecer.

Con un gesto lo invitó a acercarse un poco a ella, y lo guio para que recargara la cabeza sobre su regazo.

Él parecía más tranquilo ahora. Una vez que su cabeza descansó en las piernas de Robin, ella metió los dedos entre sus cabellos y masajeó su cabeza con cuidado y cariño.

No le dijo nada más, solo esperó. Al cabo de unos minutos, Zoro estaba dormido.

Robin tomó la mochila y con mucho cuidado le acomodó la cabeza sobre ella, para que no notara mucho el movimiento. Salió de ahí haciendo el menor ruido posible, y luego buscó sábanas y una almohada. Volvió con Zoro y lo arropó con cuidado, y se aseguró de que estuviera, al menos, suficientemente cómodo para continuar durmiendo bien toda la noche. Por última vez lo observó y no pudo resistirse a tocar su rostro. Deseó que fuera posible al menos sacarle una sonrisa a su compañero, pero pronto se dio cuenta de que no sería algo fácil.

Tal vez podía seguir intentando.

Se puso su abrigo y salió de allí, cerrando la puerta con llave tras ella. Quería, al día siguiente, ser la primera en asomarse allí y sacarlo para asegurarse personalmente de que no se metería en problemas y que no lastimaría a nadie.

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Durmió poco, y muy mal. Agitada, entre sueños, murmuró el nombre de su nakama tantas veces que ella misma se percató de ello, la insistencia de semejante angustia la obligó a despertar ante la certeza de que lo tenía encima y que esta vez no iba a contenerse. Sentía sus manos, su piel y su respiración con tanta claridad que podría jurarlo, estaba allí con ella, era una obsesión, una presencia, un aroma, un enorme dolor que no la dejaba tranquila y que tomaba control sobre ella, y que sin dejar que su resistencia surtiera algún efecto, era capaz de poseerla una y otra vez...

Despertó tan violentamente que Nami despertó junto con ella, asustada.

-¿Robin? ¿Sucede algo?

Robin negó con la cabeza sin siquiera voltear a verla.

Se puso de pie, tomó su abrigo y caminó hacia la puerta con tanta calma que Nami creyó que iría a la cocina por algo de agua, y no le prestó mayor atención. Una vez que salió de la habitación, Robin caminó más rápido, y cuando pudo darse cuenta, ya corría rumbo a la bodega.

Sin que Nami la viera, había tomado la piedra de donde la tenía, debajo de su almohada, y ciertamente no podía menos que sorprenderse por el peso que tenía, por su brillo y por el calor que desprendía.

Durante la noche el frío había aumentado demasiado, y ya que todos se habían dormido nadie se había dado cuenta de ello. Robin corrió y consiguió más cobertores, y con ellos llegó a la bodega y abrió la puerta de metal.

Zoro temblaba en el piso, hecho bolita. Se acercó a él y tocó su cara.

Tenía las mejillas y la nariz muy frías, y la frente demasiado caliente.

Pero respiraba bien y no había despertado.

Robin lo cubrió y ahora se aseguró, más que un rato antes, de que no hubiera ni un hueco por donde se colara el frío.

Y también, como si fuera una necesidad para ella, acomodó la cabeza de su compañero sobre sus piernas. También se cubrió, y luego de un rato, se quedó inevitablemente dormida, sin pensar en las consecuencias, sin pensar en nada que no fuera el que su compañero estaba bien, y eso era lo único que debía importarle por el momento.

Antes de cerrar del todo sus ojos, vio de nuevo la piedra, y le pareció percibir algo en ella, un movimiento, una vibración. No pudo pensar demasiado en ello.

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La siguiente isla era realmente pequeña, pero conseguir víveres esta vez sí que era necesario. Nami se levantó y al darse cuenta de que Robin no estaba en su cama, se alarmó. Después de unos segundos, sin embargo, creyó comprender. Esto la hizo sentir exageradamente triste.

Pero al salir de su habitación, se fijó que ya todos estaban fuera, moviéndose para anclar el barco cerca de la mencionada isla, solo esperaban sus instrucciones. Sobresalía entre todos una verde cabellera que parecía mucho más activa que antes, y al fondo de esa madrugadora escena, estaba la indeleble sonrisa perfecta de Robin, saludándola. Nami hizo una sonrisa de alivio y comenzó a dar órdenes en todas direcciones.

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-Sabía que no sería difícil encontrarlos- murmuró más para sí misma, bajando sus binoculares, pero como con todo, sus subordinados estaban atentos a cualquier palabra que dijera, porque de no cumplir con las expectativas de esa mujer podían encontrarse en serios problemas- Los felicito señores, realmente trabajaron bien esta vez.

-¿Quiere que nos acerquemos más, capitana?

Ella volvió ver la lejanía con sus binoculares y sonrió.

-No. Pónganme un vehículo con motor, el más silencioso que tengamos. Iré a explorar un poco el terreno.

-Pero…señora…

-¿No me oíste, inútil? ¡Obedéceme!

El hombre dio varios pasos hacia atrás, tropezando con sus propios pies y salió corriendo.

Ella no era de las que investigan el terreno antes de dar un buen golpe, pero esta vez le pareció necesario no confiarse. Después de todo los Mugiwara se le habían escapado varias veces. Sería un gran placer, ciertamente, analizarlos un poco y descubrir cómo los destruiría de la manera más dolorosa. Varios planes se armaban en su mente pero por el momento no era capaz de decidir cuál sería el mejor. Pero bueno, ya habría tiempo para eso, pronto, muy pronto.

.

.

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Robin miró hacia el horizonte, sintiendo algo pesado en su pecho, pero no pudo procesarlo porque le dio la impresión de que alguien la había llamado.

Al darse la vuelta se dio cuenta de que Zoro la miraba fijamente. Claro que despertar abrazada de él no había sido la forma más "normal" de comenzar el día, ni siquiera sabía en qué momento de la noche, o quizás más bien de la madrugada, habían terminado así. Lo que sí sabía era que al menos a él parecía haberle hecho bien. A quien no le estaba haciendo bien era a ella. Pero no había mucho qué hacer al respecto, toda la situación se estaba volviendo pesada para sus sentimientos. No podía negarlo pues estaba plenamente consciente de que su compañero, aún sin sentimientos, se iba apoderando poco a poco de ella.

Se preguntaba con temor, y con algo de pesar, hasta donde podrían llegar.

Y no sentía miedo, pero sabía que le iba a doler mucho en algún momento. Tenía que tener valor, demasiadas cosas aún venían por delante que enfrentar. Y aunque sabía que no estaba sola, por momentos así se sentía. Porque lo suyo con Zoro fue algo que se desarrolló, pero que no se pudo concluir antes de que todo esto pasara. Porque aquella noche días atrás, quizás si ella hubiera dado una respuesta inmediata a todo lo que su nakama le había dicho, se encontrarían en una situación distinta.

Pero él hubiera no existe y eso era algo que Robin sabía a la perfección, y había aprendido con los años, a veces por las malas.

Solo esperaba que las cosas no fueran a ponerse mucho más complicadas de lo que ya estaban.

Continuará

Y bueno… no tengo mucho más que agregar. Espero que les haya gustado y que dejen sus rr's.

Por cierto, a quien le interese saber: lo que hace Robin con Zoro de rozar sus brazos para saber si siente algo es una terapia de verdad y se hace con personas que tienen cierto grado de parálisis cerebral, para ir activando poco a poco las neuronas que se encargan de la sensibilidad. Los ejercicios pueden ser muy suaves pero a veces son bastante rudos (como tallar la piel con algo rugoso, como un estropajo) y no mucha gente se siente capacitada emocionalmente para llevarlos a cabo –la mayoría de las veces los ejercicios los tienen que aplicar los familiares de la persona. Aunque en este caso ella solo evalúa si Zoro aún puede sentir con su piel, me inspiré en esa terapia para hacer este capítulo, probablemente la retome en alguna otra parte de la historia.

Eso sería todo por hoy.

Besos!

Aoshika October