Resumiré mis últimas tres semanas en una sola palabra: pesadilla.
No sé…nunca acabaría de explicarlo. Estoy cansada. Pero escribir un fic que me gusta tanto siempre es un bello escape.
Espero que este capítulo les guste.
Este fic, como muchos otros míos, tiene banda sonora. La canción que le pone título a este capítulo es Lost in Paradise de Evanescence.
Mi interpretación de la canción es que alguien buscaba algo que la haría feliz, pero al conseguirlo descubrió que seguía estando triste, o vacía. Espero que se note la relación con el capítulo.
Espero que les guste, los invito a leer.
Por Instinto
Capítulo 6: Lost in Paradise
Robin sonrió al ver la isla a la que habían llegado, ¿y cómo no lo iba a hacer, si era preciosa? era como la mayoría de las islas de los alrededores; la última en la que habían anclado y varias otras de las que habían pasado a algunos metros sin detenerse, pero esta tenía algo especial, algo diferente en el ambiente.
Quizás se debía a que, a diferencia de las otras, no estaba cubierta por un cielo tapizado de nubes. Aunque el ambiente se mantenía frío, había algunos pequeños rayos de sol asomando por encima de ella, y daban ganas de bajar y correr entre los árboles para desentumir un poco las piernas. Pero realmente, ninguno de los Mugiwara, por animosos que fueran todos, tenía energía o ganas de correr o de jugar. El asunto se había puesto realmente serio y lo sabían, pues aunque Zoro se estaba portando bien, tenían claro que era cuestión de nada para que perdiera el control y se metiera en problemas él, o que metiera en problemas a alguno de ellos.
Se cuidarían, entonces, de no provocarlo sin razón y procurarían mantenerlo tranquilo y con sus necesidades cubiertas. Por seguridad, Sanji y Franky, quienes eran los más propensos a parecer una amenaza para Zoro, se mantendrían alejados de él y no interactuarían más de lo necesario.
Robin estaba un poco indecisa con respecto a lo que tenía que hacer, pero finalmente concluyó que había cosas que simplemente no podía cambiar, y una de ellas era que estar tanto tiempo con Zoro y proponerse a sí misma protegerlo y cuidarlo con tanta insistencia era algo que podía llegar a ser dañino no solo para él sino también para ella.
Decidió aplicarle un freno a esta situación, y lo único que se le ocurría para hacerlo era, como lo había hecho el día anterior, pedirle a Chopper que le ayudara a cuidar de Zoro.
Después de todo, él comprendía igual que ella, y no creía que Zoro fuera a tener alguna reacción mala en su contra, es decir, Chopper no era amenazante en su forma habitual y siempre lo trataba con suavidad y amabilidad sin importar las circunstancias…a menos que Zoro lo hiciera enojar de verdad y francamente Robin no pensaba que ese caso pudiera darse.
Chopper, como era de esperarse, no se negó a ello, y Robin se ofreció a quedarse vigilando el barco ya que según ellos no se iban a quedar allí por demasiado tiempo. Zoro iría con Chopper más que nada a despejarse un poco, era evidentemente notorio que él prefería la naturaleza a estar en el barco, de ahí que prefiriera nadar a quedarse en cubierta por demasiado tiempo sin hacer nada.
Parecía un trato justo, sobre todo luego de lo del día anterior.
Aunque nadie estaba consciente del rumbo que habían tomado las cosas entre Robin y Zoro, todos pensaban que ella también merecía un descanso. Después de todo, era quien lo calmaba y quien todo el tiempo había estado a su lado.
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Bajaron del Sunny y se dividieron las tareas, buscando tardarse lo menos posible en ese lugar. Como la vez anterior, le pusieron a Zoro como tarea cortar leña y llevarla hacia el barco, con la esperanza de que esto ayudara a que desahogara un poco sus fuerzas y no se viera en la necesidad de sacarlas después por culpa de otro impulso cualquiera.
Para sorpresa y felicidad de todos, esas pocas horas la vida transcurrió con tal tranquilidad que incluso los hiperactivos tripulantes del Thousand Sunny podrían decir que fue un día bastante aburrido.
Zoro no le causó a Chopper problema alguno y llevó los leños al barco, perfectamente cortados a su costumbre y sin retrasos, extravíos, pleitos o sustos de ninguna especie.
Una vez que todo estuvo dispuesto, los Mugiwaras decidieron que era momento de salir de nuevo y continuar con su viaje, que según Nami ya no sería demasiado largo en adelante, quizás les quedaba día y medio de camino, así que ella confiaba en que llegarían al día siguiente, por la noche, a la isla de la Noche, que albergaba al mismo tiempo tantas esperanzas y tantos miedos.
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Robin no perdió de vista a sus nakamas una vez que volvieron al barco. Obviamente, no iba a dejar a Chopper solo con Zoro todo el día así que después de un rato se unió a ellos mientras el joven médico pretendía conversar con el espadachín, pero tal y como habían percibido desde mucho antes, éste parecía estar aún más perdido que en un principio. Ya ni siquiera estaban seguros de que entendiera al cien por ciento cuando le hablaban.
Al darse cuenta de esto, Chopper soltaba suspiros llenos de tristeza. Robin, conmovida, le acariciaba un poco la cabeza para darle ánimo, aunque lo cierto era que ella estaba igual de afligida que su compañero en consecuencia de toda esta situación y era todavía peor porque no había nadie que estuviera de verdad consciente de sus sentimientos, es decir, nadie iba a hacer lo que ella por Chopper, consolarla y tratar de hacerla sentir más tranquila.
O al menos eso creía hasta que, un poco después de la comida de ese día, Franky la interceptó y le pidió que fuera a hablar con él en 10 minutos, en la biblioteca.
Robin asintió, frunciendo un poco el ceño, algo confundida por esta petición de parte de su nakama. Franky no solía actuar con tanta seriedad y gravedad, y al pensar en ello se dio cuenta de que quizás tenía algo de qué preocuparse.
Ya iban en camino de nuevo, de modo que Nami estaba ocupada en mantener la ruta, Sanji arreglaba con esmero su cocina y cada quien estaba ocupado en sus asuntos, como siempre, pero cada vez más impacientes por llegar a aquella isla.
Pasados los diez minutos convenidos, que ella aprovechó para ir a la cocina a tomar algo, Robin entró a la biblioteca, y encontró que Franky estaba parado frente a uno de los estantes, como si estuviera decidiéndose a sacar un libro y ponerse a leer. Pero al escuchar la puerta abrirse, se dio la vuelta hacia su compañera y la miró con atención. Le hizo una seña para que se sentara, y a su vez se sentó también.
-¿Qué querías decirme, Franky?
-Tenía que preguntarte cómo van las cosas.
Robin no contestó a la pregunta en seguida. Midió a su nakama con la mirada, como si no lo hubiera entendido del todo, pero ambos estaban perfectamente conscientes de que Robin sabía qué era lo que Franky estaba preguntándole.
-Todo va bien. No hay de qué preocuparse.
-¿Te ha hecho algo?
Esto sí la tomó desprevenida. Franky se había levantado los lentes, y ahora la miraba como si supiera exactamente la respuesta a esa pregunta. No se quiso poner en evidencia antes de haber palpado el terreno, así que se dio a la tarea de adoptar alguna de sus mejores máscaras. Imprimió a sus ojos la mayor tranquilidad y lo mismo hizo con sus labios, los cuales relajó para que no expresaran otra cosa que indiferencia.
-Por supuesto que no. Todo ha estado bien…es Zoro. Mientras pueda mantenerlo tranquilo todo va a estar bajo control.
-Nunca pregunté por Zoro.
Robin se detuvo en seco. Franky permanecía con los brazos cruzados sobre su pecho y una mirada seria.
-¿Por quién preguntarías si no? Me pareció lo más lógico.
-Buena respuesta- él sonrió. Robin se sintió un poco menos presionada-, aun así, no es para tranquilizarse. Robin…lo que te dije la otra noche lo sostengo. Una cosa es que seas la única persona que puede con Zoro y otra muy diferente es que permitas que te utilice como un juguete para desahogarse.
-No lo hace.
-¿Ah, no? ¿Qué me dices de cómo los encontré esta mañana? Dormir con él no era algo que estuviera en el contrato, ¿o sí? ¿Acaso me perdí de algo?
-Eso fue algo que no tenía contemplado, sólo sucedió- se justificó ella- hacía frío, fui a llevarle mantas y me quedé dormida junto a él. Uno busca el calor corporal sin darse cuenta, por eso estábamos juntos. Pero no pasó nada.
-¿Nada?
-Nada.
-¿Segura?
-Completamente.
Un silencio incómodo vino a continuación, donde lo único que Robin pudo hacer fue sostenerle la mirada a su nakama, esperando con esto conseguir que él le creyera.
Franky suspiró, como si supiera que Robin no le estaba diciendo toda la verdad, pero no quisiera presionarla por ello. Bajó la mirada hacia el suelo y luego volvió a mirarla a ella.
-¿Qué había entre ustedes?
Esta pregunta generó aún más incomodidad. Robin sabía a qué se refería, pero no sabía si podía decírselo.
Lo pensó un momento, y no pasó mucho antes de que se diera cuenta de que en realidad quizás Franky era la única persona en quien podría confiar para esto. Necesitaba desahogo, en realidad. Y si podía hablarlo con él, ¿Por qué desperdiciar la oportunidad? total, no creía que pudiera ser algo tan malo confiárselo.
Antes había estado pensando en lo duro que era no tener nadie con quien hablar sobre todas las cosas que traía en la mente, y sobre las cosas que sucedían en su corazón.
De modo que si Franky estaba allí con ella en ese momento, era una buena oportunidad para que le ayudara a aclarar sus ideas, por supuesto que tampoco era cuestión de pedirle milagros al ciborg, pero seguramente él era mil veces mejor opción para escucharla que todos los demás, no tanto por sus corazones –todos eran buenos y la querían mucho- sino por la madurez y el manejo de la situación.
Sin embargo, primero tenía que tantear un poco el terreno, cuidarse de no moverse de manera demasiado arriesgada ni sacar demasiado a la luz acerca de su situación si realmente no era necesario. Decidió comenzar a hablar de un tema que a todos concernía, no solamente a ella.
Trató de sentirse cómoda en la silla, y pensó un momento en cómo iba empezar a hablar. Finalmente decidió un camino.
-Franky…has notado que Zoro está empeorando poco a poco, ¿No es así?- él asintió y esperó a que continuara. Robin así lo hizo- Cada día es más difícil contener sus decisiones y sus necesidades, y aunque sigue mostrándose cooperativo, es un hecho que cada vez parece estar un poco más alejado de nosotros y menos consciente de lo que sucede a su alrededor.
-Eso se nota a primera vista.
-Bien. Tengo la idea de que se comporta diferente conmigo porque soy quien cuida la piedra. Él se siente atraído por la piedra, y esto no ha cambiado a pesar de que él cada vez se vuelve más salvaje y difícil. No soy yo quien lo atrae- recalcó, buscando que Franky retuviera la idea-, es la piedra. Sin embargo…
Ahora guardó silencio. Iba a tomar cierto camino, pero pensó que mejor sería retroceder un poco.
-Mañana tocaremos tierra en la isla de la Noche y si todo sale bien podremos hacer el último ritual.
-Pero va a haber un sacrificio- adivinó el ciborg. Ella asintió-. Es algo que sin duda nos tiene a todos intrigados. ¿Tienes algo pensado, nena?
Robin se encogió de hombros como si buscara quitarle importancia, pero lo cierto era que lo había estado pensando mucho, demasiado y por todos los ángulos en que le había sido posible analizar esa posibilidad.
-Siendo optimistas, ¿qué podría quitarnos el espíritu que fuera realmente irreparable? Si Zoro consigue sus sentimientos de regreso, cualquier recuerdo o sentimiento que tengamos con respecto a él podría recuperarse con el tiempo, ¿No crees?
Robin lo miró y se encogió de hombros una vez más.
-Quiero creer que tienes razón pero eso es algo que realmente no sabremos hasta que ocurra. ¿Te has puesto a pensar en qué pasaría si fuera algo realmente importante?
Franky ahora la miró visiblemente intrigado. Robin hizo un gesto torciendo la boca y mirando al piso, tratando de recomponer su incomodidad con un punto o detalle en el suelo donde pudiera centrar su mirada al hablar.
-Y, ¿El sentimiento o recuerdo se iría de ambas partes? Digamos que tienes un recuerdo valioso que tenga que ver directamente con Zoro, ¿Quién lo perderá? ¿Zoro, tú o ambos? En caso de que solo uno lo pierda, ¿qué le va a quedar a otro? ¿Y qué si fuera algo más grave?
Franky evidentemente no tenía respuestas a estas preguntas, pues solo se le quedó viendo, evidentemente movido por las palabras de su compañera. Ella se cubrió los ojos con una mano, repentinamente sorprendida por sus propias reflexiones y el alcance de éstas, pero sobre todo por lo que provocaban en ella.
-Realmente sucedió algo.
La conclusión de Franky solo consiguió que Robin cerrara sus ojos con un poco más de fuerza, ligeramente molesta consigo misma por haberse permitido ser tan imprudente con respecto a sus sentimientos en ese instante.
No se atrevió a darle la razón, pero fue evidente que él supo que no estaba equivocado, porque acercó su silla a la de ella y puso una mano en su hombro.
Ella volteó y le miró. Respiró profundo y peleó un momento consigo misma, ¿No era lo que había estado esperando? Una oportunidad de desahogarse, de dejar de ser fuerte e impenetrable todo el tiempo, una oportunidad de dejar que alguien cargara con la responsabilidad por un momento mientras ella descansaba de tanto peso que le caía encima.
-Puedes contarme o no, como desees- le dijo entonces Franky, sin permitirle seguir con sus reflexiones- no te garantizo aliviar tu carga, pero de algo te ha de servir, ¿no?
Robin asintió como si estuviera sin fuerzas, con resignación, vencida.
-Zoro…Zoro y yo…- apenas al comenzar, se dio cuenta de que estaba mal-, nunca hubo tal cosa,- repuso-, nunca hubo un "Zoro y yo"….pero pudo haber sido. La noche antes de llegar a la isla del Alba Zoro me pidió que habláramos. Subimos juntos al nido de cuervo y… lo noté nervioso, pero dijo que no era algo que pudiera aplazar.
Franky entornó un poco los ojos, parecía comprender qué era lo que Robin narraría después.
-Zoro…habló primero de sus responsabilidades y me sorprendí cuando dijo que una de ellas era…cuidar de mí- necesitó escucharse decirlo- él me confesó que desde hace tiempo estaba enamorado de mí.
Se detuvo un momento, pero escuchó que a su lado, Franky trataba de contener las lágrimas en una de sus acostumbradas expresiones exageradas de emotividad. Esto le causó un poco de gracia, aunque no consiguió del todo sentirse animada por ello.
-Él me lo dijo de la forma más directa que pudo, sin complicarse, quería ir directo al grano porque le estaba costando trabajo. Luego me pidió que lo disculpara y dijo que no era necesario que le diera una respuesta si no la tenía, que estaba dispuesto a esperar lo que fuera necesario si yo quería pensarlo antes.
Robin se transportó en el tiempo, días atrás. Recordó la luz de la luna reflejándose a través de la ventana, cubriendo a su nakama de pies a cabeza, dándole un aire de irrealidad que seguramente él no sabía que tenía. Recordó su mirada de ojos fuertes sobre ella, recordó la firmeza de su voz al hablar y deseó con todas sus ganas haber podido acercarse a él y tocar su pecho, sentir su corazón latir para verificar si estaba latiendo del mismo modo en que latía el de ella al escucharle hablar.
-Si no quieres decirme ahora…una respuesta, si por algún motivo no puedes aceptar puedes pensarlo un tiempo si así lo prefieres. Ni yo sé el motivo, pero quería que supieras…una parte de mi es tuya desde ahora…mujer…
¿Quién se creía Zoro para dejarle tal responsabilidad encima? ciertamente, ya no había modo alguno que a ella se le ocurriera para eludirlo. Una parte de Zoro…suya desde ese momento, ¿Cómo? Y con tanta tranquilidad, simplemente se lo había dicho…entonces, ¿por qué ella no le había podido responder en ese instante? ¿Por qué decidió tomarse el tiempo para pensar cuando lo que debió haber hecho en ese mismo momento era corresponderle sin titubear?
No era que se sintiera del todo culpable pero no le había costado nada saber cuáles eran sus sentimientos exactos hacia él… y lo había "pensado" quizás solo para que tanta indecisión pareciera mínimamente justificada.
Era evidente que Zoro no había preparado un discurso antes de hablar con ella. Nunca lo hacía para hablar de absolutamente nada, esas cosas le salían a la perfección porque salían desde adentro y eso era algo que Robin sabía muy bien, y quizás era eso mismo lo que la perturbaba más y más. Que le fuera tan sencillo darle una explicación espontánea de sus sentimientos y que ella no hubiera podido hilar palabra alguna acerca de los suyos. Porque era algo para lo que, siendo sinceros, no estaba preparada. No lo había manejado como era debido y ahora ahí estaban las consecuencias.
Creía que quizás lo había hecho sentir mal y él solo le dio la opción de pensarlo para no sentirse rechazado. Esa nunca fue su intención pero cualquiera hubiera pensado que ella no había contestado nada porque no había visto forma alguna de decirle que no sin herirlo.
Lo cierto era que ella correspondía a los sentimientos de Zoro.
No sabía a qué intensidad, no sabía si la fuerza de sus sentimientos podía igualar a los de Zoro (realmente a veces, por triste que fuera, no se sentía capaz de tal pasión), pero sabía que si podía haber dado una respuesta en el momento esa hubiera sido "sí", para siempre, sin dudarlo.
No todo en sus reflexiones se lo contó a Franky, quizás únicamente lo que podía considerarse como "más importante", pero aun así el ciborg estaba muy emocionado, como siempre, sin poder dejar de llorar. Robin tenía que reír un poco, y admitir que le hacía bien poder compartir eso con él. Era como quitarse un gran peso de encima, el ser escuchada con respecto a una situación que podía ser tan grave.
Tenía tantas ideas dentro de la cabeza que pensó que quizás no tendría más otra oportunidad para aclarar su mente con alguien de la forma en que quizás podría hacerlo con Franky.
Entonces, decidió sincerarse un poco más.
-Franky, lo he estado pensando…
Franky dejó de lado un monólogo varonil que había empezado a hacer acerca de los hombres y su amor hacia las mujeres, para poner atención a lo que Robin al parecer quería decirle. Mostró estar prestándole toda su atención, y Robin se sintió más que agradecida por ello pero tuvo que reconsiderar el que eso fuera algo bueno.
-No creo que sea una buena opción- él le dijo antes de que ella pudiera terminar de formular el pensamiento. Quizás era fácil verlo, o quizás simplemente era que había sido lo que él había estado pensando desde hacía mucho con respecto a ellos dos- No es una persona con sentimientos en este momento. Independientemente de lo que pueda pasar con él, ¿tienes idea de lo que te terminarás haciendo a ti misma? No es nada súper.
-Lo sé. Lo he considerado y le he dado demasiadas vueltas. No quiero hacerlo, porque Zoro no tiene sentimientos…no dudo que lo disfrutaría, pero sería algo vacío, sin valor alguno. Pero… si el espíritu se llevara los sentimientos de Zoro…
Ahora miró a Franky fijamente, dejando que sus ojos se rompieran un poco, develando su contenido.
-Puede que termine odiándome. Puede que sea la única oportunidad que tenga para estar con él. Y no quiero perderlo por nada del mundo.
Franky notó la fuerza interior que tenían esas palabras de Robin. No solo estaba la implicación de lo que ella sentía por Zoro, sino la importancia de que aquella quizás era una oportunidad única para ella en el mundo. Quizás sin darse cuenta, la arqueóloga le había dejado ver a su nakama que lo que sentía por Zoro no era solo un querer de momento, o una vulgar atracción. Para ella Zoro ya significaba más, esas barreras ya habían sido superadas y al parecer tenía demasiado miedo de perderlo sin más.
El riesgo que estaba dispuesta a correr no solo era grande, también implicaba una dosis de dolor que a Franky le parecía que sería demasiado difícil de soportar; implicaba una mezcla de placer, vacío y posiblemente futuro arrepentimiento tal que realmente no sabía si valía la pena pasar por él.
Comprendía que la oportunidad era perfecta. Zoro estaba como un gatito, sumiso, dulce e indefenso ante las órdenes y los deseos de Robin, que en este caso había sido una guardiana más que ejemplar. Sabía, por lo que había podido ver, que los acercamiento de Zoro hacia ella eran cada vez más insistentes, como si fuera estrictamente indispensable para él estar a su lado, como si necesitara con todas sus fuerzas poder verla y tocarla. Él, por unas o por otras, había visto más que sus compañeros en todo esto. Sabía que Zoro dormía frecuentemente cerca de donde ella estaba. Sabía que se habían besado porque por accidente le tocó ver la escena con sus propios ojos aunque pretendió no darse cuenta. Sabía que habían dormido juntos porque él los había encontrado en la bodega por la madrugada, y los había despertado ante la evidencia confirmada de que algo realmente extraño se estaba cocinando allí.
Había dejado su postura suavizarse al notar que Robin parecía estar considerando la situación desde todos los ángulos que podía, pero ahora sabía que ella necesitaba más apoyo que nunca. No la iba a regañar porque Robin no era una niña y era por mucho la persona más madura en el barco. Pero tampoco podía dejar que este peso tan grande sobre ella tuviera el poder de derrumbarla. Simplemente no lo iba a permitir.
-Mira nena…- respiró profundo- piénsalo bien. Eres una mujer, en todo el sentido de la palabra, una mujer inteligente que no sigue solamente a sus instintos. ¿Comprendes lo que quiero decir? A diferencia de Zoro en este momento tú puedes discernir entre lo que puedes y no puedes hacer. Tómalo en cuenta. Está bien…lo que sientas por él, y se entiende tu preocupación. Pero pregúntate si podrás soportar después…la carga que ello implica.
Robin asintió. Era lo que llevaba ya tiempo pensando, pero escuchar a otra voz fuera de su cabeza decirlo, con tanta firmeza y seguridad, sirvió para que ella misma pudiera decírselo de la manera más certera.
Franky se puso de pie y caminó a su lado. Antes de continuar, puso una mano en su hombro y le sonrió.
-Sé que pase lo que pase, harás lo correcto.
Después de esto, salió, dejándola allí. Robin tuvo que pensarlo mucho antes de poder procesarlo con claridad, ¿Ese era, de verdad, el mismo Franky escandaloso que hasta hace unos días le hacía burla abiertamente por la "relación" que tenía con Zoro? ahora le pedía mesura y pensamiento. ¿Tanto habían cambiado las cosas? ¿O tan notorio era que estaba confundida y afectada por lo que ocurría?
Pensar en esto la llenó de inquietud. Franky tenía razón. Tenía que continuar manteniendo su propia cordura, con límites, y no dejar que simplemente Zoro se aprovechara de ella, o que se apoderara de su voluntad con la facilidad que parecía haberlo hecho ya en dos ocasiones antes.
Era terrible pensar en ello pero…
Le gustaba estar con Zoro. Le gustaba que confiara en ella, que pudiera recargarse en ella y descansar con confianza. Le gustaba ser de algún modo especial para él, y le gustaba que fuera, quizás, indispensable para él en ese instante. Pero cuando recordaba que eso era solo porque ella portaba la piedra que contenía los sentimientos de su nakama, sus propios sentimientos le acarreaban un dolor extraño en el pecho. A pesar de la felicidad que podía sentir…había un vacío. Estaba realmente…perdida.
El único camino que estaba claro, probablemente la privaría de algo que podría hacerla feliz. Pero aun así…
Tuvo que hacerle caso a su cerebro. No a sus sentimientos. Tomó su decisión.
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A la hora de la comida, él se sentó a su lado en la mesa. Aunque aún comía con algo de decencia, era evidente que no podía contener demasiado sus ansias de atragantarse con todo lo que encontraba a su camino.
Después de comer, salió de la cocina igual que todos los demás, pero como todos habían estado notando, bastante alejado de ellos, cada vez más desconectado y ausente. Pasado un rato se sacó la chaqueta, la camisa y se lanzó al agua a pesar del fuerte frío que estaba haciendo.
Ciertamente a nadie le importó demasiado, ni se molestaron en tratar de impedírselo porque no era la primera vez que lo hacía y seguramente no sería la última.
Robin miró un reloj y se hizo a la idea de que su compañero nadaría a la par del barco por una hora, más o menos. El cielo estaba nublado y ya el atardecer gris se posaba sobre sus cabezas. Les quedaba algo así como un día de camino y el ambiente en el barco era de una tranquilidad alerta; sabían que cualquier cosa podría ocurrir a partir de ya.
Faltando veinte minutos para que se cumpliera la hora que Robin había calculado, comenzó a preparar el baño, poner agua caliente, toallas y ropa limpia. También lo había hecho antes. Se habían turnado para hacer esto por Zoro ya que entre otras cosas él a veces no entendía la importancia del baño después de nadar en el agua del mar, y había sido necesario convencerlo y llevarlo a rastras en más de una ocasión debido a su terquedad. Esta noche le tocaba a Robin preparar el baño y convencerle de usarlo, aunque en realidad a ella no le costaba casi nada hacerlo.
Una vez que Zoro subió a la cubierta, ella lo interceptó. Con una sonrisa, le pidió que la acompañara y él así lo hizo como siempre, sin negarse a cooperar, sin protestar.
Caminaron hasta el baño, pero a diferencia de otras veces, Zoro no entró allí en seguida. Robin se quedó parada frente a él, ante la puerta abierta, esperando a que entrara.
-Zoro, sabes que tienes que hacerlo así que no conviertas esto en algo difícil- le dijo, forzando la sonrisa- el agua está tibia, te caerá muy bien. También tienes ropa limpia y un suéter, ¿acaso no tienes frío?
La toalla con la que se cubría al subir a cubierta no mitigaba mucho el hecho de que estuviera descamisado, que estuviera usando un pantalón empapado, que anduviera descalzo y que estuvieran como a cinco grados, pero para Zoro no parecía haber diferencia entre eso y estar seco bajo el sol en primavera. Miraba a Robin igual que a todos los demás cuando trataban de convencerlo de entrar allí, y esto la preocupó en demasía. ¿Sería que ella ya no era "especial"? La piedra seguía en su bolsillo, ¿Sería que Zoro ya no iba a responder ni siquiera por la cercanía a ella? Extrañada, trató de tomar su mano, y aunque él no se lo impidió, tampoco propició el contacto como había hecho alguna vez antes. Le dio un delicado jalón, para indicarle que la siguiera, y caminaron hacia adentro del baño.
La puerta se cerró tras ellos, y Robin rogó mentalmente que hubiera sido el aire y no su nakama quien la cerrara.
Le mostró la tina llena de agua tibia, le indicó donde estaban los jabones, las toallas y la ropa limpia, como si tuviera que explicarle de nuevo todo el funcionamiento de un baño.
Le daba la espalda a su compañero, así que no estaba prevenida para lo que sintió de un momento a otro. Él se había quitado la toalla que lo cubría, pero aun así su piel estaba suficientemente húmeda para causarle un escalofrío intenso al pegarse contra su espalda. Robin cerró los ojos y apretó los dientes, y casi comenzó a temblar cuando sintió la respiración caliente chocando contra su nuca y los brazos húmedos y helados rodeando su cintura.
-No, Zoro.
Pero los brazos subían poco a poco, aferrándola cada vez con más fuerza.
-No, Zoro.
Y su respiración recorría su nuca y su cuello.
El forcejeo que vino a continuación fue tan extraño que ni ella misma supo cómo terminó consiguiendo que Zoro la soltara. Salió del baño, cerrando la puerta tras de sí y huyendo de allí como una cobarde a refugiarse en la habitación que compartía con Nami.
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Un rato después pudo salir a cubierta, ya pasado el bochorno y luego de cambiarse con ropas secas, luego de que Zoro humedeciera las que traía puestas antes. Con la piedra bien guardada en el bolsillo y un libro en las manos, aparentó la normalidad que le fue posible y se instaló en un sillón a leer un poco. Aunque nadie en ese momento le estaba prestando especial atención, ella cuidó que cada movimiento, expresión o sonido salido de ella fuera natural y levantara el mínimo de sospechas, y la verdad es que no había necesidad alguna, nadie hubiera podido sospechar lo que se ocultaba detrás de su rostro en ese momento, ni siquiera Franky que ahora parecía estar prestándole más atención todo el tiempo.
No pasó mucho antes de que una sombra se pasara por allí. Al levantar la vista, Robin se encontró con la imagen de Zoro, ya vestido y seco. Se veía tranquilo.
-¿Estás bien, Zoro?
Él no contestó, pero se sentó a su lado en el suelo, sin hacer ningún sonido o movimiento extra. Robin lo miró un momento, pero desistió luego de unos segundos. Trató de concentrarse en su lectura y después de unos pocos segundos lo logró, a diferencia de otras ocasiones.
Su concentración, sin embargo, se esfumó por completo cuando sintió la cabeza de Zoro recargarse en su regazo. Robin apartó el libro y lo miró, y una oleada de ternura se apoderó de su corazón cuando notó que él se abrazaba de una de sus piernas.
-¿Zoro?
Él solo la apretó un poco más fuerte. En su rostro de perfil, Robin pudo ver que él cerraba los ojos y se preguntó con todo el corazón qué rayos pasaba con ella, y peor aún, qué sucedía realmente con Zoro.
La piedra en su bolsillo estaba cada vez más pesada y cálida, pero se negaba a ver qué tan brillante podía parecer. Tenía miedo.
¿Y si Zoro realmente… y si realmente podía…?
No tuvo el valor de planteárselo.
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Llegó la hora de la cena y todo transcurrió, de nuevo, dentro de la más grande tranquilidad mezclada con inquietud.
Terminaron de cenar y sin contratiempos, un poco más tarde, fue hora de dormir.
Robin se había mantenido atenta a Zoro luego de la extraña demostración de un rato antes, pero no se sentía del todo confiada. Cuando todos fueron caminando a sus habitaciones, él se negó a ir a la bodega, de modo que decidieron dejarlo volver al cuarto de hombres siempre que no armara ningún problema.
Para Robin, esto fue un alivio bastante grande considerando que bastante tenía ya por ese día, estaba cansada.
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El peso sobre ella era tal que no podía moverse y casi ni respirar. Quiso darse la vuelta, para que al quedar boca arriba sus pulmones adquirieran un poco de libertad pero no consiguió hacerlo. En cambio, esa respiración humeante volvió a atacar su nuca, y unos labios helados se estrellaron contra la piel de su espalda descubierta. El contacto la erizó de pies a cabeza pero siguió sin poderse mover hasta que es misma fuerza que la mantenía atrapada contra la cama la tomó de los hombros y la volteó.
Vio sus ojos en la oscuridad y el miedo explotó en su interior. Se contuvo de gritar, pero ahora sí podía pensar y supo que necesitaba pronto una estrategia para salir de esta.
Los labios siguieron besando su cuello mientras las manos la recorrían sin vergüenza, pero con una calma tal que a simple vista hubiera parecido que ella consentía cada uno de esos movimientos.
-Zoro…- susurró. A lado, Nami se movió en su cama cambiando de posición y a Robin se le pusieron los pelos de punta de pensar que en cualquier momento podía abrir los ojos y verlos… así.
-Zoro…por favor, no.
Zoro se detuvo, pero no se apartó de ella. Robin se incorporó lentamente, buscando en todo momento que no percibiera brusquedad en sus movimientos. No deshizo por nada del mundo el contacto visual. Procuró tomar su mano y con la otra buscar su abrigo y ponérselo. Una vez que lo hizo, alternando las manos para no soltarle, le hizo una señal para que guardara silencio.
Caminó a tientas buscando la puerta, sin dejar de mirar a los ojos a su compañero.
Continuaron en una caminata lenta, silenciosa y extraña; pareciera que ella lo había hipnotizado, o quizás era al revés.
Ella solo pudo respirar tranquila cuando salieron de la habitación y finalmente pusieron los pies en la oscuridad de la cubierta. Una vez allí, lo enfrentó con decisión.
-¿Qué crees que estabas haciendo?
Él no contestó.
-No puedes hacer algo así solo porque quieres, ¿comprendes? ¿Sabes lo que puedes ocasionar? ¿Qué hubiera pasado si Nami nos hubiera visto así?
Casi junto con preguntarlo, Robin se respondió a si misma dentro de su mente; no pasaría nada. Porque lo que Zoro deseaba en ese momento, no iba a terminarse ni detenerse por lo que Nami tuviera o no qué decir al respecto.
Y algo parecido sucedía con ella.
Porque lo único que realmente estaba mal es que ella estaba más preocupada por lo que su compañera pudiera decir que por lo que ella misma había sentido, por lo que seguía sintiendo, y por lo que podía llegar a sentir.
De manera inconsciente, casi estaba dándole su consentimiento. El mensaje era bastante claro: no le preocupaba lo que Zoro hiciera o no con ella, le preocupaba despertar a Nami.
Si hubiera podido decir otra cosa, quizás aún no hubiera sido capaz de hablarle de sus sentimientos. No habría podido decirle que semejantes muestras de…deseo…descontrol… sólo conseguían lastimarla un poco más, y hacerla desearlo un poco más….de manera que era necesario que se detuviera.
Esas eran sus verdaderas razones para pedirle que se detuviera, pero no pudo dejarlo claro. Él la volvió a tomar. Volvió a abrazarla, volvió a forzar el contacto a pesar de los intentos que ella hacía por huirle.
Volvió a besar su cuello, volvió a acariciarla. A pesar de que ella forcejeaba para resistirse él no se detuvo.
Ella no olvidaba que tenía que ser delicada en la manera en que se movía y se defendía, sabía que cualquier amenaza podía ser mortal. Pero sus esfuerzos eran vanos cada vez que trataba de alejarse y los besos eran cada vez más insistentes.
-¡Ya es suficiente!- la desesperación la obligó a levantar la voz. Floreció algunas manos para obligar a Zoro a soltarle pero quizás exageró la fuerza, porque consiguió hacer que Zoro se tambaleara y se golpeara en la cabeza contra la pared que daba a la cocina. Parecía estar algo aturdido, porque tardó en abrir los ojos. Robin lo miraba con preocupación.
Pero al acercarse a él para asegurarse, él la tomó de un brazo con fuerza la jaló hacia sí sin ningún esfuerzo.
La besó. Robin no pudo hacer nada para impedirlo, sus ojos se fueron cerrando poco a poco y se fue dejando llevar por él. ¿Por qué? ¿Por qué era tan débil ante él, ante sus besos y su cuerpo?
Se fueron moviendo poco a poco. Se recostaron en el suelo.
El beso se volvió tan profundo, tan íntimo y tan sexual que ella se asustó y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Ahora Zoro la acariciaba como nunca antes, amasando sus pechos y comenzando a acomodarse sobre ella como si de un momento a otro fuera a hacerla suya, sin contemplaciones.
Robin decidió detenerlo, y se esforzó de manera increíble para detener el beso, para hacer que la soltara y para conseguir que la mirara a los ojos otra vez.
-No Zoro. No puedo.
Desde arriba, Zoro la miró y si es que podía sentir confusión, ella lo percibió. Se levantó un poco hacia él y se permitió darle un beso superficial y suave, pero se negó a dejarlo profundizar.
-Vamos. Vamos a dormir.
Se levantó, sorprendida de lo fácil que había sido realmente tomar el control de la situación. Zoro la siguió obedeciendo.
Fueron a la bodega y Robin acomodó las sábanas y las almohadas que había allí adentro, con las que habían dormido la noche anterior. Se acomodaron dentro de ellas y permitió que Zoro la abrazara.
Le sorprendió que él tuviera tanto dominio y no quisiera continuar con aquello, cuando ella misma seguía alterada, excitada y con verdadero deseo de continuar, de estar con él en el sentido más íntimo que le pudieran dar a esas palabras.
Cuando Zoro se durmió, Robin se levantó dejando el improvisado lecho, cuidando que no notara mucho su ausencia. Esperó por si sucedía algo con él, pero como no se movió ni dio muestras de molestia, se encontró con libertad de dejarlo allí e irse a dormir a su habitación.
Se sintió tranquila a medias. Que finalmente pudiera hacerle caso a su cabeza y no a su corazón era buena señal. Que hubiera estado a punto de darse por vencida, era otra cosa totalmente distinta.
Quizás si de nuevo se presentaba algo así, no iba a poderse contener una vez más como lo había estado haciendo.
Cuando llegó a su cuarto se cuidó de no despertar a Nami. Se recostó lanzando un suspiro, y al intentar abrazar la almohada su mano topó con algo.
La piedra.
No había tenido la piedra con ella al estar con Zoro.
La piedra despedía un calor que casi quemaba. La sacó de allí, la miró. Le lastimó los ojos, tuvo miedo de que su brillo despertara a Nami. La tuvo que guardar una vez más. Se quedó quieta un momento pensando en todo esto.
Al recargar su cabeza contra la almohada, sintió unos increíbles deseos de llorar. Aunque no estaba segura de porqué.
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Al día siguiente todo pasó igual que antes, con la excepción de que Robin se sintió muy extraña; desanimada, enferma. Se lo atribuyó al cansancio y al frío reciente, quién sabe, quizás estaba resfriada.
Estuvo al pendiente de Zoro, pero tuvo buen cuidado todo el día de no acercarse demasiado a él, de no permitir que él mismo lo hiciera. Los demás fueron de gran ayuda para mantenerlo entretenido y distraído con otras cosas y no con ella.
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Al atardecer Nami divisó la isla. Supo en seguida que esa era la isla de "La Noche", aunque no veía en ella luces ni nada que evidenciara que hubiera seres humanos habitándola.
Aun así la navegante confiaba en sí misma y en que no podía estar equivocada con algo así. De modo que siguieron avanzando para, en un par de horas más, desembarcar allí.
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Decidieron salir a hacer una pequeña exploración. Brook y Franky se quedaron a cuidar el Sunny y los demás bajaron con la esperanza de encontrar un pueblo, o cuando menos, la casa del siguiente sacerdote.
Ninguno de los dos sacerdotes anteriores mencionó que el de la tercera isla viviera alejado o estuviera solo allí, y esto les generó una ligera desconfianza.
-¿Es posible que nos hayamos equivocado de isla?- sugirió Ussop luego de un rato de caminata- esto es muy raro.
-No, no nos equivocamos. Esta es la isla, estoy segura. Según el mapa ya pasamos todas las islas intermedias que podía haber en los alrededores, y más allá no hay más islas. Es como un círculo, si continuáramos de largo llegaríamos a la isla del Alba de nuevo. Tenemos que esperar al menos tres días más aquí para que el log cargue hacia una dirección diferente.
No mencionaron nada más, porque justo en ese momento, el camino terminaba y comenzaba una senda de piedras talladas y acomodadas con mucho cuidado en el suelo. A los lados de esta senda había un jardín bien cuidado, y la senda terminaba en una pequeña casita de piedra, que tenía una chimenea humeante, un resplandor en la cocina….pero todas las luces apagadas.
Se miraron un momento entre ellos y comenzaron a caminar por el sendero hasta que llegaron a la casa. Luffy olfateaba el aire.
-Es comida pero…está quemada- precisó. Al escuchar esto, Sanji abrió la puerta de una patada y se precipitó al interior, tosiendo por el humo. Los demás entraron tras él, y pudieron ver que la comida que estaba puesta en una pequeña parrilla ya estaba carbonizada, seguía saliendo humo pero la madera ya estaba apagada y la comida irrescatable.
-Qué desperdicio- sopló Sanji cuando consiguieron disipar el humo.
-Pues aún se puede comer- contestó Luffy, que apareció a su lado masticando los pedazos de comida carbonizada.
-¡Suelta eso, idiota! ¡Morirás de una indigestión!
Mientras Sanji le daba a Luffy una buena tanda de patadas, por idiota, Robin, Nami, Brook y Chopper revisaron las pocas habitaciones de la casa, pero no había nadie. Brook salió y también se asomó a la parte trasera de la casa y no había nadie.
-Esto es muy extraño.
-Lo sé. ¿Qué crees que debamos…?
Nami cortó su pregunta al ver un bastón recargado en un mueble. Se acercó y lo observó.
-Es idéntico al del primer sacerdote- dijo de manera pensativa.
-Entonces…quizás esta es la casa del sacerdote de esta isla, ¿no?- aventuró Ussop.
-Es lo más probable. Pero, ¿Dónde puede estar ahora? Para que alguien cometa un descuido así en su propio hogar…me parece demasiado.
-Busquémoslo- propuso entonces Nami y se dividieron, para salir de la casa y abarcar lo más que pudieran de la isla. Robin pidió ir sola, y le pidió a Chopper que se hiciera cargo de Zoro.
No les había dicho a sus amigos, pero una sospecha muy grande se le había estacionado en la cabeza desde hacía un buen rato.
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Martella observó cuidadosamente el colorido barco mientras pensaba en su siguiente movimiento. Se dio la vuelta y caminó entre los árboles con sigilo. Se alejó a una distancia prudente.
Se detuvo en un claro. Sonrió. Extendió los brazos.
-Bien, bien. Me encontraste. No esperaba menos de alguien con tu fama.
Sus tobillos habían sido firmemente sujetos por unas manos que salían del piso. De entre la sombra de los árboles, la silueta de su rival se hizo cada vez más cercana y nítida.
-¿Comprendes qué es lo que sucede aquí?
-Nico Robin, es un placer conocer a semejante personaje. Mi nombre es…
-Capitana Martillo. No tengo ganas de discutir ni de soportar el cinismo típico de marines como tú. Ahora mismo eres una molestia apenas soportable.
Las palabras que salieron de boca de Robin fueron tan severas que Martella se impresionó. Robin por su parte, comenzó a debatirse sobre qué iba a hacer con esa mujer a continuación.
-Lo sé, lo sé. Lo lamento. Verás…es mi trabajo.
-Eso no me importa en lo absoluto. ¿Dónde está el sacerdote?
-¿Para qué quieres saber?
-Es importante. Dime dónde está o te lo voy a sacar como sea.
Por toda contestación, Martella llevó una de sus manos al interior de su chaqueta. Antes de que pudiera acuchillar las manos de Robin ella las desapareció, tanto la marine como la pirata se habían movido con tal rapidez que era difícil saber quién de ellas estaba más preparada para ese enfrentamiento.
-Así que, ¿sabías que iba a llegar?
Comenzaron a caminar en un círculo amplio, ambas como un par de fieras, midiéndose con la mirada, cada una dispuesta a lo que fuera.
-Llegó un mensaje de la isla del Alba hace poco. No lo iba a ignorar. He estado atenta.
-¿Vienes sin tus amigos?
-No los necesito para que me digas lo que quiero saber. He tratado con escorias peores que tú.
Martella solo sonrió. Sabía que tratar con Robin no era cualquier cosa, y Robin también sabía que Martella no era como los otros marines. Sin embargo sabía también que ella no era, ni de lejos, rival para su poder.
-La única escoria aquí eres tú. Ustedes los piratas son la peor plaga que ha caído sobre este mundo.
-Podría decir lo mismo de los marines y el Gobierno Mundial. Pero no estoy aquí para discutir sobre política. Dime dónde está el sacerdote ahora mismo.
-¿O qué harás? ¿Quieres pelea, querida?
Robin no dijo nada más pero sus miradas cruzándose lo dijeron todo.
Se movieron a través del bosque con rapidez. Robin corría elaborando ataques floreciendo sus brazos y sus piernas mientras Martella le lanzaba cuchillos de cualquier tamaño, en cantidades sorprendentes que hicieron que Robin se preguntara dónde los tenía guardados todos.
Una enorme cadena de brazos generó un brazo gigante que Robin dejó caer sobre Martella, al tiempo que saltaba hacia un lado para esquivar una nueva oleada de cuchillos. La mujer esquivó el brazo y corrió hacia ella, dispuesta a golpearla en la cara con el puño cerrado. Robin la siguió esquivando y pronto vino un intercambio de golpes. Los ataques de Robin eran mucho más indirectos gracias a su habilidad pero más certeros porque podía planearlos desde la distancia y protegerse. Por parte de Martella, su arsenal de cuchillos no parecía terminarse, y logró rozar un poco a Robin con ellos en un par de ocasiones.
Dejaron de moverse tanto y la batalla se llevó a cabo en una pequeña área.
Robin comenzó a desconfiar. Había oído hablar de Martella y ahora que peleaba contra ella no le parecía que los rumores que había escuchado estuvieran justificados, por lo que pensó que esa bien podía ser una trampa. Tenía que ser precavida, de modo que le agregó incluso un poco más de defensa a su estrategia.
Martella le lanzó una patada, y Robin comprendió que había pequeñas navajas en sus botas; alcanzó a cortarle un pequeño mechón de cabello. La sorprendió un poco, de manera que tuvo que esquivarla y moverse hacia atrás, y el movimiento que hizo fue tan brusco que la sacó de balance. Martillo se adelantó para darle otro puñetazo dirigido directamente a su rostro, y Robin percibió un brillo en su mano; tenía una cuchilla, escondida entre sus dedos.
Robin la desarmó, y bloqueó un nuevo intento de golpearla con varios muros hechos de brazos, y finalmente la jaló hacia atrás con fuerza con una red hecha de sus extremidades.
La mujer quedó atrapada contra el piso. Robin se acercó a ella lentamente.
-Por última vez. Dime dónde está el sacerdote si no quieres que acabe contigo ahora mismo- la urgió, exasperada porque necesitaba respuestas y no quería perder más el tiempo allí.
De pronto sintió un ardor muy fuerte en sus brazos florecidos, muchas más navajas, haciendo cortes limpios en ellos. Los retiró de un momento a otro, porque el dolor calaba.
Martillo parecía tener navajas repartidas en toda su ropa. Robin volteó y apenas pudo ver como ella pasaba su mano por el piso para lanzarle un puñado de tierra en los ojos. Robin se movió hacia atrás y lo siguiente que sintió fueron cortes en las partes de su cara y sus manos que estaban expuestas. Su abrigo se deshizo en pedazos y resbaló de su cuerpo, dejándola expuesta con apenas una ligera blusa.
Mientras se movía tratando de esquivar el ataque chocó contra un árbol, de espaldas, y se sintió atrapada contra él. Una debilidad repentina la obligó a doblar las rodillas, pero no caía porque lo que fuera aquello la tenía bien sujeta.
Kairoseki… alcanzó a pensar antes de que una patada en el estómago le sacara todo el aire.
-Ahora, zorra, dime, ¿sigues sintiéndote muy confiada?
Robin recuperó la visibilidad, y vio cómo Martella la observaba a un par de pasos de ella, con una expresión burlona y triunfal en el rostro.
-¿Por qué te es tan importante saber dónde está ese jodido sacerdote, eh?
Robin la miró fijamente con el ceño fruncido. No le contestó. Todas sus fuerzas en ese momento estaban concentradas en no lucir indefensa, aunque vaya que lo estaba.
-Sin duda tú y tus amigos están en algo y quiero saber qué es. Ahora habla, puta.
Robin solo la miró y no dijo una sola palabra.
Martella se acercó con un cuchillo en su mano.
-Dime ahora, y prometo no matarte muy despacio.
Robin continuó siendo firme.
Trató de no ver cuando el filo del cuchillo se posó en uno de sus hombros. Pretendió no sentir nada cuando el filo avanzó y le abrió una herida en la piel. Se concentró en aparentar que no sentía nada del calor de su sangre fluir hacia abajo desde la abertura que la mujer le había hecho en el hombro.
-No querrás que marque ese lindo rostro tuyo, ¿o sí? Una marca de por vida y tu belleza se irá al demonio. Si me dices lo que quiero saber me detendré antes de que te desangres, lo prometo.
Robin la miró a los ojos y sonrió.
-Realmente no me importa. Has lo que te dé la gana.
Martella acercó el cuchillo peligrosamente a su cuello. Pero no la hirió allí. Se concentró en su escote, y ahí hizo una herida más. Una línea de sangre bajó por su pecho manchando su blusa, mientras ella trataba de contener las lágrimas. No se detuvo allí. Le hizo más y más cortes en su piel expuesta, pretendiendo dejar su rostro y su cuello para el final.
-Podría diseccionarte aquí mismo si yo quiero. Dime lo que quiero saber.
Robin se encontró a si misma deseando que sus amigos se aparecieran y la ayudaran. Se mordió los labios y volvió a sonreír.
-Te he dicho que hagas lo que quieras. De mí no obtendrás nada.
Martella se exasperó. Iba a hacer un corte más, cuando un brillo extraño, que no había notado antes, llamó su atención.
Robin se maldijo a sí misma por haber pensado con tanta vehemencia en Zoro, en el momento en que Martella bajó su mano y tomó la piedra que colgaba de la cadena, en su pantalón, y que había quedado allí cuando su abrigo se había deshecho.
-¿Una joya?- desenganchó la cadena y la tomó- es enorme. Esta piedra debe valer diez veces lo que vales tú, zorra.
-No la toques- ordenó Robin con una firmeza y preocupación contrastantes con la indiferencia con que le había hablado hasta ese momento. Martella levantó la vista, y observó en sus ojos un brillo especial.
-Robada, seguramente. De otro modo, ¿cómo la tendría una zorra pirata como tú? Pero por lo que veo significa algo para ti.
-Devuélvemela- ordenó una vez más- me pertenece. Dámela.
-No me da la gana.
En ese momento, se escucharon unos gritos. Era Luffy.
-¡Robin! ¡¿Robin, dónde estás?!
A la voz de Luffy se sumó la de Chopper. Martella miró en la dirección de la que venían las voces, miró a Robin por última vez y sonrió.
-Si la quieres, tendrás que venir por ella.
Dicho esto, comenzó a correr en sentido contrario. Robin la miró desaparecer con impotencia, pero no pasó mucho antes de que sus amigos aparecieran.
-¡Robin!- gritó Chopper al verla en ese estado. Con ellos venía Franky, quien se adelantó rápidamente y la liberó del kairoseki, y le dio su abrigo para que se cubriera.
-Una mujer, marine, se llevó la piedra…- explicó a toda velocidad en cuanto se sintió liberada y con un poco más de fuerza- me tendió una trampa y me atrapó con el kairoseki, debemos atraparla.
-Zoro está perdido- informó por su parte el ciborg, de manera tan repentina y brusca que Robin desistió en su explicación y le prestó toda la atención.
-Fuimos al barco a buscarlo pero no estaba, no lo encontramos, no está por ningún lado- prosiguió Chopper- Franky tampoco lo había visto.
-Pero…
-Estaba con nosotros y de pronto salió corriendo. No tenemos idea de donde puede estar.
Robin sintió que se desmayaría, no sabía si de la impresión o de la debilidad por perder sangre. Franky debió notarlo, porque la cargó en sus brazos y pronto comenzaron a correr todos en dirección al barco sin que ella pudiera protestar.
La piedra…Zoro… era lo único que podía pensar mientras sus amigos corrían por el bosque llevándola de regreso al Sunny.
-Tenemos que curarla. ¿Esa mujer que mencionó antes le haría esto?
-No son cortes muy graves, ¿o sí?
-No, pero hace mucho frío y el kairoseki la debilitó mucho.
Robin ahora estaba tan aturdida e inconsciente que no podía hablar. Le dolía todo el cuerpo, como si de pronto todos los sentimientos, emociones, presiones, cansancio y dolor que había sentido en los últimos días se hubieran juntado y la hubieran atacado al mismo tiempo.
Cuando llegaron al Sunny todos los demás estaban allí, y fue cuando Robin decidió que era hora de volver a hacerse fuerte. Consiguió que Franky la bajara, y a pesar del mareo extraño que sintió, se mantuvo firme.
-Tenemos que movernos- le dijo a Luffy, con la fuerza renovada- esa mujer tiene la piedra… y alguien tiene que buscar a Zoro. No podemos dejar que la piedra se aleje de él o se hará polvo.
-Es verdad- Nami casi lo había olvidado. La piedra tenía que estar cerca de Zoro o todo lo que habían hecho hasta el momento se iría al demonio.
Iban a comenzar a organizarse cuando el ruido de un motor llamó su atención. Se asomaron por la barandilla y fue entonces que pudieron ver a la mujer. Martella estaba en una pequeña embarcación con motor y evidentemente llamar la atención de los Mugiwaras había sido su objetivo.
Pero eso no fue lo que impresionó a Robin hasta el punto de casi arrancarle las lágrimas del rostro. Fue el hecho de que junto a ella, con la misma mirada apacible que tenía usualmente, estaba Zoro.
-Escúchenme, Mugiwaras- les habló- creo que tengo aquí algo que les pertenece.
La piedra colgaba de su cuello.
-Y como le dije a esa pequeña escoria antes, si lo quieren de regreso, tendrán que venir por él.
Lanzó una carcajada fuerte, penetrante, irritante. Echó el motor a andar y se alejó a toda velocidad de allí.
En la cubierta del Sunny todos se quedaron pasmados.
Robin avanzó hasta que topó con la barandilla. Se sujetó de ella con fuerza. Clavó sus uñas en ella.
Una garra había sujetado su corazón y lo había estrujado con fuerza asesina, sin matarla. Una furia increíble le surgió en el estómago, cobrando tal fuerza que sus hombros temblaron, y sus pulmones se contrajeron. Un grito se ahogó en su garganta. No lo dejó salir. En cambio, dejó que se transformara en un par de lágrimas silenciosas que se deslizaron desde sus ojos. Tan gruesas que no se secaron aun cuando Nami ya había hecho mover el Sunny para perseguir el barco de la marina que estaba mucho más allá, donde alcanzó a ver a Martella subir junto con Zoro después de haber pasado frente a ellos con tal cinismo.
No iban a tardar en alcanzarlos pero quién sabe cuál sería su destino.
Robin no se movió hasta que sintió la mano de Franky en su hombro.
Su única reacción fue limpiarse las lágrimas y decidir lo que haría en cuanto se encontrara de nuevo, cara a cara con esa mujer, para hacerla pagar por lo que le estaba haciendo.
Continuará…
Espero que les haya gustado. Necesitaba escribir esto, tengo ciertos…límites personales que necesito cumplir, jeje.
Sigo cansada. Debo estudiar.
Espero contestar sus reviews pronto. Muchas gracias por tomarse su tiempo de leer esto, no saben cuánto significa para mi.
Mañana tengo examen, deséenme suerte.
Besos!
Aoshika
